Con las manos en el control, el mandaloriano guiaba la nave a velocidad sub luz en dirección a Nevarro. La chica por su parte había cerrado sus ojos intentando sin ningún éxito descansar un poco, el cansancio le empezaba a pesar. La alerta de mensaje entrante provocó que nuevamente abriera los ojos y disimuladamente mirará el holomensaje que su captor veía con atención.

Mando, recibí la transmisión. Es maravilloso. Cuándo regreses entrega a la presa directamente con el cliente. No tengo idea si quiere comérsela o colgarla en su pared, pero está muy ansioso. ¡Buen viaje! Sabes dónde encontrarme —el holograma desapareció poniendo fin al mensaje.

El pequeño había subido a la consola de mando para tomar una esfera metálica de uno de los controles y jugar con ella.

—No es un juguete —lo reprendió con tranquilidad el cazarecompensas, lo tomó por el cuello de su pequeña túnica y lo regresó a su contenedor, el pequeño verde lo observó con inocencia, mirada que percibió el hombre y lo miro de nuevo.

—No es tarde para cambiar de opinión —dijo Shadow quién había visto todo silenciosamente, intentaba meter en el caza una mínima chispa de duda sobre si debía completar o no su trabajo.

—¿Sabes que harán con él? —preguntó el cazador después de varios minutos en silencio.

—No. Pero si lo buscan los Imperiales no es para algo bueno. Todo lo que toca el Imperio, desaparece, muere o queda en cenizas, así que usa tu imaginación. ¿Qué crees que podrían hacer con él? —finalizó dirigiendo su mirada firme hacía el mandaloriano para después desviarla hacia el espacio, no necesitaba una respuesta, solo hacerlo reflexionar.

Mando agachó su cabeza pensativo. Nunca venía nada bueno junto con esas palabras: Imperio. Sin tener que pensarlo más, estaba resuelto a cumplir su trabajo, siempre lo hacía, era parte de su código, su honor. Descendió la nave en el planeta dejándola en las afueras de la ciudad. Antes de bajar de la nave el Mandaloriano se paró frente a la castaña y con la pañoleta borgoña volvió a ocultar su rostro y con la capucha su cabeza.

—¿Qué haces? —preguntó un poco confundida.

—Respeto el anonimato que quieres mantener —dijo empático, fijó su vista en los ojos castaños de la mujer que ahora mostraban agradecimiento ante tal acción, la chica por un momento y levemente al tenerlo tan cerca pudo percibir duda en su ser, un pequeño destello de esperanza para que hiciera lo correcto.

Bajaron de la nave y caminaron en dirección a la calle principal donde los habitantes seguían en su rutina. Les era normal ver a cazarecompensas con sus presas atravesando la cuidad, el pan de cada día en Nevarro por eso los comerciantes y lugareños les daba igual quién llegaba, porque lo más probable es que jamás los volverían a ver. Desviándose por un callejón bajaron la escalera y se detuvieron frente una puerta, el cazador se quedó un momento inmóvil.

—Aún no es tarde —dijo Shadow con voz suave.

El mandaloriano reafirmó su postura y tocó dos veces la puerta, segundos más tarde una cámara vigilante se asomó por un orificio en la pared y el hombre le mostró una tarjeta, de nuevo la cámara entró y la puerta se abrió, de su interior salieron dos troopers con sus armaduras gastadas y opacas. Observaron al mandaloriano, después al niño y por último a la mujer, con un movimiento de cabeza indicaron que los siguieran. Un soldado llevaba custodiando al niño mientras que Mandó iba detrás de la chica y el otro soldado vigilando la retaguardia, el trooper de enfrente tomó el contenedor del niño con brusquedad.

—Cuidado con eso —advirtió severo el cazador.

—Tú ten cuidado —respondió desafiante el trooper.

Entraron a una gran habitación donde estaba el viejo que Shadow había visto en el holograma y un sujeto con el uniforme de médico militar.

"Él debe ser el Dr. Pershing".

Con emoción el anciano de levantó de su asiento y con el fob rastreador en mano se acercó al niño.

