Capítulo 13: Peligro silencioso

La distancia entre sus rostros era cada vez menor, ya casi podían sentir que sus labios rozaban los de Matsuri, pero entonces, casi metiéndoles a ambos un susto de muerte, el sonido de un celular los hizo separarse de golpe, Gaara estaba seguro de que estuvo a punto de caerse del columpio, igual que Matsuri.

—H-hola, papá —dijo la chica, contestando la llamada, su cara estaba roja, Gaara podía distinguirlo bajo la luz de la luna y los pocos focos del parque—. Sí, estoy en el parque, ya voy a la casa —terminó, guardando su celular y parándose de su cómodo asiento—. Eh, Gaara, ya me voy a casa.

El pelirrojo seguía sentado, ella le estaba dando la espalda y había empezado a caminar, pero entonces él le tomó la mano para detenerla.

—Espera… —habló, notando que ella temblaba ligeramente—. Es tarde, es peligroso que te vayas sola, te acompañaré.

—¿Eh?

Gaara se levantó, recogió su bolsa –que se había caído antes al suelo– y se acomodó la capucha, a decir verdad, no sabía por qué hacía esto, se suponía que no le importaba lo que le ocurriera a esa niña boba, pero no era del todo cierto, ella trabajaba para él, era su deber cuidarla, ¿no?

—Vamos —contestó, ignorando lo sorprendida que la había dejado con su ofrecimiento.

Por su lado, Matsuri lo siguió en silencio, sintiendo frío cuando Gaara soltó su mano, aunque seguía molesta con él, habría deseado que continuara sosteniéndola.

—*—*—*—*—*—*—*—

El hecho de llevar horas y más horas detrás de una computadora para investigar cualquier mención hacia el ídolo del momento, empezaba a sacarlo de sus cabales. No había conseguido nada más que un montón de estúpidos comentarios alabando lo guapo que era y lo bien que cantaba, en serio, ¿no había nada que pudiera usar para sacar a la luz al verdadero Sabaku No Gaara? Desde que se le había metido en la mente aquel artículo, el reportero Deidara no descansaba en paz.

Muchos de sus compañeros le habían preguntado por qué razón se obsesionaba tanto con alguien a quien ni siquiera conocía, él siempre les respondía que era por el amor a la verdad, nada más y nada menos, pero lo cierto era que sí tenía algo contra ese joven, una cosa que no conseguía olvidar.

—Dicen que alguien tan perfecto es imposible que exista —comentó, pasando nuevamente una página de comentarios de una de las fotos de redes sociales de Gaara, su expresión era ya aburrida, le iría mucho mejor si su editora le permitiera seguirlo, pero ella dijo claramente que no habría ninguna intervención en campo, a menos que tuviera un motivo.

Deidara había conocido a Gaara hace un par de años, como con cada persona que él conocía y que consideraba inútil en su vida, el pelirrojo fue grosero con él, su carrera había recién despegado y, aunque todo el mundo endiosaba su amabilidad y talento, ese día Deidara supo que la famosa estrella no era más que un farsante, pero no tenía cómo demostrarlo, no sabía cómo abrirle los ojos a los demás.

Usuario_anónimo5790 dice:

"Tontas, les digo la verdad, Gaara-sama tiene novia y todas ustedes lo están permitiendo al no unirse a mí y actuar contra esa perra, quiero verlas cuando nos quite el amor de nuestro ídolo."

Los ojos azules del reportero se detuvieron en aquel comentario, esa persona, fuera quien fuera, hablaba con mucha seguridad acerca de la supuesta relación que mantenía Gaara, si estaba tan convencida, es porque debía tener alguna prueba, ¿no?

Sin pensarlo demasiado, respondió al comentario de ella, o él, quién sabe si a los chicos también les gustaba Gaara. No creyó que fuese a recibir una respuesta al final de esto, pero de todos modos hizo el intento.

Art_is_a_explotion dice:

"¿A qué te refieres con que tiene novia? ¿Tienes aluna prueba de ello o sólo hablas por hablar?"

Dejando de lado aquello, comenzó a revisar otras cosas y rápidamente se le olvidó que había comentado a ese usuario, después de un rato de perder el tiempo mirando otras cosas, una notificación de mensaje se vio en su pantalla, era un privado, así que frunció el ceño, pero al abrirlo, se sorprendió tanto que no pudo disimular su expresión.

Usuario_anónimo5790 te ha enviado un mensaje privado:

"Sé quién eres, un reportero poco conocido, pero creo que tú puedes hacer algo para que esa zorra se aleje de nuestro querido Gaara-sama, toma esto, no se lo he mostrado a nadie hasta ahora, espero que lo uses bien."

