En Pedazos
Capítulo 4: imágenes de locura
Por: Linay
Tíitulo Originail: Broken Pieces
Traducido por: Kyo
Drechos, no míos.
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Dolor, confusión y tristeza
Las siento todas
Las pesadillas me atormentan
La sangre me abriga y me cubre la mente con su mancha.
Kenshin saltó de su asiento ante el sonido de un grito escalofriante, su mente encarrerada y su mano alcanzando a su cadera, donde su espada usualemente colgaba. Encontrando ningún mango que agarrar y descubriéndose vestido solamente con una bata de dormir, Kenshin se relajó de su posición de pelea.
El apartamento estaba aun completamente oscuro y Kenshin dedujo que debían ser las tres o cuatro de la mañana. Vio a su alrededor, preguntándose si el grito no hab[ia sido sólo una parte de su sueño.
Pero entonces otro grito eruptó, quebrantando el silencio.
Esta vez, estaba claro quien había gritado. Kenshin caminó hasta la puerta cerrada de la habitación y presionó su oído contra el marco. Escuchando con atención, escuchó una respiración errática.
¿Se había hecho daño ella misma?
¿O estaba ella, como él, plagada con pesadillas?
Kenshin escuchó un repentino crujido del colchón, señalando que problabemente la niña se había levantado rápidamente de la cama. Concluyó que la joven había gritado en su sueño. Otro fuerte crujido. Había dejado la cama. Kenshin se preguntó que podría estar haciendo.
Entonces lo escuchó. Los suaves sollozos y el aliento ahogado. La niña estaba llorando.
Llorar significaba que estaba respirando.
Respirando significaba que estaba viva.
El que estuviera viva significaba que no tendría que abrir la puerta para investigar.
Justo cuando se retiró de la puerta, un chillido ahogado alcanzó sus sensibles oídos. Kenshin suspiró, los hombros caídos en resignación. Se deslizó hasta el suelo y se sentó con la piernas cruzadas con la espalda a la puerta. Dejando que su cabello escarlata cayera hacia adelantes a sus hombros, inclinó la cabeza ligeramente y cerró los ojos. Racionalizando que esa posición cerca de la puerta le permitiría asegurarse de que la niña no se hiciera daño, se preparó a quedarse. No podría dormir, de cualquier manera, con todo esos sollozos.
Kenshin resopló para sí. Sólo unas cuantas horas antes había estado tratando de matarla por las órdenes de su jefe. Ahora se sentaba afuera de su cuarto para evitar que se suicidara. Su vida era una olla de irónicas desgracias.
Sabía que sería todo un problema.
Kaoru estaba acurrucada en el piso en una esquina de la habitación, sus rodillas metidas bajo su barbilla y abraz[andose a si misma. Luchó por controlar su respiración y las lágrimas que corrían como ríos sin control.
Kaoru se apretó en si misma, luchando por evitar la inundación de recerdos.
Las hordas de cuerpos. El sentimiento de estar apretada y perdida en una masa de cuerpos encarrerados. Los terroríficos sonidos que las horribles criaturas hacían.
El experimento de las ratas había sido hacía solo unos días y las imágenes todavía plagaban los sueños de Kaoru. Después de que todas las observaciónes habían sido guardadas, Kaoru pasó horas acurrucada en un rincón de su cuarto con las manos sobre sus oídos y los ojos cerrados fuertemente. Aoshi había pasado una hora buscándola en el compuesto. Cuando finalmente la había encontrado, todavía estaba arrinconada. Había tomado otra hora para convencerla de que saliera de su escondite. E incluso después de que Aoshi la había ayudado a ponerse en pue, sus ojos se movían rápida y nerviosamente y se retorcía de ansiedad. Finalmente, Megumi le había inyectado de sedativos – lo suficiente para mantenerla en comtaosa por un día.
Al día siguiente Kaoru había llegado para las entrevistas póstumas al experimento con su usual entusiasta y alegre actitud. Pero Megumi notó sus acciones siscadas. La observación fue notada y los supervisores de Megmi estuvieron muy interesados con ese hecho. La reacción inicial de Kaoru al experimento no simplemente desapareció. De hecho, se mantuvo siscada por un tiempo antes de regresar a la normalidad.
Pero Megumi se había rehusado rotundamente a repetir el experimento. Había discutido feroz y largamente con su supervisor, diciendo que Kaoru necesitaba tiempo para recuperarse. Después de una larga y amarga discusión, el supervisor finalmente cedió y dejó un día de escuela a Kaoru y después simples entrevistas y exámenes en vez de la repetición del experimento con las ratas.
Aoshi y Megumi se habían sentido aliviados. Kaoru había actuada alegremente despistada.
