VIII

ANTES DEL BAILE

Su hermoso cabello ensortijado se encontraba sujeto en un sofisticado recogido que dejaba algunos traviesos rizos enmarcando su rostro. Jamás habría elegido un peinado así para ella. No que le desagradara como se veía, todo lo contrario. Pero sentía todo aquello como algo artificial, forzado. Ella no había elegido absolutamente nada de lo que estaba por experimentar en esa gran gala. La mano experta de la Tía abuela se notaba en cada detalle. Desde las invitaciones y las clases forzosas de baile hasta su arreglo personal.

Miró su reflejo en el espejo y al no poder reconocer a la elegante señorita que le devolvía la mirada se preguntó "¿Cómo es que termine aquí?"

Flashback- "No me engañas con eso de que me tienes un regalo. ¡Ya te dije que esa clase de regalitos no me gustan!" Le gritaba Candy a Archie desde una rama del padre árbol. Lugar al que había corrido para poner distancia entre el elegante chico y ella. Recordó la treta a la que había recurrido para besarla y no pensaba arriesgarse de nuevo a otro mal entendido entre su hermana y ella.

"No Candy, he venido a aclarar las cosas contigo se que te debo una gran explicación pero más que nada he venido a pedir tu ayuda. Por favor gatita"

"Nada de gatita- empezaba a reclamarle cuando volteo a verlo con la súplica en sus ojos tocando una fibra dentro de ella con la cual se sintió súbitamente identificada -¿Para que necesitas mi ayuda?- Preguntó curiosa bajando finalmente del árbol.

"Para regresar con Annie."- fin del flashback

"Hay Archie de haber sabido lo que todo esto iba a ocasionar mejor me hubiera quedado trepada en el padre árbol." Suspiró con resignación.

Candy no se imaginaba las repercusiones que tendrían a lugar en esa noche para el rumbo de su vida.

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Se acomodó por última vez la peluca bajo el sombreo y respiró profundamente antes de entrar a escena. Por un momento alcanzó a ver un poco de su padre en su reflejo del espejo y no pudo evitar un largo suspiro.

"Podremos renegar el uno del otro pero sabemos que existimos. Si tan solo las cosas hubieran sido diferentes"

Sacudió su cabeza para dejar esa amarga línea que seguían sus pensamientos. Ya había ocupado mucho de su tiempo torturándose con él hubiera y no le había dejado nada bueno. Tenía que concentrarse en la tarea que estaba a punto de realizar.

Sabía que ese papel tendría que interpretarlo a la perfección si es que quería tener éxito.

EL bullicio de la gente comenzaba a llenar el ambiente del salón principal. Las charolas de plata recién pulida reflejaban las luces de los cristales que lanzaban destellos provenientes de los majestuosos candiles de araña que colgaban del techo, creando un ambiente de opulencia por donde quiera que se viera.

"¿Bienvenido señor…?"

"Larry Hendrick"-Dijo con su mejor acento Texano entregando su invitación al impecable mayordomo.

"Ah por supuesto" El Señor Cornwell le había dado claras indicaciones de atender personalmente cualquier necesidad que este peculiar invitado tuviera por muy extraña que esta le pareciera. Jackson recordó mientras dirigía al hombre poco convencional a través del salón hacia una de las pequeñas salas de estar aledañas a la biblioteca como le había sido indicado.

Como buen Inglés había llegado puntual, aun a pesar de todas las peripecias que tuvo que sortear en su camino. Sintió un ligero pesar al recordar a la causante de la mayor de ellas.

Flashback- Desde el momento en que se volvieron a topar, su idea de mantener un bajo perfil respetuoso fué descartado por completo.

Todo sucedió mientras ayudaba a acomodar la escenografía para los ensayos. Aunque realmente no formaba parte de sus nuevas obligaciones, Terry había decidido que se involucraría más a profundidad en todo lo relacionado con su pasión. Se lo debía al teatro, se lo debía a sí mismo. Había encontrado una maravillosa manera de encontrarse enfocado en su objetivo de continuar su carrera y vivir un día a la vez. De alguna forma lo hacía sentirse relajado llevando una vida sencilla, productiva.

