Odio. Frío. Soledad. Miedo. Ira. Obscuridad. Control.
—L'exxi mírame. Soy Din Djarin —el mandaloriano detenía y esquivaba las estocadas del sable rojo que la castaña llevaba en sus manos.
La mirada gélida y ambarina de L'exxi se había enfocado en su objetivo con un solo fin.
"Mata al mandaloriano".
Esas palabras se repetían en su mente una y otra vez, palabras que proveían de la voz prepotente de Moff Gideon.
Los ataques constantes y feroces con el sable habían hecho que Din poco a poco perdiera las fuerzas. Llevó sus manos a su cuello cuando L'exxi levantó su mano y la cerraba lentamente.
—P-por favor. N-no lo ha-hagas —dijo jadeante por la falta de aire.
—Tu no eres Din Djarin. Él está muerto —con voz átona alzó el Sable, solo se escuchó el sonido del beskar hacer eco en aquél crucero Imperial, L'exxi vio el casco del mandaloriano rodar a sus pies.
—Bienvenida al Imperio —dijo con orgullo la voz rasposa y avejentada detrás de ella, la figura obscura y encapuchada de un hombre tomó lugar a su lado, sintió como una mano delgada, pálida y cicarizada se posaba con suavidad en su hombro—. Ahora estás de nuestro lado.
L'exxi abrió los ojos de golpe y con la respiración agitada, su corazón latía tan rápido que parecía que saldría de su pecho en cualquier momento. Buscó con la mirada a Din y lo vio sentado en su lugar dormido con el pequeño en sus piernas. Cerró los ojos y soltó un suspiro de alivio al verlo junto a ella, vivo. Su cabeza al igual que sus sentimientos estaban en un caos.
"¿Qué rayos fue eso? Pesadilla de mierda".
¿En verdad había sido solo un mal sueño? Todo había parecido tan real; el sable en sus manos, Moff Gideon, aquel tétrico sujeto. Miró sus manos y aún temblaban, podría sentir los vestigios de esos sentimientos aún dentro de ella.
"Ira. Dolor, Miedo".
Sacudió su cabeza y restregó sus manos contra su cara esperando que eso fuera suficiente para retirar de sí aquellas malas sensaciones. Su mirada se depósito de nuevo en Din por un largo rato.
El sonido de alerta en el tablero de control fue lo suficiente para desviar momentáneamente la mirada, daba aviso de que habían llegado a su destino. Din despertó al igual que los demás.
—Parece que llegamos —dijo el hombre atendiendo los controles, L'exxi sintió tranquilidad al escuchar su voz—. ¡Dank farrik! El modo de aterrizaje no responde. Sin el sistema de guías será un ingreso manual. Tal vez será agitado. Cuando entremos a la atmósfera hay que tener suficiente combustible para desacelerarnos. Si no, nos haremos cenizas —dijo con preocupación mirando de reojo a L'exxi, ella aún seguía ensimismada con la mirada perdida.
El Crest había empezado a descender rápidamente en la atmósfera de Trask convirtiéndose en una bola de fuego. Din trataba de mantener la nave estable con gran esfuerzo.
—L'exxi necesito una mano —al ver que no se acercaba giró rápidamente para verla, tenía la mirada perdida—. ¡L'EXXI NECESITO QUE ME AYUDES YA! —ordenó con un fuerte gritó sacando a la chica de su mundo, ella de inmediato se levantó tomó al pequeño y lo puso en el asiento para acercarse a Din—. La palanca tiene que permanecer atrás.
—La tengo —la tomó con sus dos manos con fuerza, la señora Frog miraba todo con preocupación y abrazaba protectoramente el frasco con su descendencia.
—Razor Crest, es control aéreo de Trask. Reduzca su velocidad a protocolo de puerto.
—Hago lo que puedo —se defendió el hombre—. Mete los retropropulsores. Frenos —la castaña obedeció—. Sujétense.
—Razor Crest, ¿me copia? Tiene que reducir la velocidad.
—Ya casi. Ya casi.
