La tensión les hacía sudar todavía más que el clima tropical, Levi y Pixis cargaban tres dinamitas cada uno en caso de que alguno de ellos tuviera el fatídico accidente de que la dinamita se detonase sola por el calor.
Christa había querido cargar con alguna también, pero Levi se había negado en rotundo llegando a preguntarle el por qué se comportaba como si le debiera algo a alguien, a alguno de ellos en concreto.
Christa había cerrado la boca, y estaba intentando controlar el temblor de su cuerpo.
Por seguridad, Pixis, Levi y Christa caminaban el mismo camino pero con más de un metro de separación. Cuando la noche llegó, la tensión aumentó.
Levi quien iba detrás de Pixis, vislumbró algo que sobresalía de uno de los bolsillos traseros de Pixis. Era un botellín. Y si no se equivocaba…
–¿Qué cojones es eso?. –Le preguntó rompiendo el silencio sepulcral del grupo.
Christa dio un respingo y paró al igual que los otros dos:
–¿Perdón?. –Pixis no entendía lo que Levi quería decir.
Levi entrecerró los ojos, agresivo:
–Esa botella que sale de tu pantalón, viejo.–Pixis guardó el botellín metiéndolo más hacia dentro del pantalón.– ¡No me jodas!. –Estalló Levi. –¡Cómo voy a confiar en ti si estás borracho!.
Pixis negó:
–No estoy borracho, Levi. Sigamos.
–Una mierda, quiero saber desde cuando tienes alcohol. –Levi estaba bastante enfadado.
El problema era que cargaba dinamita sudada:
–Prometo que después habl…
–No. Ahora. –Le ordenó.
Pixis suspiró, tratar con Levi cuando estaba enfadado era complicado:
–No he probado una gota de alcohol. Encontré el botellín hace días, pero como ves, –Sacó el botellín del bolsillo. Estaba lleno. –está intacto.
Levi se quitó unos mechones rebeldes de la cara, sin dejar de dedicarle la peor mirada asesina que tenía en su reserva de miradas que podrían matar, a Pixis:
–¿Y quién asegura que no lo vayas a hacer después, o ahora mismo?. Has puesto en peligro la vida de Historia. –Levi señaló a la chica que tragó saliva nerviosa. –No sé qué cojones pasa por tu cabeza, viejo, pero no voy a permitir que vuelvas a ponernos en peligro.
Levi sonaba bastante amenazante. Pixis guardó de nuevo el botellín de alcohol en el bolsillo del pantalón:
–No he puesto en peligro a nadie. Estoy siendo puesto a prueba, Levi. Mis antiguos pecados quedan en el pasado, no he probado el alcohol ni lo voy a hacer. Y esto es por lo que a veces no nos entendemos, Levi. Tu eres un hombre que necesita pruebas, eres una persona de ciencia. –Pixis suspiró. –Yo, soy una persona de fe.
–La fe nunca ha acabado con la amenaza de los titanes. –Masculló Levi con veneno.
Pixis asintió:
–Pero estamos aquí. –Le contestó y se dio la vuelta emprendiendo el camino hacia el bunker.
A Levi le costó unos segundos seguirlo, volviendo a poner el metro de distancia entre ambos, seguido de Christa que seguía manteniéndose callada.
Llegar hasta el bunker les pudo costar una hora, dos, ocho… Christa no estaba segura, porque se sentía como si estuviera recorriendo el camino más largo de su vida.
En el bunker, Sasha con les esperaba con unos cuantos cadetes más. Habían decidido quedarse allí, cuidando la playa y el bunker.
Sasha tenía sus hojas de espada en las manos y la mirada de concentración que ponía cuando estaba en una misión; al ver llegar a Pixis, Christa y Levi sonrió dejando atrás la concentración:
–¡Qué alegría!. –Exclamó. –Por un momento pensé que os había pasado algo…
Christa le sonrió de vuelta, y la abrazó de vuelta una vez se acercó hasta ella. Mientras, Pixis y Levi colocaban tan cuidadosamente como la habían cogido, la dinamita encima de la puerta del bunker.
–Cable. –Le pidió Pixis a Levi para poder prender fuego a la dinamita.
Éste se la dio de mala manera.
Pixis colocó el cable en la dinamita, y Levi prendió fuego a ésta.
