La Chica del Café

Capítulo 6


Después de visitar a los viejos amigos en Marruecos, se dirigieron a sus verdaderas vacaciones.

Rukia tenía planeado recoger a los mellizos de donde estaban con Isshin y Masaki, y pasar unos días en un hotel con sus hijos, pero la primera parte no fue posible y sus padres tuvieron que llevar a los mellizos al hotel para no perder las reservas.

Sus hijos, al verlo con el pelo negro, le preguntaron si estaba jugando de nuevo a disfrazarse junto con el tío Byakuya, e Ichigo tuvo que decir que . No era la primera vez que sus hijos lo veían así y no les resultó extraño; era más fácil para Rukia porque ella solo usaba pelucas y tenía una gran colección en la casa.

De inmediato los gemelos comenzaron a contarles todo, absolutamente todo, lo que habían hecho durante esas largas vacaciones con sus abuelos, como si ese par de niños no hubieran hablado todos los días con sus padres por teléfono.

A la hora del almuerzo, Isshin y Masaki hicieron la entrega oficial de sus hijos a Ichigo y Rukia, e Ichigo agradeció a sus padres por cuidar a los gemelos. Isshin solo dijo que lo hizo porque eso es lo que hace la familia, y luego lo golpeó por hacer trabajos tan peligrosos junto con la promesa de que hablaría con Byakuya más tarde.

Ichigo por un momento se sintió como ese adolescente que se despertaba entre golpes y gritos, sin importar si estaban o no en la casa presidencial.

— Gracias Papá. — Esas palabras de agradecimiento salieron del corazón de Ichigo, ya que sin el apoyo de su familia no estaría en donde estaba en ese momento porque ese tipo de vida era demasiado estresante.

Isshin sonrió y de un momento a otro se puso de pie, hizo que Ichigo también se pusiera de pie y lo abrazó con fuerza, como si quisiera romperle las costillas; luego Masaki hizo lo mismo y los gemelos se les unieron. Rukia fue la última en abrazarlos y gritar "¡abrazo grupal!" sin importar que estuvieran en el restaurante del hotel.


Un par de días antes de que volvieran a la realidad, mientras Ichigo compraba un par de tragos para él y Rukia y jugo para los niños, notó algo que definitivamente no le gustó.

Rukia estaba acostada en un camastro en la piscina, vistiendo un traje de baño muy lindo y lentes de sol, vigilando a los gemelos que jugaban en la piscina de niños junto con la niñera que también había enviado Byakuya, cuando un hombre se acercó a ella con aspecto de pavo real, mostrando sus encantos y mirando a Rukia como si fuera un bocadillo.

Si Ichigo no supiera que Rukia era perfectamente capaz de cuidar de sí misma, habría corrido hacia ella, pero en cambio caminó lentamente solo para ver qué iba a pasar allí y controlar sus celos; tal como lo había estado haciendo desde que llegaron allí porque ese pavo real no era el primer tipo en acercarse a su esposa.

— ¿No quieres compañía, bonita?

— Tiene toda la compañía que necesita. — Ichigo habló, deteniéndose junto a Rukia mientras ella levantaba la mano y le mostraba al tipo su anillo de bodas. — Ahora piérdete. Ella es mía.

Ambos hombres se miraron, desafiándose en silencio, antes de que el pavo real se alejara y Rukia sonriera. Ichigo dejó la bandeja de bebidas en la mesa y se sentó en el camastro en que estaba recostada Rukia, haciendo que ella descansara sus piernas en su regazo en un gesto claramente posesivo.

— ¿Celoso? — Preguntó Rukia con una sonrisa divertida en los labios.

— Me controlo bien o ya habría matado a la mitad de los huéspedes de este hotel. — Respondió Ichigo sin ocultar los evidentes celos en su voz.

Rukia era una mujer hermosa e Ichigo odiaba que miraran a su esposa de una manera tan descarada; solo él podía mirarla de esa manera. Esa era la razón por la que Rukia tenía una secretaria y no un asistente.

