Ch. 19 Búsqueda

Las noticias de la excelsa interpretación de Terry llegaban a todo lo ancho del país ahora más que nunca la prensa lo elogiaba y seguía sus pasos queriendo saber más acerca del enigmático joven que después de haberse ausentado por largo tiempo de las tablas había regresado para embelesarlos a todos con su ahora incuestionable talento.

¡Hamlet Vive!

Terruce es Hamlet- Hamlet es Terruce, el príncipe de Dinamarca vive a través de él, Hamlet reencarnado. A tres semanas del estreno definitivamente se ha ganado un lugar como el mejor actor de su generación. Desde su regio porte que da la sensación de sangre aristócrata hasta la exaltación de los sentidos que nos comunican a la perfección su tormento. A manera de que la obra avanza el espectador acompaña a Graham en sus dudas, percibe sus miedos, siente sus frustraciones, se influencia por su ira, por su sed de venganza, reniega con su impotencia, sufre con él su decepción y se desgarra con su amargura.

Es de aplaudirse su fragilidad, su extrema sensibilidad. En una palabra su interpretación es Fascinante.

El observador no puede dejar de preguntarse cómo es posible que tanta pasión quepa en el cuerpo de este talentosísimo joven. ¿Cómo fue posible que se llegara a poner en tela de juicio tan extraordinario talento? Sería bueno que sus declarados detractores dieran la cara reconsiderando su posición. ¡Bavo! Robert Hathaway por haber creído de nueva cuenta en Terruce y a Ud. Señor Graham le agradecemos el que comparta con nosotros ese don de la interpretación y la capacidad que tiene para transportarnos al drama de Shakespeare crudo y exacerbado, tal como seguramente él lo imagino.

*Por Bernadette Phambe Marceau

Todos aplaudieron cuando Robert acabó de leer el artículo.

-Lo lograste. Les tapaste la boca a todos esos estúpidos comentarios insidiosos.-

-Si Robert, lo logramos- dijo con amargura en su hermosa voz. Terry empezó a ver que sus compañeros se acercaban en torno de él para agradecerle el que hubiera salvado sus trabajos y en con un rápido movimiento se escabulló hacia la puerta.

-Ya Robert lo ha dicho muchas veces, esto es trabajo de equipo así que por favor no tienen nada que agradecerme- haciendo una venia se alejó de ahí lo más pronto que pudo. A nadie le extrañó su actitud, ya era bien sabido por todos los ahí presentes que la joven estrella no era muy dado a convivir y menos a las muestras de afecto.

La realidad era que quería un trago, desde la visita de Candy su sed se había incrementado, pero se había prometido a sí mismo solo tomar para los nervios. Solo antes de cada función. No volvería a perder el control.

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-William lo hemos buscado por todas partes y no aparece. Lo más seguro es que haya ido..- Georges dijo bajando la cabeza apesadumbrado sin terminar la frase.

-Sí lo sé tras la pista de Stear. Por todos los cielos Archie juro que cuando te vea de nuevo te mataré- Dijo Albert golpeando su puño en el escritorio frustrado.

-Lograste averiguar cuando se embarcó-

-No, la verdad es que por lo pronto no hemos encontrado referencia de ningún Archibald Cornwell se haya embarcado en los días pertinentes- Fue la contundente contestación del leal asistente.

-Por supuesto que no, yo hice lo mismo cuando me fui a Africa, me molestaba que siempre me siguieras la pista.- Se pasaba las manos por su larga y dorada cabellera en desesperación. En aquella ocasión le había costado muy caro el cambiarse de nombre y temía que algo peor podría pasarle a Archie – George, tengo que encontrarlo, encontrarlos a ambos. ¿Cómo es posible que no supiéramos antes de los testimonios?-

-Habías estado muy preocupado con otros menesteres-

La suspicacia del comentario no había escapado su atención-¿Te refieres a Eleonor?- Sí lo sé, Sé que todo se ha dado de una manera que por momentos me hace pensar que lo nuestro no debería ser. Ella misma me lo ha dicho en varias ocasiones. Pero tú lo has visto. De una u otra forma seguimos siendo atraídos. Ella es una mujer deslumbrante. Desde un principio logró atraparme con su fuerza de espíritu. Con su voluntad indomable. Pero también con su vulnerabilidad -y una vez que bajó la guardia- con su necesidad de protección- Decía el apuesto magnate con aire de reverencia.