Inmediatamente después del mensaje, había adjunta una fotografía, en ella se veía a dos personas en medio de un cine, un hombre que estaba usando una gorra y una joven de cabello castaño, los dos se estaban besando. La foto no habría tenido nada de raro, de no ser porque, si le prestabas la debida atención, podías notar que se veía el tatuaje tan característico de Gaara bajo la tela de la gorra, ese definitivamente era él y estaba con alguien a plena luz del día.

—Por fin algo de dónde jalar… —murmuró el hombre, sonriendo ligeramente, esto era verdadero oro puro.

—*—*—*—*—*—*—*—

Los dos caminaban en silencio, sin siquiera mirarse, eran más bien como dos completos desconocidos que iban por el mismo camino, lo cual comenzaba a tornarse ligeramente incómodo para Matsuri, así que se detuvo de golpe.

—Gaara, ¿por qué me estás siguiendo? —le preguntó de mala gana.

Él arqueó una invisible ceja, confundido.

—Te dije que te acompañaría.

—Esto no es acompañar, sólo estás caminando a mi lado como si fueras por tu cuenta —se quejó Matsuri, sus mejillas se abultaron ligeramente y sus labios se fruncieron en un puchero, bajo la luz del foco de la calle, Gaara pensó que ella lucía adorable, pero rápidamente desechó esa idea, mirando en otra dirección.

—¿Entonces quieres que te hable de algo o que te lleve de la mano a casa?

—¿Eh? —Matsuri se sonrojó, mientras que Gaara rodaba los ojos.

—Era sarcasmo, pero veo que eso es lo que quieres, ¿no? —usando un tono ligeramente pícaro, sus pasos lo acercaron a ella, la chica instintivamente retrocedió, pero se topó con la pared de la calle, que parecía ser parte de una casa, su espalda dio contra la misma y se encontró con que las manos de Gaara se apoyaban contra aquel duro obstáculo, una a cada lado, a la altura de sus hombros.

Ella se mordió ligeramente el labio inferior, le molestaba que él se portara de ese modo, era como si se riera de su "leve" debilidad por él, porque era normal, Matsuri era una chica inocente sobre relacionarse con hombres, además, por mucho tiempo (y todavía), Gaara había sido su ídolo.

—Lo único que quiero es que te alejes y me dejes sola, estás actuando muy raro hoy, ¿te pegaste en la cabeza o algo así?

El pelirrojo bufó, pero no se sintió ofendido, porque le gustaba mucho hacer enojar a esa chica, era como si de pronto, además de la música, hubiera encontrado algo que lo hacía divertirse.

—Eres demasiado grosera, mocosa.

Tras decir aquello, decidió liberarla, así que Matsuri se movió como un rayo, su corazón estaba latiendo rápido, no entendía por qué Gaara actuaba de ese modo con ella, con los demás era antipático también, pero nunca lo vio acercarse así a nadie, ni a Sakura, es más, a ella la apartaba todo lo que podía.

—¿Y a ti te han dicho que eres un idiota? —la chica lo miró con el ceño arrugado—. Como sea, mi casa está en la otra cuadra, me voy —avisó, dándole la espalda al ídolo, quien se metió las manos a los bolsillos de su sudadera con capucha, sin soltar su bolsa de golosinas.

—Lamento lo que hice en el cine —dijo Gaara, a lo que Matsuri se detuvo en seco, pero no volteó a mirarlo—. No pretendía besarte a la fuerza, así que lo siento —cerró los ojos y se regañó mentalmente por lo que había dicho, originalmente pensaba reclamarle a Matsuri por la cachetada, pero se había dado cuenta de que, en realidad, sí que se la merecía.

La castaña continuaba dándole la espalda, sentía la boca reseca y el corazón todavía más acelerado, no creyó que Gaara tocaría ese tema, así que sus mejillas estaban calientes por la vergüenza.

—E-está bien, n-no importa —contestó, tartamudeando como una boba—. D-digo, fue mi primer beso, pero haré de cuenta que no, o sea… —se tapó la boca con las dos manos, ¿por qué tenía que decir siempre las cosas sin pensar? ¡No debería haberle dejado saber eso!

Gaara la miró fijamente, estaba asombrado, ¿realmente había sido el primer beso de Matsuri? Él ni siquiera recordaba su primer beso, pero podía apostar a que eso era algo importante para una chica boba y risueña como ella.

—¿Fue el primero?

—¡Tengo que irme! —exclamó la chica, para salir corriendo segundos después, dejándolo ahí, en medio de aquella calle vacía, sólo iluminada por un solitario farol.

