La balsa estaba siendo construida a buen tempo.

Connie junto con sus amigos y varios cadetes más iban pudiendo formarla. El bambú era de buena calidad. Resistente.

Tenía esperanzas de que su plan funcionara.

Sobretodo después de que Christa les contara que estaba en estado; Connie se sentía hasta cierta medida responsable de sacarla de allí lo antes posible.

Ahora que se había fijado, era cierto que la ropa que usaba la chica era cada vez más grande.

¿Cómo es que no lo había sabido antes?.

Cuando era un niño en su aldea había diagnosticado varios embarazos antes incluso que las propias mujeres lo supieran. Su madre lo llamaba su sexto sentido en broma.

¿Había perdido esa parte de su ser después de tantos años?.

–¿Cuánta gente crees que podrá subirse?. –Le preguntó Jean mientras ataba con una lianas unos troncos más de bambú.

–No es un maldito barco de turismo, Jean, quizás cuatro personas. No más. –Le explicó mirando de arriba abajo la balsa.

Jean terminó de anudar el bambú y negó con la cabeza mirando la balsa también:

–El problema es grave entonces, –Connie y Jean se miraron. –si no todos, la mayoría de la gente va a querer meterse.

–La idea es regresar con una solución. No el transportar a todo el mundo fuera de la isla. –Le explicó Connie reanudando la labor de la construcción de la balsa.


Pesadillas llenas de recuerdos visitaron a Levi con una especial intensidad la noche anterior. Si normalmente descansaba tres o cuatro horas, esa noche no había llegado a dormir más de una hora ó hora y media.

Sus terrores nocturnos solían estar vinculados a su madre muriendo, ya muerta, el hambre que pasó, el olor… los sonidos del forniqueo continuo en las habitaciones de al lado. El abandono de su tío Kenny, el rechazo de sus compañeros de promoción en la formación de Erwin.

Esa noche había jurado volver a oler la descomposición del cuerpo de su madre.

Había decidido internarse en la jungla nada más salió el sol. Solo. Notando como el sudor empezaba a impregnar su cuerpo conforme se metía más hacia dentro de la isla.

Un movimiento a su izquierda lo detuvo, un jabalí estaba corriendo alrededor de él.

Levi desenfundó la hoja de espada y fue tras él, dispuesto a cazarlo.

No obstante, chocó contra algo que apareció repentinamente y que no tuvo tiempo de vislumbrar debido a que sus cinco sentidos estaban agotados y sus movimientos eran torpes.

Era otra persona.

Tanto él como esa otra persona habían caído al suelo del impacto.

–¿Qué estás haciendo aquí?. –Le preguntó Levi a Mikasa una vez hubo descubierto que se trataba de ella.

Aunque se sintió estúpido, ya que enseguida vio que la mochila que solía llevar para recoger fruta se había caído al suelo al igual que ellos.

Mikasa se levantó del suelo sacudiéndose la ropa:

–Podría hacer la misma pregunta. –Le dijo. –¿Corriendo a esa velocidad? Acabaras estampándote contra un árbol.

La verdad es que Levi había cogido mucha velocidad una vez echó a correr detrás del jabalí.

Suspiró, y también se levantó del suelo:

–Tengo asuntos que atender.

Mikasa se colgó la mochila a la espalda, y observó la forma en que Levi se adentró más en la isla, dejándola atrás.

Sentía que estaba andando en círculos, no había rastro del animal y el sol le quemaba la piel. Pero Levi seguía avanzando. En realidad, huyendo de sus propios demonios, no yendo a cazar un jabalí.

La caza de animales no era su especialidad.

Si se hubiese tratado de un titán…

Un ruido de pasos detrás de él lo alertó. La hoja de espada se irguió rígida hacia el sonido de los pasos.

Mikasa apareció de entre la vegetación con la mochila vacía.

No había ido a coger frutas, sino que, había preferido seguir a Levi:

–¿Qué cojones haces aquí?. –Levi no tenía mucha paciencia en ese momento.