—Razor Crest, ¿me copia? —se empezaba a escuchar preocupada y con mucha razón, L'exxi podía ver la pista de aterrizaje muy cerca—. Razor Crest se aproxima muy rápido. Tiene que... —Din fastidiado apagó el comunicador, a escasos metros frenó el Crest y empezó a descender lentamente en la plataforma de aterrizaje.
—Aquí vamos. Con cuidado —guiándose con el tablero intentó aterrizar la nave, pero una explosión en el motor derecho provocó que perdiera el control llevando al Crest directamente al mar.
—Bueno, al menos aterrizamos en una sola pieza —dijo L'exxi con ligero optimismo mientas la nave se hundía.
No paso mucho tiempo para que un pórtico de carga móvil los sacará del agua. Bajaron de la cabina de mando y se prepararon para salir tomando sus jet pack y poniendo al pequeño en su contenedor. L'exxi revisaba su equipo pero su mente aún seguía en ese sueño. Din se percató de la expresión perturbada de la castaña, no solo en ese momento, si no desde antes.
—¿Qué ocurre? —dijo Din acercándose a ella tomándola ligeramente del brazo, L'exxi lo miró y sintió su corazón de nuevo acelerarse pero ahora por los motivos erróneos, aún tenía ese sabor amargo—. Hace rato parecías pérdida —en su voz se notaba preocupación.
—Y-yo... —quiso decir algo pero no pudo, no quería alarmarlo por algo tan estúpido—. Solo una pesadilla. Alderaan, lo que ocurrió ahí, pareció tal real que me desoriente un poco —dijo lo más convincente que pudo, él la miró y vio en sus ojos que había algo más, sabía que no le estaba diciendo todo, pero ambos entendían que presionarse para hablar no funcionaba, llegado el momento le diría la verdad.
—¿Estas bien? —ella asintió y sonrió segura—. Bien. Hay que irnos —dijo sin más, salieron del Crest y un mon calamari se acercó al mandaloriano.
—¿En que puedo ayudarte?
—¿Puedes repararla?
—¿Repararla? —miro el Crest y negó con la cabeza—. No. Pero puedo hacerla volar, si eso es lo que quieres.
—Haz lo que puedas —dijo finalmente entregándole los créditos y se alejó.
—Le pondré combustible. Si es que aún puede retenerlo.
Siguieron caminando por el muelle siguiendo a la señora Frog quién parecía buscar con ansias a alguien, a lo lejos vio a su esposo y esta lo llamo animadamente. Ambos corrieron al tan esperado encuentro, la señora Frog lo abrazó con emoción al igual que él y con alegría el señor Frog vio el contenedor con los huevos. L'exxi sonrió un poco el ver la emotiva escena. Estaba segura que para la señora Frog todos los peligro que había corrido valieron la pena solo para tener ese instante. Por instinto miró a Din quién también veía lo que pasaba y después al niño.
"Todo esto vale la pena".
Ella misma reflexionaba en su propia situación, todo valía la pena para mantener al niño y a Din a salvo. El señor Frog se acercó a ellos para saludarlos y darle las gracias.
—De nada —respondieron los dos.
—Dicen que usted puede guiarnos con otros de mi especie —dijo Din, él asintió y señaló hacia la ciudad—. ¿La posada? ¿Por allá? —volvió a asentir y tomó sus cosas al igual que el frasco y los guió hasta el lugar.
Una vez que entraron vieron que la posada estaba llena de mon calamari y quarrens, el señor Frog saludó al encargado y le señalo a Din que era con quién debía hablar, por su parte el Mandaloriano agradeció su ayuda al igual que la castaña.
—Pueden sentarse ahí —dijo el sujeto señalando una mesa vacía, L'exxi y Din se sentaron, acercaron la cápsula del pequeño a la altura de la mesa—. ¿Qué les puedo servir?
—Nada para mí. Un tazón de sopa para mí amigo y... —miró a L'exxi para saber si iba a ordenar.
—Yo tampoco quiero nada —dijo amable.
—Hay pocos asientos. La gente sentada debe comer.
—Esta bien, también sírvame un plato a mí —dijo rendida la castaña.
