Capítulo IV: El jabalí.
Si había algo que Levi odiaba, era tener que depender de los demás. Él era una persona solitaria, siempre lo había sido. La vida no le había dando demasiadas oportunidades y alguna la había desaprovechado; el nombre de Petra vino a su mente pero no fue capaz de formar la cara de la mujer que podría haber sido su esposa.
Nunca habían hablado de formalizar la relación, de hecho, Levi evitaba todo tipo de conversación que no fuera meramente profesional con ella al igual que con el resto. Solamente disfrutaba de vez en cuando del cuerpo de Petra cuando tenían sexo.
Pero era simplemente eso, sexo.
Levi seguía sintiéndose igual de vacío al día siguiente de haberse acostado con la ella, no había nada que le llamara la atención realmente sobre la mujer. Aún así dolió cuando murió.
Dos días más habían pasado desde que decidió tomar el control de la situación e informar a los cuatro cadetes del plan para explorar el sur de la isla; había querido darles dos días más. 48 horas para que se preparasen:
–Capitán… –Levi se volvió, descubriendo a Christa que tenía unas ojeras enormes debajo de sus bonitos ojos cyan. Estaba nerviosa, no paraba de retorcerse las manos y tenía el pelo sucio. –Me gustaría hablarle de…
Levi no la dejo terminar:
–No hace falta que vengas, serás de más ayuda aquí.–parte de él quería hacer sentir a la chica bajita algún tipo de comodidad, pero las circunstancias eran bastante difíciles.
Los ojos de Christa se abrieron como platos, tensó el cuerpo y movió la cabeza de arriba abajo de forma afirmativa. Levi dio por concluida la conversación con la rubia y remangándose las mangas de la camisa emprendió camino hacia el grupo ya formado por Mikasa, Sasha y Connie.
–Estoy embarazada, capitán.
Levi se volteó inmediatamente para mirar a la chica, quedaba claro que había sido algo complicado para Christa el comunicarle a Levi su estado de buena esperanza. Levi intentó que ningún sentimiento se asomara por su cara, pero no estuvo seguro de si lo consiguió porque la chica desvió la mirada de forma avergonzada de el:
–Quiero ir. –Siguió diciendo la rubia. –Pero no me siento con fuerzas, señor.
Levi miró como las manos de Christa dejaban de retorcerse para tocarse la barriga. Era una situación incomoda, y también la primera vez que se veía en esas circunstancias.
Siempre tenía que haber una primera vez.
–No debes preocuparte. Simplemente descansa. –fue lo único que le dijo retomando el paso hacia el resto.
La respiración jadeante de Connie era lo que rompía el silencio del grupo. Levi había vuelto a coger la misma hoja de espada del cinto del muchacho que hacía dos días cuando mató al lobo gigante e iba en cabeza, seguido de Mikasa, Sasha y Connie.
El excluir a Jean del grupo fue complicado porque la playa no eran muy grande y ellos se mantenían juntos. Mikasa había tenido que dejar inconsciente a uno de los nuevos cadetes que se había internado en la isla a coger más mangos para que Jean corriese a auxiliarlo una vez la chica lo trajo de vuelta a la playa.
Los tres se habían apurado dejando a Jean atrás, enfrascado en el estado del chico que Mikasa había noqueado por la espalda de forma sucia.
Posiblemente los esperaría enfadado.
Más bien furioso.
Pero Jean había demostrado resaltar con los conocimientos médicos que adquirió en los meses que estuvo en la enfermería de la base militar así que era también de alguna manera, una forma de dejarle sentirse importante.
–Empiezo a quedarme sin agua. –Dijo Connie mirando con aprensión su bota de agua.
–Yo también. –Sentenció Sasha apretando su bota contra la cadera, con miedo de que desapareciera.
El crujido de unas ramas los hizo voltearse, los cuatro tenían en las manos (a excepción de Levi que solo tenía una) las espadas dispuestas a acabar con cualquier cosa que se les apareciera dispuesto a atacarles:
–Creo que puedo ayudarte con eso.–Era Pixis, quien tenía en las manos un trozo de metal alargado que no se sabía muy bien qué era.
El plan de no inmiscuir a nadie más en la misión hasta estar seguros qué habitaba la isla se fue al garete (1). Pixis se acercó al tronco del árbol más cercano y con fuerza hundió el metal que parecía una pajita si lo mirabas más de cerca, segundos después, agua empezó a brotar.
