Ch. 21
El Duque de Montecristo
El escurridizo hombrecillo estaba determinado a conseguir una exclusiva noticia que hiciera tambalearse al déspota de Terrence Graham. De momento había pensado que no asistiría a la reunión, pero se alegró mucho al ver de lejos lo acontecido en la pista de baile. Sentía que esa hermosa rubia pecosa tenía algo que ver en el pasado del actor. Aunque por lo pronto estaba centrado en Eleonor Baker ya que tenía la certeza que la noticia más jugosa vendría por parte de la consagrada actriz que tan celosa era de su privacidad.
Su paciencia siempre había sido su mejor cualidad. Después que la pelirroja se quedara admirando la espalda de Graham, Jerry protegido tras su uniforme de botones se había acercado a recoger la nota que el actor dejara caer al suelo al momento de salir a la calle. Este acto no pasó desapercibido por Elisa.
Ven por favor, tenemos que hablar de asuntos importantes.
Te espero en la habitación 538
Leyó, pero para su mala suerte, el reportero no logró leer el remitente de la nota ya que se había partido ese pedazo.
Se dirigió lo más veloz que le fue posible al piso de dicha habitación. Ahí esperó y esperó pero no fue sino hasta pasadas dos horas que vería el fruto de su bien habida paciencia.
Ahora sí te tengo, sonrió para sí al momento que veía a la afamada actriz abandonar la habitación mientras secaba sus lágrimas con su pañuelo.
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Con la eminente llegada de la primavera, la temporada de Hamlet estaba por terminar. Habiendo consagrado a Terruce Grandchester como uno de los actores más importantes de su generación. Disipando así cualquier duda que sobre su talento ó compromiso con su público se había llegado a tener. En su carrera cosechaba éxito tras éxito, mientras que en su vida privada era todo lo contrario.
No se había librado de seguir apareciendo en las notas de la prensa amarillista, que le adjudicaban amoríos con cuánta chica se cruzaba por su camino en especial después de lo sucedido con Candy durante el baile de la Asociación de Artes Histriónicas. Ese baile, había dado mucho de qué hablar en cuanto a la reputación del inglés, si solo se tratara de su imagen no le importaría tanto, pero no era así, muy a su pesar y aunque le costara trabajo admitirlo le dolía mucho que se hubiese involucrado a alguien más.
Recordaba con furia el altercado entre la sabandija de Fritzherbert y él. Lo había abordado una de esas frías noches en las que salía ya tarde del teatro. No le importaba el clima, todo lo contrario. Por momentos incluso disfrutaba el helado viento de invierno cortarle la cara mientras caminaba ya que lo hacía sentir algo.
-Así que, Graham ¿Te gustan las mujeres maduras? No podrías haber encontrado mejor "benefactora" ¿Es entonces La "señorita" Baker el eslabón perdido de tu rápido ascenso en Broadway?-dijo insidioso recalcando la palabra señorita.
Odiaba que hubiera profanado la privacidad de su ritual nocturno en el teatro. Se negaba a abstenerse de uno de los pocos momentos que disfrutaba, tal vez tendría que salir por otro lado. Terry siguió su camino, no había querido poner atención a las palabras que aquél pseudo reportero le decía, no fue hasta que escuchó el nombre de su madre que se detuvo en su andar.
Jerry decidió dar la estocada final al ver que tenía su atención.- Entonces es cierto- se le acercó y a manera de susurro continuó -Dime ¿Cómo es en la cama, acaso es tan salvaje como la imagino?- preguntó con sus ojillos brillando de lujuria y malicia.
Se escuchó un furioso rugido proveniente de lo más profundo de la garganta de Terry, a lo cual no se hizo esperar un puñetazo en la cara del reportero que lo hizo estrellarse en el nevado asfalto que a esas horas era poco transitado.
- Jamás óyelo bien, te vuelvas a expresar así de la señorita Baker o de cualquier otra dama y mucho menos en mi presencia- Había dicho levantándolo por las solapas de su inseparable gabardina gris rata.
-Muy adecuado para alguien de su calaña, demuéstrale quien manda, se lo merece.- Le azuzó la voz a Terry, quien decidido, dio otra ronda de puñetazos al rostro del hombrecillo para descargar su furia en él.
La nieve se pintó de rojo y la sangre le salpicó en su propio rostro y aun así una parte de él quería seguir golpeando a ese hombre que en ese momento simbolizaba el origen de todo lo malo.