Georges sabía de sobra que a William Albert Andrey no le faltaban candidatas a esposas, ni que era ajeno a los amores femeninos. Sin embargo, él que lo conocía desde su nacimiento, no podía negar que lo que veía en el con respecto a Eleonor Baker estaba lejos de ser un capricho pasional. Solo podía comparar esa devoción que le mostraba con lo que sentía por la señorita Candice, aunque en realidad era completamente distinto.

-No imagino mi vida con alguien más. Cuando estoy con ella me siento comprendido, como si hubiera llegado a casa. Siento que podemos empezar de cero en donde sea y no importará nada más porque estaremos juntos. No me importa si no tengo herederos.- Ella le había aclarado que después del parto de Terry el doctor le había dicho que posiblemente no pudiera tener más hijos.

-Simplemente ella es la mitad que me faltaba.- Decía suspirando como un jovencillo enamorado. En realidad estaba ya próximo a cumplir veintinueve años, y jamás en su vida había experimentado un sentimiento tan fuerte por alguien más, como lo que Eleonor despertaba en él.

-William, tienes edad suficiente para tomar tus propias decisiones. Lo has venido haciendo desde muy temprana edad. Si ella es la mujer que quieres para tu compañera de vida deberías honrarla con la verdad. Deberías decirle que la Señorita Candice está al tanto de su relación y deberías de hablar directamente con su hijo. No siento que tenga sentido seguirlo ocultando. Ambos son adultos sin compromisos y el actuar de la manera en la que lo han venido haciendo, me temo que solo acarreará más complicaciones.- Le aconsejaba Georges en su infinita sabiduría.

-Tienes razón. Yo lo sé, se lo he dicho muchas veces, que me permita hablar con Terry, pero ella teme por la fragilidad del estado en el que lo vimos la última vez y es su madre.-

-Y tú eres su amigo, no te parece que dadas las circunstancias de su relación con su madre, ¿Tal vez tú podrías servir como intermediario? Tú ya tienes un vínculo con él que ella no ha podido crear en mucho tiempo. Supiste como hablarle antes, en Londres. Creo que sabrás como hablar con él ahora-

-Lo haré, creo que esto es lo que realmente me ha tenido tan distraído. Muy bien sé lo que ocasiona guardar secretos de las personas que amamos y tienes razón en cuanto a Terry. Yo llevo una relación mucho mejor que la que ha llevado con Eleonor. Cada día que pasa sin decirle la verdad de mi relación con ella me siento mal, como si traicionara su confianza. Me he sentido un tanto atado de manos por respetar la decisión de Eleonor. Terry no es de cristal, es mucho más fuerte de lo que su madre lo considera y sobre todas las cosas ama a su madre aunque no lo quiera aceptar. Pero por lo pronto debemos partir a Baltimore, haz por favor todos los arreglos pertinentes-

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William Albert despierta en ella una parte que creía largamente olvidada. Una parte que no le pertenecía a ninguno de los hombres que habían sido importantes en su vida. Esa parte íntima de la mujer que no tenía por qué compartir con nadie si ella así no lo quería eso que era lo que reflejaba en los escenarios con cada representación eso que la hacía entregarse a su público ya que no lo hacía con nadie más. Ella sentía su cuerpo vibrar en el escenario, había logrado alimentarse de esa apabullante energía que la envolvía en cada representación. Los aplausos del público la hacían sentirse viva, relevante, amada. ¡Oh! pobre sustituto del amor verdadero. La audiencia era caprichosa y celosa ese amante de mil cabezas que siempre le exigía más, mayor entrega. ¿Cuántas veces no había quedado exhausta después de una función? Después de haberse entregado completa, de haberse dado toda y aún más. Había elegido un camino solitario, su amante era celoso e implacable.

