La vida nocturna de peleas y apuestas había dejado vacías las calles de aquella ciudadela de mala muerte. El tintineo del andar del Mandaloriano perturbaba la paz de la fauna local que se escondía entre las penumbras de los callejones. Ignorando las quejas en forma de gruñidos, Din Djarin continuó su recorrido seguido por el niño hacia la entrada de un club de peleas donde un Twi'lek con cara de sargento mal pagado custodiaba la entrada del recinto.

—Vengo a ver a Gor Koresh —dijo el Mandaloriano con esa peculiar seriedad que lo caracteriza, el Twi'lek con mirada pesada observó al cazarecompensas y al niño por unos segundos.

—Que disfruten la pelea —habló el sujeto moviéndose y dando entrada a aquel par.

Furtivamente una castaña encapuchada forzaba la entrada trasera de aquella arena de peleas clandestina. Tras poner a dormir a dos guardias que para su mala suerte pasaban por ahí, subió a la planta superior y se ocultó en la sombras de una habitación que daba vista panorámica hacia la arena donde dos gamorreanos peleaban pero sobre todo, le daba una buena vista hacia su objetivo quién hablaba con su compañero.

Necesitaban información para encontrar a otros mandalorianos que los pudieran encaminar a encontrar a los Jedi para cumplir su misión de entregar al pequeño verde. L'exxi encendió su comunicador de oído para escuchar la interesante plática del mandaloriano con el gangster abissyn.

—¿Tu apuestas Mando?

—No cuando puedo evitarlo.

—Apuesto la información que buscas a que este gamorreano morirá en el próximo minuto y medio. Y todo lo que tienes que poner a cambio es tu brillante armadura de beskar.

Dile que puede besar el trasero de Jabba —le dijo L'exxi a Din por el comunicador que estaba conectado al casco del mandaloriano.

—Estoy preparando para pagarte por la información —dijo Mando al abissyn ignorando a la castaña—. No dejare mi destino a la suerte.

—Yo tampoco —el gangster sacó su blaster y apunto al gamorreano que iba a matar a su peleador y después apuntó a Djarin al igual que otros cuarto hombres que protegían al abissyn, no pasó mucho tiempo para que los asistentes, muy astutamente salieran del lugar y evitar ser envueltos en la muy segura trifulca que se avecinaba, fue cuestión de segundos para que la arena quedará vacía—. Gracias por venir a mi —dijo burlón—. Normalmente tengo que buscar remanentes de mandalorianos en sus escondites para recolectar sus preciosas carcasas brillantes. El valor del beskar sigue subiendo. A mi me gusta mucho. Dámela ahora o la sacaré de tu cadáver —demandó.

—Dime dónde están los mandalorianos y me iré de aquí sin matarte —dijo Mando con firmeza.

—Habías dicho que no apostabas —Din cerró su mano activando las aves silbantes, al percatarse de lo que pasaría el pequeño se encerró en su contenedor y L'exxi sonrió burlona.

"Mala elección de palabras amigo".

—No lo hago —dijo Mando para soltar las aves eliminando a los que le apuntaban.

De una patada alejó el contenedor del niño, el gamorreano que estaba en el ring saltó para caer encima del Mandaloriano pero alcanzó a esquivarlo. El Twi'lek de la entrada lo sujetó con fuerza por la espalda mientas otro tipo le golpeaba el casco causando un efecto rebote que terminó golpeando al Twi'l en la cara.

—Puedes intervenir cuando quieras —dijo Din a L'exxi mientas golpeaba a sus contrincantes.

Nah. Creo que lo tienes todo bajo control —habló despreocupada con una sonrisa oculta mientas veía que mas sujetos se acercaban.

—L'exxi... —reclamó el Mandaloriano pero calló después de ver cómo los dos que tenía a su lado se desplomaron en el suelo con heridas de flecha al igual que los sujetos que se acercaban hacía él, la castaña salió por la ventana de un salto antes de que llegaran más.

—En verdad, ¿tan poca fe me tienes? —dijo en falsa ofensa acercándose a él, buscaron al abissyn con la mirada y este huía—. Ve tras Koresh, yo me encargo —guardo su arco y sacó su espada para enfrentar a los sujetos que se acercaban, el mandaloriano asintió y salió trás del gangster.

L'exxi no tardó mucho tiempo en poder eliminar a los hombres de Koresh y salir para alcanzar a su compañero quién tenia al espécimen colgado boca abajo en un poste de luz.

—Ahora, ¿dónde está el mandaloriano del que sabes?

