Sucesión.
"El poder es la capacidad de continuarse a uno mismo en otro permaneciendo intacto."
Friedrich Hegel.
Aquella noche era el banquete, y la concurrencia de príncipes era reducida, Camila y Halkenburg permanecían recluidos en los amplios bolsillos de Benjamín y la Kacho de pie al lado de la princesa Fugetsu no era real, todo se veía diferente con Gyo, el príncipe Tserriednich se sentía cada día más poderoso, muy cerca suyo se sentaba su GRAN hermano Benjamín quien ahora fruncía el ceño cada vez que lo miraba, Tserriednich sentía unas ganas terribles de hacerle alguna mueca grotesca, como cuando eran niños y peleaban por sus juguetes, pero estaban en una ocasión oficial y era impropio, en lugar de aquello se mantenía muy compuesto, pero con una sonrisa de oreja a oreja. A corta distancia detrás de su silla, estaban Theta y un guardaespaldas, alertas a su seguridad, otros guardaespaldas estaban distribuidos alrededor de la mesa en la que comían con su padre, pura rutina.
Acababan de retirar los entremeses cuando ocurrió, Tserriednich miraba como la pequeña Woble mamaba pacíficamente del generoso pecho de su madre, y entonces un sonido estrangulado le llegó desde el otro lado de la mesa, aquel era un sonido muy familiar para él, era el mismo ruido que hacían las cuerdas vocales cuando el aire no puede pasar por ellas a causa de un exceso de presión, giró la cabeza hacia el sonido y lo vio, el rostro de su hermana Fugetsu estaba congestionado, en su delgado y largo cuello estaban apareciendo arrugas de compresión, la adolescente se esforzaba inútilmente por respirar mientras la falsa Kacho abría muchos los ojos de pie a su lado, el cuarto príncipe bebió un sorbo de su copa y miró a su alrededor usando Gyo, obediente a las instrucciones de su maestra. Ninguna manifestación nen se acercaba a su persona, pero claramente un clon nen estrangulaba a su hermanita en medio de la cena, a la vista de todo el mundo, sin que nadie hiciera nada.
El estúpido clon de Kacho intento activar alguna habilidad nen que evidentemente no funcionaba, la cara de Fugetsu en este punto estaba roja, su madre gritaba presa de un ataque de histeria, mientras la mitad de sus guardaespaldas trataban de auxiliarla y la otra mitad activaban Gyo y escaneaban la concurrencia, todos los usuarios nen de aquel lugar sabían que si no encontraban al responsable del clon de nen que estrangulaba a la princesa ella moriría. Nasubi se mantuvo impasible, solo sus ojos brillaron débilmente y adoptó una expresión inexpresiva, mientras tanto Fugetsu dejaba caer los brazos con los globos oculares girando detrás de sus parpados, Benjamín ni siquiera se había dignado a mirar lo que ocurría y comía tranquilamente de su plato.
Entonces un estridente sonido atravesó la sala, y el cuarto príncipe de Kakín se sintió derribado de su silla, en el suelo vio los pulidos zapatos de todos sus guardaespaldas corriendo hacía él y sintió una mano aplastar su cabeza contra el suelo, era una mano pequeña, gentil... escuchó más detonaciones y se sintió repentinamente cubierto por un gran peso, sangre caliente y espesa se estaba filtrando sobre él.
Respiró aliviado cuando se le permitió volver al mirar, el atacante había sido reducido en un instante por una coalición de guardaespaldas de distintos príncipes, fue necesario retirar el cadáver de uno de sus hombres, que sirviendo como escudo humano había evitado que una bala nen atravesará a Tserriednich, pero cuya sangre había arruinado uno de sus trajes favoritos. El cadáver de Fugetsu permanecía desmadejado sobre su silla y la falsa Kacho había desaparecido sin dejar rastros, el rubio siempre había pensado que Fugetsu tenía bonitas pestañas, ahora que estaban empapadas de gruesas lágrimas le parecieron mucho mas bellas, lastima que el estrangulamiento desfigure tan grotescamente el rostro de las víctimas, la joven tenía los labios negros, los ojos desorbitados e inyectados de vasos capilares rotos y un par de hilos de baba espesa caían a los lados de su boca.
