Capítulo III: Una conspiración por la esperanza.

La sensación térmica era menos ardua. Una brisa suave mecía la vegetación que daba comienzo al interior de la isla. En donde todavía estaban sus compañeros.

Sus amigos.

Mikasa y Jean aún no habían vuelto.

Connie intentaba no perder control yendo de un lado al otro, y sin querer mirar a Christa quien se encontraba sentada en la arena de la playa con el cuerpo tenso. Tan tenso que daba la sensación que se iba a quebrar en algún momento.

No.

No era justo culpar a la rubia. Como tampoco lo era el haber tenido que escoger acompañarla hasta la playa.

–¡Ahí!.–exclamó la voz de la chica en un momento dado asustando a Connie quien dio un respingo y miró en la dirección en que la mano de la rubia con unas uñas cuidadas señalaba.

De entre la vegetación las cabezas de Jean y Mikasa hicieron su aparición, ambos tenían un semblante serio e iban acompañados de… ¿Sasha?.

No supo cuanto le costó llegar hasta sus amigos, pero seguramente fueron menos de tres segundos aunque los separasen unos metros.

Connie tomó el relevo de Mikasa y el brazo de Sasha se cernió sobre sus hombros:

–¡Chicos, qué ha pasado! Estábamos a punto de volver. –les informó Connie ayudando a Sasha a tomar asiento en el mismo lugar en el que Christa había estado instantes antes.

Jean se acomodó la camisa de su uniforme una vez Sasha tomó asiento en la arena y antes de contestar a Connie se permitió mirar una vez más a Mikasa, quien ajena al chico les daba la espalda mirando por donde habían llegado a la playa. Posiblemente deseando regresar a buscar a Eren nuevamente.

–Encontramos a Sasha.–dijo Jean odiando tener que desviar la mirada del cabello de Mikasa para centrarla en Connie, Christa y Sasha.

–Eso es evidente.–le contestó con sorna el otro chico.

Jean puso los ojos en blanco y se obligó a no dejarse llevar, aunque cerró los puños con fuerza hincándose las uñas en las palmas de las manos:

–Un lobo nos atacó.

–¿Qué?.–ésa fue Christa.

Jean asintió volviendo a pasarse la mano por el rostro, notando los rastros de sangre seca en su cara.

Asqueroso.

–Estás seguro de que era un lobo, ¿no crees que podría haber sido otro animal más común?.–le preguntó Connie apreciando el reguero de sangre seca que Jean se estaba frotando del rostro.

–¡Sé lo que vi, estúpido!.

–… más común. –todos escucharon el susurro que Mikasa había soltado comenzando a hablar desde que llegó.

–¿Qué?.–preguntó el cabeza huevo sin entender a qué se refería.

Mikasa terminó de girar el cuerpo quedando frente a sus compañeros, inevitablemente sus manos se posaron en las hojas de espada que llevaba atadas al cinto.

Era ya una costumbre adquirida después de tantas batallas contra los titanes:

–Has dicho que podría tratarse de otro animal más común. –Mikasa se permitió tomarse un par de segundos antes de seguir hablando, notando las miradas de todos puestas en ella. –No sabemos dónde estamos, es posible que un lobo gigante sea característico de este lugar.

La piel de la cara empezó a picarle a Jean, así que suspiró y decidió alejarse un momento de los demás para mojarse la cara con el agua del mar y terminar de limpiarse la sangre.

–Un momento, ¿has dicho gigante?.

Mikasa asintió mientras que la expresión de Connie cambiaba a una más aterrada:

–Esto es una pesadilla, tiene que serlo.


El día siguiente vino antes de lo esperado, por suerte y aún estando en una isla, el clima no fue extremo. El grupo de Mikasa, Christa, Jean, Sasha y Connie decidieron internarse dentro de la isla nuevamente a una hora bien temprana.

En la misma roca en la que el día anterior había estado Pixies, se encontraba el capitán Levi, con una expresión complicada de leer en el rostro.