—También podemos comprar algo más —Din puso sobre la mesa unos flan calamari—, información —el mon calamari los tomó y lo miró con atención—. ¿Has visto a otros que se vean como yo? —el sujeto tomó el dispensador que colgaba del techo y sirvió los platos de sopa de marisco.
—Otros con beskar han pasado por aquí.
—¿Quién puede llevarme con ellos?
—Conozco a alguien que puede ayudar —se alejó para ir a otra mesa donde unos quarren comían.
L'exxi miró con desagrado la sopa que le habían servido, miró al niño y de un momento a otro un pequeño cefalópodo saltó de la sopa y se adhirió a la cara del pequeño.
—No juegues con tu comida —dijo Din tranquilamente picando a la criatura con su vibrocuchilla.
—Ni loca comeré esto —dijo L'exxi alejando el plato antes de que saliera otra cosa del de ella.
—¿Buscas a otros de tu especie? —dijo el barquero quarren sentándose en la mesa.
—¿Los has visto?
—Si. Puedo llevarlos con ellos.
—¿Dónde?
—A unas horas en barco. Pero les va a costar —L'exxi y Din se miraron concordando en ir, era la mejor pista que tenían.
Acompañaron al quarren a su embarcación y se pusieron en marcha. Los tripulantes estaban ocupados en sus deberes mientras que Din, L'exxi y el pequeño estaban mirando hacia el océano. La castaña cerró los ojos esperando que el sonido del mar y la brisa fresca se llevará un poco la angustia que aún tenía.
—¿Han visto comer a una mamacore? —dijo el quarren acercándose a ellos, negaron con la cabeza—. Es todo un espectáculo. Al niño tal vez le interese —el pequeño los miró como si pidiera permiso, L'exxi se alzó de hombros.
—Nunca he visto una mamacore —dijo acercándose al estanque que había en medio de la barcaza, Din y el pequeño la siguieron.
Soltaron el pescado que estaba en una red encima del estanque, en poco tiempo se vieron burbujas de aire salir del agua.
—Debe tener hambre. Normalmente la alimentamos muy temprano, pero hoy no pudimos porque salimos del puerto.
Un quarren empujó a L'exxi hacia el estanque, y después fue seguida por la cápsula del niño, intentó acercarse pero sintió que algo la tomaba de la cintura y la jaló hundiéndola. Entre la penumbra pudo ver que la criatura se había tragado la cápsula del Niño, intentó zafarse pero entre más esfuerzo hacía el animal afirmaba su agarre y más rápido se quedaba sin aire. Sacó su vibrocuchilla y dio puñaladas al tentáculo sin ningún éxito. Necesitaba liberarse y sacar al pequeño. Cómo pudo alcanzó su Sable de Luz y lo encendió, cortó el tentáculo para liberarse. Con las pocas fuerzas y el aire que le quedaban se acercó a la criatura y la atravesó cortándolo hasta llegar a liberar la cápsula del pequeño.
En la superficie un grupo de mandalorianos había aparecidos deshaciéndose de los quarren agresores, Din también se había lanzado al agua para salvar al pequeño pero los calamares lo habían encerrado. Aquel grupo de mandalorianos lo ayudaron a salir y lo pusieron a salvó.
—L-la criatura, tiene al niño y a L'exxi —dijo jadeante.
—Tranquilo hermano, los salvaremos —dijo una de ellas.
—Voy —otra mandaloriana iba a saltar al estanque cuando vieron salir a L'exxi ayudada por su jet pack con la cápsula del pequeño en sus brazos.
La castaña cayó de lleno contra el piso soltando la cápsula en el proceso. La mandaloriana que sacó a Din se acercó ella.
—Tranquila, despacio. Respira despacio —le dijo mientras le sostenía la cabeza, L'exxi tosió tratando de que nuevamente sus pulmones se llenaran del tan valioso oxígeno, la mandaloriana que iba a sacarlos abrió la cápsula del bebé revisando que estuviera bien.
—Tranquilo pequeño, ya estás a salvo —dijo poniéndolo en los brazos de Din.
