La Chica del Café

Capítulo 2


Esa mañana, Rukia estaba en la cocina con esa camiseta de algodón demasiado grande y pantalones de chándal viejos, de pie frente a la isla con una taza de té en la mano. Ichigo sonrió al verla así y se acercó a ella para darle un beso de buenos días demasiado intenso para ser solo un "buenos días", como si no la hubiera besado en la mañana antes de bañarse con agua fría para refrescarse el el calor que le dejaron esos besos.

Ya estaba vestido para ir a la Torre Kuchiki a pesar de que era sábado y se suponía que no debía ir a ningún lado más que a la sala de su casa con sus hijos y su esposa. Byakuya lo llamó para una reunión y ver esos otros asuntos que nadie debería saber e Ichigo no podía negarse; debía ir, quiera él o no.

— ¿Quieres algo de té? — preguntó Rukia con una sonrisa y un jadeo ahogado mientras rompía el beso.

Ella había dejado la taza de té en el sobre la superficie de mármol de la isla y lo había abrazado solo para que el beso fuera más intenso. Ichigo le dio un pequeño mordisco en el labio inferior solo porque quería y podía.

— Sabes que prefiero el café. — Ichigo le dio un beso más antes de servirse una taza del café que estaba en la cafetera y se paró detrás de ella para besar su hombro nuevamente antes de susurrarle al oído. — Ni aunque te vistas así, como si fueras una niña inocente, me hará perdonarte por lo de esta mañana, por lo de ayer y por lo de anteayer. — La tomó por la cintura y la atrajo hacia él solo para poder sentir un poco más su trasero. — Soy adicto a ti y no puedes mantenerme en esta especie de abstinencia cruel.

Ichigo sonrió al escuchar el jadeo de Rukia mientras la atraía hacia él.

— Ya no tenemos condones… y no podemos, tengo cita con la ginecóloga en unas horas. — Rukia susurró con una sonrisa traviesa mientras movía suavemente sus caderas solo para provocarlo más.

— No tendríamos ese problema si me hubieras dejado operarme cuando te lo sugerí. — Ichigo le dio un beso más en el hombro y se alejó de ella para tomar un poco de su café.

Los movimientos de cadera de Rukia estaban empezando a ponerlo duro y no quería tener que tomar otro baño frío antes de dirigirse a la Torre Kuchiki. Rukia definitivamente iba a pagar por esa audacia.

— Me gustan las armas cargadas, ya lo sabes. — Rukia lo miró sin dejar de sonreír mientras llevaba una de sus pequeñas manos a la entrepierna de Ichigo para acariciarlo. — Sin ese peligro no sería divertido.

Rukia lo estaba provocando con esa mirada, con ese tono de voz y esas caricias, sabiendo que él no podía hacer nada en ese momento. Estaba duro y tenía muchas ganas de estar dentro de su mujer, que no había dejado de acariciarlo y sonreírle con esa expresión malvada que amaba en ella.

— A la mierda la ginecóloga, reprograma la cita. — Ichigo jadeó antes de hacer que Rukia mirara hacia la isla y levantara las nalgas. Ichigo se colocó detrás de ella y metió la mano dentro de los pantalones y la ropa interior de su esposa para comenzar a masturbarla.

— Ichigo, estamos en la cocina, los niños… — jadeó Rukia, apoyándose contra la superficie de mármol pero sin resistirse a lo que él le estaba haciendo mientras le bajaba los viejos pantalones que llevaba junto con la ropa interior.

— Es sábado, están durmiendo. — respondió Ichigo antes de besar su cuello solo para encontrar sus labios y besarla de nuevo.

La lengua de Rukia entró en su boca, luchando por dominar ese beso de una manera deliciosa y lasciva. Ichigo podía sentir las piernas de Rukia temblando mientras se movía contra él, podía sentirla completamente mojada y lista para recibirlo, e Ichigo no dudó en bajarse los pantalones junto con sus bóxers y entrar a su esposa con un ronco jadeo.