Esa noche los príncipes de Kakín asistieron a la ejecución del culpable número dos, se trataba de un fanático, de los que intentan hacerse famosos matando a alguien de la realeza; de regreso a su habitación Tserriednich se encerró a solas, a oscuras, se refugió en su cuarto del tesoro; desde una pared, brillando intensamente estaban los ojos, los maravillosos ojos rojos de los Kuruta, en muchos frascos habían diversas partes humanas cuidadosamente conservadas, el hombre pasó ambas manos por su brillante cabellera y tomó una de sus piezas favoritas, la cabeza de un joven Kuruta, conservada en un liquido cristalino le devolvía una miraba muerta, el cabello negro del muchacho flotaba vaporosamente en el medio acuoso; Tserriednich la admiraba mucho, era muy valiosa, pero hasta ahora caía en cuenta de que pertenecía a un niño, los rasgos dentro del frasco de cristal revelaban que esta cabeza había sido arrancada de un cuerpo no mayor que el de su hermana Fugetsu. Sintió una opresión en el pecho, esta gente fue aniquilada por completo... ni un solo sobreviviente; de manera que este chico nunca tuvo la oportunidad de transmitir estos hermosos ojos a una nueva generación, lo que era una lastima. Abrazo su tesoro contra su pecho y se le llenaron los ojos de lágrimas, toda esa belleza se iría para siempre cuando la carne se corrompiera. No supo muy bien porque, pero se sintió aterrado de acabar como el joven Kuruta, él también era un ser humano excepcional, Tserriednich era un genio y lo sabía, desde su niñez más temprana había estado muchos pasos más adelante que todos sus hermanos y sus maestros se asustaban de su talento, había aprendido todas las artes que había querido en tiempo récord.
El príncipe vivía en una familia que practicaba la eugenesia, donde solo los más aptos tenían el derecho a vivir. ¿Era apto? ¡Claro que si! Entre sus hermanos era una brillante estrella, entonces ¿Por qué sentía que algo le estaba faltando? Pensativo, regresó la cabeza del Kuruta a su lugar y se sentó sobre su trono de partes humanas. Caviloso, procuró calmar sus nervios exaltados y se comparó con su padre, el Rey que debía reemplazar, evidentemente Tserriednich era más guapo, también mucho más rico que su padre cuando tomó el poder, en todos los sentidos Tserriednich se sentía superior, excepto en uno... golpeó su frente con la mano abierta, ¡catorce hijos!, está era la diferencia. Que el supiera Nasubi había tenido su primer hijo legítimo a los quince años y no había parado hasta hace ocho meses con el nacimiento de la pequeña Woble. La historia estaba llena de dinastías muertas por falta de descendientes y él no tenía ningún hijo propio, si perdiera la vida en esta competencia sería como el infeliz Kuruta del frasco; esta competencia no era finita, el tiempo, esa corriente indetenible, podía llevar su sangre al trono, incluso si perdiera su cuerpo en este plano.
Aliviado, se levanto y encendió la luz, fuera de las penumbras se sentía diferente, empezó a pasear por la habitación y de la nada recordó a su madre, Unma era una mujer capaz y talentosa, miles de peligros habían amenazado a sus pequeños y ella los había sabido sortear, tan bien, que a esta hora tenía dos fichas con su genética en la batalla de sucesión por la corona de Kakín, que él supiera su madre no era usuaria de nen... entonces alguien distinto entró en su meditación, solo conocía una usuaria de nen en ese barco, ¿Qué pasaría si dos usuarios de nen se reprodujeran? ¿El hijo resultante sería más talentoso que sus padres?
Theta...- musitó a media voz.
Entonces salió de la habitación destinada a su colección, cerró cuidadosamente la puerta, fuera las luces permanecían apagadas pero no le importó, se dirigió a la otra puerta, sin embargo dudo a pocos pasos de ella, Theta le había disparado a la cabeza, sin embargo los entrenamientos fueron normales en adelante, muchas veces la revisó con su habilidad nen y ella nunca había vuelto a atentar en su contra... y esa noche su trabajo había sido impecable. Suspiró y satisfecho se dijo que si a ella no le gustaba la idea, encontraría la forma de convencerla.
La puerta se abrió de manera inesperada. Theta supuso que el príncipe dormía y se sentó a analizar el incidente de la cena, rediseñaban estrategias para salvar la ausencia del guardia asesinado y para contrarrestar a los usuarios de nen que se habían revelado durante el ataque, desde el otro lado de la mesa Salkov la miraba acusadoramente y la pequeña sabía muy bien porque, acaba de desperdiciar la oportunidad de oro para deshacerse de Tserriednich, se estaba esforzando mucho para ignorar la mirada ceñuda de su amigo y estaba a punto de perder la paciencia cuando la voz de su amo llegó fuerte y clara.
-Theta ven aquí.
