Dirigirse hacia el este les llevó unos cuarenta minutos; y para cuando se dieron cuenta, el sol estaba saliendo. Todos estaban exhaustos, sin embargo Mikasa no permitía que las piernas le fallasen.

No sin encontrar a Christa antes.

Sasha iba cerca de Mikasa, ambas estaban igual de preocupadas. Pero cada una lo demostraba a su manera; Sasha no paraba de mirar al suelo y alrededores haciendo uso de sus habilidades de cazadora, por otro lado, Mikasa tenía la vista al frente y ambas manos encima de las hojas de espada, en su cara no había dibujada ninguna expresión. Se mantenía fría.

Jean se encontraba dando vueltas junto con otros dos cadetes más como bien les había informado Levi, se le veía bastante alterado:

–Suerte que vais en círculos, sino, encontraros habría sido más complicado. –Les saludó Pixis llamando su atención.

Jean buscó con la mirada a sus amigos, pronto, tuvo a Mikasa al lado:

–¿Has encontrado algo?.

Jean suspiró, y negó con la cabeza:
–No.

–Alguien debería volver a la playa, en caso de que apareciera. –Les sugirió Pixis rompiendo la conexión visual entre Mikasa y Jean.

–No voy a ser yo. –Terció el chico adelantándose.

Pixis esperó a que Jean estuviese frente a él, Jean era incluso más alto que él:

–Muchacho, esto es más mi culpa que de cualquiera de vosotros. –Las miradas de todos se posaron en el general. –En ningún momento me paré a observar a ese chico, si hubiese prestado un poco de atención antes esto se podría haber evitado.

Jean sentía los ojos de todos en ellos dos, de nuevo, tomó el papel de líder notando que hacía falta que alguien lo hiciese. A unos pasos atrás, Mikasa casi podía aventurar lo que Jean iba a hacer puesto que en situaciones como aquella era una persona bastante obvia, o por lo menos lo era para ella.

Muchas veces, Jean le recordaba a Eren por su forma de ser.

Mikasa deseó entonces estar junto a Eren.

Lo echaba mucho de menos.

Al igual que a Armin.

Todos comenzaron la marcha nuevamente; quince minutos después, se reunieron con otro grupo que Levi había ido a buscar al oeste. Ambos grupos estaban de vuelta, y ninguno traía noticias del paradero de Christa.

Unos pocos regresaron a la playa, entre ellos Connie quien odió tener que hacerlo pero alguien que conociese bastante bien a Christa debía estar allí por si acaso.

Todos andaban sudados y hambrientos, aunque no deshidratados debido a que sus botas de agua habían sido rellenadas el día anterior.

–Ten. –Le dijo Sasha a Mikasa dándole unas pequeñitas frutas de aspecto circular y color morado. –Son comestibles.

Mikasa agradeció tener a Sasha ahí, ella era una chica que se había criado cazando así que conocía el terreno y cómo buscar comida.

No obstante, Mikasa al igual que el resto de los demás cuando Sasha les indicó que esas bayas eran comestibles, pusieron cara de circunstancias ya que éstas eran demasiado ácidas.


Llegaron hasta un punto en donde Pixis dejó de caminar, parando a su vez a todo el grupo:

–¿Qué haces, viejo?. –Le preguntó Levi que era el segundo de toda la fila que formaba el grupo.

Pixis adoptó una expresión relajada, y miró unos instantes al cielo, calculando la hora que sería:
–¿Algo?. –Preguntó Jean que había sido el último en llegar, y el primero en acercarse a Pixis y por consecuencia a Levi que se mantenía al lado del general.

–Todavía no. –Le contestó de forma seca. Pareció que le molestó la energía que portaba Jean, quien seguía estando muy nervioso.

Mikasa sabía que cuando Jean estaba así de nervioso, no controlaba la lengua:
–Necesito descansar un momento para poder tener toda la claridad de vuelta,–Siguió hablando Pixis.– y por lo que veo, ella también. –Señaló a Sasha a quien se le enrojecieron las mejillas.

La cara de Jean era un poema de descontento y sorpresa:

–¿A descansar?, ¿ahora?. Debe de ser por lo menos las 16:00, cuando el sol empiece a descender…

–En realidad son las 16:20, chico. –Era increíble la precisión que tenía Pixis para saber la hora. –Y sí, estoy tomando un descanso, tu amiga también. –La voz de Pixis claramente le estaba advirtiendo a Jean.

