Revistas de espectáculos, nada.
Foros de chismes sobre estrellas famosas, no, no había nada.
En redes sociales, cuentas de fans desquiciadas, nada de nada.
—¡Nada, no hay nada, mh! —exclamó el hombre de largo cabello rubio, el cual llevaba atado en una coleta alta. Tenía los ojos azules, pero un mechón de cabello cubría uno de ellos, así que solamente se podía apreciar su ojo derecho.
Estaba realmente frustrado, muy enojado, llevaba meses tratando de cazar alguna noticia, algún chisme, lo que sea sobre Sabaku No Gaara, pero ese bendito idol mantenía un perfil impecable, literalmente no había ni siquiera una leve sospecha de que pudiera ocultar algo, algo que sacarle.
¿Cómo podía una persona ser tan perfecta?
—No, no es posible —se dijo, llevándose una mano al mentón—. Por más bueno que sea alguien, siempre tiene algo que ocultar, sólo debo seguir indagando —aseguró, estaba convencido de que Gaara, al igual que todas las estrellas, tenía tejado de vidrio y él sería el encargado de hacérselo saber al mundo.
Al principio, cuando su editora le pidió que buscara algo sobre la "estrellita" del momento, se lo había tomado como un juego, pero al no obtener ningún solo dato que le fuera útil, el reportero, Deidara, ahora lo veía como un reto personal, uno que de ningún modo pensaba perder, él tenía que encontrar algo.
—Deidara, preséntate en mi oficina ahora mismo —escuchó la voz de la editora en jefe a través del intercomunicador de la oficina.
Esa mujer era de armas tomar, si había algo que no le gustara, no dudaba en decirlo y hasta una persona como él, que literalmente tenía un carácter explosivo, le tenía respeto.
—Enseguida, señorita Izumi —respondió.
—*—*—*—*—*—*—*—
Matsuri abrió sus ojos cuando escuchó que su celular estaba sonando, lo primero que hizo fue sentarse sobre la cama para mirar quién le estaba llamando, se sorprendió al ver que se trataba de Ino. Miró a Gaara y éste seguía dormido, así que se apresuró en contestar, tratando de no hacer mucho ruido.
—Bueno, ¿Ino-chan? —dijo, manteniendo un tono de voz bajo.
—¡Matsuri, hasta que respondes! —exclamó la rubia desde el otro lado, haciendo que la joven se tuviera que alejar un poco el aparato, su amiga solía casi gritarle al teléfono, así que se levantó como un resorte y caminó hacia la puerta, en un intento por no incordiar al "bello durmiente", aunque éste había sentido el leve movimiento del colchón, lo que le hizo abrir sus ojos, pero Matsuri no lo notó.
Gaara estaba un poco adormilado todavía, pero era capaz de escuchar la conversación que mantenía su asistente por teléfono.
—¿Eh? ¿Venir a verme? —cuestionó la chica, asustándose al pensar en que sus amigos se darían cuenta de que no estaba enferma y que ni siquiera estaba en su casa, así que empezó a fingir que tosía—. N-no, Ino-chan, no me parece buena idea —decía, intentando sonar como si realmente se sintiera mal—. Lo que tengo es realmente contagioso y podría hacerles mal.
El pelirrojo frunció el ceño, ella no era buena fingiendo, pero seguramente estaba haciendo eso para que no descubrieran que trabajaba para él. Ahora que lo pensaba, era cierto, no tendría nada de conveniente que las personas alrededor de Matsuri supieran de su trabajo, la gente siempre se aprovechaba de lo que podía conseguir de los demás, él lo sabía muy bien.
—Sí, gracias por entender, envíale saludos a Kiba-kun —añadió Matsuri, despidiéndose de la rubia.
Cuando la llamada terminó, la castaña suspiró, se había salvado por poco de que sus amigos fuesen a su casa y no la encontraran, gracias al cielo, habían decidido llamarle antes. Ya más aliviada, regresó la vista hacia donde Gaara dormía, o eso pensaba ella, pues él estaba consciente, pero había cerrado sus ojos para que ella no se diera cuenta.
—Gaara… —murmuró ella, dando pasitos suaves y silenciosos hasta llegar a la cama. Al observar la expresión serena y tranquila en el rostro del pelirrojo, Matsuri no pudo evitar sonreír, se veía tan guapo estando así, pero, además de eso, también parecía mucho más recuperado de su malestar—. Qué bueno que ya estás mejor.
Con cuidado, Matsuri se agachó hasta quedar arrodillada junto a la orilla de la cama de Gaara, recostando sólo su cabeza y sus antebrazos sobre el colchón, no podía dejar de verlo, tenía que ser la chica más suertuda del mundo para tener la oportunidad de observarlo en ese estado tan tranquilo.
—¿Sabes? —empezó a hablarle, creyendo que él no podía oírla—. Desde que te conocí, has sido realmente un idiota —dijo, abultando ligeramente sus labios—. No entiendo por qué eres tan malo conmigo, me dolió mucho el corazón cuando dijiste que no te importaba decepcionarme —a medida que ella seguía diciendo cosas, él la oía en silencio, sintiéndose un poco culpable—. Eres muy odioso, cruel e insensible —a esas alturas, Gaara estaba enojándose y estaba por hacerle saber que la escuchaba, pero se quedó callado con lo siguiente que oyó—. Pero aun así te admiro mucho.
