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Capítulo 6: La nueva canciónLas gotas de agua tibia caían suavemente sobre su espalda y su cabello, después de haber terminado de componer la última canción del álbum, aunque ya eran casi las doce de la noche, Gaara había decidido darse una ducha para destensarse por completo, además, esa corredera con los mocosos del orfanato lo había dejado medio muerto. Igualmente, había sido capaz no sólo de sacar la letra y la melodía en sólo dos horas, sino que ya tenía en mente el arreglo musical, no podía creer que la estúpida de Matsuri finalmente había servido para algo.
Aunque, tal vez llamarla estúpida era un poco rudo en estas circunstancias.
Cuando se terminó de bañar, salió con una toalla cubriendo la parte baja de su cuerpo y se secó el cabello con otra toalla, mirándose al espejo del baño, el que estaba junto al lavabo. Su rostro lucía relajado, era extraño, se suponía que debía estar muy enojado por la tontería que se le había ocurrido a su asistente, pero no era así, al contrario.
—Como sea —dejó colgada la toalla pequeña sobre el toallero que tenía pegado a la pared, para después caminar hacia su habitación. Gaara era un fanático del orden, aunque no le gustaba mucho hacer limpieza, porque no tenía tiempo para esas cosas, pero le sorprendió que Matsuri hubiera dejado todo reluciente y no hubiera roto nada en el proceso.
Se sentó al filo de la cama y miró su guitarra de color rojo, su favorita, la única que guardaba en su habitación, porque las demás que tenía estaban en su cuarto de música, en donde tenía varios instrumentos y la computadora que usaba para sus arreglos. Su guitarra roja era especial entre todas, era un regalo que le dejó su madre antes de fallecer. A Gaara no le gustaba recordar ese tipo de cosas, su historia familiar podía calificarse como un total desastre. Su madre, Karura, había muerto cuando él tenía unos cinco años de edad, él la adoraba, ella era su todo, pero se había ido después de una enfermedad sumamente terrible y dolorosa. Su padre no pudo soportar el dolor y los envió a él y a sus hermanos a un internado, pero cuando Gaara cumplió los quince años, decidió dejarlo y dedicarse a lo que amaba; la música.
Por supuesto, al saber que el menor de sus hijos quería ser cantante, Sabaku No Rasa se volvió completamente loco, él, quien era un empresario reconocido y millonario, no aguantaba la idea de que uno de sus herederos fuese un "vago", así que lo echó de la casa, asegurándole que nunca llegaría a ser nada en la vida, pero se había equivocado rotundamente, porque sólo dos años después de irse a vivir por su cuenta, Gaara logró debutar y su boom fue casi instantáneo, posicionándolo en un pedestal para sus fans incondicionales. Gaara había sobrepasado las expectativas de todos al ser elegido en los premios asiáticos como el mejor nuevo cantante masculino, después de sólo unos meses desde su debut.
Jamás volvió a hablar con su padre, incluso después de que se volviera famoso, éste nunca lo buscó y Gaara fingía que no le importaba. A veces mantenía charlas con sus hermanos mayores, pero no era muy común, prefería mantenerse aislado de los temas familiares, así era mejor para él.
Soltó un suspiro cuando su mente dejó ir los recuerdos de su familia, dejándose caer de espaldas sobre la cama, para mirar fijamente al techo, como si de repente fuese a ver algo interesante en él, quizá un dragón de tres cabezas que lanzaba fuego por cada una de sus bocas.
Rio ante su pensamiento estúpido, ¿se le estaba pegando la tontería de Matsuri?
De un momento a otro, su celular sonó, así que miró hacia la mesita de noche. Había salido sin él y, después de volver, se enfocó totalmente en la canción y ni siquiera fue capaz de mirarlo, porque cuando estaba inspirado, no había cosa en el mundo que lo pudiera distraer. Se levantó de la cama y tomó el celular, tenía varias notificaciones, entre ellas, un mensaje de Itachi y unas cuantas llamadas perdidas de Lee.
Primero revisó el mensaje de Itachi, le preguntaba cómo iba con la canción, así que él rápidamente le contestó que ya la había terminado, que sólo le hacían falta unos cuántos ajustes y se la enviaría en el plazo acordado. Después de eso, llamó a Lee.
