Capítulo 12: Pensando en ti
Aunque su cuerpo entero temblaba y ella sentía que se le iba a salir el corazón, Matsuri apoyó sus dos manos sobre el pecho de Gaara y lo apartó. En el momento en que el beso fue cortado, creyó que le faltaba el aire, como si necesitara desesperadamente volver a rozar los labios de ese chico, apenas y podía controlar su agitada respiración.
Pero, como si hubiera estado en un trance, ella por fin despertó a la realidad y, sin siquiera pensarlo, abofeteó a Gaara, no le importaba que otras personas los estuvieran viendo. El pelirrojo se llevó una mano a la mejilla, que había quedado roja, nunca nadie se había atrevido a levantarle la mano, ni siquiera su padre, cuando era pequeño. Furioso, buscó la mirada de ella, pero se quedó mudo cuando vio que los ojos de la chica estaban enmarcados por lágrimas.
—Matsuri…
—¿Quién te crees que eres? —cuestionó Matsuri, antes de correr hacia la salida del cine, incluso se le había olvidado que había venido con Kiba.
Después de eso, Gaara volvió a ponerse las gafas oscuras y también salió del cine, honestamente, ¿por qué había hecho todo lo que hizo? ¿Por qué espió la cita de Matsuri y por qué la secuestró apenas tuvo oportunidad? Jamás se había portado de forma tan errática antes, siempre era capaz de mantener la calma, de pensar las cosas fríamente, pero ahora… ahora no podía controlar sus acciones.
—¿Qué demonios pasa conmigo…? —se preguntó, llevándose una mano de forma instintiva hasta el tatuaje de su frente, que estaba cubierto por su cabello y la gorra. Después de quedarse un rato así, suspiró—. Esto es una estupidez —dijo con fastidio.
Por otro lado, Matsuri caminaba amargamente por las calles de la ciudad, llevaba su pequeño bolso en la mano y refunfuñaba cada dos pasos, sus mejillas estaban rojas y su corazón no dejaba de latir, estaba totalmente exaltada.
—¿Qué le pasa a ese estúpido? —mascullaba—. ¿Se cree que porque es una estrella puede venir y hacer lo que quiera conmigo? ¿Cómo se atreve? ¿Cómo se atreve a robarme mi primer…? —hizo una pausa, acariciándose los labios con la yema de sus dedos—. M-mi primer beso… —al reparar en ese detalle, su cara se puso todavía más roja, no podía creerlo, no podía creer que su primer beso haya sido precisamente con Sabaku No Gaara, el hombre de quien era fan, el inalcanzable.
Nuevamente, olvidando que había venido a este lugar su con amigo Kiba, alzó la mano para pedir un taxi y se subió al mismo. Tenía que calmarse, mantener la compostura, no importaba lo que hubiese pasado, sabía que no había significado nada para Gaara.
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Como todos los días desde que ella tenía memoria, Sakura se encontraba sola ensayando su baile y su canto, estaba en el salón especial que su madre había acondicionado en su casa para ella. A decir verdad, le sonaba el estómago de hambre, pero dado que estaba haciendo una nueva dieta para perder peso, sabía que no podía comer nada hasta dentro de un par de horas.
—Creo que eso fue suficiente —dijo con cansancio, secándose el sudor del rostro con una pequeña toalla que había recogido de encima de una mesa que estaba al costado de la sala.
Se miró al espejo que estaba frente a ella, ocupando casi toda la pared, cada que miraba su propia imagen, pensaba que lucía realmente horrible, ¿cómo es que estaba tan gorda?
—Tal vez debería practicar un poco más —murmuró, frunciendo el ceño.
Cuando estaba por regresar a poner la música, escuchó que su teléfono empezaba a sonar. Se acercó a la mesa y lo tomó, sus ojos se abrieron con bastante sorpresa cuando vio el nombre de la persona en el identificador, es decir, se suponía que él la odiaba, ¿por qué la estaba llamando?
—¿Hola? —dijo, un poco dudosa—. ¿Y este milagro? —rio, para ser honesta, estaba feliz de que él la buscara.
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Cuando Gaara llegó a casa, lo primero que hizo fue quitarse la gorra y las gafas que le había "sustraído" a Lee. Cerró la puerta y se dirigió hacia su habitación de música, sentándose frente a la computadora, que estaba apagada. Miró hacia el techo durante un par de segundos y luego suspiró.
