Lo que sea pero contigo
Capítulo 6:
Confesión o como la princesa no entendía las indirectas.
—Vamos joven Yukito, diga algo. Si no lo hace, voy a pensar que está molesto con nosotros.
—No, no es eso. No estoy molesto, solo… algo sorprendido.
Me quedé observando fijamente las expresiones del hombre frente a mi, mientras daba otro sorbo a la taza humeante que tenía en sus manos en un esfuerzo inconsciente por ocultar de mí su mirada.
Posiblemente era mi culpa. Tal vez se me había pasado un poco la mano con los detalles acerca de lo ocurrido entre Touya y yo, y no debí decirle que habíamos dormido juntos en una ocasión. Pero, ¿qué otra forma tenía de explicarle mis razones para tomar un vuelo expresamente para verlo y convencerlo de poner fin a aquella distancia que tenía con su novio de toda la vida?
—¿Está segura de que ya habló con Touya sobre el significado de lo ocurrido?
—Por supuesto que lo hemos hablado y no significa absolutamente nada —respondí convencida, al fin y al cabo, había decidido que en mis delicadas circunstancias dar respuesta a todas sus dudas era la mayor contribución que podía hacer a que las cosas entre ellos volvieran a la normalidad—. El sujeto ha respetado sus condiciones y aparte de nuestro desliz de ese día, no ha tenido contacto con nadie en estos cinco meses en que no se han visto ni hablado. ¿Qué otra prueba necesita de la sinceridad de los sentimientos de Touya? ¿Se sentiría más convencido si él viniera personalmente y se lo dijera?
—No dudo de la sinceridad de sus sentimientos. Sé que Touya me quiso mucho y que si de él dependiera, las cosas seguirían exactamente igual que antes, pero… no puedo pasar por alto que las cosas han cambiado, que por más que lo intente él ya no…
Detuvo sus palabras antes de terminar la oración, sin poder disimular en su voz la profunda congoja que lo embargaba en esos momentos, y yo me sentí motivada a tomar sus manos con cariño intentando confirmarle que entendía sus sentimientos al respecto.
Fueron quince años juntos. Para ninguno de los dos sería fácil acostumbrarse a estar sin el otro, por mucho que la decisión de separarse haya sido idea suya.
—Usted mismo acaba de reconocer que Touya está dispuesto a dar todo de sí para que las cosas entre ustedes funcionen. Es absurdo seguir con esto. Debería volver a Tomoeda y arreglar esto de una vez por todas. Él lo extraña mucho. Casi se ha vuelto un gruñón ermitaño después de su partida, y eso que antes de, no era el tipo más sociable del mundo.
Esbocé una pequeña sonrisa al pensar en el refunfuñón troglodita con complejo de superioridad ese, que por cierto debía estar maldiciendo en ese momento mi mera existencia.
¿Ya se había visto al espejo? ¿El señor Fujitaka le habrá entregado mi mensaje? ¿Mi repentina ausencia le sería insoportable aún fuera un poquito?
Más le valía que así fuera, porque yo extrañaba a horrores sus estridentes bufidos.
—Señorita Tomoyo, ¿está segura de que no siente nada por él? —escuché preguntar de repente a Yukito, y tuve que hacer malabares para no caerme de mi asiento, porque al parecer me había ido muy lejos pensando—. Digo… como me explicó que no había estado de esa manera con nadie más, tal vez…
—Ah, eso. —Tomé un sorbo de agua para eliminar un nudo que por alguna razón se había alojado en mi garganta, y negando con la cabeza mientras le restaba importancia con un gesto de mi mano, le expliqué que ni siquiera lo recordaba y tras tantos meses de haber ocurrido, a veces me preguntaba si había sido real o solo imaginación mía—. Touya es solo un amigo a quien adoro fastidiar. Es cierto que ha sido muy bueno conmigo y lo aprecio bastante… pero nada parecido al amor, se lo aseguro. Aquí entre nosotros… Yo soy más de tortillas y fresas, si sabe a lo que me refiero.
Le guiñé un ojo para sustentar mi afirmación, pero la expresión de Yukito me indicaba que no tenía ni la menor idea de a lo qué me refería.
Debía asimilarlo. Touya era el único que siempre reaccionaba a mis chistes verdes.
—Quiero decir que me gustan las mujeres. No tengo interés alguno en los hombres.
—Ah, ya veo. —Yukito pareció analizar el asunto unos segundos más y yo solo me limité a aguardar por su veredicto final.
Mientras pensaba, me recorrió un par de veces con sus ojos avellana y casi pude sentir que había algo que quería transmitirme con aquella mirada, algo que no era capaz de revelarme con palabras.
Estuve a punto de preguntarle si había algo que aún le inquietaba al respecto, pero entonces, lo vi ponerse de pie y tomar la bandeja que algún sirviente de los Hiragizawa se había encargado de traernos con algunos aperitivos, con el claro objetivo de llevarlos a la cocina de la espaciosa mansión a nuestras espaldas.
—De acuerdo, volveré…. El veinte de mayo.