Se sentía libre al fin de la carga que le representaban la expectativas que de Él habían tenido siempre todos a su alrededor. Primero como heredero al ducado y después como estrella naciente en Broadway. La vez pasada quería triunfar por él y por Candy para poderla traer de Inglaterra y empezar una vida juntos. Ahora había decidido hacer las cosas a su propio ritmo, sin prisas y disfrutando cada paso en el camino. Además éstas actividades manuales lo mantenían ocupado para no sentir la ansiedad y la sed que a veces lo atacaban. Pero más que cualquier otra cosa ésta era su manera de presentar sus disculpas a ese escenario que tanto amaba y añoraba pisar así que lo hacía como solo él sabía hacer las cosas, con pasión, con entrega. Así se tratara de golpear con el martillo algún clavo suelto de la duela como hacía en ese momento.

"Terrius Graham ¿Pero qué estás haciendo aquí? ¿Cómo es que te atreves a mostrar tu cara en este recinto de arte después de tu total falta de respeto?" Le espetó altiva la pelilacia parada frente a él. Iba tomada del brazo de un joven alto corpulento, de cabellera azabache y ojos verde aceituna con cierto aire mediterráneo. Terry lo reconoció del espectacular que se mostraba en la marquesina del teatro.

"Mmm.. ¿Así que tú eres Graham? Pensé que eras más alto"- le dijo Thomas en tono altanero con marcado acento extranjero. El español le lanzó una mirada con un dejo de desprecio por sobre su hombro.

Calma Terry recuerda que estás a prueba.- Se recordó a sí mismo en un intento por controlarse. Se puso de pie cuan largo era sosteniéndole la mirada a Hightower quien solo era un par de centímetros más alto que Terry.

"Y ¿Quién es este Cyrano que te acompaña Susanita?" dijo burlándose de la recta pero prominente nariz del actor, la cual se notaba que le ocasionaba cierto trauma.

"Pero, ¿Quién te has creído? Mozalbete de utilería ¿A caso no sabes quién soy yo?"

Dijo indignado sin poder evitar tocar sutilmente su naríz.

Al ver este gesto, Terry soltó una carcajada con su especial risa burlona cargada de soberbia aristocrática. Sabiendo que había dado en el blanco. Era una especie de talento especial que él poseía para detectar el punto débil de los demás.

"Pero claro que lo sé Señor de Bergerac -Haciendo una exagerada reverencia-Su fama lo precede pues es aún más grande que su nariz"

Thomas se puso rojo cual tomate. Soltó a su femenina acompañante y estaba a punto de abalanzarse contra el petulante mozalbete, cuando Susanna un poco tambaleante por su prótesis lo detuvo.

"No le hagas caso Tommy déjalo, ¿Qué se puede esperar de él si ya sabemos que es un borracho que lo perdió todo? Hathaway debió sentir lástima por él para permitirle regresar. Pero te puedo apostar que su estadía aquí será pasajera. Seguramente encontrará la manera de volver a sabotear cualquier oportunidad si es que ésta se le pudiera llegar a presentar"

-Arpía, pensó Terry. Sabía bien donde inyectar su veneno. Ahora más que nunca la veía tal cual era. Melosa, con ese tono dulzón que tantas veces utilizo con él. Esos movimientos estudiados y empalagosos, acariciándole a Thomas el pecho que apenas alcanzaba. Atrayendo la mirada del joven hacia sus "dulces" ojos.

Pero que ciego había estado todo ese tiempo. Realmente la chica poseía un gran talento de actriz, solo que reservaba lo mejor de éste para afuera de las tablas. Él la había subestimado y caro había pagado su descuido. Tan atípico a su forma de ser donde siempre una alarma interna le advertía en donde se encontraba el peligro. Era como un radar que había tenido que desarrollar desde muy temprana edad al saberse solo. Terry tomó nota de esto.

"Volveré a la cima cueste lo que cueste y te tragaras tus palabras Susanna Marlowe" Se prometió mentalmente a sí mismo.

"Vayámonos ya Tommy, ayúdame por favor no puedo estar ni un segundo más de pie" Se apresuró a decirle, más bien a ordenarle al joven, al percibir la gélida mirada que le lanzó Terry la cual, la hizo estremecerse hasta la médula. Era como si hubiera podido escuchar sus pensamientos.

