La balsa emprendió su camino al amanecer. Connie, Jean, Mikasa y dos cadetes más iban en ella. Sasha había declinado ir en ella argumentando que no le gustaba el mar y prefería esperar otra forma de salir de allí.
Con el corazón encogido, Mikasa se despidió de ella, notando como sus ojos se llenaban de lagrimas. Unas lagrimas que no llegaron a desprenderse.
Segundos antes de subirse a la balsa, Mikasa recorrió la playa con la vista buscando a alguien.
A Levi.
Pero no había ni rastro de él.
Estaba preocupada por la aparición de esa mujer que debía ser sin lugar a dudas un titán como Eren, sabía que se iba en un momento delicado, pero también era consciente de que si no lo hacía se odiaría a si misma. Debía volver con Eren y Armin.
–Coge mi mano. –Le dijo Jean ofreciéndosela.
Sin embargo Mikasa le sonrió de forma burlona, y de un salto estuvo encima de la balsa por sus propios medios.
Mientras tanto, en otra parte de la isla, Levi, Pixis y Christa caminaban directos al bunker.
La rubia parecía estar extrañamente callada, lo que mantenía alerta a Levi.
Cuando estaban por llegar al lugar en donde estaba el bunker, la silueta de la mujer que les había advertido de que ellos venían, apareció.
Levi empuño el revolver, mientras que Pixis lo hizo con sus hojas de espada. Sin embargo, Christa no hizo nada porque por alguna razón, no le suponía una amenaza.
Deseaba no equivocarse.
–Tu eres la embarazada, ¿verdad?.–Esa mujer señaló a Christa ignorando a los otros dos.
–¿Cómo mierda sabes eso?. –Le pregunto con cierto tono amenazador Levi.
–Sus ojos. –La mano de la mujer subió hasta la altura de los ojos de Christa.
Levi bufó convencido de que esa mujer estaba loca.
Estaban siguiendo el consejo de una loca.
–Un momento. –Indicó Pixis. –Síguenos. –Le pidió a esa mujer.
Levi arqueó las cejas y Christa lo miró, ¿qué estaba haciendo el viejo?.
–¡Pixis!. ¿Qué coño estás haciendo?.
Pixis le dedicó una simple sonrisa a Levi:
–Quizás ella pueda ayudarnos a abrir el bunker.
La expresión de Levi lo decía todo, el viejo estaba perdiendo la cabeza.
Estaba seguro:
–Y una mierda.
Pixis endureció su expresión:
–Bien, entonces que elija ella. –Señaló a Christa quien tuvo un escalofrío. –A fin de cuentas, es nuestra reina.
La chica quiso que la tierra la tragara en ese momento, las dos personas de más alto rango en la isla esperaban su decisión.
Cogió aire y sopeso ambas opciones:
–Adelante. –Dijo por fin. –No tenemos mucho que perder en este punto. –Aseguró evitando los ojos de Levi.
Éste negó con la cabeza y se dio media vuelta:
–No voy a formar parte de esto. –Les dijo conforme empezaba a caminar en la otra dirección.
Pixis no lo dejó ir:
–Sí lo harás, recuerda que hay una posibilidad de que –Pixis miró a la mujer que parecía estar ida en ese momento. – esta mujer se transforme en titán, Levi. Si esto sucede, tu eres el que podrás acabar con ella. Tienes los reflejos, la fuerza, la agilidad, los números y la reputación contigo.
Mierda.
Estuvieron en el lugar del bunker en cinco minutos, encabezando la formación Pixis, seguido de Christa luego de la mujer y por último Levi quien tenía la mirada fija en el cuello de ella; dispuesto a cortárselo de un movimiento si se transformaba en titán.
–¿Qué es esto?.–Preguntó la mujer acercándose al bunker.
Casi fascinada por la aparición de semejante construcción.
–Esperaba que nos lo dijeras tú a nosotros. –Le dijo Pixis desde una posición más alta.