—Pero eso es en dos meses —protesté inconforme, preguntándome si acaso no entendía que siete meses separados era demasiado tiempo aún para ellos, pero él solo se limitó a sonreírme y asentir.
—Tengo mis razones para querer que sea ese día, pero le doy mi palabra de que volveré a tiempo. Quiero que sea una sorpresa, así que agradecería que no se lo diga a Touya.
¿Dos meses y sin que Touya lo supiera? ¿Acaso quería que el sujeto se diera un tiro o qué?
Lo vi dirigirse a la casa dándome la espalda mientras se alejaba, y presa de una indignación que se me escurría por los poros, grité su nombre lo suficientemente alto para que todos en la casa me oyeran, dibujando en mis labios esa sonrisa macabra que ponía a temblar a todos los que tenían la desdicha de colmarme la paciencia.
—Estoy harta de que quiera que espere —reconocí enardecida, aunque con un tono de voz dulcemente tétrico, de esos que te ponían la piel de gallina—. Me importa un comino las razones que tenga para hacerlo. Así que seré muy clara con usted. O vuelve antes de que termine la primavera, o yo misma me encargaré de conseguirle pareja a Touya.
La serenidad en mi voz en total contraposición a mi ultimátum, hizo que el sujeto palideciera mientras contenía el aliento. Pero si bien pensé que aquello lo amedrentaría lo suficiente para motivarlo a tomar sus maletas y seguirme de inmediato, un suspiro lleno de alivio abandonó sus labios, y sonriendo alegremente como si acabara de quitarse un gran peso de encima, me dijo que volvería en un mes y que podía poner el día que quisiera.
—El día de mi desfile entonces. Aún falta afinar ciertos detalles, pero me partiré el lomo para que sea exactamente ese día —respondí sin chistar, sin eliminar del todo de mi voz los rastros de animosidad hacia él.
Estaba furiosa. Increíblemente furiosa. Si no fuera porque sabía cuánto Touya lo amaba y realmente creía que aún había algo que ambos me ocultaban, juraba que no esperaría el maldito mes ese para cumplir mi amenaza y conseguirle a Touya un nuevo novio.
Sería divertido, seguro podía conseguir que tuviera una nueva pareja en solo una semana.
—Señorita Tomoyo.
—¿Qué quieres? —solté más bien en un gruñido mientras elaboraba en mi mente una lista de tipos a quienes podía contactar y que no solo no tejerían tan siniestro castigo para alguien que le había entregado la mitad de su vida, si no que morirían del miedo si yo los amenazaba con una de mis miradas, quedándome helada al sentirlo rodearme con sus brazos en un cariñoso gesto que algo dudosa correspondí.
Un "cuídelo bien", salió de sus labios justo antes de separarse de mí, y regalándome una última sonrisa, volvió a emprender su camino hacia el interior de la casa, dejándome allí sola, sin entender qué demonios había significado eso.
—Estoy agotada —sollocé mientras daba tumbos en los pasillos, dejándome caer sobre la hierba tan pronto conseguimos llegar al área de recreo de la escuela primaria que nos vio crecer.
Tenía tantos recuerdos de ese lugar.
Parecía mentira que ya hubieran pasado quince años desde la última vez que pisé aquel verde pasto, acompañada de la hermosa ninfa de ojos esmeraldas que se dejó caer a mi lado, y que en ese entonces tenía maravillosas aventuras trepada en su báculo mágico con alas.
—Pero lo hiciste estupendamente, Tomoyo. Me sorprendió mucho que consiguieras que la directora accediera a tu petición de reunirte con los padres de los niños. Ella puede ser un poco impenitente en ocasiones y más cuando se trata de eventos extracurriculares.
—Es natural Sakurita, no puede aceptar que cualquiera se relacione con los niños de esta escuela —expliqué mientras me recostaba de espaldas en la hierba, mirando al cielo que en esos momentos estaba pintado de un azul destellante—. Fue bueno que Chitose hablara a mi favor, y que Chiharu y tú también me ofrecieran su ayuda. Espero tener la misma suerte con los padres. La mayoría de los vestidos para el desfile son de niñas de menos de diez años y si bien Chise y Chiho modelarán para mi, necesito el permiso de los padres de las demás niñas para terminar todo esto en veintisiete días exactos.
—Descuida. Seguro también los convences —declaró entusiasta, con aquella optimismo que emanaba de ella y te hacía sentir que no había nada en el mundo que no pudieras hacer si eras motivada por esa sonrisa—. Aunque… ¿Por qué veintisiete días? ¿No es mucho trabajo para tan poco tiempo?
—Lo es, pero le prometí a un desgraciado que lo haría justo en esa fecha —mascullé mientras la vena en mi frente se hinchaba, y recordaba las ganas que tenía de viajar de nuevo a Inglaterra y patear a Yukito con todas mis fuerzas—. Digamos que estoy organizando dos bodas para este año, y si un idiota no se decide, tendré que cambiar a uno de los novios.
