Corazón de Melón (Amour Sucré) y todos sus personajes son propiedad de ChinoMiko.

Advertencias: BL, OoC, Semi AU, posible lenguaje vulgar. Notas al final.


SHOWTIME

Capítulo 2: A mal tiempo, buena tregua.

Su nombre es Castiel Eyheralde y con él había vivido muchas cosas.

Había reído y había llorado.

Había caído y me ayudó a levantarme.

Con él había tenido el primero de muchos besos.

Pero como todo, se acabó. Dejamos de hablar, dejamos de frecuentarnos, dejamos de convivir. Nos convertimos en dos seres que solo compartieron un tiempo juntos.

Después, como todo adolescente, él había metido la pata y en grande. Abandonó a su familia, a sus amigos, a mí. Aunque no le puedo recriminar nada: para ese tiempo yo ya era solo un extraño, uno con el que tuvo buen entretenimiento.

Creí que no volvería a verlo, aunque en lo más recóndito de mi mente había imaginado ese reencuentro un millón de veces, todos con distintos finales. Pero si me hubiesen dado a elegir, desearía que nunca hubiera pasado.

La realidad distaba muchísimo de la ficción.

─¿Qué jodidos estás haciendo aquí?

¿Recuerdan cuando les hablé de mi primer amor? ¡Claro que lo recuerdan si eso fue el principio de esta patética historia! Pues bien, mi primer amor era (y por lo visto aún lo es) un completo imbécil.

Lo peor de todo es que ese patán es este mismo patán que tengo frente a mí: Un "rockstar" (no sé ni qué demonios significa eso) pelirrojo-teñido que me está matando con la mirada. No es el mejor reencuentro de la historia. Es más, aún tengo la vaga esperanza de que esto sea un sueño –pesadilla– y me vi tentado a pellizcarme para comprobarlo. Pero eso se vería muy estúpido.

No respondí ante su pregunta, y no porque no quisiera. Más bien, Maxwell no me dio tiempo de hacerlo.

—¡Oh! ¿Ya se conocían? —Maxwell habló con un interés más que fingido, pero tanto Castiel como yo evitamos decir un comentario—. ¡Eso facilitará mucho las cosas!

—Contesta, ¿qué haces aquí? —su voz sonaba mucho más fría ahora, y debo añadir que temblé ligeramente al escucharle. Esto estaba afectándome más de lo previsto. ¿Qué debería responder?

—Hey Cassy ¡así no se trata a las personas!

—A la mierda los modales. Responde, ¿qué haces aquí?

Presionó sin apartar su mirada, pero ya no hubo tiempo de decir nada más porque yo… patéticamente salí corriendo de aquella pesadilla.

showtime–

Mi decepción, mi frustración, mi enojo, todo se había multiplicado por dos al dar con el pequeño apartamento que había adquirido para mi estancia en NY.

Era un simple departamento dentro de un edificio modesto; que según las fotografías que vi por internet, consta de una habitación, un sencillo baño, y la cocina con suficiente espacio para colocar una mesita a modo de comedor.

Pero nada de esa burda descripción formaba parte de mi enojo. No, lo que me tenía realmente cabreado… ¡era la estratosférica suma que aquel desalmado taxista había cobrado!

Una vez que dejé las instalaciones de TRE, en mi desesperación por huir, tomé el primer taxi que se cruzó por la avenida. Me pareció escuchar la voz de Castiel a mis espaldas (aquella que no había oído en años) gritando que me detuviera, pero supongo que fue imaginación mía. ¿Para qué haría eso?

Ahora, meditando en mis acciones… ¡Por Dios, Nathaniel! Esa no es la manera de resolver las cosas. Soy un adulto de 26 años ahora, no un adolescente de 15. ¿Por qué tuve que salir de esa manera tan infantil?

Definitivamente no lo sabía. Solo quería mantenerme alejado de Castiel lo más que pudiera. Y por eso mismo, al subirme a aquel taxi y dar la dirección de mi departamento, no noté que el contador ya marcaba una cantidad elevada.