Se puso el teléfono al oído y esperó el tono de marcado —¿Gaara? —escuchó del otro lado—. ¡Por fin das señales de vida! Ya sé que estabas ocupado con la canción, pero no desaparezcas así, estaba a punto de ir a tu departamento para ver si te había pasado algo —se le oía nervioso, así que el cantante se sintió un poco inquieto.
—Déjate de tonterías —dijo fríamente, siempre era así, incluso con quien era su amigo—. Dime, ¿por qué me llamaste ocho veces? ¿Pasó algo?
—¡Gaara, es terrible! —exclamó Rock Lee del otro lado, abrumado, logrando inquietar aun más al serio pelirrojo—. Es Sakura-san, me ha amenazado para que le diga quién es la mujer que te interesa, ¿qué le dijiste? Mira, sabes que ella es bonita, pero está loca. ¡Loca!
Gaara frunció el ceño, lo que le faltaba, Sakura haciendo de las suyas una vez más, ¿no le había bastado todo el lío que armó con Sasuke? Ahora estaba terca con recuperarlo. Todavía se acordaba con vergüenza de sí mismo que, la última vez, había caído con ella como un idiota, y no era porque la amara ni nada por el estilo, pero Sakura sabía jugar muy bien sus cartas y lo había seducido de forma en que él no se pudo resistir.
—Sólo ignórala, no hará nada —le respondió a su mánager, dispuesto a colgar la llamada, pero el otro se adelantó rápidamente a decirle que no estuviera tan confiado.
—Ella me mostró una foto donde salía besándose contigo —dijo Lee, consiguiendo sorprender a Gaara, eso no se lo esperaba, ¿en qué momento esa loca le sacó una foto? Realmente Sakura se estaba pasando de la raya—. No sólo eso, dijo que tenía más... y que había un vídeo...
Con esas palabras, Gaara no pudo evitar recordar los besos, las caricias, la forma estrepitosa y nada elegante en que cayeron sobre la cama aquella noche... joder, tendría que haberlo previsto, Sakura no daba puntada sin hilo, obviamente le tendió una trampa.
—¿Gaara? —lo llamó el pelinegro ante el rotundo silencio de su representado, Gaara estaba totalmente abrumado, no sabía qué hacer, pero tenía que haber un modo de callar a esa chiquilla tonta.
—Descuida —dijo finalmente—. Me haré cargo —sus palabras, aunque tranquilizadoras para su mánager, no lo eran para él mismo, porque no tenía idea de qué hacer—. Y si no lo consigo... inventaremos algo, no dejaré que se salga con la suya.
Se oyó un suspiro del otro lado de la línea.
—Realmente espero que lo soluciones, Gaara.
El pelirrojo no contestó, solamente colgó y arrojó el celular con fuerza sobre la cama, ¿ahora qué iba a hacer?
—*—*—*—*—*—*—*—
Esa mañana, Matsuri se levantó con muchas energías, era sábado, lo que significaba que no tenía que ir a trabajar y tendría todo el día para ella sola, ya fuera para escribir un poco, o para salir con su mejor amiga, que justamente la llamó por teléfono apenas ésta abrió sus ojos.
—¡Tienes que venir conmigo a la nueva cafetería que abre hoy! —gritaba una efusiva Ino del otro lado, casi dejándola sorda—. Vamos, di que sí, Matsuri-chaaaan —rogó, alargando la última sílaba más de la cuenta.
Matsuri seguía miedo dormida, aunque se sentía muy descansada, que su amiga le gritara por teléfono tan temprano, no era precisamente reconfortante.
—¿Para qué o qué? —preguntó en medio de un hondo bostezo.
—Verás, tengo dos invitaciones porque mi papá es amigo del dueño —le explicaba la rubia del otro extremo de la conversación—. Se suponía que vendría con mi novio, pero me canceló a último minuto porque dijo algo sobre recoger a un familiar en el aeropuerto, así que, por favor, ven conmigo, ya hasta le pedí al pesado de Kiba y sólo me colgó.
Al escuchar toda la historia, la castaña frunció un poco el ceño.
—¿O sea que soy tu última opción? —cuestionó un poco ofendida.