—¿Quiénes van a casarse? ¿Conozco a alguno de los novios? —preguntó ella con la inocencia que la caracterizaba, y si bien me cosquilleaba la lengua tentada a revelarle aquello que aparte de lo de Touya andaba cocinándose por ahí, al escuchar a un estudiante gritar el apellido de mi compañera, levanté la vista hasta la reja que dividía la primaria de la preparatoria, alcanzando a ver a Touya vestido con un largo pantalón deportivo en azul marino y una camiseta blanca, revisando lo que parecía una lista de actividades.
Agité la mano sobre mi cabeza para saludarlo después de sentarme en la hierba, quedándome totalmente desconcertada cuando, como si no me hubiera visto, aceleró el paso para salir de mi campo de visión perdiéndose en dirección al área de educación física.
Ok, eso había sido raro. ¿Era idea mía o Touya me estaba evitando?
—Así que aún sigue molesto conmigo. Ya no sé cómo pedirle disculpas a mi hermano —escuché lamentar a Sakura mientras hacía un puchero, y si el que el desagradecido ese no me hubiera devuelto los mensajes desde mi llegada y aparte saliera huyendo en cuanto me veía, me había dejado perpleja, pensar que por alguna extraña razón ese insípido sujeto podía estar molesto con mi hadita del bosque, me parecía un absurdo. Y es que, mírenla. Era adorable.
—¿Qué pasó mientras no estuve? ¿Por qué te peleaste con ese Neandertal?
—Es que… le hablé sobre lo que te comenté una vez de que él estaba teniendo una comunicación estrecha con alguien que no era Yukito. Me dijo que eras tú la persona con la que hablaba, y me reprochó el que te hiciera daño por no darme cuenta de las cosas —explicó acongojada, para luego tomarme de las manos y mirándome fijamente a los ojos, pedirme perdón si sus palabras de entonces me habían causado algún tipo de sufrimiento.
Se los dije, era simplemente adorable.
—Descuida. Touya no es más que un exagerado alarmista —aseguré con una sonrisa, aunque en el fondo sabía que en realidad al decir aquello, él se refería a un asunto totalmente diferente. Ahora entendía por qué el tarado de Shaoran se había pasado la semana pidiéndome perdón por quien sabe que cosa… Iba a matar a Touya. Ya se me ocurriría una forma de hacerlo pagar por hablar de lo que no debía—. En ese entonces, ninguno de los dos se había percatado de que la cercanía que teníamos podía malinterpretarse, así que fue bueno que me hicieras ver eso a tiempo —aseguré dejando de lado mis planes de tortura para cuando llegara a casa más tarde—. No me hubiera perdonado si por ello le provocaba un problema con Yukito, por lo que, contrario a estar molesta, me alegro de que me hablaras al respecto.
—Aunque de todas formas pelearon y terminaron separándose —lamentó en un susurro lleno de congoja, mientras se dejaba caer a mi lado y cerraba los ojos para evitar que los mismos se cristalizaran de impotencia ante una situación que no comprendía.
Aquella era la parte que Yukito no veía del asunto. No sólo se trataba de lo que Touya sintiera ante sus decisiones, todos aquellos que los querían y deseaban verlos siendo felices sufrían aquello por igual.
—Tanto entonces como ahora, tu hermano ha sido muy paciente conmigo y se ha esforzado al máximo por ayudarme con mis problemas. Mi mayor deseo es pagar su bondad de la mejor manera posible y por eso… no descansaré hasta verlo feliz de nuevo.
—Te lo encargo. No conozco a nadie que pueda conseguir tal cosa más que mi mejor amiga —declaró ella con una sonrisa enorme, que si bien era totalmente sincera, por alguna razón me resultó amarga.
Se incorporó de inmediato al sentir vibrar su teléfono y anunciando que ya Shaoran había llegado a recogerla, se puso de pie de un salto, sacudiendo sus ropas para quitar de ella los restos de hierba.
Siempre me pregunté qué pasaría si alguna vez se enterara de que mi interés en su familia no era mera casualidad.
Era cierto que hacía aquello porque Touya me importaba, pero en el fondo lo que más deseaba era que ella jamás dejara de mirarme con todo ese cariño que daba algo de calidez a mi corazón solitario. Sabía que jamás me miraría como hacía con Shaoran… pero las diminutas gotas de cariño que dejaba posar en mis chamuscadas y sedientas hojas, eran lo único que evitaba que me convirtiera en simple leña y ardiera hasta consumirme entera.
—Seguro debes tener hambre. Le diré a Shaoran que pasemos por algún restaurante y así nos das los pormenores de tu repentino viaje de hace unos días.
—No hace falta. —Me apresuré a asegurar, convencida de que dado que Shaoran viajaría al Cairo en unos días para acompañar a su padre, ambos estarían más empalagosos que de costumbre y solo sería un estorbo para que pudieran ya saben… "despedirse"—. Tengo que hablar algo con Touya y de paso, lo obligaré a qué se arregle contigo cuanto antes. Dile a Shaoran que hablaremos con calma cuando regrese, y ya sabes… usa esos encantos para enseñarle quien manda.