Ambos corrieron a cubrirse como anteriormente lo habían hecho los demás, en dos segundos la dinamita explotó formando una nube de polvo y metal que olía horrible.
Sasha tuvo un ataque de tos, Levi se acercó hasta donde quedaba la puerta del bunker que ahora había sido arrojada a varios metros de donde había sido construida. Pixis, corrió hacia el agujero que se había abierto por la dinamita.
En el lugar de la puerta, se había abierto un agujero el cual Pixis no era capaz de calcular la profundad con la vista. Una escalera de metal que se había visto perjudicada por la explosión, parecía ser la única manera de acceder al lugar:
–¿Qué hay abajo?.–Preguntó Christa acercándose a Pixis.
Pero no fue él quien le contestó, sino Levi:
–No importa lo que hay abajo, hemos volado la entrada para poder trasladar a los demás ahí dentro, y por como se ve eso no va a funcionar. No hemos llegado a tiempo. Tendremos que luchar…
Pixis cogió una piedra del terreno, y la arrojó al agujero.
¡Plof!.
Agua.
Había agua abajo.
–Un poco de agua, unos centímetros más o menos. –Mencionó Pixis mirando a Christa que estaba igual de interesada que él.
–Podríamos utilizar una liana para comprobar el nivel del agua. –Dijo Sasha acercándose hasta el agujero.
–¡La escalera está rota, descerebrados!. –Exclamó Levi.
–Nos hemos arriesgado para esto, Levi. –Le contestó Pixis.
A Levi no le gustó nada de eso, así que su actitud era defensiva:
–¿Cómo vamos a bajar treinta personas por ahí?. –La expresión de Pixis se tornó a una más oscura. –Por cierto, deberías mirar la puerta, Pixis. Hay un mensaje escrito en ella importante.
Levi no esperó a nadie, simplemente se largó dejando a los demás allí.
El mensaje escrito en la parte interior de la puerta decía: Cuarentena.
El resto de los cadetes estaban en la cueva donde habían encontrado la fuente de agua; se les notaba angustiados. Levi no esperó a que Pixis, Sasha y Christa regresaran, y ocupó un lugar en lo alto en donde les habló:
–¡Hey!. –Todas las cabezas se giraron hacia él. –El plan ha fallado, haceros a la idea de que vamos a tener que pelear contra cualquier cosa que signifique los otros. –Les comenzó a decir.
Las caras de la gente comenzaron a adoptar expresiones de miedo. Levi intentó no sucumbir a ellas, y siguió mostrándose duro:
–Tenemos dinamita. –Señaló el lugar donde había dejado la dinamita que había recogido de donde se encontraba el bunker una vez volaron la puerta. –Algunos de nosotros, tenemos nuestras armas reglamentarias. –Inconscientemente notó el peso del revolver en sus pantalones que no formaba parte de su armamento reglamentario. –Vamos a salir victoriosos, –Levi formó una sonrisa sardónica. –no es como si de repente nos atacara un grupo de titanes.
No obstante, el recuerdo de la manada de lobos gigantes casi le hizo enmudecer. A continuación, les explicó qué era lo que habían encontrado, donde habían buscado la dinamita y por qué no podían acceder al bunker.
–¿Se sabe quienes son ellos?. –Preguntó uno de los chicos más jóvenes alzando la mano.
–No. No los he visto, no sé si son humanos o hadas con alas rosas pero sé que si permanecemos unidos tenemos más posibilidades, el sol saldrá dentro de unas tres horas. Es cuestión de aguantar hasta entonces.
Pixis, Christa, Sasha y los cadetes que iban con esta ultima llegaron en ese instante.
Sasha y Christa tomaron lugar entre la multitud, sin embargo Pixis fue directo a coger una de las lianas más largas que tenían:
–¿Qué coño estás haciendo, viejo?. –Le preguntó Levi con una expresión claramente intimidante.
Pixis recogió la liana, y le sonrió a Levi:
–Voy a descender por el agujero. –Le explicó enrollándose la liana en uno de los hombros.
–No cometas una insen…
–Probablemente quedarse aquí sea la mejor idea, no lo niego. A lo mejor esperar que los que se han ido en la balsa vuelvan con ayuda sucederá pronto, quizás ellos no lleguen a presentarse aquí… pero estoy cansado de esperar. Voy a ir abajo.
