En Pedazos
Capítulo 2: La persecución
Por: linay
Título Original: Broken Pieces
Traducido por: Kyo
Derechos: No míos.
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Yo no debería sobrevivir a esto.
Mi vida es sólo una excusa fugaz.
Una tendencia pasajera.
Una abominación momentánea..
Kaoru miró la muerte a la cara. Los ojos ámbar de Battousai se trabaron con los tristes ojos azules de Kaoru y el tiempo se detuvo.
El tiempo se detuvo, pero el movimiento no.
Con el grito de un demonio, Battousai bajó su espada en un fluido arco de acero. Los ojos azueles clamados de Kaoru se cerraron de nuevo.
El angustiado grito de Aoshi rompió su comunión de la muerte. Battousai fue empujado hacia adelante con violencia y más allá de Kaoru por un dolido Aoshi – quien de alguna manera se las había arreglado para lanzarse hacia adelante. Aoshi se colpasó de nuevo en un montoncito sangriento en el piso al lado de Kaoru.
"Corre," dijo con dificultad y dolor. "Por favor, corre, Kaoru-san."
Kaoru volvió sus abiertos ojos de su herido guardaespaldas quien estaba en el suelo a su pelirojo asesino, quien se recogía del piso con rapidez. El asesino giró su cabeza de nuevo hacia ellos y Kaoru se sobresaltó por la mirada de pura furia en los ojos ámbar ensombrecidos bajo rojos flecos. Su corazón saltó a su garganta justo cuando decidió que de ninguna manera podía dejar a Aoshi tras ella.
Mientras Battousai se recuperaba para cargar contra Aoshi, Kaoru hizo la única cosa en la que pudo pensar. Saltó a sus pies, agarro bien su asiento y lanzó la silla hacia el asesino con toda la fuerza que pudo.
Battousai sólo tuvo unos meros egundos para reaccionar, por primera vez viéndose sorprendido. ¿Una SILLA se abalanzaba hacia él? Sin otras opciones a la vista, dejó que su espada partiera la silla en dos pedazos. Mientras las dos piezas de la silla chocaban contra los ventanales de vidrio detrás de él, vio que Kaoru arrastraba a un guardaespaldas inconsciente a trevés de las puertas dobles. Furia reemplazó a la sorpresa cuando Battousai vio a su blanco huir de la habitación.
Kaoru actuó en un estado de pánico. Sobresaltandose cuando oyó el vidrio de las ventanas romperse, cerró las puertas dobles con un empujón. Agarrando la macana de uno de los policías muertos cerca de la puerta, lo atravesó por los mangos de las puertas dobles, rezando que dejaran al demonio adentro. Lo escuchpo chocar contra las puertas y dio un salvaje grito de miedo. Sus ojos volaron hacia Aoshi, quien apenas estaba consciente después de haberse lanzado hacia el asesino.
¡Tengo que esconderlo!
Agarró uno de sus brazos y lo pasó por arriba de sus hombros, arrastrando su cuerpo sangrante tan rápido como pudo, sus ojos buscando con desesperació por cualquier escondite. La puerta de un closet atrapó su atención. A traé de la bruma de su estado con adrenalina, pudo escuchar las visagras de las puertas dobles dando paso debido a la frenetica paliza que estaba recibiendo. Casi tirando la puerta del closet de limpieza al abrirlo, empujó dentro el pesado cuerpo de Aoshi – nada gentilemente. Mentalmente, se disculpó por la ruda manera en que lo trataba, pero racionalizó que lo pareciaría a su debido tiempo. Kaoru jaló la primera cosa que remortamente parecía un arma del closet y después, patenado dentro los pies de Aoshi, cerró la puerta apresuradamente. Entonces, sin mirar atrás, corrió por los largos y blancos pasillos.
Battousai miro a las ofensivas puertas, su furia remontándose a cada segundo. Una mera niña se las había arreglado para encerrarlo en el cuerto. Alzando la espada muy arriva de su cabeza, la blandió para abajo con enojo. La espada pasó entre la ranura entre las dos puertas, rápidamente cortando la macana. Había golpeado con tanta fuerza que la punta de la espada se incrustó en el piso de linoleo. Battousai pateó las puertas para que se abrieran a la fuerza y se apresuró hacia el pasillo en tiempo para ver a su presa desaparecer al otro lado de la esquina.