—¡Tomoyo! ¡Estamos en una escuela! —chilló ella mientras yo me encogía de hombros con desinterés, y después de darme un abrazo y pedirme que la llamara si cambiaba de opinión, se alejó corriendo en dirección a la entrada de la escuela, donde seguramente Shaoran la esperaba en su auto del noventa y seis.
Le había dicho mil veces que se deshiciera de esa chatarra y dejara que como regalo de bodas les diera un convertible, pero él insistía en que no quería nada que no se hubiera ganado y que le demostraría a los ancianos de su clan que no necesitaba su fortuna para vivir con dignidad.
Mi amigo había renunciado a una vida de privilegios para vivir tranquilamente al lado de la mujer que amaba, y aunque seguía pareciéndome estúpido que rechazara mis regalos para conservar su orgullo, me alegraba haberlo animado a que se confesara cuando me di cuenta de que lo que sentía por Sakura tenía más probabilidades de ser aceptado que lo que sentía yo por ella.
—¡Oh sí claro! Le dices a otros que se confiesen, pero tú te niegas a hacerlo aunque tu vida dependa de ello.
—Eso es diferente, pequeño Touya. ¿Qué clase de lunático confesaría sus sentimientos si sabe que de todas formas lo van a rechazar? —expliqué al inerte muñeco de felpa que había sacado de mi bolso, y al que conferí una voz profunda muy parecida a la del tipo que me lo había obsequiado.
Sentí las miradas de un par de pequeñuelos que lucían preocupados de que una adulta como yo hablara con un osito de peluche, y tosiendo ligeramente mientras lo guardaba en mi bolso, me dirigí hacia el enorme portón que conectaba la preparatoria con la escuela primaria en la que me hallaba en esos instantes.
Era cierto eso de que deseaba hablar con Touya y que intentaría que se arreglara con su hermana de una vez por todas, así que esperaría a que terminara lo que sea que estuviera haciendo y tendríamos la mayor conversación de toda su existencia.
Lo último que conseguí que me dijera por teléfono después de quince imperativas llamadas, era que por esa semana sustituiría al maestro de educación física y que por eso no podría acompañarme después de clase.
Aun no entendía por qué entre tantos profesores y sustitutos, tuvieron que pedirle al profesor de biología que se encargara de ello, pero conociendo al complaciente tipo que se las daba de duro en ocasiones, seguro alguien se lo había pedido encarecidamente y no fue capaz de decirle que no.
—¿No son maravillosos? ¡Nunca me cansaré de ver a los chicos jugar! —escuché a una de las chicas soltar en un suspiro una vez llegué a la cancha de baloncesto de la preparatoria, donde estaban reunidas el cincuenta por ciento de las féminas del instituto, y esforzándome por hacerme espacio entre ellas para poder ver mejor, observé lo que parecía ser la práctica del equipo.
Diez sujetos todo sudados compitiendo entre ellos… aburrido. Prefería mil veces grabar por horas a Sakura comiéndose un pedazo de pan.
—Miren, miren. El profesor Kinomoto entrará —anunció una de las chiquillas, mientras efectivamente veía a Touya retirarse del cuello el silbato que pendía de él, y tomar la pelota para explicarle a uno de los estudiantes en particular algo que no conseguí escuchar, tanto por la distancia que nos separaba como por los chillidos que soltaban a cada segundo el grupo de pubertas a mi lado.
Touya parecía ser bastante popular aún con las niñas de esa edad. Tal vez mi rango de búsqueda para la pareja perfecta no tendría que limitarse a hombres delgados y que usaran anteojos.
—Pobrecito, no sabe a lo que se enfrenta. Le dará una paliza.
—Es cierto que Touya está algo viejo para este tipo de actividades físicas, pero no creo que sea tan malo en realidad. —No pude evitar comentar ante el lamento de una de las estudiantes a mi lado, ya que si bien sabía que no debía meterme en ello, no podía evitar intentar defender a mi amigo.
—¿Touya? ¿Habla del profesor Kinomoto? —preguntó una de ellas extrañada ante mi comentario, y agitando las manos mientras aclaraba el significado de sus palabras, me explicó que estaba equivocada y que al parecer había entendido todo al revés.
—Si nos lamentamos es por el chico contra el que se enfrenta.
—Sí. El profesor Kinomoto será un adulto, pero es sorprendentemente ágil.
—¿Hablan en serio?
Me quedé algo descolocada de que aquel trío pareciera tan convencidas de que aquel treintañero fuese capaz de derrotar a un joven en buena forma de no más de dieciocho, quedándome aún más sorprendida cuando vi a Touya de un solo tiro encestar perfectamente a una distancia considerable.
—Increíble. Un triple —confirmó una de las pubertas y entonces, mucho más animados, los del equipo contrario comenzaron a jugar en contra de Touya, enfrentándose casi a quemarropa a un sujeto que para mi perplejidad los evitaba con la mayor facilidad posible.
Parecía que Touya no estaba en tan mala forma después de todo.
Supongo que él y Sakura también compartían la similitud de que ambos eran igual de atléticos.
