Capítulo 11: Una cita fallida
Cuando Matsuri miró el cheque que habían puesto sobre sus manos, sus ojos se abrieron considerablemente, juraba que nunca había visto tanto dinero junto en toda su vida, así que no podía evitar sentirse impresionada.
—¿Q-qué es esto, Lee-san? —preguntó, parpadeando varias veces.
El joven mánager le sonrió, mientras que Gaara, sentado al fondo de la habitación, solamente los ignoraba a ambos.
—Es tu paga por el comercial, Matsuri-chan, no pensarás que lo hiciste gratis, ¿no?
La chica, todavía impresionada, abrió su boca en una clara "o", que sólo hizo reír más al pelinegro.
—¿Y puedo quedármelo? ¿O debo dárselo todo a Gaara? —al preguntar aquello, frunció el ceño, mirando de reojo al pelirrojo, pero éste continuó haciendo como si ella no estuviera ahí, parecía concentrado en escuchar las canciones del disco, las tenía todas en su teléfono y estaba usando los auriculares.
—No, no, puedes tenerlo todo —aseguró Lee—. Ya que en tu contrato estipulamos que se reducirá tu deuda de tu sueldo, este fue un trabajo realizado aparte, así que el dinero es tuyo, elije qué hacer con él.
Matsuri sonrió risueña, no podía creerlo, por fin veía algo de ganancia en ese empleo donde la tenían esclavizada.
—Podré comprar un montón de cosas para los niños del hogar, mi papá y mis amigos, ah, podré llevar flores bonitas a la tumba de mamá —decía emocionada, sus mejillas estaban ligeramente sonrosadas y sus ojos brillaban con alegría, eso pudo verlo Gaara desde su lugar, ya que había pausado la música solamente para oír lo que ella decía.
—No mencionó siquiera una cosa para ella misma, qué tonta —pensó, volviendo a pulsar el play, no entendía por qué Matsuri era así, por qué siempre pensaba en todos los demás antes que en su propia persona, él había aprendido que nada ganaba con preocuparse por otros antes que de sí mismo, el egoísmo era el mejor modo de sobrevivir en un mundo tan competitivo.
—Bueno, creo que ya viene siendo hora de que vayas a casa —dijo Lee, mirando su reloj de mano, era bastante tarde y ya habían hecho la mayor parte del trabajo del día, por lo que la chica quedaba liberada por hoy.
—Oh, claro —Matsuri levantó su mochila de la escuela, que estaba sobre una mesa de la sala en donde los tres estaban reunidos y se la colgó a la espalda—. Entonces voy saliendo, Lee-san —añadió con una sonrisa hacia el mayor, luego miró a Gaara, pero ni siquiera se despidió de él antes de salir.
A decir verdad, seguía un poco molesta y avergonzada al estar cerca de él, desde lo sucedido el otro día, cuando tuvo que cuidarlo, ya habían transcurrido varios días y continuaba con aquella incomodidad, no entendía la razón de ello, sólo sabía que debía controlar sus impulsos de adolescente, puesto que últimamente soñaba muy seguido con Gaara y, no eran precisamente sueños inocentes como antes.
—Gaara, ¿te vas a quedar ahí? —cuestionó el pelinegro, observando que el cantante parecía anotar algunas cosas en una libreta.
—No —contestó éste, quitándose los auriculares—. Ya terminé de anotar las cosas que me parecen mal, no es mucho —dijo, pues había estado analizando todas las canciones desde que se las habían entregado, los productores y el director de la compañía sabían que no podían sacar adelante el disco sin la aprobación de Gaara—. Vamos a casa —añadió, guardándose el móvil en el bolsillo del pantalón y poniéndose de pie.
Lee asintió con la cabeza y ambos bajaron por el elevador hasta el piso del estacionamiento. Gaara subió en la parte de atrás, como siempre, mientras que el mánager subió al asiento del piloto.
—Oh, ¿sabías que ya va a ser el cumpleaños de Matsuri-chan? Deberíamos hacerle algo para celebrarlo, aunque sea pequeño.
Al escuchar sus palabras, el pelirrojo lo miró de reojo.
—¿Cómo lo sabes? —cuestionó, arqueando una invisible ceja.
El mayor se encogió de hombros, luego de ponerse el cinturón de seguridad y encender el motor del auto para partir.
—Lo vi en su contrato.
Gaara se quedó en silencio, mirando por la ventana del auto mientras salían hacia el exterior de la empresa musical, así que Matsuri pronto cumpliría dieciocho años, ya casi estaba por terminar la escuela también, le daba un poco de curiosidad sobre qué haría después de eso, una chica torpe como ella… pero al darse cuenta de que su mente estaba divagando, frunció el ceño.
