Capítulo VII: Una amenaza contra Levi.

La noche anterior, Levi había llamado a Sasha, Mikasa, Connie y Christa mientras Jean estaba enfrascado en una conversación con otros cadetes.

El capitán había decidido contar todos los detalles al resto.

Incluida la teoría de Christa acerca de los Yamauba y su magia.

Mikasa a causa de ello se había pasado la noche en vela, no iba a ser fácil hablar de magia pero supuestamente ella era descendiente de uno de los clanes más poderosos que jamás hubiesen existido, los Ackerman, al igual que Levi.

Decidió quedarse en la retaguardia, observando como la cara de Jean y la de varios cadetes más iba cambiando de expresión y de color.

Se sintió culpable.

No obstante, por suerte el capitán Levi fue claro y conciso y no necesito de la intervención de ningún otro. Aunque si así hubiese sido, Mikasa no hubiera querido hablar:

–Esto no tiene sentido. –Murmuró Jean tocándose de forma angustiosa la frente, mientras a su alrededor se congregaban unos cadetes los cuales Mikasa no había tenido el placer de conocer.

La chica pudo apreciar que entre ellos había susurros, al igual que caras largas y miraban a Levi como si se tratase de ¿una amenaza?.

Nada de eso le gustó a Mikasa:

–Creo haber sido bastante claro. –Les contestó el capitán mirándolos con una mirada un tanto petulante.

Jean se cruzó de brazos y negó con la cabeza. Entonces uno de los chicos más jóvenes del grupo de cadetes que se había reunido junto a Jean dijo:

–¿Por qué debemos de seguir estando a las órdenes de cualquiera de los dos?. –Se apreciaba que era todavía muy joven por su tono de voz. –Yo voto que no.

Un jaleo de voces se alzó, y Mikasa se apartó unos pasos de los demás. Esto se le estaba yendo de las manos a Levi y a Pixis:

–¡Votemos!. –Pidió otro de los jóvenes cadetes.

Pixis y Levi se miraron, era claro que ninguno de ellos se había esperado esa reacción:

–Dejad de hacer el imbécil. –Les ordenó con voz rígida Levi.

–¿O qué?. –Espetó el primero de los chicos que había hablado. –¿Qué puedes hacernos?. –Los ojos de Levi se ensombrecieron cuando el chico dejó de llamarle de usted. –No hay razón por la que seguir a las ordenes de nadie, ¡aquí todos somos iguales!.

Una mano de Pixis se posó en el hombro de Levi, el capitán estaba tan tenso que su cuerpo parecía hecho de roca:

–Deja que voten. –Le dijo en voz baja Pixis.

Levi separó los labios, y miró con incredulidad al otro:

–No serán capaces de mantenerse civilizados, viejo. Acabarán matándose.

Pixis suspiró:

–Quizás es la única manera de evitar un desastre mayor.


El día siguiente llegó raudo, el cielo estaba nublado lo que daba un respiro. Llegados a ese punto, en la playa todos vestían ropa que no era el uniforme y se podía apreciar una ligera diversidad de colores entre todos.

Mikasa regresaba con una rama de bananas a la espalda, tenía los pantalones remangados hasta la rodilla y el pelo recogido en una trenza imitando la que Christa se hacía a veces.

Un libro en la arena le llamó la atención, sin pensarlo se acercó aun con las bananas a la espalda. Una vez estuvo al lado, lo cogió y leyó la portada:

–¡Es un buen libro!. –Le dijo la voz de alguien en la distancia.

Mikasa miró hacia la voz, y pudo ver la cabeza de Levi flotando en el agua. Sin más, Mikasa soltó el libro dejándolo en el mismo lugar donde lo encontró y su pretensión era irse, pero el capitán empezó a salir a flote.

Éste estaba sin camisa alguna, yendo hacia ella.

O más bien hacia el libro.

Mikasa se dio cuenta de que estaba aguantando la respiración:

–Eres la única que se atreve a coger las bananas. –Le comentó una vez estuvo frente a ella.

Los ojos de Mikasa le miraron de arriba abajo, incapaz de controlar los movimientos:

–Sí… están en un punto bastante alto y de difícil acceso. –Le explicó notando la arena salpicarle las piernas debido a una súbita brisa.