Gaara estaba sorprendido para sus adentros, así que no pudo ni moverse, simplemente quería seguir escuchando lo que ella tenía que decir.
—Recuerdo cuando te escuché por primera vez —Matsuri sonrió, su expresión era un poco nostálgica, pero a la vez risueña—. Estaba pasándola mal porque hace poco había pasado el aniversario de la muerte de mi mamá, estaba tan triste que sólo podía llorar, pero entonces escuché tu canción —sin saber muy bien por qué, algunas lágrimas salieron de sus ojos, así que los cerró—. Fue la primera que sacaste, pude sentir en ella tus deseos de ser escuchado, así me sentía yo, así que me hizo muy feliz —tras secar sus lágrimas, sonrió dulcemente, justo cuando Gaara abrió sus ojos para mirarla—. Realmente te agradezco por haber estado ahí, aunque no lo sepas, Gaara.
Cuando él vio su expresión y escuchó sus palabras, sintió que su corazón daba un vuelco, pero rápidamente tuvo que volver a fingir que seguía descansando, ya que el timbre empezó a sonar y Matsuri velozmente se puso de pie para ir a atender. Apenas ella abandonó su habitación, el pelirrojo volvió a abrir sus ojos, su expresión era de completa culpa, él no tenía idea de cuáles eran los motivos por los que Matsuri era su fan, siempre pensó que lo admiraba por su apariencia, como la mayoría de sus fans, quizá podía ir un poco más allá y tal vez en serio disfrutaba de su música, pero jamás imaginó que hubiera algo más, un motivo mucho más profundo.
—Matsuri… —susurró, llevándose una de sus manos a la frente, justo donde estaba el kanji.
—*—*—*—*—*—*—*—
El taxi se detuvo frente a la enorme casa, que casi parecía una mansión. Temari le pagó al conductor y se bajó, acomodándose la falda y sosteniendo su bolso al hombro. La casa de su padre era un lugar que a ella no le gustaba mucho visitar, a pesar de que se llevaba relativamente bien con él, no hablaban tan seguido desde que ella se mudó para vivir sola, cerca de la universidad.
—Bienvenida, señorita Temari —dijo uno de sus empleados cuando la vio cruzar la reja que separaba la entrada del resto de la calle.
Ella solamente hizo un asentimiento de cabeza y continuó caminando por el enorme patio delantero, que era bastante bonito. Llegó hasta la puerta de la casa y entró, había otra empleada que también le dio la bienvenida, así que repitió el gesto anterior, entonces notó a un chico castaño que bajaba las escaleras.
—Hasta que te dignas a venir —dijo él, mirándola con reproche. Iba vestido de negro, aunque sus ropas eran elegantes—. Intenté llamar a Gaara, pero no contesta.
—Gaara jamás contesta —Temari se encogió de hombros, ella ya llevaba tiempo tratando de contactar a su hermano menor, pero no había tenido éxito alguno en ello—. En fin, ¿qué es lo que sucede? ¿Por qué me llamaste?
El castaño le hizo un gesto para que lo siguiera, así que ambos caminaron hasta el despacho de Rasa, el padre de ambos. Los tres hermanos solían ser muy unidos cuando eran más pequeños, Temari, la mayor, ya tenía veintitrés años, Kankuro, que era el mediano, tenía veintiuno y Gaara, el menor, diecinueve. Kankuro era el único que seguía viviendo en la mansión, Gaara se había marchado a los quince y Temari hacía dos años que también se fue, así que sólo él vivía con su padre.
—Muy bien, dime —la rubia se sentó en el sofá rojo del despacho de su papá, ahí era donde él solía encerrarse a trabajar después de que su madre falleció, ahí era donde él ignoraba a sus hijos.
Kankuro suspiró.
—Papá me pidió que no te lo diga, pero está enfermo —explicó, su expresión no era del todo alentadora y Temari lo supo en ese momento, no se trataba de algo simple o que pudiera curarse con facilidad.
—Ya veo… —dijo Temari, bajando la mirada. A decir verdad, no se atrevía a preguntar qué era lo que su padre tenía, le daba miedo pensar en ello, pues recordaba la enfermedad de su mamá y todo lo que ésta sufrió cuando ellos eran niños.
—*—*—*—*—*—*—*—
Ino y Kiba estaban juntos en el parque, ya era un poco tarde y empezaba a hacer frío, pero ellos estaban comiendo un helado como si nada.
—Lamento que no pudiéramos ir a ver a Matsuri —dijo la chica, dándole una probadita a su crema de vainilla.
El castaño frunció un poco los labios, realmente se había ilusionado con serle de ayuda a Matsuri, le gustaba mucho verla sonreír, era una sensación que le daba paz y felicidad, más de la que él mismo podía medir.
—Está bien, no importa —respondió, soltando un suspiro—. Si está enferma, es mejor que descanse, mañana la veré en la escuela —al darse cuenta de lo que había dicho, se sonrojó un poco y se aclaró la garganta—. Quise decir que la veremos, eso.