—¿Qué me pasa? —se preguntó, frustrado.
Desde lo sucedido en el cine, simplemente no lograba sacarse a Matsuri de la cabeza, cada segundo que pasaba, su mente la recordaba y sus labios hormigueaban, queriendo repetir esos besos una y otra vez, porque ni siquiera se había conformado con uno, la había vuelto a besar después de dar una excusa patética.
—Pega bastante fuerte —dejó salir una pequeña sonrisa al decir eso, llevándose una mano a la mejilla, en donde ya no sentía dolor, pero estaba seguro de que todavía tenía la piel un poco roja.
Tratando de dejar esos pensamientos de lado, Gaara encendió la computadora, cuando se sentía de ese modo, lo mejor que podía hacer era componer música, aunque su disco ya estaba casi listo, podía ir creando nuevos temas para una futura producción, no siempre todo lo que hacía salía a la venta, pues a veces se sentía insatisfecho con su propio trabajo y decidía no mostrar esas canciones, ahora mismo había muchas que desechó, pero seguían guardadas en la memoria de su computadora.
Antes de ponerse a hacer cualquier cosa, entró a su correo, había un mensaje de la producción del disco, le estaban enviando material para los adelantos que iban a lanzar en la semana al público, así que se puso a mirarlos, todo parecía bastante bien, así que no tuvo ninguna objeción al respecto. Después de terminar con ello, abrió su cuenta de redes sociales, siempre las revisaba, aunque no interactuara con sus fans. Desde la vez que Sakura le envió el link con la cuenta de Matsuri, él la tenía en la mira, aunque no la seguía, no quería ser tan obvio, pero le apareció en la búsqueda como sugerencia, así que entró por curiosidad.
—Mh, qué boba —dijo para sí mismo al ver una fotografía de ella, parecía que era de esa misma mañana, estaba sentada en su cama, sonriéndole a la cámara mientras lucía el bonito atuendo que llevaba puesto.
Rayos.
Diablos.
¿Por qué se veía tan bonita cuando sonreía?
—Gaara, te estás volviendo loco —se regañó, frunciendo el ceño y quitando la cuenta de Matsuri de su vista, era una tontería estarla viendo.
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Matsuri se encontraba en su habitación, estaba tirada sobre su cama, desde que había regresado de su "cita", todo lo que hizo fue correr hacia su cuarto, ni siquiera se fijó si su padre estaba o no en casa, pero parecía que no, porque si no le habría preguntado qué le pasaba, seguro que iba a pensar que Kiba le hizo algo.
—¡Kiba-kun! —exclamó, saltando de golpe de la cama al acordarse de que se había ido y había dejado a su amigo en el cine.
Rápidamente corrió a buscar su teléfono, que estaba todavía dentro de su bolso, se dio cuenta de que tenía varias llamadas perdidas y que no las había escuchado porque traía el teléfono en modo silencioso, así que, avergonzada, llamó de vuelta a Kiba, explicándole que se había sentido mal y que tuvo que irse rápidamente, claro, él estaba muy preocupado, pero no parecía molesto u ofendido, eso era un verdadero alivio.
Justo cuando se despidió de él, el timbre de su casa sonó, así que bajó para poder abrir, encontrándose con su mejor amiga del otro lado.
—Ino-chan —dijo sorprendida, parpadeando—. ¿Qué haces aquí? Creí que hoy saldrías con tu novio.
La rubia mostró una gran sonrisa en su rostro, luego procedió a tomar a su amiga del brazo, cerrar la puerta y jalarla hasta la sala de su casa, en donde la sentó de golpe sobre el sofá.
—Sí —contestó la chica—. Y yo creí que tú saldrías hoy con Kiba, así que explícame con pelos y señales, ¿quién era el tipo que te estaba besando en el cine?
Al escuchar la pregunta, los colores volvieron a subir por el rostro de Matsuri, como si de una tetera hirviendo se tratara, no podía creerlo, ¿Ino la había visto?
¡Qué vergüenza!
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El bolso femenino cayó con delicadeza sobre la mesa de aquella fuente de sodas, seguido de eso, se pudo ver a la idol de cabellera rosa tomando asiento. Iba vestida completamente de blanco, con una blusa de volados y un short con correa café, además de unas botas que le llegaban hasta la mitad de la pantorrilla, también de color café. Usaba gafas de sol para ocultar sus ojos color jade, pero igualmente las personas la volteaban a ver cada que ella pasaba entre los demás, era muy llamativa.
