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Run run rebel

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Sus ojos se abrieron de golpe cuando nuevamente una considerable cantidad de agua helado la golpeó tan fuerte que la despertó de un sobresalta, seguido de eso escuchó un par de risas a su alrededor.

Lo primero que se dió cuenta es que no estaba en el mismo lugar que la anterior vez, seguido vio a un anciano de con piel cenicienta por falta de luz a unos pasos de ella que le miraba preocupado.

—¿Estás bien? —preguntó él hombre canoso.

Eso mismo debería de preguntarle ella. Luego de interminables golpes que había sufrido en manos de los seguidores de King, el despertar nuevamente sin ser golpeada más que agua helada era más que bienvenido, aunque el ver al hombre con la mano extendida hacia ella e intentando ser amable se le hacía extraño.

Dudo por un momento al ver una pequeña pero agradable sonrisa que se asomaba en su rostro siendo todo lo contrario a lo que se mostraba en la celda. Finalmente decidió tomar su mano y ser ayudada a levantarla.

—¿Dónde estamos? —preguntó contemplando la celda en que estaban.

Parecía ser un poco más oscura que en la anterior, tuvo que entrecerrar los ojos para adaptarse a la negrura de la habitación, por la frialdad podría decir que estaban bajo tierra sobre todo por el característico olor a piedra y arcilla.

El hombre hizo una leve mueca como si estuviese renuente a realmente decirle qué sucedía hasta que finalmente hundió los hombros.

—Estamos en el corazón de la aldea de las grutas, el bajo mundo. Aquí se realizan las peores transacciones y tratos del continente —la piel cenicienta y grietas en la piel además de su ropa andrajosa le indicaba a Sakura que ya llevaba mucho tiempo aquí el señor.

El corazón de Sakura se encogió al saber que estaba en una posición muy difícil, por lo menos seguían en la aldea de las grutas. Si algo estaba segura es contar con Shikamaru. ¿cuánto tiempo había pasado desde que los atacaron y lo mandó lejos para pedir refuerzos? No estaba muy segura.

—Esta bien. Vendrán por nosotros —dijo tratando de omitir el temblor en su garganta. Su cuerpo aún le dolía por los innumerables golpes que le han proporcionado, a pesar de la semi-oscuridad estaba muy segura de que debía notarse los múltiples cortes y cardenales a causa de los brutales golpes que la llevaron una y otra vez a la inconsciencia.

El hombre frente a ella volvió a suspirar antes de que sus ojos opacos volvieron a mirarla.

—Muchos han dicho eso antes que tú. No veo por qué sería diferente —dijo el señor.

Estuvo a punto de refutar cuando la voz de una tos seca la sacó de sus pensamientos. Al girar hacia el propietario le faltó el aliento al ver que dentro de la celda había mucha gente entre desde niños hasta ancianos, cada uno de ellos con un aspecto deploraba y la esperanza muy lejos de sí mismos. No había ni uno que no tuviese al menos una herida o moretón sobre ellos, incluso los más cercanos al parecer tenían cicatrices horrendas por no tener los cuidados apropiados.

Sus piernas casi cedieron a la gravedad cuando finalmente comenzó a reconocer civiles y ninjas que ha curado en su hospital. Finalmente había encontrado el lugar donde tenían cautivos a personas de Konoha. Al instante corrió y se arrodilló frente al más cercano.

—Señor Fuji —dijo Sakura comenzando a inspeccionar su cuerpo.

El señor fuji lo recordaba, un amable anciano que vendía takoyaki muy cerca del hospital, a veces, cuando terminaban sus largas jornadas en el hospital y sabía que le esperaba un refrigerador vacío iba a su puesto para comprar unas cuantas bolas y comerlas de camino a casa antes de entrar en coma. Cuando su esposa denunció su ausencia había sido un duro golpe para la señora.

—Sakura-san —dijo Fuji. Un fugaz brillo de esperanza brilló en sus ojos color marrón hasta que volvieron a un color apagado—. Incluso tú estás aquí. Estamos acabados.

Aquella frase le dolió incluso más que los golpes infernales que le dieron una y otra vez hasta llevarla a la inconsciencia. ¿Cuántos meses ellos estuvieron en esta situación? Esperando que alguien de su pueblo apareciera para rescatarlos cuando solamente entraban más personas a este infierno e incluso alguno de ellos eran ninjas.

Hasta la estudiante de la Hokage estaba aquí.