Pero la chica ignoró su tono de voz:

–En este lugar es extraño tener asuntos pendientes, Levi.

El aludido se limpió el sudor de la frente y soltó un bufido:

–Eso no contesta a mi pregunta.

Mikasa se encogió de hombros:
–Quería saber dónde ibas.

–¿Por qué?. –La pregunta sonó casi necesitada.

Quizás él era el necesitado.

Pero no obtuvo respuesta. Mikasa se mantuvo quieta y en silencio, observándolo.

–Es mejor que vuelvas a la playa, no sé cuanto tiempo voy a estar aquí.–Levi la dejó de mirar. –Quizás decida estar aquí días.

De nuevo, la chica no se movió. Había tomado la decisión de seguir a Levi, e iba a hacerlo hasta el final.

Él por su parte intentó controlar el veneno que se le fue hasta la garganta cuando le dijo:

–Hay gente que se preguntará dónde estás, es mejor que vuelvas… con ellos.

Levi dirigía toda su bilis hacia Mikasa, quien imperturbable, no se movía de su posición. Era casi como si ella fuera consciente de que él necesitaba desahogarse.

Al final, soltó un suspiro, y murmurando "como quieras", aceptó que Mikasa lo acompañase en su estúpida aventura en la jungla.

No se dirigieron la palabra.

No se miraron.

Por lo menos él no le prestó atención, aunque la notaba detrás.

Cuando la noche cayó sobre ellos, Mikasa fue la primera en empezar a recopilar troncos y ramas de árboles para hacer una hoguera, adelantándose a Levi que estaba seguro de que era una de las pocas veces que se había sentido tan cansado en su vida.

Cuando el fuego manó de la pequeña hoguera, Mikasa tomó asiento en el extremo contrario que él. Calentándose las manos unos instantes en las llamas.

Levi se restregó los ojos arrancándose unas cuantas pestañas de paso.

Suspiró.

–Una buena taza de té sería agradable. –Susurró, más para sí que para entablar conversación.

–Nos iremos de aquí, lo conseguiremos. –Le respondió la voz de la chica.

Levi alzo sus ojos cansados hacia ella. Las llamas de la hoguera le coloreaban la piel de un tono rojizo.

Y sus labios parecían más carnosos de lo que eran.

¿Verdad?:

–Si te refieres a la balsa que tus amigos mocosos están construyendo, olvídate. –Fue duro. Casi tan duro como antaño cuando solo la veía como un obstáculo entre él y Eren.

Pero la realidad ahora era otra.

En el fondo, muy en el fondo, Levi sabía que Mikasa le gustaba. No estaba todavía seguro de si era porque le recordaba a él mismo, porque en ocasiones le había recordado a su madre físicamente, o de si era porque era la mejor soldado que había encontrado en todos sus años en las fuerzas.

–¿Por qué mocosos?. –Le preguntó ignorando el comentario negativo, era como si Mikasa estuviese usando la misma paciencia que hacía alarde cuando Eren tenía una rabieta. Eso no le gustó a Levi. Él no era un niño idiota. –Hasta donde yo sé, todos somos más altos que tu.

Momentáneamente, el cansancio desapareció del cuerpo de Levi:

–Cuidado, Mikasa. –Empezó advirtiéndole. –Hay líneas que no deben pasarse.

La chica torció la boca haciendo una mueca:

–No soy ninguna mocosa. Ellos tampoco. Dejamos ese tiempo atrás hace bastantes años. –Mikasa dejó que las llamas clamasen toda su atención.

Éstas estaban bailando las unas con las otras.

Levi no contestó de forma hiriente. De hecho no lo hizo. Solamente la miró estudiando sus ligeros movimientos; como tenía el pelo recogido detrás de las orejas, su ceño fruncido, los ojos clavados en la hoguera de un color metálico que llamaban mucho la atención, los labios apretados entre sí, las manos sobre sus rodillas…

–Tenemos demasiado en común me temo, –Sentenció Levi después de un tiempo. –por eso chocamos tanto.

