Corazón de Melón (Amour Sucré) y todos sus personajes son propiedad de ChinoMiko.

Advertencias: BL, OoC, Semi AU, posible lenguaje vulgar. Notas al final.


SHOWTIME

Capítulo 6

Era una palabra muy simple y, aún así, era tan poderosa como para resonar en mi cabeza una y otra y otra vez.

«Quédate».

Los caóticos pensamientos se apilaban en mi cabeza como un montón de papeles revueltos sobre un escritorio desordenado. Como cuando, el Instituto, iniciaba un nuevo periodo y se requería ─exigía─ mi ayuda para ordenar el papeleo de los nuevos estudiantes. O en la temporada de exámenes y mi escritorio se inundaba de tareas, guías de estudio y cuadernillos repletos de cruces rojas que debía regresar a sus respectivos y desafortunados dueños que internamente me maldecían como si yo fuese el responsable por no aprobar el examen…

¿Por qué seguía trayendo pequeños atisbos del pasado a colación?

Este momento estaba difería demasiado de aquella época juvenil que debió haber sido enterrada años atrás.

Intrigado, buscaba algún sentido a la frase que Castiel acababa de pronunciar y al mismo tiempo tenía miedo de entenderlo.

¿Quédate, en plan… pijamas? No somos unos críos.

¿Quédate, para que termine de curar su herida? Era una petición poco creíble después de que él mismo dudara de mi irrupción a su hogar.

Mi mente estaba hecha un lío y el dolor de cabeza cada vez más creciente no ayudaba en absoluto a concentrarme. O a tomar una decisión. O a moverme si quiera.

Parpadeé un par de veces a la vez que una idea se asomó fugazmente.

¿Quizás ─y sólo 'quizás'─ ese Quédate implicaban exactamente lo que más había anhelado cuando era más que un crío? Todo lo que el Nathaniel, dominado por las hormonas, confundía con amor y que se emocionaba más de lo debido en aquellos momentos de complicidad como este. Parecía olvidar que la persona que acababa de pronunciar dicha palabra con un significado tan impreciso era la misma que había destrozado sus sentimientos.

Castiel no me dio oportunidad de responder. O no quise hacerlo.

Sucedió en un instante. De un momento a otro había acortado la distancia que nos separaba y ahora lo tenía frente a mí. Fueron tan solo unas fracciones de segundo, pero duró lo suficiente para ser consciente de los cambios por los que habíamos atravesado a lo largo de todos estos años: La clara diferencia de estaturas, las facciones de su rostro más definidas, su cabellera bajando por su cuello hasta chocar en sus clavículas, el olor de su perfume… Lo único inalterable en él era la peculiar forma en la que miraba, más específicamente, mis labios. Y yo no podía parar de ver los suyos.

No sé qué pasaba por su mente, pero sí por la mía. Un pequeño pensamiento ocultando una gran debilidad, que el día de mañana me hará querer estampar la cabeza contra la pared por la sarta de estupideces que estaba imaginando, iba tomando forma hasta que no fui capaz de pensar en otra cosa que no fuese los cálidos recuerdos de la sensación de sus labios sobre los míos.

Me moría por volverlo a besar.

Un escalofrío ─un jodidamente terrible y enfermo escalofrío─ me recorrió desde la coronilla hasta la punta de los pies, y bastó para darme cuenta que me había quedado sin aliento con el corazón latiendo sobre mi pecho de una forma que estaba lejos de catalogarse como romántica.

Otra punzada en la sien, seguido de una ola de mareos.

Cerré los ojos, en mi interior rogando que el gesto no diera el mensaje incorrecto, como si estuviera esperando algo más. La realidad no podía ser más distante.

Más náuseas y esta vez tanto mi visión como las fuerzas comenzaron a fallar.

Me sentía enfermo y cansado. Tambaleando, busqué apoyo en el cual sostenerme, pero ya era demasiado tarde. Lo último que alcancé a escuchar fue la voz Castiel gritando con fuerzas mi nombre y después todo fue oscuridad.

-showtime-

Desperté con el rostro de Castiel a punto de sufrir un colapso nervioso, con el teléfono en mano y hablando de una manera tan desesperada que parecía que era él quien acababa de sufrir un accidente.