—¿No podrías usar algo más discreto? —cuestionó el chico, frunciendo el ceño.
Sakura deslizó un poco las gafas de su rostro para poder verlo y le mostró una sonrisa llena de sarcasmo —Sasuke-kun, te recuerdo que soy un ícono de la moda, no puedo andar en un lugar público pareciendo un mamarracho, o saldrá en todos lados y arruinará mi imagen.
Sin saber qué decir ante eso, Sasuke simplemente cambió el tema.
—Como sea —dijo con fastidio—. Tardaste en llegar.
La peli rosa se encogió de hombros, sin darle demasiada importancia a ese asunto y sin tratar de explicarlo tampoco.
—¿Para qué querías hablar conmigo? —preguntó, yendo directo al grano—. Además, en un sitio como este, te dije que no me conviene que me vean en público con chicos, sea quien sea.
—Supongo que si se trata de Gaara no te molestaría, ¿no? —el azabache casi escupió esas palabras, pero casi enseguida se arrepintió de ello, no podía permitir que sus sentimientos ocultos salieran a la luz—. En fin, te llamé porque tenía que decirte algo, hoy mientas estaba con mi novia, me llamó Naruto.
Antes de que Sakura pudiera molestarse acerca de las palabras "mi novia", primero se tuvo que sorprender al escuchar sobre Naruto, tenía tiempo de no saber nada de él, era su mejor amigo y no sólo suyo, sino también de Sasuke, e incluso de Gaara, ese chico se llevaba bien con todo el mundo.
—¿Qué te dijo? ¿Va a volver? —preguntó emocionada y curiosa, por primera vez, desde que había llegado, parecía genuinamente interesada en estar aquí.
—Algo así —contestó el azabache, cerrando sus ojos.
Sakura permaneció un momento en silencio, pero luego ladeó el rostro, ligeramente confundida.
—¿No podrías haberme dicho esto sin necesidad de vernos? Digo, creí que te fastidiaba verme.
Ante sus palabras, una extraña y muy pequeña sonrisa sarcástica se dibujó en los labios del Uchiha, Sakura podía jurar que él intentaba con todas sus fuerzas burlarse de ella.
—Era más divertido hacerte venir e incomodarte —contestó, como si aquello fuera la cosa más normal del mundo.
Por supuesto, Sakura estaba furiosa, pero no podía comportarse de un modo impropio o todo el mundo lo sabría, así que sólo sonrió y bebió un poco del agua de vaso que estaba sobre la mesa cuando había llegado.
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El lunes por la mañana, Matsuri estaba llegando a la escuela con cierto desánimo, hoy no era el mejor día de todos, porque se trataba del aniversario de la muerte de su mamá, exactamente diez años desde ese fatídico día. Lo único bueno es que no tendría que ver a Gaara, porque éste le había dado permiso de faltar al trabajo para poder ir al cementerio. Todavía no dejaba de pensar en lo sucedido el sábado, ese beso le estaba robando totalmente la consciencia, incluso soñó con eso.
¿Acaso estaba perdiendo la razón?
Después de cambiarse los zapatos en su casillero y de sacar sus libros, se dirigió a su salón, sus amigos ya habían llegado y estaban en sus lugares, así que ella se acercó y se sentó.
—Buenos días, parece que no dormiste bien —le dijo Ino, notando las ojeras oscuras que traía su amiga, lucía muy cansada.
—No mucho, tuve pesadillas —contestó, pues sí que las había tenido, una y otra vez se repitió el toque de los labios de Gaara sobre los suyos, era como si todavía los estuviera sintiendo, una sensación tan suave, pero tan poderosa, que la había estremecido de pies a cabeza.
¿Quién hubiera imaginado que su primer beso sería con ese famoso cantante del cual ella era fan? Claro, que no era nada como ella lo hubiese deseado, ni un solo momento a su lado era lo que ella esperaba.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó Kiba, viéndola bostezar—. Ya sabes, porque hoy es ese día.
Matsuri asintió con la cabeza, claro que no estaba feliz, pero ya se había acostumbrado a no llorar y no sentirse miserable durante aquel día, recordar a su mamá debía ser un acontecimiento bonito y no era correcto que ella se deprimiera, al contrario.
—Estoy bien, gracias, Kiba-kun —respondió, mostrando una dulce sonrisa, la cual alivió al castaño.