—Tatooine—-dijo rendido el abissyn.

—¿Qué?

—El mandaloriano del que sé está en Tatooine.

—Es imposible —habló L'exxi escéptica—. Pasamos mucho tiempo en Tatooine y no vimos a ningún otro mandaloriano.

—Mi información es veraz. En la ciudad de Mos Pelgo ahí lo encontrarán.

—Mos Pelgo no existe —dijo L'exxi poniendo la hoja de su espada en el cuello del gangster.

—Si es real. ¡Lo juro por los Gotra! —L'exxi y Mando se miraron desconfiando, pero era la única pista que tenían.

—Entonces iremos a Tatooine —afirmó Din.

—Iremos a Tatooine —dijo L'exxi en voz baja soltando un suspiro frustrado guardando su espada. Ambos empezaron a caminar escuchando los gritos del gangster detrás de ellos.

—¡Mando, no puedes dejarme así! ¡Bájame! —ordenó.

—Eso no era parte del trato —dijo con voz fría, sacó su blaster y disparó a la luz para dejar todo en obscuridad.

Los gritos desesperados del abissyn hacían eco en el lugar pero fueron ignorados por aquel trío dejando al pequeño gangster a su suerte.


La cabina en el Razor Crest iba en un inusual silencio que solo era interrumpido por los balbuceos del pequeño verde que jugaba con el collar de L'exxi mientas ella tenía la mirada pérdida en el espacio. Din había notado la falta de entusiasmo de la castaña al saber que ahora irían a Tatooine, él habría apostado que sería el primer lugar al que L'exxi querría ir después de saber la verdad sobre sus padres.

—Supongo que irás a visitar a tu amigo Esko —soltó sin filtro para romper el hielo, L'exxi sin verlo le dio una sonrisa ácida.

—No —dijo muy seco, Djarin la volteó a ver confundido—. No lo sé. Es que él... me mintió —ella lo miró y en sus castaños ojos se reflejaba un rastro de decepción—. Le pregunté de frente si mis padres habían sido Jedis y él lo negó.

—Pero eso no es lo que te molesta ¿verdad? —dijo Mando examinado su mirada, ella lo miró intrigada, la estaba empezando a conocer bien, negó con la cabeza—. Te molestó que lo supieras por Moff Gideon y no por él —ella asintió.

—¿Desde cuándo sabes leerme tan bién? —dijo con una pequeña sonrisa.

—Tus ojos no pueden mentir —dijo afirmando, L'exxi desvío la mirada para con el niño quien la veía con atención, aún se sentía un poco avergonzada por lo que había pasado en Nevarro y la última vez que Din le había dicho eso. Trató de calmarse y poner en orden sus pensamientos.

—Sabes, no se si puedo confiar en que me diga la verdad si vuelvo a preguntar —soltó un suspiro frustrado—. Yo, no soy buena confiando en las personas. Cuando estaba en los Phantom Thieves, siempre tenía que cuidarme la espalda. Confiar en los demás era un error que podía llevarte a fallar en la misión. Era un trabajo que te volvía paranoico. Desconfiabas de tus aliados, de todos los que te rodeaban, pero se necesitaba algo, un ancla segura. Yo solo confiaba en mis padres y Esko, ellos me ayudaba a mantenerme cuerda dentro de ese mundo. Les tenía una confianza tan ciega que nunca cuestione lo que me decían, yo necesitaba aferrarme a algo, creer en algo bueno. Ahora, será un poco difícil volver a confiar. Es que... ¿por qué ocultarme algo tan importante como esto? No lo entiendo.

—Un buen motivo debieron tener —dijo tranquilo.

—¿Cómo cuál? —alzó una ceja.

—Tal vez querían protegerte —ella lo miró con curiosidad—. Cuando los droides Separatistas llegaron a mi planeta y empezaron el ataque, mis padres me ocultaron en una bodega subterránea. En ese instante, cuando se despidieron de mi, yo sentí que me estaban abandonando —dijo con voz trémula—. En ese momento yo no entendía porque lo habían hecho. Con el tiempo comprendí que mis padres solo querían protegerme, tal vez ellos sabían que no lograrían salir vivos de ahí, pero hicieron todo lo posible para que yo estuviera a salvo —L'exxi ablandó su mirada al igual que su rostro.

—Y-yo... no lo sabía. Lo lamentó —dijo apenada—. Debí sonar como una idiota con todo mi drama.

