Un sonido la despertó, enfocó la vista en un punto infinito intentando acostumbrarse a la oscuridad. El mismo sonido volvió a escucharse, Christa se incorporó como un resorte. El pelo se le echó a la cara y lo tuvo que recoger detrás de las orejas.
No había nadie alrededor, aún así, seguía oyendo ese extraño sonido.
La chica analizó la situación, y decidió que no iba a permitir que lo que fuese le volviese a molestar la fase rem por lo que se levantó y ando directa hacia el sonido.
Christa pensó que quizás se había precipitado yendo sola cuando se vio en medio de la selva, no obstante el ruido de unos pasos le aceleró el corazón. La rubia se detuvo, aclaró la garganta:
–¿Hola?. –Preguntó a la oscuridad.
Los mismos pasos echaron a correr, y Christa se encogió un poco desde su posición, asustada, notando como el sudor impregnaba su cuerpo.
Minutos después sus piernas se movieron solas, sin esperar orden alguna del cerebro.
Christa caminó hasta descubrir una silueta blanca a lo lejos.
–¿Hola?. –Volvió a repetir, notando el vello de los antebrazos erizársele.
No hubo respuesta alguna, por lo que Christa volvió a caminar esa vez directa a la silueta blanca, que se convirtió en un mueble, y el mueble dio paso a una cuna blanca.
Trago saliva nerviosa.
¿Qué significaba eso?. Nadie allí excepto Levi sabía que estaba embarazada. A veces incluso a ella misma se le olvidaba.
Entonces el llanto de un pequeño bebé le hizo soltar todo el aire que tenía retenido, con las manos temblorosas quitó la mantita que parecía tapar el cuerpo de ese infante, y gritó con todas sus fuerzas.
Notando como se desgarraba la garganta.
Christa despertó gritando con la misma fuerza que en la pesadilla, enseguida, tuvo a varias personas alrededor. Una de ellas Sasha, quien corrió hasta arrodillarse a su lado.
–¡Christa!, tranquila. –La intentó calmar.
Pero la chica no podía.
Simplemente no podía.
El cuerpo masacrado de ese bebé regresaba a su cabeza, hiriéndole de una forma que nada lo había hecho nunca:
–¡Ha sido un sueño, Christa!. –La voz de Connie salió de entre el mogollón de cabezas que se había reunido alrededor de ella.
Entonces, Christa dejó de gritar para empezar a llorar.
No quedaba rastro de sangre en sus manos, Mikasa la había limpiado bien y ahora le estaba untando un poco de aloe vera que había encontrado en una de sus incursiones a la selva profunda de la isla.
Christa se había hincado las uñas con tanta fiereza en las palmas de sus manos, que se había hecho un destrozo. Por suerte Mikasa no preguntó nada, simplemente le curó las manos, cosa que agradeció Christa porque no tenía ganas de hablar sobre lo que había significado esa pesadilla.
No quería pensar que fuera un preludio.
–Gracias.– Le agradeció una vez se vio con ambas manos limpias, curadas y vendadas con unos trozos de una camiseta.
–Ten. –Le dijo la voz de Sasha, apareciendo de la nada, con tres mangos de tamaño medio en los brazos. –No has comido nada desde la mañana.
Christa le dedicó su mejor sonrisa, y recibió el mango con humildad. Mikasa rechazó el que Sasha le ofrecía, y ésta se encogió de hombros y se dispuso a comerse los dos ella sola.
–Entonces, ¿qué te ha pasado?. –Le preguntó Sasha mientras pelaba uno de los mangos. –Sé que has tenido un sueño, pero, supongo que no ha sido sobre unicornios, ¿verdad?.
Christa notó el grado de preocupación en la voz de su amiga. De nuevo, se sintió agradecida:
–No, yo… –No sabía como poner una palabra detrás de la otra. –Es estrés.
Sasha se volvió a mirar a Christa con la boca llena de mango, pequeñas gotitas del fruto corrían por sus comisuras:
–Caminar es bueno para manejar el estrés. –Dijo Mikasa llamando la atención de las dos.
Christa asintió, y empezó a comerse su mango, más por necesidad que por deseo, llenándose la boca del fruto y así impidiendo seguir con la conversación.
El toque del mar en la piel mientras la arena iba hundiendo lentamente sus pies era relajante. Mikasa había notado a Christa muy nerviosa, hasta atemorizada, y precisamente por ello no había querido presionarla para que le contase qué había sucedido en ese sueño que le había hecho agredirse a sí misma.
