Título: Por un Futuro Mejor.

Emparejamiento Principal: Nagisa (Fem Naruto) x Sasuke.

Género: Acción / Amistad / Aventura / Familia.

Historia UA.

Resumen.

UA: La vida de la mayoría de los jinchurikis no es fácil, está llena de dolor y sufrimiento causado por la gente que los rodea. Kurama sabe muy bien esto, pero cuando el daño a su jinchuriki e hija adoptiva la deja al borde de la muerte, el poderoso bijuu no piensa tolerarlo más y decide hacer algo al respecto. Los ningen no tienen idea de lo que han provocado.

Kushina y Minato vivos y Nagisa (Fem Naruto) tiene una hermana gemela.

Disclaimer: el Manga y anime de Naruto no son de mi propiedad, todo es de su creador, Masashi Kishimoto, solo los personajes Oc son míos.

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Capítulo 2: Por un Futuro Mejor.

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Konohagakure no Sato, Hi no Kuni.

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Kurama se encontraba algo ancioso. Ya habían pasado dos largos días desde la reunión con sus hermanos y los demás jinchurikis y su pequeña kit ya había pasado por tres intentos más de asesinatos de parte de los aldeanos, pero afortunadamente, Uchiha Shisui e Uchiha Itachi habían estado al pendiente de ella, y habían detenido con algo de fuerza esos ataques (para su agradecimiento a regañadientes) y dichos intentos solamente habían quedado en eso, intentos y nada más.

Para él, era una pastilla bastante difícil de tragar, que el clan que más odiaba en el mundo (seguido por el Senju y el Uzumaki) fuera el único que cuidaba de su pequeña jinchūriki, claro, no todos ellos, solo ciertos miembros del cuerpo de policías de su clan, la matriarca del clan, Uchiha Mikoto, sorprendentemente su marido, Uchiha Fugaku, los dos chicos antes mencionados y el hijo menor del matrimonio, Uchiha Sasuke, éste siendo el mejor y único amigo que tenía su kit en la aldea, pues a los otros dos jóvenes, Nagisa los veía como sus Anikis (hermanos mayores) y a Mikoto como a su Oba-san (tía), al igual que a Fugaku, quien también se había convertido en el Oji-san (tío) de Nagisa.

Después del tercer intento de asesinato contra Nagisa y el cual fue frustrado por los jóvenes Uchiha, estos decidieron llevarse a la pelirroja al compuesto de su familia para mantener la seguridad de la niña y ahí se la había pasado desde temprano en la mañana siendo consentida por Uchiha Mikoto y riéndo entre juego y juego con el pequeño Uchiha Sasuke.

Sintiéndose poco a poco menos ansioso por la protección que le brindaban a Nagisa los Uchiha, Kurama siguió observando desde el sello a los dos infantes con una diminuta sonrisa. Lo aliviaba saber que su kit podía tener algo de felicidad en este infierno en el que vivía.

El poderoso Kitsune esperaba que su pequeño contenedor no sufriera tanto cuando se marcharan de la aldea, a causa del fuerte cariño que le tenía a estas personas, no obstante, el irse no estaba en discusión y su kit estaba totalmente de acuerdo con él, si continuaba Nagisa viviendo en Konoha, tarde o temprano los habitantes de esta aldea la matarían. Debían irse a toda costa. Eso sí, algún día les recompensaría a estos Uchiha lo mucho que habían hecho por su kit.

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Uchiha MikotoEra una mujer feliz, tenía dos maravillosos hijos, un buen esposo que manejaba su clan con mano de hierro y una vida agradable y cómoda, sin embargo, esa felicidad muchas veces era empañada por la gran impotencia que sentía al no poder hacer mucho más que solo verificar de vez en cuando el bienestar de la pequeña niña que jugaba con su hijo menor, a la cual veía como parte de su familia.