Escuchó a Ino reír, su amiga realmente era una loquita.
—No quería perturbarte, sé que has estado muy ocupada con tu nuevo trabajo y los estudios, pero en serio no quiero estar ahí sola, te juro que no quiero que te sientas desplazada, pero tampoco quiero ser encajosa.
—Está bien, Ino-chan, entiendo —respondió sonriendo, sabía que su amiga era así, aunque parecía una persona descuidada y desinteresada del resto, no lo era para nada, en realidad, Ino era muy dulce y atenta—. Iré contigo, sólo dime a qué hora y dónde nos vemos.
—¡¿De verdad?! —exclamó la emocionada rubia—. Es hoy a las dos, más tarde te mando la dirección en un texto, ¿sí?
—Bueno —dijo Matsuri—. Entonces te veo luego, me iré a bañar —después de despedirse, terminó la llamada y se levantó de la cama para ir por su ropa limpia, su toalla y su champú, no lo dejaba nunca en el baño de la casa, porque su padre solía agarrarlo cuando se bañaba y lo tiraba por todos lados.
A pesar de que Matsuri era la hija, ese hombre se comportaba como si él fuera el hijo y ella la madre, porque era totalmente infantil, descuidado y desordenado. Era algo así como un hermano mayor súper desorganizado.
—¡Papá, de nuevo dejaste tirados tus calcetines afuera del baño! —exclamó enojada, pues eso siempre pasaba, a él se le olvidaba que tenía que meter la ropa sucia en la canasta del cuarto de lavado y la dejaba regada por toda la casa.
Se escuchó el sonido de un golpe, como si alguien se hubiera dado un fuerte trancazo, enseguida, los sonidos de pasos apresurados le siguieron. Matsuri estaba parada en pijama frente a la puerta abierta del baño, en medio del pasillo, por donde su padre se apareció. Era un hombre alto, de cabellera plateada y mirada despreocupada, a decir verdad, era demasiado joven como para ser el padre de una chica de diecisiete años, aunque eso tenía una explicación sumamente simple; Matsuri era adoptada.
En realidad, ese hombre era su tío, el hermano menor de su fallecida madre, quién la había dejado hace ya un par de años, luego de un terrible accidente de auto. A su verdadero padre no lo conocía y no necesitaba hacerlo, incluso si él la había reconocido y ella llevaba su apellido, lo había visto dos veces en su vida y no lo consideraba su familia, su tío siempre había sido su papá, por eso lo llamaba de ese modo.
—Matsuri-chan, perdona, sabes que soy distraído —se disculpó, levantando los calcetines del suelo, aunque éstos estaban tiesos y no tenían muy buen aspecto, así que la chica los miró con asco.
—¡No te perdono nada, papá! —le dijo ella, mirándolo con reproche—. Estás castigado, vete a tu cuarto y no leerás tu novela hoy.
Los ojos grises del mayor se abrieron con sorpresa.
—¿Q-qué? P-pero...
—Ya dije —contestó la chica, metiéndose al baño y dando un portazo.
—Pero yo soy tu padre, no puedes castigarme... —se quejó él, ladeando su cabeza como si se encontrara en una loca película de comedia, o en el mundo al revés.
—¡No te escucho yendo al cuarto! —gritó Matsuri desde el interior del baño, haciéndole dar un salto del susto, para luego correr hacia la habitación.
Cerró la puerta y soltó un suspiro, su hija tenía un carácter del demonio, ¿quién diría que en la escuela era tan tímida? Porque en la casa era toda una mandona, aunque él comprendía que ella era así porque en casa era la única figura femenina y él, habiéndose hecho cargo de ella cuando aún era tan joven, apenas y se acostumbraba a ser un modelo de autoridad para ella.
—Ah, Kakashi, tu hija parece tu madre —se dijo resignado.
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Eran las dos con cinco minutos cuando Matsuri se acercó corriendo al lugar en donde había quedado de verse con Ino, no conocía la ubicación de la nueva cafetería, pero no le fue muy difícil llegar, ya que su padre la había llevado en auto. La rubia observó al hombre despidiéndose desde la esquina con un saludo, aunque la castaña lo ignoró.