No hubo rastro de rabia. Ya no estaba enfadado, sino en cierto modo agradecido de no estar solo.

–¿Todos los Ackerman han sido así?.–Le preguntó la chica dejando de mirar el fuego para mirarle a él.

–Kenny no era como yo, así que no. Supongo que no.

Las llamas de la hoguera se vieron reflejadas en los ojos del otro. Ambos, se miraban sin pestañear. De nuevo notando esa conexión tan intima que los atraía juntos, al igual que dos imanes.


De nuevo no hubo conversación alguna cuando retomaron el camino de vuelta a la playa, sin embargo esta vez no se sintió forzado o pesado. Más bien agradable.

Levi iba a la cabeza seguido de Mikasa.

–¡Hey!. –Los llamó Sasha una vez entraron en el territorio de la playa. Ésta corrió a darles alcance. –¡Mikasa!. Te he buscado por todas partes, –Sasha se percató de la presencia de Levi. –a usted también capitán. –Agregó rápidamente. –Pixis ha encontrado algo.

Lo que el general Pixis había encontrado, era la puerta de una especie de bunker instalado en el suelo. No había podido abrirla ya que no tenía ninguna manija para hacerlo, entonces la cuestión no era solo si abrirla, sino cómo hacerlo.

Por otro lado, la balsa estaba casi terminada. Connie había trabajado muy duro, y estaba teniendo muy buenos resultados.

–El uso de la fuerza no funciona. –Les aseguró Pixis a Jean y Connie quienes habían insinuado romper la puerta usando rocas. –Ya lo he intentado.

–¿Habías pasado por ese sitio antes?. –Le preguntó Levi, quien se mantenía rezagado en una esquina cruzado de brazos.

Pixis asintió:

–Tal y como ha pasado ya con la ropa y los cepillos de dientes.

Ese lugar era cada día más extraño.

–De alguna forma hay que entrar. –Recalcó Sasha que había repartido fruta entre todos una vez se formó la reunión.

–¿Cómo va la balsa, Connie?.–Le preguntó un chico al cabeza huevo.

Connie sonrió confiado:

–Casi terminada.

–¿Has decidido ya quién se va a subir en ella?.–Le preguntó otro.

Entonces toda la confianza en Connie desapareció. Hundió los hombros y quiso esconderse detrás de Jean que permanecía de pie a su lado:

–Aún no he pensado en eso. –Admitió.

–Seguramente harás una buena elección. –Le apoyó Christa apareciendo a su lado y posando unos instantes la mano en los hombros de Connie.

–En cualquier caso, la idea es navegar para volver a regresar con una solución. –Explicó hablando por primera vez Jean. –Nadie va a tener que quedarse olvidado aquí.

Tiempo más tarde, Pixis llevó un pequeño grupo hacia el bunker.

Entre ellos, Jean, quien estaba con los nervios a flor de piel.

El bunker resultó estar parcialmente enterrado en un terreno inestable. La estructura parecía solida, pero el material estaba lleno de arañazos y golpes. Y como bien había explicado Pixis, no había manija en la puerta, pero sí una pequeña ventanita.

Levi dio un salto, y se subió encima mientras el resto contuvo la respiración. Después se agachó mirando por la ventanita de la puerta:

–¿De verdad queremos abrirlo?. –Preguntó Jean analizando el bunker.

–Sin duda.–Le contestó Levi de forma desapasionada, mirándolo por el rabillo del ojo.

El chico soltó un hondo suspiro:

–Que no tenga manija, significa algo. Quizás no ha sido hecho para ser abierto… quizá ya ha sido abierto antes y contiene algo… malo, por eso no tiene manija la puerta. –Empezó a hablar el chico sin dejar de darle vueltas a la situación.