—L'exxi, ¿esta bien? —preguntó preocupado mirando hacía donde estaba.
—Ella esta bien —dijo la mujer, la castaña se había quedado recostada con los ojos cerrados recuperando las fuerzas y la respiración, lentamente abrió los ojos y vio a la que estaba a su lado.
—Mira, mandalorianos —dijo con media sonrisa, la mujer la miró y le llamó la atención que aún llevaba en su mano el Sable de Luz, le tendió el brazo y ella lo tomó para incorporarse—. Gracias —miró a Din y se acercó a él—. ¿Estan bien?
—Si. Él no tiene ni un rasguño —ella sonrió complacida—. ¿Tú estás bien?
—Aun tengo mamacore en mi boca, pero estoy bien.
—Gracias —dijo Din dirigiéndose a los mandalorianos—. Estaba buscando a más de los nuestros.
—Por suerte te encontramos primero —dijo la que parecía ser la líder de aquel grupo.
—Tengo la misión de llevar a este niño. Esperaba que... —no terminó de hablar cuando los tres mandalorianos frente a ellos se quitaron los cascos, L'exxi al igual que Din se habían quedado sin palabras.
"Otra vez no".
Eran dos mujeres y un hombre, tenían porte de fuertes guerreros. Din se levantó y se acercó a ellos.
—¿De dónde sacaste esa armadura? —le preguntó Din a la mujer pelirroja.
—Esta armadura lleva en mi familia tres generaciones —le respondió con gran seguridad.
—No cubres tu rostro —dijo un poco alarmado—. No eres mandaloriana.
—Es uno de ellos al parecer —dijo el hombre serio.
—¡Dank farrik! —dijo la otra chica con disgusto.
—¿Uno de que? —preguntó L'exxi confundida.
—Yo soy Bo-Katan del clan Kryze —dijo la pelirroja plantándose firme frente a Din—. Nací en Mandalore y luché en la purga. Soy la última de mi línea. Y tú eres un niño de La Guardia.
—¿La Guardia? —dijo Djarin.
—Los niños de La Guardia se separaron de la sociedad mandaloriana, son un culto de fanáticos religiosos. Su intención era restablecer el Camino antiguo.
—Solo hay un Camino —dijo Din molesto—. El Camino del Mandalore —él se alejó y activó su jet pack para volar de regreso al puerto.
—Din espera —lo llamó L'exxi pero la ignoró abandonando la barcaza.
—No tiene caso. Los hombres de La Guardia son obstinados —dijo Bo-Katan a L'exxi.
—¿Siempre son tan severos con los suyos? —dijo L'exxi mirando a la mujer—. Él puede ser obstinado, pero también es un hombre que responde a la razón. Creció con un ideal al que ha sido fiel desde pequeño, no esperen que acepte lo que ustedes le han dicho de un momento a otro. Créanme, lo sé muy bien. Aceptar ciertas verdades, si es que lo es, lleva tiempo —los tres no dijeron nada pero mantenían una mirada firme—. No sé bien que conflictos haya entre ustedes como mandalorianos, pero lo que sí sé que hay pocos de su raza. Deberían de apoyarse unos a otros en vez de juzgarse. En algún momento llegarán a necesitarse —dijo finalizando la conversación, encendió su jet pack y salió de ahí dirigiéndose al muelle en donde Din estaba—. ¿Estas bien? —preguntó acercándose.
—Ellos están mintiendo —dijo con severidad—. No pueden ser verdaderos mandalorianos.
—¿Estas seguro?
—Están en contra el Credo —bajó la cabeza y apretó el puño.
—Oye... mírame —le dijo L'exxi tomando su casco con sus manos para que la viera—. Creo que a estas alturas ambos sabemos que en una historia hay dos partes, la que te cuentan y lo que es verdad. Y soy la que mejor entiende esa situación. No estoy afirmando que ellos tienen razón solo que... tal vez las cosas no son como lo creemos. La Armera dijo que los Jedi eran enemigos de los mandalorianos, quiera o no soy una Jedi por herencia, ¿a caso soy tu enemiga?