—Si… ¡Si! —acerco el fob y este tintineó consistente, el mayor observó al doctor quién acercó un escáner y sonrió con satisfacción.

—Se encuentra en un excelente estado de salud. Excelente.

—Su reputación no era injustificada —dijo observando a la castaña quién mantenía una mirada arisca hacia el Imperial—. Incluso pudo capturar a la mujer, eso es digno de admirar —se acercó a ella y sonrió mordaz—. Así que esta es quién a traído problemas al Imperio.

—No creo que sea algo que debería presumir en voz alta, ¿o si? Que una mujer deje en ridículo a estúpidos soldado del Imperio, es algo vergonzoso. ¿Qué pensaran sus amigos sobre esto? —dijo burlona, el hombre sin perder la calma asintió a uno de los soldados y este golpeó el estómago de Shadow con el arma haciendo que se doblará, Mando reaccionó por instinto llevando su mano al blaster queriendo interferir pero se detuvo.

—Veamos quién se oculta detrás de la mascara —señaló el Cliente al soldado y le jaló la pañoleta con brusquedad al igual que la capucha de su capa, se acercó y tomó su barbilla con delicadeza para alzar el rostro de la castaña y observarla con atención—. Es un desperdicio que este bello rostro tenga un trágico final.

—Recuérdalo bien, porque será lo último que veas antes de morir anciano. E Chu ta —el Imperial abofeteó fuertemente a la mujer por el insulto, cuando regresó su rostro le sonrió con sorna y limpio su labio que sangraba con el dorso de su mano aguantada.

—Llévensela —ordenó el imperial.

Los soldados la tomaron por los brazos y la llevaron hacia la puerta que había dentro de la habitación, antes de entrar ella se detuvo y miró al cazarecompensas.

—Buena suerte Mandaloriano —le dedicó una sonrisa ácida antes de desaparecer por la puerta, Mando se quedó tensó un momento, momentos después el doctor se iba con el pequeño atravesando la misma puerta.

—Me disculpo por este mal momento. ¿Por qué no mejor regresamos a los negocios? —dijo el Cliente sacando al cazarecompensas de sus pensamientos.

—¿Cuántos fobs emitió? —preguntó con aire molesto, probablemente recordando que otros intentaron matarlo, a excepción de la chica.

—Este artículo era de extrema importancia para mi. Tenía que asegurarme que fuera entregado. Pero el ganador —se alejó, se inclinó para sacar un camtono que estaba debajo de la mesa y lo dejó sobre la misma—, obtiene la recompensa —lo abrió dejando revelar muchas barras de beskar—. Y claro, no hay que olvidar un pago extra por traer a la mujer —dejó una pequeña bolsa que contenían créditos Imperiales—. Un gran pago por una presa tan pequeña.


Varios minutos habían pasado desde que los soldados imperiales habían dejado a Shadow en una habitación sellada, sus manos estaban atadas sobre su cabeza y solo las puntas de sus pies tocaban el suelo. La puerta se abrió y un nervioso Dr. Pershing entró con una pequeña caja en su mano.

—¿Qué es eso? —preguntó la castaña sin obtener respuesta alguna más que una mirada incómoda del doctor, recibió una punzada en su cuello seguida de otra que dejó un líquido recorriendo sus venas—. ¿Al menos puedes decirme si el niño esta bien? —el doctor la miró curioso y asintió, sintió una relativa calma, calma que fue sustituida por una pesadez en su cabeza—. ¿Qué m-me pu-siste? —decía arrastrando las palabras, su vista se volvió borrosa y los ojos le pesaban, aún así pudo distinguir la figura del anciano con una sonrisa maliciosa.

—Ahora me dirá todo lo que sabe.

Un par de horas pasaron desde que el Imperial había entrado a la habitación con un par de troopers para hacer hablar a Shadow, su rostro golpeado y ensangrentado colgaba cansado a punto de perder el conocimiento.

—Mi paciencia tiene un límite —habló el mayor apretando los dientes.