Ino se empezó a reír con pequeñas, pero sonoras carcajadas.
—No sé por qué te cuesta tanto admitir que Matsuri te gusta, aunque es algo adorable —comentó de modo casi burlón—. Pero deberías ponerte de una vez los pantalones, si no lo haces, ella conocerá a otro chico y te vas a quedar como novia de pueblo.
Kiba arqueó una ceja, no le parecían nada graciosas las bromas de Ino, pero ciertamente, ella tenía mucha razón.
—No es tan fácil… —dijo él, bajando la mirada—. Matsuri es mi amiga, ¿qué pasa si ella no acepta lo que siento? ¿Con qué cara la voy a mirar?
La rubia lo miró un poco sorprendida, a decir verdad, no pensaba que a Kiba le preocuparan ese tipo de cosas, eso era muy dulce de su parte, aunque parecía ser alguien muy seguro de sí mismo, era sólo un chico, como cualquier otro.
—Es normal que te asuste la idea —dijo Ino, cerrando sus ojos y esbozando una suave sonrisa—. Pero nunca sabrás lo que pasará si no lo intentas, tienes que ser valiente si quieres conseguir las cosas que más deseas.
Durante un par de segundos, Kiba miró a Ino como si no supiera con quién estaba hablando, ellos solían ser muy infantiles el uno con el otro, siempre peleaban y discutían por estupideces, pero cuando se ponían serios, realmente conseguían apoyarse el uno al otro, como los verdaderos amigos que eran.
—Gracias —fue todo lo que dijo el castaño, que de pronto se puso de pie—. Ya me voy a casa, ¿te acompaño a la tuya?
Antes de que Ino respondiera, notó que su celular sonaba, así que le hizo un gesto a Kiba para que la esperara un momento y contestó.
—¿Sasuke-kun? —lo saludó alegremente—. Oh, sí, ya salí de la escuela, ¿quieres que nos veamos? —preguntó, asintiendo varias veces con la cabeza luego de eso. Finalmente colgó y miró a su amigo—. Ve tranquilo, Sasuke-kun vendrá por mí —aseguró.
—Tu novio ese me da mala espina —comentó Kiba, frunciendo el ceño.
—Uy, nadie te preguntó —le dijo Ino, sacándole la lengua.
Kiba se empezó a reír por ese gesto tan bobo de parte de la rubia y luego de despedirse, se marchó. No pasó mucho para que Sasuke apareciera en el parque, en lo que Ino terminaba de comerse el helado. Ella se puso de pie y agitó su mano al verlo llegar, pero le sorprendió un poco darse cuenta de que no estaba solo, había un chico con él, el cual parecía un poco distraído, pero apenas sus ojos negros se posaron sobre la figura de Ino, ésta sintió que se estremecía, sin saber muy bien por qué.
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Gaara se sentó cuidadosamente sobre la cama, aun se sentía un poco débil, pero ya no tanto como hace rato, parecía que dormir tanto sí le había ayudado. Se quedó viendo la puerta de su habitación durante un par de segundos, ya que Matsuri no regresaba, hasta que escuchó los pasos acercándose.
Iba a decir algo, lo que sea, pero se mordió la lengua de la sorpresa al ver que la persona que iba entrando era Lee y no Matsuri.
—¡Ah, Gaara! —saludó alegremente su mánager—. Estás despierto, te ves mejor, Matsuri-chan me dijo que seguías dormido.
El pelirrojo frunció el ceño.
—¿En dónde está ella?
Lee ingresó a la habitación y dejó una bolsa con cosas sobre la mesa de noche, aunque a Gaara no le interesaba saber qué había ahí.
—Ya se fue a su casa —respondió el pelinegro, revisando la bolsa, parecía que buscaba algo.
Al escucharlo, el cantante miró hacia su ventana, el cielo estaba rojo, en cualquier momento empezaría a ponerse oscuro, hasta podía verse uno que otro puntito brillante, así que miró a Lee con enojo.
—¿La dejaste irse sola? —cuestionó, el tono de su voz era inusualmente desdeñoso—. ¿Acaso estás loco? Ya va a oscurecer, ¿no ves que sólo es una chiquilla?
Lee parpadeó con sorpresa, no podía creer lo que acababa de escuchar, ¿desde cuándo a Gaara le importaba lo que le sucediera a Matsuri? ¿Acaso se había perdido de algo?
—La envié con el chofer de la empresa en tu Van —explicó, entrecerrando la mirada—. No soy un inconsciente, si eso es lo que piensas, pero… —al notar que su amigo se relajaba un poco, no pudo reprimir su curiosidad—. ¿Por qué te preocupas tanto? Hasta hace poco, no te importaba en lo más mínimo si a ella la secuestraban los aliens.
Al darse cuenta de que era cierto, de que estaba demostrando más interés del normal, Gaara se sintió avergonzado, hasta podría jurar que sintió calor, lo cual lo atribuyó a su fiebre y no a otra cosa, así que sólo carraspeó su garganta.