–Eres uno de los que se van a ir en la balsa, ¿no?. –Más que una pregunta pareció una afirmación, Levi no se andaba con rodeos. En muy pocas ocasiones lo había hecho.

–…n…no, yo…–Balbuceó Jean sin saber qué responder.

Lo cierto, es que no había hablado de eso con Connie pero era algo que se suponía. Al menos lo era para Levi, quien le dirigía su típica mirada altiva desde encima de la estructura del bunker.

–Deja de preocuparte por lo que pase en la isla entonces, –Levi haciendo uso de su agilidad de parkour bajó del bunker dando unas piruetas. –preocúpate de cómo nos sacaras de aquí. –Le terminó diciendo tras haber aterrizado en el medio de todos.

–Capitán, uno de los sitios está reservado para usted. –Le dijo Connie.

Levi arqueó las cejas sorprendido y halagado:
–No puedo decir que me sorprenda, –Suspiró mirando a Pixis quien le devolvió la misma mirada. – pero ya es hora de que solucionéis los problemas por vuestra cuenta. –Levi recordó las palabras de Mikasa ante la hoguera. –Ya no sois ningunos mocosos.

Connie miró alertado a Jean y viceversa. La idea de que se adentrasen en el mar en la balsa sin Levi había sido una posibilidad improbable para ellos; y ahora, se hacía realidad.

Había sitio para cuatro personas aparte de Connie quien iba a ser quien navegara con la balsa, dos de esos sitios habían sido construidos para Christa y Levi.

Repentinamente, Connie se sintió vacío, hasta mareado. Navegar era un plan difícil, por eso siempre había pensado que el capitán Levi los acompañaría.


La noche cayó inmediatamente, el grupo que había ido a ver el bunker se dispersó en la playa nada más llegar. Connie y Jean fueron juntos hacía donde deberían estar el resto de sus amigos, Pixis con un simple "trata de descansar", se despidió hasta el día siguiente de Levi, y Levi simplemente siguió con la mirada al general Pixis.

Había algo que no le gustaba. Algo acerca de él. Algo nuevo.

Tenía la impresión de que el viejo les estaba ocultando algo más.

Iba a tener los ojos puesto en él las veinticuatro horas del día si hacía falta; la confianza que una vez pudo haber entre ambos, empezaba a resquebrajarse.

Y a todo eso, ¿cómo cojones iban a abrir la puerta del bunker?.

Levi soltó una serie de improperios, y se quitó las botas caminando hasta la orilla en donde sus pies fueron besados inmediatamente por el agua del mar.

Un pequeño escalofrío le irguió la columna.

El plan de surcar las aguas con la balsa no le había parecido demasiado claro desde el principio, pero estaba de acuerdo con Historia en que tenían que empezar a moverse.

Se preguntó si la chica habría recordado algo sobre el clan de brujos.

La buscó con la mirada, pero no la encontró. En el horizonte, la luna comenzaba a salir bañando la playa de una luz plateada.

Igual de plateada que los ojos grises de Mikasa.

Joder, necesito una ducha de agua fría.

Levi acabó metiéndose en el agua sin quitarse la ropa. Hundió la cabeza y se quedó unos segundos bajo el agua en completa paz.


Minutos antes de que el sol saliese, una sombra se desplazó por la playa, entrando en el territorio.

Una sombra desconocida, y delicada.

Una mujer.

No pasó mucho hasta que uno de los más jóvenes la descubrió, éste, avisó a Pixis y Levi quienes estaban manteniendo una conversación mientras desayunaban.

Más bien, Pixis estaba hablando porque Levi solamente le estaba observando mientras se comía una fruta.

Ambos, al igual que los otros, se pusieron alerta. Levi quien llevaba los dos revólveres en sus bolsillos, sacó uno y apuntó a la cabeza de esa mujer desconocida.