─¡Que llames a una ambulancia!... ¿Qué?... ¡Por eso te llamo, Isabella! ¡Ayúdame, no responde! ─el rostro de Castiel estaba tan lleno de angustia que, de hecho, se veía gracioso. Como un gatito enfadado que no sabía qué hacer para evitar un baño. Sin saberlo, aquella imagen mental había delineado una ligera sonrisa en mi rostro de la que no fui consiente hasta que él alzó su mirada. La expresión de Castiel cambió a una total indiferencia justo en el momento que me pilló mirándolo─. Ah ya despertó.

Cortó la llamada inmediatamente y aventó el teléfono sobre la mesita de centro.

Aún tenía algunos estragos de los mareos, así que me incorporé lentamente. Estaba seguro que antes de perder el conocimiento faltaban un par de pasos para salir del departamento pero ahora me encontraba recostado sobre uno de los muebles de la sala de estar.

¿Castiel me había llevado hasta ahí?

─¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? ─pregunté, tratando de ignorar mi último pensamiento. Él contestó con recelo.

─Eh… como un minuto.

─Vaya fue menos esta vez.

Por supuesto que no haber dormido en más de 24 horas y, además, sin comer adecuadamente tendría que pasar la factura en algún punto. No estoy orgulloso de admitirlo, pero no era la primera vez que experimentaba esos pequeños desfallecimientos. Y este episodio no se comparaba para nada a aquella ocasión que estuve inconsciente casi medio día. Aunque la descripción "dormido" sería más acertada.

─¿Cómo que «esta vez»? ─había… ¿enfado en su mirada?

─Olvídalo.

─¿Cómo quieres que lo olvide? ─reaccionó tan de repente dejando atrás su indiferencia, que por un momento me asustó el cambio de actitud─. Estoy hablando contigo y de la nada vas y te desmayas. ¡Mírate! Estás más pálido que un muerto. ¿Y me dices que lo olvide? ─definitivamente Castiel estaba enfadado. De verdad. Años de estar a su lado me entrenaron para reconocer cuando algo le había cabreado hasta el punto de estallar; y viejas costumbres no cambian. Después de algunos segundos de silencio, continuó hablando con más calma─. Estaba preocupado.

─¿Por qué? ─la pregunta salió sin premeditar y al instante me arrepentí de hacerlo. Pero en lugar de callar o cambiar el tema, volví a cuestionar─. ¿Por qué estabas preocupado?

Se tomó unos segundos para responder, que los sentí como una eternidad. ¿Para qué quería saber el motivo de su preocupación? ¿Para alegrarme? ¿Para que el Nathaniel de 15 años que se negaba a abandonar sus sentimientos albergara estúpidas esperanzas? ¿Esperanzas de qué precisamente?

Mis pensamientos estaban enredados. Últimamente no sabía qué hacer con Castiel.

Quería que regresara a hacer música, pero no quería volver a escuchar su voz.

Tenía ayudarlo a brillar nuevamente con su carrera e internamente deseaba que, en primer lugar, nunca se hubiera ido.

En un instante quería que me besara. Y al siguiente me desmayaba.

Y ahora preguntaba, pero no quería saber la respuesta.

Al final, Castiel respondió sin siquiera mirarme.

─…Eres mi manager.

Ah. Por supuesto.

No podía ser de otra manera. Entonces… ¿por qué me sentía parcialmente decepcionado?

─El único que importa aquí eres tú, está en tu contrato ─le dije─. Un simple desmayo por exceso de trabajo no es de tu incumbencia.

─¿Exceso de trabajo?

Claro que no parecía exceso de trabajo para él, es decir ¡prácticamente está sin trabajo! No podía confesar que había invertido todo mi tiempo en investigar su vida en Internet para elaborar el mejor plan que lo llevaría de vuelta a la fama. Plan, en el que de hecho, estaba fracasando.

En ese instante, un sonido musical proveniente del móvil de Castiel interrumpió el extraño ambiente en el que nos habíamos envuelto. La pantalla se encendió mostrando un número desconocido que Castiel no tenía registrado. Él no se molestó en reconocerlo y simplemente contestó.

─¡Que ya despertó! No es necesario que llames a la… Oh.