Dicho eso, Pixis se abrió camino entre la gente, y desapareció con la liana y un rostro decidido.
Levi se tragó los insultos que le supieron a fuego en la garganta, y lo dejó ir.
La gente se empezó a dispersar dentro de la cueva; Levi entonces aprovechó para descansar las piernas tomando asiento en la misma roca donde les había hablado a los demás.
Una antorcha iluminaba su rostro en parte.
–Entonces, ¿lo cree de verdad, capitán?.
Levi se giró encontrando a Sasha quien tenía las manos entrelazadas y jugaba con sus dedos nerviosa:
–¿El qué?.
–Que estaremos bien.
Levi suspiró volviendo sus ojos a la negrura de la cueva:
–Igual de seguro que si tuviésemos que enfrentarnos a titanes, Sasha. –La voz de Levi sonó cansada. –No puedo hablar por todos los que hay aquí, pero, si se de alguien que podrá enfrentarse a cualquier desafío que sea ese ellos, es tu.
Sasha se sonrojó, era la primera vez que Levi se dirigía a ella de esa forma. Aunque dijese la verdad, era bueno escucharlo, por lo menos en ese momento y para ella, que nunca había tenido la oportunidad hasta ahora de estar con el capitán de esa forma.
Aunque quizás era porque estaba en esa isla, y Levi estaba cansado:
–Es siempre un honor pelear junto a usted, capitán. –Dijo Sasha cuadrándose. Levi soltó un ligero "mmm", y la chica se atrevió a sentarse a su lado, con cierta distancia, pero a su lado. –Ojalá Jean, Connie y Mikasa lleguen a salvo a donde quiera que lleguen.
Levi suspiró:
–Simplemente que lleguen, lo demás no importa. –Susurró a la oscuridad.
–¿Que lleguen?. Un momento, ¿no cree que puedan volver por nosotros?.
Levi movió el cuello de forma circular liberando tensión:
–No estoy seguro de nada ya, Sasha.
La chica observó el mismo punto que Levi estaba mirando, la oscuridad de la cueva era casi infinita, o podría serlo de no ser por las escasas antorchas que tenían.
–¡General Pixis!.
El viejo quien ya había llegado al bunker y se estaba preparando para descender por el agujero, miró como Christa aparecía de la nada. Casi como un ángel:
–Historia, no me sorprende. –Pixis le sonrió. –Siempre he sabido que detrás de esa apariencia de niña buena, hay una guerrera luchadora.
Christa parpadeo hasta adecuar su visión a la oscuridad:
–Quiero ayudar.
–Lo sé.
Y es que, quitando el hecho de que lo que iba a hacer era peligroso y no sabía qué tipo de cuarentena se refería la puerta, Christa quería sentirse útil. Desde que les había dicho a los demás, que estaba embarazada no le habían dejado hacer apenas nada. De hecho, la propia Sasha le había "aconsejado" no ir en la balsa junto a los otros, y Christa así lo había tenido que hacer.
Se veía diminuta entre todos.
Una inútil.
Por eso quería hacer aquello.
Pixis ató la liana a dos árboles robustos, y se acercó al agujero seguido de la rubia.
–Entonces, ¿yo primero?. –Preguntó ella.
–Definitivamente. –Sentenció Pixis. –Eres más liviana. Puedo bajarte y subirte rápidamente. –Le pasó la liana por la espalda a Christa. –Además, la construcción puede que sea muy estrecha abajo también.
Christa permitió que Pixis le atase la liana en la cadera, mientras le decía con cierto sentido del humor negro:
–No nos olvidemos la parte en la que quiere comprobar si abajo hay algo que me pueda comer.
–Oh claro, eso también. –Asintió Pixis ampliando su sonrisa. –¿No he apretado demasiado tu barriga?.
Christa negó con la cabeza, apenas siendo consciente de que tenía un bebé creciendo dentro de ella. Solamente quería hacer aquello.
Pixis le tendió un brazo a la chica, que lo cogió haciendo uso de todas sus fuerzas. Christa empezó a descender los primeros escalones de la escalera con los nervios a flor de piel, sin soltar a Pixis. Pero al llegar al tercero, paró:
–Un momento. –Dijo de repente. –¿Qué debo decir si necesito parar?.
Pixis arqueó las cejas:
–Para. –Le respondió con una voz tierna, parecida a la de un abuelo que habla con su nieta.
