En Pedazos

Capítulo 3: de jaula a jaula

Por: linay

Título Original: Broken Pieces

Traducido por Kyo

Derechos: No míos

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Vuelo de un lugar a otro

Sin significado, sin ancla que me estabilice

Si el significado está perdido,

Somos como pájaros sin rumbo

Moviéndonos de jaula a jaula.

Jamás seré libre.

"¿Quién eres tú?"

Era una simple pregunta. Un pregunta esperada. Y sin embargo, Himura Kenshin fue sorprendido por su directa naturaleza. Se retiró de la niña, sólo habiendola depositado en el sillón de cuero unos momentos antes. Sus ojos azules lo siguieron mientras se retiraba y se enderezaba.

"¿Quién eres tú?" la joven repitó, su voz clara resonando.

Kenshin la miró. No debería haber sido una pregunta anormal. De hecho, la mayoría de la gente la preguntaba a personas que no reconocían. Ella, obviamente, no sabía quien era él realmente, Así que era una pregunta perfectamente justificable.

De cualquier manera, Kenshin encontró absolutamente absurdo que ella le estuviera preguntando quién era él.

Después de todo, él la había secuestrado. Y él había sido su atacante. Y él la había traído a su apartamente sin que ella lo supiera. Así que era absurdo que ella le estuviera preguntando a él esa pregunta tan directamente. Aun observándola silenciosamente, se quitó la capa llena de costras de sangre de sus hombros y la lanzó contra la mesa de café de metal y vidrio que se encontraba frente a ella.

Kaoru arrugó la nariz al ver la capa. Entonces alzó ojos desafiantes de nuevo hacía el asesino. Ahí estaba otra vez – ese mismo aire desafiante.

"¿Quién eres tú?" repitió con casi un aire de impaciencia, "no debería ser una pregunta confusa."

Kenshin arqueó las cejas, confundido por su aparente carencia de miedo. Habló sus pensamientos sin casi pensarlo: "¿Por qué no estás asustada?"

Kaoru movió la cabeza a un lado. "¿Debería estarlo?" preguntó calmadamente.

En respuesta, Kenshin sujetó el mando de su espada y rpapidamente desató el cinturón que la sostenía a su cintura. La tosca tela voló al suelo. Lentamente, Kenshin deslizó la espada fuera de su vaina y después lanzó la madera a un lado. Con deliberada lentitud, dio unos cuentos pasos hacia ella, se inclinó, una rodilla recargada ligeramente al lado de la de ella en el cojín de cuero. Con una caricia parecida a la de una pluma, Kenshin trazó la navja por la piel delgada de su delicada garganta.

La respiración de Kaoru no se aceleró. Su pecho no se levantaba y caía con mayor fuerza. En vez de eso, encontró sus ojos y habló – su voz calmada y estable.

"Hueles horrible," comentó impasivamente, el hedor de la sangre pegado a su ropa asaltando su nariz.

Kenshin no hizo movimiento alguno para desacordar o acordar con su poco común comentario. En vez, presionó la espada a su yugular. Sintió la presión de la navaja pero no atrevesó su piel.

"¿Te gusta tu ocupación?" preguntó, su voz demandando.

Kenshin entornó los ojos hacia ella. De repente, se retiró. Envainando la espada con rapidez, se movió con pasos pausados hasta la chimenea. Con cuidado, levantó la espada del manto con ambas manos y la puso en su estante bajo el de la espada corta.

"¿Te gusta?" Kaoru persistió.

Kenshin la miró con una oscura mirada. Kaoru examinó sus ojos medio escondidos por sus salvajes flecos rojos. Para ella, sus ojos dorados brillaron con enojo. Pero debajo, detectó una emoción más profunda. Atrapó ese extraño agotamiento en su furiosa mirada y lo inspeccionó con su mente. ¿Era remordimiento? ¿Tristeza? ¿Dolor? La emoción más cercana que encontró a esa expresión en sus ojos fue un sentimiento ofendido.

¿Ofendido?