¿Qué podía hacer? La imagen de su mejor amigo rubio pasó fugazmente por su mente. No, aún había esperanza. Sabía que Naruto no dejaría una sola roca sin mover por tratar de buscarla, incluso si tomara años el buscarla para traerla de vuelta a Konoha.

—No, deben creer en Konoha —alzó la voz lo suficiente como para que todos los que estaban en la celda, ciudadanos de Konoha o no, la escucharan. Aún es muy pronto para romperse—. Tsunade-shishou siempre ha estado investigando la ubicación de este lugar para salvarlos. No hay que perder la esperanza.

—¿Esperanza?

Al girarse, justo a un lado del anciano que le había ayudado a pararse apareció un niño pequeño de cabello púrpura, con ojos color almendra, de baja estatura y el cuerpo demasiado delgado para ser normal. Si viera debajo de su ropa no se sorprendería de ver sus costillas asomarse entre la piel.

—¿Sabes cuántas veces hemos escuchado eso de alguno de estos ninjas? —sus mirada dura le rompió el corazón a Sakura. Una inocencia que debería tener había sido dejada atrás hacía mucho tiempo—. Cinco años he vivido aquí y Mori aún más. Nadie sale de aquí a menos que mueras. Todos dan esas promesas hasta que terminan muertos o ven que no hay escapatoria.

El chico enojado empujó a Sakura antes de irse a otro lado de la celda muy alejado de la chica que estaba consternada.

—No te enojes con Ian, era un niño que al principio lloraba mucho por querer salir y como tu esperaba ser rescatado hasta que el mundo aquí lo consumió a lo que es ahora —dijo Mori con un aire triste—. Los niños aquí sirven como esclavos, recogiendo los cuerpos muertos, haciendo lo que el mejor postor quiera con ellos e incluso pelean en la arena.

Los ojos de Sakura de pronto se llenaron de lágrimas al pensar lo duro que deben de estar pasandola todos. Lo difícil que es la vida que ellos tienen ahora a diferencia de su infancia que fue feliz hasta la muerte de sus padres y su abuelo. Todas estas personas fueron despojadas de su libertad hasta el punto de ser más bajos que unos animales.

—No puedo aceptar esto —murmuró Sakura con la voz rota.

Mori solo hizo una mueca, ni una palabra de consolación, de alivio, ni una aunque sea solo para apaciguar la tristeza que estaba sintiendo en estos momentos. Solo su mano en el hombro de Sakura que se sintió más fría y solitaria que reconfortante.

—Te daré un consejo… Haz lo que te pidan para sobrevivir. Los que intentar ir en contra de King terminan corrompidos o muertos.

Sentía como si un agujero negro comenzará a cavar bajo sus pies.

—Deberías hacer lo que ese anciano dice.

Tan pronto como aquella viciosa voz se hizo presente muchos se arrastraron o dieron trompicones al correr del lado contrario de la celda lo más alejados posibles de King. Él estaba apoyado entre los barrotes sin importarle que todos temieran. Incluso sonrió de satisfacción al ver que la cara preocupada de la pelirosa se endureció en cuanto apareció. Sólo Mori y Sakura estaban de pie en su lugar sin perturbarse de su presencia.

En silencio, él junto a celadores entraron en la celda. Uno de sus secuaces empujó a Mori hasta tirarlo al piso como un saco de patatas. En cuanto Sakura estuvo a punto de protestar King aprovechó el momento para patearla, en cuanto se dobló le tomó el cabello rosado con una mano y con la otra ambos brazos detrás de su espalda.

Satisfecho con ver un atisbo de dolor en sus ojos y le hace girara su cabeza hacia la gente que estaba apiñada del otro lado de la celda con la cabeza agachada esperando que no sean torturados. Ni uno de ellos parecía desafiante, al contrario demasiado dóciles y derrotados al punto de no atreverse a ver a la estudiante de la Hokage o intentar que la suelten.

Una vez más con el manojo de cabellos rosados en su mano la agitó hasta que su oreja casi rozó sus labios.

—¿Disfrutando tu estadía? Aquí pasarás el resto de tus días —sonrió al ver que casi se inmuta al tenerlo susurrando en su oído. Iba a disfrutar romperla hasta que el brillo escape de sus ojos—. Tú eres mía, estás en mi palma, bailarás a mi ritmo hasta que no te queden fuerzas ni para cuidarlos, no como sucedió en la mansión.

Sonrió aún más cuando al girarla para verla a los ojos, esta vez no pudo evitar dejar ver la sorpresa y el miedo al darse cuenta que sí, él la había visto. Estuvo al tanto de lo que había pasado en aquella misión.