La mano que Gaara tenía libre se dirigió a sus propios labios, abandonando el calor de su bolsillo, por algún motivo, una sonrisa se formó en ellos, aunque fuera casi invisible, había sido inevitable, su ensimismamiento sólo se vio interrumpido cuando su celular empezó a sonar, pero apenas vio el nombre en la pantalla, decidió no contestar.

—*—*—*—*—*—*—*—

Temari miró su teléfono al escuchar nuevamente como la voz automática le decía que el número que estaba marcando se encontraba ocupado. Su hermano se negaba a contestar, si seguía en ese plan, terminaría por ir a buscarlo, no era posible que Gaara se comportara de ese modo tan infantil, era como si odiara a su propia familia.

—¿Nada? —le dijo Kankuro, que se sentó frente a ella, en el sofá de la sala.

La rubia negó con la cabeza, suspirando con decepción, no entendía a su hermano menor, era demasiado terco, mucho más que su propio padre, la persona más testaruda del mundo.

—No responde, me colgó —contestó, dejando su teléfono encima de la mesa—. No sé qué tiene en la cabeza, alguno de nosotros podría morirse y a él no le va a importar.

Kankuro no pudo evitar reírse, en algún punto, Temari tenía razón, sinceramente, Gaara era capaz de ignorar incluso algo como eso, desde que había decidido olvidarse de que tenía familia, lo había hecho en serio.

—¿Piensas ir directamente a su casa a buscarlo?

Su hermana mayor frunció ligeramente los labios.

—Supongo que no me queda de otra.

—Entonces te acompaño, ese mocoso nos la debe a ambos, no sólo a ti te ignora —comentó el castaño, frunciendo el ceño, bromear acerca de ello era gracioso, pero, a decir verdad, también le molestaba la completa indiferencia de su hermano menor.

—Bueno… —Temari se levantó, tomó su celular y su bolso y miró hacia la puerta—. Es hora de irme, mañana tengo clases temprano, no puedo quedarme aquí.

—Claro, claro, nos vemos luego —dijo Kankuro, agitando su mano para despedirse de la mayor, que salió por la puerta al cabo de unos segundos. Él se acomodó contra el respaldo del sofá y cerró los ojos, toda esta situación de la enfermedad de su padre y la lejanía de su hermano estaba empezando a abrumarlo, aunque actuara como si pudiera soportarlo todo.

Ojalá fueran la familia unida que eran en el pasado, antes de lo de su madre.

—*—*—*—*—*—*—*—

El libro favorito de Kakashi era una novela erótica, escrita por un célebre autor de edad ya avanzada, lo conocía en persona, dado que era familiar de un chico que había sido su estudiante hace un par de años, cuando todavía era profesor de escuela y no había perfeccionado su título. Siempre que su hija no llegaba temprano a casa, se sentaba en la sala para leerlo, actuando como si no se sintiera realmente preocupado por ella, pero lo cierto era que lo estaba, Matsuri no era una chica inconsciente y el hecho de que todavía no hubiera aparecido, era signo de que algo pudo suceder, aun cuando la llamó.

Para su alivio, la puerta sonó al abrirse de golpe y escuchó los pasos de la menor, pero no se movió de su sitio en el sillón, sólo sus ojos se desviaron ligeramente de su libro.

—Es tarde, ¿dónde estabas? —preguntó, viendo que la castaña pasaba corriendo hacia las escaleras, lucía un poco agitada, por supuesto que algo le había sucedido.

—Estaba en el parque, no me fijé en la hora —contestó Matsuri, para luego apresurarse en subir las escaleras—. ¡Buenas noches! —exclamó, perdiéndose de la vista de él al llegar al segundo piso.

El hombre suspiró, cuando era más joven, nunca se habría imaginado criando a una niña, de hecho, ni siquiera ahora mismo se sentía capaz de llegar a tener hijos biológicos, pero dentro de todas sus carencias como un adulto responsable, se sentía orgulloso de que Matsuri fuese una buena chica, aunque lo ignorara algunas veces, como esta noche.

Cuando Matsuri llegó a su habitación, cerró la puerta y se arrojó a su cama, todavía sentía el rostro caliente y estaba muy avergonzada y arrepentida de haberle dicho a Gaara que ese beso que él le robó, había sido el primero.

—Soy una tonta, tonta, ¿por qué no puedo cerrar la boca? —se decía a sí misma, dándose pequeños golpes sobre la cabeza, con el puño cerrado.

Sus ojos se desviaron hacia el póster de Gaara que continuaba pegado en su pared, el guapo cantante le devolvía la mirada de forma cautivadora, aunque se tratara de sólo una imagen sin movimiento, ella podía sentir como si él intentara seducirla, un pensamiento muy tonto, pero totalmente común para una fan como Matsuri.