¿En los ojos de un asesino?

Kaoru voleteó su cabeza para atrpas y observó al hombre con la cola de caballo alta muy de cerca. "¿Y bien?"

"¿Crees que me gusta?" El hombre contestó mientras caminó furioso al bar al otro lado del gran apartamento. Se pasó detrás del bar y abrió de golpe el refrigerador de los licores, sacado una gran botella de vidrio fría con Vodka.

"Haces un trabajo casi cada noche, ¿no es así?"

Kenshin puso la botella de nuevo en la barra de golpe después de haberse servido un trago. Inhaló profundamente.

"Te dice eso, de alguna manera" Kenshi empezó rudamente, "que me agrada mi trabajo?"

De un solo golpe, Kenshin bebió el vaso medio lleno de puro Vodka. Deslizó el vaso vacío a través de la barra con practicada preciosión. El vaso cayó sobre el borde del fregadero violentamente y chocó contra la tina de metal, casi rompiéndose. Kenshin golpeó la barra con la palma de su mano con fuerza.

Asqueroso, pensó, su sabor es asqueroso.

Kaoru miraba, sus ojos grandes de sorpresa y alrama. Su repentino arranque de pura rabia había sido mucho más aterrador que sus calculadas muestras de poder anteriores. Su pura e indominada furia era terrible – y espantosa.

Kenshin inhaló y exhaló profundamente, el sonido de su respiración insoportablemente sonoro en el repentino silencio del apartamento.

"El sabor," vino la gentil voz desde el otro lado de la habitación, "El sabor y el olor deben atormentarte."

A través de ojos medio enloquecidos, Kenshin miró la fuente de esa voz. Sus ojos se entornaron se velaron en ira irracional cuando encontraron su mirada simpatética.

"No deberías," gruñó, "No deberías atreverte a-"

El punzante sonido del teléfono lo interrumpió – sorprendiendo a ambaos Kaoru y Kenshin. Ambos lo miraron como si fuera un obrejo extraño. Entonces sonó de nuevo, su agudeza lastimaba sus oídos. Kenshin se movió a donde el teléfono colgaba en la pared.

"¿Qué?" gruñó en la bocina, jalandolo violentamente de su puesto.

Kaoru miraba la cara de Kenshin mientras conversaba con quien fuera que estuviera en el teléfono. Las emociones estaban escritas tan claras como el día en su cra, primero enojo, después dorpresa. Intrigada, no pudo evitar pero escuchar su murmuradas respuestas.

"¿Cómo lo supo?" Kenshin demandó.

Una mirada de casi tímida pena cruzó su semblante por un momento. Pero sólo un momento.

"Sé que lo dijo muy claro," Kenshin dijo en el teléfono.

Una pausa mientras Kenshin escuchaba.

"Está en mi casa ahora. ¿Debo completar el trabajo?"

Kaoru saltó un poco en su asiento mientras adivinaba las implicaciones de ese enunciado.

"¿Para qué?" Preguntó solemnemente.

Una ceja arqueada en incredulidad.

"No me importa," Kenshin murmuró, "Tú eres el jefe. Es sólo que es muy extraño."

Kenshin resopló en el teléfono por cualquier comentario hecho.

"Eso es absurdo," gruñó, "Yo nunca siquiera-"

El asesino fue aparentemene interrumpido. Esta vez, la pausa fue más larga.

"¿Si no la quería murta entonces para que dio la orden en primer lugar?"

Una expresión de fastidio pasó por su cara.

"Ya se que mi trabajo no es saber eso. Sólo pienso que fue una noche echada a la basura. Está bien, señor, haré lo que sea que diga."

Kenshin apretó los dientes. No era un estúpido niñero para algún puberto adolescente.

"Lo tengo bajo control, señor," refunfuñó cerrando los ojos.