Las manos de la mujer tocaron la puerta del bunker:
–Nunca había visto esto…–Comentó pasando sus dedos por la ventanilla de la puerta.
–No hay ningún pomo en la puerta, eso significa que debe haber otra manera de entrar.–Le contestó Pixis esperanzado.
–Hay…–Empezó a decir la mujer con un poco de dificultad. Casi como si estuviese indecisa de lo que iba a hablar. –hay dinamita en la otra parte de la isla.
Pixis sonrió sabiendo que había tenido razón al confiar en esa mujer. La dinamita les ayudaría a abrir la puerta del bunker rápidamente.
Sin embargo ni Christa ni Levi parecían demasiado convencidos:
–El uso de dinamita es peligroso. –Dijo Christa cruzándose de brazos de forma negativa.
–La dinamita está dentro de un barco que naufrago hace muchos años, en la parte oscura de la isla.
–¿Parte oscura?. –Preguntó Christa sintiéndose como una niña pequeña a la que le cuentan un cuento de terror.
–Así es como lo llamo yo.
–Es una buena razón por la que ir entonces. –Dijo Levi de forma irónica. –¿Cuál es el estado de la dinamita?.
La mujer se encogió de hombros y se alejó de la puerta del bunker:
–Hasta que no lleguemos, no lo sabremos. Deberíamos ir en menos de una hora si queréis estar de vuelta antes del anochecer. –Aseguró.
Nada de esto les gustaba a Levi y a Christa tampoco, pero no tenían más opciones.
El olor a salitre se les metía en las fosas nasales, impregnando toda su ropa. No era desagradable si es que te gusta el mar, pero en el caso de Levi empezaba a estar agobiado.
Iban sorteando una formación de rocas de la isla, siguiendo a la mujer titán. Levi no había dejado de palpar la hoja de espada y el revolver.
El revolver no haría nada contra un titán, pero sí podía ejercer algo de daño en el cuerpo de un humano. Si esa tipa no se transformaba, entonces podría hacer algo con el arma. Si no, la hoja de espada estaba afilada y dispuesta para usarse.
De toda la isla en ese momento, él era el que podría acabar con un titán de forma inmediata si se diese el caso.
Miró al mar, parándose un momento, estaba soleado y el agua clara. Mikasa probablemente no tendría problemas navegando en la balsa con ese temporal.
Suspiró.
Una parte de él le hubiese gustado que la chica se quedara allí, y que lo estuviese acompañando en ese instante.
Se fijó en que el grupo paró al igual que él.
Pixis quien estaba yendo al lado de la mujer, se fijó en unos cortes en su antebrazo:
–¿Cómo te hiciste esas heridas?. –Le preguntó.
La mujer quien se había quitado el jersey de punto ligero, sucio y roto que llevaba puesto, se lo anudó a la cadera a la vez que le contestaba a Pixis:
–Unos arbustos.
Volvieron a ponerse en marcha enseguida.
Dejaron la formación de rocas y se internaron en la jungla, pasaron por al lado de un precioso lago con aguas cristalinas y se internaron en una parte de la jungla con menos claridad debido a que la vegetación era tal, que la luz del sol no se filtraba de la misma forma.
La humedad era insoportable.
Christa se anudó el pelo en una cola de caballo alta y Pixis se quitó la chaqueta que llevaba puesta.
La mujer titán se paró, y se acercó a un tronco de árbol específico, en donde había talladas unas figuras. Ésta acarició esas figuras con los dedos, y se volvió hacia ellos:
–Este es el territorio oscuro, –Les dijo fijando la mirada en la de Levi, quien había adelantado a Pixis y Christa y estaba frente a ella, con una clara intención de acabar con ella al mas mínimo movimiento extraño. –el navío no está lejos. Aquí es donde todo comenzó para otros. Debemos movernos deprisa.
¿Para otros?.
Había cientos de cosas que esa mujer no les había contado todavía que la misión era casi suicida.
Christa miró a todos lados, intentando tranquilizarse. A su lado, notó como Pixis se le acercaba:
–¿Estás bien?. –Le preguntó.