"Anda Tommy- Dijo Terry imitando el tono de Susanna- vete ya con tu Roxana a molestar a otro lado y ten por seguro que te estaré pisando los talones así que ¡Cuídate!"

Sentenció golpeando su palma izquierda con el martillo que seguía sosteniendo en su mano derecha, en un ademán intimidante. Les dirigió su media sonrisa y una mirada cargada de la más pura determinación Grandchester.-Fin del flashback.

Jackson se detuvo ante una habitación la cual abrió con una llave que sacó de su bolsillo. "Espero que encuentre todo lo necesario aquí dentro señor Hendrick. El joven Cornwell hizo mucho énfasis en que pusiera a su disposición todo lo requerido en su lista. Soy Jackson y quedo a sus órdenes para cualquier cosa que se le ofrezca" Le dijo entregándole la llave de dicha habitación. "Gracias Jackson" alcanso a decirle al mayordomo tras lo cual hizo una reverencia a modo de despedida dejando a Terry solo para inspeccionar el lugar.

Al abrir la puerta percibió el inconfundible aroma del tabaco y el coñac impregnados en la madera que cubría la habitación por completo.

Definitivamente ese cuarto había sido utilizado para fumar durante mucho tiempo. Aspiró fuertemente disfrutando el aroma apretando inconcientemente en su bolsillo a su inseparable armónica. Los muebles de fina piel capitoneada emanaban masculinidad, la cual era cortada de tajo por la fresca esencia de los narcisos que se yerguían majestuosos en el florero de la mesilla central que contrastaba con la elegante solemnidad de la habitación.

Sonrió pícaro remembrando aquella vez en el San Pablo cuando ella literalmente le cayó del cielo. Recordó la sensación de tenerla cerca. Tan... cerca que le permitió observar un delicado camino de pecas que se iniciaba en la parte posterior de su quijada bajo el lóbulo derecho, éste salpicaba su cuello y se perdía bajo su uniforme. Recordó la necesidad que tuvo aquella vez de querer contar sus hermosas pecas una a una y averiguar hasta donde lo guiaba aquél incitante camino. Al igual que aquella vez su cuerpo le respondió de acuerdo a sus deseos. Motivo por el cual prefería siempre incordiarla, cambiándole el tema para que su pasión juvenil pasara desapercibida por ella. Sus deliciosos pensamientos fueron interrumpidos por un breve toque en la puerta.

Sus brazos le dolieron de repente al tener una sensación de vacío. Como reclamándole una deuda que no había quedado saldada. Cerrando los ojos respiró profundamente prometiéndoles en silencio que no se iría de nuevo con las manos vacías.

"Adelante" dijo regresando del San Pablo.

"Disculpe la molestia Señor Hendrick pero la presentación está a punto de comenzar. He visto al Señor Andrey subir por la señorita Candice." Le indicó Jackson.

Terry hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza y el eficiente mayordomo cerró la puerta. Dejándolo nuevamente solo con sus inquietos pensamientos.

"El Señor Andrey"

Pensó con ironía recalcando la palabra "señor". Desde que fraguase su plan con Conrwell ese inevitable encuentro había sido lo único que lograba apesadumbrar su ánimo. Algunos años habían pasado desde que se vieran por última vez en Londres y él ya no era el mismo. Todavía tenía la duda de la verdadera naturaleza de su relación e intenciones para con Candy. Pero tomando en cuenta la manera protectora como había reaccionado Archie en su plática en Baltimore no había juzgado prudente abordar el tema con él.

Según Cornwell le aseguró que el corazón de Candy le pertenecía a él pero entre otras cosas estaba ahí justamente para ratificar la veracidad de esa información de primera mano.

"Showtime"

Se dijo sonriendo Viéndose por última vez al espejo.

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"Adelante"

contestó Candy al llamado en la puerta. Un joven de larga cabellera rubia, la cual se encontraba recogida en una coleta baja, Hizo acto de presencia. Enfundado en un elegante traje negro a la medida de rigurosa etiqueta, con corbata de moño, guantes blancos e impecable calzado.