—Perdón si llego tarde, papá no encontraba las llaves del auto —dijo Matsuri, sonriendo alegremente.
—Oye, ¿por qué no me dijiste que vendría tu padre? Lo quería saludar —se quejó la rubia, observando que él se retiraba. Matsuri frunció el ceño, su amiga y cualquier mujer que llegaba a conocer, siempre babeaban por él—. ¿Qué?
—Él es mucho mayor que tú, así que ni lo pienses —dijo con seriedad—. Además, tú tienes novio.
La Yamanaka sonrió con inocencia.
—Ay, Matsuri, no seas mal pensada, sólo me cae bien —comentó, dándole ligeros golpecitos a su amiga en el hombro, aunque rápidamente cambió de tema—. En fin, vamos a la cafetería, es al otro lado de la calle.
Matsuri no dijo nada, no le creía a Ino eso de tener intenciones "inocentes" con su padre, estaba consiente de que él era joven y apuesto, sabía que algún día tendría una novia, no era algo del otro mundo, pero ella era sumamente exigente y cuidadosa al respecto, siempre que Kakashi llevaba "una amiga" a la casa, tenía que ser evaluada y aprobada por su hija, sino, no podía regresar.
Hasta ahora nadie había sido aprobada.
—¿Y qué te interesaba tanto de este lugar? —preguntó la intrigada joven, en lo que ella y su amiga se acercaban a paso tranquilo al local.
—Bueno, la temática —contestó la rubia—. Ya te vas a dar cuenta cuando lleguemos ahí.
Aunque Matsuri no solía visitar regularmente esas cafeterías temáticas, el hecho de que Ino insistiera tanto en ir, le daba cierta curiosidad, así que se sintió expectante por un momento, pero toda su emoción se esfumó cuando llegaron al lugar y se dio cuenta de que la temática era ¡sobre Gaara!
—¿E-es una broma? —se preguntó, realmente ofuscada.
—¡Es una cafetería inspirada en Gaara-sama! —exclamó la alegre joven de ojos azules, agarrando la mano de su amiga para obligarla a ingresar juntas al lugar, mientras Matsuri trataba de resistirse, pero era inútil, sabía que ya le había prometido a Ino que la acompañaría, aunque, de haber sabido la naturaleza de este infortunado local, jamás habría aceptado venir.
No sólo tenía que aguantar a Gaara gritándole todos los días en el trabajo, sino que tenía que ver su cara tapizada en los muros de toda la cafetería, las gigantografías de su persona, con las cuales las chicas se tomaban toneladas de fotos y, por supuesto, que la música de ambiente fuesen sus canciones, aunque eso no le molestaba tanto.
—¿Por qué alguien abriría una cafetería con una temática tan extraña? —se preguntó mientras se sentaban en una de las mesas.
—Lo sé, es genial —respondió Ino, que parecía no seguir el hilo de la conversación, todo lo que ella escuchaba eran halagos.
—Como sea... —susurró la castaña.
Ino agitó su mano animadamente para pedir el menú, en lo que Matsuri analizaba todo a su alrededor con aburrimiento, con razón Kiba le había colgado el teléfono a Ino cuando lo invitó, y seguramente su novio tampoco era un fan acérrimo de Gaara como para aceptar venir a un sitio como este, seguramente se había inventado la excusa del familiar.
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Gaara se encontraba sentado a la mesa de un lujoso restaurante, abierto sólo para la gente VIP como él, en ese lugar, podía tener una conversación sin ser interrumpido y sin ser observado, ya que estaba dentro de una de las salas privadas. Frente a él, Sakura le daba una probada a su plato de ensalada, lo único que había pedido, ya que tenía que "mantener la línea". A Gaara siempre le pareció muy raro que ella casi no comiera nada, siempre se quejaba de que estaba gorda, pero en realidad era demasiado delgada.
—¿Entonces me trajiste solamente para comer? —preguntó la rosada, comiéndose la lechuga, aunque no se veía muy dispuesta a siquiera acabarse el plato completo.
El cantante se mostró sereno, aunque por dentro quisiera explotar de ira por las ocurrencias de esa mujercita, que, aunque tenía la misma edad que él, actuaba como una puberta.
