Ch. 9 "DEBUTANTE"

Candy se quedó congelada por un momento siguiendo con la mirada el elegante andar de aquél caballero sureño que tan oportunamente la había salvado de hacer el ridículo. Hubiera querido seguir en presencia de él, ya que mágicamente había logrado tranquilizarla por completo. Pero obligó a sus renuentes pies a moverse recordando que era hora del baile.

Albert se inclinó y Candy logró hacer la primera reverencia con total naturalidad. La orquesta empezó a tocar el vals. Al acercar su mano a su rostro Candy pudo percibir un delicado aroma a lavanda que invadió sus sentidos, proveniente de su guante donde el caballero sureño la había tocado. Haciéndola estremecerse por un momento.

"¿Que pasa, estas bien? ¿Qué fue todo eso?" preguntó refiriéndose a su entrada "triunfal" al tiempo que el apuesto hombre tomaba a Candice con una mano por su breve cintura y con la otra sostenía delicadamente la enguantada mano de la dama.

"No fue nada, ya me conoces lo torpe que soy" Dijo tratando de disimular su incertidumbre tras su sonrisa que sin saber a ciencia cierta porque, había evolucionado en una deslumbrante muestra de la felicidad que la invadió de momento. Albert empezó a guiarla por todo lo largo y ancho de la pista de baile haciéndola girar luciendo así su esplendoroso vestido que soltaba bellos destellos. Se movían con fluidez y parecería que estaban disfrutando cada momento, ya que no paraban de sonreírse.

Al verlos bailar nadie podría haber imaginado que se trataba del Señor Andrey y su "protegida" los rumores corrían por todo lo alto de la sociedad en cuanto a los motivos que llevaron al joven patriarca a adoptar a aquella chica. Su deslumbrante belleza solo había servido para desatar aún más los comentarios mordaces provenientes de lenguas viperinas.

Terminó el vals y William abrazó a Candy dándole un casto beso en la mejilla antes de dirigirse a los presentes.

"Quiero agradecerles que estén aquí reunidos acompañándonos en esta importante ocasión en la que no solo celebramos el debut de la señorita Candice White Andrey, sino también su cumpleaños 18. Valiente, decidida.." Justo en ese momento Albert alcanzó a ver a George Villers quien le dirigía una de sus miradas de "Tenemos una situación" y cuando eso sucedía requería de su atención inmediata.

"Ahora mi sobrino Archibald Cornwell me ha pedido el siguiente baile con la festejada"

Anunció saliéndose completamente del protocolo establecido y de lo que había acordado con Candy. Se supondría que solo bailarían ellos dos para dar paso al brindis y la cena. Por su parte Archie volteó a ver a su tío sin poderse negar aunque lo pusiera en una encrucijada. Se dirigió a donde Candy se encontraba y la orquesta volvió a tocar.

El maestro de ceremonias intervino, tomando la iniciativa anunciando a Archie.

"Damas y caballeros el señor Archibald Cornwell"

La tía abuela Elroy quien había estado esperando la oportunidad le hizo señas al maestro de ceremonias para que continuara con la diligencia que le encargó. De algo estaba segura, Candice encontraría esa noche a un pretendiente digno de los Andrey, aunque le fuera la vida en ello.

Candy intercambió rápidas miradas primero con Albert quien le suplicó silenciosamente que le siguiera la corriente antes de desaparecer entre la multitud de invitados. Luego con Archie quien ya se inclinaba pidiendo el baile. Candy volvió a hacer una reverencia y tomó posición comenzando a dar vueltas.

"¿Qué fue lo que pasó Archie?"

"No lo sé. Pero debe ser algo importante. No te preocupes, por el momento hay que disfrutar. Sabes yo también he tomado clases de baile".-le dijo guiñandole un ojo para tratar de restarle importancia a la situación. Era la primera vez desde que se conocían que bailaban juntos. Así que tratando de sacudirse todo eso la guió al compás de la música. El baile estaba por terminar cuando el maestro de ceremonias anunció para sorpresa de Archie y horror de Candy.

"Damas y caballeros el señor Pierre S. du Pont II"

Al tiempo que un joven se acercaba a ellos inclinando la cabeza para pedir el baile. Al joven Cornwell no le quedó de otra más que ceder su lugar al recién llegado.