—¿Quién te dio permiso de estar en mi cabeza todo el tiempo? —le preguntó, apuntándolo con su dedo índice, como si realmente él pudiera escucharla o incluso llegar a responderle—. Eres un idiota, pero ¿por qué no dejo de pensar en ese beso? No es justo… —sus labios se curvaron en una expresión de reproche, odiaba la idea de que el beso significara tanto para ella, mientras que, para Gaara, seguramente sólo era uno más.

—*—*—*—*—*—*—*—

Los días pasaron como si no fueran nada, tan rápido como vinieron, se fueron y ya había transcurrido una semana. Esa mañana, cuando Matsuri llegó a la escuela, sus dos mejores amigos la esperaban en el salón para cantarle feliz cumpleaños, algunos otros de sus compañeros también se unieron a la pequeña celebración y la felicitaron, Matsuri estaba muy emocionada y sorprendida.

—Chicos, no era necesario que hicieran esto —dijo la chica, su sonrisa no se borraba de su rostro y la emoción tampoco desaparecía.

—Claro que lo era, es tu cumpleaños, es un día muy especial —respondió Ino, rodeándole los hombros para abrazarla.

Kiba, que siempre actuaba de forma calmada, intentando parecer cool, simplemente extendió una pequeña bolsita con diseño de papel de regalo hacia la castaña, quien no pudo evitar sorprenderse.

—Feliz cumpleaños, no es mucho, sé que no te gustan los regalos exagerados.

Matsuri recibió aquella bolsa y asintió con la cabeza, ampliando un poco más su sonrisa.

—Muchísimas gracias, Kiba-kun —dijo, entonces él también le sonrió, mientras Ino sólo se les quedaba mirando a ambos, se sentía como cuando miraba una novela en la televisión y solamente quería que los protagonistas se besaran, si esos dos no se daban prisa en salir, ella terminaría por arrancarse todo el cabello debido a la ansiedad.

—Pero qué lindo, así que es tu cumpleaños, ni me acordaba —escucharon la voz de la molesta y siempre nada bienvenida Hakuto, realmente era odiosa, no había modo en que no dejara en paz a Matsuri, siempre tenía que incordiarla con esa actitud estúpida e insoportable.

La castaña sonrió de modo sarcástico, ni siquiera valía la pena que se enojara con esa idiota.

—No es necesario que te acuerdes, puedo vivir sin que me felicites —contestó, encogiéndose de hombros.

Hakuto frunció el ceño, estaba por decir algo, pero el profesor llegó, así que se tuvo que tragar sus comentarios antipáticos.

—*—*—*—*—*—*—*—

Gaara acababa de terminar de hacer las últimas grabaciones para su nuevo video clip, ya habían tomado algunas escenas al aire libre y ahora estaba en un estudio, en donde grabaron los detales finales. Acababa de despedirse del equipo y estaba saliendo hacia el pasillo, en compañía de Lee.

—Todo salió muy bien —dijo el pelinegro, que sonrió aliviado, ya que Gaara no se había portado grosero con nadie hoy, cosa bastante rara para él, pero que era todo un respiro para el pobre mánager.

El pelirrojo simplemente asintió con la cabeza, sin responder nada más.

—Hoy es el cumpleaños de Matsuri-chan —comentó de la nada Lee, a lo que Gaara arrugó un poco el entrecejo—. Deberíamos darnos prisa, me gustaría hacerle algo.

—¿Para qué? —preguntó el cantante—. Ni que fuera alguien importante, sólo es mi asistente, no es necesario que le hagas nada.

Lee rodó los ojos, sabía que Gaara no le tenía ningún aprecio a Matsuri, o más bien, que fingía no tenerlo, pero eso no le importaba en lo más mínimo.

—Ella me agrada y es una empleada nuestra, lo ha hecho muy bien estos meses, por lo que creo que lo merece —contestó, esbozando una ligera sonrisa que no se borró, aunque Gaara lo miró como si lo fuese a fusilar—. Iré por el auto, espérame aquí.

Mientras Lee se marchaba, Gaara se acercó a la máquina de café instantáneo que estaba en el pasillo de la televisora. No entendía por qué le enojaba que cualquier persona volcara su atención en Matsuri, era una sensación sumamente amarga y molesta, que simplemente no se podía explicar.

—Hey —escuchó que lo llamaban, conocía esa voz, así que se volteó inmediatamente, apenas su vaso de plástico se llenó de café—. Hola, Gaara, supe que estabas aquí grabando tu video clip —comentó Mei, mostrándole una sonrisa.

El pelirrojo asintió con la cabeza —Hola, Mei —respondió, su enojo disminuyó levemente, siempre procuraba portarse bien cuando esa mujer estaba cerca—. Así es, he terminado, la canción será lanzada la próxima semana y el álbum después de eso.