—No me interesa —dijo finalmente, acomodándose en su asiento y cerrando los ojos para dormir, el trayecto hacia su departamento era algo largo y siempre aprovechaba de tomar una siesta de camino, pero apenas juntó sus párpados, un recuerdo bastante vívido inundó sus pensamientos.
Pudo ver el momento en que acorraló a Matsuri contra el sofá de su sala, ella lucía tan frágil estando debajo de su cuerpo, mirándolo con sus ojitos almendrados, destellando su miedo y su pureza, incluso si en ese instante estaba casi delirando por la fiebre, juraba que la chica lucía tan hermosa como una princesa de cuentos. Con ese pensamiento, finalmente se quedó dormido.
—*—*—*—*—*—*—*—
Por la noche, Matsuri se encontraba en su habitación, ya había cenado y terminaba de tomar algunos apuntes para sus materias. Una vez que cerró el cuaderno, decidió entrar un rato a sus redes sociales, ya que solía quedarse viendo memes, videos o noticias sobre los cantantes y bandas que le gustaban, igual que sus series favoritas. Estaba en facebook cuando un mensaje privado se abrió en la parte baja de la ventana, dándole un pequeño susto.
—Ay, qué impresión —murmuró, observando el nombre en la pantalla, se trataba de su amigo Kiba.
"Hey, ¿sí recuerdas que mañana saldremos? Dime a qué hora paso por ti."
Matsuri parpadeó, se le había olvidado que había aceptado salir con Kiba, pero tampoco es como que le fuera a cancelar, así que no tardó en contestarle.
"¡Claro que me acuerdo! Mañana ven a mi casa a eso de las dos, no me vayas a dejar plantada o no te lo perdonaré."
Vio como aparecía el mensaje de que Kiba estaba escribiendo, seguido de eso, éste le envió un sticker gracioso y contestó que no la plantaría por nada. Estuvieron un rato hablando, charlando de lo que irían a ver, entonces, el inicio de Matsuri se actualizó, dejando ver una noticia sobre Gaara. La fotografía era de su última sesión de fotos, la del nuevo álbum, parecía que la habían lanzado como una primera imagen teaser. Ella no pudo evitar mirarlo con mucha atención, Gaara lucía como si fuera perfecto en esa foto, no había una sola imperfección en su rostro o en alguna parte de su cuerpo y muchas de las fans lo discutían en los comentarios de la publicación.
—Lo peor es que eso ni siquiera es Photoshop —dijo para sí misma la chica, frunciendo el ceño, ese idiota de Gaara hasta en eso era perfecto, ella podía dar fe de eso al haber sentido a la perfección la figura de ese hombre tan cerca de su cuerpo.
Después de terminar de ponerse de acuerdo con Kiba, ella decidió apagar su laptop e irse a dormir, ya tenía puesta la pijama y era un poco tarde, así que apagó las luces y se metió a la cama, pero apenas cerró los ojos, sólo volvió a pensar en él.
Sinceramente, ¿qué estaba mal con ella? ¿Por qué no se podía sacar de la cabeza a ese sujeto arrogante y antipático?
—*—*—*—*—*—*—*—
Temari suspiró cuando observó que su padre finalmente se había quedado dormido, después de haber estado protestando toda la tarde por haberla hecho venir en lugar de estar preocupada de sus estudios. Rasa era un hombre cuya salud siempre le había sido irrelevante, parecía muy fuerte e indestructible, con su semblante siempre serio e indolente, incluso cuando su amada esposa falleció, pero esa fachada era algo que a duras penas había podido mantener frente a su hija mayor, Temari lo había visto quebrarse muchas veces, o, al menos, era la única de sus hijos que lo recordaba, al ser la mayor.
—Qué terco eres, padre —murmuró la chica, levantándose del asiento en donde se encontraba descansando para luego acercarse a la cama de su padre y arroparlo un poco.
Todavía no podía creer lo que los doctores habían diagnosticado, a ese hombre que no parecían entrarle balas, pronto empezaría a olvidarse de todo.
—¿Ya dejó de regañarte? —le preguntó Kankuro, entrando en la habitación, a lo que Temari le hizo callar rápidamente.
—Shh, no lo vayas a despertar —contestó en voz baja, viendo como su hermano se tapaba la boca con ambas manos—. Se quedó dormido después de mucho trabajo, ya sabes cómo es papá.
Kankuro asintió con la cabeza, moderando el volumen de su voz antes de volver a tomar la palabra.
—Me alegra que te hiciera caso, a mí jamás me escucha, por eso te llamé.
La rubia miró nuevamente al hombre que se encontraba tendido sobre aquella cama, su padre jamás fue cariñoso con ninguno de sus hijos después de la muerte de su madre, pero él seguía siendo la persona que les dio todo y le dolía verlo así.