Pero su ansiedad se había mostrado.
Ahora envuelta en sus propios brazos en la oscuridad de un cuarto extraño, Kaoru estaba teniendo problemas para no hiperventilarse. El miedo que había dejado la pesadilla había abrumado sus sentidos. Luchó consigo misma, intentando reprimir la cascada de imágenes y recuerdos.
En su estado de alta sensibilidad, escuchó el ligero roce de tela contra el piso de madera de la habitación. Se tensó y miró la puerta con temor. Algo estaba al otro lado de la puerta.
Kaoru luchó por racionalidad.
Entonces recordó. Afuera de la puerta estaba el otro único ocupante del apartamento. Era su atacante pelirrojo. Su corazón saltó de miedo.
Pero era un ser humano.
Humano.
Kaoru se limpió las lágrimas con el reverso de su mano y se puso de pie con dificultad. Concentrándose en el ligero brillo de luz que venía de la ranura debajo de la puerta, se meció para delante.
Al menos era un ser humano, racionalizó, tratando de no recordar los ojos vacíos de la gente que había matado.
Con gran dificultad, Kaoru llegó hasta la puerta y extendió una mano temblorosa para tocar la superficie de madera con la punta de los dedos. Respirando superficialmente, se dejó caer sobre sus rodillas frente a la puerta, dejando que sus dedos trazaran la madera. Presionó su frente contra la puerta y escuchó.
Respiración. Lenta y uniforme respiración.
Kaoru inhaló lentamente y después exhaló, tratando de igualar su respiración con el sonido de la suya. Gradualmente, su pecho dejó de subir y bjar incontroladamente y fue capaz de respirar a un paso normal. Kaoru dio la espalda a la puerta y se sentó, incomoda, recargándose en la dura madera. Se concentró en inhalar y exhalar. Lentamente, su mente se calmó e inclinó la cabeza hacia atrás y se sumió en un sueño ligero.
Desde afuera, Kenshin se preguntó que podría estar haciendo la niña. Escuchó cuando tomó pasos inestables hasta la puerta. Su ritmo errático de respiración lo había agitado y se había sentido casi aliviado cuando la escuchó recargarse contra la puerta y dormir.
Así, a las cuatro cincuenta y tres de la mañana, Kenshin y Kaoru dormían espalda a espalda, separados sólo por la madera de la puerta de la habitación.
Megumi estaba en el umbral del cuarto de hospital, silenciosamente observando a su paciente. Suspiró, agitando su largo, negro cabello sobre su hombro.
Aoshi había sido llevado al cuarto, sangrando profusamente con un tajo en su pierna. El tajo era profundo y el arma apenas había fallado dañar los tendones. Aun así, pasaría un tiempo antes de que Aoshi recuperara su habilidad para caimnar. Megumi, como los jueces, había estado muy confundida por las heridas. Balas no podrían aber hecho esa clase de herida. Por como se veía, una navaja larga y filosa había sido el arma utlizada. La única arma que concordaba con las heridas de Aoshi era una espada.
Megumi frunció el ceño ante el mero pensamiento.
No dudaba que la espada hubiera sido la causante de las heridas. Pero sólo concoía a un hombre que hubiera sido capaz de usar una espada contra Aoshi de aquella amnera. Sólo había un hombre.
Battousai.
El sobrenombre causó que un sentimiento de temor se apoderara de ella. Battousai era un hombre peligroso, conocido sólo por los rumores que corrían por el Kioto clandestino. Megumi, a pesar de su impecable hoja de servicios, conocía muy bien los tratos suciosos de los crimianles de Kioto.
Su presente jefe la había reclutado justo antes de que fuera sentenciada en la corte. Le ofreció un trato: trabajar en un proyecto secreto y ser exonerada. Como la prisión no le apetecía a Megumi, aceptó.
Pero ahora, si Battousai estaba involucrado, significaba que alguien muy poderoso estaba tras Kaoru-chan. Y el pensamiento asustaba a Megumi.
Caminó hasta la cama donde Aoshi estaba todavía inconsciente y puso su mano en su frente caliente. Respirando profundo, Megumi deseó que despertara pronto y trajera a su Kaoru de vuelta.
Cuando los rayos de Sol empezaron a calentar la habitación, Kaoru despertó de un sueño muy incómodo debido a la posición en la que se encontraba. Se desenrolló de su posición al lado de la puerta y trató de limpiar sus lágrimas secas.
"¿Estás despierta?"
Se sobresaltó ante el sonitdo de la voz retumbando a través del cuarto. Después recordó rápidamente porque había estado acurrucada al lado de la puerta. Tembló inoluntariamente.
"Si," respondió débimente.