—No. Tu sabes que no —dijo con la voz más tranquila.
—¿O Esko lo es? —él negó con la cabeza—. ¿Él? —dijo ahora mirando al pequeño, volvió a negar—. Tal vez mi opinión no cuente porque no conozco sus costumbres, pero si te sirve de algo y confías en mí, no siento malas intenciones en ellos. Creo que dicen la verdad. Son tus hermanos Din, dales el beneficio de la duda. Usa tus instintos. No los juzgues antes de conocerlos —L'exxi bajó sus manos y lo tomó de sus brazos, Din suspiro frustrado y se quedó pensativo un momento.
—No te prometo nada —dijo ya más tranquilo—. Pero lo voy a intentar —L'exxi sonrió complacida.
El atardecer había llegado y el cielo se tiñó de un hermoso anaranjado, ambos voltearon hacia el océano cuando vieron la barcaza a lo lejos explotar y las siluetas de los tres mandalorianos abandonando el lugar.
—No puedes negar que son mandalorianos, les encanta el drama de las explosiones —dijo con una sonrisa burlona, él solo negó.
Caminaron hacia la ciudadela tomados de la mano, ambos necesitaban por un breve momento esa cercanía del otro. Din podía sentir el apoyo de L'exxi, pero sobre todo se había angustiado cuando la vio desaparecer en el estanque al igual que al niño. L'exxi necesitaba sentirlo, aún su sueño seguía presente, con solo tocarlo sabía que solo eso había sido, un estúpido y mal sueño.
La noche cayó rápido, estaban cerca de la posada cuando se vieron rodeados de quarren.
—Oigan —gritó uno de ellos saliendo detrás de unas cajas—. Ustedes mataron a mi hermano —dijo el tipo acercándose amenazante.
—Déjanos pasar —ordenó Din tranquilo, L'exxi se puso atrás de él juntando espaldas.
—Creo que no entendiste. Mataron a mi hermano. Ahora mataré a tu novia y tu mascota —un quarren les apuntó con un rifle y L'exxi llevó su mano a su Sable solo esperando el ataqué, en un instante los mandalorianos aterrizaron a lado de ellos.
—Ellos no mataron a tu hermano —dijo Bo-Katan—. Fui yo —ella fue la primera en sacar su blaster y disparar al igual que los demás, el tiroteo duró poco logrando eliminar a todos—. ¿Al menos nos dejas invitarles un trago? —dijo en un tono más amigable, L'exxi sonrió de lado y miró de reojo a Din quién asintió con el casco.
Todos fueron a la posada y se sentaron en una mesa, Koska Reeves comía gustosamente un plato de sopa bajo la mirada de L'exxi que intentaba disimular su desagrado. Axe Boves prestaba atención a lo que Bo-Katan explicaba al cazarecompensas.
—Trask es un puerto de mercado negro. Están presentando armas que se compraron y vendieron con los saqueos de nuestro planeta. Vamos a reclamar nuestro hogar y para hacerlo debemos recuperar esas armas. Cuando hagamos eso, habrá un nuevo Mandalore en el trono.
—Ese planeta está maldito —dijo Din—. Todos los que van ahí mueren. Cuando el Imperio supo que no podía controlarlo se aseguró que nadie pudiera.
—No creas todo lo que oyes —dijo la pelirroja—. Nuestros enemigos quieren separarnos. Pero los mandalorianos somos más fuertes juntos.
—Eso no es parte de mi plan. Tenemos la misión de regresar a este Niño con los Jedis. Esperaba que me ayudarán por Credo.
—¿Para que buscar a los Jedi si te acompaña una? —miró a L'exxi.
—La cosa es... que no soy una Jedi —dijo acaparando la atención de todos.
—Pero portas un Sable de Luz.
—Fue un regalo de un ex Guardia del Templo. Mi madre era la Jedi.
—Supongo entonces que sabrán sobre ellos.
—Solo que era una antigua Orden que cayó cuando el Imperio se alzó —dijo Djarin—. Sabemos que no quedan muchos Jedi en la galaxia.