—P-por qué anciano, ¿a casó te pagan por comisión? —dijo con voz apagada—. ¿Por cada opositor del i-imperio que atrapes tu jefe te da un trato especial? —le dio una mirada lasciva con una sonrisa burlona, cosa que hizo enfurecer al Imperial ordenando que volvieran a golpearla—. Vaya el v-viejo es sensible —nuevamente se burló después de toser sangre, el hombre perdiendo la compostura serena se acercó a la chica tomándola por el cabello de la nuca y levantó con fuerza su cabeza para poner su rostro frente al de ella, Shadow lo recibió escupiendo sobre su cara—. ¿Pero qué no simplemente me matas abuelo?

—Me ordenaron llevarte viva, pero estoy seguro que al Moff no le importará que solo lleve tu cuerpo frío —sacó un pequeña vibrocuchilla y la puso en el cuello de la mujer—. Me complacerá mucho verte desangrar poco a poco —sonrió malicioso.

—¡Señor! —entró apresurado el doctor Pershing a la habitación pero palideció al ver el estado deplorable de la mujer.

—Doctor, tan inoportuno como siempre. No ve que estamos ocupados —dijo el mayor recobrando la compostura serena girando hacía el doctor.

—Ella… ella puede servirnos señor —dijo el hombre con voz temblorosa.

—¿A que se refiere doctor? —lo miró curioso.

—Ella y el niño… bueno, sus conteos "M" son similares.

—Esta diciendo que…

—La necesitamos viva señor. El niño es pequeño y puede que en algún momento… bueno —no término la frase ya que el Imperial sabía a que se refería, se giró de nuevo a la mujer y la tomó de la barbilla para mirar su rostro agonizante.

—Deberías estar orgullosa, tu cuerpo servirá para dar vida de nuevo al Imperio —se alejó e hizo una señal a los soldados para que la soltaran, sin ninguna delicadeza cortaron la cuerda y cuerpo de la mujer se desplomó en el suelo, hizo el intento por levantarse pero sus fuerzas la habían abandonado.


El ruido de fuertes explosiones se empezaron a escuchar en aquella casa de seguridad imperial, un Mandaloriano arrepentido había entrado derribando y eliminando a todo stormtrooper que se le atravesará. Entró impetuoso a una habitación y vio en ella al niño recostado sobre una camilla y aún un doctor aterrado protegiéndolo con su cuerpo.

—¡No lo lastimes por favor! Es solo un bebé. No le hagas daño —dijo suplicante, el Mandaloriano le disparó al droide que estaba ahí y quitó al doctor arrojándolo al suelo apuntando con el blaster.

—¿Qué le hiciste? —gruño al ver al niño inconsciente.

—¡Nada, lo juro! Solo lo protegí. Si no fuera por mí ya estarían muertos —dijo con voz temerosa.

—¿Muertos? ¿En dónde está ella? —dijo con fiereza tomándolo del cuello de su uniforme para levantarlo.

—Está en la habitación del fondo. Juro que intenté mantenerlos con vida —dijo el hombre nervioso, la preocupación de la chica por el niño hizo que el lado humano del doctor saliera y tratara de que no la mataran.

El Mandaloriano desaparecido de la habitación junto con el bebé haciendo que el alma del doctor regresará de nuevo a su cuerpo. Mando se apresuró a abrir la habitación y se tensó un momento al ver el cuerpo inmóvil de la chica en el suelo, se acercó bajando con cuidado al niño, puso su mano en el cuello de la castaña para tomar su pulso y sintió un alivio al saber que aún tenía.

—¡Oye… Despierta! —dijo con voz fuerte mientas la sacudía—. Tenemos que salir de aquí —con cuidado limpio su rostro apartando el cabello que lo cubría mostrando así el verdadero grado de maltrato, sintió una punzada en su estómago que fue sustituido por un sentimiento de alivio al ver que ella retomaba la conciencia—. Tenemos que irnos —reafirmó una vez que ella lo miró desorientada.

—¿T-tu que…? —se aferró a su brazo tratando de que su cabeza dejará de dar vueltas—. El Niño, ¿dónde está? —preguntó con gran preocupación al estar más lúcida.