La primera clase de ese día era una muy especial, de las favoritas de todos, la clase de historia y ciencias sociales modernas, con la maestra Rin Nohara. Todo el mundo la adoraba, debido a que era muy amable y siempre hacía sentir bien a sus alumnos, a pesar de que era estricta cuando debía serlo.
—Buenos días, estudiantes —los saludó la mujer, que tenía el cabello largo y castaño, era muy joven un bonita, Matsuri podía apostar que rondaba la misma edad que su padre.
—¡Buenos días, maestra Rin! —contestaron todos al unísono, no había estudiante que no la apreciara, ni siquiera la engreída de Hakuto.
Mientras la profesora pasaba la lista de los estudiantes presentes, la mente de Matsuri se fue a volar y vagar sin rumbo, estaba mordiendo su lápiz, mientras pensaba en qué se sentiría morder los labios de un chico, ¿y por qué razón estaba preguntándose eso? No había un motivo, simplemente se le vino a la cabeza.
—Me estoy volviendo loca, loca, todo por culpa de ese estúpido —pensó con el ceño fruncido, y es que hasta podía imaginarlo ingresando a su salón, parándose delante de su pupitre y besándola ahí, delante de todos sus compañeros, mientras ella le correspondía sin reparo alguno.
Al darse cuenta de ello, su cara se puso roja, su corazón estaba latiendo rápidamente y apenas y podía distinguir qué era real y qué no.
—Muy bien —escuchó que decía la profesora—. La clase pasada quedamos en el final de la unidad sobre relaciones humanas, el día de hoy, nos toca empezar la nueva unidad, el primer tema es sobre las formas de romance de la edad contemporánea y el primer beso, espero que les guste este tema, ya que todos ustedes están en esa edad —comentó, dejando salir una dulce y alegre sonrisa.
Claro, que al escuchar lo que iban a ver ese día, Matsuri solamente quiso que se la tragara la tierra o arrojarse por la ventana del salón, ¿acaso la perseguía la mala suerte? No quería seguir pensando en ese beso, pero parecía que todo a su alrededor intentaba recordárselo.
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Apenas habían pasado un par de clases y él ya se encontraba en su refugio personal diario; la azotea de la escuela. Estaba recostado sobre una banca, mirando las nubes y bostezando, a punto de quedarse dormido, en serio que tenía ganas de dormir hasta la hora de la salida, pero alguien tenía que frustrar sus planes.
—Así que aquí estabas, vago —dijo la chica que se paró a su lado, mirándolo con el ceño fruncido—. Llevo varios minutos buscándote.
Shikamaru la miró con desinterés, entornando los ojos.
—¿Qué quieres, princesa engreída?
Una venita se marcó en la frente de Temari, no le gustaba para nada que ese idiota la llamara de ese modo, pero no importaba cuántas veces se lo dijera, él lo seguía haciendo.
—Me dijeron que hay una reunión del comité para el baile de fin de año, eres parte del comité, así que mueve ese trasero y ven conmigo —contestó de mala gana la rubia, poniéndose las dos manos sobre la cintura.
Aquella pose que ella hacía cuando estaba enojada, siempre le causaba un poco de gracia a Shikamaru, realmente Temari era una persona muy fácil de irritar, pero parecía que con él era especialmente poco paciente, se preguntaba si sus personalidades eran incompatibles y esa era la razón para que siempre pelearan cada vez que se veían.
—No tengo ganas de ir —respondió, cerrando los ojos para disponerse a dormir, pero ella no aceptaría un no por respuesta, así que sacó una botella se agua que traía dentro de su bolso, la había comprado por la mañana y solamente quedaba un poco, pero sería suficiente para darle una lección a ese vago.
Abrió la botella y vació el contenido sobre la cara de Shikamaru, que se sentó rápidamente, conmocionado por haber sido mojado de esa manera.
—Oye, ¿qué demonios te pasa? —se quejó el Nara, secándose los restos del líquido de su rostro con la palma de la mano—. Tsk, qué problemática eres.
—Levántate de una vez —ordenó Temari, dándole la espalda para dirigirse a la puerta de la azotea, que daba hacia las escaleras.
El pelinegro suspiró y se puso de pie, si se volvía a negar a ir, esa chica era capaz de apalearlo y, no es que les tuviera miedo a los golpes de una mujer, pero sus padres le habían enseñado que no podía golpear a las chicas, así que tampoco se iba a poder defender, lo mejor era que hiciera las cosas por la paz.