En un pequeño descuido, uno de los estudiantes consiguió arrebatarle a Touya la pelota, y si bien él intentó seguirlo de inmediato, un trío de estudiantes se encargaron de obstaculizarle el paso, lo cual le hizo perder tiempo, aunque al final, consiguió zafarse de ellos y seguir al chico que le había robado la pelota.
Las posibilidades de que detuviera al chico que se acercaba velozmente a la cancha dispuesto a anotar el primer punto a su favor parecían nulas, y yo, completamente contagiada del espíritu deportivo de los chicos a mi alrededor, grité con todas mis fuerzas el nombre de Touya pidiéndole que lo detuviera, antes de cubrir mis ojos incapaz de contemplar el resultado pues, más que conseguir su objetivo, terminó golpeándose la cabeza con la cancha al distraerse en el mismo instante en que iba a saltar.
Sentí a Touya tensarse cuando abriéndome paso entre los estudiantes, lo tomé de la mano para llevarlo a la enfermería, y si bien no intentó zafarse de mi agarre mientras atravesábamos los pasillos, su silencio en todo ese tiempo me confirmó que algo no era como antes entre nosotros.
—No tienes que poner esa cara, Touya. No te hiciste casi nada para ser un anciano intentando comportarse como un adolescente —comenté en son de burla, intentando aligerar la tensión entre nosotros mientras desinfectaba la herida en su frente que afortunadamente solo era superficial, y buscando entre el menaje del pequeño cuarto médico, procuré ubicar una vendita que planeaba colocarle en el sitio afectado.
Recordaba haber acompañado a Sakura allí en un par de ocasiones, especialmente cuando Shaoran se lastimaba luego de jugar fútbol en el tiempo en que estudiábamos en la preparatoria. La enfermera sólo trabajaba hasta las cinco de la tarde, así que si te hacías algo luego de esa hora tenías que encargarte tú mismo del tratamiento. En esas ocasiones Sakura estaba muy ocupada preguntándole a Shaoran si le dolía mucho y otras estupideces, así que al final siempre era yo la que tenía que hacer la mayor parte del trabajo.
Sí, lo sabía. Era un asco ser parte de un mal tercio.
—Tomoyo… ¿Crees que soy una mala persona?
Llevé mi mirada hacia él al escucharlo al fin articular palabra, y si bien me pareció una pregunta bastante extraña a juzgar por la persona que me la hacía, me acerqué a donde estaba, y teniendo mucho cuidado de no lastimarlo, retiré un poco de pelo empapado de sudor de su frente y le coloqué el diminuto objeto que al menos evitaría que siguiera sangrando.
Apenas me percataba de que Touya ya tenía algunos mechones blancos en su pelo siempre chocolate. Supongo que era lo único que delataba su verdadera edad, pues si te basabas en lo demás, fácilmente podía pasar por un chico de veinte.
—¿Por qué me hace una pregunta cómo esa? ¿Acaso está molesto consigo mismo porque siente que ha hecho algo que no debía? —pregunté para su estupor, y al darme cuenta de que había dado justo en el clavo, tomé asiento a su lado, notando como en cambio él se alejaba un poco para darme espacio, seguramente porque después de tanto jugar había sudado demasiado y no quería incomodarme—. Las personas solo buscamos la confirmación de otros cuando nos avergonzamos de nuestros propios errores. Es como si ante la imposibilidad de excusarnos nosotros mismos, quisiéramos que otros lo hicieran por nosotros. —Aquella respuesta pareció dar en el clavo otra vez, pues, sin decir nada al respecto, él solo se puso de pie con la clara intención de marcharse. Nunca lo había visto tan contristado. Supongo que sin mí para mantener su mente ocupada, su cabeza se había llenado de pensamientos negativos—. Es una buena persona. Una de las mejores que he conocido jamás —aseguré para su sorpresa, haciendo que se detuviera antes de cruzar la puerta y me mirara como si mis palabras le hubieran devuelto un poco de esperanza—. Es amable, considerado, altruista, servicial… y no seguiré elogiándolo para que no se le suba a la cabeza. Entiendo que con lo que está ocurriendo con el joven Yukito una parte suya se cuestione sobre sus actos y llegue a la conclusión de que es el responsable, pero estoy segura de que no ha hecho nada malo para provocar que las cosas estén así entre ustedes. Es decir, no es como si se enamorara de alguien más mientras salía con él. Porque le aseguro que eso sí sería una verdadera catástrofe.
Elevé la mirada hacía él ante su ausencia de reacción, y al notar como su rostro palidecía mientras el terror se dibujaba en sus ojos, me puse de pie de golpe agitando mi dedo en el aire intentando expresar aquello que mi boca aún no había podido articular.
—¡No!
—Déjame explicarte.
—No quiero escucharlo —siseé mientras fruncía el ceño, ahogando un grito contra la única almohada sobre la camilla al darme cuenta de que acababa de cometer un gran error. ¡Había amenazado a Yukito! Peor aún, había usado contra él "la mirada". ¡No podía creerlo! Terminé arremetiendo contra el único inocente en todo aquello, y ese… ni sabía cómo lo iba a describir, resultaba que estaba muy embobado pensando en otra persona—. ¡Con razón ha estado actuando tan extraño! ¡Con razón no quiso viajar a Inglaterra conmigo! ¡Sabía que era su culpa! ¡Sabía que lo había traicionado!