Fue entonces que Sakura no aguantando más le escupió en la cara. La sonrisa de King desapareció. Con fuerza la avienta al piso del pasillo antes de pasar sobre ella. Con el tronar de sus dedos sus seguidores corrieron a ella y comenzaron a patearla con fuerza. Sakura se mordió con fuerza el labio hasta sangrar con el fin de evitar darle el gusto de que la vea gritar de dolor.

Al tronar de nuevo los dedos sus atacantes dejaron de golpearla. Hasta ese momento sintió que pudo volver a respirar con fuerza. Al menos una costilla debía tener rota. Fue entonces que Mori fue a socorrerla y ayudarla a levantarse. En cualquier momento iba a volver a desmayarse, después de todo no ha probado bocado alguno en un largo tiempo.

Sin darle un momento de respirar la volvió a agarrar con fuerza del cabella y la arrastró por el pasillo al no tener más fuerza que para seguirle casi tropezando con sus pies.

—¿qué harás? ¿puedes salvarlos a todos? —le preguntó mientras le enseñaban las demás celda.

Pasaron por celdas donde había únicamente niños, otras donde había gente como en la celda que Sakura estaba, otras donde había gente con peor aspecto y una que tenía personas arregladas para la transacción ya realizada para las personas más retorcidas que puede llega a conocer. Por último la llevó a una celda maloliente con olor a infecciones y carne podrida. Sakura miró horrorizada a un grupo de personas con la piel casi a los huesos y con la mirada ida.

Con un asentimiento de cabeza uno de los guardias trajo a un hombre igual de delgado que lloraba y gritaba piedad a su carcelero mientras era arrastrado y aventado a la celda. Una vez dentro en el centro de la celda todos las personas que estaban ahí como animales salvajes miraron al hombre que temblaba de miedo y sin remordimiento alguno corrieron y saltaron sobre él para comérselo vivo.

Las piernas de Sakura fallaron y vió con horror toda la escena sin poder apartar la vista porque King lo impedía.

—Cada vez que me desafíes llevaré a una persona de tu querida aldea para ser carne para nuestros experimentos —le susurró King.

Los gritos de terror y el crujir de la piel y la separación de los huesos de músculos quedó impregnada en su mente con fuego.

Esta vez, sin la energía necesaria para seguir peleando contra King se dejó arrastrar. El dolor en su cráneo al ser jalada del cabello se hizo insignificante contra el dolor al pensar en su equipo, su shishou, Itachi y todos sus amigos.

Antes de que se diera cuenta una puerta de acero fundida fue abierta y lanzada al piso como una muñeca de trapo. Al cerrarse ella no tuvo ganas siquiera de levantarse.

—¿Sakura?

Sus ojos se abrieron de golpe y miró hacia arriba.

Si antes estaba horrorizada ahora lo estaba más. No, no, no ¡Esto no podía ser posible!

Frente a ella estaba Temari, Chojuro, Akatsuchi y Darui. Todos los representantes de la reunión que tuvieron hace mucho tiempo estaban ahí. Grandes ninjas conocidos por toda las naciones ninjas estaban atrapados aquí con ella.

Su estómago se revolvió al pensar que todo este tiempo, desde un principio hasta ahora habían sido meras marionetas del hombre llamado King.

¿Y si esto es una trampa? Sabía que Naruto, Sasuke, Kakashi, Sai y Yamato no se iban a detener hasta encontrarla. ¡Maldición! incluso Itachi, shisui y Genma!

Los mandaría directo a la boca del lobo.


Dentro de otra sala pobremente iluminada, King estaba sentado frente a una mesa con un juego de ajedrez sobre él. No cualquier juego, uno más grande y con más piezas que el juego normal. En su mano movió una pieza rosa cerca de otras tantas.

—¿Por qué me traes aquí? Es aburrido ver cómo juegas con tus piezas. Preferiría estar en mi laboratorio —se quejó Saito.

King se inmutó con su tono despectivo. Junto a Saito, el hombre pelirrojo que estaba junto a él al emboscar al equipo siete y casi liberar el Kyuubi se veía igual de molesto que Saito.

—Ya está aquí —dijo King—. Pronto la caja de Pandora será abierta —una gran sonrisa helada se deslizó por sus labios—, primero debemos romperla.

Sus ojos amarillos brillaron mientras que los otros dos rieron oscuramente anticipando la violencia.

14/Feb/2020