—Entiendo como te sientes. Pero piensa en que ellos tenían una razón de peso para no decirte la verdad. Tú bien lo dijiste, confiabas ciegamente en ellos, no dejes de hacerlo —la castaña le dio una sonrisa sincera.

—Gracias. En verdad te lo agradezco —lo dijo desde el corazón, Din solo asintió y regresó la mirada hacia el frente, ella de nuevo miró al pequeño en sus piernas quien ahora le ponía su pequeña mano en su rostro, L'exxi sonrió y puso su frente en la de él para envolverse de su tranquilidad que él le transmitía—. Esko tendrá que agradecerte.

—¿Por qué?

—Porque al menos ya no lo asesinare en cuanto lo vea —soltó una risilla al igual que el mandaloriano.

Al llegar a Tatooine descendieron en Mos Eisley en el hangar tres cinco, lugar de una vieja conocida. Djarin puso al pequeño en un bolso y los tres bajaron del Crest.

—Oigan, déjenlo. Saben que no le gustan los droides —dijo la mecánica Peli Motto a sus asistentes que ya estaban listos para trabajar en la nave.

—Deja que le echen un vistazo. El Crest necesita una buena revisión —indicó Din.

—Ah, ahora le gustan los droides.

—Solo desde que uno le salvó la vida —dijo L'exxi con una sonrisa pícara.

—Pues ya escucharon, revísenlo —les ordenó Peli—. Vaya, creo que mucho a cambiado desde que estuvieron en Mos... —la mujer no termino de hablar cuando Mando le mostró al pequeño verde y su actitud cambió—... ¡Gracias a la Fuerza! —dijo con emoción y tomó al niño en sus brazos—. Este pequeñito realmente me tenía preocupada. Ven aquí pequeña rata womp —el pequeñín la miro y sonrió—. Parece que no me olvido. ¿Cuánto quieres por él? Es chiste. Algo así —Din y L'exxi se miraron, ella sonrió y él negó ligeramente con la cabeza—. Si esta cosa se divide o procrea, con gusto pagaré por el producto —la mecánica perdió la concentración de la conversación al ver que sus droides se metían en líos con el Crest llevándose una reprimenda por su dueña.

—Estamos aquí por negocios, necesitamos tu ayuda —dijo L'exxi cambiando de tema antes de que siguiera y terminara comprandolos a ellos como esclavos.

—Oh, entonces haremos negocios. ¿Quieren que cuide a la criatura en lo que van a una aventura?

—De hecho, el pequeño es la aventura.

—Tenemos la misión de llevarlo con los de su especie —dijo Din.

—No puedo ayudar con eso. Jamás he visto algo así. Y créeme he visto todas las formas y tamaños en este lugar.

—Una armera mandaloriana nos encaminó. Si encontramos a otros de los míos puedo trazar un camino por la red de refugios.

—Eres el único mando que a estado aquí en años por lo que se.

—¿Dónde está Mos Pelgo? Nos dijeron que aquí había uno —fue L'exxi quién habló—. Viví varios años en Tatooine pero nunca escuché de ese lugar.

—Hace mucho que no escuchaba ese nombre.

—Buscamos en el mapa pero no encontramos nada —agrego Djarin.

—Porque fue destruido por bandidos. Cuando cayó el Imperio fue todos contra todos. Yo no me atreví a salir de la ciudad, aún no lo hago.

—¿Puedes enseñarnos donde estaba? —dijo la castaña, Peli llamo a su astromecanico R-5 y el desplegó un holograma.

—Este es un mapa de Tatooine antes de la guerra. Aquí está Mos Eisley, Mos Espa —el mapa giró y se detuvo en un área-. Y alrededor de esta región Mos Pelgo —Din y L'exxi lo miraron con atención.

—Ahí no hay nada —dijo ella.

—Pues ahí está, o solía estar. No hay mucho, es un antiguo pueblo minero. Van a ver ese gran pedazo de metal antes de que aterrices —dijo señalando al Crest.

—Bueno, la nave no es una opción —dijo L'exxi.

—¿Aun tienes las moto speeder? —le preguntó Din a Peli.

—Si. Oxidadas pero aún sirven.

Después de empacar algunas cosas en sus mochilas, Din y Mjurran salieron del hangar y prepararon las speeder para el viaje.

—¿En dónde dijiste que vive Esko? —preguntó Mando.

—En las afueras de Mos Espa.

—Nos queda de camino. Iremos primero con él.

—Espera, ¿cómo que "iremos"? —dijo L'exxi confundida.