—¿Realmente crees que papá nos olvide? —preguntó, sin apartar la vista del mayor, que parecía muy tranquilo en ese momento.
—No lo sé —contestó su hermano menor, su expresión era de tristeza y desespero—. Espero que no, pero su enfermedad no garantiza nada.
—Desearía que Gaara estuviera aquí —dijo entonces Temari, preguntándose cuándo es que su hermano menor dejaría de guardarle todo ese resentimiento a su padre y a ellos, y les daría la cara, aunque fuera una vez en su vida, antes de que fuese demasiado tarde.
Kankuro no respondió, él también deseaba ver a su hermano menor, pero sabía que no era tan fácil, Gaara era prácticamente inaccesible, incluso para sus familiares, todo por ser una estrella.
—*—*—*—*—*—*—*—
El día sábado finalmente había llegado, Gaara se acababa de levantar y ya se había duchado, le habían avisado a última hora que hoy tendría que grabar un pequeño comercial y no estaba muy contento con eso, estaba cansado de que siempre le salieran cosas sin anticipación, pensaba plantarle cara a Itachi sobre eso y hacerle un reclamo formal, no podía ser que siempre le estuvieran robando el poco tiempo libre.
Como fuera, todavía faltaban un par de horas para tener que salir, así que se había preparado un pequeño desayuno consistente de un par de tostadas y café, a pesar de que no era muy saludable, le encantaba el café muy cargado, estaba bastante seguro de que esa era su bebida favorita. Se había puesto una camiseta de mangas largas y cuello de tortuga y unos pantalones cómodos, estaba en su habitación especial, en donde componía y arreglaba su música, aunque solamente estaba mirando la computadora y leyendo las noticias, mientras se bebía su delicioso café.
—Así que ya lanzaron la imagen —dijo al verse a sí mismo en una noticia sobre su próximo trabajo musical, estaba muy emocionado al respecto, después de todo lo que había trabajado para poder hacer algo que realmente lo hiciera sentir orgulloso, ya quería ver a todos sus fans con la misma expresión que tenía Matsuri cuando lo escuchó—. ¿Por qué pienso en eso? —se preguntó, pues no entendía qué hacía recordando el rostro de esa chica en un momento como este.
Rodó los ojos y fue a pasar de largo la noticia, pero uno de los comentarios le llamó mucho la atención, así que lo leyó con detenimiento.
UsuarioAnónimo00374:
"Hola a todos, soy una fan insaciable de Gaara-sama, tanto así, que investigo su horario y los lugares a donde asiste todo el tiempo, lo he seguido muchas veces en secreto, pero últimamente siempre veo a una chica rondándolo, es una estudiante, ¿pueden creer que esa tipa está siempre junto a él? Yo creo que habría que darle una lección entre todas."
Gaara frunció el ceño al leer eso, ¿tenía una fan loca y acosadora que había puesto el ojo sobre Matsuri? Eso no se veía nada bien, lo bueno era que los comentarios desestimaban totalmente lo que decía esa chica, muchos apuntaban a que solamente estaba inventando o que era una enferma por tratar de seguirlo.
—Supongo que no pasará nada… —dijo, encogiéndose de hombros, en ese momento, no creyó que aquel tema fuese a tener alguna importancia.
—*—*—*—*—*—*—*—
El tráfico aquella mañana era horrible, quizá porque era fin de semana y muchas personas salían de la ciudad, pero Itachi estaba volviéndose loco al ver lo poco que avanzaban los autos que estaban delante de él. Tocó la bocina una y otra vez, pero era inútil, parecía que esos idiotas no pensaban moverse.
—¡Vamos, avancen! —exclamó.
Él pregonaba siempre de ser una persona tranquila y muy centrada, pero si había algo que lo irritaba, eso era el horrible tráfico de la ciudad de Tokyo, sufría de lo que muchos podrían llamar como "el síndrome del conductor enojado", no podía evitar estallar de ira cada vez que se veía atrapado en medio de la calle sin una salida.
Después de un par de minutos, los autos de adelante por fin parecieron moverse y él fue a pisar el acelerador, pero el coche que estaba justo frente a él se paró de golpe, haciendo que Itachi no tuviera tiempo de frenar y su auto diera de lleno contra el parachoques trasero, rompiéndole una luz.
—Esto es increíble —masculló el azabache, justo cuando el otro auto empezó a sonar la alarma como loco, así que le dio un golpazo al manubrio, estaba totalmente furioso. Se bajó del auto y dio un portazo, esperando a que el conductor de delante también se bajara—. ¡¿Quién le enseñó a conducir?! —exclamó.
