Ch. 25. Pasión Pecaminosa

Después de su entrega, Terry y Candy empezaron a relajarse, a convivir más. Se dieron la oportunidad de disfrutar su mutua compañía explorando diferentes maneras de reconocerse. Al fin el actor se permitió salir de su prolongado auto encierro. El contacto con la naturaleza aunado al amor de Candy estaba obrando milagros en su recuperación.

El aroma a hierba fresca inundaba sus fosas nasales, la calidez de los rayos del sol bañaban lentamente su rostro con sutileza, las flores bailaban a su alrededor al ritmo de la suave brisa que combinada con la frescura del lago llegaba inundando sus sentidos con la energía de renovación que el ambiente le transmitía. El canto de los pájaros alegraba su alma haciéndolo valorar las cosas simples de la vida, algo que hacía mucho tiempo que no tomaba en cuenta.

El contacto con la naturaleza siempre lograba acallar su inquieta mente y calmaba su atribulado corazón. De no haber sido por los jardines que rodeaban el castillo ducal jamás hubiera podido sobrevivir a su niñez. Eso y el montar a Teodora ¡Ah! esa yegua de espíritu impetuoso que reflejaba el propio, era lo único que realmente extrañaba de Inglaterra. Habría podido jurar que Teodora era el único ser vivo capaz de entenderlo. Eso hasta que conoció a cierto Tarzán Pecoso.

De pronto su gesto divertido se transformó en un ceño fruncido. Había tomado decisiones importantes en su vida pensando que era por el bienestar de Candy, y aunque la amaba, ahora que reflexionaba al respecto caía en la cuenta que en realidad esas decisiones las había tomado porque era lo que su corazón le dictaba que era lo mejor para él, para seguir su destino. Seguramente más tarde que temprano habría terminado por abandonar Inglaterra para dejar atrás aquél infierno de vida que ahí había llevado. Sintió que algo se interponía entre él y los últimos rayos del sol, abrió los ojos y se topó con un rostro pecoso que lo observaba con dos esmeraldas llenas de consternación.

– ¿Qué pasa Terry, sigues preocupado por tu sueño? – El sueño lo había perturbado en más de una manera y por diferentes motivos. Había removido asuntos que creía olvidados. La valentía demostrada por su Pecosa, el hecho de que siguiera ahí con él, creyendo en él, al pie del cañón, sin darse por vencida era una total muestra de su amor. La fortaleza demostrada por ella durante su entrega le había dado el aliento para querer ser mejor cada día, para superar los obstáculos que por miedo y malos entendidos él mismo se había fabricado. Cayó en su propia trampa. La vieja herida del abandono y los celos lo habían hecho su prisionero y estuvieron a punto de quebrarlo. Apenas ahora gracias a Candy y a su madre era que veía la magnitud de su idiotez, apenas superada por su necedad. Si estaba en sus manos jamás permitiría que sus amores volvieran a sufrir por su insensatez, pero Richard Duque De Grandchester, ese era otro caso.

–La verdad, por más que quiero sacarlo de mi mente no he podido, el duque.. –

–Tu padre– Le corrigió Candy con su mirada de reprimenda, sentándose junto a él en la hierba.

–Richard –

Recalcó dejando claro que no cedería ante la imposición –Me habló de una manera que.. No lo sé, me estaré volviendo loco. – Sonrió melancólico y un dejo de tristeza asomó en sus bellos ojos, – A decir verdad me causa cierta gracia el que al fin lo haya sentido hablarme como un verdadero padre, o al menos esa es la sensación que me dejó, y por supuesto sólo podría haber sido en un sueño. – Soltó un profundo suspiro cargado de aflicción antes de continuar.

–Sé que jamás saldrían de su boca esas palabras hacia mí, y por si fuera poco hay algo que por más que intento, no logro recordar– Entrecerró los ojos mientras posaba su índice y pulgar sobre su labio inferior y su barbilla respectivamente en ademán pensativo. No soportaba la idea de no acordarse de algo que le parecía importante, aunque se tratara de una situación que había sucedido tan solo en su imaginación.

–Tal vez si me lo cuentas, te sentirás mejor–

–Si no te importa prefiero no pensar en la última vez que vi al duque– la incertidumbre del encuentro onírico con su padre le crispaba los nervios. La vulnerabilidad era un concepto que hasta entonces jamás habría asociado a su progenitor.

–Terry, ¿Por qué dices eso? – preguntó intuyendo que había mucho más de lo que le dejaba ver.

Su recuperación y la renovada relación con Candy era en lo que en realidad se quería enfocar, eso y su regreso al teatro, no tenía tiempo ni ganas para ocuparse de alguien que jamás se había interesado por estar presente en su vida. Su Pecosa lo había visto en su momento más bajo y todavía no estaba preparado para encarar esa situación con ella. Tenía mucho que hacer para resarcir su relación con la hermosa rubia frente a él y sabía justo por dónde empezar. De nueva cuenta la sensación de no merecer siquiera estar en su presencia rondaba su mente, que trataba de contradecir a su corazón. Tomó una fuerte y profunda respiración como lo hacía para sacudir los nervios antes de salir a escena y luego exhaló consciente de que las esmeraldas lo observaban detenidamente.

–Apenas puedo creer que lo haya olvidado– poniéndose de pie se llevó una mano a la frente con aire apesadumbrado y un cierto brillo en los ojos.