Ella tragó saliva, y se obligó a mostrarse segura, asintiendo con la cabeza, haciendo que varios mechones de su cabello rubio cayesen sobre su rostro saliéndose de la apretada cola de caballo que se había hecho.
La lluvia comenzó a caer con la misma fuerza que siempre lo había hecho desde que llegaron a la isla. Se adentraron todavía más en la negrura del territorio oscuro de la isla, sorteando obstáculos como grandes y deslizantes rocas, tener que saltar de unos puntos concretos y descender sentados en el barro de otros colina abajo.
Christa se notaba por primera vez embarazada. Pero seguía teniendo el mismo semblante decidido.
En un momento dado, la mujer paró de caminar provocando que el resto también lo hiciera. Su cabello enmarañado parecía un nido de pájaros por la lluvia.
A Levi le dio asco.
–¿Qué pasa?, ¿por qué paramos?. –Pregunto Christa teniendo que alzar un poco más de lo normal su armoniosa voz por el sonido de la lluvia.
La mujer se llevó un dedo a la boca indicando silencio, y señaló enfrente de ellos donde no había nada.
Levi buscó con la mano el revolver dentro de sus pantalones, y en ese momento un sonido estremecedor los hizo encogerse arrodillándose en el suelo desde donde estaban.
Unos pasos pesados, aullidos que parecían truenos y el movimiento incesante de los arbustos los puso en alerta.
–Hay que ir allí. –Les explicó la mujer titán señalando unas lianas que bajaban de unos árboles hasta el suelo y eran un perfecto lugar donde esconderse.
Ella no espero a que los demás la siguieran, echó a correr a una increíble velocidad hasta el lugar.
Levi asió de un brazo a Christa con fuerza y prácticamente la arrastró hasta donde esa mujer se había ido. Pixis no se movió, quedándose en ese lugar quieto.
Unos segundos después, una manada de lobos gigantes aparecieron corriendo.
Todos enormes y con pelo muy largo.
Christa se tapó la boca y cerró los ojos controlando sus nervios, Levi tenía el revolver apuntando a un costado de la mujer titán desde sus pantalones, y Pixis estaba como sumergido en una especie de trance observando a los animales.
Por suerte, ellos siguieron corriendo hacia delante.
La lluvia cesó.
Todos reanudaron la marcha sin decir palabra, siguiendo a esa mujer hacia el barco que había naufragado según ella hacía muchos años, y que contenía dinamita.
La humedad se hizo peor una vez acabó de llover. Levi llegó a replantearse ir sin camisa.
Christa tenía las mejillas, los labios y las manos rojas como tomates, pero la mujer titán parecía inmune a esa humedad o al menos así parecía.
Caminaron una media hora más, hasta que llegaron al lugar exacto donde un barco de grandes proporciones, anclado y con toda la parte de la quilla desaparecida.
La madera estaba en gran parte roída.
Levi no estaba seguro de si entrar dentro de lo que quedaba de barco, ya que por su aspecto daba la sensación de que podía colapsar en cualquier momento.
–Manos a la obra.–Dijo Pixis siendo el primero en acercarse al barco.
El movimiento súbito de la mujer titán a su lado, hizo que Levi se volviese a toda velocidad hacia ella:
–¿Dónde crees que vas?. –Le preguntó sacando el revolver del pantalón y poniendo el dedo en el gatillo apuntándola.
Ésta solamente giró la cabeza en su dirección:
–He cumplido lo que me habéis pedido, necesitabais dinamita y os he traído donde está. No me necesitáis para nada más.
–¡Déjala ir, Levi!. –Le dijo Pixis desde la posición más cercana al barco.
Levi fulminó con la mirada a Pixis pero la dejó desaparecer como el viejo le había pedido:
–¿Quién nos va a llevar de vuelta?.
Pixis le sonrió:
–Yo lo haré.
Jodido imbécil.
–Historia, quédate aquí. –Le indicó Levi señalando el sitio donde ella se encontraba.