La puerta del otro automóvil se abrió y vio un par de piernas largas que descendían con delicadeza, terminando en dos elegantes tacones bastante altos. La mujer bajó y se plantó delante del alterado CEO musical, dejando que su largo cabello castaño danzara con el viento que hacía a esas horas tan tempranas. Ella lo miró con sus profundos ojos negros y él simplemente frunció el ceño al reconocer su hermosa, pero molesta humanidad.
—Izumi —dijo con fastidio, esbozando una sonrisa sarcástica—. Me gustaría decir que es un placer, pero claramente no.
La chica se echó el cabello hacia atrás y también sonrió.
—Itachi Uchiha, cuánto tiempo —dijo ella, mirando de reojo el choque de los dos automóviles—. Veo que no eres muy bueno al volante —añadió, arqueando una ceja.
Itachi tuvo que morderse la lengua para no dejar que el enojo se apoderara de él, se suponía que él era una persona que podía gobernar fácilmente sus emociones, ni siquiera una mujer como esa, que era especialista en sacarlo de sus casillas, podía con él.
—Eso debería decirlo de la mujer que frena de la nada en medio del paso —comentó el hombre, rebuscando algo en el bolsillo de su saco. Se acercó unos cuantos pasos hacia Izumi y le entregó una tarjeta de presentación—. Llámame, pagaré los gastos de reparación.
Sin decir nada más, él regresó a su auto y lo echó un poco hacia atrás, para luego adelantar a Izumi, que seguía parada en medio de la calle. Ella no dijo absolutamente nada, ni siquiera cuando lo vio partir, Itachi siempre había sido un engreído, desde que estaban en la escuela se comportaba como si fuera el dueño del mundo, era normal que no se llevaran bien.
—Oh… —la castaña observó la tarjeta de presentación, dibujando una leve sonrisa en sus labios—. Akatsuki, ¿eh?
—*—*—*—*—*—*—*—
Ino estaba en medio de una cita con su novio Sasuke, quien la había invitado como compensación por el poco tiempo que pasaban juntos últimamente, a decir verdad, no se conocían tanto como a ella le gustaría, pero Sasuke era siempre muy amable, a pesar de que fuera un chico serio y un poco frío. Ahora mismo, los dos estaban comiendo, eran casi las dos de la tarde y estaban en un restaurante al aire libre, muy pintoresco.
—¿Te gustó la comida? —preguntó el azabache, mirando a la chica con esos ojos tan profundos, que siempre parecían querer atravesar el alma de las personas.
Ella asintió con la cabeza, bebiendo un poco de refresco.
—Estuvo deliciosa —contestó, mostrando una sonrisa—. ¿Qué haremos ahora, Sasuke-kun?
El chico se echó hacia atrás, llevándose una mano al mentón, no estaba muy seguro sobre cómo complacer a una chica en una cita, no era como si hubiera tenido que hacerlo antes, había tenido romances muy escasos y la única vez que realmente se enamoró, las cosas no eran convencionales entre él y Sakura.
—¿Quieres ir a ver una película? —finalmente dijo, observando que la rubia asentía con bastante emoción, parecía que no era tan malo en esto después de todo.
Siempre se preguntaba cómo habría sido todo si Sakura no fuera el tipo de persona que era, al inicio, lucía como si realmente sintiera algo fuerte por él, pero luego simplemente lo abandonó por ir tras la fama de Gaara, aunque en el fondo Sasuke sabía que se lo merecía, se había robado a la novia de su amigo, después de todo.
—¿Qué vamos a ver? —le preguntó Ino, sacándolo de sus pensamientos pesimistas y poco convenientes, no era bueno que pensara en su "ex" estando ahora mismo con su novia.
—Lo decidiremos cuando veamos la cartelera, ¿te parece? —contestó, alzando su mano para llamar a la mesera y pedir la cuenta.
—*—*—*—*—*—*—*—
A la hora acordada, Kiba había tocado el timbre de la casa de su amiga Matsuri, iba muy bien vestido ese día, utilizaba una camiseta sin mangas, pero que tenía incorporada una capucha que en ese momento no traía puesta, así que su cabello castaño estaba libre. Llevaba un pantalón cómodo de jean y un par de tennis, no le gustaba arreglarse demasiado, pero lo cierto era que se veía guapo, lo suficiente como para que cualquier chica lo volteara a ver.
A los pocos segundos de que tocara el timbre, la puerta se abrió, dejando ver a la jovencita que había venido a recoger, ella parecía un ángel ese día, llevaba puesto un vestido corto de color amarillo, con estampado de flores, el cual caía en forma de A hasta sus rodillas, también calzaba un par de sandalias bajas, de color madera. Tenía el cabello recogido hacia un lado con un pasador negro, no era llamativo, pero se veía hermosa, a Kiba casi se le cayó la mandíbula pensando que ella se había arreglado así para salir con él.