– ¿Qué, de qué hablas Terry? ¿Qué fue lo que olvidaste? –

–De lo entrometida Mona Pecas que es mi prometida– Volteo a verla con la versión de su retorcida sonrisa que solo guardaba para ella, dándole un toquecito con su índice en su naricilla. – Entrometida y curiosa pecosa–

–Mocoso engreído, como me dices así, además soy tu prometida, mona pecas para que lo sepas– le corrigió – ¿Prometida, has dicho prometida? – la franca carcajada por parte de Terry no se hizo esperar ante la cara de perplejidad de su amada despistada.

– Por supuesto, aunque para mí ya eres mi mujer, eso si tú lo aceptas claro está– y aunque se le ocurrían mil y un maneras de incordiarla haciéndole saber que ya le había otorgado su consentimiento de una deliciosa manera, sabía que no era el momento, tal vez después, hizo una nota mental de retomar el tema en otra ocasión. La mirada de intenso cobalto que le dirigió era de completa adoración. Quería que le quedara muy claro lo que estaba por decirle y no se perdería detalle alguno de su reacción.

–Candy nos amamos y nos hemos entregado, pero no quiero que dudes por ningún momento que no honraré la promesa que con nuestros cuerpos hemos sellado– dicho esto se hincó ante ella tomándola por ambas manos antes de continuar.

– Amo tus silencios que se comunican con los míos, amo la manera en la que se te arruga la naricilla y tus danzarinas pecas me saludan con alegría, amo incordiarte al igual que amo besarte, amo fundirme en ti y amanecer con tu aroma sobre mi piel, amo tu luz que abraza mi oscuridad. ¡Te amo Candice White!

Quiero que seas formalmente mi esposa, ¿Me concederías el honor?

–Terry exclamó con alegría.

– Sí Terry yo quiero ser tu esposa– el brillo de las lágrimas que se asomaban en sus esmeraldas le reiteraba de nueva cuenta que el sentimiento era mutuo y genuino.

–Ya lo eres Candice, siempre has sido, mi amada esposa– le dijo tomándola de la mano izquierda y besándola primero en el dedo anular en silenciosa promesa, después habiendo quedado a la misma altura la atrajo hacia él para besarla ahora en los labios, derritiéndola dulcemente con el fuego lento proveniente de su corazón reflejado en sus cobaltos.

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–¿Qué hace aquí? –

–He venido a verte–

–¡Ja! su señoría ahora es que lo hace. ¿Ha venido a decirme "Te lo dije"? ¿A reiterar qué sabía que fracasaría y a reclamarme que he caído demasiado bajo, que soy indigno del apellido Grandchester? –

–No, no vine a eso–

–Ah ya sé, a decirme que me ha desheredado. Hay su señoría, por si no lo sabe eso hace mucho tiempo que dejó de importarme. –Dijo dándole la espalda dispuesto a largarse de ahí. La experiencia recién intercambiada con Candy era demasiado sublime como para echarla a perder con el recuerdo del duque.

–He venido a pedirte perdón– su tono era serio pero sonaba honesto.

–¿A qué se refiere? ¿A caso la edad lo ha vuelto sensible? – El corazón de Terry empezó a latir aceleradamente. Estaba consciente de que se trataba de un sueño, ya que estaba seguro que bajo ninguna otra circunstancia escucharía al duque dirigirle esas palabras. Se dio la vuelta lentamente para encarar a su padre, a decir verdad se veía desencajado, arrepentido, un pelín menos duque.

–No sabía, jamás imaginé que ella te hiciera esas cosas. – En los ojos del hombre frente a él podía percibir arrepentimiento, dolor y acaso era amor esa energía que se infiltraba con las lágrimas apenas contenidas en los ojos de Richard Duque De Grandchester.

A Terry se le heló la sangre ¿Entonces ya lo sabía? nunca pensó que la mujer se atreviera a decírselo sobre todo por las posibles repercusiones que esto le ocasionaría. Nunca pensó que sería en un sueño, pero estaba dispuesto a tomar la oportunidad que se le daba para dejar caer la careta de una vez por todas.

–¡Ah! ya entiendo, ha venido a meter el dedo en la llaga. Ha descubierto una nueva manera en la que cual me puede repudiar aún más y a averiguar que tanto daño fue causado al noble apellido Grandchester. Seguramente encontrará alguna extraña manera en la que yo resulte culpable de todo. –

– ¡Por supuesto que no Terruce, jamás te ceería responsable de algo así! Yo esperaba que –

– Qué esperaba que hiciera esa mujer que me odiaba ¿A caso creía que me metía en la cama y me leía cuentos para dormir? Tú le diste carta libre conmigo, no tenía a nadie que le pusiera un alto, a nadie excepto a mí, le doy las gracias padre pues una vez que dejé de esperar por intervención divina, aprendí a defenderme solo. – Listo, ya podía largarse por donde vino.