—Él está bien —señaló con la cabeza hacia donde estaba—. Hay que salir. ¿Puedes levantarte? —ella asintió, con gritos ahogados y con la ayuda del Mandaloriano se pudo poner de pie, él le entrego al bebé y atravesó su brazo por la cintura de la chica para servirle de apoyo mientras con la otra mano tomaba su blaster.

—Linda armadura —dijo la castaña con una ligera sonrisa ya con más ánimo.

—Bueno, la otra ya no servía —habló con un ligero toque de humor.

El lugar era más grande de lo que aparentaba, atravesaron varios pasillos eludiendo a los troopers y topándose con algunos que el mandaloriano ya había eliminado, Shadow aprovecho a tomar el blaster de uno de ellos. Al cruzar una de las puertas se toparon con dos que hicieron caer de inmediato, uno por uno los cabezas de cubeta fueron cayendo a manos del Mandaloriano y la chica, apenas podía con ella misma, pero al tener al niño en sus brazos la hacían sacar fuerzas para salir de ahí con vida. Llegaron a una habitación grande que parecía una sala de control olvidada, se vieron rodeados de stormtrooper en poco tiempo.

—Suelten sus blasters —ordenó uno de ellos, Mando levantó las manos, miró furtivamente a la chica y fue bajando lentamente su blaster, ella confío en sus acciones y lo imitó.

—Lo que traemos es algo muy valioso ¿si? —con un movimiento de cabeza le indicó a Shadow que pusiera al niño en el suelo, con cuidado ella lo hizo.

—Da la vuelta y mírame —dijo el trooper al Mandaloriano, el cerró su mano y activo las Aves Silbantes eliminando a los de armadura blanca en pocos segundos, Shadow lo miró desconcertada.

—¿No pudiste haber empezado con eso? —le reclamo la castaña.

—Son una nueva adquisición —se defendió el aludido.

Salieron del lugar sin más contratiempos para adentrarse de nuevo a las calles de la ciudad, Shadow volvió a cubrir su rostro, era obvio que llamaría la atención si lo veían en ese estado. Ahora era el Mandaloriano quien llevaba al niño mientras caminaban por los callejones sombríos hasta salir a la calle principal, ambos mantenían sus manos cerca de sus blasters.

—Tengo un mal presentimiento —susurro la chica que caminaba a lado del caza, el ambiente en Nevarro se ponía cada vez más pesado.

—Tambien lo sientes —afirmó con preocupación.

En poco tiempo se vieron rodeados de cazarecompensas del Sindicato cortándoles el paso hacia salida de la ciudad.

—¡Bienvenido, Mando! —el líder del Sindicato Greef Karga fue quién apareció frente a ellos—. Ahora, quiero que bajes a la presa y entregues a la mujer —ordenó tranquilo pero con su mano cerca del blaster, ahora no solo habían emitido la alerta para el niño, también la incluía a ella.

—Aun lado. Voy hacía mi nave —dijo amenazante, Karga se rio por lo bajo.

—Baja a la presa, entrega a la mujer y tal vez te deje pasar.

—Ella y el bebé vienen conmigo —habló firmé.

—Si en verdad te importan, entonces pondrás al bebé en el speeder, entregaras a la mujer a esos caballeros y entonces discutiremos términos.

—¿Cómo se que puedo confiar en ti?

—Porque soy tu única esperanza —reafirmó Karga, Mando se quedó inmóvil un momento.

—No lo estás considerando, ¿o sí? —preguntó en susurro Shadow, él sin decir nada caminó hacia el speeder mientras los cazarecompensas lo seguían y se acercaban a la chica—. ¿Qué estás haciendo? —dijo en voz trémula.

—¿Confías en mí? —fue ahora él quién le preguntó en susurro sin verla, ella lo miró confundida.

—¿Qué?

—¿Puedes confiar en mí? Necesito que lo hagas —dijo con un poco de súplica en su voz.

—Okay —dijo sin reparos.