—M-Matsuri, te ves bien —dijo, esbozando una sonrisa medio boba.
La chica también sonrió.
—Gracias, también tú —contestó Matsuri. En realidad, ella no quería arreglarse tanto, pero Ino había ido a su casa en la mañana y la obligó a elegir ese vestido y ese peinado, diciendo que se arrepentiría si no le hacía caso—. Eh, ¿nos vamos?
—¡Ah, claro! —exclamó el Inuzuka, que se hizo a un lado para dejarla pasar, pero en cuanto Matsuri salió de la casa, él se percató de una extraña y casi macabra sombra que se paró justo a su lado, dándole un susto de muerte.
—Si le haces algo a mi preciosa hija, morirás —escuchó una voz tétrica, que le caló los huesos y le puso los pelos de punta, entonces miró hacia la sombra y vio al hombre alto, de cabello plateado y la cara casi completamente cubierta por una mascarilla; sin duda, Kiba se espantó.
—¡Un fantasma!
Matsuri frunció el ceño y miró a Kakashi con enojo, no podía creer que su padre actuara de tal modo, asustando al pobre Kiba.
—Papá, no seas así, deja a mi amigo —lo regañó, cerrándole la puerta en la cara.
—¿Esa aparición es tu padre? —cuestionó el aterrado castaño, nunca había visto al padre de Matsuri antes, aunque había escuchado rumores sobre él, como que era maestro universitario o que era un tipo muy misterioso.
—No es una aparición —dijo Matsuri, soltando un suspiro—. Y sí, es mi papá, pero, en fin —sin pensarlo, tomó la mano de Kiba, el cual se sonrojó hasta la raíz del cabello—. Vámonos ya.
—Sí —él asintió con la cabeza, dejándose jalar por su amiga, quien estaba un poco enojada porque su padre actuaba como un niño, siempre era así, a veces parecía que no le molestaba que ella hiciera lo que quisiera –como cuando la dejó viajar con Gaara y su equipo– y otras veces era todo lo contrario.
—*—*—*—*—*—*—*—
Sobre las dos y media de la tarde, Gaara había terminado de grabar el comercial que le había salido de improvisto, estaban en una cafetería del centro de la ciudad, la cual había pagado un dineral para que el famoso cantante les hiciera publicidad. Se sentía mentalmente agotado, a pesar de haber enfermado hace poco, seguía con mucho trabajo, igual que antes, esperaba no enfermarse de nuevo, porque odiaba esa idea (excepto si cierta castaña cuidaba de él).
—Bueno, creo que ya estás libre por el resto del día —dijo Lee, acercándose a él mientras sostenía su teléfono en la mano, revisando la agenda electrónica de su representado—. Mañana aprovecha de descansar todo lo que puedas, el lunes hay una entrevista y la afinación de los detalles finales del disco que corregiste.
El pelirrojo asintió con la cabeza, aunque no pudo evitar mirar de reojo a su mánager, había algo raro en él ese día.
—Oye… —lo llamó con seriedad, alzando su mano para señalar la gorra negra que Lee estaba usando y los anteojos oscuros de sol—. ¿Por qué llevas eso puesto? —interrogó.
El mayor se sorprendió por la pregunta y se sonrojó un poco, empezando a reírse de modo nervioso.
—Bueno, verás… —acercándose un poco a Gaara, a modo de secreto, le susurró—. ¿Ves a la chica que está atendiendo? El otro día vine aquí a beber algo y la vi, ella comentó que le gustaban los hombres misteriosos y bohemios, por eso decidí cambiar mi look.
El pelirrojo se separó, mirándolo inexpresivamente.
—Te ves fatal.
Al escucharlo, Lee sintió como si un ladrillo le cayera encima.
—Qué cruel…
—Disculpe —dijo una de las meseras del lugar, su rostro estaba rojo y parecía muy nerviosa de dirigirle la palabra a Gaara—. E-esto es por cuenta de la casa, es nuestra nueva receta —explicó, entregándole un vaso de café de plástico, pero éste tenía un diseño del logo del lugar, era muy bonito y llamativo.
—Gracias —contestó el cantante, recibiendo amablemente el ofrecimiento. La chica le hizo una leve reverencia y se fue casi corriendo, aunque le temblaban las piernas y el cuerpo entero, luego de eso, ella se reunió con las demás meseras y entre todas empezaron a murmurar, como si la felicitaran. Gaara no les dio importancia y probó el café—. Está delicioso… —murmuró.
—Es raro… —comentó Lee, llamando la atención de su amigo, que lo miró sin entender—. Es que fuiste muy amable con esa chica, normalmente no aceptas nada que te ofrezcan los lugares en donde haces publicidad.