–Terruce, yo.. ¿Por qué nunca me dijiste? –

– ¿De verdad me preguntas el motivo por el que no te conté los avances de tu esposa? –

– Yo sé que no estuve ahí para ti como debí haber estado, pero jamás podría haber imaginado que se atreviera a tanto–

–Tal vez si la hubieras "atendido" como es debido– La mirada de Richard se endureció hasta volverse de piedra ante las insolentes palabras de su hijo – Ahí está, ese es el duque que yo conozco, el de la mirada fría cargada de silencioso reproche que siempre va dirigida hacia mí– Richard cerró los ojos exhalando profundamente, tenía un motivo importante para estar ahí, no debía ni quería antagonizar, de eso estaba seguro.

–Tienes razón, no sé qué más decirte. No tengo perdón– hizo el intento de acercarse estirando su brazo para tocar el hombro de Terry, pero este se alejó evitando el contacto con desprecio. Esa actitud en su padre de entre todas las personas lo sorprendía y lo exasperaba a partes iguales.

– No tienes derecho a venir así, a comportarte tan sensato, aparentemente arrepentido, a darme la razón de todo y encima ¿Me cuestionas al respecto? No te permitiré que expíes tus culpas tan facilmente ¿De verdad quieres hablar? Entonces yo soy quien te tiene algunas preguntas– Este era su maldito sueño, así que ahora diría todo lo que traía cargando sin importar las consecuencias.

– ¿Para qué me llevaste contigo si igual me ibas a dejar a la deriva? ¿Por qué lo hiciste?, ¿Por qué preferiste dejarme a su merced? ¿Tan insoportable era para ti mi presencia, mi sola existencia? – Ahora sabía que todo era producto de su muy vívida imaginación, ya que esa plática jamás habría podido suceder en la vida real. El veneno que sentía salía de su boca y le sabía a ajenjo, más no podía ni quería a estas alturas detenerlo, llevaba ya demasiado tiempo cargándolo como para seguirlo guardando. Apretó los dientes y se abrazó a sí mismo, como conteniéndose para no desmoronarse, no ante él. Pero si ya se había decidido tendría que decirlo todo de una maldita vez. Tenía que vaciarse como le había dicho Eleonor. Cada fibra de su ser le aconsejaba lo contrario, pero añoraba deshacerse de ese alambre de púas que sentía que se apretaba cada vez más contra su carne.

–¿Sabes que es lo más gracioso de todo esto? Que me dueles. No sé porque me duele tanto tu abandono ¿Por qué te quiero cerca y por qué añoro tu protección? Desearía que me abrazaras y me dijeras que me amas, que me admiras, que me valoras como tu hijo. Ansío saber que en verdad te preocupas por mí y no por tu estúpido apellido. ¿Por qué siento que tienes sustitutos míos? ¿Por qué siendo el primero me siento el último, el relegado, el alejado por tu sol? ¿Por qué me dueles tan endemoniadamente profundo? ¿Porque siempre que pienso en ti pienso en mi como un niño pequeño que extiende sus brazos para ser cargado y tan solo se queda esperando? Siento que tengo mucho amor para dar dentro de mí. Siento que estoy desesperado por que alguien me vea, que me escuche llorar y venga por mí a abrazarme. No me malentiendas, me ha costado trabajo aprenderlo, pero ahora Sé que si estoy solo estaré bien, sé que solo puedo salir adelante, pero también sé que se sentiría muy bien que alguien sin tu pedirlo te de un abrazo que te llegue al alma.

Quisiera que no me importara. Te vas a morir un día y yo no quiero quedarme con este dolor. ¿A quién se lo doy? ¿A quién se lo vomito? Ese abandono tuyo me quema, me arde, me supura, me deja sin aliento. ¡Me deja exhausto! – Terry no sabía si lloraba por el desahogo o por la añoranza que tenía de que aquel intercambio fuera real y el hielo inicial de su mirada se fue derritiendo hasta transformarse en lágrimas que limpiaban su alma.

Richard por su parte sentía que el peso de sus errores, de esa existencia le caía encima con aplastante agobio. El reflejo del espejo frente a él de devolvía una imagen implacable de sus faltas. Reconocía haber cometido errores que él antes le había reclamado a su propio padre. Le habían advertido que sería difícil y doloroso. Toda su vida había evitado estar en esa situación, y ahora ahí estaba y no podía negarse a dar una respuesta sincera, la única que era verdadera.

–Verte a ti era verla a ella, sentía que era la manera en la que la vida me restregaba la estupidez que había cometido y no lo soportaba. – Se quedaron en silencio unos segundos que sabían a eternidad. Ahí estaba el verdadero motivo tras el abandono de su padre, si tan solo fuera cierto, le regresaría algo de esperanza para ellos en el futuro. Todo lo dicho se sentía auténtico.

–Yo sé lo que se siente perder al amor de tu vida y lo que provoca el no hablar claro de tus sentimientos y aunque por ahora piensas que te estas imaginando todo esto hijo, yo sé que en su momento lo entenderás. Te amo y te pido perdón por no haber sabido demostrártelo a tiempo –

"No Pecosa, todavía no estoy listo para compartir esto contigo"

Pensaba el actor recordando su perturbador sueño al tiempo que le daba una calada a su cigarrillo.

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Ante la negativa de los galenos de un diagnóstico positivo para su sobrino, Albert recordó ciertos procedimientos que observo muchas veces llevar acabo en sus viajes por la India. Estas prácticas las realizaban doctores expertos en la materia ayurveda. Injerto de piel, lo hacían con herbolaria y bajo preceptos muy antiguos, ahora se animaban a ponerlos a prueba en pro del bienestar de Stear.