Kaoru miró expectante mientras Kenshin volvía a poner el teléfono en su puesto lentamente. Dio l vuelta lentamente para mirar a la niña que esperaba. Kaoru lo observó con ansiedad. Su atacante era un verdadero enigma. Era mayor – de eso no había duda. Per aunque su edad se mostraba a través de su andar y de su comportamiento, sus agudas y definidas formas faciales tenían cierta apariencia femeninca. Claro, su muy largo y muy rojo cabello atado en una cola de caballo alta se adhicionaba a su extraño encanto.

"Te quedarás aquí," el hombre anunció calladamente, caminando hacia la puerta con propósito.

Kenshin apretó los labios. "¿Perdón?"

Kenshin no se molestó en respoderle. En lugar, deslizó una delgada cadena de su cuello. Dejando que la cadena colgara, empujó una larga llave en el pesado cerrojo y giró la llave, cerrando la puerta.

Kaoru lo miró sobre surtidos muebles. "¿Qué estás haciendo?"

"My jefe ha decidido que te quedaras por un tiempo," Kenshin respondió calmadamente mientras cerraba otro cerrojo, "y necesitas estás llaves para abrir esta puerta. Y estas llaves-" levantó la cadena y la dejó caer alrededor de su cuello "-me pertenecen y se quedarán alrededor de mí cuello. Así que no podrás irte."

Giró para darle a Kaoru una mirada peligrosa. "Y estamso en el décimoquinto piso y no hay antepecho – así que no mires afuera a menos que planees saltar."

Kaoru lo miró. "Y que si-"

"No te molestes en gritar y chillar," respondió a su pregunta todavía no hablada con rudeza, "La cuadra entera pertenece a mi jefe y está hbitada por miembros elegido." Hizo una pausa y después continuó, "Y los teléfonos tienen micrófonos, para tu infromación."

Kaoru hizo una mueca. "¿Estás seguro de que deberias estar diciendome todo eso?" preguntó en tono de burla.

La mirada que Kenshin le dio le dio escalofríos. "¿Realmente importa ahora?" Preguntó fríamente.

Kaoru no pudo reprimir un estremecimiento. Kenshin, por otra parte, se quitó la cmisa y la tiró sobre el sofá de cuero mientras se retiraba. Desapareció en el corto pasillo y Kaoru escucho el click del cerrojo de la puerta del baño. Unos segundos después, escuchó el gua correr.

Que anfintrión, pensó secamente.

Recordándose que no era enr ealidad una visita, se inclinó hacia adelante y masajeo su dolido tobillo. Por experiencia, sabía que no sería capaz de correr o caminar sin cojear por un día o dos. Pero no estaba muy herido.

Suspirando, se dejó caer sobre el sillón de cuero. Sus ojos se movieron lentamente por sus alrededores. Después de todo, ¿qué más podía hacer? El Battousai no parecía el tipo de hombre que guardaba otro llavero de las llaves de casa en algun buró por ahpi. Y obviamente, tratar de dominarlo con un cuchillo de la cocina estaba fuera de cuestión.

El apartamento era simple, aunque bastante espacioso. Se sentó en una esquina de la muy abierta y muy cuadrada sala de estar. Alrededor de ella, algunos sillones de cuero negro y sofás rodeaban una mesa de café de metal y vidrio. El negro parecía ser uno de sus colores favoritos, notó, recordando su vestimenta. En frente de ella estaba una cocineta y una barra de acero, completos con banquitos. Un conjunto dinette estaba cerca de ella. A su derecha lejana, estaba la puerta impenetrable. Suspiró para sí. Después escrudiñó la puerta cerrada y el oscuro pasillo. Suspuso que la puerta cerrada daba a la habitación principal y el pasillo a alguna clase de baño.

Como si hubiera sido jalada, sus ojos se dirigieron a la chimenea y al manto a su izquierda. Sus ojos se posaron sobre las espadas japonesas que estaban en sus estantes decorativos que era mucho más hermosos que las espadas en sí. Pero el primer visitante verdadero de Himura Kenshins sabía para que eran usadas las espadas en realidad. Pero aun así, como cualquier extraño hubiera pensado, sus más-o-menos-invitado se pregunto por qué demonios había decidido poner las espadas en exhibición en un lugar tan prominente.