Pero era justamente esa parte la que este impertinente joven despertaba en ella que le exigía silenciosamente que se la entregara y ella ya estaba cansada de contenerse. Habían sido muchos los años en completa soledad. Había renegado de él, sobre todo al saberlo un Andrey otro hombre poderoso con una familia poderosa. Ya había ella sufrido mucho a causa de otra familia de abolengo llena de opulencia y rancias tradiciones. Por si fuera poco ella era mayor que él. Ella no le podía dar un heredero para continuar su clan. No podía ser tan egoísta como para condenarlo a una vida sin experimentar la paternidad. Por esto y por muchos otros motivos era que había roto su relación en incontables ocasiones. Pero no había podido mantenerse alejada de él por mucho tiempo. Todo en su actitud, en su manera de tratarla le decía que la adoraba, que William Albert Andrey estaba muy lejos de ser un Richard Grandchester en el buen sentido de la palabra. Albert era un hombre que a pesar de su edad había aprendido a valerse por sí solo. A enfrentar los problemas y hacerse responsable de sus acciones. Cierto, había pasado por su etapa de negación y según lo que le había contado su naturaleza andariega le había traído muchas satisfacciones, pero también muchas consecuencias. De todo esto él había aprendido mucho a la edad en la que era natural que lo aprendiera. Ahora era un hombre honorable en toda la extensión de la palabra. Personalidad avasalladora, brazos protectores y sonrisa encantadora a la cual ya no se había podido resistir.

Se lo permitió al fin. Ella deseaba sentirse amada, deseaba quitarse esa sensación de abandono que la huella del amor pasado había dejado en su corazón. Ese amor que la hacía sentir marchita por dentro excepto cuando estaba sobre el escenario. El escenario ya no podía seguir siendo su prioridad. Ella siempre había deseado enormemente tener algo para sí misma. Pertenecer a algo importante. Entregarse al sentimiento del amor que tantas veces había interpretado en sus personajes.

El engaño del que había sido presa la había devastado casi por completo. Cuando él le confesó quien era en realidad y que debía anular su matrimonio por medio de una carta, para casarse con alguien más la había hundido en una terrible depresión de la que no se sentía capaz de salir jamás.

Le dolía saber que su hijo había heredado justo esa parte de ella de sentir todo con intensidad absoluta. Sin lugar a dudas un corazón roto hacía maravillas para la interpretación de cualquier actor. Sonreía con sarcasmo. La primera vez que vio a Terry en una representación no pudo evitar llorar al darse cuenta que él también tenía un corazón solitario y adolorido. Mil veces se había preguntado que tanto habría vivido en la casa Grandchester.

Ella tenía prohibido por el Duque y la corona poner un pie en Inglaterra bajo amenaza de ser encarcelada. El origen de Terrius Graham Grandchester era el mejor secreto de la corona. Esas eran las condiciones impuestas a casa Grandchester con tal de perdonarle su insubordinación a Richard. Negar por sobre todas las cosas la existencia de la verdadera madre de su primogénito así como acceder sin reclamos a casarse con quién se le indicara.

Eleonor era hija de familia adinerada venida a menos. Su madre había fallecido al darla a luz y su padre había enfermado de gravedad. A ella desde siempre le había gustado leer e imaginarse que era la protagonista de las historias que su padre también le leía cuando su salud se lo permitía. Una vez se había atrevido a declamar un poema en una fiesta. Había logrado conmover hasta las lágrimas a su pequeña audiencia y había sido entonces que un caballero ahí presente se le había acercado ofreciéndole un lugar en su prestigiosa compañía de teatro. Ella había terminado por aceptar al verlo como una oportunidad para ayudar en casa. Empezando así su exitosísima carrera a los quince años. Desde que se había desarrollado, se había manifestado en ella una belleza exquisita, casi etérea que conjuntamente con sus inigualables ojos le daba un aspecto angelical y con aires de sofisticación más allá de su verdadera edad. Esta era ventaja y desventaja a la vez, ya que le permitía interpretar papeles más maduros. Aunque su natural ingenuidad acorde a sus dieciséis primaveras, la hacían presa fácil para hombres deshonestos.