–Per…
–Quédate aquí. –Le volvió a decir mientras guardaba el revolver y se metía dentro del barco junto a Pixis.
El barco tenía un olor indescifrable. El sonido de las ratas no se tardó en oír:
–Genial. –Masculló Levi siguiendo a Pixis que subió por una escalera de madera hacia arriba.
Pixis notó el tacto del acero en la cabeza, miró arriba y vio como su cabeza había chocado con unas cadenas que colgaban del techo.
El sonido de los pasos sobre la madera roída era espeluznante, un crujido llamó la atención de Levi que miró al suelo donde había pisado… un pie.
Pixis y Levi enfocaron la mirada y encontraron varios esqueletos que tenían ambos brazos sujetos de anillas.
–Esclavos. –Dijo Pixis.
Levi abrió una puerta que quedaba a su izquierda y se adentró en una pequeña habitación en donde la vegetación de la isla había hecho estragos en la madera.
Había maletas antiguas tiradas por doquier.
Cajas con vajillas de porcelana rota.
Y al fondo, estaban las cajas de dinamita.
–¡Eh viejo, aquí!.
Pixis siguió la voz de Levi y entró en la habitación, acercándose hasta donde estaba él señalando las cajas de dinamita.
–¡Espera!. –Le instó cuando Levi quiso abrir una de las cajas. –Aquí no, Levi. Mejor fuera, con la luz solar. No sabemos el tiempo que lleva aquí este barco…
Levi arqueó las cejas, pero accedió.
Tanto él como Pixis cargaron con una de las pesadas cajas de dinamita hasta fuera con bastante cuidado.
–Con cuidado. –Le pidió a Levi cuando depositaron la caja cuidadosamente en el suelo, casi como si se tratase de cristal.– ¡No!.
Levi iba a abrir la caja con las propias manos, forzándola.
–¡Deja de sacar faltas, viejo idiota!.
Pixis ignoró ese comentario, y se arrodillo junto a la caja pidiéndole a Levi que fuese junto a Christa:
–La dinamita es algo muy especial y peligroso, si se conserva en este estado con esta temperatura y humedad, suda. Eso significa que al mínimo movimiento brusco, ¡boom!. –Hizo un gesto de explosión con las manos.
Sacó su cuchillo de caza más afilado, y con mucho mimo abrió un extremo de la caja, luego otro y otro y otro. Hasta que las cuatro esquinas estuvieron sin clavos y se pudo levantar la tapa.
La dinamita estaba conservada en paja y tal y como había explicado Pixis, estaba sudada.
Ahora, Pixis cogió la chaqueta que tenía puesta y la mojo en un charco de barro a su lado, después cogió una dinamita, y la envolvió con todo el cuidado que sus manos le permitieron.
Tanto Christa como Levi no le quitaban los ojos de encima.
A unos cuantos kilómetros de distancia, en el mar, Connie miraba la isla valorando su belleza:
–¿Cómo es posible que todo esto sea por un embrujo?. –Preguntó notando la brisa del mar meciendo su ropa.
–Tómatelo como las vacaciones que nunca tuvimos como soldados. –Le contestó Jean quien estaba enrollando una liana.
En uno de los costados de la balsa, Mikasa estaba sentada con las rodillas agarradas y la bufanda que Eren le regaló, bien anudada tapándole la boca. No podía evitar sentirse culpable.
Se sentía como una hipócrita.
Había dejado atrás a sus compañeros junto con una mujer que según la información que les había dado, era un titán.
–Mikasa, –La llamó Jean. –¿estás bien?.
La chica asintió sin mirarlo, la brisa no solo volaba su ropa sino su pelo que había vuelto a crecer considerablemente:
–¿Crees que hemos hecho bien?. —Le preguntó en un susurro.
Jean dejó la liana a un lado y se sentó a su lado, notando el calor del cuerpo de la chica.
Unas mariposas se formaron en su estómago:
–¿A qué te refieres?.