Era cierto, Gaara no solía ser así, odiaba que pensaran que él hacía su trabajo sólo para obtener cosas gratis, pero tampoco es como que fuera algo malo el haber aceptado un vaso de café, ¿no? O eso pensaba, desde que escuchó las palabras de Matsuri el otro día, pensaba que era un poco exagerado ser tan borde con todo el mundo, sobre todo con aquellos que eran corteses con él.
—Sólo es un café, no lo pienses tanto —dijo sin darle importancia al asunto, para proceder a darle otro sorbo al mismo.
Justo cuando estaba terminándose el vaso por completo, miró afuera de la tienda, vio pasar a Matsuri junto a un chico, ambos iban sonriéndose mutuamente, parecía que charlaban de algo y se llevaban muy bien. Ella se veía muy bonita, ¿se había arreglado así porque ese chico era su novio? No supo por qué, pero esa imagen le hizo enojar, arrugando el vaso ya sin contenido con su mano derecha, para luego dejarlo sobre una mesa justo a su lado.
—Lee, ya puedo irme, ¿cierto? —le habló al mánager, que estaba supervisando que desmontaran correctamente todo el equipo de cámaras, micrófonos y luces que habían estado usando, así que le estaba dando la espalda al ídolo.
—Sí, claro, ¿quieres que te pida un taxi? No puedo irme todavía —contestó el pelinegro, pero Gaara negó con la cabeza.
—No —respondió. Estiró su mano y le arrancó la gorra y los anteojos a Lee, que se volteó con los ojos bien abiertos de la impresión—. Tomaré esto, nos vemos el lunes —dijo Gaara sin más, poniéndose ambos accesorios, para luego salir por la puerta del local casi corriendo.
—¡P-pero Gaara! —exclamó Lee, siendo totalmente ignorado.
—*—*—*—*—*—*—*—
En el cine, Kiba y Matsuri acababan de comprar su entrada para la última película de superhéroes que había salido, ambos eran fans del cómic y tenían grandes expectativas de aquel filme, luego de las buenas críticas que éste había recibido. Los dos ingresaron a la sala para buscar sus asientos, sin notar que había alguien tras ellos, un misterioso sujeto de gorra negra y anteojos de sol, honestamente, ¿quién lleva anteojos de sol en un recinto techado?
—¿Qué se le ofrece, señor? —le preguntó la vendedora, mirándolo con cierto nerviosismo, aunque el sujeto era extraño, sus facciones eran atractivas, así que no le quitaba los ojos de encima, ¿acaso sería un actor de televisión? Se le hacía muy conocido.
—Quiero un boleto para "Los súper amigos" —respondió, había visto que eso fue lo que pidieron los otros dos, así que no dudó en hacer lo mismo.
Después de que recibió su boleto, ingresó a la sala y comprobó que su asiento estaba a unas cuantas filas más arriba que el de Matsuri y su novio, o lo que sea que fuera ese chico de ella. La gente dentro lo miraba de forma rara, es decir, ¿por qué usaba gafas de sol dentro de un cine? Pero él, ignorándolos a todos, sólo se sentó. Las pocas luces se apagaron y la pantalla se encendió, mostrando algunos trailers de otras películas. Desde donde él estaba, podía ver que Matsuri y ese castaño se susurraban cosas al oído de forma muy confianzuda.
La película empezó y toda la gente se puso atenta, igual que esos dos, Gaara podía ver que ese chico intentaba poner su brazo alrededor del hombro de Matsuri, pero parecía que no se decidía a hacerlo.
—¿Por qué estoy aquí? —se preguntó en voz baja, pero no tanto como para que la pareja justo delante de él no pudiera oírle.
—Shhh, no hagas ruido —dijo el tipo que estaba sentado ahí, mientras la novia de él se llevaba un montón de palomitas de maíz a la boca, ya que tenían un enorme vaso repleto de las mismas.
Gaara se sintió ofendido, pero prefirió no decir nada más. Todavía no tenía claro por qué demonios estaba siguiendo a esa chica y espiando su cita, pero era algo que hizo sin siquiera pensarlo, cuando la vio acompañada de alguien más, sus impulsos fueron más fuertes que su voluntad. Esa película no le interesaba, ya la había visto en la premiere, como invitado, aunque no era su tipo de contenido predilecto, así que su atención estaba totalmente centrada en cómo ese sujeto intentaba rodearle los hombros a Matsuri, poniéndolo furioso e incómodo. Sin que la pareja de glotones delante de él lo notara, agarró un puñado de sus palomitas y las arrojó hacia la cita de Matsuri, escondiéndose al instante, cuando éstas le cayeron sobre la cabeza.
