Mikasa había encontrado unos manzanos, trepó por ellos debido a que las manzanas se encontraban en lo alto de ellos y tras descartar algunas con gusanos, bajó del árbol cargada de manzanas, utilizando la misma mochila que se había confeccionado con un par de camisetas xxl.
Una vez en el suelo, se secó el sudor de la frente y se separó la camiseta de la piel debido al sudor, sin embargo no alcanzó a dar dos pasos cuando una rama crujió tras ella, revelando la presencia de un extraño.
La chica cogió una roca del suelo, la más grande que vio, y sin pensarlo la tiró con todas sus fuerzas hacia el sonido que la había sorprendido.
Un quejido y después un cuerpo salieron de entre la vegetación.
–Francamente, me pregunto si siempre tienes esa fuerza o sólo te viene cuando estás en situación de peligro. –Era Levi.
Mikasa había acertado en una de sus rodillas, éste se la masajeaba con una ligera sonrisa acercándose a ella:
–Es bueno recordar a los demás de qué pasta estoy hecha. –Le contestó poniendo ambas manos en la cadera y devolviéndole la sonrisa. –¿Me estabas espiando?.
Levi dejó de sonreír, y señaló al manzano:
–Quería una manzana. –Levi se acercó un poco más. –Déjame coger una.
Los brazos de Levi fueron directos a la mochila de Mikasa, quien evitó que cogiese ninguna manzana.
Levi estaba claramente sorprendido:
–¿Sabías de la existencia de estos árboles?. –Había cierto reproche en la pregunta.
Él decidió ignorar el tono de voz de ella:
–No hasta hoy.
Mikasa movió los pies pareciendo una bailarina, evitando de nuevo que Levi cogiese una manzana de su espalda:
–Entonces sí me estabas espiando.
Mikasa casi pudo jurar que las mejillas del capitán se tiñeron de un leve color rojizo:
–¿Qué haces aquí sola?.
La chica suspiró aceptando que Levi no iba a admitir que la estaba siguiendo:
–Todo el mundo está comiendo bastante últimamente, he venido en busca de árboles que no estuviesen recolectados y he encontrado los manzanos. Simplemente.
Mikasa empezó a caminar, seguida de Levi. En cierto sentido era una situación cómica:
–No deberías adentrarte sola en la jungla, Christa todavía no se ha recuperado del secuestro. –Levi dejó el tono burlón de lado, estaba preocupado por todos, en especial por… Mikasa.
–Puedo cuidar de mi misma, lo he demostrado muchas veces.
A su espalda, Levi se tornó serio recordando la expresión asustada de Christa:
–Hablar con Historia podría hacerte cambiar de opinión. –Le instó.
La chica paró de caminar, y se volvió hacia él:
–¿Ha hablado contigo?. –Le preguntó anudándose mejor la mochila a la espalda.
–Estoy seguro de que hablará contigo. Me he fijado en que no sois demasiado cercanas, ¿me equivoco?. –Levi había prestado esmerada atención en las escasas interacciones entre Mikasa y Christa. De alguna forma había que preparar a Mikasa para cuando se enterara de que la otra chica estaba embarazada de Eren.
–Somos personas diferentes. No hay ninguna razón de fondo.
Levi asintió, fijándose en la cicatriz que Mikasa tenía en la mejilla derecha la cual rompía la asimetría de su bonita cara haciéndole parecer más dura.
De alguna forma, eso le atraía.
Pero se obligó a apartar esos pensamientos para abarcar el tema de Christa nuevamente:
–Ahora mismo tener un amigo con el que hablar es lo mejor que le puede venir a Historia.
Mikasa dejó escapar un simple "mmm" de los labios, y volvió a encaminarse en la dirección que había tomado. Levi esta vez no la siguió, sintiendo que había hecho su deber forzando un acercamiento entre las dos chicas.
–Te has ganado una manzana. –Le dijo la voz de Mikasa antes de desaparecer entre la vegetación.
Una pequeña manzana roja cayó a unos centímetros de los pies de Levi, quien sonrió y la cogió. Quiso darle las gracias, pero Mikasa ya había desaparecido.
Había una pequeña reunión entre todos alrededor de una hoguera, la mayoría de ellos estaban contentos porque ese día habían aparecido cepillos de dientes y pasta dental en un sitio específico de la playa, en el mismo donde apareció días atrás la ropa.
Poder limpiarse los dientes les había hecho sentir más humanos.