Tampoco me di cuenta que tomó un rumbo totalmente sin sentido. Y solo cuando llegué al edificio, recordé que escogí aquel apartamento por su ubicación: tan solo unas estaciones utilizando el subterráneo más cercano a TRE, no más de diez minutos… ¡No casi los 40 minutos por lugares totalmente alejados!

Ese hombre me quitó prácticamente todo lo que llevaba encima de efectivo.

Normalmente soy precavido con estas cosas, pero tenía muchísimas emociones a flor de piel que me impidieron pensar adecuadamente. Como sea, mañana tendré que ir al banco. Por lo menos tenía ahorros hasta que me comenzaran a pagar apropiadamente.

Así es, no por ser el representante de una estrella de fama internacional, ya tendría la vida resuelta. Ni siquiera aquellas personas famosas podrían contar con ello.

El sistema bajo el que trabaja TRE es el siguiente: Normalmente todos los que trabajamos como representantes artísticos tenemos un sueldo base, nada extraordinario; lo suficiente para pagar las cuentas. Sin embargo, cada que conseguimos un contrato para nuestro representado, ya sea un concierto, una telenovela, una entrevista, o un evento particular, cobramos cierta comisión. Tampoco es un porcentaje elevado, suele ser del 15% de las ganancias. Así que nuestras estrellas se quedan con la mayor parte del dinero y por eso mismo hay nombres muy famosos bajo TRE.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Depende mucho del representante hacer que su estrella brille, pero sin llegar a los extremos. No sobreexigirles, cuidar de su imagen, lidiar con los problemas que puedan surgir…

En general, debemos mantenerlos contentos. Y ese será mi trabajo con Castiel de ahora en adelante.

Qué patético.

showtime–

El apartamento que alquilé para mi estancia, como lo preví, no era la gran cosa. No tuve problemas en contactar a la administración del edificio, la señora Campbell, con quién había intercambiado palabra mediante llamadas telefónicas. Mujer amable de unos 60 años con un esposo cascarrabias que me ignoró todo el tiempo. Menos mal.

Apartamento pequeño y acogedor, ubicado en el tercer piso, ningún elevador. Con anticipación había contratado un paquete de Internet –indispensable en mi trabajo– así que la red Wi-Fi estaba lista para usarse. Revisé mi correo, y encontré un mensaje de Maxwell. Reunión mañana, 9:00 am.

Esa noche no dormí pensando en una buena razón que excusara mi comportamiento.

showtime–

Mi reloj marcaba las 8:00 am en punto, y yo ya estaba plantado frente a las puertas del edificio de TRE. Di un largo suspiro, estaba agotado. Me dispuse a entrar, pero antes de siquiera dar un paso, unos fuertes brazos me apresaron por la espalda, aturdiéndome momentáneamente, para después obligarme a subir a un Ferrari 488. Cuando pude salir del trace, Castiel estaba condiciendo a toda prisa por las calles neoyorkinas.

—¡Qué demonios! ¡¿Me quieres dar un infarto?! —le espeté con el corazón latiéndome a mil, pero no escuchó, y en cambio me contestó con otra pregunta.

—¿Puedes explicarme qué demonios haces aquí?

—¿Qué? —no comprendía qué trataba de hacer con ello.

—¿Qué haces aquí, en Nueva York?

Bufé. Quería una explicación. Después del numerito que monté ayer, entendí que se la debía.

—Trabajo —contesté secamente.

—¿Y por qué precisamente en esta compañía?

— The Rousseau Entertainment, ¿Rousseau te dice algo? —lo miré desde el asiento del copiloto, pero el seguía con el ceño fruncido sin dejar de ver hacia el frente—. Vaya, incluso olvidaste mi apellido—. Masculló una maldición.

—¿Y qué, no puedes cambiarte, o algo? ¿Debes tener algún tipo de poder si es de tu familia?

—Eyheralde —le dije serio, cuando un semáforo en rojo le obligó a detenerse; me sorprendí de que respetara las leyes de tránsito—. No nos hemos visto en más de 10 años, y sé que nuestra relación nunca fue buena. ¿Quieres explicarme, entonces, qué derecho tienes a exigirme algo así? Y no —le interrumpí antes de que repitiera con impaciencia su pregunta anterior—. Por el momento soy un simple trabajador más, y espero que así se me considere. Así que, ¿podrías hacer el favor de abrir la maldita puerta? Tenemos una reunión en menos de una hora y no sé dónde demonios estoy.