–¡Agua!. –Exclamó Sasha encaminándose al tronco del árbol.
–Has sido bastante silencioso, viejo. –Le dijo Levi acercándose a él, seguido de Connie y Mikasa mientras Sasha rellenaba su bota de agua.
Pixis le sonrió con sorna a Levi, quien estaba molesto por la aparición del otro:
–Eso es una de las primeras cosas que se ha de aprender como soldado. –Levi asintió dándole la razón, y fue el turno de Connie de rellenar su bota de agua.–Si no es mucho preguntar, ¿hacia dónde os dirigís?.
Mikasa apreció como el cuerpo de Levi se tensaba, y afilaba la mirada igual que se afila un cuchillo:
–Solamente estamos dando una vuelta, inspeccionando.
Pixis soltó un escueto "oh" y sonrió de manera más abierta:
–Entonces no habrá inconveniente en que me sume.
No fue una pregunta, más bien una imposición.
Levi y Pixis tenían prácticamente el mismo rango dentro de su correspondiente cuerpo en la base y la ciudad, sin embargo ahí era difícil saber quién estaba por encima del otro.
Media hora más tarde y tras haber acordado de forma visual el tener que seguir adelante con el plan aun teniendo a Pixis con ellos, el grupo estaba llegando al final de lado sur de la isla.
Lo que se habían encontrado había sido similar a la otra parte, mucha vegetación y el sonido de los insectos. Nada más.
Quizás eso eran buenas noticias.
Quizás…
–Es hora de volver.–informó Levi mirando el sol que se comenzaba a poner.
Habían estado caminando todo el día, solamente con un descanso de diez minutos para una rápida comida.
–Un momento.–Instó Pixis señalando la parte de uno de los troncos del árbol más cercano a su posición. En él había señales de violencia que habían hecho ligeras laceraciones en la madera. –Interesante.–Susurró más para si mismo que para el resto.
–¿El qué?.–La voz de Levi sonó dura.
–Esto –los dedos de Pixis acariciaron los golpes del tronco del árbol. – significa que hay una manada de jabalíes cerca. Y ahí –Señaló a su derecha. – es donde se revuelcan después de comer para limpiarse.
Justo donde el hombre señalaba había un trozo de tierra removido. El capitán Levi arqueó las cejas:
–Y todo esto lo sabes porque…
Pixis sonrió y se incorporó ya que se había acuclillado (2) para inspeccionar el tronco del árbol:
–Antes de formar parte de las tropas de guarnición, mi padre que dios lo tenga en gloria –los ojos oscuros del viejo miraron un segundo al cielo. – me llevaba los fines de semana a cazar. Mi familia no tenía las comodidades que quizás hayas podido imaginar. Procedo de una familia pobre, Levi.
A Mikasa le sorprendió ver como Levi en vez de mostrarse respetuoso, rodó los ojos ante el comentario de Pixis y pretendió volverse.
–Como sea, el sol no espera a que cuentes un cuento Pixis. Vámonos. –La voz del capitán Levi sonó muy autoritaria. Y Connie, Sasha y Mikasa no estaban seguros de si seguir a Levi o quedarse con Pixis quien no se movía. Tenía la mirada fija más allá de ellos.
–Shhh.–Pixis se llevó un dedo a la boca indicando silencio.
Levi paró en seco y lo observó con los ojos entrecerrados, el sol había bajado de altura así que sus rayos se les metían en los ojos cegándolos.
Unos sonidos de pequeños cascos se escucharon en el pasto no muy lejos de su posición, quizás Levi quiso decir algo al respecto pero permaneció callado. Pixis amplió la sonrisa y sacó un cuchillo de caza muy afilado del cinto. Mikasa abrió los ojos como platos sorprendida, no había visto en ningún momento donde tenía guardado ese cuchillo.
Pixis parecía ser una caja llena de sorpresas.
Las manos de Pixis comenzaron a dar ordenes silenciosas a los chicos, Connie se posicionó a la izquierda mientras Mikasa hizo lo propio a la derecha; Sasha aceptó ser la que acompañara a Pixis mientras Levi se quedaba quieto desde su posición, dispuesto a saltar sobre ese puerco y degollarlo tal y como había hecho con el lobo gigante.