—Tu amigo tal vez tenga información que nos pueda ayudar. En este momento necesitamos todas las pistas posibles. Si no puede ayudarnos entonces iremos a Mos Pelgo —L'exxi lo miró seria un momento.

En su estadía en Tatooine llegaría con Esko, eventualmente. Tenía planeado hacerlo sola pero Din estaba interesado en ir, de alguna manera está situación la ponía nerviosa, nervios que antes no había sentido. Esko era un gran amigo que se convirtió como un padre para ella y ahora Djarin lo iba a conocer.

—Ok -dijo rendida—. Te guío. No te vayas a quedar atrás —subió al speeder y la puso en marcha.

Tardaron algunas horas en llegar a las afueras de Mos Espa, a la distancia se empezaba a identificar la granja de su amigo Esko y junto a ella el Jeager. Al irse a acercando bajaron la velocidad, el massiff aviso a su dueño de que visitas llegaban a las afueras de su humilde hogar.

—¿Qué pasa Skout? —dijo Esko saliendo por la puerta y mirando al horizonte, dos siluetas se acercaban, una de ellas la pudo reconocer a la perfección—. Mira quién viene ahí —dijo con una sonrisa, L'exxi y Din se detuvieron afuera de la entrada siendo recibidos por el massiff.

—Hola amiguito —dijo L'exxi con voz cantarina bajando de la moto speeder dispuesta a mimar al animal, ignorando a la castaña se acercó cautelosamente al Mandaloriano que también había bajado del speeder, Din acercó su mano a el para que después este se deshiciera entre sus caricias.

—¡Pequeña Jakrab! —dijo un Esko alegre acercándose a la castaña para recibirla con un abrazo que ella aceptó un poco desganada—. Me hubieras avisado que vendrías y habría preparado algo.

—Yo tampoco sabía que iba a venir. Fue de último momento —dijo separándose de su amigo, miró a su compañero—. Esko, él es Din Djarin, el mandaloriano del que te platique.

—Oh es cierto —dijo Esko amable extendiendo la mano en saludo—. L'exxi me ha contado mucho sobre ti. Es un placer conocerte en persona al fin —Din le regresó el saludo.

—Lo mismo digo. Esperábamos que pudieras ayudarnos.

—¿De que se trata? —dijo Esko con interés.

—Bueno —L'exxi miró hacia abajo al sentir una pequeña presencia acercarse junto con el massiff, Esko siguió su mirada y se topó con el pequeño verde, su rostro de inmediato palideció.

—¿E-él es el niño? —preguntó un poco nervioso, el pequeño se acercó a él y lo miró con curiosidad extendiendo sus brazos, Esko ensimismado se agachó para tomarlo—. Eres idéntico... —susurro para sí.

—Tenemos la misión de entregarlo con los de su especie —dijo L'exxi con seriedad, Esko la observó confundido—, con los Jedi. Él es un Jedi al igual que lo fue mi madre, ¿no es así? —dijo afirmando con mirada severa, Esko ensombreció su rostro.

—Hay que hablar adentro —dijo serio, dio la vuelta y entró a la casa con el niño en brazos.

L'exxi se quedó quieta un momento, admitía que le daba un poco de miedo pensar lo que le diría, pero ya no había marcha atrás. Din se acercó a ella y puso su mano sobre su hombro.

—Vamos —dijo suavemente mostrándole apoyo, ella asintió y entró seguida por Djarin.

Siguieron a Esko hasta el fondo de la casa donde se paró frente a una pared o eso parecía, pero era una puerta oculta que daba a unas escaleras hacia un sótano.

—¿Desde cuándo está esto aquí? —preguntó L'exxi confundida.

—Siempre ha estado aquí —dijo Esko con una pequeña sonrisa.

Al bajar Esko encendió la luz y se encontraron con una habitación grande donde había varias cajas alrededor y una mesa en una esquina. Esko bajó al pequeño quién de inmediato empezó a curiosear por la habitación, el mayor tomó una de las cajas y la puso frente a L'exxi y ella al igual que él se sentaron en el suelo, la abrió y lo primero que vio fue un sable de luz.

