"Tengo grandes planes para ti Mjurran".

Fueron las últimas palabras que la castaña pudo escuchar antes de abrir los ojos. Se había pasado la mayor parte del tiempo desde que salieron de Corvus en meditar y ahondar más sobre las visiones, para su mala suerte no había cosas nuevas que ver.

Se levantó del suelo y se dirigió hacia la escalerilla para subir a la cabina de mando, pudo escuchar la voz de Din hablando con Grogu y riendo, pero no la risa que ya le conocía, parecía más a la de un padre orgulloso. Podía reconocer a la perfección ese tono, la había escuchado muchas veces de su padre. Permaneció un rato escuchando, podía percibir en el tono de voz de Djarin tristeza, llegado el momento se les haría difícil para los dos despedirse del pequeño.

Eres muy especial niño. Encontraremos al lugar donde perteneces. Aquí es Tython. Ahí es donde intentaremos encontrar a un Jedi para ti. Debes aceptar irte con ellos si te lo piden. ¿Entendiste? Además no puedo entrenarte. Eres muy poderoso. ¿No quieres aprender más cosas Jedi? —dijo con un tono más optimista—. Acordé regresarte con los tuyos y es lo que necesito hacer. Entiendes, ¿verdad? —el pequeño seguía jugando con la bola metálica, L'exxi seguía escuchando desde la escalerilla—. Además, cuando te entreguemos, L'exxi ya no tendrá que seguir atada a este lugar —la castaña sintió su corazón comprimirse—. Ella podrá seguir su camino, tal vez se convierta en una Jedi igual que tú. Será una gran Jedi, de eso estoy seguro.

"No es la razón por la que voy a alejarme de ti. Debo hacer lo necesario para mantenerlos a salvo".

Cerró los ojos y respiró profundamente para poder subir sin tener ese nudo en la garganta. Din giró ligeramente la cabeza cuando sintió la presencia de L'exxi.

—¿Tuviste suerte?

—No como hubiera querido.

—Llegamos a Tython. Prepárate para el descenso —L'exxi tomó su lugar y el Crest se adentró en el planeta, lo escaneo y encontró el lugar que buscaban—. Creo que esa es la roca mágica a donde hay que llevarlo —sobrevoló el área pero presentaba problemas—. Lo siento amigo. No puedo aterrizar arriba, poco espacio. Parece que tenemos que viajar la última parte con las ventanas abajo.

—Prepararé los jetpack —dijo L'exxi bajando hacia la bodega.

Después de aterrizar en un claro a una distancia considerable, Din y Grogu bajaron de la cabina, el cazarecompensas se colocó su jetpack y la castaña seguía inspeccionando el propio.

—¿Tienes problemas?

—Si. No responde a mi control —mentira—. Adelántate con Grogu, yo los alcanzó en un momento, no debe de ser nada importante.

—Sabes que no me molestaría llevarte —la castaña pudo notar cierta picardía en su voz.

—Te lo agradezco pero no es necesario —dijo con una pequeña sonrisa.

—Okay. Te vemos allá —tomó al pequeño verde y salió del Crest.

Cuando L'exxi escuchó el jetpack funcionar y vio a Din alejarse, rápidamente subió a la cabina y encendió el transmisor, hizo la conexión para empezar a grabar el holomensaje.

—Red, soy L'exxi. Quiero que prestes mucha atención. Se que tienes guardado en tu memoria al igual que en el Jeager toda la información que hemos extraído del Imperio. Necesito que busques en esos archivos un nombre: Moff Gideon. Cualquier cosa en donde aparezca ese nombre o se lo relacioné; archivos, bases, laboratorios, naves... todo lo que encuentres mándamelo codificado aquí. Necesito encontrarlo rápido antes de que ocasione más daño. También investiga alguna base Imperial cerca de Tython, si quiero encontrarlo necesitaré saber en donde está su crucero o en que nido de ratas womp se esconde. Te contactaré más tarde. Te quiero amigo —finalizó el mensaje.

"En cuanto tenga la información iré por él".

L'exxi. ¿Me copias? —se escuchó Din por el comunicador.