Le entristecía mucho la horrible vida que ella llevaba. Todavía no podía creer que su antes mejor amiga Uzumaki-Namikaze Kushina le estuviera haciendo esto a su hija bajo había caído la ojivioleta, nunca podría llamarle amiga de nuevo. Y Namikaze Minato el esposo de Kushina, era igual o peor que ella, pues el hombre sabía de primera mano por lo que pasaba la pequeña niña, y no hacía nada al respecto. Por su parte, ni por más que lo habían intentado su marido Fugaku y ella, no se les permitió adoptar a Nagisa. Desde el ataque del Kyuubi hace cinco años, la gente de la aldea desconfiaba de todo su clan diciendo que todo había sido un intento de golpe de estado por parte de ellos, para tomar el control de la aldea. Siendo Nagisa la jinchūriki para el alma del Kyuubi, y con todos teniendo la estúpida creencia de que ella era realmente el demonio encarnado, ninguno de los civiles y shinobis, permitirían que la pequeña niña fuese feliz y que estuviese al cuidado de una amorosa familia, mucho menos con ellos.

Suspirando molesta por la injusticia de todo, observó una vez más a sus pequeños niños con una suave sonrisa. Haciéndoles una señal a su hijo mayor y sobrino diciéndoles que se mantuvieran al pendiente de ambos niños a lo que estos asintieron firmemente, la bella mujer entró a su casa a preparar el almuerzo para su amada familia.

El tiempo transcurrió en calma y la hora del almuerzo llegó, al terminar de servir la comida, Mikoto salió al jardín para llamar a sus chicos para que vinieran a almorzar. Los dos más pequeños entraron primero con sonrisas alegres y tras ellos venían caminando con calma Shisui e Itachi.

La matriarca Uchiha observó divertida el aspecto desaliñado que tenían los dos más pequeños y negó con la cabeza cariñosamente.

"Itachi, hasme el favor de llevar a Sasuke a tomar un baño, yo llevaré a Nagisa". Dijo la mujer mirando a su hijo mayor mientras tomaba la pequeña mano de la pelirroja la cual llevaba un pequeño rubor de vergüenza al darse cuenta de su desaliñado aspecto.

"Hai, Okaasan". Respondió Itachi esbozando una pequeña sonrisa. "Vamos, Otouto (hermano menor)".

"¡Pero Aniki, yo ya me puedo bañar solo!" Replicó Sasuke inflando las mejillas y haciendo lindos pucheros.

"Lo sé, Sasuke". Respondió Itachi entretenido con los pequeños verrinches de su hermanito los cuales no impidieron que todavía lo llevara a darse un baño.

Sasuke solo rodó los ojos y resignado, continuó ccaminando junto a su hermano mayor hacia el baño.

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Ya estando Uchiha Fugaku en casa, regresando de su trabajo como jefe de policías de la aldea, todos se pusieron a almorzar tranquilamente.

Fugaku al no poder pasar suficiente tiempo con sus dos hijos, debido a su trabajo, siempre les preguntaba durante el almuerzo y la cena como les había ido ya sea con sus entrenamientos o lo que habían hecho durante el día en casa. Shisui y Nagisa también eran incluidos en la charla familiar haciéndole preguntas a Fugaku del como mejorar sus métodos de entrenamiento y hacerlos más efectivos a los que éste con gusto daba sus interesantes y sabios consejos.

Así se la pasaron todo el almuerzo, con Mikoto añadiendo sus propios consejos de cuando ella era una kunoichi en servicio activo los cuales eran escuchados con atención por los chicos. Unos minutos después del almuerzo, Fugaku tuvo que irse al trabajo nuevamente despidiéndose de su esposa con un beso, para disgusto de Nagisa y Sasuke a los que se les alborotó el cabello cariñosamente por parte del hombre.

Luego posó su mirada sobre su hijo y sobrino y dijo. "Itachi, Shisui, que les vaya bien en su misión, manténganse alerta de cualquier cosa y nunca bajen la guardia". Aconsejó serio el patriarca Uchiha.