— Ichigo… — La voz de Rukia estaba cargada del mismo placer y deseo que él sintió en ese momento, y solo pudo hacer un ruido con su garganta demostrando que la había escuchado, pero sin dejar de moverse contra ella, sintiendo lo caliente, húmedo y delicioso era estar dentro de ella. — Más fuerte, mi amor. Más duro.

— Sí mi amor, como ordenes. — Jadeó antes de poner una mano sobre la boca de Rukia para que sus gemidos, que cada vez eran más fuertes, no llamaran la atención de los niños en caso de que estuvieran despiertos.

Rukia lamió la palma de la mano de Ichigo y eso solo hizo que él maldijera mientras continuaba embistiéndola y agarrando sus caderas para mantenerla en su lugar. La sintió terminar de una manera tan deliciosa que ella lo hizo su prisionero en ese final, que no se detuvo hasta que ella alcanzó de nuevo ese pequeño paraíso personal y lo alcanzó con ella sintiendo como la llenaba de él.

Permanecieron en esa posición por un momento, saboreando el placer remanente que quedaba de tales encuentros "furtivos", y tratando de recuperar el aliento. Ichigo soltó la boca de Rukia mientras descansaba su frente en su hombro y se tomó su tiempo antes de salir de ella.

— No usamos condón. — susurró Rukia antes de dejar escapar un jadeo ahogado cuando él salió de ella.

— Lo sé.

Ambos jadearon mientras hablaban pero no se movieron de esa posición.

— Extrañaba hacerlo así. — Ichigo sonrió al escuchar esa declaración de su esposa.

— Yo también. No te muevas.

Ichigo le dio a su esposa un beso más y alcanzó una servilleta de papel, rápidamente se limpió y luego con una servilleta limpia limpió a su esposa para eliminar la evidencia. Cuando sus ropas estuvieron en su lugar, Ichigo regresó a su taza de café, que se había enfriado, y vio a su esposa volver a sostener su taza de té antes de sentarse en una de las sillas frente a la isla para descansar un poco.

— Te traeré la pastilla cuando vuelva de la reunión.

— No, no es necesario.

Ichigo levantó una ceja hacia ella pero antes de que pudiera decir algo, la voz de sus hijos lo distrajo. Era sábado, se suponía que los mellizos debían dormir hasta el mediodía, pero esos niños tenían la costumbre de madrugar los fines de semana y ponerlos en aprietos durante la semana de clases, que era cuando menos ganas tenían de levantarse de la cama.

Ambos pensaron que tenían suerte de que sus hijos no los encontraran haciéndolo en la cocina, o tendrían mucho que explicarles a sus hijos ese día.

Los gemelos estaban muy emocionados, el día anterior les habían dicho que se irían de vacaciones con sus abuelos durante el verano y eso los tenía con la energía y la felicidad en su punto más alto. Rukia solo había accedido a dejarlos ir porque ellos no saldrían de vacaciones ese año por todo el trabajo que tenían encima y no quería tener a los niños en la casa todo el día mientras ellos trabajaban en la Torre Kuchiki.

Además, con Isshin y Masaki los gemelos estarían a salvo.

Ichigo le dio un beso de despedida a Rukia y los gemelos se quejaron de la muestra de afecto entre sus padres, lo que provocó que Ichigo les desordenara el cabello como despedida antes de irse. Ichigo amaba a sus hijos y pasaba los fines de semana con ellos tanto como podía, por eso no le gustaban esas reuniones de última hora que Byakuya solía tener a veces.

La reunión de Byakuya fue más de lo mismo, había hombres de confianza y algunos más.

Ichigo estaba sentado al lado de Byakuya, como su posición dentro de la organización lo ameritaba, y se dedicó a escuchar lo que su cuñado tenía que decir y las excusas de algunos otros involucrados en un incidente donde un preciado cargamento de polvo de hadas había "desaparecido" y terminó en algún lugar "desconocido".

Definitivamente era una reunión que no podía esperar hasta la noche para disfrazarla de cualquier evento social y mantener un perfil bajo. Ese cargamento valía millones que a Byakuya no le gustó perder.

