Sus miradas se encontraron, y por un fugaz momento, vislumbró cierta abnegación en sus ojos. Probablemente consideró mentalmente las consecuencias de sus atrevidas acciones; la ruina de su matrimonio.

Sakura Haruno era una mujer completamente opuesta a la sumisa Hinata Hyūga: de carácter fuerte, orgullosa y decidida. Si lograba enterarse de la cruel infidelidad que cometió su esposo, no dudaría ni un segundo y lo botaría. Aunque, si bien era cierto que durante su juventud llegó a extremos completamente humillantes a fin de conseguir tan siquiera un ápice de la atención de Sasuke, actualmente había madurado, y por ende tenía una noción más clara y objetiva. Ya no era aquella adolescente insegura que deambulaba detrás del Uchiha, recibiendo migajas de un amor corrosivo; ahora era una mujer hecha y derecha, una persona que conocía su lugar y se daba a respetar entre la muchedumbre, la grandiosa cirujana y madre que prefería construir sola un futuro sano para su hija antes que arrastrarla a la miseria de una familia destrozada.

La junta culminó, y poco a poco, la multitud de padres se dispersó hasta que quedaron unos tantos atrapados en la transitada y poco espaciada zona. Y pese a sus exagerados esfuerzos por ser de los primeros en salir, el padre de Sarada terminó dándose media vuelta a regañadientes una vez que escuchó la despreocupada voz del Uzumaki llamarle por su apellido:

—Señor Uchiha... ¿Podría acompañarme un momento? Hay algo que necesito charlar con usted —comunicó amablemente el profesor, apoyándose contra el escritorio mientras se cruzaba de brazos y esbozaba una radiante sonrisa.

El pelinegro lo miró de reojo, pensando en que el rubio lucía como un tonto. Por un momento pensó en negarse y refugiarse tras una excusa laboral como: "tengo una junta pendiente por atender y necesito retirarme ahora mismo, si necesita resolver algún asunto, hágaselo saber a mi esposa", pero luego descartó dicha idea al analizar lo contraproducente que ésta sería.

Fugaku Uchiha, su padre, le había enseñado correctamente a cómo ser un hombre. Así que, ahora debía asumir el resultado de sus decisiones... O negarlo todo y huir de la responsabilidad, lo cual sonaba como una tentadora oferta.

Se dio la vuelta completa una vez que se convenció a sí mismo de que sólo estaba siendo paranóico y especulaba situaciones ficticias. Se apresuró a concluir que era el mismo muchacho con el que se acostó por un simple factor; su voz le parecía un rasgo único. Es decir, no era del todo masculina, más bien, sonaba como la voz que adquiriría una chica si tuviese un resfriado. Era ligeramente rasposa y grave, pero sin rozar lo profundo. Vibrante, animosa e imperiosa, como si todas las palabras que emanaran de sus labios fueran apasionadas declaraciones de un gobernante hacia su pueblo.

—No dispongo de mucho tiempo —advirtió el pelinegro, amenazando implícitamente con que fuera breve—. Soy un hombre ocupado.

Para ese punto, todos los presentes se habían esfumado. Ahora quedaban únicamente ellos dos dentro del aula, y al igual que las ventanas, la puerta permanecía cerrada.

—Claro, claro —coincidió el de ojos azules, deslizando sus brazos hasta que ambos quedaran a sus costados y posteriormente palparan la madera del escritorio—. Debe serlo —se inclinó hacia delante para después erguirse y dar unos cuantos pasos que lo acercaron demasiado al Uchiha—. Pero incluso un hombre de su calibre, con la agenda llena —nuevamente se inclinó. Respiró cerca del cuello del contrario mientras éste permanecía petrificado—, tiene tiempo de vez en cuando de divertirse, ¿no es así? —con la yema de su dedo índice, golpeteó levemente el pecho del pelinegro—. Sobre todo por las noches —susurró en su oído juguetonamente, y tras hacerlo, alejó su rostro del de su acompañante sólo para degustar su expresión facial. Dedujo que se encontraría sorprendido o avergonzado, sin embargo, sus inferencias no podrían ser más erradas.

El semblante de Sasuke denotaba furia pura, hecho que confundió notablemente a Naruto. No comprendía las emociones de aquel perfecto desconocido, y a decir verdad, ahora que lo pensaba, no había pretendido hacerlo. Era como si el apetito sexual fuese lo único que rondaba por su mente, como si su miembro viril se hubiese convertido en su juicio. Ejecutó pasos apresurados ante una situación delicada, saltó sin paracaídas a un abismo rocoso donde seguramente sólo hallaría su muerte. Dios santo, ¿por qué incluso ahora, que era un adulto, no podía detenerse a razonar un poco más las cosas? Esa característica imprudencia suya sólo lo llevaría al fracaso, tal y como su prima Karin le había mencionado en alguna ocasión.