Kenshin estaba sentado con los pies cruzados, recargado contra la puerta. Se paró lentamente y empezó a sacar la llave para abrir la puerta.
Kaoru escuchó que estaba a punto de abrir la puerta y se apuró a ponerse de pie – a tiempo para darse cuenta de que sólo estaba usando una playera. Mientras Kenshin estaba dando vuelta a la perilla, Kaoru jaló de ella con toda su fuerza.
"¡No!"
Kenshin se congeló. "¿Qué?"
"Yo," kaoru empezó a tartamudear, un sonrojo apareciendo, "Yo no, todavía no-"
Escuchó un fuerte suspiro venir del otro lado de la habitación. "Ya has usado mi guardaropa, ¿no?"
Kaoru asintió. Después recordó que uno usualmente no puede escuchar cuando asientes. "Uh," dijo, algo apenada. "¿Si?
"Así que," vino la respuesta, "consíguete un par de pants o algo."
"¿Tuyos?" exclamó incrédulamente.
"No tienes que si prefieres usar tu uniforme."
Kenshin dejó la puerta abierta y caminó a la cocineta. En realidad había estado despierto desde el primer rayo de Sol y ya había cocinado un pequeño desayuno. Sin necesidad de decirlo, el asesino se sentía realmente raro – proveyendo de comida a su blanco anterior y todo. Lo confundía sin fin. Se sentía como un niñero y un guardia de prisión al mismo tiempo.
Descolgó el teléfono y marcó. "¿Takasugi-san?" empezó, "Es Himura. El trabajo necesita ropa y yo no tengo ninguna para ella."
Una respuesta enojada llegó hasta su oído.
"No, no creo que sea demasiado temprano para llamar, señor," Himura replicó educadamente y luego hizo una pausa, escuchando. "Si, señor. Esta noche."
Puso el teléfono de nuevo en su lugar y se dirigió a la estufa. Recogiendo un cucharón, empezó a servir sopa miso en dos platos pequeños.
Unos momentos después, Kaoru emergió calladamente de la habitación usando una playera negra que había tomado prestada la noche anterior y un par de pantalones de correr de cordones – la única cosa que pudo encontrar que le quedara. Con una pequeña sonrisa, reconocío que su asaltante encontraría el desastre que había dejado en su guardarropa cuando lo usara.
Kenshin la miró mientras entró en la sala de estar. "Buenos días," saludó civilmente, aunque sin una sonrisa.
Kaoru arqueó una ceja al mirarlo a él y a su cucharón. Se preguntó como se podía transformar de mayor asesino a ama de casa en un parpadeo. "Buenos días," respondió tentativamente.
"El desayuno está casi listo," Kenshin dijo eduacadamente, aunque en una voz fría e inexpresiva.
Kaoru asintió y encontró algo que mirar. Ella, como él, se sentía fuera de lugar. Vestida en las ropas de un asesino y que un asesino le diera de desayunar no era algo que alguna vez anticipó. Caminando hasta el manto de la chimenea, observó las espadas.
En una palabra, eran antiguas.
Pero había algo hermoso acerca de las letales armas, notó. Alzó un dedo dudoso y lo trazó a través de la vaina de la espada más corta. Repentinamente, sintió una enormes ganas de agarrarla y sostenerla en sus manos.
Kenshin se volteó a preguntarle si le gustaría un huevo, cucharón todavía en mano, justo cuando ella extendía las manos para agarrar la espada.
"¡No lo hagas!" su voz retumbó fuertemente a través de la habitación.
Kaoru, sorprendida, se volteó a verlo, su mano congelada en el mismo lugar. Kenshin la miraba con feroz intensidad.
"No la toques," ordenó, iracundo.
Kaoru retiró la mano de repente, mirándolo. La pasión en sus ojos dorados la abrumaba. ¿Qué lo hacía tan protector de sus repugnantes espadas? En ese momento, no deseaba saberlo.
Kenshin miró como lentamente retiraba la mano de la espada, sin tocarla. Suspiró internamente, aliviado. Regresó a la olla de sopa, olvidándose por completo del huevo. Agitó la olla un par de veces con el cucharón, esperando que sus hirvientes emociones se enfriaran. Nadie tenía permitido tocar sus espadas. Nadie. Nunca.
Esas espadas eran su carga y de nadie más.
Cuando Kenshin giró de nuevo con dos platos de sopa en las manos, su cara ya no tenía expresión u emoción alguna, encontró a Kaoru todavía congelada en su lugar. Caminó alrededor de la barra y depositó los platos al lado de la otra comida en la pequeña mesa.
Luego se paró y esperó.
Kaoru siguió congelada en su lugar y lo miró.