Candy se sintió extraña en aquella situación. Una cosa era bailar con Albert y Archie y otra muy diferente era bailar con perfectos extraños.

"Damas y caballeros el señor Henry Cornelius Vanderbilt"

¿De que se trataba todo eso? Era ella a caso algún trofeo para ser exhibido? Lo peor de todo es que si fuera un baile común y corriente ella tendría el derecho de reservarse el baile para quien ella quisiera ¿Pero bajo estas circunstancias? ¿Que podría hacer? ¿Cómo detener esa ridícula muestra de exhibición de mercancía al mejor postor?

Al parecer la fila de pretendientes que esperaban bailar con ella se hacia cada vez mas larga. De repente cuando pensó que las cosas no podían empeorar las palabras del maestro de ceremonias la hicieron estremecer.

"Damas y Caballeros el señor Daniel Leagan"

En sus ojos se reflejaba la repulsión absoluta que aquel nombre le representaba aferrándose a la mano de su joven compañero.

"Si me permites" dijo Neil tajante.

Su actual acompañante la soltó renuente ante la silenciosa súplica de la bella dama.

Candy no pudo agradecer más el hecho de llevar puestos sus guantes. No había visto a Neil desde su supuesta fiesta de compromiso Y si alguien le preguntaba no había transcurrido suficiente tiempo como para lograr olvidar el repudio que tenía hacia él.

"Hola Candice, luces hermosa"

"Gracias Neil pero justo ahorita preferiría no estar bailando contigo" le dijo molesta, voltendo la cara y levantando su pequeña nariz en signo de rechazo.

"Me lo imaginaba, no tienes nada que temer, el tiempo que he estado lejos he podido analizar mi conducta y como sabía que probablemente huirías de mi toda la noche, quise aprovechar este momento para disculparme formalmente contigo por mis estupideces del pasado."

Candy abrió sus ojos como platos ante aquella disculpa que jamas imaginó que llegaría. No sabía como actuar ni que decir.

"Gracias por tus disculpas Neil" fue lo que alcanzó a responder con incredulidad.

"No te culpo por dudar de mi sinceridad, sin embargo me gustaría reiterarte con mis acciones que ésta es real" Con una última vuelta se detuvo incliando la cabeza y se dirigió a la concurrencia mientras hacia un gesto al director de la orquesta para que dejara de tocar, cortando así la posibilidad de la fila de pretendientes de continuar con el baile.

"Damas y caballeros muchas gracias por asistir aunque sé que no es protocolo me gustaría dedicar unas palabras a la bella festejada. Por su espíritu de entrega y cualidad para siempre ver lo mejor de las personas, además de siempre tener una sonrisa para ayudar a aliviar a sus pacientes. Reitero mi admiración ante su dedicación al bienestar de los demás al fungir como enfermera a pesar de ser una señorita de sociedad. Srita Andrey De parte de los Leagan le doy formalmente la bienvenida a la familia. Algo que desde hace mucho tiempo debió haber sucedido."

La audiencia irrumpió en desconcertados aplausos ante la evidente muestra de cariño e interés del locutor para con la festejada.

De nueva cuenta la intervención de la Tía Elroy se hizo notar al mandar a su fiel mayordomo "Damas y caballeros les rogamos tomar sus lugares, la cena está servida"

Neil tomó a una sorprendida Candy del brazo y se dirigió con ella al comedor. "Esto lo hice en parte para liberarte de bailar con los pretendientes que te preparó la Tia Elroy. Ya sé que estas cosas no son mucho de tu agrado" Le dijo dedicándole una sonrisa y por primera vez Candy lo vió con otros ojos. "¿Será que de verdad quiera reconciliarse ó será otra de sus tretas? Bueno, en realidad si él quiere resarcir sus errores no seré yo quien se lo impida"

Por su parte Terry observaba de lejos a Neil interactuar con Candy de una manera que hasta entonces no se le había permitido a él y apretó fuertemente la quijada. ¿Cómo era posible que ese bastardo se atreviera siquiera a acercarse a ella de nuevo después de su sucio engaño? No podía resistir más la lejanía de estar ahí, compartir la misma habitación y no poder estar con ella. Ya había llegado el momento de actuar y ya sabía quién le ayudaría a cumplir con su tarea.