Ella no era la única que podía hacer una escena de celos solo para marcar territorio.

— Yo soy quien debería estar celosa. — susurró Rukia antes de acercarse a él y darle un beso que lo dejó con ganas de más. — Las mujeres te siguen mirando demasiado y hay una chica que no ha dejado de mirarte desde que llegamos a la piscina.

— Que vea todo lo que quiera, no me interesan otras mujeres que no sean mi esposa.

Ichigo estaba a punto de besar a Rukia, cuando los gemelos les arrojaron agua declarándoles la guerra en ese momento. Ichigo entrecerró los ojos, miró a los gemelos de una manera aterradora mientras ese par de niños solo reían, le dio un rápido beso a su esposa y entró a la piscina solo para devolver el ataque a sus hijos.

Los gemelos estaban armados con enormes pistolas de agua, Ichigo se dijo a sí mismo que tendría que conseguir una para las próximas vacaciones, y lo atacaron sin piedad mientras se reían. Rukia ingresó a la piscina momentos después, cargando un par de las mismas pistolas de agua, que quién sabe de dónde las había sacado, y le entregó una.

— ¡Ahora ustedes dos conocerán el verdadero terror! — Gritó Ichigo con una sonrisa divertida antes de lanzar agua a sus hijos, quienes hicieron lo mismo y a quienes se les unió Rukia, formando un trío contra él.

Después de un momento, la piscina se había dividido en "territorios" y sus hijos controlaban el área más grande. La niñera que cuidaba a los mellizos les entregó las gafas de sol que ellos habían pedido mientras recargaban sus pistolas de agua, e Ichigo le comentó a Rukia que sus hijos se estaban convirtiendo en una versión pequeña de Byakuya.

Pequeños niños de la mafia.

La idea sonaba divertida, pero era una realidad aterradora y peligrosa de la que no podían escapar.

— Si van a sobrevivir en este mundo, eso es lo mejor que les puede pasar. — comentó Rukia, e Ichigo tuvo que admitir que ella tenía razón.

Para la noche, mientras los niños veían una película con la niñera, completamente agotados por jugar toda la tarde en el agua, Ichigo sugirió la idea de bajar al bar a tomar un par de copas. Rukia estuvo de acuerdo y le dijo que él bajara primero, que lo alcanzaría cuando los niños cenaran y se fueran a dormir.

Al llegar al bar, Ichigo se sentó en la barra y tomó su teléfono que no había dejado de vibrar en ese momento. Había mensajes de Byakuya, de su secretario, de su madre y de su padre. Durante la tarde se habían hecho fotos y Rukia había subido algunas a Instagram, normalmente eran fotos de todos juntos o de los niños, siempre tapando la cara de los niños con algún emoji y mostrando únicamente el pelo negro de los gemelos. Incluso había fotos de Ichigo con cabello negro y un mensaje que decía: "los cambios de imagen nunca son buenos, ¡devuélvanme a mi esposo!" junto con una cara de llanto y un corazón roto.

Ellos eran figuras públicas, pero los niños no lo eran, y no necesitaban estar expuestos a toda esa vorágine todavía.

Byakuya había escrito, en la foto donde solo aparecían los gemelos, sobre lo orgulloso que estaba de ver a los niños jugar con el regalo que les envió, refiriéndose a las súper pistolas de agua de tres cañones con sistema recargable: El orgullo de la familia Kuchiki.

Su padre le había respondido a Byakuya sobre esa afirmación: Mis nietos son el orgullo de la familia Kurosaki, quienes por una buena razón llevan el apellido de mi amada esposa.

Su madre escribió muchos corazones junto con un mensaje de que pronto los llevaría de vacaciones nuevamente; y su secretario había puesto que "los jóvenes amos" estaban demasiado bronceados, que les conseguiría una loción para las quemaduras solares y se la enviaría de inmediato.