—¡Por supuesto que no lo sabía! ¡Acabo de darme cuenta! —gritó tomándome de los hombros mientras me miraba a los ojos, y caminando de un lado a otro después de soltarme, incapaz de soportar el reproche que seguro había en mi mirada, alborotó su pelo lleno de frustración, sin ser capaz de encontrar una salida viable para el lío en el que se había metido—. Yo… creo que me enamoré de esa persona debido a todo el tiempo que pasamos juntos últimamente. Te juro que no tenía idea de lo que pasaba hasta que varias personas me lo hicieron ver. Yo… me he pasado los días pensando en cómo remediaré esto, pero no sé me ocurre absolutamente nada. Te juro que no quise dañar a Yukito, es solo... no puedo solo decidir si quiero amarla o no.
Me dejé caer de nuevo en la camilla mientras él se quedaba mirando a través de la única ventana de la habitación, en un claro intento por no tener que verme más la cara.
Yo también era una tonta. Claro que debí darme cuenta antes. No saber negarse a hacerle favores, trabajar hasta tarde solo por qué se lo pedía... Era demasiado obvio.
—Quien le gusta es el profesor de educación física, ¿no es cierto? —aseguré convencida de mi argumento, y aunque lo vi mirarme como si me hubiera crecido otra cabeza e intentar desmentir lo que acababa de afirmar, para mí era clarísimo todo lo que estaba sucediendo. No tenía que avergonzarse, no había nada de malo en que ahora le gustaran los hombres musculosos—. Sé que trabajar todo el día con alguien aumenta las posibilidades de que se desarrollen sentimientos, pero no se preocupe por ello, así como la cercanía es alimento para el amor, alejarse puede hacer que lo que siente se desvanezca. —Me aproximé a él, y al ver que se negaba a dejar que tocara sus manos como había hecho con Yukito, me puse de puntillas para igualar nuestra altura, y lo tomé de los hombros para obligarlo a mirarme a los ojos—. De ahora en adelante, solo debe evitar a esa persona a como dé lugar. No le dirija la palabra en ninguna circunstancia y más que todo, no tenga ningún contacto físico con ella. No se preocupe, estará bien en solo unos días.
Miró fijamente mis manos que insistían en mantenerse pegadas a su cuerpo, y entornando los ojos mientras mascullaba algún tipo de mantra espiritual que no conocía, inhaló y exhaló profundamente, enfrentando mi mirada mientras sus labios se abrían y cerraban una y otra vez, como si lo que tuviera que decirme a continuación fuera algo sumamente importante.
—La persona que me gusta —murmuró algo nervioso—. Es alguien de quien no solo puedo alejarme sin más. Nuestra relación es complicada y según parece, no entiende las indirectas. Seguro que si intento evitarla, irá tras de mí y se me adherirá como garrapata.
—Así que estamos lidiando con un acosador.
Golpeó su frente con una de sus manos, con una fuerza tal que pensé que se rompería la cabeza, y después de respirar profundo de nuevo, tomó mis manos en cambio, lo cual me pareció extraño, pues jamás las había sostenido por más de cinco segundos.
—Justo en este momento, esa persona está en medio de algo importante. Verás, quiere olvidar a alguien que le gusta desde hace mucho, y a mi me duele profundamente verla sufriendo porque esa persona no le corresponde. Sé que corro peligro si me quedo cerca de ella, y me asusta la idea de enamorarme demasiado y después no ser capaz de deshacerme de ese sentimiento, pero… no puedo alejarme de ella cuando más me necesita.
—El joven Yukito también lo necesita y no lo veo muy preocupado por ir a buscarlo —señalé mientras me soltaba de su agarre, sintiendo por alguna razón que toda el área donde me había tocado me quemaba—. ¿Se imagina todo el dolor que sentirá cuando se entere de esto? No… tal vez ya lo sabe y por eso se marchó en primer lugar. No puede solo pasar por alto algo como eso y olvidarse de Yukito. Han estado quince años juntos, ¡por Dios! Debería al menos sentir más respeto por ello.
—Lo sé. Soy un patán imperdonable. Me merezco que ambos me odien. —Llevé mi mirada hacía él al notar la gran congoja que había en su voz al decir aquello, y comprendiendo que con mis palabras no hacía más que desgarrar una herida de por sí abierta, me acerqué a él por la espalda, y rodeándolo por la cintura, me quedé en silencio solo abrazándolo, sintiendo como se esforzaba por no romper a llorar de frustración en esos momentos.
Debía reconocer que a pesar de lo tensa de la situación, tenerlo tan cerca era agradable. No sólo su cuerpo era cálido, el aroma de su piel me relajaba.
Touya provocaba ese efecto en mí.