Mientras él caminaba, siguiéndola con flojera, Temari solamente se rio, no podía evitar pensar en que era bastante divertido molestar a ese mocoso idiota, ya se le estaba haciendo costumbre.
—*—*—*—*—*—*—*—
Después de una ardua y agotadora reunión con los corporativos de la firma discográfica, Gaara salió de la oficina de Itachi, quien se quedó discutiendo un poco más sobre las promociones y la distribución del nuevo álbum. Ya todo estaba listo, lo único que faltaba era esperar la fecha del lanzamiento, que había sido decidida, así que estaba algo emocionado por ello, ansiaba mostrar su nuevo trabajo al mundo.
—Hoy fue todo muy bien, ¿no crees? —dijo Lee, a lo que Gaara asintió con la cabeza, sacando su celular de su bolsillo para ver la hora.
—Ya viene siendo hora de que Matsuri llegue —comentó, tragando un poco de saliva, no podía creerlo, pero estaba nervioso, sentía la garganta seca y le temblaban un poco las manos, además, estaba ansioso por verla, por observar esos ojos negros y saber qué clase de brillo habría en ellos ese día.
Lee, por su parte, ajeno a todo lo que Gaara experimentaba, solamente ladeó un poco su cabeza y negó.
—Hoy no va a venir, es el aniversario de su mamá, ¿recuerdas?
Al escuchar eso, el pelirrojo detuvo sus pasos de golpe, lo había olvidado por completo, ya que cuando Matsuri le habló de eso, él no estaba completamente bien de salud, ya estaba presentando fiebre y medio alucinaba. Lee siguió su camino hacia el elevador, pero él solamente se quedó ahí, frunciendo el ceño.
Joder.
Realmente necesitaba verla.
—¿Gaara? —el representante lo llamó al darse cuenta de que las puertas se estaban cerrando y su amigo no estaba aún dentro, así que presionó el botón para volver a abrir las mismas—. ¿Pasa algo? ¿Te sientes mal?
Gaara negó con la cabeza, volviendo a la realidad.
—No, solamente estaba pensando en algo —respondió, dando unos cuantos pasos para alcanzar a Lee.
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Las clases ya habían terminado, Matsuri se sentía totalmente agobiada, no había conseguido dejar de pensar en lo sucedido el sábado, incluso cuando tenía que haber estado prestándole atención a sus profesores. Mientras ella y sus amigos salían de la escuela, no paraba de caminar cabizbaja y suspirando, apenas eran las tres de la tarde, pero estaba agotadísima.
—¿Irás a casa a cambiarte? —preguntó Ino, agachándose un poco para poder encontrar el rostro de su amiga, la cual asintió con la cabeza.
—Sí, hoy no iré al trabajo, gracias al cielo.
Kiba, que iba caminando a su lado, frunció el ceño al escucharla.
—Si realmente te tratan mal ahí, dímelo, les patearé el trasero.
Matsuri lo miró cuando él dijo eso, se imaginó a Kiba –literalmente– pateando el trasero de Gaara, pero luego imaginó que Gaara lo miraba con esos ojos fríos y lo congelaba, definitivamente, no era una buena idea que ninguna persona en el planeta se le enfrentara a ese pelirrojo desalmado.
—Gracias, pero no me tratan mal —aseguró la castaña, riendo nerviosamente. Cuando atravesaron las puertas de la escuela, se adelantó unos cuantos pasos—. ¡Ya me voy, nos vemos mañana! —exclamó, agitando su mano para despedirse de sus dos compañeros, luego se fue corriendo hacia la parada de autobús.
Cuando ella ya se había marchado, Ino miró de reojo a Kiba, quien se dio cuenta y se sintió incómodo.
—¿Qué? —cuestionó.
La rubia negó con la cabeza.
—Nada, nada —dijo ella, adelantándose también, no era buena idea que le preguntara a Kiba cómo le había ido en la cita con Matsuri, puesto que sabía que no había terminado de la mejor manera, aunque su amiga se negó a contarle quién era el chico con quien la había visto besarse, estaba segura de que Matsuri estaba teniendo algo con otra persona y no quería desilusionar a Kiba diciéndole eso.