Los dos asintieron igual de serios y vieron junto con el resto de la familia, como se marchaba el hombre haciendo un gesto de nos vemos, dirigido a todos en general.

Un par de horas más tarde, Nagisa, Shisui e Itachi, igual se despedían de Mikoto y Sasuke en las puertas de la entrada del compuesto Uchiha. Shisui e Itachi estaban a cada lado de la pelirroja, dado que el par de jóvenes la llevarían cerca del orfanato en donde Nagisa antes vivía, cosa que ellos desconocían, ya que para evitar que su familia sustituta se preocupara por ella más de lo que ya lo estaban, la ojiazul no les dijo que la habían echado de ese lugar.

Luego de despedirse de su hermano y primo, Sasuke se acercó a su pelirroja mejor amiga.

"Cuídate mucho, Nagisa". Dijo mirando a su amiga algo serio. Él se había dado cuenta que a los aldeanos no les agradaba la ojiazul y temía que le pasara algo al no estar en el compuesto Uchiha.

"Claro, estaré bien, Sasuke. Gracias por preocuparte por mí". Respondió la pequeña niña con una cariñosa sonrisa mientras le daba un cálido abrazo al menor de los hermanos Uchiha quien se ponía un poco rojo a causa de la acción repentina de Nagisa.

Mikoto que los observaba divertida, casi se ríe de la expresión adorable que tenía su pequeño hijo en su tierna carita. La hermosa azabache, también le dio un cálido abrazo de despedida a la niña y la miró dulcemente.

"Nos veremos cariño, mantente a salvo. Cualquier cosa que necesites, aquí estamos, Nagi-chan". Dijo la Uchiha con la pequeña jinchuriki aún en sus brazos.

"Claro Mikoto-oba-san, eso haré". Respondió Nagisa recibiendo el cálido abrazo felizmente.

"Bien, cariño". Dijo Mikoto desasiendo el abrazo que le estaba dando a Nagisa con renuencia, pues no quería dejarla ir.

Mirando algo angustiada a su hijo y sobrino, mikoto habló nuevamente. "Itachi, Shisui, ustedes también manténganse a salvo en su misión, no quiero que nada les pase".

"Descuida, Okkasan, estaremos bien". Le Aseguró su hijo.

"Itachi tiene razón, Oba-san, ya verás que estaremos de regreso sanos y salvos". Dijo Shisui calmando en su mayoría junto con su primo las preocupaciones de Mikoto.

La matriarca Uchiha asintió más tranquila y observó como Nagisa fue levantada por Itachi quien la puso en su espalda y sujetándose fuertemente al peliazabache, con un último adiós, los tres se marcharon del compuesto.

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"¿Segura que estarás bien, Nagisa-chan?" Preguntó Shisui preocupado, en tanto que Itachi y él se despedían de la pequeña pelirroja unas calles antes de llegar al orfanato.

" Hai, Shisui-nii-san. Te aseguro que estaré bien". Confirmó la hermosa niña con una dulce sonrisa mirando a ambos adolescentes.

"Ya deberían irse, tienen una misión hoy ¿no?, no quiero retrasarlos más".

"Así es, Nagisa". Respondió Itachi aparentemente tranquilo, aunque por dentro se sentía bastante preocupado, al igual que su primo por la seguridad de Nagisa. El heredero del Clan Uchiha, sabía que en cuanto los aldeanos se dieran cuenta que ellos no estaban en la aldea y, por lo tanto, lejos de la pequeña pelirroja, estos no dudarían en atacarla. Pero no podían hacer nada al respecto, no siempre podían estar cuidando de ella por su trabajo como shinobis.