—Tu madre fue criada desde pequeña en el Templo Jedi en Coruscant hasta convertirse en una Cabellero Jedi. Ella participó en la primera batalla en Geonosis que dio inicio a La Guerra de Los Clones. Los Jedi fueron involucrados a petición del Senado de la República Galáctica para ayudar a terminar la guerra y traer paz a la galaxia. Varios Jedi habían perdido la vida en Geonosis, así que se necesitaban más Generales para liderar a los ejércitos, de esa manera Amarilis fue nombrada Caballero y asignada como General a la Legión 139 en donde tu padre era Comandante —Esko tomó otra caja y la puso en el suelo, al abrirla se encontró con un casco de un soldado de La República, era blanco con detalles borgoñas—. Lucharon desde que se conocieron en Geonosis, por más de un año pelearon hombro a hombro. Eran imparables. Se cuidaban entre si y cuidaban a su hombres a cargo, eso los convirtió en un gran equipo. Con el tiempo ese respeto y admiración se volvió en un sentimiento más profundo, se habían enamorado. Ambos habían tomado una decisión, Amarilis iba a dejar la Orden Jedi y Phoenix desertaría del ejército.

—¿Por qué mi madre dejaría la Orden? —preguntó L'exxi un poco confundida.

—Las relaciones estaban prohibidas. Pero amaba tanto a tu padre y él a ella que lo dejarían todo por estar juntos.

—¿Y entonces qué pasó?

—Antes de que abandonaran todo tendrían una última misión. Los enviaron a un pequeño planeta en el borde exterior, una transmisión de ayuda decía que los Separatistas tenían como prisioneros a un pueblo local. Sería una misión rápida: entrar, liberar al pueblo y salir. Pero no contaban con que era una emboscada separatista. La unidad de tus padres fue masacrada por completo, solo unos pocos lograron sobrevivir, ente ellos Amarilis y Phoenix. La República como la Orden los dieron por muertos y ellos aprovecharon la oportunidad para desaparecer. Se establecieron en un pequeño planeta del borde exterior y al poco tiempo después llegaste tú al mundo —dijo con una ligera sonrisa.

—¿Qué pasó con la Orden Jedi? Jamás oí hablar de ella —fue ahora Din quien habló.

—Eso es porque fue destruida —dijo con pesar en su voz—. Los Jedi y los Sith, el Lado Obscuro de la Fuerza, habían estado en guerra por siglos. Se pensaba que los Sith habían sido erradicados, pero cuando el Imperio se alzó los Sith también lo hicieron siendo Palpatine uno de ellos, envolviendo a la galaxia en caos, miedo y obscuridad. En el momento que tomó el poder, Darth Sidious emitió la Orden 66 haciendo que los soldados Clones se volvieran contra sus Generales y Comandantes Jedi asesinándolos bajo el falso cargo de traición. Invadieron el Templo matando a todos los caballeros y maestros Jedi incluyendo a los pequeños aprendices. No supe de algún sobreviviente en el asedio al templo, yo pude salir apenas vivo de ahí —dijo tragando grueso tratando de deshacer el nudo en su garganta.

—¿Tú? -dijo L'exxi sorprendida.

—Gabe Amadeus, era mi nombre en Coruscant cuando era Guardia del Templo Jedi. Cuándo los Clones llegaron al templo luchamos para detenerlos pero —agachó la cabeza y sus ojos mostraban decepción—, no pude hacer nada. Mis compañeros cayeron y yo salí tan mal herido que me dieron por muerto —respiró profundo y removió la caja con las pertenencias de la ex Jedi para sacar un cubo que parecía de cristal con detalles metálicos—. Todos los Jedi sobrevivientes recibimos este mensaje —cerró los ojos, el cubo flotó sobre su mano y empezó a moverse como si de un puzzle se tratara, sus piezas se separaron y de ahí salió un holograma de un hombre con vestimenta Jedi.

Soy el maestro Obi Wan-Kenobi. Lamentó reportar que nuestra Orden Jedi y la República sucumbieron y a tomado en su lugar la sombra obscura del Imperio. Este mensaje es una advertencia y un recordatorio para cualquier Jedi sobreviviente. Confía en la fuerza, no regreses al templo, esa época acabó. Nuestro futuro es incierto. Todos tendremos desafíos, nuestra confianza, nuestra fe, nuestros amigos. Pero debemos resistir y con el tiempo surgirá una nueva esperanza. Que la fuerza te acompañe... siempre —el holograma terminó y el cubo regresó a su forma original. L'exxi sintió que su corazón se encogió.

—¿Por qué? —dijo L'exxi intentando que las lágrimas no salieran—. ¿Por qué nunca me dijeron nada? Algo tan importante como eso... no lo entiendo.

—Eso debes preguntárselo a tu madre —dijo el hombre más tranquilo.

—¿Qué? —preguntó confundida.

—Este es un holocrón Jedi. Tu madre guardó algo para ti —se lo puso en la mano—. Concéntrate para que puedas abrirlo, usa la Fuerza.