Era rápido, fuerte y ágil, podía hacerlo sin preparar tanta escena como lo estaba haciendo Pixis.
Sin embargo no se supo bien quién fue el que cometió un error, y Connie fue embestido por un jabalí que pesaría cerca de 20 kilos (3).
Éste soltó un grito seguido de maldiciones e insultos mientras se cogía el muslo de la pierna en donde el cerdo le había clavado los colmillos.
Claramente, la oportunidad de cazar al bicho se les escapó de las manos, ya que el puerco debió de saber que había sido fácil atacar a Connie pero no lo iba ser con Levi quien era la segunda persona a la que iba a encontrar, por lo que dio un giro y se escapó aumentando la velocidad:
–Joder.–Susurró Levi observando como las patas traseras del jabalí desaparecían.
Connie tuvo a Mikasa y Sasha a su lado en un abrir y cerrar de ojos. Las manos temblorosas de Sasha quisieron tocarle la herida pero el chico soltó otro grito y Sasha alejó las manos de esa zona:
–¡Cómo puede ser tan rápido!.–Exclamó Connie mirando a Pixis quien seguía parado en el mismo sitio que antes.
No obtuvo respuesta, Pixis parecía… ido.
–Arriba.–Le dijo Mikasa a Connie a la par que entre ella y Sasha lo ayudaban a levantarse.
–Vas a tener que ser rápido aun estando herido.–Le dijo Levi al chico conforme se les acercaba. –No vamos a esperar a mañana para volver a la playa. Nos vamos ahora. ¡Pixis!.–Sin embargo el viejo hizo algo que no se esperaba ninguno, miró a Levi por el rabillo del ojo, se guardó el cuchillo de caza y se alejó siguiendo el mismo camino que el jabalí anteriormente. –Jodido loco.–Masculló el capitán y los cuatro emprendieron el camino de vuelta.
Lo extraño se volvió de locura una vez regresaron a la playa, y es que había puesta una pequeña tienda en medio de ésta.
Los cuatro se miraron entre sí extrañados, había muchas personas haciendo cosas en la playa como si esa tienda de campaña hubiese estado ahí asentada desde el principio:
–Creo que me estoy volviendo loco. –Dijo Connie quien seguía apoyado en los hombros de Sasha y Mikasa.
La pierna derecha del pantalón del chico estaba llena de sangre debido al encontronazo con el puerco. Levi se había roto una manga de la camisa de su uniforme y la había enrollado en el muslo del chico haciendo un torniquete y ahora iba con un brazo destapado y la camisa deshilachada.
Toda una imagen para recordar.
–¿Chicos?. –Los recibió Christa, los había llamado ya un par de veces pero parecían no haberla oído. –¡Connie!. –Los ojos de la rubia reflejaron preocupación al ver a su amigo en esas circunstancias.
Sin embargo no era eso el principal inconveniente ahora mismo:
–¿Esta tienda?.–Pregunto Mikasa señalándola.
Christa quien se había acercado hasta quedar frente a Connie se volvió a mirarla:
–No estamos seguros, ha aparecido de repente. –Les dijo. –Jean y un par de cadetes más han llevado a un chico herido ahí dentro cuando la hemos visto.
Nada tenía sentido.
En ese momento el perfil de Jean apareció por la entrada de la tienda, Christa se adelantó a los demás y lo llamó.
Y, algo aún más extraño paso, los ojos de Jean eran duros y tenía el semblante muy serio. Cuando llegó hasta ellos cruzó los brazos un segundo, pero los descruzó enseguida cuando vio a Connie:
–¿Qué ha pasado?.–Preguntó.
Por alguna razón Mikasa sintió que la estaba evitando a ella y no a los demás y un latigazo de culpabilidad le azotó el estómago.
–Jabalí.–Le dijo Sasha permitiendo que Jean la relevara y Connie se cogiera de sus hombros.
–Puedo solo, suéltalo. –Se dirigió a Mikasa.