—¿Por qué me tomaste fotos y sacaste un video? —fue directo al punto, notando que la idol detenía el tenedor con ensalada a medio camino hacia su boca, para luego devolverlo al plato.
—Lee-san no puede hacer las cosas sin irte a llorar —dijo con una sonrisa sarcástica, para luego fruncir ligeramente sus labios, como si tratara de imitar el puchero de una novia tierna—. Solamente quería tener un recuerdo tuyo, no eran para amenazarte ni nada —aseguró, tomando la mano de Gaara por encima de la mesa, quien apartó la misma de un tirón—. Gaara, qué malo eres.
—Borra todo eso, no me importa si lo quieres de recuerdo o si tenías ganas de grabar una porno casera —dijo con furia contenida—. Pero no me vas a venir a amenazar con estupideces, Sakura, sabes que eso no funciona conmigo.
La sonrisa en los labios de la chica creció aún más.
—Oh, qué aburrido eres, ni siquiera cooperas en sentirte un poco asustado —se quejó, sacando su celular de su bolsillo. Desbloqueó la pantalla y le enseñó a Gaara su galería, había al menos unas treinta fotos de ellos dos en donde se besaban y se toqueteaban, eran de esa noche.
El pelirrojo le arrebató el teléfono de las manos y borró todas las fotos de la galería, incluso se aseguró de vaciar la papelera de reciclaje y fijarse si la chica tenía alguna cuenta en la nube donde pudiera tener más copias.
—¿Y el vídeo? —cuestionó impaciente.
Sakura se encogió de hombros —No está ahí, está en mi laptop —contestó con indiferencia—. Junto con las copias de las fotos.
Esa respuesta no le gustó nada a Gaara, quien la miró como si la fuese a matar, ¿en serio tenía que aguantar toda esta idiotez sólo por el capricho de esa tonta?
—¿Qué carajo quieres para borrar todo eso?
Cuando la Haruno notó cómo él se comenzaba desesperar y a perder la paciencia, supo que estaba ganando, era muy divertido hacer enojar a Gaara, le gustaba que fuese rudo y tosco, no era nada como cualquier chico que hubiese conocido antes, ni siquiera como Sasuke.
—No soy tan exigente, ya se lo dije a Lee-san, solamente quiero saber quién es la que te cautivó, Gaara —respondió con esa expresión satisfecha en toda su cara—. ¿Quién es la chica que te interesa?
Él se mantuvo en silencio durante un par de segundos, analizando la situación. Era posible que, si le decía la verdad a Sakura, ésta hiciera alguna estupidez en contra de Mei, eso no podía permitirlo, ¿entonces qué podía decirle? ¿Una mentira? ¿Inventar un interés amoroso falso?
—Si te lo digo, ¿me dejarás en paz?
—¡Claro! —la chica de ojos jade asintió fervientemente con la cabeza, entonces, el cantante suspiró resignado.
—Esa persona es...
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Matsuri decidió regresar a casa en taxi esa tarde, eran como las seis, Ino la tuvo casi cuatro horas dentro de esa cafetería, oyendo las maravillas que ésta le contaba sobre su fantástico y apuesto novio. Ella adoraba a su amiga, pero a veces de verdad le daba envidia, cuando Ino comenzó a relatarle cómo se sentía besarlo, Matsuri tuvo muchas ganas de experimentarlo, ¿qué se sentiría besar a un chico?
Mientras caminaba desde la parada del taxi hasta su casa, que quedaba en un pasaje muy estrecho y en altura, por lo que los taxis no iban hasta allá, sintió que sus mejillas enrojecían ligeramente. Nunca le había gustado nadie en serio, además de la tonta obsesión que alguna vez tuvo por Gaara antes de conocerlo, ella nunca se interesó de verdad en un chico, siempre había sido la niña invisible, buena en la escuela, pero sin la mayor gracia o atractivo para el sexo masculino, ¿quién se fijaría en una cerebrito que prefería pasar el fin de semana escribiendo una novela en su casa en lugar de salir a una fiesta?
—Supongo que nunca tendré novio —se dijo decepcionada, suspirando.