Richard Grandchester un piloto Inglés había caído presa de sus encantos al verla actuar en Romeo y Julieta. No se había perdido ni una sola de sus funciones desde que la había visto por primera vez. Su padre había alcanzado a estar presente en la celebración matrimonial, y en su lecho de muerte se había regocijado con su último aliento al saber de la eminente llegada de su nieto. Alexander Baker había dejado este mundo tranquilo, al saber que su única hija no quedaría desamparada pues había encontrado ya al amor de su vida, quien seguramente la protegería de cualquier adversidad.

Su única familia había sido siempre a quién ella consideraba su amiga, su madre, su nana. El resto de la familia Baker le había dado la espalda al juzgar su "profesión" como escandalosa. Esta había sido la chiquilla que a los 17 años se había convertido en madre, sin tener la más mínima idea de cómo serlo. Había amado a ese pequeñín desde que su nana lo había posado sobre su pecho agitado. Se veía felizmente acurrucado en el seno materno. Era un bello granuja que se había tardado en salir al mundo haciéndola sufrir por las largas horas de labor. Cosa que había valido por completo la pena al observar cada una de las pequeñas pestañas rizadas que enmarcaban sus ojitos iguales a los de ella. Ahora le sonreía desparpajadamente sabiendo que se merecía el mundo entero.

Le había tocado ver lágrimas en los ojos de Richard al tenerlo en sus brazos por primera vez. Ella era muy joven, muy ingenua. Ahora con mayor madurez recordaba ciertos pasajes -que en su momento ignoró- como importantes.

Richard la había convencido de irse a Escocia ahí empezarían una vida juntos lejos del escrutinio público al ser alguien conocida en el medio. Ella no le gustaba compartir su vida privada con nadie excepto cuando estaba en el escenario.

Ella se había sorprendido al ver la opulencia de la villa. Pensaba que lo primero sería ser presentada al padre de Richard, pero no fue así. Al haber sido ella tan cercana a su padre no concebía la idea de que su esposo nunca hablara de su familia. Como si hubiera salido de la nada, cuando se notaba que pertenecía al dinero viejo de la aristocracia. Tan solo esto debió haber llamado su atención. Pero ella decidió pasarlo por alto, era demasiada la felicidad que le transmitía ese pequeño ser que crecía en su vientre, que la hacía ciega ante cualquier aspecto negativo que pudiera estarla rodeando. Daba largos paseos por el lago de la mano de su esposo. Reían y bailaban al ritmo de melodías que tan solo ellos dos podían escuchar en sus cabezas.

Una tarde semanas después del nacimiento de Terry, Richard llegó muy apresurado y nervioso diciéndole que regresarían a América. En ese momento ella no entendía el porqué, ni preguntó a que se debía el que se llevaran objetos valiosos de esa fastuosa Villa. Tan solo hizo lo que su esposo le indicaba.

Regresaron y lo primero que hicieron fue comprar una casa ubicada en Los Hamptons, una exclusiva zona en desarrollo. Ahí vivieron muy felices por un par de años, hasta que los suministros traídos de Escocia empezaron a agotarse. Richard no le permitió regresar al teatro al principio a ella no le importó. Sus prioridades habían cambiado por completo.