—Pero yo no...

—Se que puedes hacerlo —afirmó Esko—. Tu madre te entrenó para eso.

Desconfiada, L'exxi dejó el holocrón en el suelo y cerró los ojos para enfocarse. Nuevamente el holocrón empezó a moverse y un pequeño holograma salió de ahí dejando ver la figura de una mujer.

Mi hermosa L'exxi —la castaña abrió los ojos al escuchar aquella voz amable y dulce.

—Mamá —dijo con un hilo de voz soltando un par de lágrimas.

Si estás viendo esto es porque ya sabes la verdad sobre tu padre y sobre mi. Gabe probablemente te ha dado una breve explicación. Lamentamos no haber sido honestos contigo, pero solo queríamos protégete. Después de que El Imperio tomó el control, la galaxia se volvió un lugar muy peligroso para los Jedi sobrevivientes. Hubo Inquisidores bajo las órdenes de Darth Vader que se dedicaron a cazar a los Jedi restantes. Capturaban niños que eran sensibles a la Fuerza para entrenarlos en el Lado Obscuro y convertirlos en unos de ellos, si llegaban a negarse los asesinaban. La Fuerza siempre fue intensa en ti desde pequeña, por eso tú padre y yo te entrenamos para que pudieras controlarla y que no te encontrarán, y si lo hacían estarías capacitada para poder defenderte. Solo queríamos mantenerte a salvo, nunca fue nuestra intención mentirte. Creímos que sería mejor que tu conocimiento sobre los Jedi fuera nulo —L'exxi no pudo retener esos sentimientos y dejó que se expresarán con lagrimas que recorrían su rostro—. Por favor perdónanos.

—Lo siento. Lo siento —decía en susurro entre sollozos.

Mi querida hija —la imagen de Phoenix apareció junto con Amarilis, L'exxi dejo escapar un sollozo al verlo—, tu madre y yo estamos orgullosos de ti, de la mujer en la que te convertiste. Siempre fuiste y serás nuestro más grande regalo que la Fuerza nos dio. Te amamos mucho nuestra hermosa Ángel. Recuerda, nunca tengas miedo. Que la Fuerza este contigo —el mensaje finalizó y el holocrón regresó a su forma normal.

L'exxi tenía muchos sentimientos encontrados en ese momento que solo podía llorar. Tomó la túnica negra que había en la caja y la abrazó como si su vida dependiera de ello. Había muchas cosas que asimilar, pero sobre todo se sentía como una estúpida al dudar de la confianza de sus padres y Esko, pero pese a eso, podría sentir el amor de ellos.

Din y Esko se quedaron en silencio un momento, entendían que la castaña tenía mucha información que procesar, el mismo Din Djarin tenía que procesar lo que acababa de escuchar, estaba entrando a un mundo completamente nuevo. Sabía que la galaxia era un lugar enorme, ahora se había hecho más grande con ese nuevo conocimiento adquirido.

—Tu madre dejó todos sus conocimientos en este holocrón —dijo Esko viendo que L'exxi se había tranquilizado—, ella quería que lo tuvieras cuando estuvieras lista.

—Yo... perdóname. Necesito tomar aire —sin decir más L'exxi se levantó y salió del lugar, Din iba a salir detrás de ella pero el mayor lo detuvo.

—Dale un momento —dijo tranquilo

—¿Estará bien? —preguntó el Mandaloriano a Esko con ligera preocupación.

—Necesita tiempo para asimilarlo, pero estará bien.

—¿Tú, podrías guiarnos a otros Jedi?

—Me gustaría poder ayudarlos pero no puedo. A parte de Amarilis solo hubo un maestro Jedi que conocí aquí en Tatooine, pero murió hace unos años. Desafortunadamente ya no quedan muchos Jedis en la galaxia.

—¿Y tú? ¿Podrías entrenarlo?

—Ya soy muy viejo para ser un maestro. Además ya no soy un Jedi, solo soy un mecánico que se gana la vida en este desértico lugar. Pero estoy seguro que podrán encontrar a alguien más capacitado para esa tarea. Solo confía en la Fuerza.

—Entiendo —dijo Din un poco decepcionado.

—Acompáñame arriba, hay que darle de comer al pequeño Padawan —dijo mirando al niño quién sonrió al escuchar la noticia.


L'exxi había ido a su lugar favorito, la cubierta de su nave. Con el holocrón en su mano, su cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto, pensando un sinfín de cosas. ¿Estaba obligada a seguir los pasos de su madre? ¿La convertía eso en una Jedi también? ¿Quién se supone que debía ser ahora? Escuchó los pasos del mandaloriano acercándose a ella y se sentó a su lado sin decir nada por un largo rato.