Kenshin contó hasta diez en su mente, preguntándose como haría para que la niña comiera. Finalmente encogiéndose de hombros, se sentó y empezó a comer. Podía comer después de que el se marchara si quería, mientras comiera. Kenshin comió lentamente y con dignidad, masticando cada bocado completamente antes de tragar.
Kaoru observaba a su atacante comer, lentamente relajándose de su congelada posición. Sabía instintivamente que el otro plato de comida era suyo, pero se rehusaba a comer en la misma mesa que él. Así que, sin otra opción, lo miró lentamente comer su desayuno. Kaoru estaba asombrada ante lo refinado y meticuloso de la manera de comer del asesino. También estaba asombrada con el hecho de que el hombre comía sin ninguna clase de emcoción, ni agrado ni desagrado eran evidentes en sus facciones. El simplemente comía – como si fuera un mal necesario de la vida.
Cuando el último pedazo de alimento había sido comido, Kenshin se levantó y trajo los platos al fregadero. Caminó alrededor del cuarto, deteniéndose para mirar a Kaoru, quien aun estaba parada junto a la chimenea.
"Come," dijo simplemente.
Después, Kenshin caminó por el pasillo hasta el baño. Kaoru, por segunda vez, escuchó cerrarse la puerta del baño.
Inhalando profundamente, Kaoru caminó hasta la mesa y miró el otro desayuno. Un plato de sopa de miso, un pequeño plato de arroz y un plato de omelette estaban arreglados con cuidado en la mesa. Kaoru pensó en rechazar con desdén la comida ofrecida por aquel inmisericordioso asesino, pero su estómago gruñó fuertemente en protesta. Suspirando, Kaoru jaló la simple silla de madera hasta la mesa y se sentó, recogiendo los palillos con cautela. Empezó a comer, masticando la comida lentamente. Sorprendida por lo bien que sabía, su cara se iluminó un poco – no habiéndo comido desde la tarde anterior.
Kenshin dejó que el agua caliente corriera sobre él mientras estiraba los nudos de sus tensos músculos. Terminó con su ducha rápida y dejó el baño, aun envuelto en su bata de dormir y con el pelo empapado una vez más. Caminó dentro de la sala de estar y le dignó una mirada a la niña. Su espalda estaba hacia él, pero vió como se tensó y su mano se congeló en media mordida cuando sintió su presencia. Ignorando esto, entró en la habitación y cerró la puerta. Kensin se quitó la bata, la lanzó a la cama y después se dirigió a buscar en su guradarropa por ropa.
Arqueó una ceja al ver el desastre de ropas regadas en el piso y desordenadas en el guardarropa. Ignorando el desorden, sacó un suéter negro y unos pantalones de mezclilla. Sin ver el espejo, corrió sus dedos a través de su cabello y se hizo una cola de caballo alta. Hábilmente aseguró su largo cabello rojo con una liga y luego sacudió los nudos de su largo cabello.
Kaoru terminó su comida y se puso en pie, levantando sus platos. Caminó dudosamente alrededor de la barra y hacia la cocina. Depositó los platos en el fregadero y empezó a remojarlos. Agarrando una esponja enjabonada que estaba al lado del fregadero, casualmente comenzó a tallar los platos, corriendo agua tibia por sobre ellos y depositándolos en el escurreplatos para dejarlos secar. Sin pensarlo, levantó los suyos también y los lavó. Enjugando sus manos y secándolas, se volteó con un suave suspiro.
Se volteó y se encontró con la intensa mirada de su captor. Rebatió su mirada, descartando la breve urgenica de explicarse hacia él. El hombre la miró de vuelta.
Luego se volteó abruptamente y se sentó en la sillón de cuero que miraba a la chimena. Puso los brazos en los descansabrazos y miró por un segundo las espadas. Dejando caer su cabeza un poco y cerrando los ojos, se sentó calladamente. Kaoru se mantuvo en su lugar detrás de la barra. Después de todo, esta situación era bastante confusa. ¿Cómo debería actuar alrededor de un hombre que había tratado de matarla, pero ahora no la estaba trantado de matar pero no la dejaba ir?
"No tienes que quedarte ahí todo el día," el pelirrojo dijo suavemente por debajo de la sombre que proyectaban as espadas.
Inciertamente, Kaoru se quitó de detrás de la barra y se aproximó al sillón que quedaba viendo al suyo. Se sentó en el asiento de cuero, haciendo un gesto de disgusto por los sonidos que hacía el material. Miró al hombre quien se sentaba frente a ella.
Era un misterio para ella. Era un frío, violento y letal asesino un minuto, ferozmente apasionado el siguiente y finalmente calmado, controlado y serio. Pero siempre, pensó, un sentido de fría distancia lo rodeaba.