Todos se dirigieron al comedor donde el banquete empezaba a ser servido por diligentes meseros luciendo una impecable vestimenta.

Al tomar su lugar en la mesa de honor, la mirada de Candy deambuló por los rostros buscando irremediablemente al caballero sureño. Albert seguía sin aparecer y Archie tenía otras prioridades así que a ella no le quedó de otra más que compartir la mesa con La Tía Elroy.

"Candice, espero que entiendas lo que se espera de ti en esta temporada como la debutante en sociedad que eres. La mayoría de las señoritas casaderas debutan desde los 14 o 15 años así que como entenderás te llevan años de delantera"

"¿Perdón?" fue lo único que alcanzo a decir ante la retórica de la tía. "La delantera" ¿Acaso era eso una carrera? Muy a su pesar Candy descubriría que era justo eso, una carrera por encontrar al mejor postor para que se convirtiera era en su esposo. Tal como lo dictaba la antigua tradición entre las jóvenes aristócratas y de buenas familias.

"Me he dado a la tarea de reunir aquí a algunos de los solteros más codiciados de nuestro entorno social. Aunque en esta ocasión no tuviste la oportunidad de bailar con todos ellos debo insistir en que el próximo baile al que asistiremos te muestres complaciente para con ellos. A tu favor tienes el hecho de poseer una belleza un tanto exótica, pero no hay tiempo que perder y espero que antes de que acabe la noche obtengas invitación a salir de alguno de los caballeros aquí reunidos".

La relación entre ellas se había limado un poco desde que la matriarca había enfermado. Había estado a punto de sufrir una embolia debido a su presión alta. Candice había tomado bajo su cuidado su recuperación ayudándola a restablecerse de la leve parálisis facial que padeció. Pero también se dieron cuenta de que jamás verían las cosas desde el punto de vista de la otra. Así que la rubia había preferido poner tierra de por medio y alejarse para poder tener la libertad de actuar como mejor le convenía sin necesidad de mortificar a la taciturna Tía. No queriendo ser ella la causante de algún episodio que mellara su salud.

No había sido sino hasta que comenzaran los preparativos para su presentación que habían interactuado de nuevo. A decir verdad la Tía se sentía un tanto ofendida por el abandono de Candy para con ella después de haber vivido momentos tan cercanos y en especial tan vulnerables para ella.

En realidad Archie era quien había actuado como puente reconciliador entre las dos damas convenciendo a la tía de que era lo mejor por el bienestar de la chica. También había sido él quien le había asegurado que Candy no pondría resistencia alguna y que estaba dispuesta a seguir sus sabios consejos.

La señora se había sorprendido al saber que Candy había aceptado a la presentación siendo ésta una gran oportunidad para fungir una vez más como la cabeza de la familia y buscarle así a un digno esposo. Ya que William no le permitiría intervenir en la búsqueda de una esposa que estuviera a su altura, esta era una solución alterna. De una vez por todas acallar esos atroces rumores de que William tenía otros intereses para con su "protegida" jamás la aceptaría como su supuesta hija, muchísimo menos como futura señora de William Andrey, sobre su cadáver.

Los platillos comenzaron a ser servidos para deleite de los invitados, pero sobre todo para regocijo de Candy quien siendo la golosa de siempre no podía esperar para probar las delicias en realidad era lo único que le había echo ilusión de todo aquello. Pero para su mala suerte, su apetito se había visto afectado después de haber escuchado todo lo que involucraba la bendita presentación y los planes que le esperaban. Definitivamente tendría que hablar con Albert al respecto. Estaba a punto de hincarle el diente a su ensalada cuando sintió una sombra posarse frente a ella.

"Pero claro que tenías que emocionarte con la comida si eres una muerta de hambre, seguro que en el hogar de Pony se alimentaban de sobras."

"Disculpe" dijo El apuesto texano tropezando con la mordaz pelirroja.

"Fíjese por dónde camina" le contestó altiva.