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Después de llegar a casa, Matsuri se cambió de ropa, se puso un vestido de color blanco, ya que a su madre no le gustaba el negro. Su padre llegó un rato después, cuando ella estaba empacando la comida, pues una visita al cementerio en Japón implicaba todo un ritual. Kakashi se vistió con un traje y una vez que los dos tuvieron todo preparado, se montaron en el auto y partieron.
El cementerio era un lugar bastante grande, había muchas familias visitando otras tumbas, Matsuri lo notó mientras buscaban la de su madre. Una vez llegaron, lo primero que ella hizo fue tomar las flores que estaban sobre la misma, no sabía de dónde habían salido, pero estaban frescas, parecía que alguien había venido antes.
—¿Quién pudo dejar esto aquí? —se preguntó, confundida.
Kakashi también se estaba preguntando lo mismo, tenía una vaga idea, pero no pensaba decírselo a ella, pues no quería preocuparla.
—Tal vez fue un error, sabes que algunas personas que vienen aquí están viejos y olvidan las cosas —explicó, acuclillándose frente a la tumba—. En fin, vamos a limpiar y a acomodar todo.
—Sí —respondió ella, asintiendo con la cabeza.
De la mochila que traía a la espalda sacó algunos implementos para limpiar la tumba, recortar la maleza alrededor y asegurarse de que todo se viera pulcro y bien cuidado. Cuando terminaron, Kakashi encendió unos inciensos que puso sobre la piedra y ambos, sentados sobre una manta, juntaron sus manos y rezaron un poco.
—Hermana, lamento no venir tan seguido a verte, sabes que no soy alguien tan apegado —Kakashi dijo mentalmente, manteniendo sus ojos cerrados—. He cuidado de tu hija, tal y como lo prometí, ella es mi hija ahora y me siento muy orgulloso, te agradezco por haberla traído a este mundo y espero que desde donde estés, todavía puedas seguir cuidando de ella.
Matsuri miró el nombre entallado en la piedra, siempre que estaba en ese lugar, era como si una calidez inexplicable la rodeara, estaba segura de que se trataba de la presencia de su mamá, que desde el cielo todavía velaba por ella.
—Mamá, te extraño muchísimo —pensó, tomando un poco de aire—. ¿Sabes algo? Últimamente me he metido en muchos problemas, pero sé que siempre estás cerca de mí, así que no tengo miedo —su nariz se arrugó un poco cuando cierta persona invadió su mente una vez más—. Hace poco alguien me besó… —confesó, sonrojándose un poco—. No diré que es lo que esperaba, pero, a decir verdad, tampoco estuvo tan mal… mamá, ¿estoy volviéndome loca? Él es un idiota, pero…
—Matsuri —Kakashi la llamó, interrumpiendo su oración, así que ella abrió los ojos y se dio cuenta de que el albino estaba sacando su teléfono de su bolsillo—. Tengo una llamada, iré a contestar y regresaré, mientras tanto sirve la comida.
—Claro —respondió la menor, asintiendo con la cabeza.
Kakashi se levantó y se alejó lo más que pudo, hacia donde Matsuri no pudiera oír su conversación, pero desde donde él pudiera verla.
—¿Qué quieres? —dijo de mala gana, no se veía nada contento de estar hablando con la persona del otro lado, como si se tratara de un ser indeseado—. Estuviste aquí antes, ¿no es verdad? —cuestionó—. No te bastó con conducir a mi hermana a su muerte y con rechazar a Matsuri, ¿ahora te atreves a venir aquí?
Mientras él continuaba hablando, Matsuri aprovechó de servir la comida, eran platos típicos de Japón, cosas que solía prepararle su madre cuando era pequeña, aunque no había traído demasiado, ya que sólo lo comerían ella y su padre, eran los únicos miembros de su familia, aunque Matsuri le llamaba "tías" a algunas vecinas, una costumbre que había adquirido desde pequeña, su único familiar era Kakashi.
—Mamá… —aprovechando que estaba sola, ahora Matsuri tomó la palabra en voz alta—. ¿Crees que sea normal que mi corazón no deje de latir cada vez que pienso en él? —cuestionó, cerrando sus ojos nuevamente, ahora mismo, al estar ahí, podía sentir como si su pecho fuese a explotar.
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Era ya de noche cuando Gaara llegó a casa, estaba cansado, había tenido un día productivo, pero todo salió perfectamente, lo único que lo tenía insatisfecho era no haber visto a Matsuri, no es como si se muriera por ello, para nada, simplemente quería ponerla en su lugar, es decir, ella lo había abofeteado, ¿no merecía eso un reclamo de su parte?