Dio un paso al frente y entonces noto el delgado rastro de sangre que se detenía justo antes de la puerta cerrada del closet. La miró, seguro de que cuerto guardaespladas de cabello oscuro se encontraba inconsciente detrás de esa puerta. Se debatió consigo mismo.
Mátala rápido. Las palabras de su conversación telfónica de antes hizo eco en su mente. Apresurandose por el pasillo, el Battousai decidió perimitirle a la pequeña niña esa pequeña victoria sobre él. Después de todo, había gastado preciosos momentos al esconder al guardaespaldas de él, incluso si había sido un poco mal.
Battousai giró en la esquina y aun no pudo ver a la niña. Una pequeña chispa de sorpresa se registró al realizar cuanta distancia había sido capaz de poner entre ellos los pocos momentos en que había decidido que hacer. Apretó el paso, la espada fuera de la vaina y lista. El corredor terminó de nuevo, la única opción siendo la derecha. Battousai rió para sí; no había manera de que ella se pudiera esconder en este edificio. Dio vuelta en la esquina sin siquiera desacelerar.
Y entonces fue detenido abruptamente por algo empapado y asqueroso que fue apretado contra su cara todo de una vez. Battousai escupió cuando la rancia masa llena de cordones fue apretada más aun en su cara con brusquedad. Entonces, de repente la cosa estaba fuera de su cara. Su agarre se apretó en su propia espada mientras limpiaba la sangre rehidratada y el líquido maloliente de su cara. A través de la olorosa bruma, vio a la niña blndir algo en sus manos y despupes la asquerosa masa lo golpeó en el lado de la cabeza forzosamente otra vez. Battouai fue forzado a retroceder hacia la pared y escuchó la cosa caer al suelo mientras la niña empezaba a correr de neuvo a toda velocidad. Sacudiendo la asquerosa agua de su cabello, se preparó para correr de nuevo, no sin antes ver al suelo.
Casi tropezó.
A sus pies estaba un trapeador mojado. ¿¡Un TRAPEADOR!? Enojo reemplazó su sopresa de nuevo mientras corría tras aquella niña insufrible quien, sólo hace unos momentos, había parecido una mártir lista para aceptar la muerte de sus manos. Gruñó en frustración mientras gradualmente la alcanzaba.
Kaoru jadeaba en pánico mientras escuchaba las ligeras pisadas del asesino volverse más fuertes trás ella. Apresuradamente dio la vuelta en otra esquina y vagamente sintió irritación contra quien fuera que hubiera diseñado el centro médico. Una nueva puerta se presentó ante el campo de visión de Kaoru.
¡Una escalera!
Sin pensar, Kaoru se empujó más allá de las puertas de salida y se dejó correr a través de las escalera. En la distancia, escuchó la penetrante alarma contra incencios sonar como resultado de que ella abriera las puertas de emergencia. Sin que realmente le importara, se concentró en su vuelo por las escalera. Sólo unos cuantos pisos le flataban para estar fuera del edificio. Mentalmente los contaba mientras corría hacía abajo. Cuatro más. Tres más. Dos más.
Entonces, escuchando un sonido seco tras ella, Kaoru sabía que su tiempo se había acabado. Apenas giró la cabeza y sabía que el asesino estaba a sólo unos pasos detrás de ella. El filoso brillo de la navaja atrapó su visión y el pánico ocupó su cuerpo una vez más.
Battousai voló bajo las escaleras con facilidad, mantalemente maldiciendo a la alarma contra incendios. Sabía que su tiempo pronto se acabaría. Sólo unos cuantos escalones más. Levantó su espada horizontalemente, preparándose para destajarla cuando finalmente estiuviera dentro de su campo.
Kapru vio el descanso de los escalones y la puerta de salida. Solo faltaban unas escaleras. La determinación llenó sus músculos mientras saltaba de su escalón en un despesperado intento por separarse cuanto pudiera del brillo terrible de la espada de su asesino. Por un sólo momento, sintió el aire correr a través de su cabello mientras navegaba hacia abajp.