El azabache miró hacia el cielo y viendo que ya se les estaba haciendo un poco tarde habló una vez más. "Nagisa, como acabas de decir, ya debemos irnos. Prométenos que tratarás de mantenerte segura y no andarás por las calles en la noche. Y si sales en el día, transita por las calles en la que mayormente hay gente de fuera de Konoha para que los aldeanos no puedan hacerte daño".

"Entendido, Itachi-nii-san".

Entre abrazos y besos en las mejillas por parte de Nagisa y en la frente, de parte de Shisui e Itachi, los dos azabaches se fueron teniendo la angustiante sensación de que no verían a su pequeña hermanita en un largo tiempo.

Al ver Nagisa que ambos jóvenes ya estaban fuera de la vista, temerosa, ella se encaminó hacia el Bosque de la Muerte, en donde había tenido que irse a vivir, pues era más seguro estar allí que dentro de la aldea. A pesar de que el sombrío bosque estaba repleto de peligrosas criaturas devora hombres, a ella, solo le bastaba soltar un poco del terrible instinto asesino de su Otousan para auyentarlas, ya que su instinto de supervivencia les daba a conocer quien era el depredador más peligroso en la zona.

Llegando sin ningún problema a la cueva que había elegido para vivir, Nagisa entró en ella y se recostó en una cama improvisada que hizo con algunas hojas y se acostó a dormir, pero antes de conciliar el sueño, la jinchuriki pelirroja escuchó que su Otousan la llamaba.

"¿Qué sucede, otousan?" Preguntó ella curiosa a través del vínculo mental que compartían.

"Kit, siento que uno de mis hermanos está intentando ponerse en contacto con nosotros y a juzgar por la urgencia en que lo está haciendo, ha de haber ocurrido algo importante". Respondió Kurama tenso.

"¡Pues que esperamos Otousan, vamos!" Respondió Nagisa ansiosa, esperaba que todos estuvieran bien.

"Bien, kit". Estuvo de acuerdo el poderoso bijuu.

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En el Paisaje Mental Compartido...

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El llanto desconsolado de una niña fue lo primero que escucharon Kurama y Nagisa al llegar al espacio mental que compartían con los otros bijuus y jinchurikis. La pequeña ojiazul miró a su alrededor buscando a Fu, la unica otra niña de casi su edad en el grupo, dado que Gaara era un niño, y por fin, la encontró siendo abrazada por Yugito.

"¿Qué ha ocurrido con tu Jinchuriki, Choumei?" Preguntó Kurama serio ante la tensa situación, ya que él podía notar la furia plasmada en todos los rostros de sus hermanos y los jinchurikis de cada uno.

"¡Los malditos aldeanos intentaron matar a Fu y algunos shinobis quisieron...!, ¡quisieron...!" La furia de la Nanabi, era tanta que ni siquiera podía terminar de explicar lo sucedido con la niña, sin embargo, no era necesario, porque Yugito, tras darse cuenta de lo difícil que estaba siendo para Choumei, informarle la situación al Kyuubi, terminó de explicar por ella con la voz cargada de odio.

"Intentaron abusar de Fu". Dijo abrazando de manera más protectora a la ojinaranja.

Kurama gruñó escalofriántemente, pues eso le recordaba a las veces que los despreciables ningen de Konoha quisieron hacerle lo mismo a su kit, no obstante, el asco que ellos le tenían a la niña había sido más fuerte y no se atrevieron a hacerlo y si tan solo lo hubieran intentado..., tirando toda precaución al demonio, él los habría hecho pedazos.

"No más... No se ustedes, pero yo ya no pienso tolerar más el abuso de los aldeanos. Me iré de Kumo y no me importa cuanto me tarde o con quien tenga que pelear para tener mi libertad, lo haré y buscaré un sitio en el que pueda vivir en paz". Dijo Yugito cansada de todo.

"Finalmente, alguien que habla con sensatez. Yo también planeo sacar a mi kit de Konoha, ya ha sufrido lo suficiente a manos de esos ningen". Dijo Kurama serio.