En eso, su teléfono sonó con una notificación que le acababa de llegar, así que lo sacó de su bolsillo y revisó, era Instagram. Ino la había etiquetado en una foto, pero al verla, sólo pudo sentirse ofendida, descomponiendo su expresión en una de desagrado.
"Con la mejor amiga del mundo en el lugar más cool. #GaaraSamaTeAmamos"
La fotografía era de ella e Ino posando junto a la gigantografía de tamaño real de Gaara, quien aparecía con una sonrisa seductora en el rostro. Matsuri entrecerró los ojos, en serio, ¿cómo le hacía ese sujeto para mentir tan bien?
—Espero que no lo vaya a ver... —se dijo asustada, hasta que recordó una cosa, ese tarado ni siquiera la seguía en Instagram, ¿qué importaba? Lo que Matsuri no notó, era que su queridísima amiga había etiquetado la cuenta oficial de Gaara en aquella foto.
Pobre ingenua.
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—¿Que le dijiste qué? —cuestionó Lee, en lo que entraba al departamento de Gaara sin siquiera pedir permiso, justo después de que su representado también entrara.
El pelinegro cerró la puerta del departamento y miró a Gaara como si estuviera viendo a un desquiciado.
—No es para tanto —respondió el pelirrojo, restándole toda la importancia y el peso al asunto, para él, lo que había hecho valía la pena, no podía permitir que la tonta de Sakura expusiera a Mei y le arruinara la carrera, si algún día ella le llegaba a hacer caso y ambos se decidían a hacerlo público, sería decisión de ambos, no de un tercero.
—¿Sabes el problema en el que metiste a la pobre de Matsuri-chan? —volvió a debatir Lee, porque sí, a Gaara no se le había ocurrido nada mejor que decirle a Sakura que la chica que le gustaba era su torpe asistente.
Él sabía que Sakura no se iba a quedar tranquila ahora que "sabía la verdad", podía apostar a que le haría la vida imposible a la ya desastrosa mocosa, pero ¿a él qué le importaba?
—No creo que le haga nada —mintió descaradamente, mientras se dirigía hacia el cuarto de música que mantenía siempre cerrado para las visitas, los únicos que solían entrar ahí eran él y Lee, a veces su otro amigo, el cual no se encontraba ahora en el país.
—Gaara, sabes que ella nunca se queda tranquila —insistió el mayor, pues Lee era unos tres años mayor que Gaara, aunque eran buenos amigos, se habían conocido cuando Gaara era aprendiz y Lee hizo la audición, pero fue rechazado, eso pasó hace unos cuatro o cinco años atrás. Le dijeron a Lee que no era apuesto y que eso le impediría ser una estrella, eso lo desalentó al inicio, pero cuando conoció a Gaara –en esa misma audición– y vio lo que éste era capaz de hacer, se convenció de una cosa, él lo ayudaría a ser el mejor.
Hoy en día, lo había conseguido, Gaara confió en él y le dio el puesto de mánager, a pesar de ser tan joven, los dos tenían todo lo que querían y Lee, aunque siempre se quejaba, no se arrepentía de ser el representante del pelirrojo, aún con sus aires de divo y su personalidad medio psicópata.
—Ya te dije que no le va a hacer nada —repitió el pelirrojo, sentándose frente a la computadora para finalizar los arreglos de la canción—. Si no te importa, tengo que terminar, mañana debo entregar la canción.
Lee suspiró, Gaara era un cabeza dura, no tenía remedio.
—Me voy, pero antes, acuérdate que el lunes en la tarde tienes que filmar un comercial, no estaba en la agenda, pero ya se habló con el cliente.
El cantante le hizo un gesto con su mano, haciendo alusión a que estaba de acuerdo, aunque no despegó la vista de la computadora. Su representante se retiró en silencio, preguntándose si acaso de verdad estaría bien echarle el muerto a la pobre Matsuri, que apenas y podía con el terrible carácter de Gaara, aunque lo manejaba mucho mejor que otras personas. Por su parte, Gaara se puso los audífonos, pero la pantalla de su teléfono se iluminó de repente. Pensó que podía tratarse de algo relacionado con Sakura y no se equivocó, era un mensaje privado de ella.
"Tu noviecita es muy dulce, me cae bien."