Castiel calló, y su rostro se volvió frívolo. Sin decirme nada, se alejó para comenzar a hablar con aquella persona que claramente había confundido en un inicio con Isabella.

Y yo aproveché ese instante para salir de ahí.

-showtime-

Ni siquiera esperé a que Castiel terminara su llamada.

Sí, lo admito. Huí cobardemente porque no quería dar explicaciones de mi salud. Yo sé que no es nada grave, de ser así yo mismo me hubiese dirigido al hospital más cercano y habría hecho mil pruebas para descartar cualquier problema grave. Ahora mismo solo quería llegar a casa y descansar.

Además, no quería reconocer mi momento de debilidad. No quería descubrir el significado de su petición, y mucho menos quería imaginarme que si no hubiera perdido el conocimiento quizás aún estuviera en el departamento de Castiel, haciendo-quién-sabe-Dios-qué-cosas. Y quizás, no habría salido de ahí hasta el día siguiente.

Qué ridiculez.

-showtime-

El sueño fue realmente reparador.

Después de descansar toda la noche y un muy buen almuerzo (gracias al delivery porque en casa solo había sopas instantáneas) estaba listo para comenzar un nuevo día de trabajo.

Decidí dejar todo atrás, incluido al pequeño Nathaniel que nunca superó su amor no correspondido y concentrarme en el plan para que mi representado volviera al mundo del espectáculo sin que se viera envuelto en más noticias negativas.

Irónico que la persona a la que quería olvidar y a la que debía ayudar fuera la misma.

Encendí mi laptop, abrí mi agenda ─tristemente vacía─ y comencé a garabatear los puntos más importantes para recuperar la carrera de Castiel.

Lo primordial era elaborar nuevo material.

El éxito de las canciones de Castiel se debía, principalmente, a lo emotiva que era su letra. Seguía sin atreverme a escucharlas, pero en los comentarios destacados de Youtube hablaban de cómo les había llegado al corazón, se sintieron identificados, o bien, pudieron sacar todos sus sentimientos a flote por tan solo un par de líneas interpretadas por él.

Por supuesto, había otros hablando sobre lo sensual que sonaba su voz o los magníficos acordes de la melodía.

El genio compositor, como Castiel mismo había admitido, se trataba nada más y nada menos que el mismísimo Lysandro Ainsworth, su mejor amigo en la época de instituto, su compañero en su improvisado grupo, y casi un hermano para él, a quien aparentemente también había abandonado en el instante en el que prefirió seguir a Debrah.

Aparentemente, porque era evidente que, si después de todo este tiempo seguían en comunicación para asuntos laborales, debían tener una buena relación.

O eso era así hasta que tuvieron una pelea.

¿Qué habrá sido?

Lysandro no era alguien a quien yo frecuentara, pero por lo poco que conocí de su personalidad apacible, estoy casi seguro que la culpa por su alejamiento recaía completamente en Castiel.

Necesitaba encontrar respuestas, no sabía exactamente donde comenzar a buscar. Lo único de lo que estaba seguro era que, si deseaba que el próximo álbum de Castiel fuera un éxito total, necesitaba a Ainsworth.

Había pedido a Katherine ayuda para investigar algunos datos, así que me dirigí a las oficinas de TRE. Quizás por ahí podría encontrar alguna pista.

-showtime-

─Y entonces, este tipo estaba como «Que yo estuve ahí, carajo» ─la voz inconfundible de Arthur llegó a mis oídos acompañada de una risa estrepitosa cuando entraba al séptimo piso del edificio de TRE en América, justo debajo de la oficina del presidente. Frente a él, Katherine, la inmutable secretaria de Maxwell le escuchaba sin despegar la vista de la pantalla del monitor. Por suerte, este no se encontraba.

─Veo que el día está muy animado ─dije a modo de saludo y aunque intenté sonar casual, me di cuenta que Arthur había dado un respingo. Katherine solo me respondió alzando la mano y explicando el motivo detrás del parloteo.

─Arthur está relatando su última pelea en Twitter ─dijo sin dejar de teclear.

─¡Creí que no me escuchabas! ─el chico parecía emocionado y hasta conmovido. Y al igual que siempre Katherine no dejó su trabajo ni un instante.

─¿Pelea?