Desde que se enterara de la noticia había corrido lo más pronto que pudo para poder estar a su lado. Agradecía que Albert, el señor Andrey se había preocupado de mandarla llamar y poner a su disposición un vehículo. Mil cosas pasaban por la mente de la violinista, todas esas interpretaciones dedicadas a él en cada uno de los conciertos, cada lágrima derramada cargada de arrepentido por anteponer el estúpido decoro a las sutiles pero evidentes muestras de amor y deseo por parte de Stear.

La suave caricia del masculino pulgar recorrerle los nudillos. Su primer beso como resultado de aquella vez después de que volara el avión de Terry, en el colegio de verano tras creerlo lastimado en su aterrizaje forzoso, como si hubiera sido un mal presagio. Ahora todo se resumía a esperar que el tratamiento que recibía pudiese obrar el esperado milagro para salvarle la pierna y ella no planeaba despegarse de su lado, no ahora que regresaba a su vida, es decir, de una manera física, ya que nunca abandonó su corazón.

La muerte lo rodeaba, pero ya estaba acostumbrado a eso, un insoportable ardor le escocía la pierna y la mitad del pecho, percibía el olor a carne quemada que en esta ocasión se mezclaba con esencias florales. Los alaridos de dolor a veces provenientes de afuera, últimamente provenientes de su garganta, pero todo era borrado con el recuerdo del lago, ¿Escocia, o acaso era Lakewood? En realidad era lo que menos importaba, una pequeña balsa en el lago que contenía su más preciado recuerdo y su mayor anhelo.

–Patty, Patty–

–Aquí estoy Stear, tranquilo, ya estas a salvo–

– ¿De verdad estas aquí? ¿No es un sueño? –

–No, yo también pensaba que solo en sueños nos podríamos reunir de nuevo, pero ahora sé que no es así, Gracias a Dios que no es así– Lágrimas de felicidad desbordaban por sus ojos mientras tomaba la mano del amor que creía perdido para siempre.

– Patty, perdón, perdóname– dijo tratando de incorporarse.

– No Stear, no te muevas te puedes hacer daño– le dijo tratando de tranquilizarlo, ya que ambas heridas -la parte donante del pecho y la recipiente de la pierna- estaban muy recientes y requerían cuidados extremos.

– Necesito decirte – sentía que le debía una explicación del por qué había actuado de la manera en la que lo había hecho y dadas sus experiencias recientes, no sabía si volvería a tener tiempo de hacerlo –Perdóname por no haberme despedido de ti, pero no podía, no habría podido irme si te veía a la cara y eso era importante para mí, pensaba que si no era capaz de seguir mis convicciones no sería un hombre digno de ti, era algo que debía hacer–

–Lo sé Stear, lo sé y lo entiendo, créeme me ha costado mucho trabajo el hacerlo, pero también he aprendido otras cosas, estoy cansada de las apariencias de la sociedad y del "buen" comportamiento. Siempre has sido tú, y ya no quiero esperar más.– Diciendo esto cerró los ojos tomando fuerzas del aire que entraba a sus pulmones y lo besó. El sorprendido inventor se deleitó en los tiernos labios humedecidos por las lágrimas mientras el tan anhelado aroma a vainilla surtía su efecto terapéutico, no, esta ocasión no era tranquilizador, sino todo lo contrario, la osadía de la chica frente a él, su Patty cuyo recuerdo le había ayudado a salvaguardar la cordura en incontables ocasiones le hizo explotar los sentidos, de pronto el aroma no fue suficiente, necesitaba probarla. La inquieta lengua invadió la femenina boca acariciando y degustando por primera vez esa delicia de vainilla. Las aceleradas respiraciones acompañaban los frenéticos latidos de los presentes. La castaña se ruborizaba esbozando una sonrisa que iluminaba su rostro, ese sí que había sido un verdadero primer beso.

–Patty sí que estas aquí–

–Así es Stear, ¿Por qué lo sigues dudando? –

–Porque he tenido sueños que se sentían muy reales, aunque sabía que solo eran imágenes en mi mente. Soñaba mucho contigo– le dijo acariciando tiernamente su mejilla– También con Anthony, con Archie y hasta con Albert el amigo de Candy del zoológico ¿Lo recuerdas? – Confesó rascándose la cabeza algo extrañado ante la elección que su mente había hecho al soñar con ese personaje en particular.

– Pero esos sueños con Archie uniformado, en la guerra, son los que más me atormentan. ¿Dónde está mi hermano? Quiero verlo – Patty abrió mucho sus ojos se había quedado sin palabras.

Había habido complicaciones, Stear era un herido de guerra por lo tanto su regreso a casa no había sido mayor problema, pero en el caso de Archie akka Sgto. Marshall, había sido diferente ya que al estarse cerrando las batallas en todos los frentes, se requería de todos los soldados disponibles y el más joven de los Cornwell encajaba en el grupo de estos últimos.

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"No la pierdas, ábrele tu corazón, no la dejes ir de tu lado, debes protegerla"

– ¡Candy! Otra vez –

Se sentó en su cama sudoroso por el sueño o más bien advertencia que por segunda ocasión recibía del duque. Salió de su encierro, la lluvia caía despreocupadamente por su cara, no lograba sacudirse la incertidumbre de ese extraño despertar y ese aún más extraño mensaje de su padre.