—¡Estupendo! —Mei juntó sus dos manos en una expresión de alegría y satisfacción, le daba mucho gusto el éxito de su ex protegido, se sentía como una hermana mayor orgullosa—. Compraré tu álbum apenas salga a la venta, tendrás que firmármelo.

Gaara rio ligeramente, ese tipo de actitud que Mei tenía con él, a pesar de que constantemente lo rechazaba, le hacía sentir mucha calidez, antes ella era la única persona que lo había hecho sentir de ese modo, pero ahora tuvo que reconocer que, cuando estaba con Matsuri, también le sucedía.

—Por cierto —Mei volvió a hablar, captando su atención—. Ya sabes que soy privilegiada en el medio, por medio de unos contactos me llegó la nueva canción —la sonrisa que ya tenía antes se agrandó—. ¿Quién es la chica?

Él la miró sin entender.

—¿Qué chica?

—La chica que te gusta, Gaara —dijo la mayor, llevándose una mano a los labios—. Siempre que escribías canciones sobre mí, eran letras tristes y desgarradoras —cerró sus ojos, cruzándose de brazos—. Pero esta es alegre y es bonita, es evidente que no se trata de mí.

Los ojos de Gaara se abrieron ligeramente, hasta ahora jamás se había dado cuenta de ello, pero era cierto, todas sus letras sobre Mei hablaban de desamor, del rechazo que había experimentado, pero la nueva canción era distinta, contaba la historia de un amor dulce, un poco loco, pero con un final feliz, una canción que había hecho después de conocer a cierta chiquilla torpe.

—Es sólo una canción que se me ocurrió de la nada —contestó finalmente, desviando la mirada—. No es sobre nadie en especial, no hay ninguna chica, sabes bien lo que yo siento.

Mei suspiró.

—Veo que sigues con eso.

—Mei, yo… —cuando Gaara iba a hablar, fue interrumpido por el sonido de su teléfono, se trataba de Lee, que le había mensajeado para avisarle que lo estaba esperando afuera con el auto—. Debo irme.

—Claro, Gaara, nos vemos —dijo Mei, agitando suavemente su mano a modo de despedida.

El ídolo le dio la espalda y se marchó, normalmente aprovechaba de pasar el mayor tiempo posible junto a Mei, pero ahora mismo su cabeza era un caos, precisamente por lo que ella había dicho. A su mente vino el recuerdo de los besos que compartió con Matsuri, luego la vez que casi volvió a besarla, solamente porque quería hacerlo, ¿qué rayos le estaba sucediendo? ¿Por qué seguía teniendo ganas de repetir esa sensación?

—¿Qué pasa conmigo? —se preguntó en voz baja, saliendo de la televisora.

Afuera se encontró con Lee, que estaba esperándole con el automóvil de la empresa. Gaara se subió en la parte de atrás sin decir una palabra, se recostó contra el asiento y cerró los ojos.

—¿Sigues molesto porque pienso celebrar el cumpleaños de Matsuri-chan? —le preguntó el mánager, acomodando el espejo retrovisor para poder verlo a través de él, de algún modo, Gaara lucía exhausto.

—Haz lo que quieras, voy a dormir —contestó de mala gana, cubriéndose los ojos con un antifaz de color oscuro, que impidiera que la luz del día lo molestara.

Ahora mismo, de sólo pensar en Matsuri, sus latidos se estaban acelerando demasiado.

—*—*—*—*—*—*—*—

A pesar de que Itachi Uchiha siempre había sido una persona privilegiada por el dinero de su familia, no era alguien que se encerrara en un círculo exclusivo, gustaba de reunirse con amigos en lugares que no necesariamente fueran caros, a veces iba solo a por un café o a almorzar. Ahora mismo, luego de haber comido, se le había antojado un capuchino, así que pasó a una cafetería que estaba cerca de la empresa, pues todavía tenía algo de tiempo antes de la reunión que tendría con algunos inversionistas.

La fila era un poco larga y algo lenta, pero decidió no darle importancia a ello, igualmente ésta avanzó al cabo de un par de minutos. Cuando llegó al frente de la caja registradora, miró los productos a la venta y decidió cambiar su orden.

—Deme un ice coffee con mucho hielo —le dijo a la dependienta, quien asintió con la cabeza, ligeramente atontada ante lo apuesto que era aquel cliente.

La mujer se apresuró en realizar la orden, era la única que estaba atendiendo ese día, eso explicaba la lentitud, seguramente habrían tenido algún problema con los trabajadores y ella era sólo una humana después de todo, no había razón para exigirle demás.