—Te copio.

—Creo que está cosa no sirve. Se supone que debería de hacer algo pero no pasa nada. ¿Sabes cómo funciona?

—Le preguntas a la persona equivocada. Ya voy para allá. Me llevaré el holocrón, con suerte pueda darnos una pista.

Copiado. ¿Necesitas transporte?

—No. Ya hice funcionar el jet pack. Voy para allá —con rapidez se lo colocó y salió en dirección al Templo, aterrizó y vio al pequeño Grogu encima de la roca central—. Creo que debo dejar de hacerme expectativas con las cosas —dijo mirando a su alrededor, ya que en su mente al escuchar la palabra "Templo" se había imaginado otra cosa, prestó atención a su entorno y lo sintió familiar.

"Este lugar... ¡Es el lugar de mi visón!".

—Dijo Ahsoka que solo tendría que ponerlo aquí en el centro y él haría el resto, pero no hace nada —dijo Din tomando la atención de la castaña.

—Bueno, a lo poco que sé sobre las cosas Jedi, es que no siempre son tan simples —dijo dando un vistazo a la roca que tenía un grabado que rodeaba la piedra—. ¿Seguro que no percibes nada? —le preguntó al pequeño pero este estaba distraído con las mariposas azules que volaban a su alrededor—. Creo que es un no.

—¿Alguna idea? —preguntó Din.

—No. O tal vez... —sacó el holocrón y lo miró un momento y después a la piedra.

"Tal vez funcionan de la misma manera".

L'exxi se hincó frente a la piedra y la tocó, cerró los ojos y se concentró, tal vez abriría alguna puerta al verdadero templo o algo podría suceder.

Din escuchó el sonido de una nave, alzó la vista y efectivamente vio que alguien aterrizaba, con su visión térmica identificó una firma de calor descender de la nave visitante.

—Oigan, es hora de irnos —habló fuerte, al mirar vio a L'exxi y Grogu con los ojos cerrados envueltos en una especie de campo de fuerza azul—. Es hora de irnos —se acercó pero el campo se lo impidió alejándolo—. L'exxi, tenemos que irnos ya —intentó acercarse a la castaña pero el resultado fue el mismo siendo lanzado algunos metros de distancia—. De acuerdo. Veré si les consigo más tiempo. ¡Dense prisa por favor! —sacó su blaster y descendió de la montaña a enfrentar al visitante inesperado.


L'exxi miraba con atención su inusual entorno. Era un gran corredor en el centro de una amplia sala bien iluminada, rodeada de grandes e intimidantes columnas que le recordaban a los Sables de Luz. Estar ahí la hacia sentir muy pequeña y vulnerable.

—¿Qué es este lugar? ¿Din? ¿Grogu? —gritó provocando un eco en la desértica sala—. ¿En donde estoy?

—En el Templo Jedi de Coruscant —dijo una voz detrás de ella, giró y se encontró con un rostro familiar.

—Tú... tú eres el maestro Skywalker —dijo un poco confundida.

—Dime Anakin, no me gustan mucho las formalidades —puntualizó con una amigable sonrisa— Así que sabes quién soy.

—He visto tus grabaciones en el holocrón de mi madre —dijo aún atónita—. Tus técnicas son muy buenas... Espera, ¿cómo es que estoy en Coruscant si estaba en Tython? Además, el Templo de Coruscant fue destruido, ¿no? —preguntó confundida, el Jedi dejó escapar una sonrisa divertida, L'exxi entendió lo que pasaba—. Aún estoy en Tython, ¿no es así? Esto es una visión.

—Es correcto. Tú conexión con la Fuerza te trajo aquí.

—Esto es un error. Grogu es quién tenía que elegir, él era quién... quién decidirá si era un Jedi o no —dijo con nerviosismo.

—Nada de lo que pasa es por accidente —habló con serenidad el Jedi.

—Yo no debería estar aquí. No soy quién debo elegir. Se lo que tengo que hacer y eso es proteger a los que quiero, protegerlos de Moff Gideon.

—O los quieres proteger de ti misma —dijo el Jedi un poco serio, L'exxi bajó la mirada.