Richard había planeado hacer negocios con los vecinos, ya que en la zona había importantes figuras de la industria y las inversiones, siendo esta última actividad la que llamara más la atención del joven piloto. Las cosas no resultaron como lo esperaba y tras perder casi la totalidad de su inversión tuvieron que hacer cambios. Eleonor trataba de convencer a su marido de que vendieran la casa. Que se fueran a un barrio más humilde, pero él siempre se negó. Después la comida empezó a escasear. Tuvo que prescindir de los servicios de sus empleados. La última en irse fue Marie quien renuente ya no vivía más con ella, pero seguía yendo en medida de lo posible a visitarla, ya que más que una empleada, era su familia.

Después el pequeño Terry enfermó al principio parecía solo un refriado común, pero este fue incrementando hasta convertirse en pulmonía. En esos momentos se encontraba sola ya que Richard había ido a Nueva York, a tratar de conseguir dinero por las últimas joyas que les quedaban. El pequeño temblaba entre sus brazos y balbuceaba a causa de la fiebre. Jamás se había sentido tan desamparada. Tan frustrada e impotente, había corrido con él en brazos hasta el consultorio del primer doctor que pudo encontrar. Ahí le prometió al galeno que le pagaría con creces si le ayudaba. El doctor le prestó los cuidados necesarios al niño, quien se aferraba a la mano de su angustiada madre. Había pasado la noche entera sin despegarse de su hijo rezando porque mejorará. Prometiéndose que no volvería a estar en una situación así. Antes con la enfermedad de su padre había logrado evitar caer en situación de pasar penas gracias a su trabajo como actriz.

Ahora muy a su pesar se daba cuenta que Richard no estaba acostumbrado a llevar una vida sencilla. Después que él recibiera unas cartas portando un emblema real, sus peleas se habían hecho cada vez más frecuentes y él se había ido cerrando cada vez más con ella. Se había vuelto indiferente a sus reclamos. Solo se encerraba y bebía. Atrás había quedado ese Richard tierno y cariñoso del que ella se había enamorado. De alguna manera ella sentía que él la culpaba por las penas que pasaban. Había veces en las que él embrutecido le decía que tenía que agradecerle por haberse fijado en ella. Que no tenía ni idea de lo que había sacrificado por estar a su lado. Fue entonces que le reveló su nombre y título. Ella ya lo imaginaba. Se notaba a leguas que nunca había tenido que batallar por nada en su vida. Su irresponsabilidad al gastar excesivamente en extravagancias como vestimenta nueva o aperitivos de lujo se lo habían revelado. ¿Pero un duque? Eso no lo habría podido adivinar, porque ¿Qué es un duque sino un paso de un príncipe?

Terry había mejorado y en esas horas de angustia ella se prometió que no dependería más de su esposo para solucionar. Si ya antes no lo había hecho con su padre y su supuesta familia que les dio la espalda ahora mucho menos, ya que iba de por medio el bienestar de su pequeño amor.

El doctor que tan amablemente la había ayudado, intentó propasarse con la bella y vulnerable madre. Pero ella había actuado rápidamente golpeándolo en la cabeza y le arrojó los aretes de perla que llevaba puestos a manera de pago.

Salió corriendo de ahí con su niño en brazos, sin parar hasta llegar a casa.

Ahí desgraciadamente, no le fue mucho mejor. Se encontró a Richard hecho una furia. Celoso le reclamaba preguntándole donde había pasado la noche. Ella cansada por el desvelo y las emociones experimentadas no le hizo caso. Se dirigió a su alcoba cargando a Terry y se encerró ahí con él, echando cerrojo a la puerta.

Richard colérico aventaba y vociferaba cosas por toda la casa. Una vez más diciéndole lo dichosa que debía sentirse de que él, futuro duque de Grandchester se hubiera casado con una plebella como ella. El pequeño Terry se estremecía con el ruido proveniente tras la puerta. Gruesas lágrimas corrían por sus mejillas. Se negaba a seguir viviendo así. Se negaba a que su pequeño presenciara esos desplantes por parte de su padre. Él no tenía la culpa de nada. Era una criatura inocente y se merecía lo mejor.