– ¿Protegerla? A qué te refieres Duque De Grandchester, si es lo único que he querido hacer desde siempre. – Frotó sus adoloridas sienes con sus dedos, pero no lograba calmarse, tenía que salir de ahí.

La ligera lluvia primaveral dio paso a un torrente que empapaba por completo su pijama haciendo que su camisa se le pegara completamente al pecho que se le marcaba aún más con el subir y bajar de su precipitada respiración.

La conexión que habían tenido desde siempre se había incrementado desde que intimaron. Candy lo vio salir de la clínica hacia la oscuridad de la noche de luna nueva y no se lo pensó dos veces para darle alcance. Los dos rebeldes empapados se observaban a corta distancia, sin decir palabras fueron atraídos el uno por el otro cual imanes de polos opuestos.

La única certeza que tenían era que querían estar unidos por siempre, como siempre, desde el principio, desde el inicio de los tiempos.

Ahí estaba ella, su bálsamo, era lo único que lograba saciarlo, calmarlo. Sus amalgamados cuerpos se comunicaban con suspiros con gemidos y mordidas, se transmitían su calor mientras se estrujaban, lo primero que salió fue una camisa de botones, después las pantaletas mientras los pezones endurecidos eran succionados a través de la tela del camisón. Candy sintió como era elevada por los fuertes brazos mientras Terry apretaba sus nalgas. El camisón que se arrancaba como segunda piel se elevaba por encima de la cabeza de rulos escurridos.

Ella se le colgó del labio inferior con sus dientes deleitándose en el sabor de la rebelde boca de su amado que le exigía le diera más, siempre más, deliciosamente posesivo. Tras cada mordida la veía a los ojos demandando codiciosamente cada parte de su cuerpo.

*Sinful Passion*

"Apareciste de repente como un sueño de luna. Si tan solo supieras que lo único que anhelo es a ti y a nadie más. La lluvia cae interminablemente muchas noches sin dormir. Solamente tú calientas mi frío corazón, como la luz del sol en primavera.

Dame, dame una llama que arda lentamente en este clima brumoso.

Dame, dame esa llama que arde lentamente de pasión día y noche.

La noche cierra sus párpados en el silencio, sonidos, manos y rostros olvidados. Mi única necesidad eres tú.

Hechizado por ti, beberé la poción hasta el fondo. Solo tú puedes traerme de vuelta a este mundo desde el abismo. Solo tú y nadie más.

Dame, dame una llama que arda lentamente en este clima brumoso."

"Apenas recuerdo la última vez que me sentí como yo mismo, no sé en qué momento fue que me perdí, que perdí mis ganas de ser libre, de reclamarle a la vida mi lugar en este mundo. No es verdad, claro que lo sé, se justamente cuando decidí abandonar mis ganas de seguir adelante, fue cuando la creí perdida a ella, a mi intrépida pecosa.

Nunca imaginé ser capaz de amar a alguien así, ¡oh! Pero, es que no se trata de cualquiera, se trata del amor de mi vida, mi Candy, en sus brazos recordé mi fuerza, en sus besos encontré mi esencia y en su mirada vi al hombre que quiero llegar a ser porque siempre fue lo que busqué desde joven.

Candy quiero borrar con mis besos cada mal pensamiento hacia ti, cada estupidez cometida por creerte perdida y agradecerte amor mío por tu fe en mí. Cada orgasmo tuyo me sabe a gloria, a la gloria de tu perdón, mis caricias sobre tu piel son mi anhelada redención, tus jadeos serán las plegarias que deseo elevar al cielo por haberte traído de vuelta hacia mí. Adoro besar tu espalda y sentir mi cuerpo desnudo recorrer el tuyo. Amo tus cóncavos que complementan mis convexos. El aroma que despide tu piel es mi fragancia preferida y el elixir que brota de tus entrañas es lo único con lo que me quiero intoxicar de ahora en adelante. Si esto es el cielo o el infierno no lo sé, tan solo sé que quiero estar así por siempre contigo."

Las yemas de los dedos despertaban los sensibles poros a su paso. Terry se deleitaba al ver los finos vellos erizarse ante su tacto. Suavidad, calidez y feromonas se confabulaban para completar una peculiar receta que exaltaba los sentidos de los amantes en su intercambio apasionado, una nueva manera de comunicarse que involucraba un lenguaje hasta antes desconocido para ambos.

Candy solo sentía, gozaba, todo... Aliento, ondas sonoras graves que embelesaban los canales auditivos reverberando en toda su anatomía con una sola palabra proveniente de él...

"Amor" "Candy mi amor"

Eso era lo que ella había estado deseando toda su vida, el saberse y sentirse amada por ese hombre que representaba la máxima expresión de su hogar, su lugar, su guarida donde podía ser ella misma sin temor a equivocarse porque al igual que ella, él, su rebelde, la amaba tal y como era.

La diosa de la luna palidecía ante la alabastrina belleza de la desnudez de su pecosa, mientras él trazaba con su lengua constelaciones recién descubiertas con las incitantes manchitas de su anatomía.