Cuando llegara el momento, la propia Christa se lo diría a ella y al resto. Simplemente debía esperar:
–Vaya, esta es la primera vez que te veo sin hacer nada a estar hora, Mikasa.
La chica recibió con una pequeña sonrisa a Jean que le sonrió de vuelta.
–Estoy haciendo algo.
Jean se acercó poniéndose a su lado. El chico le sacaba dos cabezas enteras a la chica, aún así estaba seguro que en un segundo ella sería capaz de tumbarlo si fuese necesario.
–¿Enserio?. –Le preguntó, casi accediendo a ese juego.
Mikasa asintió, y señaló sus pies:
–Me estoy hundiendo. –Jean debió de formar una expresión graciosa porque Mikasa amplió la sonrisa de su boca. –Cuando el agua se devuelve hacia dentro, la arena traga un poco más mis pies… –La chica observó lo atento que estaba el chico, era como si estuviera memorizándola. Mikasa quiso compartir algo con él, algo nuevo. –Mí madre me lo enseñó.
"Oh" fue lo único que salió de la boca del chico. Era la primera vez que escuchaba a Mikasa referirse a su madre, o al menos era la primera vez que le había dicho algo sobre ella a él.
Notó la sangre acumularse en sus mejillas, mientras la brisa del mar volaba mechones del pelo de Mikasa adelante y atrás.
–Deberías probarlo, es relajante.
Jean seguramente tendría una expresión de bobo en el rostro, él mismo se lo notaba pero no podía evitarlo. Mikasa le gustaba demasiado:
–He oído que Christa se ha despertado gritando… –Mikasa dejó de sonreír, asintió ante el comentario del chico y este prosiguió. –¿Qué crees que le haya pasado?.
El olor a salitre empezó a hacerse demasiado intenso, entonces Mikasa sacó los pies del pequeño agujero que la arena había creado alrededor.
–No lo sé. –Le contestó, y se secó los pies con la misma camiseta que había roto para vendar las manos de Christa.
Jean dio un par de pasos hacia atrás, volviendo a estar a su lado:
–Es que, con todo esto que nos está pasando… no puedo ni imaginarme lo difícil que estará siendo manejar lo políticamente correcto sin la monarca allá de vuelta.
Mikasa se calzó las botas, y se levantó sacudiéndose la arena de los pantalones:
–¿Lo políticamente correcto?.
Jean se encogió de hombros:
–Bueno, sí, no sé, nunca le he preguntado a Christa que es lo que hace como reina.
Mikasa examinó la expresión del chico de cerca, unas ligeras pecas se habían creado en sus mejillas debido a las ligeras quemaduras que el sol había infringido en su piel:
–Cosas igual de importantes que las nuestras.
Jean arqueó las cejas mostrándose contrariado:
–Matar titanes es bastante más complicado que manejar un reino, Mikasa.
La chica volvió a sonreír:
–Puede, pero que Christa no te oiga decir eso. –Le indicó.
–De pequeño solía tener una pesadilla en donde se me caían todos los dientes y por alguna razón dejaba de poderme mover. –La voz del capitán Levi sacó de su ensimismamiento a Christa.
La chica se había internado sola en la jungla, deseando poner en orden sus pensamientos en solitario.
Levi se acercó hasta donde estaba sentada, y se sentó él también:
–Así que, todo el mundo lo sabe. –Dijo la chica.
Él entrecerró los ojos, enfocando mejor el rostro de la rubia:
–Es difícil mantener un secreto con tanta gente alrededor, más si te despiertas gritando y con las manos ensangrentadas. –Le dijo apreciando lo bien vendadas que tenía ambas manos.
–Estoy bien, capitán Levi. –Le aseguró, aunque por su tono de voz no fue capaz de convencerle. –Es solo que… –Christa admiró el paisaje de alrededor. – no paro de darle vueltas a cómo podemos pelear desde aquí dentro para salir de aquí.
A Levi le gustó comprobar como la chica estaba bien dispuesta a pelear para salir de allí:
–Eres la única de aquí que conoce a esos… Yamauba. –Pronunció el nombre del clan de brujos con asco. –Si alguien puede averiguarlo, eres tu.
Christa asintió con una expresión decidida:
–Lo voy a hacer, encontraré cómo sacarnos de aquí y enviar a esa gente al infierno. –Le aseguró con el tono de voz de la reina.
Levi le sonrió más que complacido.
Horas más tarde, Levi se encontraba doblando las piezas de ropa que le había dado Christa días atrás, cuando encontró su rostro viniendo hacia él.