–¿Y si hacemos una balsa?. –Preguntó Connie, las llamas de la hoguera se reflejaban en sus ojos, haciéndoles parecer de un color más avellanado de lo que eran. –Hay muchos árboles, ¡bambú!.
El cabeza huevo se mostraba esperanzado de que su idea fuera buena.
–Sí, ¿y qué ocurre con la posibilidad de perderse en el mar?. –Le espetó Jean mirándolo con dureza. –Por no hablar, de que la idea de encontrar un barco en el mar es prácticamente imposible, ¡no sabemos dónde estamos ni si este lugar ha sido creado para nosotros!.
Oh sí, recordar que estaban dentro de un hechizo de un clan de brujos era… difícil.
–Tenemos que hacer algo, ¡seamos honestos, nadie va a rescatarnos!. –Connie estaba tan esperanzado como nervioso, no hacía más que gesticular con las manos.
Jean negó con la cabeza, y Sasha que se había mantenido callada hasta el momento pregunto:
–¿Nos permitirían intentarlo?. –Todos miraron a Sasha. –Las… personas que nos han metido aquí, cómo sea que lo hayan hecho. –La chica tragó saliva, intentando pronunciar cada palabra correctamente para que todos le entendiesen. Evitando mostrarse como la campesina que había sido de niña. –Me refiero, si no nos lanzarían… no sé, ¡bombas! Si intentáramos… salir de aquí a nuestra manera.
Mikasa le dedicó una tierna mirada a Sasha quien la buscó entre la multitud preguntándole con los ojos si había hecho bien en decir aquello.
La relación entre Sasha y Mikasa era más estrecha que la que tenía con otras personas allí; Sasha había sido su compañera de habitación desde que había ingresado en el cuerpo de soldados y habían compartido muchos momentos nocturnos a lo largo de los años.
Y, aunque Mikasa siempre ponía cierta distancia entre ella y el resto, con Sasha a veces era distinto. La chica había llegado hasta el corazón de Mikasa con su forma de ser y su sinceridad.
–Posiblemente. –Determinó Christa alzando su voz cantarina entre el sonido de las llamas de la hoguera.
Mostrarse segura y desafiante en ese lugar era la nueva aptitud que debía aparentar tras haberlo pactado consigo misma.
El miedo por su hijo no nacido era lo que la instaba a actuar de esa manera. Los Yamauba querían a su bebé porque era de Eren, todavía no sabía qué querrían hacer con un infante, pero tampoco quería pensarlo demasiado. No iba a permitir que le quitasen a su bebé.
–Pero estoy de acuerdo con Connie. –Siguió diciendo Christa. Nuevamente, su voz se transformó en la de monarca. Se levantó del lugar en el que estaba sentada para que todos pudiesen mirarla con facilidad. –No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando algún milagro, tenemos que crear ese milagro nosotros mismos.
Connie y Sasha caminaban juntos, mientras el chico se desquitaba del rencor que tenía hacia Jean por no haberle secundado anoche en la fogata con la idea de crear una balsa e intentar salir de allí.
Sasha que se estaba comiendo una banana de vez en cuando soltaba un "mmm" para que Connie no se sintiese desatendido, pero la verdad es que mucho caso no le hacía.
Una piedra acertó en la cabeza de Sasha en un momento, ésta cayó inconsciente al suelo junto a su banana.
Connie no tuvo tiempo de mucho, salvo de fijar la vista al frente ya que apareció en ese momento el chico que había sido el responsable del secuestro de Christa; el mismo que se había infiltrado entre ellos:
–¿Qué…
Ese chico tomó violentamente a Connie del cuello y estampo su cuerpo contra el tronco del árbol más cercano. Connie casi perdió el conocimiento como Sasha, notó arder sus pulmones y también el agarre tan fuerte que tenía su cuello:
–La quiero de vuelta. –Le espetó con odio. Connie abrió los ojos en toda su totalidad. –La vas a traer de vuelta, sino lo haces, mataré a uno de vosotros. –El agarre se tornó más violento, Connie apenas podía respirar. –Y si mañana por la tarde, no la has traído, mataré a otro de vosotros, y a otro, y a otro... Uno cada día. Y Connie, te mataré a ti el último.
Le soltó, y Connie aterrizó sobre sus rodillas agarrándose el cuello, sin apenas poder tomar aire.
La boca la tenía seca, y los pulmones le dolían.
Tal y como apareció ese chico. Desapareció.