Ichigo estaba a punto de responderle al secretario, porque eso de jóvenes amos le parecía excesivo, aunque no dudaba de que Byakuya tuviera algo que ver con eso, cuando sintió una mano correr desde su espalda hasta la nuca de una forma sensual en la que cerró los ojos y movió un poco la cabeza.

La caricia lo había tomado desprevenido pero en cuanto su mente asimiló que se trataba de Rukia, las alertas bajaron. Inclinó la cabeza y su esposa estaba allí, de pie junto a él, con una sonrisa traviesa en los labios que lo hizo sonreír de la misma manera.

Rukia era quien solía tener el control cuando lo acariciaba así en público.

— ¿Me invitas a un trago? — Preguntó Rukia sentándose a su lado, sin dejar de mirarlo y sin dejar de sonreír de esa forma tan encantadoramente sensual.


El año estaba por terminar, cuando Ichigo tuvo que enfrentar un problema que no vio venir.

Casi todos los jueves Ichigo salía a tomar café y por un tiempo no hubo problema, hasta que un jueves Byakuya lo llamó y no contestó; cuando el Jefe fue a buscarlo a su oficina, descubrió que no estaba y cuando preguntó dónde estaba, su secretario dijo que había ido a tomar un café.

Esa primera vez no fue el problema.

El problema fue cuando Byakuya lo volvió a llamar en jueves e Ichigo no respondió.

Ese día, cuando Ichigo regresó a su oficina después de su café de los jueves, Byakuya estaba sentado en su silla detrás de su escritorio con su agenda en las manos. Ichigo se sorprendió pero mantuvo su máscara de neutralidad mientras su cuñado recitaba las fechas sin apartar los ojos de la agenda y hojeando las páginas con indiferencia.

— ¿Qué tienen en común esos días, Kurosaki? — Preguntó Byakuya mirándolo con esos ojos grises que exigían una respuesta creíble.

— Todos esos días son jueves.

— ¿Y qué más?

— Todos esos días están marcados como "café de la mañana". — respondió Ichigo sin dar más explicaciones. Sabía que si explicaba algo que no le habían pedido, podía delatarse.

— Espero que el café sea lo suficientemente bueno como para hacerte perder toda una mañana de trabajo. — Byakuya se levantó de su asiento, dejando la agenda sobre el escritorio. — Sabes lo que te va a pasar si traicionas a la familia.

— Lo sé, no soy idiota.

— Bien.

Byakuya salió de esa oficina e Ichigo se relajó cuando estuvo solo de nuevo.

Lo había visto demasiado cerca.


Cuando Ichigo entró a la cafetería ese día, la chica no tenía su expresión habitual, no estaba sonriendo y parecía nerviosa. Ichigo se sentó en la barra y la chica puso el café frente a él evitando mirarlo.

— ¿Qué ocurre? — Preguntó desconcertado por la actitud de la chica.

La chica vaciló un poco y un momento después metió la mano dentro de su delantal.

— Prométeme que no te enfadarás. — susurró la chica mirándolo con miedo.

Ichigo, con solo esas palabras, se enojó.

Susurró el nombre de la chica con un siseo peligroso y la chica, luciendo más nerviosa que antes, sacó algo de la bolsa del delantal y lo colocó frente a Ichigo para que pudiera ver claramente las dos líneas rojas que confirmaban el positivo en esa prueba de embarazo casera.

Ichigo tomó la prueba y la miró detenidamente por un momento antes de ver a la chica que parecía estar a punto de llorar; el primer sentimiento que le vino fue la ira.

— Dime que esto es una jodida broma. — Ichigo rompió la prueba de embarazo casera con la mano.

La chica negó con la cabeza e Ichigo se levantó del asiento, completamente enojado; realmente enojado. No volteó a ver a la niña y no bebió el café; esa situación no era parte del trato.

— Ve al médico y pide una cita. Pagaré lo necesario, esto no está a discusión. Háblame cuando tengas la cita para que te acompañe y ver que se haga lo que hay que hacer.