Pero para Jean eso significaba alejarse todavía más de Christa.
Las miradas entre Pixis y Jean estaban enfadadas, la una con la otra. Mikasa terminó acercándose a Jean, le tomó del antebrazo y le dijo en un susurro:

–¿Puedo hablar contigo un momento?.

El chico no opuso resistencia, y los dos se alejaron unos pasos de la formación. Sin darse cuenta que los ojos de Levi los seguían en todo momento:

–Para, Jean. –Le pidió Mikasa intentando no ser demasiado brusca.

De hecho, utilizó la voz que solía usar cuando Eren estaba obcecado en algo que era peligroso y no daba pie a que nadie le cambiase de opinión.

Jean por su parte, puso las manos en jarras sobre la cadera contrariado:

–Esto no es acerca de mí o de Pixis, ¡es sobre encontrar a Christa!.

Mikasa no hizo caso de lo dura que sonó la voz del chico, sabía que no pretendía dirigirse de esa forma a ella pero no podía controlarse:

–¿De verdad te supone tanto trabajo dejarle un poco de espacio al general?.

–Puede que sí lo sea.

Mikasa suavizó su expresión, mostrándose receptiva a que el chico le mostrara sus sentimientos:

–¿Qué es lo que pasa realmente?. –Jean la observó de reojo mientras miraba como el resto del grupo seguía descansando a unos pasos de ellos. –Sé que algo te está atormentando, puedes confiar en mí.

Jean dejó de fijarse en el grupo para mirarla a ella, quien estaba haciendo uso de una paciencia infinita. El chico lo agradeció, se sintió cómodo con ella a su lado, y deseó que las circunstancias fuesen de otro modo para poder disfrutar más de su compañía sin preocuparse de que nadie hubiera sido secuestrado:

–No presté suficiente atención a Christa desde que llegamos…

–Jean, no puedes hacerte cargo de todo el mundo.

Jean bufó angustiado:

–Debería haberlo hecho con mis amigos al menos, ese sueño que tuvo antes de ayer, fue claramente una llamada de atención. –Gesticuló con las manos mientras hablaba. –Y no le hice caso, estaba más preocupado de estupideces que de lo que de verdad importa.

Mikasa notó un agradable calor extenderse desde su estómago hasta su pecho.

Jean era muy buena persona.

Era una lastima que hasta entonces, no le hubiese atendido demasiado, para ella Eren y Armin había sido su foco de atención durante muchos años y ahora que se veía sin ellos podía conocer cómo era el resto de personas realmente.

Se sorprendió descubriendo que en el fondo, había comenzado a sentirse atraída por Jean.

–¡Hey!. –Jean y Mikasa se volvieron para descubrir a Levi. –Hemos encontrado algo. –Les informó.

Jean corrió hasta donde Pixis junto con otros más estaba sentado, mirando a algo que había en el suelo. Mientras que Mikasa emprendió el camino junto a ellos de forma pausada, no sin antes devolverle la mirada a Levi quien tenía una indescifrable expresión en la cara y no paraba de mirarla.

Se trataba de la otra venda que Mikasa le había puesto en las manos a Christa.

Pixis sonreía complacido, y Jean se permitió hacerlo también:

–Nos está dejando un rastro que seguir.


Siguieron avanzando hasta que algo raro sucedió, se encontraron dos rastros. Uno que dirigía a una dirección, y otro en otra.

–No deberíamos separarnos, pero teniendo en cuenta de que en el grupo somos dos cazadores, –Sasha se sonrojó volviendo a tener la atención de los demás en ella. –digo que nos dividamos formando dos grupos. –Dijo Pixis.

Inmediatamente después de escuchar eso, Mikasa y Jean se acercaron a Sasha junto con otros dos cadetes que parecían rondar los dieciséis años.

–Id con cuidado. –Les pidió Levi yéndose junto a Pixis y el resto.

La formación que iba con Sasha se encontraba en silencio, la chica estaba muy concentrada siendo apoyada por Mikasa quien sabía que para Sasha eso debía ser algo importante ya que era la primera vez que tenía que liderar una expedición.

Entonces, una lluvia intensa comenzó a caer empapándolos.

Mikasa notó como la camiseta que llevaba se le pegaba a la piel como si fuese una segunda piel, revelando sus pechos erectos debido al cambio de temperatura tan brusco.

La chica advirtió como la cara de Jean pasó a tener el color de los tomates, y evitó mirarla directamente. En cierto modo, Mikasa lo agradeció.

–¡Aquí, mirad!. –Les asustó Sasha dando un salto y agachándose en el barro de forma repentina.

Otro trozo de tela desgarrado estaba en los pies de un árbol.