Christa asintió soltando a Pixis y cogiéndose al frio metal de la escalera.
El ambiente de abajo era claramente más fresco que el de arriba, Christa jadeaba mientras iba descendiendo con bastante prudencia.
La liana comenzó a sonar mientras iba siendo descendida sujetando a Christa.
Repentinamente, uno de los árboles en donde Pixis había atado la liana, se vino abajo. Christa soltó un grito pensando que iba a morir mientras descendía bruscamente hacia abajo, pero Pixis pudo coger un extremo de la liana y usando su propia fuerza la pudo sujetar parando el descenso.
Las manos de Pixis sangraban por el contacto con la liana.
Christa quien había cerrado los ojos con fuerza los volvió a abrir:
–¡Historia!, ¿estás bien?.
–¡Sí!. Quizás deberíamos…–No obstante no pudo terminar de decir que quizás deberían parar porque Pixis empezó a descenderla usando sus brazos.
Faltaba muy poco para que Christa tocase el suelo. Cuando una sombra la alertó:
–¡PARA!. –Gritó asustada, agarrándose a la liana, queriendo trepar hacia arriba.
–¿Qué ves?.
Christa controló un poco la respiración, intentando encontrar la manera de dejar de temblar de terror:
–Aquí abajo hay algo, general. –Le dijo mirando hacia arriba, esperando encontrar a Pixis mirándola desde arriba.
Pero no lo veía.
La sombra pasó de largo, y Christa pudo ralentizar el latido de su corazón levemente. No obstante, una luz repentina la cegó haciéndola gritar nuevamente. Iluminando todo el lugar de la jungla en donde se encontraban ella y Pixis.
Pixis quiso sacarla tirando de la liana, llamando su nombre reiteradamente, pero algo ahí abajo no le dejó, tirando también y provocando que el general tuviese que soltar la liana y perder a Christa.
Pixis fue tan rápido como sus piernas se lo permitieron a la cueva, encontró a Levi en una oscura esquina sentado junto a Sasha. Corriendo, fue hasta ellos para contarles qué había sucedido:
–¡Maldito viejo!. –Exclamó Levi cogiendo la hoja de espada que había dejado en el suelo a su lado y echando a correr hacia el bunker junto con Sasha y Pixis. –¡Cómo has permitido que esa cría se metiera ahí dentro!.
–Esa cría es la reina Levi, ella se presentó voluntaria. Si le hubiese dicho que no hubiera encontrado la manera de hacerlo.
Levi soltó un bufido y aumentó la velocidad de la carrera casi dejando atrás a Sasha y Pixis.
El capitán Levi ya estaba agachado liándose las manos con un trozo de su propia camiseta que se había roto adrede. Demostrando que era bastante más práctico que Pixis en la ejecución, de esa forma, sus manos no se quemarían cuando descendiese por la liana.
–Vuelve a la cueva, Sasha. Eres la única persona en la que confío. –Le dijo mirando con odio a Pixis.
Ella tartamudeo algo, y asintió corriendo de vuelta hacia la cueva dejando a solas a los dos hombres.
–¡No quiero tu ayuda!. –Le gritó a Pixis cuando vio que éste había cogido la liana de un extremo para ayudarle a bajar.
Pixis la soltó inmediatamente.
Levi le dirigió una ultima mirada de odio antes de bajar donde Christa había desaparecido.
Descender fue fácil para Levi, una vez sus pies tocaron el suelo se vieron sumergidos en agua hasta los tobillos. Masculló un insulto a la nada, y siguió adentrándose en el subsuelo.
El lugar era más fresco que la isla, la formación de rocas provocaba eco. Sus pasos sonaban como los cascos de un caballo galopando, pero en ese momento no le importaba. Lo único en que podía pensar es en encontrar a Christa y sacarla de ahí.
Levi tenía cierta debilidad por las mujeres embarazadas; probablemente esto viniera por su madre y las circunstancias que la llevaron a fallecer y por Sony, su primer amor.
Con ella había perdido la virginidad entrando en la adolescencia, habían estado juntos bastantes años hasta que acabaron por caminos separados. Levi formando parte del escuadrón de operaciones especiales gracias a Erwin, Sony terminó prostituyéndose en la calle según se pudo enterar años después y acabó asesinada en un callejón sola, desamparada, y por lo visto embarazada.