No importaba qué tanto miedo sintiera o si creía que el mundo se me caería encima en cualquier instante, él siempre intentaba secar mis lágrimas y ayudarme a ver qué mis problemas no eran tan grandes como parecía. No recordaba ni una sola vez que me dejara sola cuando sabía que no me sentía bien conmigo misma y por eso, me dolía profundamente no ser capaz de decirle nada que lo hiciera sentir mejor en esas circunstancias.
—No es su culpa, Touya. Estoy segura de que fue un accidente —murmuré al fin, intentando ser lo más imparcial posible, procurando pensar en cómo me sentiría yo si me viera en las mismas circunstancias y que me gustaría que la otra persona me dijera—. Pero entienda que por mucho que le asuste herir a esa persona, no puede seguir alimentando ese sentimiento. Debe tomar medidas cuanto antes. En poco tiempo Yukito volverá y entonces…
—¿Cómo estás tan segura de que volverá? ¿Qué me garantiza que va a volver? —No pude responder a esas preguntas pues, Yukito había sido muy claro con respecto a que no debía contarle nada sobre nuestro trato. Era claro lo que pretendía. Quería saber qué tan lejos podía llegar Touya ahora que pensaba que habían terminado, y a juzgar por lo expuesto por el mismo, sus dudas estaban completamente justificadas—. Olvídalo, no tiene importancia —declaró mientras disimuladamente limpiaba algunas lágrimas de sus ojos, volviéndose a mí para poder tener una mejor visibilidad de mi cara—. De todas formas no creo que esa persona tenga idea de mis sentimientos, así que solo… fingiré que nada ha pasado.
—Touya… ¿en serio quiere tanto a esa persona? —Me atreví a indagar, y señalando la herida de su frente que estaba oculta bajo la vendita, me aseguró que esa persona era la culpable de que se hiciera tal cosa, y que si volverse así de idiota no era estar muy enamorado, no estaba seguro de que podía serlo—. Supongo que eso cambia todo lo antes planteado —murmuré siendo yo ahora quien le daba la espalda, cosa a la que él respondió besando cariñosamente mi cabeza mientras me abrazaba—. Creo que debería pensar en qué decisión va a tomar. Es decir, no es justo que acabe con una relación de tantos años por alguien de quién se enamoró recientemente, pero a la vez… no creo que sea recomendable que regrese con Yukito si su corazón está dividido. Debe aclarar sus sentimientos y decidir a cuál de los dos sacará de su vida. Recuerde que no es una decisión que debe tomar a la ligera. Las consecuencias de ello no solo las cargará usted mismo, sino que afectarán directamente a dos personas que quiere mucho.
—Lo sé. Por eso estoy tan angustiado. —Lo sentí retirar sus brazos de alrededor de mi, y después de invitarme a girarme en su dirección, me sonrió levemente mientras colocaba un mechón de pelo detrás de mi oreja, acariciando levemente mi mejilla al notar que aunque me había esforzado por disimularlo, aquello me causaba una honda tristeza.
Me recordaba mucho a mi propia desdicha, al hecho de que después de años de amar locamente a cierta persona, tuve que ver con mis propios ojos como alguien más la arrebataba de mi lado.
No quería que nadie más pasara por algo como eso, yo… no quería que Touya cargara con la culpa de haber roto el corazón de Yukito por seguir tras alguien que tal vez no podría darle todo el amor que él merecía.
Me sentía tan impotente. Los sentimientos de las personas eran demasiado complicados y a veces, la única forma de garantizar la felicidad de los demás era que al menos una persona sufriera.
—Sabes Tomoyo —murmuró mientras colocaba su mentón en mi cabeza, acariciando con dulzura mi pelo mientras yo dejaba caer mi cabeza en su pecho—. Aunque fue un accidente y sé que no me corresponde, creo que en el fondo me alegro de haberme fijado en esa persona, porque esa persona, me hace tan feliz como no lo era en mucho tiempo. Sé que suena a discurso barato y que ahora debes pensar que no soy más que un bastardo infiel, pero… aún si decido alejarme, quiero que ella sepa que no ha hecho nada malo y que la quiero sinceramente. No es carnal ni nada por el estilo, bueno… solo un poco.
—Tiene razón, creo que eres un bastardo infiel y puede decírselo al musculoso ese usted mismo —sentencié mientras le daba un enorme pisotón rompiendo de una vez por todas el emotivo ambiente, porque aunque no fuera su culpa haberse enamorado de otro, si lo era no habérmelo dicho antes de viajar a otro continente para amenazar a una pobre víctima. ¿Por qué tenía que ser tan impulsiva? Más me valía pensar en una buena forma de disculparme, o Yukito terminaría por odiarme a mí en vez de al calenturiento de su novio—. Por ahora me iré de aquí, no soporto a los infieles descarados —bufé ignorando por completo como Touya se quejaba de dolor porque seguramente le había roto algún hueso, y abandonando la enfermería sin sentir ni un poquito de compasión por él, comencé a sentir que mis mejillas ardían al tiempo que un cosquilleo recorría todos los lugares donde él me había tocado.