"Una bella dama como usted no debería hablar de ese modo" Le dijo el caballero inclinando su sombrero a manera de saludo y alejándose de ahí antes de que se desatara el infierno.

De pronto sucedieron muchas cosas a la vez. Primero Elisa palideció por completo, el rostro se le desencajó en una mueca de terror y emitió un exhorbitante grito desesperado que llamó la atención de todos los presentes. La chica empezó a dar vueltas como loca alrededor de las mesas y a sacudir su vestido sin importarle el decoro.

"¿Pero qué te pasa Elisa?" preguntó Neil con cierto tono de fastidio tratando de controlar a su hermana tomándola por el brazo, lo cual solo logró que la neurótica Elisa se sacudiera con más fuerzas hasta el punto de comenzar a dar de brincos.

"Ayúdame, ayúdame se me está subiendo" dijo sujetándolo por las solapas del traje. Y de repente se congeló y soltó un pavoroso aullido.

"Elisa, contrólate, ¿Que te sucede? ¿Estas bien?" Acto seguido la pelirroja salto a los brazos de su hermano, quien habiendo sido agarrado por sorpresa resbaló con la chica en brazos y cayeron encima de una de la mesas para horror de los comensales.

Casi al mismo tiempo que Elisa empezara su extraño comportamiento, Candy recibió un regalo con una nota que le pedía lo abriera de inmediato. Grande fue su sorpresa al desenvolver el regalo y revelar el guión de "Romeo y Julieta" no era cualquier guión, ella lo reconoció era "Sú" guión. Se levantó de su lugar sin saber exactamente lo que buscaba. "¿Pero quién?" ya empezaba a caminar a la salida cuando alcanzó a escuchar el grito de una mujer cuya voz Candy no supo distinguir.

"UN RATOOON" se desató el pandemónium.

Demasiadas cosas ocupaban su mente, sentía que tenía que oxigenar sus ideas. Agradeció el alboroto ocasionado ya que le permitió escabullirse sin que su presencia fuera notada por el resto de los presentes. Todos excepto uno en particular el cual reflejaba la tormenta del mar embravecido en sus ojos.

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Terry vio unas zapatillas tiradas y sus primeras intenciones se esfumaron al no poder resistirse al viejo juego con la Pecas.

"Tan solo tuve que seguir el rastro de la mona que ya se prepara para treparse a su hogar"

Le dijo con su varonil voz que acariciaba como la seda atrapándola in fragati.

Lo sabía!" pensó para sí. Ella había percibido su cercanía desde que empezó la fiesta. A eso se debían todos sus nervios. De repente no supo cómo reaccionar. Se puso tensa y la familiaridad con la que él la trató, era como si el tiempo transcurrido realmente no contara. Este hecho la emocionaba y le crispaba los nervios por igual. Tenía miedo de girarse a verlo, miedo de su reacción, miedo a que él desapareciera como tantas veces lo había hecho en sus pesadillas, en sus múltiples desencuentros.

En sus verdes esmeraldas se reflejaba el temor, la súbita emoción que la embargo a causa de haberlo añorado por tanto tiempo. Las lágrimas se agolparon en sus ojos todo en breves segundos que a Terry se le antojaron eternos.

En presencia de ella cualquier plan que hubiera fraguado con anticipación se iba por la borda. ¡Ella estaba allí finalmente! Con sus hermosas pecas y delicadas curvas que tanto había añorado. Tenía tantas ganas de acercarse a esa hermosa dama y abrazarla en esa posición, por la espalda como retomando aquel abrazo del que nunca debió soltarla. Como si se hubieran congelado en el tiempo y el sufrimiento vivido jamás hubiera existido

Dio un paso hacia ella con toda la intención de dejarle saber la desolación que lo había embargadodesde la última vez que la vio. Se detuvo al percibir el exquisito aroma que despedían sus rizos, cerró los ojos perdiéndose en su perfume. Un ligero temblor de manos le recordó su batalla interna. Tuvo miedo a mostrarse débil ante ella. De momento se percató de la posición en la que Candy se había congelado al escuchar su voz. Con aquel vestidazo subido hasta las rodillas, descalza a punto de treparse al árbol. Reconoció su espíritu indomable, intrépida, despreocupada tan…. Ella. Sin lugar a dudas su Tarzán Pecosa.