-¡Suéltelo ya! ¡Es usted un bruto!- Al escuchar esas palabras, finalmente soltó al maltrecho hombre que lloriqueaba tratando de cubrirse.
Una capa blanca que cubría unos rizos castaños se apresuró para asistir al hombre que yacía como un ovillo en el piso.
-¿Esta ud. Bien buen hombre?- preguntaba la preocupada chica que portaba una cofia de enfermera.
-Me has roto la naríz. - Le gritó en un reclamo con la voz distorsionada a causa de las lesiones. -Esto no se quedará así Graham- dijo levantándose lo más rápido que pudo con la ayuda de la chica y el orgullo herido, cubriendo su sangrante nariz con su bufanda verde mientras un abultado hematoma se formaba en su ojo izquierdo.
Terry no sabía cómo reaccionar, nunca había golpeado a alguien que no fuera capaz de devolverle los golpes. Bien sabía que el maldito de Fritzherbert se lo tenía bien merecido, pero no había tenido la intención de pegarle de esa manera. Observaba su mano llena de sangre y una sensación desagradable lo recorrió. Como si no reconociera ese rasgo como propio. La enfermera indudablemente le había recordado a su pecosa y la vergüenza cubrió su rostro al pensar lo que Candy hubiera pensado de él de haber sido ella quien lo descubriera in- fraganti.
-Vaya manera de celebrar Navidad, ya se me está haciendo costumbre- Pensó para sí, pero lo único que salió de su boca fue una fría carcajada al tiempo que se alejaba de ahí presa de sus oscuros pensamientos mientras trataba de reconocerse a sí mismo.
El infame artículo había sido publicado al día siguiente y un par de días después habían empezado la gira. Terribles rumores infundidos por Jerry Fritzherbert en dicho artículo exponía según él la verdad detrás de la desaparición de Terry de los escenarios y el principal motivo por el cual la señorita Susanna Marlowe había dado por terminado su compromiso. Su amorío secreto con Eleonor Baker.
Como consecuencia se había dado un mayor distanciamiento entre madre e hijo la única manera de echar por tierra tal calumnia era revelando el lazo que en realidad los unía y lo que menos quería Terry era que pensaran que su madre había tenido algo que ver con su ascenso en su carrera.
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Habían logrado salir del campamento con tantos refugiados como les había sido posible incluyendo a su hermano, pero salir del país para regresar a casa era otra cosa. Un reto aún mayor que no habían podido sortear.
Se encontraban atrapados tras líneas enemigas sin poder avanzar. Archie sabía que la salud de su hermano era precaria, pero tampoco podía exigir mucho dadas las circunstancias, así que cuando se toparon con un pequeño contingente de la cruz roja no dudó en hacerse oír por los encargados. Se estaban acabando las opciones.
-Está muy mal, entienda de una vez que sí pretende moverlo en estos instantes morirá- Le advertía la enfermera con cara de pocos amigos levantando sus cejas tras sus espesos lentes y haciendo un ademán con su dedo índice.
Archie respiraba furioso tratando de calmarse ante la testarudez de la enfermera Hamilton. Hubiera querido toparse a alguien como Candy, sin embargo se topó a la contraparte de ella.
Stear estaba seriamente malnutrido y la infección en su pierna estaba avanzaba peligrosamente, los pronósticos para él no eran muy buenos, sin embargo Archie se rehusaba a creer que lo había encontrado tan solo para verlo morir.
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N.Y. 18 de Febrero, 1918.
-Hogar dulce hogar- pensaba con ironía al hacer a un lado el bulto de correspondencia y leer las portadas de los diarios que le daban la bienvenida. Escándalo tras escándalo de sus supuestas conquistas románticas, mas fotografías del rostro golpeado del inmundo Fritzherbert quien no había perdido oportunidad de hacerle fama de violento. Obviamente se había hecho cargo de sus gastos médicos, pero esto solo le había dado más armas para hacerlo ver culpable.
En la mesa el encabezado estelar causante de sus acciones de los pasados meses.
"Los Secretos de los Andrey" New York, 30 de Diciembre 1917.
Mucho se ha mencionado acerca de las familias poderosas y como utilizan sus influencias en los medios para acallar rumores o moldear las noticias a su conveniencia.
Aquí no nos doblegamos ante tales situaciones, por eso sacamos a la luz las verdaderas intenciones de cierto magnate y la relación que lleva con su "protegida" al haber vivido juntos en un departamento de la avenida Magnolia en la ciudad de los vientos.