–¿Estamos seguros de que es de ella?. –Preguntó uno de los chicos que les acompañaba.

–Hemos llegado demasiado lejos como para tener dudas ahora. –Sasha estaba decidida.

Un brillo especial adornaba su mirada.

Mikasa sonrió. Era agradable ver que Sasha se esforzaba por mantener una buena aptitud.

Un grito de mujer los inmovilizó momentáneamente.

–¿Christa?. –Susurró Sasha mirando la dirección desde donde provenían los gritos.

Jean fue el más rápido y subió la pequeña colina que había hasta los gritos, seguido del resto. Sin embargo, agarrarse de la vegetación era difícil debido a la lluvia; y Jean terminó resbalándose y cayendo hacia abajo.

Su cabeza impacto contra el suelo, una pequeña brecha se le abrió en una ceja y la sangre le cegó la visión de un ojo hasta que se dio la vuelta quedando boca arriba, dejando que la lluvia le limpiara la sangre y el barro.

Escuchó que Mikasa lo llamaba gritando, pero no pudo contestarle porque enseguida vio frente a el al chico que todos estaban buscando.

Éste, estaba igual de empapado que ellos, con manchas de barro hasta las rodillas y una mirada enfurecida.

Una patada le robó el aliento, ese chico le había pateado el estómago cuando se quiso poner en pie, tumbándolo de nuevo:

–Si no dejáis de seguirme, mataré a alguno de vosotros. –Le dijo con ácido en la voz.

Jean masculló un insulto, y cogiendo del tobillo la pierna que le había propinado la patada, lo derribó. Jean se levantó, y pudo esquivar un par de puñetazos, pero el chico imitando el movimiento de Jean, también esquivo sus golpes.

–¡Dónde está Christa!. –Le gritó escupiendo un poco de barro que se le había metido en la boca.

El chico rompió su posición de combate para dedicarle una sonrisa con sorna:

–Y a ti qué te importa. Estás en territorio salvaje, ya es hora de que lo aprendas.

Algo metálico que se reflejó entre la lluvia llamó la atención de Jean.

El chico había desenvainado un revolver.

Mierda.

Mikasa les sorprendió aterrizando en el barro, el chico la apuntó a ella y le indicó que se acercara a Jean que por un momento había pensado que dispararía a Mikasa:

–No tienes agallas para disparar, lo veo en tus ojos. –Le espetó Mikasa al chico.

Éste abrió los ojos como platos:

–Oh ya veo, necesitas de tu novia para que te salven el trasero. Qué patético. –Dijo con sorna moviendo el cañón del revolver de la cara de Jean a la de Mikasa. –Es una pena que os hayan elegido para formar parte del cuerpo de soldados, aún no me explico como no habéis sido devorados por los titanes.

–Detrás de ti, idiota. –Se escuchó una voz a su espalda.

Y en un segundo, Sasha había golpeado con un tronco al chico en la cabeza tan fuerte que le había abierto una gran herida en el cráneo.

Sasha tiró el tronco del árbol al suelo:

–¿Estáis bien?. –Les preguntó a sus amigos quienes asintieron con la cabeza. –¿Deberíamos llevarlo con nosotros?. –Sasha señaló al chico. –El capitán Levi le gustará tomarse justicia por lo que le ha hecho.

–Christa está allí arriba. –Señaló Jean donde se había resbalado y caído. –Primero ella.


Hallaron a Christa inconsciente, semi sentada a los pies de un árbol enorme que impedía que se mojara. Jean la cogió en brazos y descendió ladera abajo, Mikasa decidió echarse a los hombros al chico como si se tratara de un saco de patatas, y también siguió a Jean quien lideraba la marcha.

–Mikasa, déjame ayudarte. –Le dijo Sasha después de que ella se hubiera negado a la ayuda de los otros chicos que formaban su grupo.

Pero nuevamente se negó.

Mikasa era una persona muy fuerte, física y emocionalmente.

Tratos característicos de los Ackerman.

Llegaron a la playa una hora después, allí, se encontraron con todos debido a que el grupo de Pixis había regresado también.

Levi, quien estaba limpiando su hoja de espada, se acercó al ver que Mikasa tiraba al suelo el cuerpo inconsciente del chico que les había mentido y se había internado entre ellos:

–¿Sigue vivo?. –Preguntó a la chica una vez estuvo frente al cuerpo del chico.

Mikasa movió la cabeza arriba y abajo de forma afirmativa.

Levi se mostró entonces decidido:

–Me encargaré de él, gracias por el trabajo, Ackerman.