"Tal parece que disfrutas mostrar tus encantos ante mí. Ya recuerdo tus incursiones en la actuación cuando Romeo se transformó en Julieta justo frente a mis ojos"

Este último comentario inició una reacción en cadena que encendió con un chispazo el corazón de Candy prendiendo su fuego interno. Sintió como se le incendiaban las mejillas como si regresara a la vida y olvidándose de sus anteriores pensamientos reaccionó de la manera que solo él podía provocar en ella.

"¿Pero cómo te atreves? Tú dijiste que no me habías visto"

Le dijo girando sobre su eje, indignada señalándolo con el índice derecho, mientras su mano izquierda seguía-sin darse cuenta- levantando un poco más la falda de su vestido.

La antes juguetona mirada del inglés se vio atrapada por la visión de la piel nívea de sus bien definidas piernas y muslos, haciéndolo perder su acostumbrada elocuencia.

El verde chocó contra el azúl encendido. Esa mirada esos ojos… le provocaban… Candy soltó su vestido absolutamente apenada dándose media vuelta para ocultar un poco su consternación. Porque siempre encontraba él la forma de hacerla sentir inadecuada.

Terry la detuvo tomándola por la muñeca. Le dió un jalón para atraerla hacia él envolviéndola en un fuerte abrazo que la hizo estremecer.

Ella sabía lo que sucedería. El no dejaba de verla a los ojos- no para pedirle permiso, pues bien sabía que sus labios le pertenecían- sino para dejarle en claro sus intenciones y reclamarlos con los suyos con intempestiva pasión. A pesar del tiempo que había pasado desde la última vez que sus pieles se tocaron, ella no puso resistencia alguna. Por el contrario se perdió en el calor de sus brazos. En el fuego de sus labios en… Su lengua! que le hacía hervir la sangre borrando por completo cualquier rastro de frío en su interior.

No podían seguir ignorando a sus corazones.

"Candy… yo.." intentaba decirle con la respiración entrecortada. Pero ella, su cercanía, su aroma, su respuesta evidente. No pudo separarse, sabía que debían hacerlo, pero no lograba que su cuerpo lo obedeciera, que sus brazos la soltaran. Esta vez tenían vida propia y no le permitirían alejarse de ella.

*"Terry tus ojos son el abismo donde muere mi razón". Pensaba Candy por su parte mientras le correspondía sus caricias subiendo sus pequeñas manos por la gallarda espalda del actor hasta llegar a su nuca y enredar sus dedos en el corto pero aun rebelde cabello del inglés bajo la peluca.

La saliva era fuego líquido en sus bocas. Era el elixir prohibido y al mismo tiempo indispensable para ambos en esos momentos. Como si fuera su línea de salvación al no poder tener mayor atrevimiento en sus caricias. Se bebían uno al otro sin restricción alguna.

El la sintió gemir muy quedito en su boca. Se sintió perdido. Supo en ese momento que debía poner espacio entre ellos o no podría confiar en su autocontrol para respetarla como Candy se merecía. Así pues, con un breve, pequeñísimo mordisco en los labios de la pecas y absorbiendo lo último del elixir de su boca se alejó renuente.

"Candy por favor, necesito.. de tí.. Ahem!- aclaro su garganta para corregirse- Necesito saber de tí, hablar contigo. Permíteme.. hay tantas cosas que tenemos que hablar, pero no aquí." Suplicó recobrando la respiración.

Por su parte, Candy se encontraba primero decepcionada por el repentino abandono de aquel apasionado intercambio del cual se quedó deseando más, aunque fuera un poco más. Después sintió consternación y no sabía cómo había sido capaz de haberse abandonado de tal manera entre los brazos de Terry después de tanto tiempo de no verse. Instintivamente se abrazó a sí misma como tratando de compensar el súbito vacío que le provocó el que Terry se apartara de ella. Lo miró dubitativa un tanto desconcertada por sus palabras.

Él lo notó y sin más la tomó de la mano y la condujo por los pasillos hasta llegar a la habitación que antes ocupara para su arreglo. Sacó la llave que le fuera asignada y entraron en la habitación.