Hacía mucho que el príncipe no le hablaba con este tono tan autoritario, de manera que se apresuró a acudir a su encuentro, organizando sus ideas a toda prisa, una vez lo alcanzó, el hombre la rodeó con un brazo y la introdujo a toda velocidad en la habitación cerrando la puerta tras el.
Adentro había oscuridad y un penetrante olor a sangre, la chica repentinamente se sintió estúpida al correr hacía alguien como Tserriednich sin siquiera mirar atrás, se dio la vuelta lo más rápido que pudo y se encontró aprisionada entre los brazos del príncipe, Theta se quedó paralizada cuando los labios del príncipe se juntaron con los suyos, hasta aquel día nunca nadie la había besado... este beso y abrazo estaban completamente fuera de lugar, sin embargo después pasó algo aún mas increíble, el príncipe se puso de rodillas delante de ella y tomo su mano, algo frío y pesado se deslizó en su dedo, ahora Tserriednich volvía a abrazarla y besarla.
Entonces algo muy extraño pasó, Theta no quería morir, le tenía un miedo terrible a la muerte, ella había tomado este viaje como un trabajo más y de pronto se había visto envuelta en un orgía de muertes sin sentido, llevaba días aterrada haciendo planes para sobrevivir, sin poder quejarse, sin ninguna clase de consuelo, de pronto la oscuridad no le pareció tan hostil y el calor del cuerpo del príncipe le hizo sentir acompañada, entonces se abrazo a él, exactamente como una pequeña se abrazaría a su padre ante la amenaza de un gran peligro, Theta y Tserriednich permanecieron abrazados unos minutos, sin decirse nada, tan solo acompañándose el uno al otro hasta que la puerta volvió a abrirse.
El guardia que entró era uno de los que compartían las tendencias sádicas del príncipe, al principio no pudo ver nada pero unos segundos después, al girar la cabeza los miró y se quedo de una pieza, su rostro era solo incredulidad ante lo que veía, dudó sobre si retirarse pero Tserriednich se lo impidió, no parecía contrariado, de hecho, aunque su aspecto era un tanto sangriento, había recuperado su semblante amable.
¿Qué ocurre? No te he llamado.- preguntó.
Los guardias de Benjamín están aquí, necesitan completar un informe del atentado.- contestó el hombre con entonación plana.
Este era trabajo de Theta, sin embargo el príncipe no la había soltado todavía y ella estaba completamente descolocada por la situación. Se esforzó por mantenerse inexpresiva y trató de distanciarse unos pasos, pero el hombre no dejó de rodeárla por los hombros, de esta forma la condujo fuera de la habitación a la vista de todos los presentes, hasta hacerla sentar en la mesa para que atendiera a los hombres de Benjamín, acto seguido, besó su rubia cabeza y se declaró muerto de cansancio antes de retirarse a su habitación.
Un silencio espeso llenó la sala, absolutamente nadie comprendía lo que estaba pasando, los dos hombres de Benjamín sencillamente carraspearon y sacando sus plumas se dispusieron a llenar sus formularios, Theta respondía sus preguntas maquinalmente esforzándose en mirarles a la cara y evitar ver a sus propios subordinados, en un momento dado fue necesario mostrar su arma y entonces lo vio, allí en su dedo anular izquierdo había algo que no estaba antes, el brillo también llamó la atención de los guardias de Benjamín, ambos hombres clavaron la mirada en el enorme diamante engastado en un aro de oro en la mano de Theta, miraron la gema, intercambiaron una mirada entre ambos y ya no volvieron a ver a la chica a los ojos, se apresuraron a terminar su tarea y a retirarse.
Salkov se ocupó del resto de las obligaciones aquella noche. Ya habría tiempo por la mañana de aclarar las cosas. Theta prácticamente corrió a ducharse y se metió bajo las sabanas deplorando su repulsiva debilidad y estupidez.
Si alguien se pregunta por qué de pronto Theta parece tan pasiva, es un requerimiento de la trama, Tserriednich valora a las mujeres a partir del ideal kantiano de belleza (recogido en una obra filosófica llamada "De lo bello y lo sublime"), que aunque reconoce que las mujeres tienen cerebro, desaconseja que lo demuestren. En el caso hipotético de que nuestra guardaespaldas favorita empezara a demostrar que "piensa", Tserriednich perdería todo interés en ella, para él y Kant la máxima de las chicas lindas debe ser "calladita te vez más bonita" ji ji. Como mi intención es que esta niña salga viva de esta aventura sin que nadie se salga de personaje, por ahora se va quedando así.
Gracias por leer.