— Soy un hombre generoso pero no me gustan los errores. — La voz fría de Byakuya hizo que todos se callaran en esa reunión. El Jefe se levantó de su asiento, se ajustó la gabardina y se dirigió a la salida de ese cuarto subterráneo. — Ichigo, encárgate de esto.

Ichigo asintió ante la orden de su cuñado y chasqueó los dedos para que sus hombres agarraran al idiota responsable de perder ese preciado cargamento. Los otros asistentes se despidieron de Byakuya, ignorando las súplicas de ese hombre, y esperaron a que el Jefe se fuera antes de irse tras él.

Los hombres de Ichigo llevaron al tipo a uno de los sótanos de la torre Kuchiki y lo colgaron de las muñecas para que solo las puntas de sus zapatos tocaran el suelo. El hombre siguió rogando misericordia y perdón, pero Ichigo lo ignoró brutalmente.

— Podemos hacer esto de una manera fácil. Dime quién es el responsable de la pérdida de ese cargamento y me encargaré de que tu cuerpo sea encontrado con una soga en la garganta. — aclaró Ichigo mientras se ponía un par de guantes negros y elegía entre una amplia variedad de instrumentos de tortura que estaban dispuestos para él en una mesa de metal. — También podemos hacer esto de la manera difícil y ni siquiera tu madre reconocerá lo que quedará de ti.

— Lo juro, lo juro… No sé qué pasó. — El hombre realmente estaba negando todo.

Ichigo suspiró y tomó una barra de metal.

— De la manera difícil será.

El hombre suplicó clemencia nuevamente e Ichigo comenzó el interrogatorio.

Solo necesitó un poco de dolor y el hombre comenzó a cantar como los pajaritos. A Ichigo no le gustó lo que estaba escuchando y a Byakuya le gustaría menos cuando se lo dijera. Sacó tanta información del tipo como pudo y luego lo mató. Byakuya no necesitaba ratas dentro de la organización.

— Desháganse del cuerpo. Los cerdos no han comido y este tipo se ve lo suficientemente bien como para alimentarlos. — ordenó Ichigo a sus hombres mientras se quitaba los guantes y sacaba su teléfono para llamar a Byakuya.

No, Byakuya no estaría feliz.

Era tarde cuando salió de esa reunión de último minuto y seguramente Rukia estaría molesta porque había estado fuera de casa todo el día. Mientras pensaba en cómo hacer feliz a su esposa por la demora provocada por Byakuya y la rata, su teléfono sonó con el tono característico que indicaba que era Rukia quien envió el mensaje.

Ichigo abrió la conversación e inmediatamente sonrió al ver lo que Rukia le había enviado. Era una foto de ella con lencería nueva que no había visto y un par de tacones altos que solo hacían que sus piernas fueran más hermosas. Inmediatamente después de esa foto, apareció un mensaje que lo hizo sonreír más.

Ichigo, sin dudarlo ni perder un segundo más, encendió su auto y pisó el acelerador para llegar a casa. Esas noches sin los niños eran sagradas.

Al comienzo de su matrimonio, la piedra angular que dio forma a todo fue el sexo.

A lo largo de su noviazgo y hasta el primer año de matrimonio, fue algo que nunca faltó entre ellos. En ese tiempo Rukia usaba pastillas anticonceptivas para evitar quedar embarazada, ninguno de los dos quería tener hijos en ese momento, pero las pastillas fallaron y con ese fracaso vino la primera crisis que atravesaron juntos.

Cuando Rukia se enteró de que estaba embarazada, la discusión entre ellos pasó de "¡se suponía que estabas cuidándote!" a "¡esto sucede cuando tienes sexo, y tenemos mucho!".

El enfado entre ellos dio paso a la sorpresa cuando ambos fueron a la cita con la ginecóloga y esta les mostró la ecografía donde se notaba que eran dos frijolitos en lugar de uno.

Después de esa revelación tuvieron que sentarse a hablar de todo lo que estaba pasando y aceptar que ya no serían solo ellos dos divirtiéndose en el mundo. Aunque ninguno de los dos quería hijos todavía, cuando se planteó la idea de interrumpir el embarazo ambos lo negaron de inmediato.