Levi se arregló el cabello, y se puso la camisa que estaba al lado del libro.

Mikasa no se había percatado de ella hasta ahora:

–Dime Ackerman, ¿te sientes suficientemente valorada en el grupo?. –Levi sonrió de medio lado al notar lo confusa que estaba la chica. –Ándate con cuidado, podrías ser la siguiente por la que vayan.

Por alguna razón, Mikasa se sintió insultada:

–Gracias por el consejo, Levi. Pero no permitiré que la cosa llegue nunca tan lejos.

Y empezó a alejarse de él.

No había habido ningún capitán en la frase; Levi se preguntó si fue por insubordinación o por confianza. Gotas de agua resbalaron por su cara mientras la veía irse.

Siempre tan fuerte y decidida… también distante.

Desde que supo de su existencia tuvo curiosidad. A fin de cuentas, ellos eran los único Ackerman vivos. Hubiese sido bueno para los dos que ambos hubieran tenido una personalidad diferente, que se hubiesen familiarizado el uno con el otro, y que de cierta manera mantuviesen una relación más estrecha.

Pero se parecían demasiado.


Horas más tarde, Levi se encontraba camino a sus escasas pertenencias cuando escuchó un sonido que venía de la misma dirección hacia donde se dirigía.

Enseguida, vio a uno de los chicos que habían insistido en que votaran contra sus ordenes el día anterior rebuscar entre sus cosas.

El chico se volvió enseguida hacia él.

Levi endureció la expresión viendo como el chico en vez de estar avergonzado, le desafiaba con la mirada:

–¿Qué se supone que estás haciendo, mocoso?.

Y hasta ese punto había llegado la situación, ya no solo no le querían respetar las ordenes, seguirlas y convivir con él sino que ahora también consideraban que tenían que dejarlo sin nada.

Levi no vio otra solución que la de estampar la cabeza del chico contra su pie de una patada.

Esto era una batalla de alfas.


La media tarde llegó y el capitán Levi fue visitado por un aireado Jean que se le acercó con paso veloz:

–Capitán, no era necesario llegar hasta esos extremos. ¡Es un chico de dieciséis años! Ni siquiera sabe lo que hace.

Levi arqueó las cejas sorprendido, por lo menos Jean seguía respetando su rango:

–No, no lo sabía. –Jean arrugó la frente nervioso, parecía que no sabía cómo llevar la situación lo cual dio pie a que Levi se sintiese más cómodo. –Nunca hay que rebasar ciertas líneas, si lo hacemos, ¿dónde queda el respeto?.

–No puede haber respeto alguno si usted va partiendo la cara de cualquier chico estúpido que actúa sin pensar.

El capitán hizo una mueca, y se levantó de donde estaba sentado:

–Si hubiéramos actuado de esa forma contra los titanes, estaríamos muertos hace bastante tiempo.

Jean soltó un aire que tenía contenido en el pecho y tragó saliva.

Esto estaba siendo muy difícil:

–No. –Negó mirando a Levi quien también le estaba mirando a él. –Pero ahora mismo ese es el pasado. –Levi soltó un bufido y se cruzó de brazos. –Levi, tenemos que estar unidos para poder salir de aquí, es lo que todos queremos.

Levi.

Ya no había capitán en la frase:

–No estoy tan seguro de eso, Kirschtein. Ahora mismo, mientras tu y yo hablamos, a esos mocosos se les pone dura trazando el siguiente plan contra mí.

La cara de Jean pasó a ser del color de la bufanda de Mikasa. Era la primera vez que Levi hablaba de esa forma con él.

–¿Qué está pasando aquí?.

Los dos se volvieron hacia Mikasa, que se había acercado de forma silenciosa.

La silenciosa batalla de miradas cesó cuando Jean decidió retirarse.

Levi miró al chico alejarse e inmediatamente después a Mikasa, quien tenía una expresión dura en el rostro.


–Hablaré con él. –Le dijo Mikasa a Jean una vez el chico dejó de caminar sin rumbo alguno, con las manos en los bolsillos y una expresión de circunstancias.