—Nuestra información es limitada. Es reciente el conocimiento sobre mi herencia Jedi —dijo L'exxi.
—Pero recibiste entrenamiento, ¿no? —preguntó Bo-Katan al haber visto que era diestra con las armas.
—Si. Aunque no sabía que era entrenamiento Jedi pero lo tengo —dijo segura recordando lo que su amigo Esko le había dicho, los tres mandalorianos se miraron entre sí.
—Los guiaré a uno de ellos —dijo Bo-Katan—. Pero primero nos apoyarán en nuestra misión.
—¿Qué misión? —preguntó L'exxi.
—Les mostraremos.
Salieron de la posada para dirigirse a los muelles, pero antes Din había ido al hogar de la señora Frog y su esposo para pedirles que cuidarán al pequeño en lo que ellos se ocupaban. Los mandalorianos y L'exxi estaban arriba del Crest viendo hacia una de las naves que sobresalía del paisaje.
—¿Ven ese Carguero Imperial Gozanti? —habló Bo-Katan—. Lo están cargando con armas mientras hablamos. De acuerdo con el manifiesto del puerto saldrá al amanecer.
—Años persiguiendo Imperiales y jamás supe de este lugar —dijo L'exxi frustrada.
—¿Entramos a escondidas? —preguntó Din.
—Los hemos atacado con fuerza —dijo Koska—. Escanean formas de vida antes de salir como precaución.
—Si quieren hacerlo con cinco, necesitarán el elemento sorpresa —habló Djarin.
—Exactamente —respondió la pelirroja con una sonrisa la pelirroja—. El carguero mantendrá velocidad de arrastre en los carriles de carga y ascenderá en órbita. Nos subiremos cuando circule a baja velocidad. La torre no permitirá que se eleve hasta que abandonen el espacio aéreo del puerto.
—¿Cuántos troopers hay abordo? —fue L'exxi quién preguntó.
—Un escuadrón máximo —aseguró Koska.
—Y sabemos que no podrían darle ni a un bantha —dijo Axe en burla.
—Odian a los Imperiales, los atacan y les roban. ¿Puedo ser parte de su club? —dijo L'exxi con diversión.
—Eres bienvenida —le dijo Koska con una sonrisa.
Al llegar la mañana el carguero Gozanti despegó de su puerto y el equipo se dispuso a ir tras el. Aterrizaron en la cubierta de la nave, Koska y Axe se encargaron de eliminar a los que protegían la entrada pero un trooper alcanzó a dar la alerta. L'exxi con su llave decodificadora abrió la puerta y la primera en entrar fue Bo-Katan eliminado a tres troopers. Al adentrarse había un pequeño escuadrón que los interceptó por los pasillos, todos alcanzaron a cubrirse en las salientes de las paredes. L'exxi se asomó rápidamente para ver cuántos era y dónde estaban, llevó su mano al Sable y lo sacó.
—Yo me encargo —salió de su cubierta, con destreza repelía y regresaba los disparos de los blasters con el Sable, extendió la mano y con la fuerza sujetó a uno atrayéndolo usándolo como escudo, cuando estuvo lo suficientemente cerca lo dejo, en rápidos y precisos movimientos termino con todos los troopers— Libre —avisó al grupo para que salieran y continuar su camino.
—Nada mal —le dijo Bo-Katan tomándola rápidamente del hombro, debía admitir que eso le había traído recuerdos de Mandalore y su alianza con la Jedi durante Las Guerras Clon. Siguieron avanzado hasta que pudieron eliminar a otro pequeño grupo.
En el puente los pilotos nerviosos recibían los informes de los troopers que eran atacados.
—¿Cuántos intrusos son? —preguntó el Capitán.
—No lo se. Son diez, tal vez más —se escuchó por el comunicador.
—Solo se detectan cinco formas de vida Capitán —dijo uno de los pilotos.
—¡Son... son mandalorianos! —se volvió a escuchar.
—Van a la bahía de carga Capitán.