—Ya déjalo, por dios, sólo es una niña tonta —se dijo, arrojando sus llaves sobre el sofá y dejándose caer sobre el mismo.
Echó su cabeza hacia atrás y miró al techo de su departamento, siempre estaba ahí solo, estaba acostumbrado a ello, le gustaba la tranquilidad y el silencio de su hogar, pero cuando recordaba lo ruidosa que fue Matsuri al estar ahí, no podía evitar extrañar un poco esa vivaz presencia.
—Necesito un poco de aire… —murmuró, poniéndose de pie de golpe.
Se dirigió a su habitación y rebuscó un poco entre su ropa, hasta que encontró una sudadera de color negro con gorra incluida, afuera ya estaba oscuro y hacía un poco de frío, si se la ponía y procuraba mirar al suelo, seguro que nadie lo iba a reconocer, así que después de vestirse, tomó sus llaves y se fue.
No solía hacer esto muy a menudo, a decir verdad, antes de que Matsuri lo sacara por primera vez a la calle, no sabía que podía pasar desapercibido, ahora aprovechaba de hacerlo cada vez que se sentía muy abrumado o que su mente estaba llena de cosas. Daba un paseo corto, a veces se compraba algo de comer en la calle, se sentía bien ser una persona común, aunque le gustaba ser quien era, por supuesto, de vez en cuando un descanso no le caía mal.
—Aún no he cenado —se dijo al pasar por fuera de una tienda de conveniencia, aquellas que estaban abiertas día y noche. Ingresó a la misma y tomó un canastito, donde metió un montón de golosinas, jamás comía esas cosas, sabía que no era algo sano, pero no pudo contener las ganas que tenía de probar algo que sabía que no le haría bien, porque era delicioso.
Después de pagar en la caja, sacó un paquete de snacks de la bolsa y se los fue comiendo mientras avanzaba por las calles de la ciudad, todo estaba iluminado en tonos neón, la capital no dormía, eso lo sabía bien, aunque había muchos negocios que ya estaban cerrados, otros estaban todavía abiertos y atendiendo clientes. Cruzó una calle muy transitada y se dio cuenta de que cerca había un pequeño parque, así que se dirigió ahí para comerse sus golosinas, era su única oportunidad de ingerir todas esas porquerías sin que nadie le dijera nada, pero mientras buscaba dónde sentarse, se dio cuenta de que había una persona en los columpios, no necesitó siquiera confirmación para saber de quién se trataba.
—Creo que no está funcionando esto de salir a tomar aire —susurró Matsuri, quien estaba sentada en el columpio del parque, meciéndose suavemente y mirando sus pies con desgano, a pesar de que lo había intentando mucho, todavía recordaba la sensación del beso que Gaara le había dado, simplemente no podía olvidarse de eso, era como una maldición.
Soltó un suspiro y cerró sus ojos, entonces sintió que alguien ponía una mano sobre su hombro, causándole un susto de muerte. Saltó del columpio y vio a un hombre vestido de negro, ocultando su cara con una capucha, así que pegó un gritillo de horror.
—¡No traigo dinero! —exclamó, levantando las dos manos hacia lo alto, a lo que el sujeto de negro le hizo un gesto para que se callara—. De verdad, señor, se lo juro, no tengo nada, si quiere le doy mi celular —dijo enseñándolo, lo tenía en su mano y era lo único de valor que tenía en ese momento.
—Matsuri, soy yo —dijo Gaara, bajándose la capucha para que ella pudiera verle el rostro.
—¿Gaara? —la chica parpadeó, ¿acaso estaba alucinando? ¿Qué demonios estaba haciendo Gaara en medio del parque a esas horas y vestido como un malandro?
—Sí, deja de gritar —Gaara volvió a ponerse la capucha y miró para todos lados, a ver si alguien se acercaba, pero parecía que nadie había oído gritar a la chica, quien en ese momento estaba suspirando aliviada, para luego mirarlo como si lo fuese a matar, lo cual provocó que se riera un poco.
—¿Crees que es gracioso? —cuestionó Matsuri—. Parece que te gusta eso de asustarme, ¿eh? Ya es la segunda vez.
El pelirrojo ignoró el comentario y se sentó en el columpio, justo donde ella estaba antes, sacando una de las golosinas que traía en su bolsa y ofreciéndola a la menor —Siéntate, toma esto, deja de hacer escándalo.