—Se de lo que soy capaz cuando...

—Estas en el Lado Obscuro —ella asintió.

—Es por eso que no puedo ser un Jedi. Ellos eran los guardianes de la paz en la galaxia, ayudaban y daban esperanza a las personas, eran guerreros nobles y yo... no soy nada de eso —ensombreció su rostro y bajó la mirada—. He hecho cosas terribles. Después de que murieron mis padres en Alderaan lo único que quería era venganza. Cuando lo hice, cuando vi a los Imperiales morir en mis manos se sintió tan... bien.

—Creíste que se había hecho justicia y que obtuvieron lo que merecían —ella asintió con sorpresa en su rostro—. Se lo que es tener esos sentimientos L'exxi. El odió, miedo, la irá.

—¿Tú...?

—Así es.


—¿Eres un Jedi? —preguntó Djarin con voz amenazante a la figura encapuchada que lo miraba a la distancia—. ¿O vienes por el niño y la chica? —se descubrió y el hombre de mirada dura se acercó con paso firme a Din.

—Vengo por la armadura —dijo con voz grave.

—Si quieres mi armadura tendrás que arrancársela a mí cadáver —afirmó severo.

—No quiero tú armadura. Quiero mí armadura, la que Cobb Vanth te dio en Tatooine. Me pertenece a mí.

—¿Eres mandaloriano?

—Soy un hombre humilde que se busca la vida en el universo. Como mi padre antes que yo.

—¿Juraste el Credo? —siguió con su tono severo.

—No le doy mi lealtad a nadie —respondió igual.

—El beskar le pertenece a los mandalorianos. Nos lo robaron durante la purga.

—Le perteneció a mi padre. Ahora es mía.

—¿Por qué no terminaría contigo justo donde estas? —dijo Din amenazante.

—Porque tengo una francotiradora en esa cresta con la mira fija que disparará cuando mi cuerpo golpeé el suelo.

—Yo soy el que tienen el beskar, cuando vea el destello en la boca, ambos estarán muertos.

—No dije que iba a dispararte a ti. Mi amiga está apuntando hacia donde está tu compañera y tú pequeño amigo en el crómlech —Din miró hacia donde estaban y vio la luz azul que se elevaba hacia el cielo.

—Y si lo recuerdas, yo no falló —gritó una voz femenina que Din de inmediato identificó.

—¿Fennec?

—Tienes buen odio Mando.

—Deja de apuntarles, o todos morirán donde están —dijo Mando activando sus Aves Silbantes.

—Todos bajemos nuestras armas, hay que hablar —dijo el hombre con ligera amabilidad—. No es necesaria una matanza.

—Dile que suelte el arma —demandó Djarin.

—Cuando hayas soltado el jet pack.

—Al mismo tiempo —dijo Din, el hombre asintió.

—En descanso —le ordenó a Fennec, ella se levantó y bajó de la cresta, los demás guardaron y dejaron sus armas en el suelo, Din dejó su jet pack como acordó. Fennec se acercó y se quitó su casco.

—Te vez como si hubieras visto un fantasma —le dijo al caza.

—Estabas muerta —dijo Djarin confundido.

—La dejaron para que muriera en la arenas de Tatooine, como a mí —habló el hombre—. Pero el destino a veces interviene para salvar a los desdichados.

—En mi caso, Boba Fett fue ese destino —dijo Fennec descubriendo su abdomen y dejando revelar sus prótesis cibernéticas—. Y ahora trabajo para él —a Din la situación se le hacía familiar.

—Regrésame mi armadura —demandó el hombre que ahora sabía que se llamaba Boba Fett, un nombre que inconscientemente se le hacía familiar.

—Va en contra del Credo mandaloriano —afirmó Djarin.

—La armadura se la dieron a mi padre Jango, tus antepasados. A cambio, yo te garantizo la seguridad del Niño, de la Mujer y también la tuya.

—La recompensa por tu amiguito y la chica ha subido significativamente —añadió Fennec—. Puedes comprar más de diez armaduras por el precio de sus cabezas.