—Disculpe, señorita, ¿podría darse prisa? Llevo demasiado tiempo aquí esperando y tengo muchas cosas que hacer —escuchó una voz femenina a sus espaldas. Itachi rodó los ojos, en serio la gente era demasiado egoísta y sólo pensaban en ellos mismos, así que se volteó para encarar a la "tipa".

—¿No puedes ver que la señorita se encuentra trabajando sola? Ten un poco de conciencia y consideración —dijo molesto, descubriendo que la persona que estaba formada tres puestos más atrás y era la que había reclamado con voz despectiva, era nada menos que su menos querida conocida—. Ah, eres tú, era de esperarse.

—¿Disculpa? —Izumi le miró con una ceja arqueada, para luego mostrar una sonrisa sarcástica—. Pero si es el perfecto señor Uchiha, últimamente te veo en todos lados —dijo en un tono de voz nada feliz.

—Cliente, su pedido —dijo la dependienta, entregándole a Itachi su café, quien lo recibió y pagó, ignorando por completo a la molesta clienta apurada, que se sintió terriblemente ofendida por aquel gesto.

—Muchas gracias, señorita —contestó el azabache, alejándose con su café en mano, por supuesto, pasó de largo a Izumi sin siquiera mirarla, en lo que ella lo seguía con ojos de metralleta, realmente odiaba a Itachi, lo hacía con todas sus fuerzas, porque era un estúpido grosero.

—Imbécil… —murmuró, cruzada de brazos.

Las demás personas de la fila sólo murmuraban o se reían para sí mismos, preguntándose si acaso ese par eran alguna clase de ex novios resentidos o algo por el estilo.

—*—*—*—*—*—*—*—

Después de salir de la escuela y de despedirse de sus amigos, Matsuri se dirigió como siempre a su trabajo, aunque fuera su cumpleaños, todavía tenía que cumplir con su contrato, pues continuaba debiéndole mucho dinero a Gaara. Ya habían pasado varios días desde el incidente del beso y de aquella noche donde ella le confesó que fue el primero para ella, las cosas entre ambos, podía decirse que estaban tranquilas, ella cumplía sus deberes como de costumbre y él procuraba no hablarle más de lo necesario, Matsuri consideraba que de ese modo era mejor, mucho más cómodo para ella, al menos no tenía que soportar oírlo llamarla "inútil" todo el tiempo.

Al llegar al edificio de la empresa musical, como siempre, ella subió hasta el piso correspondiente y se dirigió a la sala de ensayos, que es donde –según su horario– Gaara y el mánager debían estar, pero le sorprendió que la luz estuviera apagada cuando abrió la puerta, sólo para que, segundos después, ésta se encendiera por sí sola.

—¡Sorpresa! —escuchó las voces en conjunto, observando que varios de los empleados estaban presentes, mientras que Rock Lee sostenía un pastel entre sus manos, era pequeño, pero lucía delicioso.

—No puedo creerlo —la chica se cubrió la boca con ambas manos, estaba genuinamente sorprendida por el detalle, lo esperaba de sus mejores amigos, porque se conocían desde hace mucho tiempo, pero de las personas de su trabajo era un gesto más que alucinante—. ¡Muchas gracias! —exclamó emocionada.

—Hey, feliz cumpleaños —dijo Sakura, también estaba ahí, cosa que realmente alegró a Matsuri, supuso que esa chica sí era sincera acerca de ser su amiga, después de todo—. Traje esto para ti, lo escogí de la mejor tienda —añadió la peli rosa, guiñándole un ojo.

—Oh, Sakura-san, esto no era necesario —contestó Matsuri, que miró la bolsa con la marca de una de las tiendas más caras de ropa del país, ni en sus sueños habría llegado a aspirar a tener algo de ahí, pero la Haruno solamente se lo extendió y prácticamente le obligó a tomarlo.

—Si no lo aceptas me sentiré terriblemente ofendida —aseguró.

—Créeme, lo hará —dijo Karin, que estaba sentada junto a la mesa, bebiendo un refresco y comiendo algunos de los bocadillos que había cerca de ella, esta era una oportunidad de oro para aprovechar de probar lo que le gustaba.

Matsuri no se llevaba especialmente bien o mal con la compañera de grupo de Sakura, Karin era bastante reservada en cuanto a su círculo social, pero también era bastante amable, por eso no le extrañaba que se hubiera unido, a pesar de no ser cercanas.

—E-entonces lo aceptaré —la castaña hizo una ligera reverencia hacia Sakura y le sonrió, a lo que ésta correspondió de la misma forma.