Le habían puesto en medio, e ir en contra de los cadetes era un suicidio al igual que ir en contra de Levi.

Jean respetaba al capitán, pero no estaba de acuerdo con sus métodos. Por lo menos no con los métodos que había usado desde que llegaron allí.

El chico miró a Mikasa:

–¿Qué te hace pensar que te va a escuchar?.

Mikasa miró al horizonte y después a Jean:

–Lo hará… –Le contestó de forma enigmática.

Jean acortó la distancia entre ambos, apreciando el movimiento del cabello de la chica que se mecía suavemente ante la brisa marina:

–Sigo sin estar convencido, Mikasa.

–Somos Ackermans, Jean. –Jean enarcó las cejas. –Hay una conexión ahí.

Jean sonrió de forma irónica ante las palabras de Mikasa:

–Una conexión familiar, ¿te refieres?. –Le preguntó.

Ella asintió volviendo a desviar la vista de él.

Desde que conoció a Levi allá en el juicio contra Eren, lo notó.

Debía ser en parte porque su línea de sangre era especial.

Y ellos eran los últimos Ackerman.

Había algo que estaba ahí.

Mikasa no podía seguir haciendo caso omiso de ello. No ahora que Eren no estaba a su lado, los titanes no existían en esa isla y la vida de Levi parecía estar en cierto peligro.


Mikasa encontró a Levi no muy lejos de donde lo había dejado yendo detrás de Jean.

Éste estaba cortando un tronco de árbol con la hoja de espada que le había cogido a Connie. El sudor corría por su rostro y sus manos tenían cogida con fuerza la hoja de la espada.

Mikasa no esperó, fue directa al grano:

–Jean no es el enemigo. –Levi dejó de cortar trozos de árbol para volverse a mirarla. –Al igual que el resto de chicos.

La voz de ella sonó dura:

–Oh ya veo, eres el conejito de indias que han mandado a convencerme. –Levi sonrió sardónicamente ante la expresión de la chica. –Puedes volver a tu madriguera, decirles que me has convencido de lo que mierda pretendías, y seguir con tu vida. No diré nada.

Levi usó el mismo tono de voz duro.

–¿Quién es el más mocoso ahora, Levi?.

Levi se volvió como si le hubiesen azotado, Mikasa le reprendía con la mirada:

–¿De qué cojones estás hablando?.

No le habían llamado mocoso desde… desde que su tío murió a sus manos

Un torrente de recuerdos invadió su mente enfureciéndolo.

–No lo creo.

Levi frunció el ceño:

–¿El qué?.

Mikasa suspiró adoptando una posición más cómoda:

–La actitud. No eres así en realidad.

La cara de su tío muriendo, el cuerpo de su madre ya fallecida, el sonido de y el olor a sexo de las habitaciones contiguas a la suya en el prostíbulo… todo eso era lo que estaba en la mente de Levi en ese momento.

En un abrir y cerrar de ojos tiró al suelo la hoja de espada, se secó con una mano el sudor de la cara y se acercó a la chica con pasos raudos.

Mikasa cambió la postura, y se preparó quizás para una pelea.

–No tienes ni idea de cómo soy en realidad, Mikasa. La que está sobreactuando ahora eres tu.

Estaban cerca. Muy cerca. Mikasa podía apreciar pequeñas motitas verdes en los ojos azul oscuro de Levi. Éstos estaban cubiertos por pestañas largas y definidas. Sus labios estaban ligeramente separados permitiéndole respirar:

–Te he visto, sabes, con ese trozo de papel. –La expresión de Levi dejó de ser tan fría. –Hay algo escrito en el que significa mucho para ti. Tu cara se transforma cada vez que lo lees…

Ahora el tema se había tornado a uno más personal.

Y eso fue lo que molestó más a Levi.

En un segundo la mano de Levi alcanzó el trozo de papel dentro de sus pantalones y se lo tendió a Mikasa. En su rostro no había rastro de emoción.

Daba hasta miedo.

Mikasa tensó todos los músculos de su cuerpo, quizás había ido demasiado lejos:

–¿Crees que me entiendes tan bien?, léelo.