Llegó a un punto en el que había cañerías en el techo. Levi siguió caminando hacia delante, delante de él una pared llena de grafitis le llamó la atención. Había botes de pintura y sprays en el suelo.
Un ruido similar al que Levi hizo al bajar por el agujero, sonó. Pixis habría decidido bajar.
Levi rodó los ojos, y se centró nuevamente en la búsqueda de Christa.
Iba doblando por una esquina, cuando su hoja de espada empezó a pegarse a una pared.
Probablemente habría un imán de gran tamaño en la otra parte de esa pared. Otro sonido se escuchó, uno metálico, casi andrógino. Levi miró hacia arriba, al causante del sonido; una cámara lo estaba enfocando.
Qué coño.
Súbitamente una canción comenzó a tocar.
Levi dio un respingo sorprendido, empuñando la hoja de espada con más fuerza. Un foco se encendió en ese momento, cegándolo.
Levi corrió a cubrirse en una esquina, y gracias a ello encontró una sala llena de ordenadores y libros.
Estaban por doquier. Al igual que el polvo.
Levi hizo una mueca de disgusto.
Se acercó al ordenador más próximo, tenía un salvapantallas de auroras boreales. Fue a tocar una tecla del teclado:
–¡No haría eso si fuese tu, Levi!. –Era Pixis, quien había entrado en la misma sala con una expresión nerviosa y los ojos bien abiertos, recordando a la cara de un loco.
–¿Qué coño?, –Levi se alejó del ordenador. –¿has visto a Historia?.
Una mano que apareció de la nada, apuntó al cuello de Pixis desde su derecha. Levi cogió el revolver de sus pantalones y apuntó a esa mano:
–Te mueves, y lo mato. –Se escuchó a la voz de la mano. Era masculina.
Tenía un acento que Levi no había escuchado nunca. Era como si su idioma fuese un segundo lenguaje para él.
–Deja el arma en el suelo. –Le ordenó la voz de nuevo.
–¿Dónde está la chica?. –Preguntó Levi sin dejar de apuntar con el revolver.
Pixis tragó saliva:
–Levi, está bien. –Dijo el viejo con una tranquilidad inexplicable en la voz.
–¡Dónde está Historia!. –Gritó Levi apretando el revolver con más fuerza entre sus manos.
–Está bien. –Repitió Pixis con la misma voz de falsa tranquilidad.
–¡Tira el arma!. –De nuevo, la voz de la mano habló ordenándole al capitán Levi que dejase el revolver en el suelo.
–No voy a tirar una mierda…
En un segundo, la voz de la mano empujó a Pixis y disparó al techo en el mismo lugar donde quedaba Levi.
Levi soltó un insulto y agachó la cabeza, pero no se movió del lugar. Si lo hubiese hecho, hubiera demostrado que se había asustado; y no iba a hacerlo:
–¡Tira el puto arma!. –La voz dejó de ser simplemente un tono y una mano, se movió hasta situarse detrás de Pixis a quien había agarrado de nuevo tras empujarle y disparar al techo.
Levi entrecerró los ojos enfocando mejor la visión.
Se trataba de un hombre que rondaría los treinta años, pelo por la mitad del cuello, la misma estatura que Pixis y una nariz prominente.
En los ojos de ese hombre, Levi pudo leer el miedo.
Entonces supo que él tenía el control.
En mitad del mar, prácticamente en mitad de la nada. Jean gritaba el nombre de Mikasa una y otra vez, mientras nadaba buscándola.
Estaba asustado.
La simple idea de que la chica se hubiera ahogado era probable pero a la vez impensable. No. Debía seguir buscándola.
–¡Jean!. –Gritó Connie desde la otra dirección en donde Jean se encontraba nadando.
El chico cambió el rumbo del nado, y fue hasta Connie, quien estaba encima de varios trozos de bambú que habían pertenecido a la balsa, acompañado de uno de los otros cadetes.
¿Dónde estaría el otro?.
–¡No encuentro a Mikasa!.–Le dijo a Connie una vez lo alcanzó.
Connie se llevó las manos a la cabeza:
–Esto es una terrible pesadilla.
–¡Ayúdame a encontrarla, pedazo de idiota!.