–¿Qué, qué hacemos? ¡Vamos detrás de él y lo matamos!. –Gritó Connie alterado a Pixis quien no dejó que ninguna emoción se mostrara en su rostro.
–Creo que Connie tiene razón. –Terció Jean que se mantenía un poco alejado de ellos, intentando tener una visión más abierta del asunto. –¿Qué podemos hacer sino?, ¿esperar que ataque a alguno de nosotros?. Seguimos su rastro una vez, podemos volver a hacerlo.
Levi suspiró, no había dicho nada todavía desde que Connie los había reunido en un lugar tranquilo de la playa y les había contado qué había sucedido antes.
Sasha estaba siendo atendida unos metros atrás por Mikasa.
–Parece que os habéis olvidado cómo acabo eso, –La voz del capitán sonó extrañamente relajada. Como la calma que precede a la tormenta. –Pudo contra ti, Kirschtein, físicamente, secuestró a Historia… correr dentro de la jungla en su busca no es buena idea.
–¿A qué se refiere, capitán?.
Levi volvió a soltar un suspiro de aire entreabriendo sus labios:
–Es casi certero que este mocoso forma parte de ese estúpido clan de brujos. Eso significa que definitivamente no esta solo. –Les explicó sin apenas mover un musculo.
–Quizás es hora de usar el arma que encontramos.
Todos se volvieron hacia Mikasa, ésta se dirigía a Jean.
–¿Qué arma?. –Preguntó Levi mostrando por primera vez desde que estaban ahí reunidos, una emoción.
Jean quien hubiera preferido mantener por ahora en secreto que habían recogido el revolver con el que el chico les había amenazado a ellos dos y Sasha, les contó los detalles.
A Jean no le gustaban las pistolas.
–Bien, tenemos un plan entonces. –Admitió Pixis volviendo a tomar la palabra. –Simplemente espero que ninguno salga herido.
Christa había sido informada de todo, y había querido ir con el grupo en busca del chiquillo que claramente les llevaba ventaja en todo lo que hacían.
Deseaba poner fin a todo eso, así que se ofreció a ser el cebo.
Levi aceptó.
De todos ellos, era el que más manejo tenía con armas, incluidas pistolas, escopetas y revólveres así que el arma lo llevaba él. Había sido un acuerdo silencioso entre todos ellos.
–Oye Mikasa, espera. –La llamó Jean separándola del grupo un momento. –Sería mejor si te quedases aquí, cuidando del resto. –Le dijo preocupado.
Mikasa arqueó las cejas sorprendida:
–Voy a ir, Jean. –Estaba decidida.
Jean se mostró derrotado:
–Esperaba esto…–Murmuró sintiendo la mirada de la chica clavada en él. –Mikasa, no quiero que salgas herida. Cuando se usan armas como ese revolver…
–Sé cuidar de mi misma. –Sentenció la chica molesta, y emprendió la marcha hasta el grupo que los estaba esperando.
Claro que sabía cuidar de si misma.
Aún así, Jean quería protegerla.
Pero Mikasa era… Mikasa.
–Tendremos gente en cinco puntos. –Empezó a hablar del plan Pixis dibujando en la arena. –Todos tendremos contacto visual contigo, Historia. –La rubia asintió. –Debes quedarte en el área que te estoy mostrando, chica. Es lo más importante. Y un último recuerdo, si podemos evitar usar ese revolver, mejor. –Pixis miró a Levi.
Levi por su parte, guardó el revolver en la parte baja de la espalda, tapándolo con su camiseta.
La lluvia caía con fuerza. Christa estaba empapada esperando en el lugar exacto que Pixis le había indicado, sin apenas moverse.
Desde la derecha de Christa, entre la vegetación se encontraba Pixis junto a Sasha. A la izquierda de Christa estaba Connie con las manos encima de sus hojas de espada, justo enfrente de donde estaba la rubia, estaba Jean con ojo avizor.
En lo alto de dos árboles, estaban Levi y Mikasa esperando movimiento.
Mikasa miró a Levi, quien la miró de vuelta. Los dos tenían la misma posición de ataque aunque la lluvia parecía que iba a dificultar un poco su descenso.
Un crujido y unos pasos alertaron a Christa, quien ahogó un grito asustada y se volvió hacia el ruido. El chico apareció, también empapado como todos ellos.
Sus movimientos eran ágiles pero violentos.
Christa deseó tener su equipo de espadas.
En un segundo, la rubia echó a correr huyendo. Seguida del chico. El chapoteo de sus pasos era tan solo ahogado por el sonido de su agitada respiración.