Kaoru estudió al asesino frente a ella con curiosidad. Su rojo cabello estaba de nuevo amarrado fuertemente pero su fleco aun caía sobre su cara. Sus labios estaban apretados en una línea dura y sus facciones estaban duras. Por lo apretado de su mandíbula y la quietud de sus párpados, Kaoru sabía que no estaba durmiendo. Aunque sus negro suéter tejido estaba suelto, Kaoru podía intuir los duros y delgados músculos que estaban ocultos. Por la rígida posición de sus dedos callosos, sabía de la extrema tensión que apretaba su cuerpo.
Kaoru suspiró, segura de una largo día pasado en silencio incómodo. Se inclinó para atrás en su asiento escogido debajo de las espadas y miró el techo.
"Takani-san," una voz profunda retumbó desde el umbral.
Megumi lo miró rápidamente desde su asiento al lado de la cama de Aoshi. Su jefe estaba en el umbral. Se puso en pie.
"¿Dormido todavía?" el hombre alto y oscuro preguntó, "¿Cuándo esperas que despierte?"
Megumi sacudió la cebaza lentamente. "No por otro día o dos," respondió en voz baja, "e incluso después, no será capaz de pelear."
El hombre grande suspiró. "Un chico sin valor," se quejó, "dejando que le pateen el trasero tan pronto."
Megumi frunció el ceño hacía su jefe. "Era Battousai," defendió.
"Bueno, eso es obvio," la pesada figura a su lado respondío, "¿Y qué?"
Megumi lo miró como si fuera un bicho raro.
"¿Qué?" El hombre dijo con una sonrisa toricda. "¿No tienes fe en nuestro ninja aquí?"
"¡Battousai es un demonio! Es un milagro que Aoshi esté en una pieza. Si Kaoru no lo huiera escondido-"
Fue interrumpida por una risa profunda. "Ah!", retumbó, "Nuestro mapache hizo algon interesante, ¿o no?"
Megumi suspiró. Obviamente, esta conversación iba a ningún lado.
"En cualquier caso," reportó, "Aoshi estará fuera de acción por lo menos por una semana."
Su jefe recorrió los dedos a ravés de su pelo largo hasta la barbilla. "Estúpido chiquillo," comentó secamente.
"Takasugi Shinsaku," la secretaria anunció en el teléfono, "está en la línea uno para usted, señor."
"¿Shinsaku?"
"Señor, Battousai tiene el proyecto en su apartamento."
"¿Y?"
"Quiere ropa para ella."
"Entonces dale ropa."
"¿Señor?"
"¿Si, Shinsaku?"
¿Está seguro de que este es el mejor arreglo? Podríamos ponerla en una de nuestras casas de seguridad."
"Hay razones para este arreglo, Shinsaku."
"Si, señor."
"Repórtame las condiciones del proyecto esta noche. Y manda las órdenes para Himura cuando hagas tu visita."
"Entendido."
"Entonces, ¿la probaremos tantito esta noche?"
"Si, Katsura-san."
Se estaban acercando las nueve de la noche y un fuerte golpeteo interrumpió el silencio del apartamento de Kenshin.
Lentamente, Kenshin se levantó de su asiento y caminó hasta la entrada. Kaoru se quitó el sueño de los ojos y los talló con el reverso de su mano. Kenshin abrió la puerta y un sujeto alto y flaco entró sin prisa. El hombre era bajo con cabello corto y una generosa porción de barba. Obviamente, un hombre que se acostaba tarde.
"Así que," Takasugi dijo agradablemente, alragando sus palabras y viendo a Kaoru. "¿Esta es la niña que trajiste a casa anoche?"
Kaoru se puso roja al tiempo que Kenshin comenzaba a protestar.
Takasugi se rió fuertemente y fue a pararse cerca de Kaoru, dándole una bolsa de plástico rosa. Estaba parado arriba de su forma sentada y la tocó en la cabeza ligeramente con el fondo de la bolsa rosa. Kaoru se alejó de él, sus ojos desconfiados y hostiles. Takasugi sólo se rió.
"No seas tan fría, señorita," rió alegremente, "Soy el sujeto que salvo tu trasero. Sip, tu me debes la vida."
Kaor lo miró enojadamente. "No me hables así, tan familiarmente," siseó.
El hombre dejó caer la bolsa rosa plástica en su regazo, riendo. Después se sentó pesadamente sobre el gran sofá de cuero.
"Es bastante agresiva, ¿no?" dijo con una sonrisa, "¿Te estás divirtiendo, Himura-kun?
Kenshin alzó una ceja impasivamente.
Kaoru, mientras tanto, empezó a sacar algunas prendas. Un pequeño, rosa tank top, una minifailda de mezclilla, un tube top negro. Miró la bolsa, incrédula.