Adjunto al mensaje, había un link de Instagram, Gaara no comprendió hasta que tocó el enlace y la aplicación se abrió, su cuenta oficial y la personal no eran la misma, él tenía una cuenta privada, sólo para sus cercanos, así que no se enteraba de qué pasaba con la oficial, pero cuando vio la fotografía, no había podido evitar dejar salir una tonta carcajada.
Matsuri y su amiga –la del fanmeeting– posaban junto a una figura de tamaño real de su persona, la rubia estaba radiante y feliz, pero su torpe asistente tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido, además, abultaba adorablemente los mofletes.
—Qué niña tan boba... —murmuró, no podía dejar de verla, aunque pensaba que era tonta, todavía le parecía linda—. Ah, qué idiotez —se dijo a sí mismo con molestia, dejando el celular de lado para acomodarse los enormes audífonos y ponerse a trabajar en su canción, se quedaría toda la noche despierto si era necesario con tal de terminarla, después de todo, estaba acostumbrado a no dormir.
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El fin de semana pasó sin que se diera cuenta y, aunque Gaara no la importunó durante dos días, de todos modos, Matsuri se estaba quedando dormida sobre el pupitre, ya hasta se le había hecho costumbre, aunque esta vez era culpa de su padre y del desorden que dejó por toda la casa.
—Me alegra ver que no ha perdido la costumbre de dormirse en mi clase, señorita Koyama —dijo el profesor, mientras una venita de furia se le marcaba en la frente.
Kiba se rio, mientras Ino intentaba despertar –sin éxito– a Matsuri.
El maestro no tardó en arrojar el pesado libro que traía en las manos sobre el escritorio de la castaña, que se despertó al instante, aturdida, igual que siempre.
—¿Ya me reprobaron? —preguntó, así que todos se rieron de ella una vez más, siempre tenía que actuar como una tonta.
—Me sorprende que tenga buenas calificaciones —comentó el hombre, mientras recogía su libro y arqueaba una ceja, no era algo normal tener una alumna que se dormía en todas sus clases, pero que igualmente obtenía buenas notas, él sabía que ella no copiaba ni hacía trampa, era evidente que estudiaba mucho, pero también le perturbaba que siempre estuviera cansada, ¿acaso tenía problemas en su casa?
Quizá era hora de contactar a su familia.
—Perdone, Iruka-sensei, trataré de no dormirme más —dijo avergonzada.
El profesor, Iruka Umino, simplemente asintió con la cabeza y continuó con su clase, en lo que Matsuri hacía un enorme esfuerzo por no volver a cerrar sus ojos, aunque era difícil.
Ese día, después de todas las clases terminaron, Matsuri se fue a guardar sus cosas al casillero y a cambiarse los zapatos que usaba en la escuela por los de la calle, eran las tres y media de la tarde y a las cuatro tenía que estar en el estudio, para atender a Gaara y pagarle la dichosa deuda. Desde que habían estado juntos en el orfanato, él no había dado señales de vida, Matsuri suponía que continuaba enfrascado en la creación de su canción, ¿habría funcionado lo que ella hizo? No estaba segura.
—Matsuri —escuchó que la llamaban, luego de cerrar la puerta de su casillero. Miró hacia su costado y vio a una chica que no le agradaba del todo, su nombre era Hakuto, era la "popular" por decirlo de algún modo, aunque no era especialmente simpática, tenía el cabello rubio, largo y era muy bonita, esa chica tenía mucho dinero, venía de una familia poderosa, así que todos la respetaban y la seguían como un séquito, esperanzados en que los llevara a lugares caros o les diera regalos costosos.
—Dime —habló la castaña, mostrándole una amable sonrisa, muy a pesar de que Hakuto le caía en la punta del hígado.
La rubia también sonrió.
—Escuché que tienes un trabajo de medio tiempo, debe ser muy difícil para ti, me compadezco —comentó con sarcasmo y falsa amabilidad, cosa que asqueaba a Matsuri, ella era el tipo de chica que siempre evitaba—. En fin —Hakuto apoyó una mano sobre su hombro—. Espero que eso te ayude a ya salir de pobre, me da un poco de lástima que siempre uses ropa tan fea y que nunca te arregles.