"Pequeña te vez preciosa"

sus ojos brillaron de amor al verla convertida en su hermosa dama. Realmente sonreía con el alma en un hilo por la expectativa que tenía de saber su reacción ante la visita sorpresa que se esperaba para esa velada. "Te deseo lo mejor para tu corazón Dulce Candy" pensó con melancolía al recordar los tiempos en los que tan solo eran un trío de sencillos rebeldes. Aquellos tiempos habían quedado atrás, muchas cosas habían pasado desde entonces y temía que ahora hubiera demasiados puntos sin resolver. Tan solo le quedaba esperar lo mejor.

Tenían tiempo de no verse. Últimamente los negocios de la familia lo habían tenido muy ocupado a Albert. Pero siempre que se encontraban era como si el tiempo no hubiera pasado entre ellos. Sus corazones se reconocían, se entendían más allá de los inexistentes lazos de sangre.

"Gracias Bert, la verdad estoy un poco nerviosa con lo del baile no daba una en las clases. Además todo esto que llevo puesto no ayuda en nada, me siento como muñeca de pastel" Dijo girando sobre su propio eje.

"De verdad que no sé cómo es que la tía Elroy aguanta traer todo esto encima tooodos los días" Confesó soltando un largo suspiro- "Apenas puedo respirar. Ustedes los hombres tienen tanta suerte. Nada de peinados, maquillaje ni corsé".

"Sí la verdad que no te envidio nada. Los pantalones nos dan libertad de movimiento. Justamente en eso pensaba cuando te hice cierto regalo en el San Pablo ¿Recuerdas? Para que te pudieras escapar"

Se arrepintió de su comentario tan pronto como las palabras salieron de su boca al ver la pesadumbre en el rostro de la rubia. Invariablemente había sido transportada a una época feliz cuando convivía con cierto Rebelde de ojos encantadores.

"Perdón hermosa. No fue mi intención incomodarte"

Se disculpó reprendiéndose internamente por su falta de tacto. Aunque él no podía alejar el pensamiento del inminente reencuentro de su mente.

Candy le sonrió débilmente tratando de hacerlo sentir mejor

"Sabes, tan solo me gustaría saber que está bien y que es felíz. Donde quiera que se encuentre"

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"Los cristales de Checoslovaquia, la cubertería Christofle, la porcelana China. Todo lo mejor para esa huérfana no puedo creer que la tía haya accedido a la confección de su vestido con la más renombrada modista de Chicago y que utilizara la seda que el padre de Anthony le obsequiara a su esposa Rosemary de uno de sus viajes. No es justo y menos después del desplante que te hizo hermanito. Parece que quisieran festejarle su falta de educación y todas las humillaciones a las que ha expuesto el nombre de la familia. Ni siquiera tuvo la delicadeza de acceder a esta presentación sino hasta hace 6 semanas." Comentaba insidiosa Elisa

"No cabe duda que La Tía Elroy quiere dejar por sentado el poderío de los Andrey" Afirmó Sarah Leagan ante el fastuoso derroche de elegancia al que eran expuestos.

Neil guardaba silencio. Sabía que era inútil hablar con Elisa en esos momentos. Por su parte no se perdería la oportunidad que se le brindaba de estar en presencia de Candy una vez más y de alguna manera con el permiso de la familia. Después de lo acontecido con su fallido compromiso le había sido impuesto un exilio en Florida, el cual había aceptado momentáneamente tan solo para lamerse las heridas hasta encontrar una nueva oportunidad. Al parecer esta había llegado y esta vez no planeaba desperdiciarla.

"Neil, dí algo ¿Que vamos a hacer al respecto? No es posible que esta criada de establo sea elevada por encima de nosotros. No lo permitiré"

"Elisa, ni lo pienses. Te recuerdo que El Tío William nos advirtió que no quería ninguna desavenencia por parte de nosotros así que deberás comportarte. Ahora no es el momento. Ya tendrás otra ocasión de ponerla en su lugar"

Reprendió Sara a su caprichosa hija alejándose de los gemelos para saludar a algunas amistades.

"Neil!" dijo en tono suplicante a su hermano en un intento por conseguir su apoyo.