Eleonor sabía muy bien lo que acontecería y contaba con ello. Así ya entrada la tarde -después de comprobar que Richard dormía profundamente- ese día se fue cargando solo una pequeña maleta y a su hijo en brazos. Sabía que tenía que reposar. Pero tenía que aprovechar esa oportunidad.

Marie la recibió gustosa en su pequeña casa en Nueva Jersey. Desde ahí Terry logró recuperarse con los cuidados expertos de la nana y los cariños de su madre. Eleonor viajaba a Nueva York para las audiciones y en uno de esos viajes regresó para encontrar a Marie en un mar de lágrimas. Como pudo le explicó que Richard había llegado con elegantes hombres y le había dejado una carta llevándose a Terry con él.

En esta Richard le explicaba que ya que ella lo había abandonado no le había dejado más opción. Que su hijo había nacido para ser el heredero al ducado. Que su matrimonio había sido anulado. Que ella tenía prohibido acercarse a Inglaterra por decreto real y del actual duque de Grandchester. Ella regresó al puerto de Nueva York lo más rápido que pudo, pero solo alcanzó a verlos partir. Dejándola completamente desolada, vacía, sin vida y con el corazón hecho añicos.

Hasta que William, había llegado para ayudarle a unirlo pieza por pieza con infinita paciencia y de nueva cuenta reiniciarlo para que volviera a latir. Por eso era imperativo que Terry comprendiera lo fuerte de sus sentimientos y sobretodo que supiera que él siempre tendría un lugar en su vida y en su corazón. Pero estas últimas ocasiones que se había visto había logrado detectar la amargura que lo embargaba para con ella.

-¿Hijo que fue lo que te pasó?,¿Por qué te apareciste en ese estado?, ¿Qué te hizo ir y llamarme mamá con tanta vehemencia?- Se preguntaba Eleonor al recordar el día que Terry se apareció en su casa suplicando sus cariños.

-¿Qué fue lo que pasó en el estreno que te hizo paralizarte en escena?- Para alguien como ella que estaba acostumbrada a los nervios antes de interpretar, el haber visto así a su hijo sólo podía significar una cosa. La situación con Candy estaba lejos de estar bien.

El necesitaba de apoyo, y ella estaba determinada a dárselo aun a pesar de él mismo. Solo tenía que encontrar la forma correcta de acercársele cuantas veces fueran necesarias hasta lograrlo.

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Dos semanas antes

Candy se sentía morir, no sabía qué pensar. No quería pensar, lo único que sabía por seguro es que tenía que verlo. No le diría nada a Albert, para que preocuparlo si en realidad ni ella estaba segura de qué era lo que Terry sabía. Así que sin pensarlo más partió para Nueva York.

Terry se acercó a su departamento. Le gustaba caminar, ya que le ayudaba a tranquilizar un poco la sed que lo atacaba de repente. Al ir acortando la distancia, se percató que había alguien esperándolo afuera. Una distraída Pecosa que leía sentada en su maleta. Su corazón empezó a latir a mil por hora por momentos emocionado de verla ahí.

-Recuerda que te mintió imbécil, tan solo ver sus ojitos y ¿Ya la perdonaste?- Le decía la vocecilla

-¿Qué haces aquí? El estreno fue hace 5 días. A qué has venido?. Le preguntó con rudeza.

- por supuesto, a decirte que aquí estoy para apoyarte- Le dijo con una sonrisa que estuvo a punto de derretirle su dura careta.

-¿Y acaso pretendes que te aplauda?-

-No, al contrario, lo que se espera es yo te aplauda a tí.-

-Fíjate que no. Ya me di cuenta desde hace mucho tiempo, que el problema está en esperar algo de los demás- Le espetó con sarcasmo. El le hizo señas para que lo siguiera dentro al tiempo que tomaba su maleta para ayudarle.

-Terry, amor- Le decía ella tratando de hacerlo entrar en razón. No entendía qué era lo que había sucedido para que todo se echara a perder después del bello reencuentro que habían tenido. ¿Tanto estarse añorando para esto? No estaba dispuesta a irse de ahí sin antes saber qué era lo que le sucedía.