En sus manos había un trozo de papel de un tono amarillento. Posiblemente por lo viejo y sobado que estaría. Sus ojos azules se movían de izquierda a derecha, leyendo las palabras que había escritas. Una vez llegó al final, las manos doblaron ese trozo de papel y lo guardaron en uno de los bolsillos del pantalón de su uniforme.

La boca del capitán soltó un hondo suspiro que relajó sus hombros.

Qué vida más difícil.

Dejó de mirar al horizonte observando como el sol iba ascendiendo en el cielo para volverse las espaldas de Jean, Sasha, Connie y Mikasa.

Los chicos se estaban internando en la isla otra vez.

Suficiente. Pensó estirando las piernas y dirigiéndose en la misma dirección que ellos habían tomado.

El panorama era no menos que paradisíaco, o lo debía parecer a alguien al que le gustaran los lugares exóticos. Levi estaba demasiado metido en sus pensamientos para prestar atención a su alrededor:

–¡Un momento!.–les ordenó a los cadetes una vez quedó a su espalda alcanzándolos.

Todos dejaron de caminar y se volvieron a mirarlo:

–¿Capitán?.–preguntó Jean ante la inesperada llegada de Levi, quien se impuso delante de ellos y cruzo los brazos en el pecho dirigiéndoles una mirada casi despectiva:

–No recuerdo haber dado ninguna orden para que os internéis en la isla.–de nuevo arrastró las palabras.

Los ojos nerviosos de Connie, Christa, Jean y Sasha se miraron sin saber qué decir a aquello:

–No estamos en la base.–la única que habló fue Mikasa. –Y Eren no ha aparecido.

Levi parpadeó sorprendido de lo fría que sonó la chica:

–Eso me importa una mierda ahora mismo, Ackerman. No quiero arriesgar la vida de mis soldados sin haber inspeccionado yo mismo el lugar.

Sus palabras casi tuvieron el efecto que deseaba. Pero no con ella:

–Voy a buscar a Eren y Armin con o sin su consentimiento. –parecía que Mikasa estaba retando a Levi en ese momento. La tensión se notaba en el ambiente.

La desaparición de Armin había sido un tema importante del que hablar la pasada noche. El grupo de chicos estaban asustados.

–Deja de hacerte la mártir, ¡tú, Krischtein! –Jean se irguió como el soldado que era ante el bramido de su capitán. –Quiero que regreses a la playa y te encargues de darles primeros auxilios a los cadetes que lo necesiten.

Jean casi no podía creer lo que Levi le estaba ordenando:

–P… pero capitán yo.–empezó a decir.

Levi alzó una mano dejando claro que tenía que dejar de hablar o a lo mejor le cerraba la boca él:

–Has estado unos meses destinado en la enfermería, ¿no es así?.

Y así había sido, Jean había querido aprender primeros auxilios esenciales hacía unos meses atrás. No solo porque iban a ser muy útiles, sino también porque era una forma de alejarse de Mikasa y Eren.

–Sí, señor.–admitió dejando de mirar a Levi y fijando los ojos en el perfil de Mikasa, quien tenía una mirada llena de rabia hacia Levi.

–Entonces, ¿porqué sigues aquí?.–Levi descruzó los brazos y señaló a la espalda del chico, por donde habían venido.– ¿No me has oído? ¡Ve!.

Jean se cuadró ante el capitán una vez más antes de dar media vuelta e ir a la playa de nuevo. Aunque casi se podía jurar que iba arrastrando los pies yendo de forma pausada, como si no quisiese realmente regresar.

–Bien.–Levi volvió a mirar a Mikasa. Sus ojos eran duros, al igual que los de la chica. Parecía que una batalla de miradas se había desatado entre los dos.–Quiero que seas consciente, Ackerman, de que estás arriesgando la vida de tus compañeros adentrándote de esta forma en este sitio desconocido. –le explicó de manera brusca. –Inconsciente es la palabra que mejor define tu actitud ahora mismo, no es propio de alguien como tu.