Castiel chasqueó la lengua, e ignoró mi petición.

—Aún no desayuno —siguió conduciendo.

—¿Y eso qué?

—¿Así tratas a tus representados? —arqueé una ceja, ¿a qué estaba jugando? Hacía dos segundos estaba maldiciendo su suerte—. ¿Ya desayunaste? —me dijo sin darme oportunidad de refutar su pregunta anterior.

—Nunca desayuno.

—¿Desde cuándo?

—Desde siempre.

—Mentira.

Él tenía razón. Fue un hábito que adquirí justo después de que él se marchara. Claro que no tenía manera de saber aquello.

—¿Desde cuándo te importa?

—No pienso ir a una reunión con Connor si no he desayunado.

—Pues adelante. Aún falta una hora. Yo tengo cosas que hacer.

—Y necesito hablar contigo —lo que menos necesitaba en esos momentos—. No nos tomará más de treinta minutos.

Ignoró las protestas que le hice durante los siguientes diez minutos acerca de mi "secuestro". Supongo que esto es uno de esos caprichos que tienen las estrellas.

showtime–

Nos encontrábamos dentro de un restaurante al que Castiel llegó sin dificultad. Creí que cuando entrara en el local la gente se enloquecería por verlo allí, pero estaba prácticamente vacío. Luego, al ver el menú, me di cuenta de por qué: era uno de esos restaurantes de élite en los que te cobraban un platillo diez veces más caro de lo normal. Él había pedido un desayuno completo y yo únicamente un café.

—No pienso firmar ningún contrato si mi representante serás tú. Prefiero mil veces al idiota de Connor —me dijo, después de que el camarero tomó nuestra orden.

—Qué directo. A mí tampoco me hace ilusión trabajar contigo. Mira que viajar más de ocho horas para encontrarme contigo no es un muy esperanzador. Pero es lo que hay. Te diría que eres libre de elegir la compañía que quieras pero ya que me mencionaron que era una "estrella de fama internacional", mi trabajo sería convencerte en firmar con nosotros.

—No, TRE me conviene. Si voy a otra se repetirá la misma historia —se recostó en su asiento, murmurando lo último más para sí. Después se incorporó nuevamente, exasperado—. ¡Ah mierda! ¿Y de verdad no hay nadie que pueda sustituirte?

—Puede haber, pero no están capacitados para llevar el cargo.

Farfulló algo que no alcancé a oír. Mi vida se convertiría en un infierno de ahora en adelante. Pero dentro de mi mente, una idea surgió de la nada. Una que nos convendría a ambos.

—¿Por qué no hacemos un trato?

—¿Trato?

—No, creo que sería más bien una tregua. Mira, si queremos que esto funcione, debemos llevarnos bien. O por lo menos fingir. Trabajamos juntos solo un tiempo, y en la primera oportunidad que haya, cambias de representante. No será algo muy difícil, al fin de cuentas no somos muy cercanos ¿verdad?

—Dime más.

—No es muy común, pero algunas ocasiones alguno de nuestros representados renuncia por lo que deja a un representante libre, a quien se reasigna en una sucursal donde se necesite. Estados Unidos está siendo muy solicitado, por eso me enviaron acá. Así que no dudo que alguien más llegue, solo es cuestión de tiempo.

—Peor es nada —respondió sin pensarlo dos veces.

showtime–

—Maxwell, lamento mi conducta del día anterior— lo único que no había previsto de la escena que había montado el día anterior fue las disculpas que tendría que dar ante el gerente de esta sucursal, mi jefe inmediato. Connor, por su parte, se veía bastante complacido con mi actitud. Su sonrisa burlona lo delataba—. En realidad sí conozco al señor Eyheralde, pero nuestra relación nunca fue buena, por lo que me sorprendió verlo nuevamente. Más hemos hablado y decidimos dejar nuestras diferencias de lado y trabajar en equipo, sólo con una condición: Si el señor Eyeheralde encuentra un mejor representante dentro de The Rousseau Entertainment, es libre de terminar su contrato conmigo si así lo desea.