Pero, ella también iba armada con una escopeta y varios cuchillos de cazador. Vestía ropas raídas y tenía el pelo largo y enmarañado. La piel de su cara estaba cubierta de lo que parecía ser barro, y sus ojos, grandes y negros, miraban con especial atención a todos los ahí presentes, acunando la escopeta en el pecho:

–¿Quién cojones eres tu?. –Le preguntó Levi alzando la voz y acercándose hasta quedar frente a ella sin dejar de apuntarle con el revolver.

La mujer no se movió cosa que facilitaba a Levi dispararle en la cabeza si tenía que hacerlo. No hubo respuesta inmediata por parte de ella, más bien un movimiento de ojos. Cuando Christa apareció, la atención de la mujer con el pelo enmarañado se centró en ella.

Más o menos tenían la misma altura, pero Christa se sintió un tanto amenazada por el aspecto de ella.

Había como un mensaje oculto en los ojos de esa mujer:

–He venido aquí en son de paz. –Empezó a decir. Su voz dejó claro de que se trataba de una mujer con cierta edad. –Quiero preveros de lo que va a pasar.

Un murmullo se extendió por alrededor:

–Un día interesante, tenemos espectáculo. –Masculló Levi entre dientes dispuesto a apretar el gatillo en cualquier momento.

La mujer lo ignoró o quizás no le llegó a escuchar.

–Van a venir. –Les dijo esta vez a todos, mirándolos uno a uno.

–¿Te refieres a los Yamauba?. –Preguntó Christa caminando hacia dentro del círculo hasta quedar al lado de Levi.

Ella tardo unos instantes en contestar:

–Hace dieciséis años mi familia tuvo el valor de negarse a permitir que siguieran experimentando con nosotros. Ellos nos solían tratar bien, pero nos hacían daño en sus laboratorios… mi hermano pequeño… –La mujer dejó de mantener la mirada a Christa para tomar aire y valor. –murió a sus manos. Mis padres se negaron a partir de entonces a permitir que nos usasen para crear ésa cura que decían poder conseguir con nuestra sangre.

Un silencio sepulcral invadió la playa.

Levi bajó el revolver, y la mujer continuo:

–Hace dieciséis años que estoy aquí, encerrada, buscando la manera de salir. La segunda noche que pasamos aquí, mis padres fueron asesinados por una manada de lobos gigantes, me quede sola con mi hermana. Ella estaba embarazada, y un mes después tuvo a su hijo ella sola. Solamente pudo disfrutar de su hijo unas horas, porque vinieron y se lo arrebataron. Ella murió desolada, la tristeza fue demasiado para soportar y se quitó la vida. Ahora, sé que vienen a por vosotros.

–Un momento, ¿cómo puedes estar segura de que vienen ahora?.–Le preguntó Connie que quedaba justo en la parte izquierda de la espalda de la mujer.

Ella ni se preocupo de mirarle:

–Solo tenéis tres opciones, correr, esconderos o morir.

Se formó un revuelo que provocó que nadie se diese cuenta de cuando y cómo esa desconocida desaparecía de la misma forma que había aparecido.

Pixis y Levi se dirigieron juntos hacia la embarcación:

–¿Crees en lo que ha dicho?. –Le preguntó Pixis a Levi.

–No. Pero sé que la mayoría lo hace, así que estoy en minoría. Y realmente no quiero empezar otra revuelta contra mí.–Le contestó sin mirarle.

La balsa estaba prácticamente acabada, Pixis le preguntó a los chicos cuánto les llevaría empezar la aventura. Jean quien estaba ayudando a un par de cadetes a terminar los últimos retoques, bajó de la balsa:

–Podríamos haber embarcado ya, el problema es que no tenemos la fuerza suficiente para arrastrarla hasta el agua. Vamos a necesitar la ayuda de todos. –Les explicó.

Pixis asintió:
–Dame veinte minutos. –Les dijo a Jean y Levi y desapareció.

Jean, quien se había estado preguntando algo desde esa mañana, no aguantó más:

–Capitán Levi, ¿cuál es la verdadera razón por la que no quiere ser uno de los que navegue con nosotros?.