"Pienso hacer lo mismo". Anunció Shukaku asombrando a varios de los presentes. "Gaara casi fue asesinado ayer por uno de sus parientes, pero a causa de la protección de arena que le brindo, sigue vivo. Físicamente está bien, sin embargo, mentalmente, es otra historia".

Todas las miradas se posaron en el pequeño Gaara, el cual se mantenía en completo silencio, con su mirada perdida y sus brazos alrededor de él mismo.

"¿Gaara?" lo llamó Nagisa al borde del llanto al ver a su otro amigo en ese estado, pero el pequeño pelirrojo no reaccionó a su llamada, solo continuó así, encerrado en sí mismo.

Roshi observó con tristesa los intentos de Nagisa que trataba y trataba de sacar de su estado de shock a Gaara, fracasando una y otra vez. El jinchuriki del Yonbi cerró sus ojos pensando, tan pequeños y ya pasando por tal dolor. No debería ser así. Tomándo su decisión, abrió los ojos y dijo con boz firme: "Me uniré a Yugito-san en su travesía. Para nuestras aldeas, no somos más que sus perros de ataque, sobre todo en el momento en el que éstas se ven gravemente amenazadas por algo que las sobrepase en poder. Yo también estoy cansado de la vida miserable que ellos nos obligan a tener. Simplemente ya no soportaré más esto".

Todos asintieron en acuerdo con el hombre, ya había sido suficiente. Con ese pensamiento en sus mentes, decidieron abandonar sus aldeas de forma tácita.

"Opino que debemos reunirnos y viajar en grupo, así podríamos defendernos mejor de cualquier intento por parte de nuestras aldeas para traernos de vuelta y, de igual modo, nos daría la facilidad de proteger a los más pequeños". Dijo Utakata.

"Eso suena bien, ¿alguien tiene un buen plan para llevar todo esto acabo?" Preguntó la Nanabi muy interesada.

"Yo tengo un plan, pero necesito de tu ayuda, Utakata". Dijo Yagura mirando serio al pelimarrón.

"Bien, cuenta conmigo". Respondió éste sin dudar.

Yagura miró con aprobación al tranquilo ambarino. "Excelente, pues escuchen con atención el plan que tengo y luego digan si están de acuerdo o no con éste".

Y así el peliblanco explicó a detalle su plan recibiendo al terminar de explicar todo, sonrisas de aprobación de parte de todos.

"Bien, pues mañana por la noche, pondremos en marcha el plan". Dijo Kurama serio. "Suerte a todos. Nos mantendremos en contacto, sean lo más precavidos que puedan. Nos veremos mañana".

Todos asintieron y se fueron yendo del paisaje mental compartido. Mañana sería un día bastante largo y pesado, y debían estar listos para él.

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A la mañana siguiente en Kirigakure no Sato.

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Todos los shinobis presentes se encontraban muy confundidos, a una gran distancia de todos ellos, en medio de la aldea de Kirigakure, el jinchūriki del Rokubi, el joven Utakata, luchaba ferozmente con el Yondaime Mizukage (cuarta sombra del agua) y jinchūriki del Sanbi Yagura. Los shinobis de Kiri, tanto rebeldes como los que estaban del lado del Mizukage, sin detener sus respectivas luchas, no podían evitar el ver de vez en cuando a los dos poderosos jinchurikis y su increíble muestra de poder masivo, todos preguntándose ¿qué estaba pasando? y ¿por qué el jinchuriki del Rokubi había llegado repentinamente después de tantos años de haberse ido de Kiri, para luchar con el Mizukage Yagura en particular?

Ninguno de ellos tenía una respuesta clara, solamente conjeturas. No obstante, los shinobis rebeldes no se quejaban de tal bendición en lo más mínimo, con el Yondaime centrando toda su atención en su batalla con Utakata, su única preocupación residía en acabar con los shinobis bajo el mando del Mizukage.