—Es... Una broma...—rió nerviosamente en vagos intentos por compensar su fallido intento de seducción.

—Debería cuidar más sus modales, la paciencia no es una de mis virtudes —sentenció el Uchiha, luciendo tan aterrador y peligroso como siempre—. Además, no tengo idea de quién es usted. Si tiene algún tema en específico por tratar referente a mi hija —hizo énfasis en la última palabra, dando a entender implícitamente que cualquier otro asunto no le era relevante—, agradecería que me lo hiciera saber en otra ocasión. Si me disculpa, tengo una reunión programada en media hora —y aquello no era del todo falso, sólo que su junta laboral sería más tarde y contaba con el tiempo suficiente como para dialogar e incluso hacer algo más—. Con permiso —y antes de que el Uzumaki pudiera replicar, Sasuke ya se encontraba saliendo del aula.

Escuchó la alegre voz de Sarada resonar en los pasillos. No cabía duda, para aquella niña su padre era su adoración. La manera en la que se comportaba con él era, de cierta forma, similar a la forma en la que interactuaba con su profesor. Si Naruto continuaba avanzando, los problemas comenzarían a externarse dentro de la familia Uchiha, ¿y cómo podría arrebatarle esa felicidad a un ser inocente como lo era su alumna preferida? Crecer sin padres era una experiencia difícil que ningún niño debería experimentar, y un huérfano como él, lo sabía de sobra.

Quizás entonces debería mantenerse alejado y conseguir un nuevo amante. Aunque, anteriormente había probado tantas pieles y ninguna se sentía como Sasuke. Ese azabache tenía algo especial, algo que evitaba que pudiese fijar sus ojos en otra persona que no fuese él.

Y a unos cuantos kilómetros, el Uchiha se encontraba conversando con su retoño sobre situaciones triviales mientras conducía hacia su hogar. La niña hablaba emocionada sobre sus compañeros de clase, las tonterías que hacía con ellos y las veces en las que fue reprendida por culpa de los mismos. También destacó su amor por la materia de cierto profesor:

—¡Adoro la clase Español! —exclamó con entusiasmo la joven—. ¡El profesor es maravilloso! Siempre prepara la clase con tanto cariño, ¡sus presentaciones son asombrosas! Incluso bromea de vez en cuando con nosotros, pero bueno, no te estoy contando nada nuevo —concluyó Sarada, con un leve sonrojo en sus mejillas mientras explicaba. No era la primera vez que externaba lo mucho que le gustaba dicha materia, y ciertamente nada de lo que decía era novedad para su padre.

—Es verdad, me hablas a menudo sobre él —afirmó su padre, echándole un rápido vistazo por el espejo retrovisor—. Pero no me has dicho su nombre.

—Naruto Uzumaki —pronunció la menor, y retumbó en los oídos de su padre como eco. Claro que lo conocía, se había presentado ante el grupo de padres—. Es casado y tiene un hijo en el turno matutino, se llama Boruto Uzumaki. ¡Es un tipo insoportable, engreído y petulante! —vociferó con desdén mientras se cruzaba de brazos—. Antes de que fuera transferida al turno vespertino, tuve la desgracia de estar en el mismo grupo que él. ¡Siempre llegaba tarde, se saltaba clases y nunca hacía la tarea! ¡Me debe muchos favores que jamás me pagó! —y su descendiente continuaba hablando, pero él ya no la escuchaba.

La nueva información que le habían proporcionado lo dejó atónito, y con un sabor agrio en los labios. Diablos, lo había mal juzgado.

Al parecer Naruto no era el único que actuaba impulsivamente.

Noviembre 06, 2020.

˚₊· ͟͟͞͞➳ ❝ ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇ ᴀᴜᴛᴏʀᴀ ❞

¿Les cuento algo? Cuando estaba en segundo semestre de preparatoria, me enamoré de un profesor; el de química. Tenía un sentido del humor demasiado peculiar, además es joven y bastante atractivo. Nos hacía sacar suspiros al 90% de los del salón, sin importar el género. No les miento, era el crush de todos jaja. Aunque, claro, nunca me vi o he sabido de alguien que se vio envuelto con él, puesto que siempre fue un hombre ético.

Por cierto, no me linchen (?) Naruto y Sasuke arreglarán sus problemas a lo kinky nasty okay no. Hm, creo que no dejé explícito el porqué Sasuke se enfadó, pero en el siguiente capítulo explicaré más a fondo lo que él pensó. En fin, ¡gracias por leer!