—Creo que ofrecemos un trato justo bajo las circunstancias —dijo Fett.

Todos dirigieron sus miradas al cielo al escuchar el sonido de una nave acercándose, en cuestión de segundos una lanzadera pasó justo sobre ellos descendiendo a un lado del Crest, al verla Din no dudó en ir hacia la cima de la montaña por Grogu y L'exxi.

—¡Es hora de irnos! —gritó Din una vez que llegó, pero la situación seguía igual, L'exxi y el pequeño seguían inmersos en el campo de fuerza que los rodeaba, Din con mucho esfuerzo intentó abrirse paso pero terminó siendo rechazado lanzándolo al aire varios metros dejándolo inconsciente.


Anakin y L'exxi caminaban por los grandes y vacíos pasillos del Templo Jedi. L'exxi debía admitir que estar ahí le traía paz en su interior.

—En mi juventud fui orgulloso y arrogante, bueno... solo un poco —dijo Anakin con una sonrisa simpática que contagió a L'exxi—. Pero eso fue lo que me llevó a cometer errores. Cuando mi madre murió quería venganza y lo hice.

—¿Eso fue lo que te llevo a cruzar la línea?

—Fue lo que me encaminó. Yo quería poder —bajó un poco la mirada—. Tenia miedo de volver a perder a las personas que amaba, quería hacer lo necesario para que jamás sufrieran, pero fue todo lo contrario y el precio a pagar fue alto —dijo con una ligera tristeza.

—Entonces, si hago lo necesario para evitar lastimar a Din y proteger a Grogu, mi miedo a lastimarlos me llevará al Lado Obscuro —dijo con pesar en su voz, Anakin se detuvo y la miró.

—El miedo es un sentimiento que todos tenemos, la verdadera lucha es no dejar que ese miedo se convierta en odió. Recuerda el entrenamiento que Amarilis te dio. Hay bondad en tu corazón L'exxi, úsala para pelear con tus demonios internos, con tus miedos. La Fuerza es un poderoso aliado. Cuando sepas usarla, verás que en esta lucha no estás sola, los Jedi del pasado estarán contigo —dijo con una sonrisa sincera.

—Ahsoka, la Jedi que conocí me dijo algo similar. Pero también me dijo que mi lazo con Din me podría llevar a... bueno, ya sabes.

—Me alegra saber que su entrenamiento y los años le han dado sabiduría —dijo con una sonrisa de orgullo, L'exxi lo miró confundida hasta que una luz brilló en su mente.

—Tú... fuiste su maestro —dijo con una sorpresiva afirmación, él asintió con una sonrisa—. Ella estará feliz de saber que su maestro regresó del Lado Obscuro —dijo con una sonrisa que poco a poco fue reemplazada por una mirada de duda—. ¿Cómo lo hiciste? Yo... creí que nunca iba a poder salir, Esko... Gabe, a él le tomó mucho tiempo ayudarme.

—No fue fácil. Cuando quería salir, Darth Sidious me presionaba más. Pero debo decir que el amor fue lo que me ayudó a cruzar al Lado Luminoso de la Fuerza.

—¿El amor? Creí que el amor estaba prohibido en la Orden Jedi.

—El amor puede ser un arma de dos filos L'exxi. El miedo de perder a alguien que amaba me llevó a caer, pero el amor hacia mi hijo me ayudó a volver. Puede destruirte, pero también puede salvarte.

—Se necesita equilibrio —dijo L'exxi más para sí misma—. Y para mantener el equilibrio...


La situación en el valle no se veía favorable. Dos grupos de stormtroopers habían descendido de las naves, aunque Fennec y Boba pudieron eliminar a varios, estos parecían no tener fin.

Después de recobrar la conciencia, Din miró hacia L'exxi y Grogu quienes parecían no tener ningún cambio, volvió a acercarse a ellos pero el campo de fuerza lo alejó.

—Esta bien. Los voy a proteger —dijo rendido el mandaloriano sacando su blaster dándoles un último vistazo antes de bajar para ayudar a Fennec, quién estaba rodeada de imperiales.

