Capítulo 9

Problemas y malas soluciones. ..................................................

Los días pasaron rápidos, pero tanto para Maiga como para Snape, eran angustiosos. Se evitaban y sólo hablaban para lo más necesario, eso sí, con frialdad y de forma seca. Hay muchas cosas que contar, pero yo sólo os contaré en este capítulo lo más importante que le pasó a Maiga, porque no quiero escribir la Biblia en verso. Así que, nos situaremos en la clase de Transformaciones, anterior al día de Halloween. Se me ha olvidado el que Maiga puso juntos a Slytherin y a Griffindor, de séptimo, en su clase. Los ponía juntos o se quedaban sin dar clase Ravenclaw o Hufflepuf. No quería pedir a Snape si podían llegar a un acuerdo en relación con ese problema, en realidad no quería hablar de nada con él. Ese día llegaba tarde a clase, por lo que decidió entrar en la clase por donde entraban los alumnos, y no por donde entraba normalmente, una puerta de madera escondida detrás de un viejo y pesado tapiz. Iba corriendo y aunque se sentía como una rosa se encontraba cansada por dentro. Cuando entró se encontró a Malfoy, a Potter y a Granger peleándose (Ron no estaba porque hubo un APN accidente en pociones con Neville): - ¡¿Qué pasa aquí?!- gritó de forma que todos se callaron asustados. Se sentó toda la clase, pero Malfoy dijo suavemente a Hermione: "Sangre sucia" El rostro de Maiga se quebró dejando en su voz muchos trozos de lo roto: -¿Qué has dicho, señor Malfoy? - Nada, profesora. - Te lo vuelvo a preguntar:¿qué has dicho a la señorita Granger? Si eres capaz de decirlo en voz baja, también serás capaz de decirlo en voz alta a toda la clase. Todos supieron que Malfoy tenía las perder, si no decía lo que había dicho, quedaba como un valentón cobarde y si lo decía, un castigo caería. Malfoy vaciló, pero con voz segura dijo: -"Sangre sucia" Desde que lo había dicho por primera vez, la mirada de Maiga era fría y calculadora. Ella suspiró y después de apoyarse en la mesa preguntó: - ¿Por qué has dicho eso? -Porque es la verdad, profesora, y a mí me gusta decir la verdad de vez en cuando. - A mí me gusta decirla siempre, y eso no es la razón de que vaya soltando por ahí el que eres miembro de una familia de Death-Eaters, que adoran al Señor Oscuro durante toda su vida, como si fueran unos adolescentes enamorados de su cantante favorito. Todos se miraron asombrados, sorprendidos por la forma cruda y dura en que había dicho tales palabras. Ella se paró a respirar, porque estaba un poco ahogada, y observó la escena y dijo: - No importa la razón de la pelea de la que habéis sido protagonistas, a Potter le quitaré 5 puntos y a Granger igual. A ti Señor Malfoy, le daré un consejo, la sangre es solo sangre y lo importante es esto-señaló al corazón- también le quitaré 10 puntos, % por pelearse y otros % pon insultar de forma tan patética a una compañera. Bueno, empecemos la clase, nos estamos atrasando mucho. La gente se miró y perplejos empezaron la clase. Ella empezó y siguió como si no hubiera pasado nada.