Terry soltó una carcajada sarcástica como respuesta- ¿Amor? ¿Crees tú que quien ama engaña? ¿Crees tú que el que ama miente? ¡Veme a los ojos Candy! y dime que no me has mentido. Dime por favor que puedo confiar en que me dirás la verdad. Discúlpame pero entonces tenemos una definición completamente distinta en cuanto a lo que es el amor. Yo fui honesto contigo, te conté mi verdad. –Le decía dolido, con un nudo de amargura que se le formaba en la garganta pero tenía que continuar.

-Después de lo que paso con el accidente y tu llegada aquí. El cómo me sentí de no haberte dicho las cosas, me prometí a mí mismo que de darse otra oportunidad. No te volvería a ocultar absolutamente nada. Por eso es que decidí buscarte, hablar contigo.-

La pecosa se sentía desconcertada y triste, triste de no poderle rebatir que le ocultaba algo. Bajó la cabeza clavando la mirada en sus pies. Ese solo gesto le decía a él más que mil palabras.

-Maldita sea Candy los vi, ya no me puedes seguir ocultando la naturaleza de sus sentimientos. ¿Me vas a decir que no es correspondido?-

La chica se sintió acorralada. Ya no tenía por qué seguir guardando el secreto si es que Terry ya se había enterado. Al contrario, lo comprendía. Sabía que si lo había descubierto por sí mismo seguramente necesitaría tiempo para digerirlo. Vaya si a ella le había costado algo de trabajo. No podía ni imaginarse como se sentía él.

-Si, sí lo es.- Confesó al fin exhalando, con algo de alivio. Esas palabras le helaron la sangre haciendo que su corazón se saltara un latido.

-Si ya lo sabías porque me lo ocultaste? Para que.. olvídalo, ya me lo has dicho todo. He sido yo el tonto que no ha querido ver las cosas. Quise ignorar las señales.-

-¿Tonto? un reverendo imbécil diría yo.- Se burlaba la voz.

Terry no entiendo, ¿Que de malo tiene que el amor se haya dado? Sé que al principio es difícil de entender. Pero Te juro que cuando nos vimos no lo sabía, me enteré hasta después. Esa misma noche después de que te fuiste Albert, Albert

-¿Albert qué? Candy, termina ya de una vez.- decía caminado desesperado por la habitación,

-Albert me lo dijo y..- Le confesó nerviosa por su respuesta. Por el rumbo que estaba tomando esa plática.

-¡Ah! sabes que, no puedo escucharte más. Ya no lo soporto.-

-¿Terry? No puedo creer que estés reaccionando de esta manera.- Candy se admiraba ante lo que ella consideraba una reacción exagerada.

-Y ¿De qué otra manera pensabas que lo haría, con unas felicitaciones y mandando regalo para la boda?-

-Esperaba que entendieras que todos tenemos derecho a ser felices. Sabes que en verdad tienes razón si tu reaccionas de esta manera entonces no eres el hombre que pensé que eras.- esas palabras provenientes de su pecosa asestaron un fuerte golpe en su ya adolorido corazón. Era lo mismo que Susanna le había dicho. "Tu mejor talento es decepcionar". La rabia lo corroía por dentro.

-Pues al fin estamos de acuerdo en algo. No lo soy. Candice, no me conoces. Si suponías que reaccionaría de otra forma ante tu engaño de verdad que no me conoces.-

-Pues me voy entonces.- Le dijo indignada

-Vete, yo no tengo nada más que decirte.- Era verdad, se sentía emocionalmente exhausto.

-¡Yo.. Yo tampoco! Eres un idiota insensible y cabeza dura.-Le dijo no queriendo quedarse con eso atorado.

Él quería decirle que no se fuera, que no volviera a dejarlo a él esperando a ver si se daba la vuelta para verla una última vez, pero no lo hizo. Ya no tenía fuerzas para cruzar otra palabra más con ella.