Tuvo ganas de estamparle un puñetazo en la cara a esa idiota, ¿quién se creía que era? Pero Matsuri sabía que se metería en problemas si la hacía enfadar, así que solamente le devolvió una sonrisa amable y considerada, aparentando estar conmovida por sus palabras.
—Muchas gracias, Hakuto-san —dijo.
Después de eso, le dio la espalda y salió de la escuela, había perdido cinco minutos escuchando las frivolidades de esa tonta, cinco minutos que podía haber usado para dirigirse a su trabajo, ahora estaba segura de que iba a llegar tarde y de que Gaara la iba a matar.
Corrió como una loca por las calles y paró un taxi, se subió a éste y le dio la dirección. El tráfico estaba horrible porque era lunes, así que comenzó a impacientarse, ya veía que Gaara le gritaba y hasta le aumentaba la deuda.
—Rayos... —murmuró al ver la cantidad de autos que había en el camino.
Para cuando llegó, ya estaba diez minutos tarde, así que corrió como una loca hacia el interior del edificio y se metió al ascensor que, por suerte, estaba justamente abierto. Al llegar al piso del estudio, volvió a emprender carrera, ya veía venir el regaño de Gaara y la cara lastimera con la cual la iba a mirar Lee, pero, cuando abrió la puerta, nada de eso pasó, todo lo que vio, fue a Gaara dentro de la habitación sin sonido, cantando una nueva canción.
Call me a fool for
Daydreaming in the dark and
Throwing bottles at the moon
Ella no había escuchado nunca esa canción, había oído todas las nuevas pistas del álbum inédito de Gaara, una ventaja de ser su asistente personal, pero esta era nueva, ¿era la que él había escrito el fin de semana?
Why you're gone is nobody's Fault but mine
Another song that we grew up on
La letra era muy linda, hablaba de temas de la niñez, cosas que alguien habría hecho de pequeño, como soñar despierto, o mirar la luna por la noche, soñando pisar su superficie, esa impresión le dio a Matsuri con sólo esas líneas.
Can anybody tell me where I can find
That girl I can't get out of my mind
Luego hablaba de una chica que ocupaba su mente, a la cual no podía quitarse de la misma, ¿acaso Gaara estaba hablando de esa chica que le mencionó a Sakura? Cuando ella escuchó su conversación privada, en aquel mismo estudio. Tuvo mucha curiosidad al respecto, ¿la canción sólo era una letra que se le ocurrió o de verdad iba dirigida a alguien?
If somebody's out there
Show me that you care
Give me a sign that comes outta nowhere
Mientras Gaara cantaba el coro de su canción, mantenía sus ojos cerrados y se concentraba totalmente en ello. Los presentes en la sala lo miraban y movían la cabeza al ritmo de la música, la pista era buena, no era una balada triste, pero tampoco era una canción alocada, era algo sencillo y atrapante.
—Me gusta la canción —dijo el presidente, Itachi, mientras una suave sonrisa aparecía en medio de su serio semblante—. No sé cómo es que lo hace Gaara, pero lo consiguió.
Like a shooting star
Or maybe life on Mars
Something inside tells me
we can't be too far
Matsuri también sonrió, podía ver que Gaara estaba satisfecho con su canción, que le gustaba, que había conseguido lo que quería y eso le daba mucho gusto, porque, aunque él era odioso y altanero, continuaba siendo ese Gaara que ella admiraba incansablemente, ese que escribía canciones hermosas, que le alegraban el corazón, tal como esta.
'cause I can see me on a spaceship leaving here only to find
that we're not the only ones
Gaara cantó su canción hasta el final, hasta que la última nota de música dejó de sonar, entonces, se quitó los audífonos que cubrían sus oídos y abrió sus ojos para ver a su "público", que eran Lee, Itachi, el productor y ella, su tonta y torpe asistente, la cual estaba sonriendo como una boba.
Ni siquiera entendía por qué, pero ignoró a todas las demás personas en la sala y solamente se concentró en ella, ¿quizá era porque la inspiración le llegó gracias a Matsuri? O tal vez era porque, mientras más la miraba, su cara de niña se le hacía más linda.
Quién sabe.
Continuará…