—Es lógico, ella me debe dinero, no me gustaría que no me pague —fue todo lo que dijo, echándose sobre el colchón—. Deberías irte, quiero descansar.
—¡Pero traje ramen! —exclamó el mayor, enseñando que traía varios paquetes de la deliciosa comida dentro de su bolsa, todas eran de la misma marca: "Uzumaki", así que Gaara recordó a cierta persona, tenía mucho tiempo sin verlo, a su amigo de la infancia.
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Matsuri entró a su casa con tranquilidad, estaba cansada por el día que había tenido, pero al fin había terminado, así que podría darse una ducha tibia e irse a dormir, o eso planeaba, hasta que se dio cuenta de que su padre la esperaba en la sala y no se veía nada contento.
—Hasta que llegas, señorita —dijo Kakashi, mirándola con seriedad. Él nunca era estricto, a menos que fuera necesario, parecía la persona más relajada y volátil del mundo, pero había ocasiones en las cuales ese tipo de personalidad simplemente no encajaba, requería ponerse firme, aunque le doliera.
Cuando su hermana había fallecido, Kakashi no recibió de inmediato la custodia de Matsuri, como ella había sido reconocida por su padre, éste fue el encargado de acogerla, pero ese hombre la envió a un hogar de menores, él todavía recordaba la cólera que lo invadió cuando lo supo.
—¡¿Cómo puedes hacer eso?! —exclamó el joven de cabello gris, en ese tiempo no llevaba el rostro oculto, así que podía notarse su ira a leguas.
El padre de Matsuri era un importante empresario millonario, estaba casado y tenía una familia de tres hijos, todos mayores que Matsuri, la cual contaba con ocho años en ese momento. Él estaba sentado en el escritorio de su oficina, a la cual Kakashi había irrumpido, su expresión no decía nada, parecía muy indiferente.
—No puedo hacerme cargo de esa niña —dijo el hombre—. Mi esposa no sabe de ella y mucho menos mis hijos, lo correcto fue llevarla a un albergue, sólo iba a ser un estorbo —explicó con calma—. Ya hice suficiente dándole parte de mi médula cuando tuvo cáncer, me debe la vida.
Kakashi apretó sus puños, no pudo contenerse y no dudó en incrustar el derecho en la cara de Ryu, el hombre que había engañado a su hermana, diciéndole que la amaba, que se iba a divorciar de su esposa, sólo para después abandonarla cuando supo que tendrían una hija, a la cual le dio su apellido por obligación y se encargaba de darle una pensión, nada más que eso.
—Tú no mereces que nadie te llame padre —dijo Kakashi, rabioso.
—¡¿Cómo te atreves?! —exclamó el sujeto, que se había caído de la silla por el impacto del puñetazo, ahora estaba en el suelo, con la mejilla hinchada y una muela menos—. ¡Seguridad, saquen a este hombre!
De inmediato, dos tipos vestidos de negro ingresaron a la oficina, mientras su jefe se ponía de pie, agarraron a Kakashi por los brazos y empezaron a jalarlo, pero, a pesar de que ambos eran grandes y musculosos, les costaba mover al hombre más joven, aunque fuera en apariencia mucho más delgado.
—Espera —dijo el peli gris—. Me voy a ir, pero antes, dame la custodia de Matsuri.
Ryu lo miró entre sorprendido y ofendido.
—¿Qué? —interrogó—. ¿Para qué?
De un tirón, Kakashi se soltó del agarre de los guardias, ambos estaban con la boca abierta por la fuerza de ese hombre, no lucía como alguien que pudiera enfrentarlos.
—Me ocuparé de ella, seré su padre, no tendrás que cruzarte en su camino nunca,
El padre de Matsuri no contestó, estaba tan serio, que parecía que la propuesta no era de su agrado, pero ciertamente sólo estaba sopesando la situación, después de todo, esa niña llevaba su sangre, aunque fuera indeseada.
Matsuri traía puesto el uniforme de la escuela, se suponía que había ido a clases, pero en realidad se escapó para ver a Gaara, sólo porque Lee le suplicó y sabía que ese día no tendría clases importantes; aún así, parecía que había sido descubierta, por el modo en que Kakashi la miraba.
—¿Estoy en problemas? —preguntó, encogiéndose de hombros.
—En muchísimos problemas —contestó el mayor, tomando asiento sobre el sofá, en lo que señalaba el asiento de enfrente para que ella lo tomara—. Dime, ¿a dónde fuiste todo el día? Sé que a la escuela no, Iruka me llamó y me lo dijo.
—Iruka-sensei es un chismoso… —masculló la castaña.
Kakashi frunció el ceño.
—Señorita —insistió, era muy anormal verlo tan serio, así que Matsuri sabía que estaba realmente enojado—. ¿Vas a responder lo que te pregunté? ¿Dónde estabas?
Ella sabía que no tenía caso mentir, así que soltó un suspiro, no le quedaba más que confesar la verdad, era lo único que la salvaría de un cruel destino.
—Estaba con mi jefe, en su departamento —respondió.
Al escucharla decir eso, la cara de Kakashi pasó de enfado a horror, se puso azul y Matsuri se dio cuenta de que algo no estaba bien, ¿acaso había dicho algo malo? ¿Estaba en más problemas?