El artículo seguía la misma línea que implicaba a Candy y a Albert en un juego sucio de pareja que le hacía hervir la sangre. Había sido publicado originalmente en N.Y. ya que en Chicago, probablemente el miedo al poderío de los Andrey había causado que el artículo no viera la luz en esa ciudad. Aunque no firmaba con su nombre sino con un alias, se reconocía el estilo peculiar de su amigo Jerry. En ese entonces Candy no llevaba ninguna relación con Albert, mucho menos de la índole que le adjudicaban. Aunque terminaran juntos al final, no permitiría que se enlodara la reputación de su Pecosa, ya con su madre había sido más que suficiente. Gracias a Gloria su casera, sabía perfectamente a quien adjudicarle el crédito intelectual de esta difamación.
Tras acomodar el contenido de sus maletas, se dirigió al cuarto de baño para ponerse solo el pantalón de su pijama.
Terry se recargó en el quicio de la ventana de su apartamento en Nueva York con el cenicero en la mano y soltó una nube de humo proveniente de su garganta.
-Anímate, Estamos por lograr una gran victoria sobre nuestros enemigos- lo felicitaba la voz.
Su mente viajó a mediados del mes de enero.
-Flashback-
La compañía había realizado una gira por algunas de las ciudades más importantes de la costa este. Chicago fue de las últimas paradas obligadas. La fiesta para celebrar la clausura de las funciones no podía faltar.
La vio y no pudo resistir el impulso de acercarse a ella como un tigre acechando a su presa. Se acercó sigilosamente desde las sombras. Atravesó la habitación con elegante andar y sin quitarle la vista de encima. Su mirada era tan intensa que se percibía a metros de distancia. Sus acompañantes guardaron silencio al notar que indiscutiblemente se dirigía hacia donde ella se encontraba.
Él era indudablemente el amo y señor de aquella reunión. Su sola presencia bastaba para llenar el gran salón. Ella paso saliva con dificultad entreabriendo sus labios. Sí, era a ella a quien él dirigía esa mirada tan intensa, tal y como lo había soñado tantas veces, sobre todo después de la última vez que se vieron en Nueva York. Observaba ávidamente sus ágiles músculos a punto de plantarse frente a ella, abriéndose paso de entre la multitud. Al percibir su aroma ella se sintió desfallecer. Había pasado tanto tiempo desde aquellos días en el San Pablo cuando por primera vez quedara prendada de él. Observó casi en cámara lenta como la comisura izquierda de los varoniles labios se curvaba hacia arriba llenándola aún mas de añoranza.
Él le sonrió con aquella media sonrisa capaz de perturbar a cualquiera y observo como ella se derretía frente a él. Sabía que no era inmune a sus encantos.
-Hola Elisa, que placer volver a verte- Le dijo en tono seductor. Ella apenas pudo articular palabra.
-El gusto es mío Terruce has estado magnifico en tu interpretación de Hamlet- No podía dejar pasar la oportunidad de presumirlo ante sus amistades en "su" ciudad, donde la relevancia del apellido Leagan era inseparable del ilustre Andrey. -Chicos les presento a Terruce Graham un viejo amigo mío- dijo con un dejo de altivez en su mirada.
-Pero Elisa ¿Como es que conoces a tan afamado actor?- Le pregunto una de las chicas ahí presentes con la envidia plasmada en su rostro.
-Permítame responder su pregunta. La señorita Leagan y yo fuimos compañeros de colegio en Londres- contesto él galante dejando boquiabiertos a los acompañantes. Elisa no podía estar más contenta con aquella inesperada atención de Terry para con ella.
-Ustedes disculparan que les robe por unos momentos a tan bella dama, pero tenemos mucho que platicar. Hace ya demasiado tiempo que no nos veíamos- dijo al tiempo que ofrecía su brazo a una más que encantada Elisa en ese momento embelesada por el hechizo de sus ojos azul cobalto.
-¿Será que la distancia finalmente ha surtido efecto y se ha dado cuenta cuan equivocado estaba al haberla elegido a ella? Probablemente los artículos que contenían información obtenida de las cartas ya habían logrado su objetivo de desencantarlo por completo de la huérfana.
Tal vez ya recapacito y me ve como la dama de abolengo que soy en comparación con esa sirvienta.- Tales eran los pensamientos de Elisa al ser guiada hacia el balcón de aquella residencia del brazo de su amor platónico.