El mayor dio órdenes que elevarán la nave y que los entretuvieran en la bahía de carga en lo que salían del planeta y entraban en el hiperespacio. El grupo que los esperaba se veía nervioso, cada que el elevador subía un nivel los troopers y el oficial a cargo se ponían más ansioso. Al abrirse las puertas el grupo de mandalorianos no les dio tregua a los Imperiales.
—Cierren las puertas —ordenó el oficial perdiendo instantáneamente el poco valor que había acumulado.
—¿Cuáles? —dijo un trooper.
—Todas. Todas las puertas.
No paso mucho tiempo cuando los troopers y el oficial salieron expulsados de la nave al momento en que los mandalorianos abrieron la compuerta exterior.
—¿Me copian? —dijo el piloto nervioso por el comunicador.
—Te copio —respondió Bo-Katan—. Gracias por empacar todo el equipo tan ordenado. Imaginen lo que una división como nosotros hará cuando nosotros tengamos lo que está en estas brillantes cajas.
—Si creen que van a escapar con esas armas están muy equivocados —habló el Capitán—. Aun si alcanzarán a lanzar algunas de esas cajas, buscaremos en toda el área hasta encontrarlos y matarlos —dijo en amenaza.
—No vamos a lanzar nada. Nos llevaremos toda la nave.
—¿Qué? —preguntó Din confundido.
—Preparen el té, llegaremos ahí en un minuto —dijo la pelirroja para finalizar.
"Esta chica me cae bien". Pensó L'exxi.
Sintió un poco de envidia, lo único que había podido robar era cazas TIE para escapar, pero Bo-Katan pensaba en grande. Ir en contra del Imperio estaba en sus venas, admitía que le atraía la idea y el propósito de la mandaloriana, pero tenía una prioridad ahora y era lo que le importaba, llevar al pequeño con los Jedi a salvo.
—Esto es más de lo que habíamos acordado —dijo Din a Bo-Katan.
—Hay un objeto que necesito si voy a gobernar Mandalore. Algo que antes era mío. Ellos saben dónde esta y pronto yo también. De todos modos nos llevaremos la nave para futuras batallas.
—Te conseguimos tus armas. Tenemos que regresar a la nave con el expósito.
—Si quieres mi ayuda para ver al Jedi —dijo seria—, me vas a ayudar a tomar esta nave.
—Estas cambiando los términos del trato —dijo irritado.
"Ya van a empezar otra vez".
—El camino así es —dijo la pelirroja terminando la conversación, ella y el resto caminaron hacia el puente. L'exxi se paró aún lado del mandaloriano quien se había quedado pensativo.
—Eso de mantener la mente abierta no está funcionando.
—Al menos ellos no quieren matarnos como Mayfield y Xi'an —dijo L'exxi sintiendo la situación familiar.
Alcanzaron al grupo cuando la nave empezó a descender rápidamente, estaban cerca del puente de mando pero un pequeño escuadrón los interceptó cerrándoles el paso.
—¿Cuántos troopers? —preguntó Bo-Katan.
—De seis a diez —respondió Axe—. Dos con blasters pesados con ráfaga.
—Perdemos altura rápidamente —advirtió Koska.
—¡No llegaremos al puente a tiempo! —dijo Axe.
Din miró a L'exxi y tomó dos granadas de su cinturón, ella asintió sacando sus blasters.
—Cúbranme —dijo Din saliendo.
El resto empezó a disparar hacia los troopers, Din recibía de lleno los disparos de los blasters pesados hasta que le impidieron avanzar más, lanzó las granadas y L'exxi les dio el último empujón con la Fuerza hasta que llegaron donde los troopers estaban explotando en instantes. Antes de que el fuego alcanzará a Din, L'exxi extendió sus manos y cerró sus ojos poniendo toda su concentración en detener el fuego hasta que esté se extinguió. Cayó de rodillas perdiendo por un momento las fuerzas, mientras se recuperaba el resto tomaba el control del puente al igual que el de la nave. Se acercó al puente y escuchó a Bo-Katan hablar.
—El Sable Obscuro. ¿Él lo tiene? —dijo enfadada hacia Capitán quién lo tenía sujeto por el cuello.