Battousai acuchilló el aire mientras la niña saltaba fuera del alcance de su espada – la navaja sólo pescando unos pocos cabellos. Vio, todavía corriendo escalera abajo, como intentó saltar casi una escalera completa.
Realmente no fue una sorpresa cuando, entonces, vio su pie torcerse contra el descanso de cemento, su rodilla no resistir su peso y su cuerpo caer hacia adelante. Mientras trataba de sentarse y jalar su pierna cerca de sí, él desaceleró su descenso, su agarre en la espada apretandose en anticipación.
Cuando alcanzó el descando, la niña inclinó la cabeza y retrocedió un poco, las lpagrimas corrían por sus mejillas en riachuelos. El asesino trazó la punta de su espada contra el cemento mientras se aproximaba, el sonido causando que un suave gemido escapara a la niña. Satisfecho con que finalmente estaba produciendo las reacciones deseadas de una víctima, levantó la espada y se preparó para mandar un tajo de reversa que cortaría su linda cabeza.
Etonces la niña levantó la cabeza y sus ojos azules penetraron los suyos, las lágrimas todavía corrían en ellos. La mera expresión de sus ojos fue suficiente para qe hubiera una pausa en el arco de la espada de Battousai.
No era miedo lo que veía reflejado en sus vidriosos ojos azules.
No era desesperación.
No era súplica.
Battousai recorrió la lista de emociones aceptables mientras su brazo se tensaba para dar el golpe. Entonces lo reconoció.
Los ojos azules estaban enojados. Estaba viendo al asesino y sus ojos azules estaban ciertamente incendiados con furia callada.
Battousai estaba pasmado.
Entonces las sirenas del camión de bomberos y de seguridad aproximandose lo alertaron de la escacez del tiempo. Se dirigió a Kamiya Kaoru, su brazo levantado arriba de ella. La mirada de absoluta ravia en sus ojos fue suficiente para convencerlo.
Sin rastro de duda, Battousai la golpeó con un golpe vicioso.
Kaoru cayó al suelo como una muñeca sin vida. Un delgado hilo de sangre se abrió pado hasta su cuello. Battousai exhaló ruidosamente mientras limpiaba el exceso de sangre de la brillante navaja en su capa. Entonces volteó la espada y limpió el mango, removiendo la sangre de Kaoru de donde el mango de sus espada había conectado con cráneo. Envainó la espada rápidamente y echó la capa encima, efectivamente escondiendo la larga arma tradicional.
Agachándose, inspeccionó la herida en la base del cráneo de su víctima. Oyendo su superficial respiración lo convenció de que viviria lo suficiente para ser interesante, la levantó del suelo.
Vagamente mencionándose que completaría el homicidio cuando su curiosidad estuviera satisfecha, cargó con su cuerpo irresponsivo sobre su hombro y la llevó hasta la salida a la que ella esperaba llegar sólo hacía unos minutos.
En silencion, Battousai desapareció en los mucho callejones de Kioto, llevando consigo, por primera vez, una carga viva.
Las unidades de seguridad llegaron a la escena del crimen y encontraron solamente masas de hombres muertos y un guardaespaldas inconsciente. Misteriosamente, solo las balas de los guardias fueron encontradas. Sólo la sangre de los guardias pudo ser identificada. Conmosionados, los jueces solo pudieron especular que una larga espada japonesa tradicional había sido el arma usada para inflingir todas las heridas. Confundidos, los detecitves se reirían y cuestionarían la cordura de los jueces pues ya NADIE usaba las espadas para asesinatos. E incluso si trataban, un espadachín jamás podría igualarse a media docena de guardias armados.
Días después, en el hospital, un guardaspaldas despertaría a caras preocupadas sólo para buscar a su cargo desaparaecido. Maldicería silenciosamente y juraría enconrarla a ella y a su atacante.
La mañana siguiente, Kamiya Kaoru despertaría a un par de brillantes ojos ámbar.
Final del capítulo 2, continuará!