Mikasa se preguntó dónde había quedado la confianza entre ambos ya que había usado su apellido y no su nombre.


Hasta la tarde del día siguiente, Christa no se puso en movimiento.

Había recibido todo tipo de atenciones, y se sentía hasta un poco perturbada por tanta atención. Sobretodo por parte de Jean, quien no había querido separarse de su lado ni siquiera cuando ella había sentido la necesidad humana de ir a hacer sus necesidades.

Por supuesto, lo echó.

Estaba agradecida a todos, pero, no había querido hablar de lo que le habían hecho con ninguno de ellos porque prefería hacerlo primero con Levi.

–Capitán… –Lo llamó llegando a su lado.

Levi se había internado en la jungla durante la mayor parte de la mañana, con el cuerpo del chico que había acabado desapareciendo como si hubiese sido humo. Él se había encargado personalmente de vigilar al chico, sin embargo se dio un momento la vuelta y al siguiente segundo el engendro del mocoso ya no estaba.

La rabia que había dentro de Levi le provocaba pequeños espasmos musculares.

Estaba furioso por no haber tenido la oportunidad de conocer quién cojones era ese mocoso que les había tendido una trampa, seguramente tendría conexión directa con los Yamauba.

Una parte de él incluso había pensado que se trataba de uno de los miembros del clan de brujos. Había tenido muchas horas para pensar sobre ello, y lo único que había conseguido era dolor de cabeza.

Habría dado lo que fuese por una taza de té en ese momento.

Un poco de manzanilla con camomila hubiese sido el mejor remedio para él.

–Historia, me alegra verte en pie de nuevo. –La saludó fijándose en las dos grandes bolsas oscuras que se habían formado bajo los ojos de la chica.

Similares a sus propias ojeras, debido a su insomnio crónico:

–Lo sé, gracias. –Levi pudo ver que Christa se forzó a sonreírle, probablemente no tendría demasiadas fuerzas en ese momento. –Quisiera saber algo capitán, –Levi le indicó que se sentase a su lado. – la reunión que tuvo con los Yamauba fue acerca de Eren, ¿verdad?.

Escenas de la reunión acudieron veloces a la cabeza de Levi.

Éste asintió tocándose una de sus sienes, masajeándosela. Volviendo a desear tener una taza de té entre las manos.

–Se…señor yo… estoy embarazada de Eren.

Levi tomó una bocanada de aire, y se volvió a mirarla.

Ella estaba ahí, a su lado, sentada con las rodillas delante de su torso, como si inconscientemente quisiese protegerse el vientre.

Levi sintió pena por ella:

–Me lo suponía.

Christa abrió los ojos como platos:

–Un momento, ¿usted sabía que había algo entre Eren y yo?. –Levi asintió. –Y aún así, ¿lo permitió?.

La relaciones entre sus soldados no era algo que Levi hubiera querido atender. De hecho, le daba igual. Mientras no interfiriese de alguna forma en las misiones, por él podía estar fornicando toda la noche si así lo deseaban los unos con los otros.

El sexo era algo natural.

Él mismo lo había disfrutado muchas veces con Petra, hasta que… Annie Leonhart la mató.

–Historia, lo que suceda en tu cama no es de mi incumbencia.

Las mejillas de Christa adoptaron un color rosado muy intenso.

Levi sonrió de medio lado:

–Me clavaron una aguja muy larga en el vientre, capitán. Sacaron algún tipo de líquido de dentro de mí. Probablemente del bebé. Saben que es de Eren. –Christa estaba asustada.

Levi dejó de mostrarse burlón, y miró como la chica se levantaba la camiseta que llevaba y dejaba a la vista un vientre que comenzaba a estar claramente abultado, dando signos de su embarazo.

Levi se preguntó de cuánto estaría la chica, y entonces también se dio cuenta de que la ropa que ella llevaba era cada vez más holgada.

–Aquí. –Le señaló un pequeño punto rojo en el medio de la barriga.

Levi se contuvo, y se quedó quieto, su primer instinto había sido el tocar la barriga de la rubia.

–Quieren a mí bebé, capitán. –Christa se secó los ojos antes de que las lagrimas descendieran por sus mejillas. –Creo que van a esperar a que de a luz para quitármelo.


La mañana se presentó cálida, Mikasa se adentró en la jungla desde primera hora de la mañana buscando semillas de frutos ya que entre ella y Connie habían empezado a plantar un pequeño huerto.

Si Sasha era buena cazando, Connie era muy bueno con la agricultura.

De nuevo, una parte de ella se sintió culpable de no haberles prestado más atención a sus colegas.

