"Cógeme la mano amor que vengo muy malherido, herido de amor huido. Herido, muerto de amor"
Federico García Lorca.
¿Por qué existo y vivo?
Por mucho tiempo no encontré esa respuesta, sin embargo sabía que una persona necesita una razón para vivir, de no ser así es lo mismo que estar muerto.
Gracias a Naruto encontré esa respuesta, él me devolvió el verdadero significado de la vida y desde ese momento decidió trabajar duro y conectarme con la gente de mi alrededor.
Sabía que no sería fácil desde un inicio, ya que estaba acostumbrado a vivir en un mundo donde solo yo importaba y la empatía era un término que no conocía, pero me dije a mí mismo que las cosas difíciles son las que valen la pena proteger, y por ende hay luchar por ellas y esforzarse cada día.
El trabajo de Kazekage era absorbente y muy demandante, no había muchos momentos donde pudiera dar un respiro de tranquilidad ni mucho menos para dedicar a las relaciones interpersonales. Amo a mi pueblo, pero aún más amo a mis hermanos, ellos son comprensibles y nunca exigen tiempo que saben que no puedo darles. Si tengo un pequeño momento libre me gusta pasarlo con ellos.
Kankuro y Temari son buenos conmigo, tratan de brindarle un poco de color a mis días monótonos, sin embargo no importa el esfuerzo que hagan o lo mucho que se esfuercen, sigo viendo mi vida como una paleta de color *acromática.
A pesar de estar rodeado de toda una aldea, tenía momentos de nostalgia que me llevaban a sentir soledad. Tenía una especie de crisis existencial que se impregnó a mí ser y lo cargaba día a día como si fuera una penitencia, vivía solo y vacío... Lo único que quería era un poco de felicidad, tan solo una pizca de entusiasmo que me dejara sentir que había más que solo existir para servir, quería un momento para sentir algo más fuera de lo común.
La gente de mi alrededor comenzó a percatarse de mi desinterés y el consejo de ancianos lo vio como una oportunidad de ganar más poder, ellos creían que presentarme " imponerme" una pareja sería lo correcto y que yo aceptaría sin más.
No tenía nada que perder o ganar, así que comencé a frecuentar a la chica escogida por mera cordialidad, nuestros primeros encuentros fueron banales, pero al paso del tiempo cambiaron su tinte casual a uno más íntimo.
Ella buscaba diversión y yo algo que me hizo sentir. Funcionó bien las primeras ocasiones, eran momentos eróticos algunas veces a la semana. No era bueno ni malo, al fin y al cabo era sexo casual siempre con la debida protección.
Sin compromisos ni sentimientos por medio. Era un convenio que ella había impuesto al finalizar el primer encuentro, nadie se enteraría de la parte sexual debido a que tenía un nombre y familia que proteger, no podía darse cuenta del lujo de ser el cotilleo de gente común. Como si yo no tuviera un perfil que mantener.
Una parte de mí llegó a pensar que tal vez ella era la indicada para llenar ese vacío que sentía, nos conocíamos desde jóvenes y algunas veces entrenamos juntos, era más contacto del que pude tener con cualquier otra persona del género femenino excluyendo a mi hermana.
Pero cuando ella marcó los límites de la relación nunca hubo desilusión, iba a tener sexo con una chica linda de buen cuerpo y no iba a tener que responder cuentas a nadie, era muy bueno para ser verdad.
Con el tiempo cambiaron un poco más cosas, ella tenía misiones de por medio en aldeas lejanas por varios días y en lo que respetaba a mí el trabajo como Kazekage iba acumulándose. Para ser sincero descuidé un poco mis deberes debido a esa mujer.
Ella era muy absorbente, a pesar de que no se conocía la parte sexual de nuestros encuentros, asistíamos juntos a algunos eventos o comidas liderados por el consejo de la aldea.
Su padre, Isao Nishimura no perdía el tiempo insinuando sentimientos inexistentes entre ambos, quién hubiera estado encantado de ser parte de la familia del Kazekage solo por obtener más poder.
De alguna manera los arrebatos de esa mujer, sus cambios de humor, la exigencia de regalos fuera de presupuesto y su frivolidad hicieron que perdiera por extraño que suene el interés al sexo.
Él ya no esperaba los momentos eróticos para saciar sus ganas, porque estás simplemente se habían esfumado.
Cuándo estaba con ella no le importaba hacerla disfrutar como lo hacía antes, las posiciones no importaban y únicamente se concentraba en terminar pronto para poder alejarse de ella. Sabía que esa relación, si es que se le podía llamar así, había llegado a su fin y lo mejor era terminarla justo como había comenzado.