La chica reacia a coger el papel lo miró con distancia, la piel nívea de Levi se había tornado de un color más oscuro al igual que sus ojos.

Y Levi cogió ambas manos de la chica utilizando una fuerza que sorprendió a Mikasa y la obligó a coger el trozo de papel:

–En voz alta. –le ordenó.

Mikasa deseo poner distancia física entre ambos. Desplegó el papel y comenzó a leer:

Querido señor, usted no sabe quién soy pero yo si sé quién es usted y sé lo que has hecho. Obligó a mi madre a tener sexo con usted y después le robó las pocas cosas que tenía, dejándola sin nada, poco tiempo después ella murió. No tengo nada, ni siquiera algo que me recuerde a ella, usted me lo arrebató todo

Mikasa paró de leer, un sabor metálico se posó en su boca.

–No pares ahora, sigue. –La voz de Levi seguía siendo igual de autoritaria.

La chica no pudo mirarle, así que simplemente siguió leyendo:

Solamente sé su apellido, y uno de estos días le voy a buscar y lo voy a encontrar y entonces le daré esta carta para que así recuerde lo que me ha hecho. Mato a mi madre, ella era lo único que tenía en este mundo. –Acabó de leer Mikasa, intentando no arrugar el papel entre sus manos.

Mikasa no podía enfrentar la mirada de Levi.

Era demasiado para ella.

Levi por su parte le quitó el papel de las manos y se lo guardó cuidadosamente en el pantalón:

–Nunca más vuelvas a juzgarme, Mikasa Ackerman. Mi mundo no ha sido un jodido cuento de hadas, no pienso permitir que se me quite la autoridad así porque sí.

Cuando él se alejó de ella, Mikasa respiró profundamente atreviéndose a mirarlo de nuevo.


La noche llegó; y Levi fue asaltado por un grupo de cadetes jóvenes que se reunieron a su alrededor como si de depredadores se tratase acechando a su presa.

Levi recibió un puñetazo que le partió el labio inferior de uno de ellos.

Su cuerpo tocó la arena de la playa mientras se reunían a su alrededor más personas:

–Era cuestión de tiempo. –Dijo limpiándose la sangre de la boca. – Esto demuestra que no sois tan cobardes. –Les espetó.

Otro chico le dio otro puñetazo en la cara una vez se había levantado del suelo.

Levi volvió a caer.

Escupió la sangre que se le acumulaba en la boca:

–No tan duro… no. –Siguió burlándose de los jóvenes cadetes mientras ellos decidían quién iba ser el siguiente en pegarle.

Levi no quería luchar contra ellos.

No quería herirles.

No eran ningún reto para él.

Sin embargo no aventuró que uno de ellos se acercaría por la espalda y le golpearía la cabeza con un tronco de árbol dejándole inconsciente.

Lo siguiente que supo Levi es que estaba amaneciendo, y que estaba sentado de forma incómoda a los pies de un árbol de gran tamaño. Casi del mismo tamaño que los que encontrabas en el bosque de árboles gigantes.

Y estaba atado.

Lo habían atado con unas cadenas.

Levi se preguntó de dónde cojones habrían sacado las cadenas.

Avistó movimiento, tres chicos se acercaron hasta él. Uno de ellos con remordimientos, se podía ver en su cara:

–Te dimos la oportunidad, Levi. Dejamos claro que no queríamos seguir bajo las órdenes de nadie, y aún así tu seguías insistiendo. Si he de ser sincero, nunca vi por qué eras tan importante en el cuerpo. Eres simplemente un hombre bajito y gruñón, nada que destacar.

Levi los observaba, examinando a cada uno de los tres.

Quizás pudiese hacer algo con el que mostraba claros remordimientos, sin embargo los otros dos eran un problema del tamaño de un puto titán.

–Y decidme, ¿quién ha sido el que ha tenido las agallas para planear esto?. –La voz de Levi sonaba peligrosa.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de los tres chicos, que se miraron entre sí. Entonces el que estaba más próximo a Levi le dio una patada en las costillas.

Levi soltó un sonido gutural, la cabeza se le había ido hacia delante momentáneamente. Le costaba enfocar la mirada.

