II

- ¿Has tomado el antídoto contra el veneno? – preguntó Trafalgarius Waterius Décimo Law al cocinero del emperador.

- Si, lo he hecho. – contestó Sanji.

- ¿Y lo has repartido entre los demás esclavos del palacio? – volvió a insistió Law.

- El atriense* lo ha repartido a todos los esclavos. El les dijo que era un medicamento que tu le habías dado para prevenir enfermedades. – contestó el cocinero.

- Muy bien. – afirmó Law.

Trafalgarius Waterius Décimo Law había sido uno de los médicos oficiales del emperador Kaido. Inicialmente no había sentido odio o temor por Kaido, pues este emperador le había permitido hacer disecciones y vivisecciones tanto en animales como en humanos, permitiéndole desarrollar nuevos conocimientos médicos. Sin embargo, al paso del tiempo, Law fue capaz de percatarse de que la crueldad de Kaido no tenía límites, comenzando a temer pronto por su propia vida y la de sus seres queridos. Recientemente el había ejecutado a toda la familia Donquixote tras escuchar que Donquixote Rosinante, aclamado autor de comedias y poeta, había hecho una sátira que se le criticaba por emprender campañas de expansión de forma inútil. Poco le importó a Kaido tener que ejecutar no solo a Rosinante, sino también a su militar de confianza Doflamingo, quien, pese ha haber sido el delator de la falla de Rosinante, no tardo Kaido en sospechar que Doflamingo, al tener bajo su mando las legiones hispanas, conspiraba contra el, por lo que decidió también ejecutarlo. A Law le había herido de forma profunda la muerte de Rosinante, quien durante muchos años fue su mentor y amigo, sin embargo, la muerte de Doflamingo le heló la sangre, pues demostró que Kaido era capaz de matar a sus propios aliados bajo cualquier escusa o sospecha. Si eso era lo que era capaz de hacer con sus amigos ¿A qué extremo llegaría tratándose de sus enemigos? Eso sin contar que Doflamingo había sido uno de sus hombres más decentes, logrando mantenerlo en su sano juicio y evitando que hiciera acciones especialmente arriesgadas. A raíz de la muerte de Doflamingo la crueldad de Kaido había aumentado, haciendo que pronto Law no solo tuviese miedo de su propia vida o la de sus seres queridos, sino también por toda Roma.

- Solo quiero que quede claro Law, que yo solo envenené los alimentos del Emperador, pues esta en contra de mis principios envenenar algo tan sagrado como el alimento. Sin embargo, hago la excepción con Kaido, pues su gobierno ha llevado a la muerte de muchos y en este punto solo la muerte es capaz de detener su locura. – aclaró Sanji.

- Eso lo entiendo, el antídoto es solo preventivo en caso de que alguien comiese del platillo de Kaido por accidente o bien que algún esclavo al azar fuera usado como catador de alimentos.

- Mas te vale que así sea, pues yo sería incapaz de envenenar a nadie además de aquel usurpador malévolo, especialmente a las mujeres y muy especialmente a Yamato. – dijo Sanji.

Law asintió con la cabeza. Originalmente Law quería aprovechar ese banquete y matar a todos los asistentes y colaboradores de Kaido de una vez por todas, sin embargo, la negativa del cocinero a envenenar tanta comida (especialmente la que sería destinada a las mujeres) había hecho que descartara esa idea, pues Law sabía que si quería deshacerse de Kaido tendría que aceptar las condiciones que el cocinero imperial le impusiera. Además, el veneno tardaba en hacer efecto un par de días, por lo cual era posible que la muerte de Kaido pareciera el resultado de una enfermedad repentina y no un envenenamiento, por lo que si todos se enfermaban al mismo tiempo podrían levantarse sospechas. Y, de todas formas, Law había logrado acordar con varios miembros del senado y la guardia pretoriana que lo mejor era deshacerse de los seguidores de Kaido después de que este muriera. Para eso el senado proclamaría como emperador a Macro Fénix Barbatus, quien, pese a la inicial resistencia de Marco llevar aquel título parecía ser el que más popularidad tenía ante el senado y la ciudad de roma, siendo fácil para el senado descartar a Yamato como Emperador al ser mujer, y una vez con Marco en el poder podrían perseguir individualmente a quienes habían colaborado con las atrocidades de Kaido. Sin embargo, Law sabía que aquello haría la conspiración mucho más difícil, pues Law temía el poder militar y la popularidad con la que contaba Yamato. Era probable que Yamato y sus legiones se alzara contra Marco para reclamar el Imperio y si bien Marco era popular en el senado, no era un militar potente ni especialmente popular fuera de Roma. Quizá cabía la posibilidad de que Marco contrajera matrimonio con Yamato y evitaran aquel derramamiento de sangre, forjando una alianza, sin embargo, Law dudaba que ella fuera a dejarse dominar tan fácil. Además, posiblemente ella se opusiera a las ejecuciones de los colaboradores de Kaido y quisiera continuar el tiránico legado de su padre. Law tragó saliva. Tan pronto como se deshiciera de Kaido tenía que asesinar a Yamato de forma tan discreta que pareciese un accidente.