Se agachó poniéndose en cuclillas (1) en un lugar específico.

Un fruto amarillo salía del suelo.

Mikasa lo olió primero, y después lo metió en un pequeño saco que se había confeccionado con un par de camisetas grandes.

A un poco de distancia de ella, Jean caminaba tras haberse dado un baño en el mar, pero se detuvo al ver a Mikasa arrodillada en la tierra, buscando más frutos.

Los ojos se le suavizaron al igual que el resto de la cara, Mikasa era una chica muy atractiva. Jean siempre se había sentido atraído por ella, no obstante no era hasta ese momento que el chico comenzaba a notar cierto acercamiento por parte de la chica.

Desde el ángulo que tenía, la veía de perfil, cogiendo más frutos amarillos del suelo. La bufanda que Eren le había dado cuando eran niños, estaba desanudada en sus hombros, permitiendo apreciar toda su cara.

Jean salivó mirando los labios carnosos de Mikasa, imaginándose como se sentirían encima de los suyos:

–Puedo verte, sabes. –Le dijo Mikasa alzando la vista y pillándolo.

Jean formó una sonrisa boba en la boca, y se acercó a ella sorteando la vegetación que había de por medio:

–No me estaba escondiendo, no quería molestarte, es todo.

Mikasa sonrió también al ver la sonrisa inocente del chico:

–No me molestas. –Le dijo. –Mira.

En las manos de Mikasa había…

–¡Oh!. Qué bien… has encontrado unos… asquerosas cosas pequeñas… amarillas.

Mikasa sonrió ampliamente:

–Semillas de la fruta de la pasión.

Jean se sonrojó cuando Mikasa se levantó del suelo, estaban muy cerca el uno del otro:

–Y, ¿para qué son?. –Carraspeó incómodo.

–Sígueme.

Mikasa lo llevó hasta un sitio apartado, en donde Connie estaba cavando con las manos pequeños hoyos en la tierra.

–Woow. Esto es inteligente. –Dijo Jean dándole una palmada a Connie en la espalda. –Estoy impresionado, ¿cuándo habéis tenido tiempo de hacer esto?.

Connie tomó el turno de palabra:

–Hay muchas horas en el día.

–¿Qué quieres decir?, ¿qué no hago nada?. –Jean empezó a mostrarse agresivo.

Connie rodó los ojos y Mikasa se quitó de la espalda la mochila:

–No podemos seguir dependiendo tanto de lo que cacen Pixis y Sasha. –Le explicó dándole a Connie las semillas de la fruta de la pasión que había encontrado.

–No creo que los jabalís y los conejos se extingan tan rápido. –Le contestó el chico volviéndose a mirarla.

–En cualquier caso, pronto tendremos más opciones de comida.

Lo cierto era que el sabor del jabalí y el conejo no era el favorito de Mikasa.


A orillas de la playa, Christa tenía entre sus manos la libreta y el lápiz con el que había hecho la lista que Levi le había pedido.

Ahora, le quería dar un uso distinto.

Quería escribir lo que se acordase de los Yamauba, no obstante por más que se esforzara no conseguía recordar ningún detalle.

Estaba exhausta.

Pero no podía parar. Christa tenía claro que debía encontrar una solución al hechizo que habían lanzado sobre ellos. De ningún modo iba a permitir que le arrebataran a su hijo.

Hasta que no habló con Levi horas antes, Christa no había estado segura de si quería ese bebé o no. Cuando se entero de que estaba en estado cuatro meses atrás, lo primero que había hecho era asustarse, lo segundo, dejar de beber alcohol de vez en cuando ya que al ser reina a veces se veía obligada a tomar alguna copa de vino en alguna reunión, y lo detestaba, nunca le había gustado el alcohol.

Todavía no se lo había dicho al propio Eren; habían tenido un par de encuentros sexuales nada más, aunque había notado que Eren la veía de distinta forma.

Casi como si le gustara de verdad.

Christa no sabía como afrontar aquello ya que era consciente de que Mikasa estaba enamorada de Eren desde siempre. Y lo que una vez fue sexo se había tornado en algo más complicado, con una vida inocente de por medio.

¿Sería capaz de decirle a Mikasa que estaba embarazada de Eren?.

Aún no lo sabía.


(1) Cuchillas: Es estar con las rodillas flexionadas en el suelo, pero sin estar sentado. Todo el peso recae en los talones. Es como la sentadilla china.

—Nuevamente aconsejo leer esta historia en archiveofourown ya que ahí comparto imágenes y quizás música: /works/36927250/chapters/92129434