—¡Ríndanse! No los queremos a ustedes. Solo queremos a la mujer y al niño —dijo uno de los troopers, pero en instantes cayó al suelo por las Aves Silbantes de Din.

—Ok. Avancemos —le dijo a Fennec poniéndose en frente de ella cubriéndola, los disparos caían sobre el mandaloriano mientas Shand disparaba a los troopers que los rodeaban.

—Esto no se ve bien —dijo Fennec.

—Me han tocado peores —recordó brevemente su escape con L'exxi de Nevarro—. Puedes irte de aquí. Te lo debo por lo de la última vez.

—Tenemos un trato —dijo Shand firme.

Poco a poco los troopers iban acorralándolo a Fennec y Din, cuando una granada cayó cerca de los soldados explotando en instantes. Fett aterrizó vestido con la armadura recuperada, mostrando sus habilidades y experiencia en combate se enfrentó a los troopers imperiales provocando que se retiraran y regresarán a las naves.


—El futuro está en constante movimiento. Elige sabiamente como vas a responder a tus visiones, dependiendo de tus acciones muchos posibles futuros habrá. La decisión es tuya L'exxi. La Fuerza es intensa en ti, úsala.

—No estoy lista... no puedo ser una Jedi —el templo empezó a sacudirse, podía escuchar explosiones a la lejanía, todo a su alrededor empezaba a desvanecerse—. Cometí muchos errores.

—También yo. Mis manos están manchadas de sangre, pero todos tenemos la oportunidad de la redención —la tomó de los hombros y le dio una sonrisa sincera—. No dejes que tu pasado defina tú futuro. Has hecho muchas cosas buenas L'exxi, pero la culpa no te deja ver lo bueno que hay en ti. Aprende de tus errores y lo más importante, perdónate a ti misma —la imagen de Anakin se fue desvaneciendo poco a poco.

—Anakin espera...

—Amarilis está muy orgullosa de ti —dijo esto con una gran sonrisa.

—¿Qué? —cuestionó confundida.

—Que la Fuerza este contigo L'exxi —dijo por último antes de desaparecer.

—Anakin. ¡Anakin!


El campo de fuerza que rodeaba a Grogu y L'exxi había desaparecido. El pequeño había sucumbido al cansancio recostándose en la roca al igual que la castaña, jamás había usado la Fuerza a ese grado.

En el valle, Fett había logrado destruir las dos naves imperiales, pero repentinamente vieron descender un disparo desde la órbita dando directamente el Razor Crest volandola en pedazos, Din dio un par de pasos apresurados pero se detuvo, no había nada que pudiera hacer.

—Mejor vuelve a tú nave —le dijo Fennec a Fett y este salió volando hacia el Slave, Djarin usando la visión térmica del casco miró hacia el cielo y vio una gran nave.

—L'exxi, Grogu —habló para él pero fue escuchado por Shand, ambos corrieron hacia el templo.

L'exxi poco a poco empezó a recobrar la conciencia pero aún se sentía sin fuerzas y desorientada. Puso su mano sobre la roca y poco a poco se fue levantado para quedar en cuclillas, enfocó su vista borrosa hacia el pequeño y le tomó su pequeña manita moviéndola un poco.

—Grogu, ¿estas bien? —preguntó débil, un sonido extraño que provenía del cielo hizo que alzará la mirada, objetos se acercaban a toda velocidad y de un momento a otro vio a los dark trooper aterrizar a su alrededor—. Ay no —murmuró.

Tomó su sable y lo desplegó, con torpeza se puso de pie y se colocó en guardia, todos prepararon sus armas y dispararon aturdiéndola, soltó el sable y cayó al suelo. Un dark trooper la tomó, otro al bebé y rápidamente salieron de ahí.

—¡No! —gritó Din el verlos elevarse, solo estuvo a unos cuantos pasos de alcanzarlos, con su visión térmica pudo ver a Grogu y L'exxi siendo llevados hacia la nave.

—Tienen al bebé y a la chica. ¡No dejes que escapen! —le dijo Shand a Boba.

Afirmativo —respondió él desde su nave—. Los tengo en la mira.

—Detenlo. No quiero que los lastimen —dijo Din aún mirando hacia el cielo.