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Utakata ya había entrado en su estado de tres colas, y no sentía todavía la necesidad de sacar una cuarta cola, menos ahora que finalmente después de una larga pelea, Yagura recuperó el control de su cuerpo. Al ver el ambarino la señal que esperaba por parte de su compañero jinchūriki anunciando que ya podían irse, Utakata creó una enorme burbuja de ácido, a la vez que Yagura hacía una bala enorme de agua.

Ambos ataques fueron disparados al mismo tiempo y al chocar formaron una fuerte explosión que comenzó a expulsar un vapor altamente corrosivo. Aprovechando los dos jinchurikis la peligrosa cortina de vapor ácido, ambos volvieron a su estado normal y usaron una de las burbujas de Utakata para escapar del lugar sin que nadie se diese cuenta.

Cuando el vapor por fin se despejó, ya no había rastro de los dos jinchurikis para el asombro de todos los shinobis allí presentes, por su parte, Terumi Mei la líder de el grupo de los rebeldes, no dejando que la extraña situación la distrajera, tomó ventaja de la inseguridad que se iba apoderando de los shinobis fieles al gobierno del Yondaime Mizukage, que incrementaba a cada segundo que su líder no daba señales de aparecer nuevamente, y le ordenó a sus propios shinobis que atacaran de manera implacable.

Siguiendo las órdenes de su poderosa líder, eso hicieron los shinobis rebeldes y tras casi una hora de terribles batallas, lograron abrumar a las fuerzas shinobis de Yagura finalizando la guerra con la victoria de los rebeldes para gran alegría de éstos últimos.

Mientras los shinobis que estaban de lado del Yondaime eran puestos bajo arresto, Terumi Mei estaba bastante desconcertada. La bella mujer se seguía preguntándo seriamente, por qué el jinchuriki del Rokubi había comenzado a pelear repentinamente con el ahora ex-yondaime Mizukage, y el paradero de ambos jinchurikis, ya que ella no creía que ese ataque, por más poderoso que hubiese sido, culminara con la muerte de los dos shinobis.

Ahí había gato encerrado y ella averiguaría lo que estaba pasando, en cuanto las cosas se estabilizaran en Kirigakure. Por más que ella quisiera que un escuadrón de sus shinobis de confianza fueran a investigar lo que había sucedido con Yagura y Utakata, las cosas todavía estaban muy mal en su aldea y la mayoría de su gente, no estaba en condiciones para realizar tal tarea. Frunciendo el seño disgustada, Mei suspiró con frustración. Tendría que dejar las cosas así por el momento, pero en cuanto tuviera shinobis disponibles, los mandaría en busca de sus dos jinchurikis residentes, Yagura debía pagar por sus crímenes contra su propia gente y Utakata tenía que integrarse de nuevo al servicio shinobi, además, la presencia de sus dos jinchurikis, haría que las otras aldeas ocultas, no se sintieran tentadas a atacarlos en ese momento en el cual Kirigakure estaba debilitado por todos los años de guerra que les habían pasado factura con la disminución de los clanes usuarios de KekkeiGenkai, su baja economía, las reparaciones de su aldea por la recién terminada guerra civil y la recuperación de muchos de sus shinobis, que quedaron gravemente heridos.

Sí, tenían mucho por hacer, pensó la pelirroja mirando cansada toda la debastación a su alrededor. La bella mujer no tenía ni idea, de que los jinchurikis de Kirigakure se habían escapado sin intención alguna de regresar y que el resto de los jinchurikis, hacían lo mismo en sus respectivas aldeas usando la oscuridad de la noche para facilitar su huida y la lapsa vigilancia que tenían sobre ellos los shinobis asignados por los Kages. Los hombres y mujeres pagarían caro más temprano que tarde su incompetencia cuando sus respectivos Kages les preguntaran sobre el estado de los jinchurikis y estos aterrados, les tendrían que informar sobre la desaparición de éstos.

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Fin del Capítulo.