—¿Q-qué dijiste…? —cuestionó Kakashi.
—Eh, que estaba con mi jefe —volvió a decir Matsuri, asustándose cuando vio que su padre se ponía de pie y apoyaba ambas manos sobre sus hombros—. ¿Q-qué pasa?
—¡¿Qué te hizo ese tipo?! —exclamó el aterrado hombre, sólo entonces la joven se dio cuenta de que él estaba imaginando cosas que no eran—. ¡Tú eres una joven virtuosa, Matsuri, no puedes ir al departamento de un hombre soltero! —añadió—. ¡¿O acaso no es soltero?! ¡¿Te metiste con un hombre casado?!
Kakashi se volteó y empezó a actuar como si fuera una señora de cuarenta años a punto de desmayarse, mientras Matsuri trataba de contener la rabia que de pronto empezaba a emanar de ella.
—¡Oh, mi pobre pequeña ha sido seducida por un hombre casado y le ha robado su virtud! —decía escandalosamente, pero al notar el aura negra y asesina que rodeaba a su hija, se dio cuenta de que había abierto la boca demasiado pronto.
—¡Deja de decir estupideces! —gritó la chica, estaba totalmente perturbada por la imaginación tan peculiar de Kakashi, seguro que era por sus libros raros, esos que leía todo el tiempo—. ¡No estaba con ningún hombre casado y nadie me ha robado ninguna virtud! —al terminar de hablar, le arrojó un cojín en la cara a su padre, que se cayó al piso, llorando dramáticamente—. En serio, me avergüenzas a veces —dijo Matsuri, tenía la cara roja por el bochorno.
—*—*—*—*—*—*—*—
Aunque era un poco tarde para estar afuera, Ino había ido a cenar con su novio y el muchacho que lo estaba acompañando, que resultó ser su primo proveniente del extranjero, Sai.
—¿Avisaste a tus padres que llegarías tarde? —preguntó Sasuke, en ese momento, ambos estaban solos, ya que Sai había ido al baño.
La rubia asintió con la cabeza, mostrando una pequeña sonrisa cuando escabulló su mano por debajo de la mesa, tomando la mano del azabache.
—Sí, dijeron que no había problema mientras no vuelva muy entrada la noche.
Sasuke asintió con la cabeza.
—Oye, pero… —la chica hizo un pequeño puchero, el cual hizo reír ligeramente a su novio—. ¿Por qué trajiste a tu primo? Pensé que íbamos a estar a solas cuando me llamaste —dijo en tono de queja, no es como si el "violinista" le cayera mal o algo parecido, solamente quería pasar tiempo con su novio sin terceros de por medio.
El Uchiha sabía que ella tenía razón, aunque tampoco es como si pasaran demasiado tiempo juntos de todos modos, ambos siempre tenían otras cosas de las que ocuparse, entre la escuela de ella y la universidad de él.
—Lo lamento, no podía dejarlo solo, mi padre me obligó a traerlo —explicó brevemente, apretando la mano de Ino.
Aun le parecía un poco extraño el hecho de estar saliendo con esa chica, todo se había dado de un modo muy casual, se habían conocido en el concierto de Gaara, él no quería ir, pero Itachi insistió en que quería su compañía en ese evento, así que no le quedó más remedio.
Era realmente un fastidio cuando todo ese montón de fans se juntaban y empezaban a aclamar a Gaara, la gente no parecía tener límites en cuanto al pelirrojo se trataba, ni siquiera Sakura, a quien no deseaba recordar en ese momento, pero se le hizo inevitable.
—Demonios… —masculló, desviando la mirada.
La muchedumbre se había acumulado más adelante en el pasillo y él no podía avanzar hasta que éstos se apartaran, seguramente Itachi lo iba a regañar por llegar tarde, pero tampoco era como que le importara mucho. Justo cuando pensaba en cómo pasar en medio de todas esas fanáticas locas, vio que de entre la multitud que se aglomeraba ahí, una chica salía casi despedida y caía al duro y frío suelo de baldosas.
—Ay, eso dolió —se quejó la jovencita de cabello rubio—. ¿Dónde está Matsuri? —se preguntó, confundida.
Sasuke caminó hasta ella, no lucía como alguien que se dedicara a ayudar a los demás, pero, ciertamente, él no soportaba ver a la gente en problemas, quizá había sido por eso que cayó como un idiota ante Sakura, se sentía como un héroe que tenía que "salvar" a cualquiera que estuviera pasándola mal.
—¿Estás bien? —preguntó, extendiendo su mano hacia la rubia, la cual alzó la mirada para verlo y su rostro se puso totalmente rojo.
Con algo de duda y nerviosismo, ella le tomó la mano, aceptando su ayuda, entonces Sasuke la alzó y la chica se incorporó, él no pudo evitar fijarse en lo bonitos que eran sus ojos, la chica era preciosa, de eso no había dudas.
—Me llamo Sasuke —dijo, soltando su mano. No era habitual que él les dijera su nombre primero a las personas, pero su lengua había actuado más rápido que su cerebro, tal vez estaba deslumbrado por la belleza de esa rubia.