La parte izquierda de su torso ardía:

–No tiene porque ser así. –Dijo el que estaba arrepentido.

La mirada de Levi volvió a alzarse:

–Sí, tiene que ser así. –Decidió preparándose para otro golpe.

Pero en vez de seguir golpeándolo, el que estaba justo en el medio chasqueó la lengua:

–Quizás perder un ojo te haga suavizar esa lengua.

Levi mostró su mejor sonrisa sardónica. Los dientes los tenía llenos de sangre:

–Eres un verdadero cliché.

La palabra cliché claramente quería venir a significar otra cosa más ofensiva.

Otra patada en las costillas le robó el aliento a Levi.

Antes de que pudiese volver a alzar la cabeza, vio como dos de los chicos habían caído inconscientes al suelo.

El otro salió corriendo.

Mikasa se encontraba allí, desde la distancia Levi pudo ver que tenía la piel de sus puños estaba enrojecida tras haber noqueado a esos dos idiotas.

Levi sintió algo parecido al alivio por primera vez en muchos días:

–Incluso cuando eres un cretino muchas veces, esto es demasiado. –Determinó Mikasa manteniendo la distancia.

Ambos se miraban.

Había algo emocional entre los dos en ese momento. Pero ninguno de ellos quería saber de qué se trataba:

–Necesito ayudar. –Le dijo con un tono que daba a entender algo obvio hasta al más tonto del pueblo.

La chica quien lo estaba examinando, casi penetrando con la mirada asintió.

Cuando la tuvo enfrente, ella se agachó y observó la cadena de metal que lo tenía atado al árbol:

–No tengo nada con lo que…

–Usa la fuerza. –Mikasa giró el cuerpo hasta tenerlo en su campo de visión de nuevo. –Eres una Ackerman, –De nuevo ese algo especial estaba alrededor. –puedes hacerlo.

Mikasa no quiso decir nada, sabía a lo que se refería Levi.

Flashes de una pequeña Mikasa atacando al bandido que la había secuestrado y estaba intentando matar a Eren, acudieron a su mente.

Dispuso las manos a ambos lados de la cadena, y tiró.

Tiro usando toda su fuerza.

Y aunque en el fondo hubiese dudado un instante de si podría hacerlo. Lo hizo.

Levi quedó libre.

La respiración de los dos fue lo que se escuchó en los siguientes instantes. Hasta que Mikasa volvió estar enfrente de Levi, quien se tocaba ambas muñecas dolorido.

Mikasa se arrodilló quedando a la misma altura que él. Y de nuevo pudo apreciar pequeñas motitas verdes en los ojos azul del hombre:

–¿Qué es lo siguiente que va a pasar, Levi?. –Llamar al capitán por su nombre era una costumbre que Mikasa había decidido adquirir.

A él no le molestaba viniendo de ella.

La veía como una igual. La chica que valía más que cien soldados juntos:

–Lo siguiente será evitar que vuelvan a atacarme, o a Pixis. Aunque por alguna razón, el viejo está siendo más respetado que yo… quizás es la edad, que lo ha ablandado.

Levi intentó ser irónico. Pero Mikasa permanecía seria, sin dejar de mirarle a los ojos:

–Tienes sangre en toda la cara. –Fue lo único que comentó la chica.

Levi amplió la sonrisa llevándose las manos a la cara, que, efectivamente estaba llena de sangre:

–No es la primera vez.

–¿Es la primera vez que unos soldados se vuelven en tu contra?.

La pregunta de la chica lo sorprendió. Levi dejó de sonreír:

–Sí. –La pregunta de Mikasa hizo algo en Levi, su tono de voz dejó de ser irónica. La sonrisa totalmente desaparecida de su boca, y su mirada era ahora más intensa.

Por alguna razón a Mikasa no le molestaba ese tipo de mirada.

Por alguna razón ella se acercó un poco más a él. Sus narices casi se rozaron. La chica sentía curiosidad por evaluarlo, por conocer qué había detrás de esa máscara fría que tenía siempre puesta el capitán Levi. También, quería sentirse unida a alguien en cierta manera ya que extrañaba a Eren demasiado.

Levi era un Ackerman como ella.