Mikasa saboreó el sonido frío e inhóspito que la voz del capitán había adoptado. No era común que se dirigiese a ella de esa forma; de hecho no era demasiado habitual que le hablase demasiado aunque cuando lo hacía era con respeto.

No ahora.

–¿Propio de mí?. –la chica sabía que el resto de los compañeros estaban pasando un mal rato por el enfrentamiento que estaba habiendo entre ella y el capitán. Pero no le importó, el encontrar a Armin y Eren era una prioridad esencial, incluso más que respirar ó así lo sentía ella. –Con el debido respeto, capitán Levi, usted no me conoce.

Una mueca que pareció una sonrisa se formó en la comisura de la boca de Levi. En un abrir y cerrar de ojos Mikasa se encontró a escasos centímetros de la cara de su capitán ya que éste le había cogido de uno de sus brazos y había tirado de ella de forma poco sutil.

No. A Levi no le interesaban los modales ante la actitud de una chica estúpida y enamoradiza. Porque eso era lo que siempre había sido el talón de Aquiles de Mikasa Ackerman, sus sentimientos no correspondidos hacia su hermano.

Podía ser la mejor soldado del mundo, mucho mejor que él, pero no se daba cuenta de que dejarse llevar era una lacra que la hacía descender peldaños en la escalera del éxito:

–Sé como eres en realidad. Eres el reflejo del fallo, Ackerman. Vuelas muy cerca del sol y vas a acabar quemándote muy pronto. –le susurró, dejando que sus ojos apreciaran las facciones de la chica.

Sí, era una chica atractiva, pero demasiado sentimental.

Eso la convertía en un gran inconveniente en momentos como ese por Eren. Para ella, tenerlo cerca era como una necesidad, la misma que tenía su corazón de latir, y eso era una mierda que la iba a llevar a una muerte segura si no aprendía a controlar sus sentimientos.

Mikasa fue igual de brusca que él al soltarse de su agarre:

–No, no me conoce en absoluto.

Levi soltó un soplido por la comisura de la boca mientras sonreía con sorna a la chica. Entonces volvió a mirar al resto:

–¿Qué cojones estabais haciendo aquí realmente?.


A Jean le costaba comprender como era posible que hubiera tanta gente con algunas heridas. Superficiales, sí, pero heridas.

Resopló después de coser una cuarta herida en un muchacho. Su mente viajó sin poder evitarlo hasta ayer, cuando Mikasa hizo lo mismo con él; el color rojo de sus mejillas adornó su rostro como si fuera un niño frente a una tienda de golosinas de todos los tamaños y sabores.

–Estás haciendo un buen trabajo, chico. –la voz de Pixis sonó por encima del hombro de Jean que dejó de ordenar el hilo y la aguja que estaba utilizando para mirar al general del ejercito de las murallas.

Jean tragó saliva recomponiéndose de su asombro al ver a ese hombre calvo, con unos ojos de mirada intensa y nariz afilada que recordaba el pico de un pájaro.

Hasta ese momento no se había percatado de la presencia del general:

–¡General!, no sabía que usted también…

Pixis alzó una de sus manos con la piel llena de durezas, posiblemente por la edad y su trabajo:

–No es necesario que se disculpe joven, –Jean trató de no parpadear demasiado, queriendo aparentar tener toda su atención en el hombre de aventajada edad, no pareciendo descortés. – hasta ahora no me había interesado en hacer acto de presencia porque siendo honestos, no he sentido que se requiriese mi presencia en ningún momento. –terminó por decir Pixis sonriéndole como lo haría un simple anciano a uno de sus nietos.

–Señor. –Jean se levantó y le sacó tres cabezas a Pixis. –Todo esto parece surrealista, ¿tiene alguna idea de qué ha pasado y dónde estamos?.–la voz del chico sonó claramente ansiosa.

Tenía que saber si el general sabía algo. Sobretodo para ir corriendo en busca de sus amigos.