Él lo miró casi sin parpadear.

Siempre tan serio:

–No quiero quitarle el espacio a otro. Pasasteis a formar parte de mi squad, peleasteis conmigo, habéis dormido, bebido y comido conmigo desde que teníais dieciséis años. De ninguna manera voy a quitarle el sitio a ninguno de vosotros, mocosos. Además, el mar me marea.

Jean no tuvo palabras de agradecimiento, estaba halagado. Por esos momentos nunca podría perderle el respeto a Levi.

Los veinte minutos pasaron y todos los chicos se congregaron alrededor de la balsa. La mitad delante sujetando unas cuerdas y la otra mitad detrás dispuestos a empujar.

Los de delante comenzaron a tirar mientras los de detrás a empujar.

Levi quien se había mantenido alejado, decidió ayudarles en un momento dado al ver que iban lentos. Y cuando lo hizo, la balsa empezó a moverse hacia el agua a más velocidad.

En diez minutos lo consiguieron, la balsa ya estaba en el agua.


–Se trata de una sola persona, puede esconderse fácilmente en la jungla. Nosotros somos cerca de treinta, ¿dónde vamos a escondernos?. –Analizó Pixis la situación junto con Levi, Sasha, Mikasa y Christa.

–Nos estamos adelantando, viejo. No sabemos quienes son ellos, ni si realmente vienen a por nosotros, el bunker que hemos encontrado puede incluso ser propiedad de ellos, si es que hay un ellos.

–Son los Yamauba. –Dijo Christa captando todas las miradas encima de ella. –Por lo que ha dicho esa mujer, llevan buscando conseguir la cura contra los titanes desde hace dieciséis años. –Christa suspiró derrotada.

–Si han experimentado con ella como dice que lo han hecho, entonces es porque ella también debe ser un titán. –Dijo Mikasa hablando por primera vez.

La vida sin titanes se les había hecho agridulce. Pero la idea de tener a otro titán allí, no le gustaba a ninguno:

–Le volaré la cabeza yo mismo. –Terció Levi con gesto serio.

–Me temo, Levi, que si ha sobrevivido tantos años en solitario los hechos la convierten en una persona lista. No será fácil de cazar. –Comento Pixis cruzándose de brazos.

La reunión que se había improvisado cesó. Pixis, Sasha y Christa tomaron caminos separados, no obstante Mikasa se quedó allí junto a Levi un momento.

La chica observaba el perfil de Levi con una estudiada premeditación:

–He oído que no vas a venir en la balsa. –Dijo la chica haciendo que él girase la cabeza para mirarla.

Una ráfaga de viento les revolvió el pelo a los dos:

–Tu vas, ¿verdad?. –Le preguntó moviendo la cabeza para que el pelo no se le metiese en los ojos.

Mikasa asintió desapasionadamente.

Por un segundo Levi creyó sentir que ella no quería irse en realidad. Sólo por un segundo:

–Tengo que intentarlo, Eren está solo…

–Armin y Hange están con él. –La corrigió Levi, apoyando todo su peso en una pierna tomando así una posición más cómoda. –Pero lo entiendo, Eren significa mucho para ti.

Hubo unos instantes de silencio en donde simplemente se observaron.

El rostro de Levi parecía un mapa que descifrar, daba la sensación de estar molesto pero a la vez esperanzado de que se fuera:

–Así es…–Susurró ella dándose la vuelta y emprendiendo camino hacia la balsa.

–Sé prudente. –Le dijo Levi, Mikasa paró de caminar pero sin darse la vuelta a encarar a Levi. –Eres la persona más valiosa que va a estar a bordo de esa balsa, –El pelo de la chica ondeaba a su espalda fascinando a Levi. –puede que incluso lo seas de toda esta maldita isla.

Mikasa giró la cabeza permitiendo que Levi pudiese ver un poco de su perfil. Ella le miraba por el rabillo del ojo, pero no llegó a decirle nada.

Así que esa fue su despedida.