Como se quema la pólvora seca, se extendió lo que había dicho Maiga a Malfoy, no sin algunos añadidos de más por parte de la gente. Muchos griffindors se alegraron de la reacción de Maiga. Pero muchos Slytherins (todos) se indignaron, aunque sabían que lo que decía ella era verdad. Por supuesto, Lucius Malfoy también se enteró, enseguida por supuesto, y como siempre tomó cartas en el asunto. Aunque pidió un "castigo" muy simple, era también duro y odioso Ella tenía que pedirle perdón al chico, en una clase donde hubiera Slytherins y Griffindors. Cuando se lo dijo Dumblendore de lo que se le había pedido, se alteró muchísimo: - ¿Qué me pide eso? Tú que crees, ¿qué estoy loca? -Tranquilízate. En cierto modo, él tiene razón. - ¿Qué eres el abogado del diablo? Te estás poniendo de su parte, Albus. - No me estoy poniendo de parte de nadie, y lo sabes. Pero creo que no debías de haberle dicho eso, al chaval. Yo pienso lo mismo, pero hay que ser precavidos, hay que ser cuidadosos con las cartas que echamos. Ella le miró con furia, pero entendió lo que le querían decir, y eso hizo que se tranquilizara. Cuando se tranquilizó, siguió hablando: -Sí, ya sé que no debería haberle dicho nada, pero no pude aguantarlo. Me puso negra con ese comentario. No pienso pedir perdón- dijo esto último de una forma más duramente. -Debes pedir perdón, porque... -¿Qué pasaría? -Lucius obligará al consejo a que te despidan. Ella se quedó paralizada al escucharlo. Con un ligero balbuceo dijo: -No pienso... pedirle... perdón. Da igual... dejo de ser profesora.- con lágrimas en los ojos y en las mejillas. -¡TE ORDENO QUE LE PIDAS PERDÓN! ¡NO SEAS ORGULLOSA, TRÁGATE TU MALDITO ORGULLO YA DE UNAS VEZ! Le miró asustada, nunca le había visto tan autoritario. Nunca le había hablado así. -Va...Va..le- contestó mirando hacia abajo, sintiéndose humillada -Entonces vayamos ya,¿de acuerdo? Si no me equivoco séptimo de Slytherin y Griffindor se encuentran dando clases de Pociones.- habló un tranquilo Albus. Maiga decidió hacer lo que le decía Dumblendore, pero no lo veía justo. No le importaba pedir perdón a Malfoy delante de Lupin, porque él era amigo suyo. Pero cuando estuvo al lado de la clase, oyó una autoritaria voz, la de Snape. Lupin, estaba ahora convertido en un lobato. Y Snape le sustituía. -No pienso pedir perdón a Malfoy delante de Snape.- dijo con un susurro, pero claramente exaltada. -Maiga-dijo el otro con un susurro también- Debes superar tus problemas. Si ahora haces lo que te pido, arreglarás uno. El otro seguirá, porque tú deseas que siga. Si ahora no haces lo que te pido, ya nunca lo harás. Maiga miró al suelo. Supo que Lucius quería dejarla en ridículo. Pero decidió que aguantaría y sería fuerte. Nada más llamar a la puerta, Snape la abrió. Se sorprendió de verla e hizo un ademán para que entrara. Ella aceptó la invitación y habló: -Profesor Snape, vengo a pedir perdón a Malfoy por lo que le dije ayer. Después de esta declaración hubo dos reacciones muy diferentes. Los griffindors se sintieron ultrajados, porque sabían la influencia que tenía el padre de Malfoy sobre el consejo del colegio, y los Slytherins se encontraron satisfechos, por el dolor de su casa rival y por lo que ella había hecho, pero más de uno pensaban que lo que el padre de Malfoy había hecho era algo repugnante. Bueno, pero se me olvidaba comentar otra tercera reacción, experimentada por Snape y por Malfoy, la de ver como alguien era chantajeado por decir la verdad, y debía ceder a la fuerza. Malfoy no supo lo que decir, lo que hacer, pero se decidió por un simple: -Perdonada. Muchos Slytherins tomaron la situación como un triunfo, pero para Draco era todo lo contrario. Le dio pena incluso, aunque sabía que ella no sentía lo dicho, pero como lo iba sentir se preguntó mil veces. Su padre le contó lo que le habían pasado a sus padre, con gestos y movimientos alegres. Además, el no quería ser un Death-Eater. -Podéis salir, ya ha terminado la clase. No os mandaré nada, solo tenéis que hacer lo mandado por Lupin el otro día. Adiós. La gente se empezó a ir , y Maiga iba a hacer lo mismo, pero Snape le cogió del brazo para que no se fuera. Cuando se fue todo el mundo, le soltó y se puso a recoger algunas cosillas. Estaba callado y no mostraba intención de hablar. Pero cuando ella iba a empezar a hablae, se acercó a ella y le puso sus dedos delante de los labios de ella, y empezó a hablar, mientes se apoyaba en una mesa. -Maiga, siento lo de Malfoy. Lo que no entiendo la razón de que le hayas pedido perdón.- con esas palabras siguió recogiendo, pero le miraba a la cara mientras recogía. -Albus me obligó.. porque Lucius había amenazado con el despido. Yo quería pedir perdón, pero me obligaron a ello. Él asintió cuando ella se calló. Ella sabía que él todavía tenía algo que decirle, así que esperó pacientemente. - Maiga,¿ya no te importo? - ¿A qué te refieres? - A lo que has oído. A que si ya no te importo nada. Desde que llegamos no hemos sostenido una conversación, ni unas palabras amables, todo era frialdad entre nosotros. -¿Tú que crees? ¿Qué me importas o no?- y se fue dejando a un confuso Severus dirigiéndose a su despacho, donde se encontró con Malfoy. -¿Qué haces aquí? -Deseo hablar con usted. -Vale, entra.- dijo señalando a la puerta ahora abierta. Él entró y se quedó de pie esperando a que ella entrara y se sentara. Se sentó cuando ella le invitó a ello: -Malfoy, habla ya que está aquí. -Profesora de la Rosa, yo no quería sus disculpas. -¿Por qué Malfoy?-dijo sorprendida, pero aguantando la compostura. -Porque tenía razón. Todo lo que dijo era verdad, pero yo no puedo evitarlo... aunque quiera. Ella le miró piadosamente. -A mí no me gustaría ser como mi padre. -No tienes que ser igual que él. -¿Pero como puedo evitar eso?-dijo llorando. Ella se levantó y se arrodilló junto a él. -Cada persona es única, y puede elegir su destino, porque el destino nunca nos elige, nosotros lo forjamos día a día. -Mi padre me tiene prohibido todo lo que me gusta.-dijo limpiándose las lágrimas. -¿Qué te gusta? -La música y la lectura, sobre todo la muggle. Muchas veces me he metido en bibliotecas muggles, sé que si mi padre se entera me matará. - A mí también me gustan esas cosas. Mira.- dijo levantándose y acercándole un maletín.- ábrelo- dijo con una sonrisa. Él hizo lo que se le pidió, era un violín. -Aprendí a tocarlo hace ya 17 años. Cuando todos mis seres queridos desaparecieron, me sumergí en la música. Fui a una escuela de música y allí refiné mi forma de tocar. Aprendí progresivamente a tocar todos los instrumentos. La música hizo que mi espíritu roto resurgier, como un fénix de las cenizas. Malfoy no dejó de mirar el violín, enbelesado con su belleza. Su olor, su color, su tacto eran divinos: -¿Te gusta? Si quieres te enseño a tocarlo. No tiene que saberlo nadie. Esta habitación tiene un conjuro para que no se transmitan los sonidos. Draco sonrió. -¿Haría eso por mí? Si por mi culpa ha sido el hazmerreír del colegio. -Lo sé. Pero prefiero que te salves de las garras de lo oscuro. Él volvió a sonreír y la abrazó. Ella se sorprendió del impulso, pero aceptó el abrazo: Gracias profesora, debo irme. Gracias, de verdad. Se fue como un rayo. Ella pensó:"Hay esperanzas" Dracó se limpió las últimas lágrimas y se sintió feliz. Mejr dicho, nunca se había sentido tan feliz. N/A: Os ha gustado?