Por alguna razón no modificar hablar con ella para terminar la " relación" . Entre misiones de ella fuera de la aldea y sus compromisos como Kazekage, los encuentros se habían terminado y no volvieron a verla por algunas semanas. Poco después cuando ella estaba de regreso en la aldea intentó buscarla, pero ella se excusaba y nunca lo volvió a buscar, situación que él agradeció internamente.
No hubo sentimiento de pérdida ni decepción, solamente un alivio interno que lo hacía sintiéndose con un peso menos en su vida.
Los días continuaron con su pasada monotonía; casos que atender, misiones que delegar y problemas por resolver, lo que rompió esa calma relativa fue un evento inesperado que sucedió una mañana. Matsuri llegó a su oficina sin avisar y abrió la puerta con el desayuno en una bandeja de plata que ella había preparado especialmente para él. Colocó la bandeja en el escritorio y como antes lo hacía se sentó en las piernas de Gaara para comenzar a deslizar sus manos por su pecho que iban buscando camino hasta bajar a su masculinidad.
Desconcertado por las atípicas caricias la detuvo en seco ganándose la mirada molesta de la chica. Trató de entablar la conversación que nunca pudo tener para aclarar la finalización de su relación, pero fue imposible debido a las múltiples excusas y cambio de tema que ella le daba.
Desde ese día, él trató de entablar conversación con ella para poner un fin formal a sus encuentros, pero Matsuri únicamente esquivaba el tema con intentos fallidos de besos y toqueteos. Se portaba extraña esa mujer, aparte de una bipolaridad que presentaba en sus actitudes porque nunca había sido tan dulce y entusiasta, cambió su forma de pensar respecto a la relación que llevaban ambos.
Quería hacer pública la relación y llevarla al siguiente nivel con el pretexto de " Para qué esperar si ambos estamos enamorados el uno del otro" ¡Era una verdadera falsedad, ninguno tenía el menor interés amoroso en el otro!
Si al inicio que el sexo era bueno, nunca hubo sentimientos encontrados por ninguno de los dos, menos ahora que su paciencia y ganas habían llegado a su fin.
Lo que comenzó con besos descarados y buenas cogidas en las noches frías, terminó por ser un dolor de cabeza intermitente.
Tenía cosas de vital importancia que resolver y no tenía tiempo de estar pensando en los caprichos de Matsuri. Dos shinobis habían sido asesinados hace poco por unos supuestos bandidos y otros regresaron envenenados de misiones que no tenían ninguna conexión aparente.
El consejo surgió de encubrir los hechos con excusas lamentables mientras se concentraban (mientras Isao Nishimura encontraron) de unirlo en matrimonio para que procreara descendencia con la excusa de que tenía habilidades especiales que la aldea no podía darse cuenta del lujo de perder a causa de su indiferencia al género femenino.
Pasaban los días con su habitual monotonía, unas situaciones se arreglaban y surgían otras tantas, mi vida igual que un grano de arena que se movía a conveniencia del aire a su alrededor o manipulado por algún usuario con intereses que no me importaban.
La escala acromática se hacía más presente por las noches y el vacío en mi pecho era casi doloroso. Mientras alzaba la vista por la ventana para contemplar el cielo no sentía otra cosa más que soledad e indiferencia del mundo entero contra mí. Era como si la vida se estuviera mofando de mí, y en consecuencia la estrella más brillante del firmamento se escondía en el horizonte trayendo consigo a la negra noche... sólo permanecerán las pequeñas impostoras del sol, esos pequeños cuerpos de luz y gas que flotaban en el firmamento mientras alardeaban brillantes. Sin embargo no importaba fueron o qué admirables podrían llegar a ser en el lienzo negro de la bóveda celeste, o que magníficos colores de luz emanara: blanco, rojo, azul... nunca podrían igualar la luz del sol.
Miraba por décima vez a través de la ventana, era una noche fría y calmada como muchas otras en Sunagakure, y tal como cada noche esas vanidosas estrellas estaban presentes en el firmamento. Pareciera que se sintieran orgullosas de sí mismas al poseer una luz propia y de ser contempladas desde abajo sin posibilidad a alcanzarlas. " Tal vez odiamos a aquello que somos incapaces de ser"
¿Qué pasaría si una estrella bajara del cielo a hacerme compañía?