—Soy Ino Yamanaka —respondió ella, mostrándole una sonrisa agradecida.
El azabache nuevamente miró a su novia, Ino era una chica dulce, aunque tenía la apariencia de ser alguien experimentada y un poco atrevida, era todo lo contrario, se comportaba como una niña mimada con él y eso le parecía divertido, le daba un aire nuevo y alegre a su vida y, sobre todo, mantenía lejos de su mente a Sakura.
—Salgamos el fin de semana, ¿te parece?
Ino esbozó una sonrisa y asintió entusiasmada con la cabeza, le emocionaba mucho la idea de tener una cita con Sasuke, estaba completamente enamorada de él, o eso creía.
—Perdonen la demora —ambos oyeron la voz de Sai y, al voltear a verlo, éste tomó asiento frente a la pareja, mostrando esa sonrisa poco sincera, que había picado un poco la curiosidad de la Yamanaka.
Sasuke soltó la mano de Ino y asintió con la cabeza.
—Terminen de comer, Ino debe llegar a casa temprano.
Sai asintió con la cabeza y miró a la rubia, quien también lo miró, sólo fue un segundo, pero los ojos de Sai le parecieron muy tristes a Ino, algo que la hizo estremecer, así que miró rápidamente en otra dirección, era la segunda vez que le pasaba aquello con el primo de su novio, aunque lo acababa de conocer.
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Un nuevo día había llegado y Gaara por fin se sentía bien, de hecho, estaba lleno de energías, había pasado mucho tempo desde la última vez que se sintió tan recargado, así que esa mañana llegó temprano a la televisora, pues tenía que grabar una pequeña sesión para un programa musical, menos mal que había mejorado, o hubiese tenido que cancelar.
—Me alegra verte bien, me tenías en ascuas ayer —le dijo Lee, que iba caminando a su lado.
El pelirrojo no respondió nada, pero no pudo evitar pensar en lo sucedido, el modo en que Matsuri cuidó de él, las cosas que le dijo, lo que sintió cuando vio su rostro aniñado al dormir, tan linda y tan pacífica.
—Ya basta —se regañó mentalmente.
Aunque estaba bien de salud y, de hecho, estaba de muy buen humor, se sentía un poco ofuscado, pues no dejaba de imaginar a Matsuri en su mente, mientras ella le decía lo mucho que lo admiraba, mientras le sonreía. Lo que le estaba pasando era una estupidez, seguramente aún tenía un poco de fiebre, eso debía ser todo.
—Gaara —escuchó la voz de una mujer que conocía muy bien, así que detuvo sus pasos en seco.
Dejó de mirar al suelo para clavar sus ojos verdes sobre la figura de Mei Terumi, solía estremecerse siempre que la veía, o cuando ella le sonreía del modo en que lo estaba haciendo ahora, pero justo en ese momento, él simplemente no sintió nada.
¿Qué estaba sucediendo?
—Mei-san, hola —rápidamente, Lee se inclinó y se adelantó para saludar a la mujer, la cual correspondió a su reverencia con otra.
—Hola, Lee-san —dijo ella, de manera amable y cordial, para luego mirar a su ex protegido, que había llegado a su alero como un frágil montón de polvo estelar, que ahora brillaba como la más prominente estrella en el cielo—. Gaara, escuché que estabas algo enfermo, ¿te sientes bien?
Aún sin entender por qué su corazón no se aceleraba al ver a la mujer que –se suponía– amaba, Gaara asintió con la cabeza ante su pregunta.
—Tenía gripe y agotamiento, pero después de descansar ya estoy bien.
La mayor se exaltó un poco, frunciendo el ceño —¿Cuántas veces te dije que debes cuidar tu salud? Si quieres trabajar en este medio, eso es muy importante —dijo en tono de regaño, entonces notó la sonrisa que apareció en los labios del pelirrojo, era tan clara y evidente, que hasta Lee se quedó con la boca abierta.
—Ya te lo dije, Mei, no soy un niño —contestó, pasándola de largo.
Ella estaba sorprendida, era la primera vez que veía a Gaara sonreír de ese modo, aunque con él era dulce y amable, nunca le mostró una expresión tan sincera en su rostro, algo había cambiado en ese chico y ella estaba segura de que era para bien.
—¡Espérame, Gaara! —gritó el mánager, corriendo detrás de su estrella.
Por su parte, Gaara continuó hacia el foro donde le tocaba grabar, por algún motivo, se sentía fuerte, valiente, como si hubiera conseguido dejar de suprimirse a sí mismo. Había sido una manera un poco extraña de darse cuenta de que, en realidad, lo que Mei le dijo siempre fue cierto, él no estaba enamorado de ella, sólo estaba agradecido.
—*—*—*—*—*—*—*—
Apenas Matsuri llegó a la escuela, Kiba e Ino se le abalanzaron a preguntas, abrumándola un poco, a decir verdad, no esperaba que la hubieran extrañado tanto.
—¿Ya te sientes bien? —preguntó el castaño, mirándola de pies a cabeza, como si intentara analizar su estado de salud, pero apenas ella le sonrió, asintiendo con la cabeza, él desvió la mirada.