La rubia se había vuelto a trenzar el pelo, y no estaba tan pálida como antes. Tenía mejor aspecto, un aspecto decidido.
Dale a una persona una razón, y dejará de lado todo lo que no le sirva para centrarse en la misión.
Eso era lo que le pasaba a Christa:
–Capitán, he pensado que deberíamos hacer una lista de todas las personas que estamos aquí. Conocernos mejor, saber con quienes estamos. –Christa miró a los demás que estaban en sus quehaceres. –Si soy sincera no conozco a más de la mitad.
Levi dejó a un lado la ropa, y asintió con la cabeza dándole la razón a Christa:
–No puedo serte de ayuda en eso ahora mismo, Historia. –Christa se sorprendió al escuchar su verdadero nombre, habían pasado muchos días desde que alguien la hubiera llamado por ese nombre. –En este momento las cosas están delicadas entre ellos y yo.
Christa frunció el ceño:
–Si esto tiene que ver por la estúpida actuación de tres niños, ¡se acaba ahora!. –Sentenció encaminándose hacia toda la multitud que estaba alejada de donde ellos dos se encontraban debido a que Levi había escogido asentarse bastante distante del resto.
–Las cosas volverán a la normalidad por sí solas, –Christa quien se había parado en seco al escuchar a Levi hablarle de nuevo, lo miró. –debes centrarte en la lista que quieres hacer de todos nosotros. Es una buena idea. Después, no estaría demás que intentases recordar toda la historia sobre los… Yamauba, debe haber alguna forma de derrotar este hechizo. Estoy seguro.
Christa no pudo más que asentir. Había estado, y seguía estando, dispuesta a utilizar su título de monarca para poner orden en la isla. Incluso si eso significaba usar la fuerza; sin embargo Levi parecía seguro de lo que decía.
Lo respetó, y con un movimiento de cabeza con el que le dijo adiós, se alejó de él empezando a buscar en el templo de la memoria de su cabeza toda la historia que había leído acerca del clan de brujos.
–Quizás no hubiera sido mala idea que Christa se hubiese encargado de poner en su sitio a los demás, Levi. –Mikasa apareció con los brazos cruzados sobre el pecho y el pelo suelto y ondeante.
Levi le sonrió, y ambos se quedaron enfrente el uno del otro. Mirándose. Recordando lo íntimo que se sintió el día anterior el estar cerca el uno del otro, la conexión que se había creado entre los dos, parecía seguir intacta.
Eso a Levi le gustó:
–No me gusta utilizar a la gente para conseguir mis propios fines.
Mikasa le sonrió de vuelta:
–Es una lastima que muy pocos tengan esa integridad. ¿Ó debería llamarlo amor propio?.
Levi amplió la sonrisa:
–Quizás…
A lo lejos Sasha y Pixis trajeron lo que parecía unos conejos y un jabalí.
La mayoría se congregó ante ellos.
Mikasa dejó de mirarles para volver sus ojos a Levi, quien no había dejado de observarla desde que llegó:
–A lo mejor yo podría sacudir unas cuantas cabezas y hacerles cambiar de opinión.
Por el tono de voz de la chica, Levi sabía que estaba bromeando hasta cierto punto.
–Gracias por el ofrecimiento, pero voy a dejarlo pasar.
Mikasa se encogió de hombros:
–Si cambias de opinión ya sabes dónde encontrarme.
Levi asintió contemplando como la bufanda burdeos de la chica estaba prácticamente desatada, bailando en sus hombros. Por el calor que hacía en esa isla, llevar semejante prenda no debía de sentirse muy práctico.
Aún así, Mikasa no la dejaba apartada nunca:
–Todavía no soy una doncella en apuros. –Le contestó con cierto tono sobrio.
Se siguieron mirando unos instantes más, ajenos a todo lo que ocurría a su alrededor, hasta que Mikasa rompió el contacto con la mirada de él, y se acercó hasta el resto de personas en la otra punta de la playa, siendo seguida por los ojos de Levi.
Christa empezó al día siguiente a tomar el nombre de cada persona que paraba y preguntaba, la edad y a qué escuadrón pertenecía. Todo en una pequeña libreta que había encontrado de paso junto con un lápiz.
La mayoría de las personas fueron amables y le dieron toda la información que pedía sin preguntarle el por qué, pero no todo el mundo estaba por la labor:
–¿Por qué quieres saber cómo me llamo?. –Le preguntó con voz de mala pulgas un chico que no tendría más de dieciséis años y tenía la nariz hinchada, deformándole la cara.