- ¡Salvete, Torao y Sanji! ¿Cómo va nuestro plan secreto? – preguntó Luffius Décimo Simia, quien era apodado por todos simplemente como Luffy.

- ¡Por Cástor y Pólux, Luffy! ¡No puedes preguntar así las cosas! – regañó Law al joven, arrepintiéndose de haberlo involucrado en tal conspiración.

- Oh, lo siento. ¿Todo va en orden? – preguntó Luffy.

- Si todo va en orden. – contestó Sanji.

- Excelente, por cierto, me muero de hambre. ¿No habrá sobras de carne por aquí? – preguntó Luffy a Sanji.

- Si quieres tengo esta costilla de cabra. No es lo mejor de mi cocina, pero supongo que es comestible. – dijo Sanji entregándole a Luffy aquel pedazo de carne, el cual Luffy no tardo en meterse a la boca.

- Mmmm… deliciosa. – dijo Luffy sin dejar de masticar aquel sabroso pedazo de carne.

Law suspiró nervioso. Luffius Décimo Simia era un joven liberto** de la familia de Law quien se había vuelto acróbata y actor y por azares del destino había terminado por integrarse a una de las compañías de actores y bailarines más queridas de Roma, al grado de que Kaido había contratado a aquella compañía para el espectáculo del banquete. Law, teniendo cierto grado de familiaridad con Luffy (al grado de literalmente dejarlo dormir en su domus*** en varias ocasiones), decidió confiarle la idea de la conspiración y hacerlo participe de los encuentros que tuvo con el resto de los conspiradores, sin embargo, ahora Law comenzaba a dudar si fue buena idea contarle a Luffy de aquella conspiración. Luffy tenía muchas virtudes y la discreción no era una de ellas.

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* Atriense: El esclavo de mayor rango y confianza en una casa romana.

**Liberto: Esclavo liberado, ya sea por voluntad de sus amos o por haber comprado su propia libertad con su sueldo (algunos esclavos recibían suelos).

***Domus: Casa.

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De nuevo llego con otro épico capítulo de este fanfic histórico. Quizá sigua siendo yo un poco ridícula romanizando los nombres de los personajes de One Piece, pero la verdad me divierto mucho haciéndolo.

Rosslie: No te preocupes por tus ausencias, lo primero es la salud (tanto física como mental), lo importante es que estas aquí y que te diste oportunidad de leer este fanfic. Ojalá te sientas mejor.

Monnies: Muchas gracias por tus dulces palabras. La verdad es que yo también soy una romanofila empedernida, he leído algunos clásicos escritos en época romana (El Asno de Oro es mi clásico romano favorito) y amo las novelas históricas de Santiago Posteguillo y en cuanto mangas me puse a leer Thermae Romae de Mari Yamazaki (que tiene un live action divertidísimo) y Ad Astra: Scipio to Hannibal de Mihachi Kagano (un manga bastante bueno e infravalorado, casi imposible de conseguir traducido al español). Me alegra que la pasión por la antigua Roma sea otra afición que compartamos juntas.

Como siempre, le deseo lo mejor a todos mis lectores y lectoras de todo el mundo,

(Por cierto, en el capítulo anterior se me olvido aclarar que Dacia era una provincia Romana que se encuentra Rumanía y Moldavia, solo por si los que leyeron esa parte se quedaron con la duda).