El embarazo lo cambió todo y no fue como las revistas de maternidad que Rukia compró para entender un poco más de todo lo que iba a pasar con su cuerpo y su vida y todo lo que incluía traer una nueva vida al mundo.

Cambios de humor, náuseas, vómitos, vértigo, mareos, ver cómo cambiaba todo cada día y tener que aceptar que su ropa ya no le quedaba como antes fue un golpe de realidad muy duro para ambos porque si Rukia no era feliz, Ichigo tampoco era feliz.

La segunda crisis en su matrimonio fue el hecho de que ya no tenían relaciones sexuales como antes, y eso causó muchos problemas durante un tiempo.

Después de que nacieran los gemelos, comenzó el verdadero problema de cómo mantener con vida a dos seres que dependían completamente de ellos. Ambos estaban cansados y malhumorados a pesar de que tenían la ayuda de niñeras para cuidar a los bebés, además de la ayuda ocasional de Masaki. Rukia estaba adolorida, triste y, habiendo dejado su trabajo para cuidar a sus hijos, estaba frustrada.

Ichigo fue arrastrado por su cuñado a los negocios de la familia y salía mucho de la casa, de la ciudad y del país, así que cuando llegaba a casa estaba tan cansado como Rukia. Rukia comenzó a quejarse de que ya no se sentía deseada por él, de que ya no le parecía bonita y de un montón de inseguridades que se desataban en su mente, todo porque ambos estaban tan agotados que ni siquiera tenían tiempo para dedicarse ellos, como pareja, tenían.

Lo que los llevó a un punto en el que realmente tuvieron que pensar en lo que estaba pasando con ellos fue cuando Rukia lo acusó de una infidelidad que no cometió. Ni siquiera había un sospechoso, solo era una acusación que ella hizo para sacar su frustración porque él no la tocaba, y porque había noches que él no volvía a dormir a casa por el trabajo.

También fue ese día que descubrieron lo placentero y salvaje que era el sexo de reconciliación después de una pelea.

Todo mejoró cuando Rukia regresó a su trabajo en la Torre Kuchiki e Ichigo asumió la responsabilidad de cuidarse para no tener más hijos porque el médico le prohibió a Rukia las píldoras anticonceptivas.

Si Rukia estaba de buen humor, Ichigo estaba de buen humor y el sexo, así como su relación y su desempeño como padres, definitivamente mejoró.


Ese día, Rukia le envió un mensaje de texto a media mañana diciéndole que haría algunas cosas y luego iría de compras con uno de sus amigas que había regresado a la ciudad, y él le dijo que iba a tomar un café. Rukia le deseó un feliz día y luego se desconectó. Ichigo hizo lo mismo y llamó a su secretario para reprogramar todas las citas de la mañana para después del almuerzo o para otro día.

El secretario asintió e Ichigo agarró su abrigo, las llaves de su auto y salió de la Torre Kuchiki hacia la cafetería de la semana anterior.

La chica del café estaba allí y nuevamente la cafetería estaba vacía, pero ella sonrió al verlo como si hubiera llegado su mejor cliente. Ichigo ni siquiera tuvo que decir lo que quería, la chica parecía haberlo memorizado de la última vez y él solo confirmó la orden cuando ella la recitó con una leve vacilación en su voz.

Esta vez había pastel de chocolate en la hielera e Ichigo pidió un trozo y se sentó en la barra.

La chica nuevamente le deseó una buena comida, aunque parecía querer decirle algo más pero no lo hizo y fue a sentarse en su asiento. Ichigo la miró leyendo una revista, y pudo ver lo linda que era, su cabello castaño y esos ojos verdes le daban una apariencia tierna.

Era la primera vez que hacía un contraste entre su mujer y otra persona.

Rukia era elegancia hecha mujer, perfecta en todos los sentidos, y esa chica era tan ordinaria que cautivaba.

Ichigo terminó su café, pagó en efectivo nuevamente y se fue, pensando nuevamente que regresaría la próxima semana.