—¿Qué rayos? —Kiba se volteó cuando las palomitas le cayeron encima, pero sólo vio a una pareja comiendo como si no hubiera mañana, sin siquiera despegar sus ojos de la pantalla.
—¿Pasó algo? —le preguntó Matsuri, pero él enseguida negó con la cabeza.
—No, nada —contestó, volviendo su vista al frente. Su brazo estaba a medio camino de alcanzar el hombro de Matsuri, una vez que lo tuviera, podría acercarla un poco hacia sí mismo y, cuando ella volteara a verlo a los ojos, planeaba robarle un beso, era un plan perfecto, sin fallas.
La chica igualmente miró hacia atrás, juró haber visto una especie de sombra desvanecerse entre los asientos, pero creyó que era su imaginación, así que nuevamente se puso a ver la película.
A los pocos minutos, cuando Gaara vio que el tipo nuevamente intentaba su maniobra, agarró otro puñado de palomitas y las arrojó con más fuerza sobre la cabeza del castaño, haciendo que Kiba se volteara furioso, sólo para volver a esconderse como antes.
—¿Pero qué carajo?
—Kiba-kun, ¿pasa algo? —Matsuri lo miró preocupada, algo estaba molestando a su amigo, fue entonces que notó que había algunas palomitas encima de su ropa—. ¿Y esto? —preguntó, quitándole una de las palomitas de encima del cabello—. ¿Por qué las tienes encima? ¿Diste un salto de la impresión o qué? —rio divertida, ya que ellos tenían sus propias palomitas también.
Kiba no pudo evitar reírse, estaba seguro de que alguien trataba de fastidiarlo, pero no iba a caer en ese juego estúpido, ahora que estaba con Matsuri, nada más importaba.
—Sí, me impresioné, di un salto y todo me cayó encima —respondió entonces, comiéndose la palomita que Matsuri sostenía entre sus manos, lo cual la sorprendió un poco, pero no sólo a ella, Gaara había visto la escena y, sin poder decir por qué, pensó que iba a estallar de cólera.
Es que, ¿por qué esa niña tonta estaba teniendo una cita cuando tendría que haberlo ido a ayudar en su trabajo? Era sábado, sí, Matsuri sólo trabajaba de lunes a viernes, claro, ¡pero igual!
—V-volvamos a ver la película —dijo la chica, acomodándose nuevamente en el asiento.
El Inuzuka hizo lo mismo, mientras estiraba nuevamente el brazo por encima del asiento, dispuesto a cumplir su cometido, pero una vez más, un puñado de palomitas de maíz le llovieron encima, parecía que ahora lo hacían con más alevosía que antes.
—Ya fue suficiente… —masculló con los dientes apretados, poniéndose de pie ante la mirada sorprendida de su compañera—. Oigan, ustedes —alzó la voz, señalando a la pareja de glotones que estaban justo delante de Gaara (que ya se había ocultado otra vez)—. ¿Les parece divertido jugar así con la comida?
—¿Qué sucede? —Matsuri también se levantó de su asiento cuando vio que Kiba iba por el pasillo hacia la fila de arriba para encarar a la pareja que desde hace rato lo había estado molestando.
—Disculpa, ¿nos dices a nosotros? —respondió el chico, que claramente apenas y se podía mover del asiento, pero igual hizo el esfuerzo de pararse frente a Kiba, quien era más alto y parecía mucho más fuerte.
—¿A quién más? ¡No has dejado de arrojarme tus palomitas! —lo incordió, poniéndole el dedo índice sobre el pecho, estaba furioso y ya no pensaba contenerse, pero el resto de los asistentes no estaban muy contentos con su reclamo y el ruido que estaba haciendo.
—¡Eso es imposible! —exclamó el regordete muchacho—. ¡Yo jamás desperdiciaría mi comida! —aseguró.
—Pues eso no es lo que has estado haciendo.
—¡Ya cállense! —se empezaron a oír las quejas de toda la sala, que abucheaban a Kiba y al gordito, procediendo a arrojarles un montón de palomitas de maíz desde todas direcciones.
Matsuri estaba parada ahí, en su asiento, mientras veía la lluvia blanca que se dirigía hacia Kiba y el otro muchacho, pero esos dos seguían discutiendo y no se callaban, entonces, en medio de todo eso, alguien le jaló de la muñeca y la sacó fuera de la sala, sin que ella pudiera resistirse, pues esa persona tenía bastante más fuerza.
Cuando llegaron afuera, ella se soltó de un tirón.
—¿Quién eres y qué te sucede? —le preguntó furiosa, sólo para ver a la persona y darse cuenta en dos segundos, cuando éste se bajó un poco las gafas y dejó ver sus ojos, de que se trataba de su jefe—. ¡Gaara! —exclamó, pero enseguida se tapó la boca cuando varias personas los voltearon a ver y el pelirrojo le hizo un gesto de silencio—. P-perdón, pero ¿qué haces aquí?