Después de recibir uno que otro presente, la celebrada finalmente se acercó a la mesa y se dio cuenta de que Gaara había estado ahí desde el inicio, aunque no lo había visto, estaba casi arrumbado en una esquina de la sala, escuchando música, sin prestarle atención a nada a su alrededor. Ella frunció el ceño, pero ni siquiera le dirigió la palabra, por el contrario, se concentró en disfrutar de los bocadillos y un trozo de pastel, hasta que, pasada una media hora, Gaara apagó la música y guardó los auriculares.

—Bueno, ya fue mucho relajo, ¿no? Hay que trabajar —dijo con voz de autoridad, a lo que inmediatamente los demás se desanimaron, sabían que una orden de Gaara era sagrada y que no se podía cuestionar.

—Vamos, Gaara —el que habló fue Lee, poniéndole una mano sobre el hombro a su representado—. Apenas llevamos un rato celebrando y tú ni siquiera has comido algo, comparte un poco con nosotros y ya volvemos al trabajo, después de todo, lo más importante está hecho.

El pelirrojo se cruzó de brazos y miró fugazmente a Matsuri, cuyos enormes ojos negros lo observaban con cierta curiosidad, eso le hizo recordar las palabras de Mei de esta mañana, lo cual lo puso muy incómodo y provocó que viera en otra dirección.

—Bien —fue todo lo que dijo y, seguido de ello, se escuchó una ligera exclamación colectiva de celebración, pues podían seguir disfrutando de su pequeña fiesta.

Había algunas personas del staff presentes, dos de ellas eran nuevas contrataciones y casi no conocían a Matsuri, pero ya que todos aquel que deseara unirse estaba invitado, por supuesto, no se perderían la oportunidad. Entre ellas dos, una chica no dejaba de observar tanto a Matsuri como a Gaara, quien caminó entre las personas que charlaban alegres, acercándose a la cumpleañera.

—Veo que no controlas para nada cuánto comes —comentó él, con toda la intención de hacerla sentir mal por tragar como si se estuviera muriendo de hambre, pero ella simplemente le sonrió, se había tomado el insulto como un halago.

—Verás, es que tengo un estómago muy grande y un metabolismo muy rápido —contestó, dándose un pequeño golpecito en el vientre—. Puedo comer un montón sin engordar y no necesito cuidar mi línea, eso es un alivio, ¿verdad?

Gaara chasqueó la lengua, su estómago acababa de sonar del hambre y es que sí, era cierto, él era uno de esos que estaban atados al cuidado de su peso, era una de las pocas cosas que verdaderamente detestaba de ser un ídolo.

—No es la gran cosa —dijo con fastidio.

Matsuri solamente se rio en voz baja, no le importaba que él tratara de molestarla, siempre le devolvía sus pesadeces de algún modo, ya se había vuelto una costumbre.

—¿Qué es esa cara tan larga en el cumpleaños de tu querida novia, Gaara? —dijo Sakura, quien se acercó a ellos dos, los cuales –por suerte– no estaban cerca del resto de personas, así que nadie más oyó aquello de que eran novios.

Igualmente, Matsuri se atragantó con un trozo de pastel y Gaara abrió un poco sus ojos, ya que había olvidado que tenía que fingir frente a Sakura.

—Eh, es que discutimos —mintió, aunque no era del todo falso, porque siempre discutían.

La peli rosa dejó salir una pequeña carcajada.

—Vamos, todas las parejas discuten, deberías olvidarte de eso en su día, ¿no crees? —su sonrisa, por un segundo, se volvió ligeramente mordaz—. ¿Quieres que te recuerde cómo nos reconciliábamos después de pelear?

La castaña, luego de lograr recuperarse de su atragantamiento, los miró a ambos con incomodidad, Gaara también parecía molesto, así que ella carraspeó la garganta y, sin pensarlo mucho, tomó la mano del pelirrojo de forma delicada, quien pudo sentir claramente el suave calor que ésta le transmitió.

—Sakura-san, creo que esos comentarios no son apropiados —dijo, sintiendo la mirada intensa del chico sobre sí misma, pero ignorando lo nerviosa que eso la ponía.

La cantante borró la sonrisa y asintió con la cabeza, agitando su mano casualmente.

—Sí, sí, tienes razón —dijo—. Pensé que como ya somos amigas podía decir ese tipo de cosas sin tapujos, pero supongo que es demasiado, en fin, los dejaré solos —añadió, dándose la vuelta para dejar a la parejita hacer de las suyas.

Gaara miró a Matsuri una vez más, apretando su mano de forma inconsciente.

—¿Son amigas?

—Es una larga historia —contestó Matsuri, apartándole rápidamente la mano, sólo ahí él se dio cuenta de lo que acababa de hacer—. Eh, bueno, yo c-creo que iré por más pastel, s-sí —sus mejillas enrojecieron levemente, no podía evitarlo, cada vez que había un contacto entre ella y Gaara, por más mínimo que fuera, traía a su mente aquellos besos.