Connie asintió, y torpemente se metió en el agua otra vez. Jean observó que su amigo era terrible nadando, casi pensó que era mejor que permaneciese encima del bambú porque a todas luces daba la sensación de que se iba a ahogar.
–Espera, Connie. Vuelve arriba. –Le dijo tomando consciencia de la situación.
–¿Qué?. No voy a dejarla, vamos a encontrarla. –Y siguió nadando a duras penas casi como un perro, pero peor.
Jean maldijo su suerte; ahora tenía que tener el ojo puesto en Connie y en la búsqueda de Mikasa.
–¡Eh, mirad, allí!. –Señaló el cadete que se había quedado encima del bambú forzando la vista para buscar o bien a su compañero, o a Mikasa.
Jean y Connie miraron donde señalaba el chico, con la poca luz que había no se vislumbraba quien era pero un cuerpo se hallaba en el agua a pocos metros de ellos.
–Joder. –Masculló Jean empezando a nadar todo lo rápido que sus brazos le permitían hasta el cuerpo.
No obstante, Connie llegó antes ya que estaba más cerca.
–¡Es ella!.–Le gritó a Jean antes de que los alcanzase.
Jean llegó, y cogió a Mikasa que estaba tumbada boca arriba con los ojos fuertemente cerrados y una respiración agitada.
–¿Mikasa?. –La llamó. –Te tengo, estás a salvo.
La chica soltó un pequeño sonido que recordó a un pájaro.
–Vamos. –Le dijo Connie emprendiendo el nado hasta el bambú.
Una vez llegaron con ella, entre Connie y el otro chico cogieron a Mikasa y la pusieron en el centro de los troncos de bambú. Jean subió después, y fue con ella de inmediato.
Con delicadeza, le quito el pelo de la cara, y le acarició el rostro. Olvidándose de dónde estaban, lo que podría pensar ella de eso, y que Connie y el otro chico estaban allí también. No le importó nada. Solamente que ella estuviese ahí, con él, viva:
–… no… no he podido salvarlo. –Susurró Mikasa apenas moviendo los labios.
–¿A quién?. –Le preguntó Connie sabiendo que Jean estaba en ese momento más preocupado de acariciarle el rostro a la chica, demostrándole que estaba ya a salvo, que de preguntar nada.
Mikasa miraba al cielo estrellado, en sus ojos grises se reflejaban las estrellas. Su bufanda burdeos ya no estaba anudada en su cuello.
La tenía agarrada en una mano con fuerza. Sus nudillos estaban blancos como la nieve:
–Se ahogó. Intenté cogerlo, pero no pude. Le habían disparado, lo vi.
Los chicos entendieron que se refería al otro muchacho que los había acompañado.
El joven cadete se sentó en los troncos de bambú y empezó a llorar desconsolado. Connie dejó el poco espacio que podía proveerles a Mikasa y Jean en los troncos de bambú, para intentar consolar al chico.
–Como siempre, has sido la más valiente de todos. –Le dijo Jean sonriéndole a la chica.
Mikasa dejó de mirar al cielo, para fijarse en lo empapado que estaba Jean. Posiblemente igual que ella.
Le sonrió de vuelta, y soltó el agarre de la bufanda en su mano para coger la de Jean.
N/A: He incorporado tecnología de nuestro mundo a la historia, al igual que otras muchas cosas más que se irán viendo pronto.
También he decidido dar pequeños adelantes de próximos capítulos.
Aquí va éste:
Por el rabillo del ojo miraba la espalda de Mikasa mientras se iba alejando, así que no vio como un enorme puño se estampaba en su cara noqueándolo.
–¡Jean!.–Gritó Connie corriendo a socorrerlo.
Un hombre de color, cercano a los dos metros de altura y musculado salió de la jungla seguido de dos personas más. Tenía una feroz expresión en el rostro.
Connie pudo esquivar un par de golpes, pero el tercero fue inevitable y acabó noqueado de la misma manera que Jean. Mikasa notó la adrenalina arremolinándose en su cuerpo, y gracias a eso pudo levantarse de la arena.
–Vete. –Le dijo al joven cadete que miraba con horror como ese enorme hombre empezaba a caminar hacia ellos. –¡Ve a buscar a los demás!. –Le gritó Mikasa señalando a lo lejos.
El chico no esperó más, y corrió dejando atrás a la chica.