—Sí, gracias, Kiba-kun —respondió la chica, tomando su lugar.
—Escuché que estabas llena de gérmenes —los tres oyeron la voz de la molesta Hakuto, que nunca perdía la oportunidad para incordiar a Matsuri, parecía como si tuviera algo en su contra—. No te me vayas a acercar, no me quiero infectar.
Kiba frunció el ceño, al igual que Ino, pero la respuesta de Matsuri impidió que ellos intervinieran.
—Uy, con lo venenosa que eres, seguro se infectan ellos.
Hakuto se puso roja de la ira, mientras los compañeros que habían oído se empezaban a reír de ella. Furiosa, regresó a su asiento con sus amigas.
—Buena esa, Matsuri —le dijo Ino.
—Esa chica es molesta —opinó Kiba, que no dejaba de verla con enfado, odiaba que siempre se estuviera metiendo con Matsuri, aunque le alegraba y le fascinaba que ella supiera cómo defenderse de los abusos de esa loca.
—No le hagan caso —dijo la jovencita de ojos negros, sonriendo—. Mejor pásenme los apuntes de ayer, ¿sí?
—Ahí viene la cerebrito —se quejó la rubia, tomando asiento en su lugar.
Las clases ese día fueron bastante tranquilas, fuera de los incordios que de costumbre le hacía Hakuto, Matsuri logró incorporarse bastante bien, aunque solamente había faltado un día, no le gustaba perder clases. De todos modos, no dejaba de preguntarse si es que Gaara estaba mejor, anoche, después de tener que contarle todo a su padre por obligación, sólo intercambió un par de mensajes con Lee, que le dijo que Gaara estaba descansando, pero ella seguía preocupada, aunque no sabía por qué le importaba tanto.
—Es porque soy su fan, obviamente —se dijo mentalmente, pues no había otra razón para que a ella le preocupara ese arrogante y antipático sujeto.
—*—*—*—*—*—*—*—
Después de haber grabado su entrevista, Gaara estaba ya dentro de la Van, esperando a que Lee terminara de despedirse de los trabajadores para que condujera hasta el estudio de grabación, en donde vería a Matsuri. En el preciso instante en que pensó en que la vería, después de todo lo ocurrido el día anterior, sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal.
—¿Qué me pasa? —se preguntó en voz baja, frunciendo el ceño.
Lee estaba tardando, así que sacó su celular para escuchar un poco de música, tenía muchos grupos y bandas que le gustaban, solía escuchar sus canciones para despejar su mente, casi nunca se oía a sí mismo, a menos que necesitara inspiración.
—Veamos… —justo cuando estaba por seleccionar una canción de su lista, recibió un mensaje de texto de Itachi.
"Ya está terminada la mezcla de voces para el álbum, sólo queda la etapa de edición y estará listo para salir a la venta."
Al leer el mensaje en la bandeja de notificaciones, decidió poner la canción que quería escuchar, ya llevaba los audífonos puestos, así que ésta se empezó a reproducir, entonces abrió el mensaje y envió un simple "ok". Se acomodó en el asiento y cerró sus ojos, pero instantáneamente la imagen de Matsuri se apoderó de su cabeza, haciendo que se sintiera molesto.
¿Qué demonios le estaba pasando?
—Lamento la espera —escuchó la voz de Lee, que le hizo dar un pequeño salto. Abrió sus ojos y lo vio subiendo al asiento del piloto, poniéndose el cinturón de seguridad—. Ya podemos irnos —añadió el pelinegro.
Gaara simplemente asintió con la cabeza, sin decir nada.
Mientras avanzaban hacia la disquera, el cantante miró el paisaje por la ventana, la música seguía reproduciéndose en su teléfono y, de pronto, se dio cuenta de que estaban pasando por fuera de ese hogar de menores al que una vez lo llevó Matsuri, en donde jugó con los niños y llegó a sentirse como un niño de nuevo.
Desde que su mamá había fallecido, todo lo que hizo Gaara fue estudiar, tratando de conseguir aunque sea un poco de la atención de su padre, quien simplemente lo ignoraba como si no existiera. Se esforzó como nadie para sobresalir, ser un estudiante modelo, pero no consiguió que él lo mirara, entonces quiso ser todo lo contrario, convertirse en un "chico problema", pero eso tampoco rindió frutos, al final, lo único que realmente logró molestar a su padre fue que él decidiera irse y dedicarse a la música, todavía recordaba cuando le dijo que sería un fracasado toda su vida, por supuesto, estaba equivocado.
—Me pregunto qué pensarás ahora de mí, el hijo que te daba tanta vergüenza… —pensó, cerrando los párpados, no quería seguir pensando en más cosas sobre su pasado, cosas que lo desanimaban y lo hacían sentir triste, pero a veces ese tipo de situaciones se repetían en su cabeza sin motivo aparente.
Desde su asiento, Lee miró a Gaara a través del espejo retrovisor, podía notar que estaba inquieto, aunque ya no parecía estar enfermo, era seguro que algo le estaba molestando, solamente esperaba que no fuera nada grave, porque eso lo pagaría cualquier persona que se le pusiera enfrente al pelirrojo y, definitivamente, no quería ser él.