Mikasa lo miró, notando la cercanía del chico. Pero no le molestó:
–Hemos decidido hacer esto ahora, quizás ha sido una mala decisión. Por lo poco que sabemos de esa mujer, es un titán…
A Jean le pesaron las palabras de la chica, tenía que admitir que tenía razón:
–No estoy seguro, pero si esa titán decide atacar, Levi está allí. Además, vamos a volver a por ellos, no nos vamos a acomodar una vez tengamos nuestros traseros de vuelta, vamos a remover cielo y tierra por rescatarles. –Jean posó una mano sobre la de Mikasa. –Te lo prometo.
Mikasa apreció el gesto, Jean siempre había intentado reconfortarla cuando algo malo sucedía. Pero antes, Mikasa tenía puesta la atención en Eren y en Armin.
Llegó a recordar cuando Jean llegó a arriesgar su vida contra Annie convertida en titán para salvarle la vida, nunca se lo agradeció:
–Jean, yo…
En ese momento un golpe brusco rompió una parte de uno de los laterales de la balsa. El súbito movimiento provocó que la balsa se tambaleara unos momentos. Mikasa rodó hasta caer encima del regazo de Jean, y si el chico no hubiese estado alerta buscando con la mirada la dirección donde estaba la parte que había caído de la balsa, hubiese visto las mejillas pálidas de la chica adquirir un ligero color rosado que envolvió su expresión de forma encantadora.
–¡Cuidado, Jean!. –Gritó Connie al ver que Jean se desprendía de sus botas y camisa y se tiraba al agua de cabeza.
Jean era el mejor nadador de todos ya que su padre le había enseñado de pequeño a nadar, sin embargo eso no significaba que fuese el mejor del mundo.
Llegar hasta donde la pieza que se había desprendido de la balsa, le costó. Una vez agarró un extremo de ésta, tiró. Pero era muy pesada.
Mikasa agarró la liana que había estado liando Jean, y se la tiró, al primer intento el chico no pudo cogerla, pero al segundo sí.
Connie, Mikasa y los dos cadetes que estaban en la balsa, tiraron de Jean junto con la parte de la balsa. La piel de las manos se les quemó un poco debido a la fuerza que tuvieron que usar, Connie ayudó a subir a Jean a la balsa mientras Mikasa apartó a los dos cadetes y subió ella misma la parte que se había desprendido de la balsa, dejándolos sorprendidos.
–Estás loco. –Le reprendió Connie una vez le acercó la camisa a Jean que se la puso de inmediato.
–Alguien tenía que hacerlo, –Dijo con la respiración todavía entrecortada. –además, ha sido una buena excusa para lucirme ante ella. –Dijo señalando a Mikasa.
Que a Jean le gustaba Mikasa era un secreto a voces, incluso el propio Eren era consciente en ese punto de que el cara caballo tenía sentimientos por Mikasa.
Connie rodó los ojos:
–La próxima vez róbale un beso en vez de tirarte al agua, ¿quién es el más tonto de los dos ahora?.
Jean se limpió el agua de la cara con las manos, y miró enfadado a Connie:
–Siempre tu.
Connie ignoró el comentario, y se acercó a Mikasa que sostenía la parte de la balsa con ambas manos en mitad de la embarcación, ajena a la conversación de los dos chicos sobre ella.
Robarle un beso, quizás lo hiciera. Pensó Jean. Aunque eso significase acabar con la nariz rota.
La noche llegó, la luz enviaba intensos destellos plateados que se reflejaban en el mar ayudándoles a seguir navegando. Volver a colocar la parte del costado de la balsa que se había soltado les costó media tarde, pero lo consiguieron entre Connie, Jean y Mikasa.
Un buen trabajo en equipo siempre daba frutos.
El sonido del agua chocando contra la balsa de forma suave casi los adormecía; Connie luchaba por no quedarse dormido mientras que Jean y Mikasa miraban al horizonte negro, ya que la luna solo les ayudaba a ver unos pocos metros más allá de donde estaba la balsa.