Ésta soltó un leve "de acuerdo" y dejó que Jean se llevara dentro de la tienda a Connie que cada vez cojeaba más:
–Hay algo importante que debéis saber. –La voz de Christa sonó diferente. Más dura. Mikasa tuvo que hacer un esfuerzo para mirarla porque sus ojos estaban puestos en la tienda en donde instantes antes habían entrado Jean y Connie. –Creo… –Christa soltó un hondo suspiro, daba la sensación de que no sabía como decir lo que quería contarles. –creo que se lo que está pasando y dónde estamos.
Las mejillas pálidas de la rubia se tiñeron de un leve color rosado al notar los ojos de Levi encima; desde que se había atrevido a informarle de que estaba embarazada no había hecho más que recriminárselo a si misma, porque no quería que la consideraran una carga.
Christa estaba más o menos segura de que todo tenía que ver con Yamauba y su magia ya que Christa aseguraba que ella también era una bruja. La rubia la hacía responsable a ella y su clan de brujos de lo que les había pasado, y quizás también de la aparición de esa tienda de campaña.
Se trataba de una mujer perteneciente a un clan muy antiguo de brujos, más antiguo que los propios titanes. A manos de ese clan habían perecido muchos inocentes, entre ellos niños y bebés, no les importaba a quién se llevaran por delante si consideraban que tenían que hacerlo.
Sus manos llevaban manchadas de sangre por generaciones:
–No sé qué le dijo capitán Levi. –El capitán formó una fina línea en la boca, estaba muy tenso. –Pero se trata de gente peligrosa, mí… padre sufrió las consecuencias de un encuentro desafortunado con ella. No les gusta que les nieguen lo que piden, señor.
–Y, ¿qué se supone que tenemos que hacer?.–le preguntó Mikasa a la rubia.
Ella se encogió de hombros con un velo de misterio en los ojos:
–No lo sé. En el libro que tenía mi padre no indicaba qué hacer en esta situación. –Mikasa endureció la mirada con la que observa a la chica bajita, no le había gustado la forma en que le había contestado ni siquiera a la propia Christa quien parecía de nuevo exhausta. –Todos tenemos nuestras razones para volver a nuestra realidad, Mikasa. No eres la única. –Las manos de la rubia viajaron a su barriga, y se quedaron ahí.
–Quieres decir que estamos dentro de un hechizo…–Levi se adelantó a Mikasa. Lo último que quería presenciar en ese momento era una estúpida pelea entre ambas.
Todo probablemente causado por lo mismo.
Ó más bien la misma persona, Eren.
Levi estaba seguro de que él era el padre del bebé de Christa pero no era su problema, y no quería hacerlo su problema. Era muy obvia la relación que se había creado entre la rubia y el chico. Lo que no era tan claro era si Mikasa lo sabía.
–Sé cómo suena lo que he dicho, señor. –Christa adoptó una posición erguida y aclaró su garganta. De nuevo, volvía a usar el tono de reina y no el de cadete. –Pero si usted hubiese leído el mismo libro que he leído yo de los Yamauba pensaría lo mismo que yo.
Mikasa puso las manos a ambos lados de la cadera:
–Eso no explica el por qué de la tienda. –Habló por primera vez desde que llegaron.
Christa asintió y miró la tienda una vez más antes de contestar a Mikasa:
–Todo tiene que ver con magia. Aunque no estoy segura cómo.
Magia. Lobos gigantes. Una isla desierta y jabalíes.
Levi casi prefería estar enfrentándose a los titanes.
Cuando la reunión entre Levi, Mikasa, una Sasha intentando asimilar toda la información recibida y Christa se disolvió, Mikasa se dirigió a la tienda en busca de Connie y Jean. Dando por sentado que otro día más había tenido que dejar de lado el plan de encontrar a Eren.
Aunque si después de haber estado en la zona norte y la zona sur de la isla no había dado con él… no, aún quedaban el este y el oeste.
Mañana emprendería la búsqueda ella sola si era necesario. Pero ahora sentía la necesidad de saber qué le ocurría a Jean, el porqué se había mostrado tan distanciado de ella y es que sin Eren o Armin, Sasha y Jean eran los dos amigos más cercanos que tenía Mikasa allí.
Una vez dentro de la tienda, la chica se dio cuenta de que su mente había creado un espacio lleno de lujos que vestirían la estancia; no obstante no había nada de lujos ahí dentro. Era simplemente el interior de una tienda de campaña y nada más:
–Jean. –Lo llamó la chica.