Se paró aún lado del speeder mirando al niño confiando en que iban a salir de esta. Él sacó su blaster y eliminó a algunos de ellos, Shadow hizo lo mismo disparando a quienes iban a capturarla, ambos saltaron al speeder y le ordenaron al droide que avanzará. Alcanzaron a recorrer un largo tramo pudiendo eliminar a los cazadores que se atravesaban por el camino, hasta que Karga le disparó al droide provocando que el speeder se estrellara contra la columna que se encontraba en la entrada del pueblo.Todos los cazarecompensas dejaron de disparar y con precaución se fueron acercando, cubierto por los contenedores Mando disparó su rifle desintegrando a algunos de sus compañeros del Sindicato mientas Shadow protegía al bebé con su cuerpo, al ver el poder del arma todos buscaron un lugar donde refugiarse hasta que Mando no vio ningún otro objetivo cerca.

—Es un arma impresionante Mando —gritó Karga oculto detrás de un pilar.

—Esto es lo que vamos a hacer. Voy a tomar al bebé. Ella y yo vamos a caminar a la nave y tú nos vas a dejar pasar —demandó el del beskar.

—¿Qué te parece esto? Tomamos al bebé y a la mujer, si intentas detenernos te matamos y desmantelamos tu cuerpo en partes.

Mando y Shadow se miraron, ambos entendían que la diplomacia no serviría en esos momentos, para poder salir vivos de ahí tendrían que recurrir a las negociaciones hostiles. Ambos se incorporaron para disparar en diferentes direcciones eliminando a los cazadores que estaban cerca de ellos, Shadow gritó de dolor y volvió a recostarse llevando su mano a su brazo izquierdo.

—¿Estás bien? —le preguntó Mando, ella asintió.

—Solo rozó —cerró lo ojos y suspiró cansada—. Son demasiado y estamos acorralados, mis ideas se están agotando —le dirigió una mirada casi derrotada, estaba exhausta, adolorida y todo su cuerpo le exigía rendirse, ella miró al niño con culpa, su intención era salvarlo y ahora no podía hacerlo, o tal vez le quedaba una última idea, una muy pero muy estúpida idea—. Quizás haya una manera —bajó la pañoleta descubriendo su rostro—. También me quieren a mi ¿no?

—¿Qué pretendes?

—Hacer que todo arda —una leve sonrisa pícara salió de sus labios para ocular sus muecas de dolor, ella llevó su mano al cinturón del Mandaloriano y tomó uno de sus explosivos, él de inmediato sujetó su mano para detenerla.

—¿Qué haces?

—Saldré y me acercaré a tu jefe con estos, atraeré a todos los que pueda, limpiaré el camino para que tú y el niño…

—¡NO! —la reprendió sujetando más su mano captando cual era el desenlace de su plan—. Pensaremos en algo. Encontraremos la manera de salir de aquí.

—No hay otra manera —dijo con una ligera sonrisa ácida—. Morir no estaba en los planes del día, pero le prometí que iba a salvarlo —miró al niño quién los veía a ambos con semblante débil—. Ayúdame a cumplir esa promesa. Déjame hacer algo por él —un hilo de voz suplicante salió de ella—. Se que solo ibas por él, si me dejas tendrás una carga menos.

—No. Hay que planear otra estrategia. Todos vamos a salir de aquí —su voz se empezó a quebrar un poco.

—Déjame hacerlo —su mirada firme y segura se cristalizó—. Tienes que protegerlo —Mando se tomó un momento para evaluar la situación y desafortunadamente no eran alentadoras las probabilidades para ninguno—. Hay que pensar que es lo mejor para él, no dejes que caiga en manos del Imperio —vio al niño un momento, había hecho todo esto por él y ella, pero principalmente por él, Shadow sintió como el agarre del Mandaloriano se fue suavizando, ella asintió al tener su aprobación.

Tomó algunos de los explosivos, un pequeño saco de tela

Que había ahí lo envolvió con la manta del bebé. Antes de salir observó al pequeño, acarició una de sus orejas y le dedicó una dulce sonrisa.