Las piernas de Christa eran claramente más cortas que las del chico, así que comenzó a darle alcance. Pero antes de que pudiese cogerla, alguien se le echó encima derribándolo.
Jean esquivó los golpes que el chico le intentaba dar desde el suelo, sin embargo éste se lo quitó de encima rodando y dándole patadas en el estómago.
Pronto, tuvo a Connie, Sasha y Pixis rodeándolo. Pero no pareció importarle porque siguió peleando con Jean.
Ambos se daban puñetazos y patadas, con algún que otro empujón.
Un destello plateado apareció, y Levi apuntó con el revolver al chico quien seguía moviéndose de forma frenética sin terminar de pelear con Jean.
Mierda.
Levi bufó. Si seguía moviéndose así, no podía dispararle ya que si fallaba podría herir a Jean.
Mikasa no quiso esperar más, y se metió dentro de la pelea. Lo cogió de la espalda sorprendiéndole, y ayudándose de la fuerza de una de sus piernas, lo estampó contra el tronco del árbol más próximo.
El chico cayó al suelo sin moverse.
Mikasa ayudó a Jean a levantarse:
–Gracias. –Le susurró este mirándola.
Ella no le sonrió, tan solo llevó una de sus manos hasta la cara de éste:
–Esto te escocerá mañana.
Jean tenía el cuerpo tan adolorido que pensó que posiblemente su sangre no hubiera podido concentrarse en las mejillas por el tacto de la mano de Mikasa.
–Suficiente. –Se oyó decir a Christa.
En un abrir y cerrar de ojos, se escuchó el disparo.
No había sido Levi quien había disparado. Sino Christa, que había cogido del suelo el otro revolver que había traído el chico hasta allí.
Nadie se había dado cuenta salvo ella, debido a que estaban siguiendo la pelea entre él y Jean.
Un sabor amargo se concentró en su boca, y tras disparar tiró el revolver al suelo.
Nadie habló con Christa. Ni entre ellos. Había un aura oscura entre ellos que les hizo volver en silencio a la playa, y dejar pasar la noche.
Al día siguiente, Jean murmuraba insultos mientras intentaba limpiarse las heridas ocasionadas en su cara en la pelea de ayer, intentaba encontrar su reflejo estable en la fuente de agua natural que había en la cueva. Pero era imposible.
–Escuece, ¿verdad?.
Jean se volvió hacia Mikasa. Ésta estaba contemplándolo con una pequeña sonrisa en sus labios. Tenía el pelo suelto y revuelto:
–… sí. –Le dijo entre dientes volviendo su atención al agua.
Mikasa descruzó los brazos, y en tres zancadas estuvo al lado del chico, cogiéndole la mano que estaba intentando limpiarse una de las heridas en la cara.
–Déjame a mí.
La chica mojó el trozo de tela con la que Jean estaba limpiándose la sangre seca, mientras él tomaba asiento en el suelo, sin dejar de observar los movimientos de la ella.
Mikasa una vez escurrió el agua del trozo de tela en el suelo, se arrodilló hasta quedar frente a Jean, los codos de Mikasa rozaron las rodillas de Jean e inmediatamente el chico se ruborizó. Pero se mantuvo quieto, porque mientas ella le limpiaba los restos de sangre y barro, él podía apreciar cada pequeño detalle de su rostro.
Jean pensó que si le hubieran dicho que tendría a Mikasa a escasos centímetros de su cara, cuidando sus heridas, no lo hubiese creído.
Y es que, pareciera que ella solo tenía ojos y cuidado para Eren.
Por suerte para él, eso había cambiado ahí.
–¡Mierda!. –Soltó Jean cuando se mordió sus labios, intentando reprimir el deseo de probar los de la chica.
Tenía el labio inferior partido. Y era la parte que más le dolía de la cara.
–¡Oh!. –Exclamó una voz a su espalda.
Ambos se volvieron descubriendo a Christa que los observaba con cierta distancia. Mikasa se incorporó dejando a Jean en el suelo, y volvió a meter bajo la cascada de agua el trapo:
–Christa, ¿cómo estás?. –Le preguntó Jean intentando que sus mejillas dejaran de estar tan calientes.
Seguramente serían del color del fuego.