La carne firme deslizándose en la húmeda sedosidad que le daba la bienvenida saboreando, anticipando, disfrutando cada nueva embestida lenta y profunda para después incrementar en ritmo e intensidad. Él empujaba restregándose con deliciosa desesperación llenando por completo la suavidad envolvente, más no como invasión, sino como un persuasivo diálogo con el que se le daba total libertad de acceso.

Iba cada vez más adentro más íntimo, fusión de pieles, cuerpos y almas. Las luciérnagas eran mudos testigos de los gemidos arrancados por los éxtasis alcanzados inundando la noche que se mezclaba del aroma a tierra mojada junto con otros más embriagantes, seductores, voluptuosos.

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Tocar, acariciar, palpar, sentir, estrujar, cuando estas con la persona indicada es lo único que quisieras hacer. Esto era un sentimiento, una realidad que Eleonor ya había experimentado antes, con un hombre y era algo que jamás pensó que volvería a sentir con alguien más pero la vida le había puesto enfrente esa oportunidad y aunque al principio se había resistido aferrándose a la cordura con uñas y dientes después había terminado por sucumbir ante los encantos de William Albert Andrey.

Había abierto las cortinas con la esperanza de serenarse con la luna, pero esa noche estaba oscura, las nubes anunciaban lluvia, de esa que empezaba de a poquito, gotas ligeras, espaciadas pero escurridizas que si te confiabas podrían empaparte hasta el alma provocando un torrente en el corazón que amenazaba con ahogarte hasta morir.

Ya debería saber que como todas las personas en su vida, también él sería pasajero, pero se dejó llevar como una chiquilla estúpida por el corazón y ahora había sido ella quien había decidido dar por terminado ese hermoso sueño que había representado su amorío con Albert. Seamos honestas Eleonor, ¿Qué te deparaba el futuro con William? ¿Había siquiera tal cosa como un futuro con él? Qué más daba, ya no importaba, por más que le doliera William había quedado en el pasado.

Tenía mucho de que ocuparse por el momento. Aunque sabía que no volvería a amar de nuevo. No como mujer, esa puerta se había cerrado para ella, esta vez para siempre pues consideraba que hay un límite para las veces en que una mujer se debe permitir abrir su corazón, en especial si estaba más que demostrado que su destino era quedarse sola.

**"I´ll Never Love Again", canción interpretada por Lady Gaga**

Cerro la cortina de su alcoba, no necesitaba ver más para saber que la relación entre su hijo y Candy iba viento en popa. Sonrió, le daba gusto saber que esos dos al fin se estaban dando la oportunidad de ser uno la prioridad del otro.

Había sido desgarrador ver a Terry en el estado en el que se encontraba, y escuchar de su boca confesar la profunda desolación que lo invadía, pero al ver los resultados de la plática largamente pospuesta entre madre e hijo, no podía sino recriminarse el no haberlo hecho antes, mucho tiempo antes.

**Flashback**

–No sé qué es lo que haces aquí y no tengo por qué explicarte el que no quiera ver a Candy– Le decía sin voltear a verla, desde su lugar de preferencia, recargado en la esquina del cuarto vacío bajo la pequeña ventana que de vez en vez le llevaba un suave olor a rosas. Las volutas del cigarrillo se juntaban alrededor de su cabeza formando una espesa nube grisácea como reflejo del caos mental que experimentaba.

–Todo lo que ha sucedido ha sido por no hablar así que te guste o no ¡Me vas a escuchar! – dijo plantándose ante él haciéndole saber que esta vez no se detendría hasta que escuchara todo lo que había ido a decirle.

–Candy no tuvo y jamás ha tenido relación amorosa con William– Terry dejo salir una exhalación pero permaneció impasible ante la información revelada.

–No me interesa– dejó caer el cigarrillo al suelo y lo apagó con su pie, se agachó a recoger la colilla y se sentó en el colchón que estaba en el suelo. – Ellos son libres de hacer lo que se les venga en gana al igual que yo– dijo lanzando la colilla por la ventana siguiéndola con la mirada. –Si eso era todo lo que tenías que decirme ya puedes dejar.. –

–Que te calles te digo, escúchame la que tiene una relación con William Andrey ¡Soy yo! – le dijo con voz firme aparentando una calma que en realidad no poseía, de algo tenía que servirle ser la mejor actriz consagrada de Broadway.

–¿De qué diablos estás hablando? – Volteo lentamente su cabeza para verla a los ojos. Ahora sí que tenía su atención.

–Él es el hombre con el que estaba cuando me fuiste a buscar y si él no te lo dijo antes fue porque yo se lo pedí, quería ser yo quien te lo dijera. Candy solo tiene lugar para un hombre en su corazón y por si no te has dado cuenta ese hombre eres tú– Eleonor se preparó para lo que sabía sería el contragolpe del fuego acumulado dentro de su hijo.

La furia se apoderó de él una vez más. El fuego de la rabia que ardía en su pecho lo impulsó a ponerse de pie amenazadoramente lento. Los ojos eran flamas azules que consumían la poca cordura como si de oxígeno se tratara haciendo más intensa la combustión

– ¿Pero qué estás diciendo? Así que el muy cobarde se escudó detrás de tus faldas para que no le partiera la cara– las aceleradas zancadas con las que se paseaba por la habitación amenazaban con dejar un surco en el piso.

La intensidad del huracán en los ojos de Terry iba en aumento, Eleonor conocía a su hijo y sabía que debía de ser tajante y muy clara.