—Eso no te importa —contestó el mayor, quitándose por completo las gafas, algunos mechones de su cabello rojo se veían bajo la gorra, pegándose a su frente e impidiendo que su tatuaje fuese visible—. Más bien, ¿tú qué haces aquí? —interrogó, con el ceño fruncido.
Ella arrugó un poco la nariz.
—No te incumbe —dijo Matsuri, llevándose las dos manos a la cintura—. Hoy es sábado, no tengo que trabajar para ti ni darte explicaciones.
—¿No? —Gaara la observó con los labios apretados, conteniendo el enojo que sentía—. Pues te recuerdo, niña, que tú debes estar ahí siempre que yo tenga trabajo y hoy no estuviste por andar en una cita con tu novio, eso es holgazanear.
—Primero que todo, él no es mi novio —la castaña lo apuntó con su dedo índice, olvidándose de que no debían llamar la atención, los dos parecían una pareja que discutía en medio del pasillo del cine—. Segundo, a mi nadie me avisó de se trabajo y, tercero, no tengo por qué justificarme sobre mi vida privada contigo.
Maldita sea, ella tenía toda la razón, pero él no quería, no podía perder la discusión contra ella y… espera, ¿ese chico no era su novio?
—No me importa lo que creas que debes hacer o no conmigo, yo soy quien decide si me debes justificar tus actos o no —contestó, estaba diciendo cualquier estupidez que se le venía a la cabeza, porque no tenía ningún argumento convincente o que lo sacara airoso de la situación, literalmente estaba actuando como un mocoso caprichoso, que no tenía más fundamentos que un "porque yo lo digo". Con esa idea en mente, agarró las dos muñecas de Matsuri, no fue brusco, pero de ese modo le demostraría que quien estaba en control de la situación era él.
—Suéltame, Gaara, eres un estúpido —se quejó Matsuri, sin apartarle la mirada de encima.
—No.
Algunas de las personas que estaban en el cine seguían viendo la escena, había fans del cantante en los alrededores y, aunque no estaban seguras de que fuera él, por la gorra y eso, sí que lo encontraron familiar.
—Oigan, creo que ese es Gaara-sama —dijo una chica a sus amigas.
—¿En serio es él? —cuestionó la otra—. ¿Qué iba a estar haciendo en una sala de cine y discutiendo con una chica?
—¿Será su novia? —murmuró una tercera.
Las preguntas y los susurros llegaron a oídos de ambos protagonistas de la pelea, que se miraron el uno al otro con expresión de asombro y miedo, si esas chicas se acercaban a ellos, se iban a dar cuenta de que él era Gaara y que estaba, efectivamente, discutiendo con una chica a plena luz del día, en medio de un cine.
—Tenemos que irnos ya —susurró Matsuri—. Suéltame de una vez, tonto.
Cuando Gaara vio que esas chismosas se acercaban para comprobar su identidad, tuvo que pensar rápido y, antes de que pudiera siquiera parpadear, lo único que se le vino a la mente fue la joven que estaba justo delante de él, a quien todavía le sostenía las muñecas. Miró sus labios y reaccionó, juntando los propios con los de ella. Los ojos de Matsuri se abrieron como platos, su corazón se disparó como si acabara de correr una maratón y sus piernas temblaron en su sitio, amenazando con dejarla caer, pero él no se lo permitió, porque seguía agarrándola con firmeza.
—No creo que sea él —dijo una de las chicas que estaban presentes viendo la escena, lo que provocó que sus amigas asintieran.
—Sí, parecen sólo una pareja de novios y ya —añadió otra.
Gaara se separó lentamente de Matsuri, pero podía jurar que los labios de ella no querían abandonar los suyos, su calidez y suavidad eran algo que, desde el primer segundo, lo habían dejado hipnotizado.
—¿Q-qué…? —cuestionó la chica, todavía sintiendo el suave y tibio aliento del hombre frente a ella.
—Lo hice para que no se acercaran —dijo Gaara, casi susurrando sobre la boca de Matsuri, mientras sus ojos permanecían mirándola con fijeza. Le soltó las muñecas y acunó el rostro de la menor entre sus manos, solamente para volver a hablarle en voz baja—. No te hagas ideas equivocadas —añadió, volviendo a unir sus labios en un beso, pero esta vez no fue solamente un toque, sino un roce mucho más intenso.
Los labios de ambos encajaban casi a la perfección y la descarga de emociones en el cuerpo de ambos les hizo pensar que, por un pequeño instante, ambos habían deseado que esto sucediera con todas sus fuerzas.
Continuará…