Él no respondió hasta que la castaña le dio la espalda, sólo entonces la tomó por la muñeca.

—Espera, quería decirte algo.

—Señorita Matsuri —una de las chicas del staff se acercó a ambos, mirando de reojo que él la estaba sosteniendo, pero ni siquiera comentó nada al respecto, solamente extendió un plato con un nuevo trozo de pastel—. Esto es para usted, lo corté yo misma para la festejada —añadió con una sonrisa.

La chica se soltó de la mano de Gaara de un tirón, dejando el plato que tenía en su mano sobre una mesa que estaba junto a ella, para coger el que le ofrecía esa chica, que parecía un poco mayor que ella. Gaara se fijó entonces en la mujer, ciertamente lucía como de su edad, usaba anteojos y llevaba puesta la sudadera del staff típica de la empresa, con la capucha puesta, apenas le veía la cara, pero estaba seguro de que la conocía de algún lado, aunque en ese momento no le interesaba recordar de dónde.

—Muchas gracias —respondió Matsuri—. Eh, no sé tu nombre —sus labios se fruncieron ligeramente, esa chica era tan amable y ella ni siquiera conocía un detalle tan importante, pero la otra solamente amplió su sonrisa.

—No hay problema, lo conocerá pronto —aseguró, entonces hizo una reverencia ante Gaara y se marchó, uniéndose al resto, o eso pareció, porque cuando nadie estaba viendo, simplemente salió de la sala.

Matsuri le dio una probada al nuevo trozo de pastel y tuvo que admitir que sabía delicioso, incluso, podía decir que estaba aún mejor que el anterior, a pesar de que venían del mismo postre.

—Esto está riquísimo —comentó, llevándose otro trozo más a la boca.

Al verla disfrutar de ese modo, Gaara sintió que se le hacía agua la boca, hasta ahora no había comido nada y eso no estaba bien, por lo que le quitó la cuchara de las manos a Matsuri.

—Dame un poco —dijo, agarrando un gran pedazo para comérselo, tan rápido, que ella apenas lo vio actuar.

—¡Oye, eso era mío! —exclamó furiosa, pero él solamente se rio de su berrinche.

Al terminar la fiesta y, más tarde, la jornada laboral, había que recoger todo, así que Matsuri se quedó junto a una de las señoras que hacían la limpieza y junto a Lee, para poder terminar más rápido, los demás ya se habían marchado.

—Fue un día bastante divertido, ¿no? Al final, hasta el amargado de Gaara se nos unió —comentó el pelinegro, que sacaba las cosas sucias de la mesa, platos y vasos desechables, tirándolos al pequeño basurero que llevaba en la otra mano.

—Sí, fue muy lindo de su parte el detalle, Lee-san —contestó Matsuri, barriendo algunas cosas del piso, pero un ligero tirón en su estómago la hizo cerrar un ojo, había sido corto, pero bastante fuerte.

Lee continuó tirando las cosas sucias, mientras sonreía.

—Te confieso que él no quería participar al inicio, pero me alegra que decidiera hacerlo, a Gaara le falta disfrutar un poco más de la vida.

—Supongo que es cierto, debe pasar todo el tiempo pensando en trabajo —al pensar en ello, Matsuri entendió un poco la razón del carácter tan fuerte de Gaara, él no tenía nada más en la vida que su carrera, porque al parecer, ni siquiera había una familia que lo respaldara—. Lee-san… —lo llamó, recordando aquella fotografía que había visto en la habitación del cantante cuando cuidó de él—. ¿Gaara tiene hermanos o padres? E-es decir… —interrumpió sus propias palabras cuando el dolor de hace un momento regresó, esta vez con más fuerza y acompañado de náuseas que la hicieron cubrirse la boca para evitar llegar a vomitar.

—Matsuri-chan, ¿estás bien? —le preguntó Lee, podía ver que la chica se sostenía el estómago con fuerza y se quejaba del dolor que empezaba a experimentar, de un momento a otro, lucía como si sufriera muchísimo.

—M-me duele, Lee-san —contestó ella, presionándose con ambas manos.

Cuando Lee estaba por decir algo, la puerta se abrió de golpe, era una de las chicas del staff, que se suponía que había acompañado a Gaara a revisar algunas cosas.

—¡Lee-san, Gaara-sama se siente mal, dice que le duele el estómago y está vomitando! —exclamó la mujer, tremendamente preocupada y urgida.

Justo en ese momento, Matsuri corrió al baño para vomitar, ¿qué rayos estaba pasando?

Continuará…