—Gracias por darme tranquilidad niño —le dijo recordando el sentimiento de paz que le transmitió mientras se encontraba en medio de una nube obscura, después dirigió su mirada al hombre del casco—. Cuida bien de él. Buena suerte Mandaloriano —dijo con voz átona, miró al cielo y soltó un suspiro—. ¡No disparen, voy a salir! —gritó y todos se detuvieron al recibir la orden de Greef Karg de cese al fuego, ella alzó una mano y se levantó del speeder para bajar lentamente sosteniendo en brazos al "niño" y buscó con la mirada al jefe del Sindicato—. Usted y yo tenemos que hablar sobre los términos de mi rendición —habló demandante, el sujeto sonrió.

—Tomaste una decisión inteligente —Karga empezó a caminar en su dirección, un cazarecompensas se acercó y la tomo del brazo, ella puso el dedo en el explosivo que ocultaba bajo la manta para activarlo cuando estuviera más cerca.

"Sleemo".

La explosión de un misil contra un cazarecompensas distrajo a todos los presentes, de un momento a otro el lugar se había llenado de mandalorianos que salían de todos lados y los cazadores empezaron a disparar contra ellos. Shadow aprovecho la confusión y le quitó el blaster al sujeto que tenía a su lado, le puso los explosivos en su ropa activándolos y lo arrojó a un grupo reduciéndolos a fuego y humo. Otro cazarecompensas saltó y cayó sobre ella quedando en el piso, la castaña sintió un golpe y dolor profundo en su costado izquierdo que la dejo sin aire, con un golpe se lo quito de encima, se alejó rodando para tomar el blaster que había soltado y le disparó. Entré explosiones y disparos se acercó al mandaloriano quien se encontraba ocupado derribado a sus compañeros del Sindicato.

—¿Estás bien? —le preguntó cómo recibimiento.

—Si te soy sincera, me alegro de no morir hoy.

Varios mandalorianos de su clan aterrizaron en la entrada de la ciudad disparando a los cazarecompensas.

—¡Salgan de aquí! Los detendremos —ordenó uno de ellos.

—Van a tener que reubicar el refugio —dijo Mando un poco preocupado.

—El camino así es —dijo con voz firme demostrando su apoyo y determinación para protegerlos.

—El camino así es —respondió del mismo modo animado por la ayuda de su gente.

El Mandaloriano tomó al bebé mientras Shadow lo cubría y ambos corrieron a la nave, la castaña sintió un alivio en el momento que puso un pie dentro del Crest.

—Espera Mando —la voz de Karga los hizo parar en seco, ambos lentamente voltearon para ver al hombre que les apuntaba con el blaster—. No quería llegar a esto, pero tú rompiste el código —dijo hostil.

Shadow de reojo vio el panel que tenia a su lado y miró al Mandaloriano quien entendido el plan y asintió sutilmente, la chica apretó el botón provocando que humo saliera y llenará la zona de carga, se escondió detrás de una saliente metálica de la nave mientras Mando le disparó a Karga haciendo que saliera rodando de la nave. Shadow cerro las puertas mientras el hombre se apresuró a encender los motores y salir del planeta, no paso mucho tiempo para que se adentraran en el hiperespacio.

La adrenalina en su cuerpo estaba pasando y los dolores empezaron a llegar de golpe, se sintió mareada y el dolor punzante en su costado se hizo más fuerte haciéndola temblar, llevó su mano a la zona y sintió húmedo, al verla estaba llena de sangre, el cazarecompensas que la atacó la había apuñalado. Su cuerpo no pudo resistir más el estrés y termino por colapsar en el suelo de la nave, sus fuerzas la abandonaron. El mandaloriano escuchó el golpe seco, llamó a la mujer sin tener respuesta alguna. Puso el piloto automático, miró al niño y le entregó la bolita metálica de su palanca para distraerlo, bajó de la cabina y encontró a la chica inconsciente en el suelo sobre un pequeño charco de sangre. De inmediato se acercó a ella y tomó su pulso, palideció al no sentirlo.

—No hagas esto. Tu no puedes morir ¿entendiste? —sentenció—. Hoy no es tu día para morir.