"Ya lo escuchaste hermanita, no es momento para que tu hagas alguna de tus jugarretas" le contestó regresándole el mismo tono sarcástico y burlón que la chica había empleado al hacer referencia a su pasada humillación. Sonrió dejándola parada ahí sola.

"Ya lo veremos, haré que te caigas de narices y hagas el ridículo delante de todos como la sirvienta torpe que sigues siendo" dijo la pelirroja pensando en voz alta, sin notar que sus comentarios habían sido escuchados por un caballero maduro de preciosos ojos azules resguardados tras unos espesos lentes oscuros.

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"Ven por favor, tengo que hablar contigo"

"Pero yo no, ya todo está dicho entre nosotros"

"Vamos apiádate de mí. Tengo que aclarar muchas cosas contigo. En realidad nunca tuve la oportunidad de analizar lo que realmente sentía por tí hasta que fué demasiado tarde"

"Si ya lo sé. Fuiste muy claro con tus acciones. O ¿Ya olvidaste que yo te ví cuando aclarabas tus dudas? Solo quiero que me respondas algo. ¿Fue tan insoportable el tiempo que pasaste junto a mí que no pudiste esperar a romper nuestro compromiso para ir a buscarla? ¿Sabes qué? ¡Ya no me importa! Lo has dejado muy claro y en realidad te agradezco que fueras sincero, al menos antes de la boda. Ahora te pido así como respeté tu decisión de romper, que tú me extiendas la misma cortesía al respetar mi decisión de no volverte a dirigir la palabra"

Archie dió media vuelta y se fue con el corazón estrujado. Una vez más sentía la presión del tiempo sobre él. Sacudió su cabeza llevándose las manos a sus sienes tratando de aligerar el malestar y la pesadumbre que amenazaban con apoderarse de él.

"Basta ya! No es momento de actuar como Terrius. Tú no eres así" se dijo así mismo.

La noche todavía era joven y no había pasado por la pesadilla que había resultado el organizar todo eso como para darse por vencido tan fácilmente.

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La suave música de fondo que provenía de un cuarteto y que hasta entonces había estado amenizando la fiesta cesó, causando un murmullo de creciente expectativa entre los presentes. El maestro de ceremonias llamo la atención de la multitud para que se reuniera alrededor de la pista, la cual se encontraba al pie de las majestuosas escaleras dobles que engalanaban el lugar con su barandal de Hierro forjado y caoba tallado a mano.

La orquesta se escuchó melodiosamente en todo el gran salón anunciando así el inicio del evento que los tenia ahí reunidos.

"Por favor damas y caballeros démosle la bienvenida a nuesro anfitrión el Señor William Albert Andrey escoltando a la festejada, la Srita. Candice White Andrey"

En la parte más alta de los escalones apareció la pareja del momento y todos rompieron en sonoros aplausos. El vestido aunque no había sido elegido por Candy, sino por la Tía abuela era elegante a la vieja usanza. Ceñido de arriba tipo corsé con pequeños detalles rosas bordados y escote de corazón. Cuello imperio y mangas de encaje tres cuartos. La falda era amplia completamente de seda con hermosos cristales sutilmente bordados. Por debajo esponjosas crinolinas para que lucieran durante el baile. Todo en color marfíl como debía ser para una señorita que debutaba en sociedad. El toque final lo ponían un delicado juego de perlas rosas que adornaban su cuello, oídos y sus guantes de seda cortos.

Albert la volteo a ver sin poder esconder en su mirada todo el amor que esa hermosa joven despertaba en él.

"Vamos, todo estará bien, recuerda que solo bailaras conmigo. Yo te sabré llevar" añadió tranquilizándola con su encantadora sonrisa capaz de derretir a más de una invitada. "Nos vemos abajo" le dijo depositando un breve beso en su mano.

La bella chica exhalo tratando de dejar atrás la preocupación que le ocasionaba todo el protocolo a seguir. El conteo de los pasos, y la muy temida reverencia que hasta el momento no había logrado realizar con éxito.

Bajaron las escaleras por sus respetivos lados sin dejar de lanzarse miradas de complicidad. Dejando en evidencia para el espectador intuitivo ese lazo que los unía.