¿Cómo inspiración?

¿Cómo recordatorio?

Los pensamientos de Kaoru fueron deviados de los arreglos de vivienda de Kenshin y de nuevo a su propio predicamento.

Así que, pensó, habían decidido no terminar con su vida – fueran quienes fueran ellos. Eso significada, desde luego, que alguien la consideraba lo suficientemente valiosa como para mantenerla por ahí.

Alguien sabía algo acerca de ella.

La pregunta era - ¿cuánto?

Kaoru cerró los ojos y respiró profundamente. Estaba cansada. Cansada de esta persecución interminable. Battousai hubiera hecho mejor en matarla.

De una jaula a otra, pensó amargamente.

Pero no, Kaoru se reprendió. Estaba siendo injusta para con Megumi-san y Aoshi-san. La docotra, Takani Megumi, le importaba lo suficiente. Y aunque los exámenes y las entrevistas habían sido tan intensas como siempre, Megumi-san la había tratado bien. Como un ser humano.

Y Aoshi – bueno – Aoshi había estado con Kaoru desde que ella era una niña. Siempre había estado por ahí junto a ella, su sombra onvirtiéndose en un consuelo. Esperó, con todo el corazón, que el estuviera bien.

El agua dejó de correr.

Kaoru se tensó y esperó por la aparción de Battousai.

Los ojos cerrados y la cabeza gacha, Kenshin dejó que el agua caliente corriera por su fleco y sobre su cuerpo desnudo. Agua rosa se arremolinó hasta el drenaje. Kenshin nisiquiera se molestó en ver. Ya lo había visto antes.

Con las palmas planas contra los azulejos de la regadera, Kenshin se inclinó hacia delante y dejó que el agua en riachuelos lavara la sangre. LA cabeza de la regadera estaba en lo más fuerte; el chorro de agua caliente era casi doloroso contra su piel. Tensó y destensó los músculos de sus brazos, reflexionando en los eventos de la noche previa.

Si tan sólo la hubeira matado en el acto como se suponía que debería haberlo hecho no estaría ahora en este predicamento.

Si tan sólo la hubiera matado.

Kenshin recorrió sus dedos a través de los mechones de pelo empapado que se pegaban a su espalda musculosa.

Ella sería todo un problema. Lo podía ver desde aquí.

Kenshin se apagó la regadera y el agua corrió del bottom spout. Giró las llaves y el flujo del agua cesó. Sacudiendo las gotas de agua de su mojado rojo cabello, Kenshin jaló el cancel de plástico de la regadera abierto. Secó du largo cabello con la toalla hasta que todo el exceso de agua fue absorbido y entonces secó el resto de su cuerpo. Salió de la ducha y puso un bata de dormir tradicional japonesa alrededor de su cuerpo.

Y así fue como emergió de baño: vestido sólo en una yukata de dormir azul y su cabello grueso, rojo y mojado en su espalda. Entró al área de estar a tiempo para ver como kaoru se ponía tensa ante su aparición.

"Ponte de pie, por favor." Ordenó a la sorprendida niña.

"¿Por qué?"

"Yo lo digo," Kenshin razonó fríamente, su paciencia tan delgada como el hielo.

"Necesito ropa," Kaoru infromó a su captor.

"Estas usando ropa," Kenshin infromó de vuelta.

"Al contrario de algunas personas," Kaoru olfateó, "no soporto el olor de la sangre. Necesito ropa nueva; la mía esta empapada con sangre."

Kenshi entronó sus ojos ámbat. "Sólo estate contenta de que no es sangre, niña," él replicó en un tono bajo y muy peligroso, "Ahota, ponte de pie, por favor."

Kaoru trabó sus ojos con los del hombre, rehusándose a ceder – pero sólo porque era testaruda. También estaba, muy dentro de su ser, asustada de estar cerca del hombre. El aura que emitía era terrorífica.