"¡No puedo usar esto!"
Takasugi rió. "Bueno, ese es el punto. Esa es la única ropa que vas a tener, querida. Llévalas bien – a menos que quieras ir por ahí con tu uniforme. Claro," Takasugi dijo, su dedo rascando su barba pensivamente, "eso tampoco estaría tan mal." Rió fuertemente y después dijo, "¡Vamos, esa es la ropa de mi hermanita menor!"
Kaoru miró al hombre después de buscar por la ropa y entornó los ojos. "¿Tu hermana es puta?
Taksugi puso un dedo sobre su barbilla y la vió con una sonrisa. "De hecho, sí. Sí es."
Kaoru agarró la bolsa y se puso en pie, mirando a Takasugi con rabia. Se marchó al baño y dio un portazo trás de si.
"Como dije," Takasugi comentó, un tono serio entrando a su voz, "Bastante agresiva." Se dirigó a Kenshin quien se estaba sentando de nuevo en el sillón. "¿Cómo te está yendo con ella en el apartamento?"
"Llévatela a una casa de seguridad," vino la fría respuesta de Kenshin.
"Katsura-san la quiere aquí."
Kenshin suspiró. "Como desee."
"De cualquier manera," Takasugi continuó, sacando un pequeño sobre negro del bolsillo de atrás y lanzándoselo a Kenshin, "Esto es para ti. Para esta noche."
Kenshin atrapó el sobre hábilmente y lo metió en su bolsillo." ¿Otro trabajo tan pronto?"
Takasugi se encogió de hombros.
"¿Pero qué haré con ella?"
"Sólo enciérrala aquí. Los encargados del edificio se harán cargo de que no se vaya."
"Bien."
"Oh," Takasugi dijo casualmente, "Invité a algunos de nuestros colegas por unos tragos. Estarán aquí en cualquier momento."
"Bien."
Kaoru giró las mainjas de la regadera, cortando el flujo del agua que llenaba la tina. Después de encerrarse furibunda en el baño, Kaoru se había preguntado por el tamaño del baño. Era casi tan grande como la cocina. Había una regadera separada y una tina enorme y un lavabo y un cuarto separado con el escusado. Muchas gruesas toallas colgaban del tubo para toallas alrededor del espacioso baño que estaba abundantemente cubierto de azulejos. Kaoru se encogió de hombros; mejor para ella.
Se desvistió lentamente, dejando que las ropas del asesino cayeran al piso de azulejo. Sacó una bata rosa pálido de seda de la bolsa de plástico y la colgó de la clavija cercana a la tina. Gentilmente, empezó a meterse dentro de la maravillosamente caliente agua. Sumergiéndose hasta la barbilla, dejó que sus músculos y su respiración se relajaran. Lánguidamente, Kaoru levanto cada extremidad, una a la vez, apreciando el sentimiento sedante del líquido corriendo a través de su piel desnuda.
Justo como Takasugi había predicho, hombres empezaron a llegar al apartamento de Kenshin. Cada vez que un nuevo, ronco hombre llegaba, Kenshin abría la puerta educadamente, lo dejaba entrar y volvía a cerrar la puerta. Justo cuando Kaoru esta empezando a quedarse dorimda, cerca de diez hombres llenaban el apartamento.
Algunos de ellos era grandes y fornidos; otros eran delgados y parecidos a serpientes; y otros eran altos y medio musculosos. Algunos de los hombres reposaban en la barra, tomando o atragantándose del licor de Kenshin. Los otros estaban regados en varias posiciones en los sofás de cuero, riendo y bromenado fuertemente. Kenshin estaba sentado silenciosamente, esuchando desde su sillón, su cara mostrando ninguna emoción.
Kaoru, por otra parte, había sido sacada de su ligero sueño por los ruidosos hombres. Irritada, se sentó en la tina, dentro del agua que se enfriaba gradualmente. Mechones de su negro cabello se aferraban a su espaldas y a sus pechos. Salpicó agua sobre su cara y decidió que su corto viaje de la realidad había terminado. El agua giró alrededor de sus piernas desnudas mientras se paraba y salía delicadamente de la tina.
Olvidando destapar la tina, se envolvió en la sedosa bata rosa y la aseguró firmemente a su cintura. Avanzó hasta los espejos que llegaban hasta el suelo en una pared y se miró. Se quitó el listón en su largo cabello y lo dejó caer suelto. Sus cabello caía hasta su espalda, negro y grueso. Se peinó el fleco, arreglándolos, y deseó por un cepillo.
Recogió la rosa bolsa plástica que contenía las indecentes ropas y abrió el seguro de la puerta. Empujó la puerta para que se abriera un poco y el sonido de los rudos hombres la saludó. Dándose ánimos, caminó fuera y pasó por el pasillo.