Al ir bajando lentamente Candy tuvo una extraña sensación en su pecho. No lograba discernir extactamente a que se debia. Por un brevísimo momento pensó que justo ahí tendría uno de sus ataques de pánico nocturnos y casi falla un escalón. Llevó su mano a su pecho y volvió a alzar su mirada hacia Albert dirigiéndole una sonrisa como para tratar de calmarse.

Este gesto no pasó desapercibido para dos de los presentes en particular, por diferentes motivos. La primera era una elegante pero prepotente pelirroja quien maldecía por lo bajo al ver las exquisitas perlas, herencia familiar que a ella se le había negado en su debut ante la sociedad.

EL segundo era un hombre maduro con porte gallardo que denotaba cierto aire de realeza, quien había dejado de respirar desde el momento que Candice apareció hasta ese momento en el que apretó fuertemente sus puños.

"¿Pero qué te pasa Candy? Debes concentrarte, recuerda que accediste a todo esto por el bien de tu hermana"

se repetía la joven una y otra vez mientras trataba de disipar la ansiedad que la embargaba con cada paso que daba. Sin darse cuenta de que había un pequeñísimo doblez en la alfombra dio un mal paso y a punto estuvo volar por los aires y caer dando un espectáculo de no haber sido por unos ágiles brazos que alcanzaron a detenerla casi en el aire. Aprovechando para hacerla girar como si hubiera sido parte de la coreografía.

Todos los presente soltaron un grito de admiración al ver aquel vestidazo volar en todo su esplendor.

Los brazos fuertes eran provenientes de un extraño caballero sureño. Era un hombre maduro de abundante cabellera y bigotes que pintaban algunos tonos grises en especial en las sienes. Portaba un traje que aunque elegante no dejaba de desentonar con los de los demás caballeros allí presentes ya que era de vaquero, con un hermoso chaleco azul rey, complementado con el infaltable sombrero de acuerdo con la vestimenta.

"Gracias" alcanzó a decir la sonrojada chica haciendo resaltar sus traviesas pecas, al tiempo que era depositada en el suelo con delicadeza por aquél amable hombre del cual emanaba una protectora energía extrañamente familiar.

"Con cuidado señorita" le dijo con profunda voz y acento texano. A Candy le pareció ver por un pequeñísimo instante un destello de los ojos de aquel hombre de detrás de sus lentes oscuros y sin saberlo le arrancó un suspiro.

El caballero contuvo su sonrisa y asintió con la cabeza al tiempo que se alejaba de ella, ahora sí muy seguro de sí mismo para que diera comienzo el baile.

C&T C&T C&T C&T C&T

Hasta aquí por lo pronto chicas. No pondré pretextos, me chocan, tan solo me disculpo por hacerlas esperar. Deseo de corazón seguir contando con su apoyo en esta montaña rusa de emociones. Gracias por estar!

A continuación contesto sus amables reviews

Lore Campos- Chicharitoooo ;-) Gracias por lo de " Otro gran acierto" como les comenté, empecé esta historia con el firme proposito de escudriñar las mentes de los personajes y Candy obviamente no es la excepción. Aquí la soledad y los terrores nocturnos que le ha tocado padecer desde la separación. Al mismo tiempo se cierra el círculo al ver que sus oraciones fueron escuchadas y llevadas a cabo ni mas ni menos que por Archie.

Becky7024: Eres muy intuitiva, justo eso fue lo que quise plasmar en el capitulo anterios que aunque los dos la pasaron muy mal y han sufrido cosas dificiles en sus vidas en realidad solo Candy ha tenido una red de apoyo a la cual puede recurrir para que la sostenga. Ya es cuestion de ella si elije dejarse ayudar o no. Deja tu lo necios veamos que pasará.

Kamanance: Gracias linda por dejarme tu comentario. Me alaga que dudes que sea principiante te confieso que si soy principiante en publicar y en el fandom, pero tengo escribiendo en mil y un cuadernos desde los 12 años y como tengo 40 pues ya son algunitos jajaaj. Espero que disfrutes el resto de esta historia!

Sundarcy: Hola linda cuando