–Tenía entendido que tu grupo de amigos había ido de excursión anoche a averiguar qué es todo esto. –Le dijo de forma paciente.

Jean se sonrojó recordando que había vuelto de regreso con Mikasa después de convencer a la chica que cesara de buscar a Eren, pareciera que ante los ojos de Pixis la idea de haberse metido de "excursión" dentro de la isla no había sido tan mala idea.

–En todo caso, es muy probable que Levi lo descubra antes que nadie. –fue lo último que le dijo el hombre antes de alejarse de allí, dejando a Jean con bastantes ideas que le atormentaban la cabeza, cada cual más dispar que la anterior.


–Sin duda alguna es un lobo gigante.–se escuchó decir a Connie.

El grupo se había dirigido al sitio exacto donde anoche Jean había sido atacado por la bestia de pelaje blanco y gris que desprendía un olor putrefacto.

Sasha que tenía la nariz tapada y los ojos llenos de lágrimas por el olor nauseabundo miro alrededor:

–Tiene que haber más.–dijo.

Y en cierto sentido era normal ver como el grupo estaba tenso, inmóvil, con los oídos dispuestos a encontrar cualquier sonido que les indicara que, tal y como Sasha había dicho, había más lobos como aquél. Era la primera vez que se encontraban con semejante tipo de bestia.

Y hablando de bestias, ¿los titanes?.

–Esto no tiene sentido. –Christa fue la que rompió el silencio. –¿Qué hace un lobo en una isla?. –los ojos de todos los integrantes del grupo de esa expedición, se centraron en el cadáver del animal. –Además, por el tipo de pelo da la sensación de que se trata de una especie que vive en un clima frío.

El sol se reflejó en el pelo de Christa creando una especie de halo sobre su cabeza:

–Chicos, ¿qué es este lugar?. –preguntó Connie, en su voz, se podía paladear el miedo y la incertidumbre.

Miraras donde mirases todo era vegetación, los sonidos que había eran de insectos y la propia respiración de los integrantes del grupo. En ese momento todos estaban deseaban descubrir lo mismo, dónde estaban.

–No.–terció la voz de Levi una vez notó como Mikasa emprendió camino hacia su izquierda.

Ésta se volvió para dirigirle una mirada cargada de resentimiento:

–Eren y Armin.–fueron las palabras que salieron de la boca de Mikasa antes de empezar a caminar en la dirección que había elegido de forma aleatoria.

–Espera Mikasa, –la paro la voz de Sasha que corrió hasta quedar a su lado. Mikasa tuvo que alzar los ojos para poder ver los de su amiga ya que Sasha había vuelto a crecer en el último año, y ahora era más alta que ella. –no te separes del resto. –Le pidió cogiéndole del brazo y acomodando el suyo en el de ella.

Lo cierto es que fue un respiro comprobar que Sasha también estaba dispuesta a seguir buscando a Eren y Armin. En lo más recóndito de su corazón, Mikasa agradeció no estar sola.

–No actúes de manera insensata, niña. –Le espetó Levi cargando duramente contra Mikasa. –Vuelves a comportarte como una mártir por ese idiota de tu hermano.

La manera en la que pronunció "niña", y la forma en que acabó la frase refiriéndose a Eren como su hermano tuvo el mismo efecto que un golpe seco en el pecho de la chica. Le costó respirar unos segundos, ahora mismo lo único en lo que quería centrar toda su atención era en la búsqueda de sus amigos y no en la petulante personalidad del capitán Levi; por lo que haciendo acopio de casi toda su fuerza de voluntad ignoró ese comentario y siguió caminando, notando que Sasha emprendía el paso también a su espalda.

Sin embargo ambas chicas no fueron capaces de dar muchos pasos en esa dirección porque unos pasos pesados y bastante rápidos se oyeron repentinamente.