Jean por fin se decidió, y se acercó hasta el extremo donde la chica seguía con la mirada perdida. La bufanda la tenía bien atada, tapándole la boca por lo que solo se le veían los ojos que competían con el color de la luz de la luna.
–¿A cuántos kilómetros estaremos de tierra?. –Le preguntó intentando escudriñar la oscuridad, pero era misión imposible.
Mikasa negó con la cabeza, y giró la cabeza para mirarlo. Su pelo se meció unos instantes en su cara hasta que se lo echó hacia atrás:
–No lo sé… ni siquiera sé si no nos están vigilando.
–¿A qué te refieres?.
Mikasa mostraba una criptica expresión en los ojos:
–Es extraño que no nos haya pasado nada todavía, teniendo en cuenta que estamos dentro de un territorio en el que ellos tienen el control total. –Le contestó.
–Por ellos, quieres decir…
–Sí.–La bufanda se movía con el movimiento de sus labios. –Esto está muy tranquilo. No me gusta.
Muy pocas veces los sentidos de Mikasa habían sido erróneos. Jean sabía que si la chica expresaba ese descontento era porque estaba sintiendo algo peor de lo expresado, Mikasa no solía hablar de sus sentimientos sino de sus sentidos. El chico se puso alerta, y fue a despertar a Connie quien había caído dormido finalmente.
En eso, un sonido motorizado comenzó a oírse.
Todos ellos, fijaron la vista en el punto exacto donde se escuchaba; un foco se encendió cegándolos unos instantes hasta que sus ojos se acostumbraron a la intensidad de la luz.
Era un pequeño barco que se acercaba hacía ellos.
En pocos minutos debido al motor del pequeño barco, los tuvieron en frente. Iban cinco personas dentro de él, un hombre con barba y sombrero de pescador sujetaba el foco con una sonrisa amigable:
–¡Oh, woow!, ¿qué ocurre aquí?. –Preguntó ampliando la sonrisa y llenando su cara de arrugas. –¿Qué hacéis tan lejos en este punto?.
La incertidumbre de si confiar o no en los marineros del pequeño barco los mantuvo callados, no obstante Connie tomó la palabra:
–Nosotros… estábamos en una isla y, buscamos la salida. –Contestó de forma rápida Connie. Tan rápida que por un momento pensó que nadie había entendido lo que había dicho.
–¿Una isla?, vaya, eso sí que es desafortunado. ¿Sois los únicos que había en esa isla?. –El tono de voz del hombre recordaba a la de un abuelo amoroso.
Connie echó un vistazo a los demás, Jean le advirtió con los ojos que mintiera:
–Sí. Somos los únicos.
–¡Es una casualidad que os hayamos encontrado!.–Connie asintió sonriéndole de vuelta al hombre, y el hombre dejó de sonreír momentáneamente para tornarse serio. –La única pega es que esto no puede suceder. –Les dijo.
Jean y Connie se miraron, Mikasa cogió el mango de sus espadas esperando la oportunidad:
–¿Cómo…? No, no entiendo.
El hombre formó una mueca de desagrado, daba la sensación de que no estaba muy de acuerdo con lo que estaba haciendo:
–Veras chico, que abandonéis este lugar no entra dentro del plan. Lo siento.
–Y quién lo dice. –Alzó la voz Jean, también cogiendo el mango de sus espadas.
–Sois chicos listos, lo sabéis.
La luz del foco se apagó, o más bien fue apagada. Mikasa sacó sus espadas al igual que Jean y Connie. Pero lo que no esperaban es que en el barco hubiera personas con armas de fuego.
Dos disparos se escucharon y los dos cadetes más jóvenes junto a Mikasa cayeron al agua.
Jean gritó el nombre de la chica, y al no obtener respuesta se lanzó al agua a buscarla; Connie fue el último en abandonar la balsa cuando vio que les habían tirado una bomba que detonó en un par de segundos desde que tocó la balsa.
N/A: Os saludo a tod s y vuelvo a recordaros que la mejor página para leer el fanfiction es archiveofourown: /works/36927250/chapters/96445140