—Ya puedes decirme "Te lo dije" —habló L'exxi con una pequeña sonrisa rompiendo el silencio.

—Creo que no es necesario —miró el holocrón que tenía en la mano y después a ella—. ¿Qué piensas hacer?

—No lo sé. Para ser honesta no sé muy bien quién soy ahora. Me siento un poco perdida.

—Entenderé si quieres quedarte —dijo Din un poco contristado.

—No. Se lo que debo hacer, en dónde debo estar y con quién debo estar, eso es lo único que por ahora tengo claro. Somos compañeros ¿no? —lo miró y le sonrió segura—. Somos un clan. Mientas estemos juntos somos uno —dijo como promesa.

—Mientras estemos juntos somos uno —afirmó Djarin, admitía que la idea de que L'exxi se quedará no le agradaba, pero ahora estaba seguro que seguirían en esto juntos.

L'exxi poco a poco dejó caer su cabeza en el hombro del Mandaloriano, acción que recibió de buena manera el hombre.

—¿Te molesta? —dijo suavemente la castaña.

—No —un toque de nerviosismo se escuchó en su voz.

Mientras los soles caían frente a ellos se quedó un momento inmóvil, después Din lentamente movió su brazo atravesando la espalda de L'exxi hasta abrazarla, ella aceptó la invitación y se acurrucó un poco más a él.

—Gracias por acompañarme —ella cerró los ojos y se recargó, el beskar jamás se había sentido tan cálido.

—No tienes que agradecer —Djarin solo soltó un suspiro, era una agradable sensación la cercanía con otro ser humano, especialmente con L'exxi. Podría acostumbraste a este sentimiento.


Parecía que esa noche la cama no jugaba a su favor, había dado varias vueltas sin poder conseguir su cometido, quedarse dormida y descansar. Aún tenia muchas cosas que rondaban su cabeza. Tratando de lograr paz mental, L'exxi salió de su habitación y tomó un poco de aire fresco, pero algo la llamaba. Abrió la puerta de la habitación secreta de Esko y bajó, encendió la luz y abrió la cajas que pertenecían a sus padres. La que primero revisó fue la de su padre. Tomó el casco entre sus manos, tratando de tener alguna conexión con él recargó el casco en su frente, después miró la armadura e inspeccionó con atención cada detalle, el desgaste en la pintura y el deterioro de la misma, intentando que cada marca le contara la historia de las duras y feroces batallas que habían realizado durante la guerra junto a su madre. Después miró la forma del casco, tenía que admitir que había cierto parecido al que usaba su compañero. Siguió mirando la caja hasta que se encontró algo que la hizo sonreír ampliamente.

—Esto es un jet pack —dijo con un brillo en sus ojos.

Después de inspeccionar el jet pack y ver que con un poco de mantenimiento funcionaria, pasó a las pertenencias de su madre. A parte de la túnica negra, estaba su ropa que la caracterizaba como Jedi, pero el Sable de Luz era lo que más le interesaba ver. Lo tomó entre sus manos y con nerviosismo lo encendió, no paso nada.

—¿Esta descompuesto?

—Le hace falta el cristal kyber —dijo Esko detrás de ella—. El corazón de un Sable de luz —L'exxi lo miró confundida hasta que la claridad llegó a su mente.

—¿Este es un cristal kyber? —dijo tomando su collar, Esko asintió.

—Tu madre lo sacó el día que naciste. Dijo que su vida como Jedi había terminado y una vida como madre empezaba.

—¿Cómo era ella? Me refiero como Caballero Jedi durante Las Guerras Clon —preguntó con gran curiosidad.

—Era una mujer muy sabia, una hábil y astuta militar. Una intrépida y valiente guerrera. Generalmente lo ocultaba bajo una actitud serena, pero siempre tenía ideas bastante... peculiares. Varias veces se llevó reprimendas por parte del consejo Jedi por sus acciones temerarias. En eso eres igual a ella —dijo con una sonrisa nostálgica—. Tu padre era similar. Pese a que eran Clones todos tenían personalidades diferentes y eran muy creativos en batalla. Él era brillante y buen estratega.

—Ahora entiendo de dónde lo heredé —se puso un poco seria recordando lo que le había dicho antes—. Dijiste que a los Clones les ordenaron atacar a los Jedis, ¿mi padre intentó matar a mamá? —él asintió—. ¿Pero cómo?