-¿Qué es lo que pretendes Terruce al ser tan amable conmigo?- Aunque él estaba actuando justo como ella siempre lo había soñado, su sexto sentido de arpía le hacía sonar su alarma interna.
El la soltó y recorriéndola detenidamente con sus bellos ojos le dirigió entonces una de sus acostumbradas miradas frías que contrastaba años luz con la que le dirigiera momentos antes al cruzar el salón.
-¿Qué, qué pretendo? Nada, tan solo un pretexto para salir de ahí ya sabes que no me gustan las multitudes ni las fiestas.- Contestó en su usual tono indiferente al tiempo que se dirigía al barandal y recargaba sus antebrazos en este. Ignorándola por completo al admirar la luz de la luna que a veces ocultaba su luz escondiéndose detrás de nubes pasajeras.
Ahora sí, este era el Terry al que ella estaba acostumbrada.- ¿Entonces tan solo me usaste como excusa para salir de ahí?- le preguntó un tanto molesta, pero más bien intrigada ya que sabía perfectamente que él no requería de pretextos para hacer su voluntad.
-No necesariamente, también lo hice porque te lo había prometido la última vez que nos vimos en N.Y. yo siempre cumplo mis promesas.- Le dijo mordiéndose la lengua, ya que sabía que eso no era del todo cierto.
-Hay momentos en los que no me apetece estar solo- Agregó aun observando la Luna. Eso era cierto, aunque nunca lo había admitido en voz alta.
-¿Y es este uno de esos momentos?- Preguntó entre intrigada por esa actitud parlanchina de su amor platónico y fascinada de poder admirar su maravilloso trasero a su antojo, ya que la chaqueta de su traje se subía lo suficiente para que lo pudiera admirar en su firme y bien proporcionada redondez.
-Al parecer así es, últimamente me estoy replanteando si habré tomado las decisiones correctas con respecto a mi vida.- Dijo y en verdad estaba siendo honesto.
-¿Entonces… quieres que yo te acompañe?- Le preguntó sugerente. Para su gran sorpresa, Terry se volteó a verla, ahora eran sus codos los que se recargaban en el barandal.
El actor levantó una ceja al tiempo que su boca se curvaba en una mueca que asemejaba una sonrisa, pero que en realidad la cuestionaba y escudriñaba al mismo tiempo.
-¿Por qué no Elisa, qué es lo que tanto te sorprende? – Preguntó un tanto divertido, tratando de ocultar el sarcasmo en su voz.
-Pues porque antes preferías "otro" tipo de compañía muy por debajo de tu estatus- Le dijo burlona.
-Tú lo has dicho, "antes". Además, te equivocas, no había nadie que se acercara siquiera a mi estatus.- Dijo, ahora sí enderezándose cuan alto era, en tono de total elitismo aristócrata. Elisa se puso de mil colores. Se sintió casi rebajada a vil campesina por el tono que Terry había empleado.-Probablemente elegía esas compañías, porque los allegados a mí decidían huirme en vez de procurarme. Me parece recordar cuando no querías ni que te tocara para ayudarte a salir de un hoyo- Se apresuró a decir el joven antes que la sulfurada Elisa empezara con una retahíla de reclamos.
La sorprendida pelirroja, se quedó con la boca abierta ante el sutil ¿Reclamo? De Terry.
-¿Pero?- fue lo único que salió de su boca casi como un susurro. No entendía ¿Acaso le estaba reprochando por no haberse acercado más a él? Si lo único que hacía era buscar a la sirvienta de establo.
-Sabes, es precisamente el sentimiento de total aburrimiento lo que me llevó a abandonar la vida en Londres, pero ahora que he llegado a la cima en Broadway he de confesar que el mismo sentimiento de aburrición se empieza a apoderar de mí. Tal vez sea el momento de un cambio.- Le dijo al tiempo que se acercaba con una mirada cargada de sugestivas promesas. El levantó su mano y con un movimiento la tomó por la barbilla. Elisa no sabía qué hacer, él se le acercaba cada vez más, estaba ya inclinándose sobre ella. Podía sentir el calor que emanaba de los labios de Grandchester acercándose a los suyos. Ella cerró los ojos, entreabrió la boca y sintió escalofríos recorrerle el cuerpo cuando él posó sus labios sobre los expectantes de ella depositando un casto beso que la hizo perder la cabeza. Sintió que él se iba a alejar, pero entonces reaccionó y lo tomo por la chaqueta para jalarlo hacia ella y profundizar el beso introduciendo su más que ávida lengua en la húmeda cavidad de Terry saboreándolo todo. Se sintió en la gloria. De repente, se escucharon unos pasos y el actor aprovecho para separarse de ella.