Era una pregunta que me hacia todo el tiempo cuando era niño, odiaba las noches y evitaba a toda costa dormir, el cerrar los ojos significaba perder la poca humanidad que me quedara y hundirme en un mundo de pesadillas incesantes que horrorizaban mi existencia.
Mis pesadillas se fueron con el Shukaku, pero quedó la pregunta al aire.
¿Qué pasaría si una estrella bajara del cielo a hacerme compañía?
Mientras la nostalgia de mi niñez se hacía presente, un ruido cercano rompió mis recuerdos y acaparó mi atención. Se escuchaba como si algo se derrumbara muy cerca de mi propia oficina, por lo que rápidamente salí a revisar el origen del ruido. Iba suspendido en mi arena cuando a lo lejos veo un colorido destello cayendo por los aires directo al suelo.
Mi primer pensamiento fue aquella frase escrita en mi cabeza minutos atrás, pero eso que caía por la penumbra de la noche definitivamente no era una brillante estrella blanca, era más bien... ¿Una mancha rosa?
(...)
Un segundo después ya estaba más cerca y sabía que era, o más bien quién era... Sakura mi invitada de Konohagakure, no obstante la verdadera pregunta era ¿Por qué estaba cayendo del balcón clausurado a las 3 de la mañana?
Dejando aún lado las suposiciones, llegué a ella rápidamente para evitar que cayera tomándola en mis brazos. Si alguien me pregunta que pasó por mi mente después de tomarla entre mis brazos no sabría qué responder. Fue extraño en todos los sentidos.
Percibí un dulce aroma ya pesar de que su cuerpo estaba helado sentí una extraña sensación de calidez, su largo cabello ondeaba al compás de viento mientras sus largas y negras pestañas se movían para revelar unos ojos color esmeralda.
Cruzamos miradas por un segundo y retiramos mi vista para dirigirla al frente, no obstante me aseguré de guardar en mi interior el brillo de su mirada para compararla con las estrellas del firmamento.
Estoy seguro de que las estrellas se avergonzarían si vieran su mirada.
Después de todo era muy gracioso, quería mantener mi postura sería de Kazekage ante el relato que escuchaba de ella: "Pérdida en los pasillos, jerbo, Temari con un plato tratando de matarlo, ella ofreciendo su pago de la capacitación como aval para cubrir el destrozo " Era sin duda una historia divertida, esta chica que tenía frente a mí avergonzada de sus acciones no concordaba con la chica descarada y altanera que Matsuri describía cuando vino unas horas atrás.
La escuchó atentamente y cuando finalizó nuestra conversación me entregó el rollo que describía su sesión para después marcharse. Cuando me salió surgió un sentimiento que no sabría conceptualizar ¿Inquietud? Tal vez... ¿Diversión? Volví a percibir el dulce aroma de hace unos momentos y me di cuenta de que era el rollo que ella me había entregado segundos antes, sabiendo que era lo más extraño que podía hacer y que era un poco enfermo, rápidamente di un respiro al rollo para grabar ese aroma particular en mi memoria.
Definitivamente, eran flores y algo más, había olvidado esto antes en algún otro lugar lejos de este desierto infértil. La curiosidad se apoderó de mí y aprovecha la excusa de que Sakura no reconocía bien el camino salí de mi oficina sin haber terminado lo que tenía planeado hacer y proseguí a alcanzarla.
El día siguiente volvió a ocurrir otro accidente, unos cabellos rosas se vislumbraban justo donde estaban los problemas, era ella otra vez...
Con los mismos brazos protectores que acunaban al roedor unas horas antes, ahora protegía a dos niños de ser aplastados por una gruesa viga. Por supuesto que los accidentes le pasan a cualquiera, suelen pasar cuando estás en el momento y lugar equivocado. Lo curioso era que solamente unas doce horas antes, ella se había metido en problemas.
Al caer la noche seguía pensando en los eventos que involucraban a la chica de Konoha, tal vez ella no buscaba los problemas, solo daba la casualidad de verso enredada en situaciones poco convencionales. Aunque tal vez yo era el que estaba en el momento y lugar equivocado para ser testigo de estas "Situaciones", pero cambiaría la frase de momento y lugar " equivocado " a " indicado ".
Mi mente viajaba recreando los escenarios donde esa chica pelirrosa se vio envuelta cuando la puerta de mi oficina se abrió de golpe revelando a la persona que menos quería encontrar... Matsuri.
Esta chica estaba acabando conmigo, llegó como la última vez, una sonrisa en su rostro y melosas palabras. Se sentó de manera provocativa en la silla y la acerco a mis caderas, recuerdo cada parte de lo que sucedió.