—Aborta cacería. No lastimes al niño y la chica.

Copiado. Los voy a seguir, veré a donde van —se elevó a gran altura cuando pudo ver el crucero frente a él—. Volvieron —dijo con preocupación.

—¿Quiénes? —respondió Shand.

El Imperio.

—Es imposible. El borde exterior es jurisdicción de La Nueva República.

—Esto no son las especias. Estoy viendo el crucero Imperial con mis propios ojos. Voy a regresar —cuando Fett estaba descendiendo, el crucero desapareció adentrándose en el hiperespacio.

Din agachó la cabeza y soltó un suspiro lleno de frustración, apretó el puño maldiciendo y gruñendo en su interior.

"¡Solo estuve a un paso!".

Alzó la mirada y la dirigió hacia la piedra, observó que algo brillaba con el reflejo del sol, al acercarse vio el sable de luz y el holocrón de L'exxi, se hincó y los tomó.

—Lo siento —dijo con pesar sujetando con firmeza al sable en su mano.

Bajó de la montaña con Fennec hacia el claro donde los restos del Crest estaban, pero al llegar vio que todo se había carbonizado. Bajo la mirada contristada de Shand y Fett, Din intentó ver si algo útil quedaba, pero solo era una pérdidas de tiempo. No sólo había perdido a las personas que más le importaban, perdió algo que también formaba parte de él, su nave. Entre las cenizas vio un objeto familiar, se agachó y sacó del polvo la esfera con la que Grogu jugaba, la pequeña cosa que le había ocasionado tantos disgustos era el único recuerdo que le quedaba de su nave y de él. La apretó con fuerza y volvió a maldecir en su interior, la limpio entre sus dedos y la guardó en su bolsillo. Siguió buscando y encontró lo único que era indestructible de la nave además de la esfera, la lanza de beskar que Ahsoka le dio.

—Esto es todo lo que sobrevivió —dijo Djarin con la lanza en su mano acercándose a Boba y Fennec.

—Beskar —Din asintió—. Quiero que mires algo —Fett desplegó un holograma—. Mi código en cadena lleva codificado en esta armadura por veinticinco años. Este soy yo, ¿ves? Boba Fett. El es mi padre Jango Fett.

—Tu padre era un expósito —dijo Din.

—Sí. Hasta peleó en La Guerra Civil Mandaloriana.

—Entonces la armadura te pertenece.

—Y agradezco su regreso.

—Nuestro trato está completo.

—Aún no.

—¿Por qué? —preguntó Din sorprendido.

—Acordamos a cambio por el regreso de mi armadura, que te garantizaríamos la seguridad del Niño y la Mujer. Hasta que regresen a ti a salvo, estamos en deuda.


Crucero de Moff Gideon

La paz de aquellos silenciosos pasillos era perturbada por gritos de dolor que provenían de una sala en la zona de celdas. L'exxi se encontraba suspendida en un campo de energía con grilletes en manos y pies que la dejaban a merced de sus captores. Los soldados imperiales le daban descargas eléctricas por órdenes de su superior pero debían de admitir que les divertía un poco, tenían a una Rebelde en custodia, de esas oportunidades se habían presentado muy pocas en el pasado y ahora tenían la oportunidad. Nuevamente el soldado activo las descargas siendo estás más intensas. La puerta se abrió y la figura prepotente de Moff Gideon entró a la sala. Con una ligera sonrisa maliciosa veía las expresiones de sufrimiento de la castaña, levantó la mano y el trooper se detuvo, L'exxi dejó caer su cabeza en cansancio.

—¿Administraron limitadores mentales? —preguntó al soldado a cargo.

—Si señor —se apresuró a responder.

—Admiro tu gran fuerza de voluntad Agente Mjurran —dijo con ironía mientras se acercaba—. Esa vigor nos será de gran ayuda. No sólo tú sangre es valiosa, toda tú persona lo es —agachó su cabeza para buscar la mirada de L'exxi, ella apenas pudo abrir sus ojos—. Tengo grandes planes para ti Mjurran. Juntos seremos imparables.