—Si lo preguntas, es que ya lo sabes.
—Te dejaré vivir. Pero me llevarás con él.
—Tal vez tú me dejes vivir, pero él no —el Capitán mordió una cápsula electrónica que lo mato en instantes.
—Tenemos que irnos ya —dijo Koska con apuro—. Emitió una baliza de auxilio.
—Despejen la atmósfera, prepárense para el salto —ordenó la pelirroja, Din se levantó, era la señal para la retirada—. ¿Seguros que no nos acompañan?
—Necesitamos hacer algo —respondió Din.
—La oferta sigue en pie si cambian de parecer.
—¿Dónde encontramos al Jedi? —fue L'exxi en preguntar, Bo-Katan se retiró su casco.
—Lleven al expósito a la ciudad Calodan en el planeta boscoso de Corvus. Ahí encontrarán a Ahsoka Tano. Díganle que los envía Bo-Katan. Y gracias —dijo mirándolos individualmente—. Su valor no será olvidado. El camino así es —dijo como despedida mirando a Djarin.
—El camino así es —respondió con formalidad y se retiró, L'exxi se quedó un momento.
—Mi agenda está ocupada por el momento. Pero si mas adelante necesitan ayuda, solo avísame —dijo extendiendo la mano con una sonrisa.
—Lo haré —respondió el saludo de la misma manera. L'exxi alcanzó a Din en la salida y ambos saltaron de la nave para dirigirse de nuevo a la ciudad y recoger al pequeño.
Al llegar al hogar del señor y la señora Frog tocaron, la puerta se abrió y encontraron a la familia reunida en la mesa junto con el niño quién jugaba con el nuevo miembro.
—Gracias por cuidarlo —dijo Din acercándose, L'exxi se había quedado en la puerta—. Okay niño, es hora de irnos —lo tomó en sus brazos pero el niño se mostró renuente—. Felicidades —dijo antes de retirarse.
—Felicidades. Les deseo lo mejor —dijo L'exxi con sinceridad para salir de ahí detrás de Djarin quién iba discutiendo con el pequeño.
Llegaron a la plataforma donde se encontraba el Crest. Ambos miraron la nave con decepción, habían reparado la nave con cuerdas y parches.
"Esto debe de ser una broma".
—Te di mil créditos, ¿y es lo mejor que pudiste hacer? —le dijo Din al mon calamari, solo le extendió la datapad para que firmara de recibido, rendido Din lo hizo.
Subieron al Crest para encontrarse con una situación peor, cuerdas y redes unían todo dentro de la nave, la mecánica interior de L'exxi se estaba estresando por el pésimo trabajo.
—Mon Calamari —dijo despectivamente un frustrado y enfadado Din, rendido dejó al pequeño en el asiento del copiloto.
—Esto es increíble —complemento L'exxi viendo con indignación la cabina de mando.
Din encendió la nave y esta empieza a retumbar durante el despegue. Una pequeña criatura bajaba cerca del Niño pero fue detenida por la castaña justo a tiempo, el bebé sonrió divertido y lo pidió para comerlo.
—Provecho —dijo L'exxi con cara de desagrado, odiaba los mariscos, juraba que aún podía sentir el sabor de la mamacore en su boca, se sentó y abrochó su cinturón.
—Ahora ya sabemos a donde llevarte pequeño —dijo Din mirando al niño quién disfrutaba de su bocadillo—. Pero será un viaje agitado.
—Al menos estamos más cerca —dijo L'exxi con optimismo.
Salieron Trask para adentrarse al hiperespacio. L'exxi miró al pequeño, aunque sabía que al entregarlo con los Jedis era lo mejor, no podía negar que empezaba a sentirse melancólica, no quería imaginar el momento en el que tendrían que despedirse.
"Mata al mandaloriano".
Escuchó de nuevo en su cabeza llegando con la imagen de su sueño. L'exxi cerró los ojos y llevó sus manos a su cabeza respirando profundo.
"¿Qué es esto?"
El pequeño lo miró con preocupación.
"Es tu destino".