Todas las cabezas de los integrantes del grupo se giraron hacia la dirección en la que claramente venía ese sonido. En un abrir y cerrar de ojos, Levi cogió una de las hojas de espada del cinto de Connie que era el más cercano a su posición y se preparó en posición de ataque.

–¡Capitán!.–gritaron Connie y Christa a la vez.

–¡Levi!.–exclamó Mikasa corriendo hacia él con una de sus espadas blandida.

Un segundo después, Levi decapitaba a otro lobo que apareció dispuesto a atacarles. Mikasa no pudo más que observar como el cuerpo descabezado de la bestia caía desplomado a su lado.

–A esto me refería. –Empezó el capitán Levi a decir mientras se acercaba al cuerpo del lobo gigante que acababa de matar. –Son una amenaza. –La hoja de espada que había cogido prestada de Connie fue restregada en el pelaje del animal, limpiando la sangre. –Hay que acabar con la manada antes de que acaben ellos con nosotros.–Levi miró a Mikasa, y ésta lo miró de vuelta.

Entendimiento y responsabilidad.

Sí, ella comprendía que terminar con esos lobos era lo principal no el encontrar a Eren y Armin.


–¿Estás bien?.

Mikasa miró a Christa:

–Sí, gracias.–le contestó de forma escueta.

Desde que Levi había acabado con ese lobo no se habían encontrado a más, y juntos, habían decidido comenzar la búsqueda del resto de la manada. Sin embargo el sol empezaba a ponerse.

El tiempo pasaba más rápido de lo que a Mikasa le hubiese gustado.

–Creo que deberíamos acampar por aquí.–Indicó Connie señalando enfrente de donde se encontraban, donde varios árboles de gran tamaño estaban aparcados.

Mikasa y Christa se miraron, sabiendo que era una mala idea. Igual de mala que la de regresar hasta la playa porque posiblemente oscurecería por completo antes de que llegaran a su destino y andarían prácticamente a oscuras en territorio desconocido.

–Supongo que es lo mejor. –Sentenció Levi mirando a su espalda en donde les quedaba una montaña. –Tener la montaña a nuestra espalda nos protegerá por un lado. –Dejó de mirar la montaña para observar a los cadetes que estaban indecisos. –Si seguimos caminando no llegaremos a la playa.

Tras unos quince minutos, Connie, Sasha y el propio Levi trajeron leña para hacer fuego. Y, cuando el capitán se disponía a hacerlo con una palo, Sasha sacó de uno de los bolsillos de su pantalón un pequeño encendedor y… un trozo de lo que parecía ser pan duro.

Un pequeño grito de satisfacción salió de su boca, y se metió el trozo de pan duro a la boca.

El capitán Levi dio la sensación de querer preguntar por qué llevaba ella precisamente un pequeño encendedor de plata con una insignia en el centro, pero Sasha era la viva imagen de la felicidad masticando el pan duro por lo que Levi rodó los ojos y finalmente encendió un pequeño fuego echando unas hojas que prendieron enseguida seguidas de la madera de los troncos que habían talado.

–Muy bien. –Se le escuchó sentenciar a Levi conforme tomaba asiento y sacaba una brújula. –Estamos cerca de la zona Norte de la isla.

En eso, Mikasa cogió un palo fino de entre los troncos que habían talada sus compañeros, y empezó a dibujar un cuadrado poniendo en cada extremo norte, sur, este y oeste. A su lado la cara de Christa se acercó al dibujo:

–La manada debe tener su asentamiento en el Norte. Es probable que en el sur no estén… ¿por qué?.

La chica notó que la atención de todos los demás estaba puesta en ella, entonces dibujó un pequeño círculo en el lado norte del cuadrado y enfrentó la mirada del resto:

–Porque probablemente haya algo peor que ellos. –le contestó Levi con la voz fría y carente de sentimientos. La misma voz que ponía cuando tenía que enfrentarse a los titanes. Ésa voz que Mikasa había escuchado por primera vez en el juicio de Eren hacía ya años, y que le había costado una paliza al chico y una muy mala primera impresión para la chica. –Queda claro que ellos no son el mayor peligro que hay en esta… –los ojos azul oscuro del capitán miraron alrededor. – isla.