Ella estaba por reclamar, pero apenas vio que Gaara le ofrecía un paquete de chocolate, decidió tomarlo y se sentó junto al chico, en el otro columpio.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, abriendo con cuidado el paquete.
Gaara miró hacia el cielo, esa zona del parque estaba apenas iluminada, así que las estrellas eran visibles desde su ubicación, aunque las demás luces de la ciudad impedían un poco que se apreciaran a la perfección.
—Necesitaba pensar un poco, así que decidí salir.
Matsuri cortó un trozo de chocolate con los dedos y se lo llevó a la boca.
—Qué raro, creí que eras una especie de ermitaño que nunca salía de su cueva, ¿no dijiste que la gente te reconoce a donde vas? —preguntó, saboreando el delicioso dulce.
—La capucha debe ser mágica —bromeó el cantante—. Cuando voy vestido de este modo, la gente no suele prestarme atención y no me reconocen, supongo que te debo ese descubrimiento —añadió, mirando fijamente a Matsuri, quien se sonrojó un poco debido a la intensidad con la que era observada.
—Ah, n-no fue nada —ella se apresuró a llevarse otro trozo de chocolate a la boca, en un intento por apaciguar los nervios que de pronto se habían apoderado de ella, porque al ver el rostro de Gaara, revivía una y otra vez ese momento, ese beso robado.
—¿Hoy fuiste a ver a tu madre? —Gaara le preguntó, a lo que ella asintió con la cabeza, intentando no cruzar su mirada con la adversa.
—Sí, fue una visita muy linda, aunque me siento un poco triste, ha pasado mucho tiempo, pero realmente la extraño —admitió, era algo que no le había dicho a nadie, ni a su padre, ni siquiera a sus amigos, honestamente, no entendía por qué se lo contaba a Gaara, pero como la vez anterior que hablaron sobre esto, sentía que podía confiárselo.
Por su parte, Gaara asintió con la cabeza, escuchándola con calma y atención, no lo entendía, pero ahora que estaba junto a Matsuri, ahora que por fin podía verla, su corazón estaba en calma y su mente también.
—Comprendo, también extraño a mi madre —dijo, pues era cierto, por más que pasaran los años, era algo que no se podía superar, la muerte de la persona que lo había traído al mundo, día con día soñaba con volver a verla, con que ella le sonriera y le cantara o le leyera un cuento, como solía hacerlo cuando era un niño.
En ese momento, después de escuchar la tristeza en el tono de voz de Gaara, Matsuri lo miró con curiosidad, no podía evitarlo, de algún modo, era como si ambos compartieran el mismo sentimiento.
—¿P-puedo preguntar qué le sucedió? —quiso saber, pero enseguida empezó a agitar sus manos con nerviosismo—. Si no quieres decirme no pasa nada, n-no es…
—Cáncer —la interrumpió Gaara—. Mi madre falleció de cáncer cuando tenía nueve años, fue un proceso lento y doloroso, mi padre intentó de todo para salvarla, pero ningún tratamiento funcionó —explicó, la desolación con la que miró a Matsuri, en ese instante la hizo temblar.
—Ya veo… lo lamento —dijo ella, tomando la mano de Gaara dulcemente, ni siquiera ella misma se dio cuenta de su acción, había sido algo que su cuerpo realizó sin siquiera pensarlo, pero él no se molestó, al contrario, se sintió cálido y reconfortado, como si fuera justamente lo que necesitaba.
—Oye… —de pronto, él frunció el ceño—. Eres muy sucia para comer —la regañó, ya que había una mancha de chocolate sobre los labios de la castaña, así que se acercó un poco a ella para poder limpiarla con su dedo pulgar, haciendo que el corazón de Matsuri se acelerara y que su cara se pusiera totalmente roja, entonces Gaara clavó sus ojos sobre los rosados cerezos, que parecían temblar ante su toque, haciéndole revivir la sensación de esos besos.
—¿Q-qué haces? —cuestionó Matsuri, deshaciéndose en sus nervios.
Gaara, sin responder, fue acercándose un poco más a ella, acortando la distancia entre sus rostros, hasta que prácticamente ya no quedaba ninguna, mientras los dos cerraban sus ojos.
¿Si volvía a besarla dejaría de pensar en eso como un loco obsesionado? Tenía que averiguarlo.
Continuará…