-Terry, debí haber adivinado que te encontraría aquí alejado de todo y de todos.- Dijo Hathaway. En ese momento, reparó en la pelirroja que tenía la respiración agitada.- Perdón señorita…
-Elisa Leagan. Elisa, te presento a Robert Hathaway- Los presentó Terry.
-Mucho gusto Señorita Leagan- Dijo dudando un tanto en el título con el que se refería a la chica al haberla encontrado en una situación comprometedora.-Ven por favor que ya vamos a hacer el brindis con los nuevos benefatores- Haciendo una leve venia con la cabeza se alejó rápidamente.
-Disculpa que te deje, pero ya escuchaste que se requiere mi presencia- Se excusó Terry al tiempo que le sonreía pícaramente a Elisa. Se dio la media vuelta para marcharse, pero se detuvo de repente y se volvió de nueva cuenta para verla –Me agradó cambiar de compañía. ¿Te parece que lo volvamos a repetir en otra ocasión?- La chica solo asintió en silencio con una sonrisa enorme en sus labios y una mirada lasciva que no se preocupó por ocultar.
-Hasta pronto entonces- Le dijo seductor dándole la espalda. Caminando de regreso al salón fuera de la vista de Elisa, sacó su pañuelo de uno de sus bolsillos y en un brusco ademán que denotaba profundo asco, se retiró los rastros de saliva que aun sentía en sus labios.
El beso de Elisa, le recordó a las prostitutas de sus corridas nocturnas. Aunque ya llevaba varias copas encima, se arrepintió de no haber tomado lo suficiente como para disfrazar el sabor de esa mujer.
-Fin del Flashback-
Después de ese encuentro le había costado mucho trabajo el tratar de mantenerse lejos de las manos de Elisa, quien había dejado más que evidente su vasta experiencia en la intimidad y lo mucho que lo deseaba con sus descaradas insinuaciones.
Terry sintió nauseas, era la manera en la que su cuerpo le demostraba el repudio que le ocasionaba el recuerdo de esa mujer. El cigarro no era suficiente, lo apagó en el cenicero y con paso apurado se dirigió a la alacena vacía excepto por la botella de whiskey que tomó con ansias vertiendo el contenido en un vaso. Lo tomó de un solo trago y se sirvió más en un intento por borrar la memoria del sabor que Elisa le había dejado de nueva cuenta en su reunión en Philadelphia.
Philadelphia 29 de Enero, 1918.
Sabía que después de su pasado encuentro no tardaría en volverla a ver, por lo mismo no le extrañó cuando recibió un mensaje donde lo citaba en su suite del mismo hotel donde se hospedaba la compañía Stratford.
Terry sabía que ese encuentro podría tornarse altamente peligroso, pero sonrió al ver que ella misma le había dado los elementos para rechazar su invitación. Alegando que debían proceder con precaución para salvaguardar su imagen de dama de sociedad la invitó a comer en lo que se podría describir como una comida romántica en un pequeño, pero bien ambientado establecimiento.
Desde que llegaran los platillos, Elisa no había dejado de hacer sugerentes movimientos con su boca en cuanto alimento con forma fálica se le cruzara por enfrente. Succionaba y mordía la punta de sus espárragos a la parmesana. Se inclinaba constantemente sobre la mesa para dejarle ver gran parte de su escote que rayaba en lo indecente. Nunca antes había tenido Terry que hacer uso de sus dotes de actor en toda la extensión de la palabra para disfrazar lo que en verdad le provocaba la pelirroja sentada frente a él. El joven sonreía seductor, demostrando interés en la insulsa plática. Él por su parte le contaba algunas anécdotas vividas en Londres fingiendo extrañar el pomposo ambiente aristócrata. Platicaban de nimiedades, hasta que Terry encontró la oportunidad de lanzar su anzuelo.
-Tal vez por la mujer indicada sería capaz de renunciar a Broadway y convertirme en duque tan solo para hacer de ella la duquesa que siempre estuvo destinada a ser- Elisa apenas podía creer lo que estaba escuchando. Le parecía que estaba al fin viviendo su sueño tan largamente acariciado.
El ser parte de la realeza a donde sabía que pertenecía por derecho divino. Ahora el destino se encargaba de ponerla en vías de rectificar el error que había cometido al no haber nacido en cuna noble.