1. Matsuri tocando a través de mi pantalón y tratando de desatar la cremallera.
2. Retire sus manos y le dije que lo nuestro tenía que terminar de una buena vez. No había sentimientos ni razones por las cuales continuar.
3. Se levantó furiosa para arrojarme a la cara la silla en la que antes estaba sentada.
Lo que sucedió después fue una mezcla de furia desenfrenada con palabras obscenas. A pesar del caos que estaba provocando en mi oficina el sentido común hizo que no la detuviera, era una mujer muy enojada que se sintió despechada y recordando las sabias palabras que una vez mi hermano me dijo permití que desahogara su ira.
"Cuando una mujer está enojada, el Yokai se sienta, observa, escucha y aprende. Es más, va por agua bendita por si la mujer se sale de control" .
Cuando no tuvo nada más que arrojar y al ver mi serenidad ante la situación decidió dar por terminado el encuentro para salir furiosa dando trompicones a causa del desorden provocado.
Mientras recogía una foto de mi madre pensé en la incómoda situación en la que estaba metido, nunca solía pasar más de una noche con alguien para evitar precisamente este tipo de escenario.
El marco estaba roto...
El jarrón estaba roto...
Yo estaba rota...
Y la escuché... ella estaba afuera. Era seguro que había escuchado mi bochornosa discusión con Matsuri y no tenía caso ocultar la verdad, así que dejé que entrara.
.
Perdido en mis pensamientos ella se acercó para tomar mi mano y sanar las cortadas provocadas por el marco quebrado, era un cosquilleo cálido que no solo curaba mis dedos, sino que iba desvaneciendo las tensiones que ocasionalmente mi encuentro desafortunado.
Y ahí nuevamente estaba ella, haciendo cosas que uno no le pedía, se invitaba a sí misma a reparar el desorden provocado. No sé por qué, pero acepte sin dar mucha pelea, tal vez solo quería estar en su compañía un poco más, las situaciones se volvían más llevaderas cuando ella se interponía en mi camino.
En las cartas que me escribía Naruto siempre mencionaba a su querida amiga, recuerdo que una vez me contó que la atmosfera donde Sakura estaba siempre era cálida, tenía el don de contagiar de su buena vibra y emociones a la gente de su alrededor sin importantes resulta, por eso le gustó pasar tiempo con ella. Ahora entendía a qué se refería, el simple hecho de verla sentada en el suelo de la oficina cubierta de papeles era tranquilizador.
En cierto momento me animé a compartir con ella un poco de mis inquietudes y ella se mostró interesada en cada palabra. Llegué a intentarlo con Matsuri al principio de nuestras reuniones, platicarle sobre los problemas que tenía por resolver o detalles acerca de la aldea, pero sólo recibió quejas de lo aburrido que era mi conversación.
Las horas pasaron volando y cuando creí que estaba por irse a dormir volvió a invitarse sola a ayudarme la noche siguiente. Pero eso no fue lo raro del momento, lo raro fue cuando me jalo de la mano para sacarme de mi propia oficina, Haru quiso detenerla, no obstante le indique que se retirara a descansar. No quería que ella me soltara .
Me llevó por el pasillo y ella estaba perdida en sus pensamientos... Y yo estaba perdida en ella. Su largo cabello rosado caía con gracia por su espalda y el agarre de su mano con la mía era en pocas palabras perfecto .
Quien diría que esa delicada mano pudiera provocar un enorme cráter.
Era increíble... Su mano se ajustaba con la mía cuál rompecabezas se tratara. A pesar de ser la segunda vez que sintió el toque de su mano, por alguna razón había algo reconfortante en ese contacto que no logró descifrar, es por eso que... cuando soltó mi mano percatada de sus deliberadas acciones tuve la necesidad de colver a tomar su mano para comprobar mi hipótesis.
Delicada, frágil, tibia y suave. Su mano encajaba con la mía, como si hubiera sido hecha para mí...
.
.
ᕦ༼✩✩༽ᕤ
No tuve suficiente fuerza de voluntad para dejarla ir
Cuando tome su mano, ya era extraño pensar que tenía su mano en la mía, pero era más extraño que desde ese momento deseo nunca dejar de sostenerla.
ᕦ༼✩✩༽ᕤᕦ༼✩✩༽ᕤᕦ༼✩✩*༽ᕤ
*Escala Acromática: Una escala de grises. Una modulación continúa del blanco al negro.