La forma en la que dijo, isla, dejó claro que no estaba seguro de si llamarla así.

Connie sintió que a lo mejor no era el único que pensaba estar en un infierno, o quizás en el limbo. Que todos hubieran muerto a la vez y se encontrasen juntos a la espera de pasar al otro lado.

Qué locura.

Casi la misma que el haber despertado súbitamente en un lugar extraño que estaba al parecer habitado por lobos gigantes de pelo largo que tenían dientes del tamaño de dagas militares (1).

–Tenemos que buscar la forma de salir de aquí. –La voz de Christa sonó resquebrajada. La chica se abrazaba las piernas y su cabello estaba siendo ligeramente iluminado por las llamas de la hoguera.

–Ackerman, –Llamó la voz de Levi a Mikasa de forma sorpresiva. –no es momento de tus pequeños arrebatos románticos. Hasta que no sepamos qué hay al otro lado de la isla no quiero verte ir en busca de tu hermano.

Durante unos instantes solamente se escuchó el crepitar del fuego, los ojos de Mikasa claramente le estaban diciendo: vete a la mierda a Levi mientras los demás no sabían donde meter la cabeza por lo avergonzado que suponía toda la situación:

–Tendremos que decírselo a los demás cuando volvamos a la playa. –Cambió de tema Christa por el bien de Mikasa ya que la cara de la chica estaba roja de ira mientras que Levi no le quitaba los ojos de encima, como esperando a que ella se le tirara encima dispuesta a golpearlo.

–No vamos a decirles nada. –Mikasa se obligó a dejar de intentar asesinar al capitán con la mirada y detener sus ojos en el fuego. De nuevo notó que los demás volvían a centrar la atención en ella: –Querer contar lo poco que hemos averiguado sobre la isla creará falsas expectativas en los demás, –La voz de Mikasa se suavizó hasta convertirse en un susurro. –esto ocasionaría quitarle la ilusión a algunos y –Enfrentó la mirada de los demás. – eso es una cosa muy peligrosa.

Dijo aquello paladeando el desagradable recuerdo que le había roto el corazón cuando escuchó a Eren comentarle a Armin que le gustaba Christa.

–Mentiremos, sin dar muchos detalles. –Terminó por decir la chica notando lo duro que estaba el suelo.

–Pero… ¿incluido Jean?. –Preguntó Connie.

Mikasa sin mirar al cabeza huevo suspiró:

–Especialmente a Jean.

Jean aun cuando intentaba aparentar se una persona racional, era claramente muy sentimental y una persona sensible. Mikasa era consciente de aquello y no quería llegar a herir esa sensibilidad.

Y de esa manera el grupo se convirtió en una especie de bando conspirador con la pretensión de no crear falsas esperanzas o simplemente destrozar las ya creadas.

Levi admiró por unos segundos el rostro sereno y convencido de Mikasa. Estaba totalmente de acuerdo con la chica.

Jean se lavó las manos en el mar, las tenía pringosas de sangre y la esencia de algunas plantas que había pedido ir a buscar a algunos compañeros porque sabía que tenían efecto calmante y algunas hasta antibióticas.

Era curioso el comprobar de primera mano que no había sido el único que se había despertado con una herida en el cuerpo; a la conclusión que llego fue que parecía que los habían arrojado en ese trozo de isla como si de muñecos se tratara, de ahí las heridas.

El chico se dio cuenta de que el amanecer había dado paso a un nuevo día. El segundo, el día número dos estando allí. Apartó esos pensamientos negativos cuando vio llegar al grupo de Mikasa aparecer en la playa.

El semblante de todos parecía más desapasionado que el suyo.

Jean dejó de frotarse las manos y se acercó todo lo rápido que pudo a sus amigos. Connie iba diciendo algo al resto pero no le importaba demasiado, lo único que le importaba claramente era que todos estaban de una pieza y que Mikasa le devolvía la mirada.