Christa arqueó las cejas:
–No es de tu incumbencia. Dime tú nombre, el escuadrón al que perteneces y tu edad.
El chico joven bufó, y se negó en redondo. Christa suspiró cansada, por alguna razón había querido pensar que todos colaborarían:
–No me obligues a castigarte. –Le amenazó la rubia, sintiéndose un poco estúpida ya que el chico aún siendo mucho más joven que ella, le sacaba una cabeza y tenía más músculos que ella. –Puedo hacerlo, soy la reina.
–Más bien eras la reina. Ahora no eres más que una enana aburrida.
Un flash, y la mano de Christa impactó en la mejilla del chico que debido a tener la nariz rota soltó un grito de dolor llamando la atención de los que estaban más cerca.
Por el rabillo del ojo, la rubia vislumbró a Jean acercarse con una cara de circunstancias, seguido de Pixis y Connie quien ese día ya no cojeaba:
–Se puede saber qué está pasando aquí. –Jean se dirigió más al chico que a Christa, quien todavía tenía la mano alzada en el aire.
La bajó:
–Estoy buscando la forma en que este chico colabore con una buena causa. –Le explicó la chica a Jean, que se volvió a mirarla.
El chico dejó de tocarse la cara para mirar con odio a Christa:
–La reina necesita guardaespaldas, ¡cómo no!.
Antes de que Christa le contestara, el chico había caído al suelo, golpeándose la cabeza bruscamente.
Pixis lo había derribado de una patada en las rodillas.
El viejo estaba en buena forma.
–Te lavaras la boca antes de hablar de ese modo a nuestra reina, muchacho. –Le advirtió Pixis al muchacho que lo miraba desde el suelo asustado.
Tras conseguir los datos de ese chico, Christa agradeció la intervención de Connie, Jean y Pixis. Aunque en el fondo le hubiese gustado manejar ella sola la situación. Desde que había aceptado el cargo de reina, echaba de menos estar en batalla al igual que sus compañeros.
La adrenalina era una droga adictiva decían; y tenían razón.
–¿Para qué estás preguntando todas esas cosas, Christa?. –Le preguntó Connie acercándose a mirar la libreta.
–Es una forma de controlar quiénes estamos aquí, y de qué escuadrón venimos. –La rubia suspiró guardando la libreta en uno de sus bolsillos junto con el lápiz. –Quiero encontrar la manera de intentar salir de aquí como sea, he hablado con el capitán Levi y me ha sugerido que es posible que la respuesta se halle en el libro de donde saqué la información sobre los Yamauba. –Los ojos de los tres estaban puestos en ella, sin pestañear. –El problema es que no he podido recordar gran cosa. Es decepcionante.
Christa hundió los hombros pareciendo más bajita de lo que era.
Connie le puso una mano en el hombro animándola, y ella le sonrió:
–Date un poco más de tiempo. Confío en ti, todos lo hacemos. ¿Verdad, Jean?.
Jean también sonrió. Sin embargo quien parecía un poco contrariado era Pixis quien desvió la mirada hacia la espalda del chico joven que se había sido tan desagradable con Christa:
–Hay algo extraño… –Susurró más para si mismo que para los otros.
–¿El qué, general?. –Le preguntó Jean.
Éste los miró nuevamente, y la enigmática expresión de su rostro fue sustituida por una amable:
–No me hagáis mucho caso, son cosas de viejos.
Y sin más, se alejó de ellos dejándolos con más dudas que respuestas.
Levi se encontraba sentado frente a la pequeña hoguera que él mismo se había hecho, solo, terminando de comer el conejo que le había dado Sasha tras cocinarlo.
Echaba de menos más variedad de comida. Vino. Té.
Oh, el té.
Era lo que más añoraba.
–Capitán Levi, tenemos que hablar.
Levi se giró encontrando a Pixis a su espalda, éste se estaba terminando de atar sus armas a la cintura. Levi dejó de comer, preparándose para lo que el viejo iba a decirle:
–¿Qué ha pasado?.
–Historia ha ido recolectando la información que le has pedido. –Levi arqueó las cejas. –Pero, hay algo que no tiene sentido. Más bien alguien.
–¿A qué te refieres, viejo?. ¿Es esta la manera en que tu estómago hace la digestión?.
Pixis hizo caso omiso del comentario de Levi:
–Hay uno de los chicos que no formaba parte de nosotros, Levi. No sé de dónde es, pero no ha venido con nosotros.