Lo primero que percibió Candy fue el dulce aroma de los Majestuosos Narcisos en medio del salón. Tan solo eso dibujo una sonrisa en su bello rostro. Lo siguiente que percibió fue una canasta de picnic dispuesta sobre una acogedora manta que se extendía en el suelo. Lo tercero fue un coqueto biombo decorado con plumas de pavorreal pintadas a mano el cual desentonaba con la masculinidad del lugar. En realidad todo aquello le parecía como parte de una hermosa fantasía elaborada especialmente para ella.

"Sé que no es precisamente el picnic que te había prometido pero pensé que ya lo habíamos pospuesto por demasiado tiempo como para ponernos exigentes ¿No lo crees?"

Candy no cabía de la emoción. No solo había regresado a su vida, sino que estaba tirando sus murallas. Terry estaba hablándole con el corazón en la mano y demostrándole con sus acciones sin lugar a dudas que nada había cambiado en él con respecto a ella.

Pensaba en algún motivo por el cual no pudieran estar juntos finalmente. Al no encontrar ninguno excepto por el tiempo transcurrido finalmente aceptó aquél regalo que el destino les regalaba a ambos.

De momento Terry se sintió inseguro ante el silencio de Candy. En realidad después del beso no había pronunciado palabra alguna y esto era muy inusual en ella. Al menos en la Candy parlanchina que el recordaba. Le dio miedo que el tiempo transcurrido sin verse irremediablemente hubiera hecho cambios profundos en la personalidad de la hermosa joven que se encontraba de espaldas a él.

Su corazón comenzó a latir rápidamente sintió un frío sudor recorrer su frente. Por un breve momento le pareció escuchar de nuevo aquella burlona voz que anteriormente lo acosara noche y día.

Estaba a punto de rendirse ante la pesadumbre. Cerró los ojos como sacudiendo esa idea- No, ya estoy aquí frente a ella, ¿Cuantas veces no pedí por una oportunidad así? No la desperdiciare. No, esta vez!-

Sorprendida y maravillada Candy volteó a ver al causante de aquella magnífica fantasía cuando de repente sintió un escalofrío recorrer su espalda. Elevo su mirada y aunque por un breve segundo percibió tristeza en los bellos ojos de Terry descubrió que era como si una oscura sombra se disipara al verla a ella.

"¿Entonces que opinas?¿Te gusta?"- Se aventuró a preguntar, todavía con algo de incertidumbre. Candy se le abalanzó impetuosamente a los brazos no pudiendo soportar más el estar sin su calor.

"Oh Terry me encanta, es perfecto" dijo hundiéndose en su pecho desbalanceando al joven, tomándolo por sorpresa cayeron los dos sobre el sillón. Candy encima de él. Terry soltó una de sus magníficas carcajadas reservadas solo para ella dejando atrás cualquier rastro de dudas y tensión acumulada, al reconocer a su traviesa pecosa.

"Perdón" dijo ella guiñando y riendo también al contagiarse. De repente el ambiente volvió a cambiar entre ellos. Las risas cesaron súbitamente percibiendo lo delicioso de su cercanía. Terry ya sabía hacia donde se dirigía esa situación, pero era importante primero aclarar algunas cosas entre ellos.

"Pequeña Pecosa atrevida, si querías atraparme bajo tu vestido solo tenías que pedirlo"

"Terry Grandchester eres un idiota!" Dijo ella tratando de levantarse sin lograrlo. La posición era tal que el pesado vestido no le permitía moverse con la agilidad que estaba acostumbrada y volvió a caer entre sus brazos para deleite del joven inglés.

No podía evitar sonreír y sí, sentir esa escalofriante sensación escabullirse bajo su piel. Se encontraba de tan buen humor que se permitió la indulgencia de la esperanza

"Ahora, hazme un favor y quítate tu vestido" Le dijo regalándole la más deslumbrante y pícara de sus sonrisas.

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Hasta aquí por lo pronto Chicas. Ya saben que me encanta saber de ustedes y que les va pareciendo la historia.

Gracias por estar.

Elby8a ;-)