La chica rubia estaba indecisa, no sabía si acercarse a ellos o desaparecer. A sus ojos le había parecido ver que Jean y Mikasa estaban teniendo un momento íntimo:
–Yo, eh… venía para hablar con… –Christa se fijó en la mirada de reojo que Mikasa le estaba dedicando; su primera intención había sido buscar a Mikasa y contarle por fin que estaba embarazada de Eren, acabando con el dolor de cabeza que le producía no habérselo contado todavía. Pero reculó. –vosotros. –Terminó diciendo.
En un último momento, Christa pensó que quizás el contárselo a sus amigos no sería tan mala idea llegados a ese punto:
–Así que, si por favor podéis salir un momento a la playa, os lo agradecería.
–Un momento, aún no he acabado de limpiarle las heridas. —Le dijo Mikasa volviendo al quehacer de cuidar las heridas de Jean.
Christa asintió, y se marchó hacia la playa dándoles espacio.
–¿Qué ocurre entre vosotras?.
Mikasa desvió sus ojos de la herida en la frente de Jean hacia sus ojos. Apreciando el color miel de éstos, eran de color de una puesta de sol:
–Nada.
Jean dejó que Mikasa acabara de limpiarle las heridas sin decir nada más. Por un lado sabía que si insistía, ahuyentaría a la chica, y por otro, ella claramente mostraba signos de no querer hablar de ello.
En la playa, Christa reunió a toda la gente que andaba por ahí.
Los primeros en fila, sus amigos.
Casi de los últimos y prácticamente escondido, Levi.
La rubia parecía ir a dar un discurso como los que había recitado tantas veces ya como reina. Ambas manos juntas delante de su torso, agarradas de la misma forma con la que se coge de la mano a alguien.
La mirada decidida.
Y la voz clara:
–Primero de todo, quiero aclarar que decidí utilizar el arma contra mi agresor como último recurso. –Tragó un poco de saliva. –No estoy orgullosa de haber asesinado a alguien; pero tenía que hacerlo. No solo estaba en riesgo la vida de mis amigos, –Los ojos azul cielo de Christa encontraron las caras de Connie, Jean, Sasha y Mikasa. –sino también la de… mi bebé.
Un leve murmullo se formó alrededor de Christa al escuchar eso último.
Inconscientemente, una mano se le posó en el vientre.
–Estoy embarazada. –Terminó posando la vista al frente.
Evitando ver como la cara de Mikasa se desencajaba totalmente, al igual que la de Connie, Jean y Sasha. Ninguno de ellos lo sabía.
¿Por qué se lo había ocultado hasta ahora? Se preguntaron.
–Quizás algunos de vosotros habíais establecido amistad con ese chico, –Siguió diciendo. –creedme cuando os digo que era nuestro enemigo. No era uno de nosotros. El capitán Levi y yo estamos seguros de que forma parte del clan de los Yamauba.
Christa explicó entonces quienes eran los Yamauba para los que no lo supiesen todavía, y lo que habían llegado a hacer a lo largo de décadas.
Cuando se hubo retirado el pelotón que escuchaba a Christa, ésta suspiró quitándose de encima un peso enorme de los hombros y de la conciencia.
Por fin lo había hecho.
En parte… aún no había dicho quién era el padre de su hijo. Y era una información clave ya que el padre era la persona que los Yamauba querían para intentar un experimento y acabar así con los titanes.
Todo era bastante complicado, pero dosificar la información nunca se le había dado mal.
Menos como reina.
–¿Qué tal lo he hecho, capitán?.
Levi le devolvió la mirada, la chica se le había acercado con incertidumbre:
–Bien. Aunque, –Levi le señaló en la otra punta de la playa, donde Jean, Sasha, Connie y Mikasa estaban juntos hablando. Posiblemente de Christa. –seguramente ellos no te dirán lo mismo.
Christa tomó asiento al lado de Levi:
–Fui a buscar a Mikasa, pero, no pude decirle nada. –Christa giró la cabeza encontrándose los ojos de Levi sobre ella. –Pude hacerlo, –Le aseguró. –pero decidí no hacerlo… ella estaba… con Jean y no les quise molestar. Creo que hay algo entre ellos. No era el momento de decírselo. Sé que lo tendré que…
"Oh" se escapó de los labios de Christa al ver como el semblante del capitán Levi pasó de ser uno atento hacia sus palabras a otro más enigmático.
Más complicado…
Pero Christa sabía de qué se trataba.
¿Lo haría Levi?.
N/A: He intentado subir la rutinaria imagen de cada capítulo pero el sitio web que suelo usar está caído. Espero que para la semana que viene todo esté solucionado :S