Los Ackerman eran muy especiales, y así se sentía entre ambos.

El aliento cálido de Mikasa bañaba la cara de Levi, la simetría de su cara se veía rota por la cicatriz en la mejilla. Aún así, era muy atractiva.

Levi se preguntó si todas las mujeres de la línea familiar Ackerman habían resultado ser tan bonitas.

Su madre lo había sido.

Lo siguiente que Levi notó fue una de las manos de Mikasa en el bolsillo donde tenía guardada la carta, y antes de que pudiese hacer algo al respecto ella ya la tenía en la mano.

También la guardó, doblándola con cuidado, en su propio pantalón.

La intensidad de la mirada entre ambos podría haber empezado un fuego si así se hubiera necesitado.

Cuando Levi se dio cuenta, la silueta de Mikasa ya se perdía entre la vegetación.


Horas más tarde, Levi abrió los ojos; el cuerpo le dolía como su hubiese peleado contra un titán. Se había quedado dormido nada más llegar al lugar donde normalmente intentaba descansar.

Era la primera vez que podía dormir más de tres horas en esa isla.

Lo agradeció.

–Hola. –Le dio la bienvenida la voz de Mikasa.

Levi giró la cabeza para mirarla, un latigazo le recorrió las cervicales. Pero no mostró dolor alguno. La chica estaba sentada cerca de donde él estaba, en sus manos estaba la carta.

–… hola. –Le contestó de vuelta sin poder dejar de mirar el trozo de papel.

Mikasa le devolvió la carta dejándosela en el pecho:

–He vuelto a leerlo una y otra vez. –Le dijo con un tono de voz suave. –He perdido la cuenta.

Levi guardó la carta rápidamente en su pantalón:

–¿Qué quieres decir con todo esto?.

Mikasa había esperado que terminara la pregunta con un insulto, pero no lo hizo:

–Quiero saber por qué me has hecho leerla. Por qué a mí. –Le contestó girando levemente el cuerpo hasta quedar de nuevo, enfrente de él.

Levi trago una saliva pastosa:

–No tiene importancia…

–Sí. Para mí sí. –La conexión que había habido antes entre ellos, se volvió a crear. –Sabes, pienso que esta carta no te fue enviada a ti, sino que tu escribiste esta carta. –El corazón del hombre dio un vuelco. –Por la caligrafía se nota que era un niño pequeño, seis, quizá siete años. –Mikasa suspiró, había un toque de vulnerabilidad en ella que era nuevo. –En el fondo, querías que fuese yo quien leyera la carta porque, necesitas volver a tener relación con otro Ackerman.

El momento se sentía muy íntimo. Por primera vez Levi sentía que podía abrir su corazón ante ella, porque sí, tenía razón en lo que había dicho. Él añoraba tener algún tipo de contacto con otro integrante de su familia.

Quizás ella no fuera un familiar de lazo directo, pero eso le importaba una mierda ya que no era el único Ackerman en el mundo.

Levi se aclaró la garganta, y fue todo lo sincero que pudo con ella:
–Pasaron días desde que mi madre murió y me encontró Kenny, no podía abandonar a mi madre, así que permanecí con su cadáver todo el tiempo que ese viejo loco tardó en llegar. –Mikasa sintió un vaivén de emociones en ese momento, mientras Levi se abría totalmente a ella. –Convivir con Kenny no fue fácil, pero él fue quien me enseñó muchas cosas, le debo bastante supongo, un día me abandonó sin razón aparente y tuve que buscarme la vida hasta que Erwin me dio caza y acabé donde estoy ahora…

Mikasa sabía gran parte de la historia entre Kenny Ackerman y Levi gracias a que un día él mismo se lo había comentado por encima. Pero nunca había mencionado a su madre.

Algo acerca de Levi la hacía identificarse a si misma con él.

Empática y vulnerable Mikasa podía apreciar que ese momento era el más real de los que había tenido en la isla desde que llegaron allí.

Eran personas bastante similares, con experiencias parecidas y con un futuro afín.

Y tras haber noqueado a dos de los tres chicos que estaban torturando a Levi, Mikasa no pudo más que pensar que quizá ella sería la siguiente que verían como enemiga.