Cuando llegaron a la empresa, Lee le avisó a Gaara que ya estaban ahí, así que él se quitó los audífonos y paró la música. Ambos bajaron y se dirigieron al edificio, tenían que escuchar la edición final del disco, Gaara era demasiado quisquilloso y cualquier cosa que no le convenciera, debía ser cambiada de inmediato.
—Matsuri-chan ya debe haber llegado a esta hora —dijo el pelinegro, al mismo tiempo que los dos se montaban en el elevador. Miró de reojo a Gaara, pero éste no le dijo nada.
Apenas las puertas se abrieron en su piso, se dirigieron al estudio de grabación, Lee saludó al productor musical y Gaara se quedó junto a la puerta, Matsuri estaba dentro, tenía puestos un par de gruesos audífonos y estaba sonriendo, con sus ojos cerrados, mientras escuchaba el disco. Él no pudo evitar sentirse levemente conmovido ante la expresión de completa felicidad que tenía la chica cuando escuchaba su voz y su música, Matsuri era como un detector de mentiras y, por la enorme sonrisa que surcaba sus labios, él sabía que su trabajo era bueno.
—Esta canción es muy hermosa, el sonido es increíble —comentó la chica, mirando al productor, pero al notar que Gaara estaba ahí, se sonrojó un poco y se quitó los auriculares—. Ah, Lee-san, Gaara, ya llegaron.
—Viniste temprano —dijo Gaara, no podía apartar su mirada de ella, aún sentía culpa por cómo la había tratado desde que la conoció y por el hecho de que, a pesar de lo horrible que fue con ella, Matsuri lo cuidó con tanta dulzura.
—Eh, sí, salí antes de la escuela —ella se levantó de donde estaba sentada, parecía un poco nerviosa—. Voy a traer tu café —dijo, saliendo rápidamente del lugar y pasando junto al pelirrojo, que ni siquiera la miró, pero se sintió inquieto cuando el hombro de ella lo rozó, aunque sólo fue por una milésima de segundo.
—Bien, deberíamos escuchar ese disco —opinó Lee, que por algún motivo, notaba el ambiente ligeramente tenso entre esos dos, ¿habría pasado algo mientras estaban solos?
Afuera del estudio, Matsuri respiró agitada, llevándose una mano al pecho, le había dado gusto ver que Gaara ya estaba bien, pero no dejaba de pensar en lo sucedido, cuando él la acorraló en el sofá, cuando pudo sentir su cuerpo sobre el de ella, lo que en ese momento pasó en su interior. No era justo que él hiciera algo así, no tenía derecho a sonsacarla de ese modo.
—Hey —escuchó una voz femenina, así que alzó la mirada para ver a la persona que le hablaba—. Eres Matsuri, ¿no? —le saludó ella, era Sakura, la chica que había chantajeado a Gaara con un video indecente y por la cual ella debía fingir que salían, nunca pensó que esa joven tuviera una actitud como aquella.
—Eh, sí, hola —respondió, haciendo una leve reverencia. A pesar del mal concepto que tenía de Sakura, no podía evitar pensar en lo bonita que era ella, era lógico que Gaara se hubiese fijado en una chica como esa, se preguntaba si acaso él había estado muy enamorado de Sakura.
Por su parte, Sakura le sonrió con sarcasmo, como le había dicho su madre, ella estaba obligada a superar cada uno de los obstáculos que se presentaran en su camino y en su carrera y, evidentemente, Matsuri era uno de ellos.
—Me da gusto conocerte formalmente, ya nos habíamos visto, pero creo haber sido algo grosera —dijo la peli rosa, suavizando un poco esa sonrisa, haciéndola parecer más amable de lo que en realidad era—. Eres asistente de Gaara, ¿no? Y también su novia.
Matsuri se sonrojó y asintió con la cabeza, le avergonzaba mucho que pensaran que en serio Gaara podría fijarse en ella.
—Sí, así es.
—Maravilloso —Sakura juntó las dos palmas de sus manos en un gesto amistoso—. Parece ser que somos de la misma edad, deberíamos ser amigas, ¿te parece?
—¿Eh? —la castaña la miró con cierta confusión, pensó que Sakura querría hacerle o decirle algo malo, no esperaba que le ofrecería su amistad, ¿acaso Gaara había exagerado sobre su forma de ser?
—Sí, sí —insistió Sakura, tomando las dos manos de Matsuri con demasiada confianza—. Seamos amigas, ya que no hay muchas chicas a parte de nosotras y Karin que sean de nuestra edad, vamos a llevarnos bien, ¿qué dices?
Al ver la insistencia de la idol, a Matsuri no le quedó de otra que asentir con la cabeza, esbozando una suave sonrisa; tal vez Sakura no era tan mala como la pintaban.
—Claro, está bien —aceptó gustosa, sin darse cuenta del modo en que los ojos de la chica rosada destellaron.
Su lema era simple, qué mejor forma de destruir a un obstáculo que acercándose a él y tirarlo desde los cimientos, conocerlo muy bien y, luego, hacerlo añicos.
Continuará…