—¡Oh! Eso me agrada, que resuelvan sus peleas como adultos—dijo con alegría, levantándose de su asiento—. ¡Muy bien! Entonces es hora de firmar el contrato.

Hizo una llamada a su secretaria "Kathy", quien en seguida se presentó ante nosotros como Katherine Bennett, morena de ojos claros detrás de unas gafas de pasta. Debía rondar los treinta años, pero con su traje de secretaria (falda azul marino a la rodilla, saco a juego, y una pañoleta lila en el cuello) aparentaba mucha más madurez que Connor, con cualquiera de sus ridículos trajes de animal print.

Tras escuchar la nueva cláusula que debían añadir al contrato, se retiró, para volver minutos más tarde con el nuevo contrato y copias para cada uno. Con toda profesionalidad, me encargué de explicar a Castiel cada punto del contrato bajo la mirada meticulosa de Maxwell. Posteriormente se hicieron las firmas correspondientes, apretones de manos, bienvenida y fotografía conmemorativa, trabajo a cargo de Arthur, ya que el señor Connor era tan tacaño para contratar un fotógrafo profesional.

—Perfecto, entonces quedas a cargo de Nathy— dijo antes de retirarse a una supuesta reunión. Lo más probable es que fuera a algún bar a festejar su más reciente adquisición. Pero antes, y por enésima ocasión, le corregí.

—Nathaniel— me miró con exasperación, antes de sonreír hipócritamente.

—Sí… Nathaniel.

Fingí que no noté su reacción. Ahora tenía mucho trabajo por delante como para preocuparme por él.

—Muy bien —me dirigí a Castiel—. Entonces tendré que convocar a una rueda de prensa.

—¿ Para qué?

—El problema con tu representante anterior fue de conocimiento público ¿no? Debemos apaciguar eso. Anunciar que has roto tu relación con la compañía anterior, te unes a TRE y con un nuevo representante.

—Qué lata —chasqueó la lengua.

—Sí, yo también me muero de ganas de trabajar contigo —rodeé los ojos, antes de seguir con la conversación—. ¿Y bien?

—¿Bien qué?

—¿Qué sucedió con tu representante anterior?

—Todo el continente habla de eso, ¿y me harás repetirlo?

—Tengo dos día en Estados Unidos ¿crees que voy saber los chismes del espectáculo? Sólo sé sobre este problema porque Maxwell lo mencionó brevemente.

Castiel se tomó su tiempo para responder.

—No hay mucho que contar. Ha sido el único manager que he tenido desde que… bueno, me fui. Los primeros años fueron buenos, todo iba a pedir de boca, en la compañía me trataban bien, en seguida me hice famoso. Entrevistas por todas partes, al igual que los conciertos. Los primeros cinco años solo fui un guitarrista más de Nightmare Stars, pero aún así adquirí bastante popularidad. Sin embargo la banda se deshizo por… problemas. Y yo continúe mi carrera como solista.

—¿Y qué pasó con Debrah? —después de tantos años no me iba a quedar con la duda.

—No quiero hablar sobre ello —el tono de voz que utilizó me hizo comprender que había sido algo realmente fuerte. No me sorprendía—. Confórmate con saber que ella no ha brillado tanto como yo. En fin, nunca me he preocupado por las ganancias, así que toda la contabilidad la manejaba él. Grave error —se rió con sarcasmo—. Y al final descubrí su plan, cobraba cantidades exorbitantes para presentaciones a las que nunca asistí, o bien, nunca me decía realmente el precio, solo me daba lo que él quería. Y al parecer todos en la compañía sabían de eso —al oír las palabras de Castiel y el engaño del que fue víctima casi me hizo sentir pena por él. Prosiguió—. Hice algunas estupideces para desquitarme…

Eso me alarmó.

—¿Qué tipo de estupideces? Por favor, no me digas que nada relacionado con drogas.