–Por favor Terry en el estado en el que te encontrabas solo habrías provocado que William te lastimara. Quiero que entiendas algo, eres mi hijo, te amo y..–

–Sí por supuesto Eleonor, ya he tenido múltiples muestras de tu amor maternal– Sus manos se paseaban incesantemente por su rostro tratando de arrancarse la cara de imbécil que Albert le había estado viendo todo ese tiempo.

–¡Pero ese hijo de puta me las va a pagar! ¿Qué no hay más mujeres en el mundo para el poderoso señor Andrey? a la fuerza ha de meterse con las que me rodean, por todos los cielos si eso es lo que quería desde un principio se podría haber quedado con Susana en lo que a mí respecta se merecen el uno al otro. – Aventó la charola con comida que su madre le había llevado y que no había tocado hasta ese momento.

–Terrence Graham Grandchester Baker te sientas y te callas. Lo mío con William se acabó, que te quede claro que jamás te pediré permiso para tomar decisiones en lo que a mi vida amorosa respecta, pero ahora veo que cometí un grave error al no obligarte a escucharme. Todos estos malos entendidos nos los pudimos haber ahorrado si tan solo nos hubiéramos dado el tiempo de escucharnos. Te amo, Terry no quiero perderte, ya mucho tiempo hemos estado separados.

He cometido muchísimos errores y probablemente seguiré cometiendo otros más, pero te quiero en mi vida. Este tiempo con todos esos rumores en los tabloides he querido gritar a los cuatro vientos que eres mi hijo y que estoy orgullosa de ti, de tus logros y lo único que me ha detenido de hacerlo eres tú, el respeto que me pediste para con tu carrera y lo entiendo pero ya no estoy dispuesta a continuar como hasta ahora. No te tengo miedo, soy tu madre y en este momento estoy para ti, para apoyarte y ayudarte en tu recuperación y no me importa lo que digas ni lo que hagas, aquí me quedaré. Si al regresar al mundo real decides que no me quieres dirigir la palabra pues que así sea pero de igual manera te seguiré amando hijo. –

– ¿Ahora es que vienes a dártelas de mi madre Eleonor?, ¿No será que lo que buscabas en Andrey era un hijo y no un amante? Puedo ver que esta vez no te importó el qué dirán al que tanta relevancia le diste cuando te busqué. Es bueno saber el tipo de gente a la que encuentras digna de tu amor y tu protección. – Esto último fue dicho con toda la saña de la que fue capaz, dando un certero golpe en su objetivo.

–¿Hasta cuándo Terry? – El rostro de Eleonor se transformó al reconocer el mordaz rencor que ya antes había visto carcomer a otro Grandchester.

– ¿Hasta cuándo es que seguirás atrapado en el rencor para conmigo y con tu padre? Sé que amas a Candy aunque ahorita seas demasiado necio para reconocerlo.

Debes vaciarte si quieres amar de verdad. No cometas los errores de tu padre, él también estaba lleno de rencor hacia tu abuelo. Jamás me dejó entrar de lleno a su corazón. Me ocultaba cosas, no compartía sus problemas conmigo para no preocuparme, pero me afectaba más el sentirlo cada vez más lejos de mí, de nosotros. Lo amaba, y él a mí, pero no tuvo la suficiente confianza en que juntos habríamos podido superar los obstáculos que se nos presentaban y ante eso no había nada que yo pudiera hacer. Simplemente no tenía fe en nosotros. – Al decir esas palabras se daba cuenta que era lo mismo que ella había estado haciendo en su relación con William. Había tocado el punto más vulnerable. Se perdió un momento en sus pensamientos. Por una fracción de segundo se fue a encontrar con el morador de la parte más íntima de su corazón. Esa donde se encuentran los secretos anhelos de toda mujer.

Terry por su parte reconocía en su madre la mirada de añoranza por el amor perdido. Él era un experto en la materia, le pareció estarse viendo en un espejo y no se equivocaba pues ¿Qué mejores espejos maestros que nuestros padres?

– ¿En verdad lo amas cierto? –

Eleonor regresó de golpe a la realidad y asintió en silencio. Algo se rompió dentro de él, eran los diques que conformaban la presa que contenía a sus emociones y que al fin se desbordaban.

–¿Por qué no me lo dijiste antes, lo tuyo con Andrey? tal vez lo hubiera comprendido– dijo abatido por la presión que sentía estaba por sobrepasarlo de nuevo.

–Soy tu madre, pero también soy mujer y tengo sentimientos, no sabía cómo decírtelo. El amor no tiene edades yo nunca pensé enamorarme de alguien como él. Es normal tu reacción pero no por eso quiero que te niegues a ver que ahora estás haciéndole daño a quien más quieres– Su madre externaba su mayor miedo.

–Ya lo sabía, que Candy no tenía nada que ver con Albert– admitió derrumbándose en el colchón.

–¿Cuándo te enteraste? ¿Entonces, si ya lo sabes porque no quieres verla? – Habían llegado al punto sin retorno. Era el momento de ver si el lazo que los unía era más fuerte que las caretas de los actores.

–Porque tengo miedo– Ahí estaba a punto de derramar aquello que lo inundaba. – Estuve a punto de.. lastimarla, no confío en mí mismo cuando estoy con ella–Tal vez en cualquier otro momento habría pretendido que no sucedía nada, que todo estaba bien, pero esa máscara había caído desde el momento que quiso desaparecer de este mundo.