—Los Clones desde su creación habían sido programados con un chip inhibidor implantado en su cabeza, se creía que era para evitar una conducta violenta que provenía desde el donador, un hombre llamado Jango Fett, también eso los hacía ser obedientes y leales a las órdenes militares, pero la verdad era que había sido para rebelarse contra los Jedis. Aunque tú padre intentó resistir ese impulso, hubo una ocasión en que la atacó, lo mantuvieron bajo control hasta que pudieron quitarle el chip.

—Eso explicaría la cicatriz que tenía en su cabeza. Me alegra saber que pudieron quitárselo —sonrió aliviada, dirigió su mirada a la túnica dentro de la caja.

—Póntela —dijo Esko.

—¿Puedo? —preguntó con un poco de emoción.

—A mi manera de ver, todo esto te pertenece —ella sonrió y se puso la túnica, como si fuera una niña tomó el Sable y jugó con el en su mano, Esko la miró con melancolía.

—Es idéntica a ti —susurro para sí con una pequeña sonrisa—. L'exxi, quiero darte algo —la castaña vio que sacaba otra caja y la abrió, en ella vio una máscara blanca con detalles dorados y una túnica marrón, pero de esa caja sacó un Sable de luz diferente al de su madre, era un sable plegable de base metálica con detalles dorados y de doble hoja—. Es mi Sable de Luz, quiero que lo tengas —se lo extendió pero ella lo rechazó.

—¿Qué? Esko, yo no puedo... No debo.

—El arma de un caballero Jedi es elegante para una época civilizada. Es un arma noble para una misión noble. Tu deber es proteger al pequeño y no hay mejor arma que puedas empuñar para tu propósito. La fuerza está en ti L'exxi, úsala —le dijo con seguridad, L'exxi extendió las manos y la aceptó con respeto—. Siempre recuerda: El arma es tu vida.

—Lo entiendo. La usaré con responsabilidad y la cuidare con diligencia —la castaña se quedó mirando el Sable maravillada, no pudo evitar desplegarlo y encenderlo iluminando la habitación en una luz dorada—. Gracias.

La mañana siguiente, Din Djarin se preparaba para salir a Mos Pelgo en busca del mandaloriano que ahí se encontraba. Salió de la habitación y solo vio a Esko en el comedor que parecía tener una conversación interesante con el pequeño quién comía tranquilamente.

—Buen día Djarin —saludó Esko al verlo y el pequeño verde movió sus grandes orejas con gusto—. ¿Quieres que te sirva algo en la habitación para que comas?

—Eres muy amable pero es hora de que continuemos con nuestro camino.

—Bueno, L'exxi no regresará hasta dentro de un buen rato.

—¿En dónde está?

—Está entrenando.

La castaña había salido temprano y tenía varias horas fuera de casa, tiempo que empleó en meditar y entrenar con el Sable de Luz, obviamente era muy distinto a su espada de ultracromo. También estaba adaptándose a su nueva vestimenta, Esko había insistido en que usara su uniforme de Guardia para que estuviera mejor protegida, así que lo adaptó con la armadura que ya tenía al igual que incluyó el jet pack que perteneció a su padre, sabía que en algún momento eso le sería de mucha utilidad. Su cuerpo se sentía más pesado por el peso extra pero estaba segura de que pronto se acostumbraría.

Con el Sable en sus manos empezó a entrenar, al principio se sentía algo lenta y torpe, pero con formé pasaba el tiempo sus movimientos se hacían más fluidos, precisos, rápidos y elegantes. Mientras mantenía la concentración, juraba que podría escuchar la voz de su madre guiándola en el entrenamiento del Camino del Mynock y el dragón Krayt como ella le llamaba a las técnicas que aprendió desde niña.

Ataque. Defensa. Esquiva.

L'exxi estaba concentrada en sus movimientos que no se percató de que el mandaloriano se había acercado, al girar el Sable chocó contra los brazaletes de beskar de Djarin deteniendo el ataque provocando que chispas saltaran.

—¡Lo siento! —dijo la castaña bajando rápidamente el Sable.

—Nada mal —reconoció el Mandaloriano.

—Aún soy muy lenta.

—Tal vez pueda ayudarte —Din tomó la espada de L'exxi y se puso en guardia—. Hace mucho que no tenemos un encuentro tú y yo —dijo el hombre con una sonrisa debajo de su casco recordando la primera vez que se conocieron, la castaña solo sonrió.

"Esto va a ser divertido".