-Engreído, egoísta- Fue lo último que dijo antes de tomar su maleta y salir intempestivamente de ahí. Una vez más corrió escaleras abajo, pero esta vez no hubo brazos, ni lágrimas en su cuello que la detuvieran.

Terry se había desplomado en el piso, tan pronto se había cerrado la puerta. El dolor se filtraba por su torrente sanguíneo fluyendo libremente por sus venas, envenenando su corazón. Ahí se quedó permitiéndose llorar, llorar hasta que las lágrimas se agotaron en sus ojos. No supo cuánto tiempo estuvo así , pero se sentía frío, más que frío, congelado por dentro. Se puso de pie odiándose por su incesante lloriqueo. Encabronado de sentirse títere del destino una vez más.

"Así es, justo así, acéptalo, abrázalo, el dolor es parte de ti. Jamás se irá de tu lado."

Después de haber probado sus besos era que ella había podido aclarar sus dudas. Ahh tenía ganas de hacer el mundo arder, de arrancarse la cara de estúpido que seguramente tenía. ¡No, dolor no, ya no más!. Ahora sentía odio, el más puro rencor y buscaba no quien lo hacía sufrir porque seguía malditamente enamorado de Candice White. Sino Quien se la pagara, con quien se desquitaría..

"Esa es la actitud vamos a divertirnos" lo azuzaba la voz.

LETRA BELIEVER (EN ESPAÑOL)

Antes de nada primero
Voy a decir todo lo que tengo en mi cabeza
Estoy destrozado y cansado de como han sido las cosas
Como han salido las cosas
Segunda cosa
No me digas lo que crees que puedo ser
Soy el encargado del barco, el dueño de mi mar
El dueño de mi mar

Fuí roto desde joven
Llevando mi alma a las masas
Anotando mis poemas para pocos
Que me miraban, me llevaban, me sorprendían
me sentían
Cantando desde el dolor del corazón
LLevando mi mensaje de las venas
Dando mi lección desde el cerebro
Viendo la belleza a través del

Dolor
Me hiciste un, me hiciste un creyente, creyente
Dolor!
Me hiciste pedazos, me construiste, creyente, creyente
Dolor!
Yo dejo las balas volar, oh deja que lluevan
MI suerte, mi amor, mi Dios, ellos vinieron desde...
Dolor!
Me hiciste un, me hiciste un creyente, creyente

De tercero
Mandar una oracion a los que estan arriba
Todo el odio que has escuchado ha tornado tu espiritu en una paloma, oh ooh
Tu espiritu arriba, oh ooh

Yo estaba ahogado en el tumulto
Mi cerebro viviendo arriba en una nube
Cayendo como cenizas al suelo
Saltando mis sentimientos, ellos se ahogan
Pero nunca lo hicieron, nunca vivieron, estaban suspendidos
Inhibidos, limitados
Hasta que rompió y lloviznó
lloviznó, como...

Dolor
Me hiciste un, me hiciste un creyente, creyente
Dolor!
Me hiciste pedazos, me construiste, creyente, creyente
Dolor!
Yo dejo las balas volar, oh deja que lluevan
Mi suerte, mi amor, mi Dios, ellos vinieron desde...
Dolor!
Me hiciste un, me hiciste un creyente, creyente
Canción escrita por Daniel Wayne Sermon / Daniel Coulter Reynolds / Benjamin Arthur Mckee / Daniel James Platzman / Robin Lennart Fredriksson / Mattias Per Larsson / Justin Tranter

interpretada por Imagine Dragons

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Hasta aquí por lo pronto chicas, lo sé, seguimos en los capítulos oscuros. Pero les prometo que se divertirán con algunas de las cosas que vendrán. ¿Con quién será que Terry busque desquitarse del dolor que siente?

Ahora más que nunca, me interesa saber de uds. Saber su opinión!

¡Nos seguimos leyendo!

Elby8a ;-)

*Artículo inspirado en los maravillosos reviews que mi amiga Phambe tan amablemente deja en ff.