–¿Por qué será que justo cuando pienso que todo ha quedado atrás vuelvo a caer de nueva cuenta? – Eleonor se hincó frente a él, extendió su mano y recorrió con sus dedos la mejilla de su unigénito.

–Dímelo hijo, para eso estoy aquí, quiero ayudarte– En realidad fue la caricia, más que las palabras lo que le transmitió a Terry el infinito amor que su madre le tenía. Así era como mejor se comunicaba a través del contacto.

–Es el dolor, otra vez ese maldito dolor del que ya estoy cansado, no quiero sentirlo más, pensaba que Candy me ayudaría, que con su presencia desaparecería, pero no ha sido así. Ahora lo siento con toda la intensidad de la que soy capaz de soportar y después ¿Que se supone que haga? ¿Cómo lo sacudo de mi vida real? ¿Cómo me deshago de este cúmulo de intensos sentimientos que me dañan, que me arrastran, que me envuelven y amenazan con devorarme por completo para succionar hasta la última gota de felicidad vivida o imaginada?

Este dolor que se filtra hasta invadirte, te impregnas de él hasta que te corre por la venas como la sangre, te brota por los poros como el sudor, se vuelve parte inseparable de ti, por eso me lo quise arrancar, – Confesó empuñando la mano derecha mientras con la otra hacía el ademán de una garra sobre su corazón.

Eleonor estaba en lágrimas, extendió sus brazos y cubrió con ellos a Terry en un abrazo largamente esperado– Hijo mío, mi amor, Tú eres lo más precioso que tengo, jamás lo dudes, naciste del amor. Eres amado, perdóname por no haberte aceptado cuando viniste aquel invierno. No sabes cómo me arrepentí de no haberte dicho que te quedaras conmigo. La incertidumbre de no saber lo que te había motivado para acudir a tu madre ausente me acompaño por mucho tiempo. Después entendí muchas cosas, en especial después de haber conocido a esa mujer – Un escalofrío recorrió su espalda de solo recordar su encuentro y las palabras intercambiadas con la Duquesa.

–¿Fuiste a Londres? – Se soltó del maternal abrazo ya que quedó perplejo por la noticia de saber que le importaba lo suficiente como para desafiar el decreto en su contra; Pero enterarse que había cruzado palabras con la cara de cerdo lo perturbaba en demasía.

– Así es, fui a buscarte. Cuando recibi tu carta, al principio decidí darte un espacio, pero cuando tu amigo Cookie me escribió confesando que había sido él quien mandara esa carta desde uno de los puertos como un favor hacia ti, no lo dudé más. Supuse que la corona estaría lo suficientemente ocupada por la guerra como para prestarme atención. Traté de hablar con Richard para que me ayudara a localizarte. Temía que te hubiese ocurrido algo, pero no me fue posible contactarme con él. Observe la casa pero jamás lo vi salir. Me temo que algo le haya pasado a tu padre y que esa mujer haya tenido algo que ver al respecto.

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Repasaba cada detalle en su intoxicada mente reprochándose su monumental estupidez. Había estado a tan solo un paso de obtener su libertad, de tenerlo todo, de tenerla a ella y sus castillos se habían derrumbado.

Para que se derrumben primero tienen que estar construidos imbécil, los tuyos apenas se esfumaron en el aire, como todo lo que siempre has intentado hacer y nunca terminas. Fájate los pantalones y yo te diré cómo hacer para que no te pisoteen otra vez– Lo azuzaba la vocecilla en su cabeza.

La desgastada nota en su mano era la prueba de la estafa de la que había sido objeto. Llevaba tiempo conversando con la ennegrecida bruma que le saturaba los sentidos, era la manifestación de su odio largamente alimentado. Un solo nombre aparecía en su mente, el causante de todas sus penas.

Se había endeudado hasta la risa tratando de recuperarse del fallido reporte de esos bastardos de Wallstreet ¡Ah! cual había sido su sorpresa cuando los buscó por cielo mar y tierra para no encontrarlos. Las mesas de póker no habían sido mejores consejeras.

Leyó por milésima vez la breve misiva que recibió justo después de que el negocio fracasara.

El que la hace la paga inmundicia sin agallas, aléjate de ella o la próxima será la última vez. Toma esto como una amigable advertencia por haber usurpado mi nombre para aprovecharte de ella.

Saludos

El Duque de Montecristo

Ahora lo buscaban sus acreedores y debía refugiarse tras la tía Elroy una vez más.

–Que un rayo me parta antes que rogarle al estúpido de William que me apoye. – El apuesto moreno decía rumiando su odio ahogándose en el bar del hotel.

–Me alegra escucharte decir eso, ¿Ya estás listo para escuchar mi propuesta? – Conocía a la perfección la voz, pero sobretodo el tono y la intención en las palabras de la pelirroja a sus espaldas.

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Hasta aquí por lo pronto mis bellas lectoras

Espero haber compensado con el contenido, mi falta por no actualizar.

¿Quieren un adelantito?

El siguiente capítulo se llama "El Legado Leagan"

¡Nos seguimos leyendo!

;P

*Sinful Passion letra de la canción interpretada por Dimash Kudaibergen*