La chica le dedicó una pequeña sonrisa que se evaporó bastante rápido, el corazón de Jean latió con fuerza:

–¡Hey!.–Los saludó una vez estuvo a su altura.

–Hola.

Los oídos de Jean solamente escucharon la voz de Mikasa, enmudeciendo el saludo del resto que obtuvo. El cuerpo del capitán Levi los adelantó creando una leve ráfaga que olió a menta y especias (el olor de su cuerpo) y todos vieron como éste caminaba hacia el otro lado de la playa:

–¿Habéis encontrado a Armin ó Eren?. –preguntó Jean una vez el grupo se quedó sin el capitán.

–Hemos…–El codo de Sasha se hundió en uno de los costados de Connie quien sin aliento termino de contestar a su amigo. –no hemos tenido éxito.

Jean parpadeó, no era algo que esperase escuchar. De hecho, ya se había hecho a la idea de tener que aceptar que Eren apareciera junto a los demás. En el fondo, Jean estaba preocupado también por la desaparición del titán pero también era consciente de que era la primera vez que estaba junto a Mikasa sin la presencia del otro.

–Parece que has tenido una ardua tarea.

El chico observó como los ojos grises de Mikasa estudiaban la escena de la playa. El sentido de responsabilidad pesó todavía más en Jean:

–Sí. Hice bien en pasar unos meses en la enfermería. –Apreció como Mikasa asentía con la cabeza haciendo que mechones de su cabello oscuro bailasen en su rostro. –Pixis está aquí. –Les dijo a todos. –Lo vi ayer. Me dio la sensación de que está algo traumado por todo esto.

–¿No lo estamos todos?.–Inquirió Connie.

Jean arrugó la frente y admitió que el otro muchacho tenía razón; sin embargo Pixis era bastante más viejo que ellos y quizás esto derivara en algo peor que estrés post traumático.

El grupo caminó hasta la mitad de la playa, entonces Christa tomó asiento bastante cansada y Jean le preocupó lo pálida que estaba:

–¿Habéis comido algo desde ayer.?–Les preguntó sin dejar de mirar a Christa.

Por supuesto, ninguno de ellos quiso decir la verdad, que no habían tenido tiempo de pensar en comida sino en enfrentar los misterios que se habían encontrado.

Sasha negó con la cabeza y se dejó caer al lado de la rubia que le sonrió de forma desapasionada.

Jean entonces se dirigió a los dos cadetes que horas atrás habían trepado un árbol que tenía mangos, y cogió uno para cada uno de sus amigos, la mirada de Sasha fue la misma que una madre dedica a su hijo recién nacido.


A lo lejos, Levi sentía el frío contacto del agua del mar sobre los dedos de sus pies. Se había quitado las botas y dejaba que el torrente de pensamientos en su cabeza se lo llevara el agua.

El capitán sabía que no debería pasar mucho tiempo antes de ir a averiguar qué era lo que habitaba en el lado sur de la isla. Tenía que hacerlo por supervivencia, la suya y la de los demás.

Miró sus pies, como el agua hacía parecer su piel un tono más pálida de lo que ya era. Nada de eso estaba siendo fácil. Y si algo no entendía era porqué no habían visto ningún titán todavía.

En el fondo de su mente pensaba que quizás allí no hubiera titanes, sino algo peor todavía por descubrir.

Esa era una de las principales razones por las que se mostraba tan duro con los demás.

Metió las manos en los bolsillos del pantalón, y acarició con su mano izquierda el papel guardado en ellos. Tenía que ir a cazar a lo que quisiera que estuviera ahí.

Pero no podía ir solo.

Miró a los chicos que estaban comiendo una fruta, todos sentados juntos, con Jean en el medio hablándoles de algo. Suspiró cansado, no, no debía ir solo.


(1)Dagas militares: La razón por la que he elegido una daga militar y no una normal es porque son más grandes.