─Ah, sí, este… ─se volvió hacía mi y se rascó la mejilla. Parecía nervioso─. Seguí buscando tuits sobre Castiel Eyheralde y Emmet Ventura; y alguien con una cámara de pésima calidad filtró unas fotografías desde el set. ¡Incluso hizo un hilo de 25 partes! Habló pestes de Castiel y contó toda la pelea. Al parecer no era del público si no que trabajaba en el staff.

Suspiré con cansancio. Lo que más me temía era que el asunto de Castiel con Emmet se volviera cada vez más público y que eventualmente afectara su ya demacrada reputación.

─¿Y qué le dijiste?

─Qué una fotografía borrosa no era prueba suficiente ─dijo con orgullo─. ¡De verdad! Esa cosa parecía que fue tomada mal a propósito. ¡Solo se veía la silueta de dos personas que bien podrían haber sido cualquiera! Como cuando te dicen «tengo fotos de platillos voladores» y es un ridículo punto en el cielo.

La comparación, aunque un poco tonta, me hizo reír y fue suficiente para que Arthur también se relajara. Si había por lo menos una persona que se cuestionara la veracidad de los testigos de la pelea, habría quienes le seguirían con escepticismo y así el tema podía morir pronto.

─Buen trabajo ─le dije y bastó para que me regresara una gran sonrisa. Después me dirigí a la secretaria─. Katherine…

Ella negó con la cabeza al instante.

─No encontré absolutamente nada ─explicó al instante el resultado de su investigación─. No hay ningún registro de que Lysandro Ainsworth haya trabajado con TRE o con algún afiliado. Tampoco encontré información de contacto.

Aunque la situación con los rumores en las redes parecía estar bajo control por el momento, el paradero del compositor de las canciones de Castiel seguía siendo un misterio. A este paso tendríamos que buscar a otro compositor, lo que no nos garantizaba nada.

Agradecí su labor y tomé asiento en mi escritorio. Porque sí, la sede de The Rousseau Entertainment podría ser un edificio viejo, tener al peor presidente del mundo y muy poco personal para manejar una empresa de tal nivel, pero por lo menos podía trabajar ahí. Aquel piso parecía más una pequeña oficina burocrática que un edificio en donde se buscaban nuevas estrellas, se hacían contratos multimillonarios e incluso se grababan los hits que estarían sonando en la radio los próximos meses.

Sin embargo, honestamente, prefería trabajar desde mi departamento, así evitaría las silenciosas burlas de Maxwell.

Encendí la computadora de escritorio y probé el método más básico de investigación. Tecleé el nombre de Lysandro en Google.

Y como temía, tampoco obtuve resultados… ¡ni siquiera tenía perfil en Facebook!

Comenzaba a frustrarme. La desventaja de ser un manager nuevo en tierras extranjeras era eso, no tener ningún contacto. Si conociera a alguien en otras compañías discográficas podría dar con el paradero de Ainsworth.

Aunque había alguien.

-showtime-

─¿Nathaniel? ¡Qué sorpresa! ─la voz de Michael Kang se escuchó a través de la bocina de mi teléfono. Me sentía un poco descarado al recurrir en busca de su ayuda siendo que Castiel fue el responsable de que su programa televisivo más popular se hubiera tomado una pausa.

─Quizás este es un favor un poco descabellado ─le dije tratando de no sonar desesperado─. Pero necesito encontrar a alguien. Y pensé que quizás haya trabajado con alguno de tus contactos.

─Oh vaya. Te escucho.

─Necesito encontrar a un compositor.

-showtime-

Puedo hacer el intento pero no prometo nada.

Pudo haber sido peor. Pudo ni siquiera contestar la llamada, pero por lo menos Michael Kang no se negó a cooperar después de explicarle a grandes rasgos la razón de mi búsqueda.

Eso aumentaba las posibilidades de encontrar a Lysandro Ainsworth aunque fuese en 1%. Todo era mejor que 0.

Tenía un buen presentimiento y mientras caminaba a la salida del edificio, sentía que las cosas por fin iban tomando su curso. El ligero sol vespertino se filtraba por los grandes ventanales haciendo que las paredes de la recepción se tornaran en un ligero naranja que daba la sensación de calidez aunque el invierno siguiera persistiendo.