Piropos y chiflidos eruptaron repentinamente de los hombres. Takasugi y Kenshin se voltearon para ver a la niña emerger del oscuro pasillo, su cabello cayendo por su espalda y su cuerpo apenas oculto por la delgada y rosa bata. Se paró, los pies separados y la barbilla en alto, y miró a cada uno de los hombres con aire desafiante. Kenshin reprimió un suspiró. Ese mismo aire desafiante rápidamente ganó otra ronda de fuertes chiflidos y lascivos gritos. La niña se dirigió a la habitación y dio un portazo tras de ella.
"¡Himura! ¿Qué con la pollita?"
"¿Finalmente te estás consintiendo algunos placeres varoniles?"
"¡Y una preparatoriana, encima de todo!"
Kenshin le dirigió oscuras miradas a sus colegas e instintivamente dieron un paso hacia atrás.
"No es particularmente sabio fastidiar a Battousai con algo tan sensible," Takasugi rió.
"Si," Un hombre musculoso con negro cabello atado mucho al estilo del de Kenshin comentó, "Pero es todo un placer, ¿no?"
Kenshin resistió as ganas de girar los ojos y en vez de eso entornó los ojos hacia el hombre. "No es mi puta."
"¿De quién es, entonces?"
"Genji-san," Kenshin dijo fríamente, "¿Alguna vez puedes ser serio?"
El hombre llamado Genji rió, frotando sus musculosos brazos y remangándose las mangas de su apretada playera blanca un poco más. "¿No puedes apreciar una mujer hermosa, Himura-kun?"
Kenshin arequeó una ceja. "¿Quieres decir adolescente?"
"Mejor aun," Genji dijo con palabras alargadas y un brillo malicioso en sus ojos, "Es mucho más divertido cuando son jóvenes y tiernas."
Kenshin se volteó, dejando que un poco de la repugnancia que sentía se mostrara a través de sus esculturadas facciones. Genji sólo rió, dando palmadas a sus piernas envueltas en pantalones de mezclilla. Takasugi observó su interacción con una pequeña sonrisa en el rostro. Los dos tenían el mismo empleo para su jefe, pero eran totalmente diferentes. Genji no se limitaba, usando frecentemente su fuerza para conseguir lo que quisiera. Kenshin era frío y siempre distante. Su interacción era fácil de predecir.
"Bueno," Genji rió mientras se puso en pie, "Necesito un trago."
Kenshin ni siquiera lo tomó en cuenta. En vez, se dirigió a Takasugi. "¿Por qué lo invitaste?"
Takasugi se encogió de hombros y sonrió.
Kaoru había encontrado un cepilllo. Se sentó en la cama y lentamente comenzó a cepillar su cabello, tratando de ignorar el ruido de afuera. Dejando el cepillo a un lado, encogió los hombros y giró la cabeza un par de veces, tratando de deshacerse de la tensión que se había fromado tan rápidamente en sus músculos.
De repente, se sobresaltó y alzó la vista.
Kaoru permaneció callada, buscando mentalmente el cuarto por alguna arma. Genji un hombre alto y muscular que usaba una playera blanca y unos jeans azules. Su pelo largo y negro estaba en una cola de caballo alta. Continuó mirando ferozmente al hombre, dando un paso hacia atrás cuando el otro tomó un paso hacia adelante.
"Así que," Genji gruñó, un tono dulce manando de su profunda voz, "No vas a hacer esto fácil, ¿o sí?" Entonces sonrió, mandando un escalofrío por la columna de Kaoru. "Más diversión para mí, entonces."
No un momento demasiado pronto, Kaoru se quitó del camino cuando Genji cargó hacia ella. Corrió, poniendo la cama entre ellos dos.
"Mi dulce," Genji convenció con falsa dulzura, "No te hagas la interesante."
Sin darle una oportunidad, se clavó a través de la cama y la sujetó. Kaoru evadio sus brazos pero atrapó la orilla de su bata. Apretó los dientes y pateó su cabeza ferozmente, al mismo timepo que trataba de mantener cerrada la bata. Genji dio vuelta para evitar ser golpeado y perdió su agarre de la ropa de Kaoru.
"Pequeña perra," gruñó, enojado, "No te lo haré fácil ahora."
Con su cara retorcida en una malévola mueca, saltó hacia ella repentinamente y la empujó hasta la pared, sus grandes manos sobre sus hombros. Kaoru golpeó fuertemente la pared con su espalda y su cabeza pegó contra ella dolorosamente. Trató de darle un rodillazo en la ingle pero él anticipó su movimiento y empujó su cuerpo hacia el de ella con tosquedad, evitando que ella hciera nada más que darle pisotones – lo que, desde luego, hizo ferozmente.