Kenshin se acerco con pasos lentos a donde ella estaba sentada y la jaló por el brazo. La arrastró a través de la habitación y abrió la puerta de la habitación de golpe. Entonces, la empujó dentro del cuarto.

Kaoru obsrevó la habitación con las cejas arqueadas. ¿Una cama de cuatro postes? ¿Una enorme sobrecama blanca? ¿Grandes y acolchonadas almohadas? Se dirigió al asesino.

"¿Este es tu cuarto?"

Kenshin la empujó más lejos en el cuarto. "MI jefe amuebló el apartamente," dijo malhumoradao, cerrando la puerta en su cara.

"¿Ropa?" Kaoru llamó a través de la puerta cerrada.

No hubo respuesta. Kaoru escuchó el sonido de las llaves y vió un cerrojo previamente no visto.

"¿Qué hago si quiero ir al baño?" preguntó.

"Aguantate," vino la tosca respuesta, apagada por la puerta, "Esto no es un hotel."

Kaoru se apartó de la puerta y giró los ojos.

"¿Podría haberme engañado?", murmuró para sí, mirando sus acolchados alrededores una vez más.

Kaoru inhaló. El olor de la sangre en su ropa la estaba irritando en verdad. Pasando ligeramente a través del cuarto, abrió las puertas de un guardarropa. Varias playeras estaban apiladas en las repisas.

¿Playeras negras? ¿Era un fetiche? Suspiró.

Pausó por un momento, preguntándose si estaría bien usar una. Entonces resopló. El hombre había matado a media docena de hombre, herido a Aoshi, la secuestró – desgararía toda su ropa si tan sólo tuviera la energía. Pero decidiéndose por una playera limpia, Kaoru se quitó la falda del uniforme de la escuela, blusa y saco y se deslizó dentro la playera negra de algodón.

Por un momento, Kaoru se preguntó si debería rebajarse a dormir en la cama de un asesino. Pero su fatiga ganó sobre sus principios por primera vez. Kaoru se encogió en la cama y se acomodó en las sábanas.

Para un asesino, duerme bastante bien.

Ese fue su último pensamiento mientras se sumía en un incómodo sueño – alimentado sólo por su extrema fatiga.

Afuera de la habitación, Kenshin se inclinó con la espalda hacía la puerta, masajeando sus sienes. Escuchó el sonido del guardarropa al ser abierto y el crujido de su colchón.

Era sólo una niña. No podía tener más de diecisésis, dieciocho a lo máximo.

Kenshin se preguntó brevemente por sus extraños cambios de humor.

¿No entendpia la severidad de la situación? ¿No entendía que era su cautiva y no su sobrina visitando?

¿Era ingenua?

¿Ultra valiente?

O tal vez sólo era estúpida.

Kenshin surpiró al tiempo que se retiró de la puerta y se dirigía al sillón. Maldito su jefe por forzarlo a tener a una mera chiquilla con él. Maldito él. Con un suspiro cansado, Kenshin se dejó caer sobre el sillón. Descansando sus brazos sobre los descansos del sillón, dejó que su barbilla cayera hacia adelante.

El sueño vino. Pesadillas también.

Muy dentro en la noche, Kamiya Kaoru se revolcaba bajo la pesadas sábanas. Su cabello negro rodeaba su cara pálida en un halo bajo la fría luz de la Luna. Sus delgadas, delicadas muñecas se movían agitadamente para adelante y hacia atrás arriba de su cabeza. Bajo sus párpados translúcidos, sus ojos se agitaban frenéticamente.

Las carreras. El correr. El horrible ir y venir. Los cientos de oscuros y peludos cuerpos presionandose hacia ella, apretándola, arrinconándola. Lo sintió otra vez. Luchó por respirar, su aliento errático y laborioso.

La cabeza de Kaoru se movía salvajemente contra la almohada de Battousai.

Entonces, de repente, sus grandes ojos azules se abrieron de golpe, una mirada de puro terror en sus profundidades.

Un grito agudo y escalofriante hizo eco en el apartamente, quebrantando la quietud de la niche oscura.

Final del capítulo 3, continuará!