Y por primera vez sentía que todo saldría bien… Hasta que vi el Ferrari frente a la entrada del edificio.

El motivo de todas mis preocupaciones estaba ahí recargado en su auto viendo su teléfono pero en cuanto me vio salir del edificio se dirigió hacia mí. Traté de ignorarlo pero me bloqueó el paso.

─Y… ¿cómo estás? ─dijo sin siquiera saludar.

─Vivo, como puedes ver.

─Eso no es lo que quería decir.

─¿Qué haces aquí? ─respondí con más sequedad de lo normal. Estaba consciente de ello. Desde que regresé de su departamento había evitado pensar en Castiel más allá del ámbito profesional. No quería volver a pensar en estupideces.

─¿Podemos hablar?

Un grito, que parecía más un chillido, evitó que respondiera a su pregunta.

─¡OH POR DIOS! ─de pronto la voz de la mujer que había gritado se acercó hasta nosotros con el mismo ímpetu─. ¡Eres Castiel Eyeheralde! Amo todas tus canciones, ¿puedes darme un autógrafo?

Castiel estaba tan perplejo como yo. Afortunadamente, él reaccionó al instante. Puso su mejor sonrisa, aquella que parecía de comercial de dentífrico y que sin duda hizo suspirar a la dama junto a sus acompañantes, pues hicieron risitas escandalosas a cada gesto de Castiel.

─¡Castiel! ¡Una foto por favor!

─¡Esperamos tu regreso!

─¡Te amamos, vuelve pronto!

Entre tantas risitas y gritos eufóricos, los mensajes hacía Castiel eran los mismos. La admiración hacía él, el amor a su música y los buenos deseos para su carrera.

Y entonces fui consciente de una realidad que había ignorado. Que en realidad sí sabía pero no me había percatado hasta qué grado llegaba.

Castiel ya era popular.

No era una estrella nueva, ni en ascenso. Estuvo en la cima del mundo y cayó precipitadamente. Pero no cayó hasta el fondo. Estaba tan solo en una especie de pausa en su carrera musical ─la cual se debía a las circunstancias, no por decisión propia─ y había muchas personas que esperaban ver a su ídolo de nuevo en los escenarios.

Lo había visto en la Castiel-Enciclopedia, pero verlo de forma tan cercana era más impactante aún.

Castiel debía regresar a toda costa. Y yo le ayudaría a lograrlo. Aquello, de algún modo, hizo que mi corazón palpitara emocionado.

Le extendieron otra libreta junto a un marcador permanente. Un autógrafo más en una camisa. Una foto más con algunos niños.

La situación poco a poco comenzó a salirse de control. En un inicio fueron tan solo tres fanáticas pero pronto se reunieron diez, quince, veinte personas… Probablemente alguien había ventilado la ubicación de Castiel en alguna red social y de pronto nos vimos rodeados de una horda de fans enloquecidos.

Castiel podía aparentar ser paciente. Aparentar únicamente porque no lo era. Poco a poco se llenó de incomodidad.

¿Por qué no se me ocurrió pensar en su seguridad en un inicio? Podía haber contratado a guardias o guardaespaldas que lo escoltarían a su auto sin problemas, o que ahuyentarían a aquellas fans que buscaban contacto más cercano que rayaba en lo incómodo.

Tenía que sacar a Castiel de la situación antes de que la situación se volviera irreversible.

Aunque entrara en su auto, ya estaba rodeado, el escape era imposible. Si entrábamos a TRE, bloquearían todas las entradas del edificio.

Mi mente trabajaba para elaborar un plan de escape, hasta que encontré el sitio más seguro en el que podía resguardar a Castiel.

Podré arrepentirme después de llevarlo ahí. Pero estaba lleno de arrepentimientos desde el primer momento en el que pisé América.

─Eyeheralde ─grité, pero tanto bullicio se tragó mi voz─ ¡Eyheralde! ─volví a gritar hasta que llamé la atención de Castiel. Extendí mi mano y tomé con fuerza su muñeca, él pareció comprender el plan al instante─. ¡Corre!


Nota: Perdón por la tardanza jsjsjsjs. No pienso abandonar la historia, pero ténganme paciencia plis ;w; Y gracias por su apoyo, los tqm.