Genji maldijo y plantó una de sus manos en su garganta. Empujó su cuello con brusquedad y ella luchó fúricamente mientras él ponía su cara al nivel de la de ella.
"Ahora," murmuró cruelmente, su respiración caliente en su cara, "No seas impaciente. Lo tendrás – no te preocupes."
Kaoru sintió la bilis subir a su garganta incluso mientras intentaba respirar. Su agarre en su garganta se apreto dolorosamente y manchas empezaron a bailar frente a sus ojos. Incluso así, Kaoru estaba dolorosamente conciente de que su otra mano había dejado su hombro y empezaba a deslizarse entre los dobleces de su bata.
Su mente gritaba, pero su cuerpo no lo podía vencer. Sintió la desesperación tomar el control.
Tendría que hacerse.
No había opción.
Kaoru luchó por levantar su brazo. Ya que Geji sabía que no podía poner fuerza alguna en cualquier clase de ataque, la ignoró mientras alcanzaba su cara con sus delgados dedos.
Kaoru inhaló profundamente, preparándose.
No tenía otra opción.
Él iba a . . .
Dándose ánimos, cerró los ojos fuertemente.
Repentinos, penetrantes y salvajes gritos interrumpieron la bebida, las risas, el pensamiento. Todos los ojos estaban en la puerta de la habitación. Algunos rieron a sabiendas, viendo que Genji había 'desaparecido'. Los gritos continuaron, aunmentando en intensidad y volumen.
Kenshin saltó a sus pies y caminó rápidamente hasta la habitación. Abrió de golpe la puerta y Takasugi miraba por sobre su hombro en la semi-oscuridad del cuarto.
Lo que vieron los sorprendió.
Kaoru estba agachada en el suelo del centro del cuerto, aullando fuertemente y tirando de su largo cabello. Una salvaje y loca mirada había velado sus ojos.
Genji estaba estampado a la pared; estaba ligeramente pálido y tenía una mano sobre su cabeza, como si le doliera. Miró a Kenshin y a Takasugi.
"¿Qué carajos?"
Kenshin lo miró fríamente. Takasugi arqueó las cejas. Los tres voltearon a ver a Kaoru.
"¿Que deminos sucede con esa niña?" Genji preguntó, fastidiado con la inquietud en su voz, "¡Haz que se calle, carajo! Tengo un maldito dolor de cabeza."
Genji fue ignorado. Kenshin dio un paso hacia Kaoru quien no había parado de gritar como loca.
Kaoru se puso en pie pero se mantuvo inclnada, sus ojos slavajes. Estaba tirando de su cabello con locura y lágrimas habían empezado a correr por sus mejillas.
La sangre. Sentía la sangre llenándola, empapándola, ahogándola. Escuchó los gritos, las súplicas, el dolor. Llevó sus manos a su garganta y agarro su pecho, como si algo se estuviera alimentando de ella. Sentía el demonio dentro de ella. Arañaba su interior, provocándola con imágenes de hombres agonizantes, de niñas llorando. Tembló ante las sensaciones que se arrastraban por debajo de su piel – dolor causado por sus propias manos, miedo ante su presencia y la sangre. ¡Ah el hedor de la sangre la estaba volviendo loca!
Kenshin avanzó lentamente, como uno se acercaría a un animal acorralado.
Kaoru lo miró a través de salvajes y afligidos ojos.
"Battousai," gruñó amenazadoramente, "Aléjate, Battousai."
Kenshin se detuvo abruptamente, la sorpresa escrita en su cara. ¿Cómo había sabido? Para su conocimiento, ella nunca había conocido su sobrenombre.
Kaoru lo miró ferozmente, sus ojos velándose y voltándose para atrás. Empezó a gritar de nuevo y a jalarse el cabello violentamente. Kenshin hizo lo único que pudo pensar. Marchó hasta ella lo más rápido que puso, alzó la mano y la abofeteó.
Kaoru llevó su mano hasta su adolorida mejilla automáticamente y se encogió contra la pared, lejos de él. El agudo ardor de su mano callosa contra su cara la conmocionó hasta un silencio temeroso.
"Bueno, eso fue interesante," Takasugi comentó, rascando su barbilla con sus dedos.
"No creo que todavía se haya acabado," Kenshin replicó, obsevando como Kaoru se quejaba, lágrimas todavía corriendo por su cara y los ojos velados y sin ver.
"¿Quién carajos es esa niña, demonios?" Genji demandó, enojado.
Kenshin y Takasugi se voltearon a ver a Genji. Kenshin frunció el ceño, confundido.
"¿Qué demonios?"
Final del capítulo 4, continuará!