Ichigo salió de la cafetería sin mirar atrás, subió a su auto, soltó un grito de frustración y enojo, y golpeó el volante con ambas manos. Estaba a punto de bajarse del auto nuevamente y entrar a la cafetería, cuando recibió un mensaje de texto de Rukia que lo hizo sentir peor de lo que se sentía en ese momento.

Se quedó dentro del auto, frustrado y con ganas de volver a gritar, tratando de calmarse en ese momento. Le envió un mensaje de texto a Rukia y ella simplemente lo mandó al carajo. Ichigo arrancó el auto y antes de emprender la marcha recibió una llamada de su asistente recordándole que el pedido que había hecho ya había llegado.

Ichigo tuvo que calmar todas sus emociones por esa noticia para poder ir a la tienda donde puso su mejor cara y pidió ser atendido. Escuchar los comentarios sobre lo buen esposo que era por comprar esas cosas para su esposa era lo último que quería escuchar en este momento, pero sonrió y fingió que todo era perfecto en su vida.

No regresó a la casa hasta bien entrada la noche, solo para encontrar a Rukia en esa gran cocina tomando té en el silencio que reinaba en la casa en ese momento. Los niños habían ido a pasar la noche con los hijos de uno de sus amigos y volvían a tener la casa para ellos solos. Ichigo sabía que Byakuya se preocupaba por los gemelos más que por la vida misma y esos niños habían estado yendo a todas partes con un guardaespaldas cada uno durante mucho tiempo.

Cuando esos niños eran más pequeños, uno de los enemigos de Byakuya había tratado de secuestrarlos; esa fue la primera y única vez que Ichigo se enfrentó a su cuñado.

La noche en que intentaron secuestrar a los gemelos, se escucharon amenazas y reclamos en toda la mansión Kuchiki hasta el punto en que Byakuya apuntó con un arma a la frente de Ichigo e Ichigo lo desafió a apretar el gatillo. Después de ese día, Ichigo compró una casa y se mudaron de la Mansión Kuchiki a pedido de Rukia.

Rukia no quería estar separada de los niños por mucho tiempo y el mismo Ichigo se había hecho cargo del hombre que había tratado de lastimar a sus hijos. Esa fue la única muerte que él disfrutó porque ese bastardo que trató de lastimar a su familia murió rogando por su misericordia.

Ichigo vio a su esposa con una camiseta de algodón de gran tamaño y unos viejos pantalones de chándal, con el pelo suelto y una taza de té en la mano, y se sintió como un completo idiota. Rukia miró hacia arriba e Ichigo pudo ver que sus ojos estaban rojos, como si hubiera estado llorando por mucho tiempo, y eso lo hizo sentir peor. Dejó en el suelo la bolsa de papel que tenía en la mano y se acercó a Rukia, que no dejaba de mirarlo a los ojos.

— Lo siento mi amor. Yo... soy un maldito idiota. — Ichigo trató de abrazarla pero Rukia le dio un puñetazo en la mano y el pecho; se lo merecía.

— Sí, lo eres... lo eres, lo eres, lo eres. — Los ojos de Rukia comenzaron a llenarse de lágrimas y luego lo abrazó con fuerza. Ichigo abrazó a su esposa y la sostuvo contra su pecho por un largo momento, sintiéndola temblar. — No se suponía que fuera así. Es mi culpa también. Estaba nerviosa, entré en pánico.

— Esto pasa cuando tienes sexo, y tenemos mucho, ¿recuerdas? — Ichigo hizo que Rukia lo soltara y tomo suavemente su rostro, limpiando sus lágrimas con su pulgar y luego dándole un pequeño beso en los labios. — Y supe que querías uno más, lo vi en tus ojos el día de la cocina.

— No, eso no es verdad.

— Mentirosa.

— Me hice dos pruebas de embarazo caseras y ambas dieron positivo, así que fui inmediatamente a la clínica para que me hicieran las pruebas necesarias.