Éste estaba dándole la espalda, arrodillado, limpiándole la herida a Connie que no hacía más que quejarse.
Mikasa esperó a que Jean se volviese hacia ella y la recibiera con una calidad bienvenida. Pero no pasó, así que la chica se acercó a los dos chicos y fue entonces cuando vio que había otra persona más dentro de la tienda.
Un chico tumbado, con un par de mantas sobre el cuerpo.
Estaba tiritando y balbuceaba cosas sin sentido.
Mikasa no sabía si estaba inconsciente o… ¿borracho?:
–Lo reconoces, ¿no?. –De nuevo, la voz de Jean sonó demasiado dura.
Mikasa no pudo más que parpadear enfocando la vista.
¿Debería de hacerlo?.
–¿Quién es?.
Jean bufó, y de un tirón de brazo levantó a Connie del suelo y le indicó que ya podía irse, que la herida estaba limpia y pasaría una semana hasta que se le cerrara del todo.
El cabeza huevo no pudo más que asentir, sabiendo que el otro chico quería estar a solas con Mikasa, así que cojeando salió de la tienda.
–Qué propio de ti, Mikasa. –Los ojos de Jean todavía no miraban al rostro de la chica. –Para ti nadie importa más que Eren, ¿verdad?. –Mikasa frunció el ceño pero se mantuvo callada, no había oído a Jean hablarle así jamás y le concedió el derecho a expresar todo lo que quisiera y como quisiera, el expresar sentimientos no era el punto más fuerte de la chica de todos modos. –Este es el chico que curiosamente has dejado en la playa inconsciente este mañana.
Ahora sus ojos se cruzaron con los de la chica, y Jean tuvo que recordarse que lo que ella había hecho estaba mal y tenía que ser él quien se lo recriminara ya que lo habían situado en el puesto del enfermero de la playa. –Sé que has sido tu.
La chica suspiró, Jean tenía razón:
–Sí. –No había razón por la cual mentirle otra vez.
Jean negó con la cabeza dejando de mirarla, Mikasa se sintió muy sola repentinamente:
–No puede mover las piernas ni los brazos. –La chica aguantó el aliento. –Le has pegado tan fuerte que lo has dejado cuadripléjico.
Mikasa notó que las manos le comenzaban a sudar, no se quiso mover ni un centímetro.
Joder.
Había metido la pata hasta el fondo:
–No sé qué cojones querías hacer, pero si sé que este chico no se merecía lo que le has hecho. –De nuevo, Jean la miro. No había nada de calor en su mirada. –No tendrá más de diecisiete años y ya le has jodido la vida para siempre. ¿Era eso lo que buscabas?.
–…no, yo…
–Vete de aquí por favor.
Mikasa no pudo más que mover la cabeza de arriba abajo, asintiendo, y salió arrastrando los pies de la tienda. Notando un nudo en la garganta y teniéndose que recordar como se respiraba.
Había algo especial en el lugar en donde Levi dormía desde que se despertaron en la isla; ese sitio de la playa tenía cierto encanto para él y es que desde ahí y por el ángulo en como se acomodaba, la brisa marina le ayudaba a conciliar el sueño pero no le molestaba en el rostro.
Soltó un hondo suspiro que relajó sus hombros; ya había encontrado su lugar en la playa. Eso significaba que en el fondo sabía que pasarían una temporada en la isla.
Cuando Levi se disponía a sentarse, escuchó a su espalda el sonido de unas ramas al quebrarse bajo un peso. Ese peso se convirtió en pisadas, pisadas pesadas. El capitán asió con fuerza el mago de la hoja de espada que había pertenecido a Connie y ahora se había adueñado de ella, y segundos después Pixis apareció. Lleno de barro y sangre seca.
Todo su uniforme estaba arruinado.
Levi formó una mueca en la cara.
–¿Quién tiene hambre?. –Pregunto Pixis alzando la voz.
Las cabezas de muchos cadetes se volvieron hacia el. Pixis arrastró lo que llevaba en los brazos hasta la mitad de la isla.
El cuerpo de un jabalí.
20 kg: 44 pounds. Garete: Se estropeó/fracasó. Acuclillado: Poner el propio cuerpo con los pies apoyados en el suelo y las piernas dobladas completamente de forma que los muslos quedan apoyados en las pantorrillas