El hecho de que Terry fuera quien le ofreciera esa oportunidad era un plus que no pasaba desapercibido. Se deleitaba de solo imaginarlo entre sus sabanas. Así como era de apasionado en sus interpretaciones sobre el escenario se imaginaba que sería fuego puro en la cama. El solo hecho de ver las venas pulsar en el brazo que sostenía su copa de vino le daba un indicativo de su vigor varonil. Se le antojaban mil y una exquisiteces que podrían experimentar en la intimidad. Seguramente habría tenido múltiples experiencias dada su calidad de actor. Debería ser pues un amante experto.
Ella también tenía valiosa experiencia que aportar a sus intercambios sexuales. Sabría recompensarlo bien por elevarla en el estatus social que a ella tanto le importaba. Malditos protocolos no veía la hora de sentirlo ya dentro de ella y darle un buen apretón a su apetecible trasero.
-Ahora sí Elisa Leagan tendrás una probada de la hiel que tan libremente administras a los que te rodean. Señor Andrey le quedará bien claro que yo sí puedo proteger a Candy- Sonreía Terry al ver que sus comentarios habían sido bien recibidos.
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Hogar de Pony a mediados de enero de 1918.
Candy sabía perfectamente que Terry estaría en Chicago por una semana, así que había preferido poner tierra de por medio y renovar fuerzas en El Hogar de Pony.
Una de esas noches en las que el silencio le pesaba se encontró con la señorita Pony que terminaba de redactar unas misivas en su oficina.
-Puedo pasar- Le preguntó Candy
-Claro hija, pasa- Respondió con el tono tierno que la caracterizaba. –Qué bueno que has venido Candy, de hecho ya tenía yo pensado que platicáramos- le dijo guardando unos papeles en el cajón de su escritorio.
-¿De qué?- Preguntó la rubia sentándose un tanto apenada de causar molestias.
-Ya sabes que siempre serás bien recibida, esta es tu casa, pero me parece que en esta ocasión como muchas otras veces has venido a esconderte de algo, o de alguien ¿Es cierto?-Le había dicho con esa capacidad que tienen las mamás de desnudar el alma de sus hijos.
-Este, yo..- titubeó la rubia bajando la mirada ante la habilidad de la mayor de sus madres para ver a través de ella. Sin tomar en cuenta que se encontraban en la oficina y eso aunque ya era una adulta, no dejaba de ponerla nerviosa, especialmente por el tema que estaban tocando y que era lo que había estado tratando de evitar por los pasados tres días desde su llegada.
-¿Supongo que la llegada de la compañía del joven Grandchester a Chicago, no tiene nada que ver con tu repentina visita?- Dijo mirándola fijamente a través de sus viejos anteojos.
-Hay señorita Pony- había dicho al fin mientras unas lágrimas escapaban de sus bellos ojos –Es que no puedo creer que todo termine así, ni siquiera por nosotros, sino por lo testarudo que es- decía secándose con el puño de su vestido entre la pesadumbre y la desesperación.
-¿A qué te refieres con eso Candy? ¿Cómo que terminado? A caso ya habías entablado algún tipo de relación con el joven Terry?- Preguntó la amable señora entrecerrando sus ojos para tratar de entender mejor la situación por la que Candy estaba en ese estado de incertidumbre.
-Sí, vino a verme en mi fiesta de cumpleaños. Ahí pudimos platicar, y decidimos retomar nuestra relación.- Explicó la rubia con cierta rapidez esperando con eso, que su madre no fuera capaz de averiguar lo comprometedor de su encuentro con Terry.
-Por tu reacción entonces debo entender que ya no están en buenos términos.- Preguntó inclinándose hacia delante para poder leer mejor las reacciones en el rostro de su hija que cual libro abierto le daban más información de la que ella podía revelar con sus contestaciones.
Candy le explicó a la señorita Pony, que le estaba guardando un secreto a Albert y este involucraba a Terry. Le dijo, que sentía era un secreto que a ella no le correspondía revelar. Que Terry se había enterado por otro lado y que ella había quedado muy mal parada ante él. Terry descubrió que ella ya lo sabía y había decidido no decírselo ocultándole la verdad.
-Candy, guardar secretos nunca es bueno, en especial si los ocultas de quien consideras tu pareja. Me temo que estoy del lado del joven Terry en este asunto. Él debería poder confiar en ti de manera incondicional, y en vez de eso se da cuenta que le ocultas cosas.