—¡Qué! —parecía ofendido—. No para nada. No pasaba de borracheras y peleas en clubes que terminaron vetándome.

—Oh, solo eso.

—Parece que estás acostumbrando a lidiar con ese tipo de situaciones —arqueó una ceja.

—Puedo adaptarme —expliqué—. ¿Algo más que debas agregar? —el pareció no comprender, así que solté otra pregunta— ¿Alguna relación romántica actual?

Fue notorio que le sorprendió la pregunta, tomando en cuenta lo que tuvimos. Yo también me sorprendí de mi mismo, no sabía de dónde había sacado el valor para decir aquello.

—¿Por qué debo hablar sobre eso con mi representante?

—¿Hijos ilegítimos tal vez?

—¡Es más! ¿Por qué insinúas que tengo hijos regados por allí?

—Quizá tu antigua reputación —le encaré, pero él no se atrevió a verme.

—No, no tengo pareja, no tengo hijos y no me ando tirando a medio mundo por allí.

—Yo no pregunté por lo último, pero por lo menos estoy más tranquilo.

—Vaya, quién lo diría. El delegado preocupado por mí —aquel mote y la sonrisa socarrona que me mostró hicieron que por un instante me transportara al Sweet Amoris de mi adolescencia, cuando Castiel hacía un comentario mordaz seguido por su típica sonrisa de chico malo. Una sonrisa por la que en un tiempo me derretía. Traté de ignorar la nostalgia.

—No te equivoques Eyheralde—dije, para disimular—. Solo que eso facilita mi trabajo.

showtime–

—Así que, debido a los acontecimientos recientes, el señor Castiel Eyheralde ha decidido romper toda relación con su antigua agencia, e ingresar a nuestra compañía, The Rousseau Entertainment. Yo, Nathaniel R. seré su representante de ahora en adelante. Será un placer contar con su apoyo— los flashes de las cámaras de los reporteros se dispararon a gran velocidad dejándome mareado por instantes—. ¿Alguna pregunta?

—Para Castiel —dijo uno de los presentes, al que cedí la palabra—. ¿Cómo te sientes al respecto?

—Emocionado por esta nueva etapa en mi vida. Estoy ansioso por trabajar al lado del señor "R." —remarcó la letra, e internamente di las gracias porque prestó atención a mis palabras—, y de TRE por su puesto.

showtime–

—¿Qué es eso de señor "R"? —me preguntó una vez que la rueda de prensa concluyó.

—¿No crees que habría algún problema si se enteran que soy hijo del dueño de la empresa?

Le expliqué fugazmente, lo cual pareció ser suficiente. No tenía intenciones de relatarle toda mi vida y el hecho de que esté trabajando como un empleado más.

—Solo tengo una petición —me dijo.

—¿Otra más?

—Deja esa mierda de "Eyheralde". Nadie me llama así, excepto tu. Solo dime Castiel, ya lo hacías desde antes.

Me parecía increíble que se enojara por referirme a él en voz alta por su apellido. Después de tanto tiempo y sufrimiento que causó, me había prometido mentalmente no volver a pronunciar ese nombre.

—¿Acaso no pediste que te olvidáramos? —le dije con toda seriedad, haciéndole recordar la última conversación que tuvimos antes de que él se marchara—. Eso abarca cualquier familiaridad que tuviéramos, ¿no? Recuérdalo, Eyheralde, es solo una tregua temporal. No vamos a regresar en el tiempo.

Y sin más, salí del lugar.


Después de mil años, ¡Hola! Gracias por haber leído el primer capítulo owo por sus follows y favoritos. Aquí está el segundo de esta complicada historia dramática de amor(?) Como notan, Nath sigue resentido con Cassy por todo, por lo que aunque en sus pensamientos sí logra llamarlo por su nombre, se niega a decirlo en voz alta. ¿Cómo les irá a nuestros queridos héroes en su convivencia diaria? No se pierdan el siguiente capítulo.

Una agradecimiento muy grande a Guest y Guest 2 (Lizz) por dejarme sus reviews, son un amor –inserte un corazón aquí–, aunque no pueda(o suela) contestar, los valoro bastante.

Nos leemos :)