Rukia rápidamente desvió el tema e Ichigo caminó hacia ella, sintiendo un poco de alivio en su corazón que comenzaba a latir más y más rápido por lo que Rukia estaba diciendo. La noticia y todas las emociones eran demasiado grandes para asimilarlas, pero ninguno de los dos había reaccionado como la primera vez que Rukia anunció que estaba embarazada de los gemelos, y eso era algo bueno.

En el mostrador de la isla había una carpeta con el logo de la clínica donde Rukia solía ir a sus controles con la ginecóloga, e Ichigo sintió los nervios y la emoción recorrer su piel cuando en la primera hoja se leía la palabra "positivo" y en las otras hojas había una serie de fotos de una ecografía donde había una pequeña marca que mostraba algo muy pequeño pero definitivamente estaba ahí.

— El médico dice que tengo poco más de tres meses y...

Ichigo abrazó a Rukia en ese momento, impidiéndole hablar, y la besó con toda la felicidad del mundo. Sus hijos nunca fueron planeados, pero definitivamente estaba feliz de tener un hijo con su esposa. Él le agradeció esa noticia, como debió haberlo hecho en la mañana, y la besó nuevamente, levantándola y haciendo que soltara un pequeño grito entre risas.

Le dio más besos antes de mostrarle lo que había traído para ella, que parecía haber olvidado aquella escena tan terrible que no merecía ser recordada.

— Te traje un regalo, creo que llegó en el mejor momento. — susurró Ichigo dándole un beso en la mejilla antes de poner frente a ella la bolsa de papel con el logo de esa marca de zapatos que le encantaba a Rukia. — Tuve que hacer algunas amenazas para que accedieran a abrir una orden más, pero al final lo logré. Espero que te quede bien, porque no hay cambios ni devoluciones.

Ichigo explicó con una sonrisa, dejando que Rukia se emocionara anticipando lo que había dentro. Rukia rápidamente sacó la caja de zapatos de la bolsa, la abrió, quitó el papel con el que estaban cubiertos los zapatos y soltó un grito de emoción antes de abrazar a Ichigo con fuerza, como si fuera una niña pequeña recibiendo el mejor regalo del mundo.

Rukia quería esos zapatos pero solo habían abierto un número limitado de pedidos y cuando trató de comprarlos, no había más en stock. Ichigo la vio deprimida durante días por no poder comprar un par de zapatos y tuvo que usar algunos recursos que no le gustaba usar para poder dárselos.

— ¿Quieres que los estrenemos esta noche? — Rukia preguntó acariciando los zapatos como si fueran el tesoro más preciado del mundo.

— No, esta noche vamos a ver películas. Te traje helado y tus galletas favoritas... Y un peluche gigante de ese feo conejo que te gusta.

— ¡Chappy no es feo! — se quejó Rukia con las mejillas hinchadas como una niña pequeña.

— Es feo. — Ichigo volvió a decir antes de tomar a Rukia en sus brazos para llevarla a la sala. — El helado se derrite, vamos ya... estos días sin los niños son sagrados porque pronto no volveremos a tener paz.

Rukia sonrió y le dio un beso en la mejilla abrazándolo. Ichigo sonrió y besó suavemente la cabeza de su esposa.

— Gracias por mantener la fantasía.

— Me gusta la fantasía. — susurró Ichigo antes de besarla en los labios con una sonrisa. — Pero ya se acabó. Hoy fue la última fantasía, mañana devolveré las llaves y pagaré nuestras deudas.

— Una vez más. La última.

— Rukia, mi corazón sufrió demasiado hoy. ¿Cómo esperas que te trate así otra vez? — Rukia lo miró con esa expresión con la que sabía que él no podría negarle nada, y luego asintió. — La última.

Rukia solo sonrió dejándose llevar por él y moviendo los pies en el aire como una niña. Ichigo estaba feliz de pasar esos momentos con su esposa y estaba muy feliz de saber que pronto tendrían un hijo o una hija.


Levante la mano quien sabía quién era la chica del café. ¿Les gusta la historia? Se los dije al principio, esta historia era un hermoso IchiRuki.