Levi estuvo enseguida de pie, cogió la hoja de espada y miró a Pixis dispuesto a hacer lo que fuese:
–Lidera el camino, viejo. Por tu expresión sé que sabes dónde está el mocoso.
Ambos estaban preparados, pero no pudieron empezar a buscar a nadie porque Sasha se les acercó corriendo, con una expresión asustada en el rostro:
–¡Capitán, general!. –Levi y Pixis permitieron que Sasha cogiese un poco de aire nada más alcanzarlos. –Es Christa, la hemos oído gritar y ha desaparecido. No la encontramos por ninguna parte y… hay rastros de sangre en el comienzo de la jungla. –Los ojos de Sasha eran el vivo reflejo de la preocupación. –Parece que alguien ha secuestrado a Christa.
Reunir un equipo de búsqueda fue rápido.
Pixis tuvo en su grupo a Mikasa y Connie. Mientras que Levi tenía a Jean y Sasha junto con otros más.
El grupo de Pixis fue al norte, y el grupo de Levi al sur.
–Quién habrá sido el malnacido que ha tomado a Christa. –Murmuró Connie a Mikasa una vez se internaron en la inmensidad de la jungla.
–Tengo la sensación que ha sido alguien que no comparte nuestros ideales, Connie.
El cabeza huevo la miró intentando entender sus palabras. Pixis paró el grupo alzando una mano, señaló con la misma a un sitio específico en donde encontraron sangre esparcida entre las ramas de la vegetación:
–¿De Christa?. –Preguntó uno de los integrantes del grupo.
Pixis quien no estaba muy seguro de si se trataba de la sangre de la reina, o de la de algún animal herido, siguió adelante con paso rápido:
–Puede ser de Historia, o de algún otro animal que haya sido cazado. –Le dijo al resto que lo seguía muy de cerca.
Los cinco sentidos de Mikasa estaban puestos a su alrededor, deseando poder tener un oído más fino para encontrar más rápido a Christa.
De alguna forma, se sentía culpable de la desaparición de la rubia.
Christa había intentado acercarse a Mikasa, estrechar su relación, ser amigas… pero Mikasa nunca había dado pie a que eso sucediese. Siempre había sido una persona solitaria.
Y lo seguía siendo.
Aunque gracias a Eren y Armin todavía podía considerarse una persona dentro de la sociedad.
Eren… Armin…
El corazón le dio un vuelco. Los necesitaba. Los añoraba.
Pero no podía permitirse el lujo de pensar en ellos ahora, que Christa estaba desaparecida.
El grupo avanzó hasta altas horas de la noche, siendo guiados por la luz de la luna que parecía estar más brillante que nunca, lo cual era un alivio.
–Debemos volvernos, hay que encontrar a Levi. –Indicó Pixis una vez llegaron al final de la ruta norte sin haber encontrado nada.
Hubo murmullos de queja, ir a buscar al otro grupo significaba duplicar la caminata.
Sin embargo todos los hicieron.
Una hora después, dieron con Levi y los demás.
Se hallaban examinando un trozo de tela del suelo.
–Esto es de Christa. –Aseguraba Sasha cogiendo el trozo de tela entre sus manos. –Es una de las vendas que Mikasa le puso.
–¡Capitán!. –Levi se giró hacia Pixis y el resto. –¿Algo?.
Levi asintió, y le indicó con la mirada a Sasha que compartiera el trozo de tela que había sido una venda con ellos.
Mikasa se sintió peor.
Christa era una persona fuerte, decidida y amable. Pero debido a su baja estatura era complicado no compararla con una niña.
Para Mikasa, Christa era como una niña que se había perdido y había sufrido un accidente.
Y ella no había estado atenta para evitarlo.
–¿Dónde está Jean?. –Preguntó Connie quien no divisaba a su amigo entre la multitud.
–Ha ido junto con otros dos más hacia el este, y otro subgrupo ha ido hacia el oeste. –Le dijo Levi quien tenía la vista puesta en el trozo de tela que Sasha sujetaba. –El mierda debe estar cerca. Lo presiento.
–Un momento, ¿cómo sabe que se trata de uno y no una?. –Preguntó Connie quien daba la sensación estar más lucido por la noche que por el día.
Levi dirigió su mirada hacia él, que se encorvó un poco:
–Porque no forma parte de ningún escuadrón. No es de los nuestros.
La información cayó como una losa sobre los cadetes. Nadie había esperado aquello.
N/A: Desde hace unos pocos años no es tan sencillo de usar como antes, no me gusta mucho. ¡Os recomiendo que leáis este ff aquí con fotos!: /works/36927250/chapters/92129434