Yo sé que tu lealtad para con el señor Albert es muy grande, pero debo aclararte hija que si pretendes llevar una relación más formal con el joven Grandchester, debes ordenar tus prioridades. La persona que tú elijas como tu pareja, no debe venir después de nadie y si lo hace, entonces no es la persona correcta para ti. Ponerlo como prioridad debería darse de forma natural, no forzada. Lo que te puedo aconsejar en este caso es que hables con Terry y con el señor Andrey para poder aclarar la situación. Aunque tambien es joven, el señor Andrey es mayor a ustedes, y debería entender que te pone en una encrucijada al pedirte que guardes secretos de tu pareja. Estoy segura que debe haber otra solución que hasta este momento no se les ha ocurrido ya que han gastado el tiempo en estar ocultando la verdad. -
Al día siguiente Candy decidió regresar a enfrentar la situación y aclarar las cosas de una vez por todas.
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Sus planes estaban saliendo a pedir de boca. Cualquiera que hubiera sido la "relación" entre Grandchester y Candy se había ido al caño y la repentina huida de la rubia hacia el orfanato ante el anuncio de las presentaciones de Hamlet por la compañía Stratford solo confirmaba sus sospechas.
Estaba cosechando los frutos de su constancia pero sobretodo paciencia para con Candy. Si alguien le hubiera dicho hace algunos meses que estaría en tan buenos términos con ella no lo hubiera creído, pero si algo distinguía a los hermanos Leagan era su tenacidad.
Eso lo hacía mantener una sonrisa en sus labios constantemente. Sonrisa que se le borraba al pensar en su poderoso tío William, que bien sabía jamás aprobaría una relación por parte de él con Candy. Se lo había dejado muy en claro cuando lo había exiliado a Florida. Odiaba que se entrometiera en su vida, aunque no podía negar los beneficios de pertenecer a una de las familias más poderosas del país.
Tendría que decidirse a hacerse un nombre y fortuna por sí mismo, si es que planeaba seguir adelante con sus planes.
Le costaba trabajo creer que la rubia a quien había incordiado tanto en su niñez, era ahora una exquisita mujer a quien no podía esperar para hacerla suya finalmente. Había requerido de todas sus fuerzas y determinación el no demostrar que moría de ganas por apretarla contra él en cada baile. Al principio había buscado vengarse del desplante del fallido compromiso. Ese golpe a su ego había sido casi fulminante. Pero después, ella con su peculiar manera de ser había terminado por conquistarlo y con los últimos acontecimientos realmente podía vislumbrar un futuro juntos.
Era imperativo que para lograr esto, requería de dos cosas, dinero y poder pues uno sin el otro no valía, al menos no para él. Ya tenía algo de dinero guardado, pero no era suficiente. Ahora que el amor le sonreía comprobaba que ese dicho de "Afortunado en el juego, desafortunado en el amor" era solo una falacia ya que su suerte en las mesas de póker había cambiado drásticamente para su beneficio.
Aún mejor, apenas podía creer la suerte que había tenido con esos dos borrachos de Wall Street en una de sus últimas visitas de rutina a la gran manzana.
Recordaba cómo dos de ellos habían estado presumiendo ante sus amigos de su talento para las finanzas y habían predicho que las acciones de cierta compañía por la que nadie apostaba subirían así que habían podido comprar bajo antes de que esto sucediera logrando así cuantiosas ganancias. Toda la noche habían estado así, presumiendo y celebrando mientras los otros compañeros se quejaban arrepintiéndose de no haberlos escuchado. Al pasar las horas, el grupo se había disipado. Habiendo quedado solos los dos, de nueva cuenta predecían otra nueva estrategia para incrementar aún más sus ganancias, admitiendo que habían obtenido información confidencial de manera ilícita. La compañía en cuestión había logrado un contrato cuantioso con el gobierno del que nadie estaba enterado.
-Ha sido el dinero mejor gastado en mi vida- decía el joven de cabello negro que Neil ya identificaba como Alex.
-Así es, nuestro amigo nos cumplió. Ahora a retirarnos y vivir como reyes- Decía Fernand el rubio.
-¿Estás loco? ¿Qué piensas hacer caso omiso de la nueva información que nos dio?- Reclamaba Alex incrédulo.
-Pienso que es muy riesgoso el volver a hacer otra maniobra, de por sí ya hemos atraído demasiada atención con nuestra "mágica" predicción, no quiero pensar lo que pasaría si algo sale mal- Decía Fernand arrastrando las palabras al tiempo que se echaba otro trago.
-No seas gallina, además esta vez tendremos mayores ganancias, yo al menos pienso invertir todo el capital de esta transacción para incrementar el porcentaje. Acuérdate que el que no arriesga no gana- Dijo palmeando su espalda para darle mayor seguridad.
Neil había decidido invertir en ese negocio obteniendo grandes beneficios. Lo dicho, la suerte al fin le sonreía.
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Rueda de Prensa de la compañía Stratford N.Y. 20 de Febrero de 1918.
Era usual que la compañía realizara una rueda de prensa por esas fechas para discutir los nuevos proyectos al finalizar la temporada larga de otoño-invierno y comenzar la de primavera. Era usual que las compañías eligieran representar comedias en la "Temporada corta". La compañía Stratford por otro lado, se había caracterizado por ser impredecible en su elección de obras. Fieles a su bardo representativo y aunque entre las obras de Shakespeare se contara con algunas comedias, no siempre eran elegidas. Era usual que sus propuestas siempre causaran expectativa entre el público. En especial con el boom de noticias que de carácter amoroso se estaban dando en torno al guapo y talentoso protagonista que ni aceptaba ni negaba los rumores de su compromiso. Lo que no era usual, era que Terruce Graham se dirigiera a los reporteros y mucho menos que iniciara él la rueda de prensa.
–Estoy aquí ante Uds. para aclarar una serie de rumores que se han venido diciendo ya desde hace varios meses y aunque es de su conocimiento que no me agrada hablar de mi vida personal creo que en esta ocasión vale la pena hacer una excepción. – hizo una breve pausa para tomar un sorbo del vaso con agua frente a él y continuo.
–Mucho se ha rumorado ya acerca de mi compromiso con la Srita Elisa Leagan perteneciente a la ilustre familia Andrey de Chicago. Bien, pues de una vez por todas deseo compartirles que entre la Srita Leagan y yo no hay ninguna relación amorosa. Es verdad que nos conocimos en el colegio y fue desde entonces que ella mostró cierto interés hacia mi persona. Nos encontrarnos por casualidad en una reunión o así lo pensaba yo, ya que no fue sino hasta tiempo después que me entere que ella no ha fallado a ninguno de mis estrenos, incluso en varias ciudades en las que hemos estado de gira. Les puedo asegurar entonces que entre la Srita Leagan y yo no hay más que un recuerdo del pasado. No sé qué fue lo que la ha motivado a dar incluso entrevistas asegurando el falso compromiso conmigo. Quise extenderle ciertas amabilidades a una admiradora que además resultaba conocida, eso es todo.
Por lo visto estas gentilezas fueron mal interpretadas. Así que lo pensare dos veces la próxima vez. – Esto último lo dijo con un evidente tono de burla. – Sin más para compartirles por el momento cedo la palabra al Señor Hathaway para que les comunique la próxima obra a interpretar por la compañía Stratford. – La lluvia de preguntas por parte de los reporteros no se hizo esperar.
– ¿Qué hay de los rumores con la señorita Baker? –
– ¿Es verdad que su violencia casi le hace perder un ojo a un compañero reportero?–
– ¿Sr. Graham entonces esta Ud. diciendo que todo ha sido debido a los inventos y desvaríos de una admiradora que se obsesionó? –
–Se equivoca Srita. Sherman eso lo está diciendo Ud. Nosotros como intérpretes histriónicos tenemos el deber de provocar sentimientos profundos en nuestra audiencia. Lo que nuestras admiradoras hagan con su imaginación simplemente no es cosa nuestra. – Había intervenido Hathaway, con el firme propósito de dar por zanjado el tema.
Todos los presentes soltaron una sonora carcajada. Así pues Elisa Leagan había quedado como el hazme reir de aquella tarde y lo seguiría siendo durante varios meses más.
–Ahora retomando el principal motivo de esta rueda de prensa, les anuncio que estrenaremos la obra "Antonio y Cleopatra" por William Shakespeare como ya es tradición. Asi que tendremos el placer de llevarlos a tierras lejanas. Terrius Graham en el papel de Marco Antonio y nuestra primera actriz Karen Klaiss en el papel de la bella Cleopatra. Yo interpretare a Cesar Augustus. –
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Hasta aquí por lo pronto.
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¡Nos seguimos leyendo!
Elby8a ;-)