Necesitaba un buen polvo para dejar de ser tan sensible al contacto humano. ¿Para qué me esforzaba por arreglar la vida amorosa de otros si ni siquiera podía con la mía?
—¡No se vaya, por favor! Tiene que seguir cuidándome.
Extendí lo más que pude mis brazos para evitar que Touya atravesara la puerta del departamento y se largara, y si bien me sentía algo intimidada por la indignación que había en su mirada al saberse vilmente engañado, hice acopio de toda mi fortaleza y permanecí inmutable mientras el masajeaba su frente intentando no reprocharme que si de algo estaba enferma era del cerebro.
¿Qué otra explicación podía encontrarle a qué se me hubiera ocurrido convencer a mi ama de llaves de que le mintiera al teléfono, diciendo que me había golpeado muy fuerte al caerme en la bañera y por tanto necesitaba alguien que la ayudara a cargarme hasta el ascensor para llevarme a urgencias?
—Tomoyo, por lo que más quieras. Ignoraré lo que hiciste y no te llevaré al manicomio, pero… tienes que dejar que me vaya. Sabes que tengo que estar en el partido.
—¡No quiero! Si te marchas... te voy a dejar de hablar.
Él enarcó una de sus cejas como si me preguntara si de verdad creía que eso era una amenaza, y haciéndome una seña para que me acercara un poco más a él, usó un par de sus dedos para golpearme la frente, sacándome un chillido lleno de sorpresa y dolor.
—Sabes Tomoyo —murmuró mientras me veía sobarme para disipar el ardor que me había dejado su pequeño pero doloroso golpe—. Estás más empalagosa desde lo que te dije. No estarás intentando mantenerme vigilado, ¿o sí?
—Pues así es. Es justo lo que hago —confirmé mientras me paraba derecha y arrugaba el entrecejo—. Como el joven Yukito no está aquí para hacerlo, mi deber es defender sus intereses y asegurarme de que no hagas ninguna estupidez. Así que si quieres encontrarte con la persona que te gusta… tendrás que salir sobre mi cadáver.
—No tienes ni la menor idea, ¿verdad?
—¿De qué habla?
Lo escuché dejar salir un hondo suspiro de esos que últimamente soltaba a cada rato, y como si me tratara de una diminuta pluma, lo sentí treparme en su hombro mientras ignoraba mis gritos y pataleos, dejándome caer en el sofá donde lo azucé con la mirada sin conseguir amedrentarlo.
—Escucha bien lo que te voy a decir, porque solo lo diré una vez —demandó con voz autoritaria mientras se mantenía de pie frente al diminuto mueble y colocaba sus manos a cada lado de su cintura—. Soy un adulto completamente capaz de resolver mis problemas, por lo que no necesito que una mocosa metiche con complejo de celestina intente arreglar mi vida amorosa.
—¿Qué es eso de mocosa metiche? —indagué poniéndome de pie sobre el sofá para que dejara de intentar intimidarme con su altura—. Soy una mujer realizada y madura de veintiséis años, y no me voy a quedar sentada mirando como arruinas tu vida por nada. A mi no me parece que te fuera muy bien arreglando las cosas tú solo hasta ahora, así que deja de quejarte por todo y permíteme cuidar de ti.
—Por favor, deja de involucrarte —murmuró dejando caer su cabeza en mi hombro, mientras su voz se tornaba especialmente melancólica y dolida—. Si en verdad quieres ayudarme, no me escribas, no me llames, solo... no hagas nada. Me temo que si insistes en seguir haciendo estas cosas, solo empeoraras más mis sentimientos y me obligarás a tomar una decisión antes de lo planeado.
—¿Cómo podría yo empeorar esto? Explícame lo que ocurre porque no lo entiendo —reconocí totalmente contrariada, notando como en cambio él retiraba su cabeza de mi hombro y me miraba a los ojos como si intentara descifrar si de verdad no lo estaba entendiendo o solo le tomaba el pelo.
En serio estaba confundida… no entendía que relación podía tener mi conducta en todo aquello.
Un par de toques contra la puerta hicieron que él soltara su milésimo suspiro de la tarde antes de darme alguna respuesta, y caminando con desgano hasta ella, dejó entrar a Kobato y se marchó sin responder mi pregunta, dejándome aún más confundida que al principio.
—¡¿Cómo demonios podría empeorar esto?! ¡Si ya está color de hormiga! —grité eufóricamente al notar como las horas avanzaban y aún Touya no contestaba mis llamadas. Sabía que parte del compromiso que había hecho con el profesor de educación física ese, era encargarse de acompañar al equipo en su primera intervención en el campeonato estatal, pero eso no le daba derecho a rechazar mis llamadas e ignorar mis mensajes. ¿Y si me había mentido y en realidad iba a verse con ese tipo en algún lugar de mala muerte? Ojalá y recordara la promesa que habían hecho de jamás volver a tomar alcohol, por qué si por alguna razón se pasaba de tragos seguro que...—. ¡Por eso las parejas no deben alejarse por mucho tiempo! Siempre hay un buitre queriendo tomar lo ajeno —grité alborotando mi cabello con frustración, imaginando mil escenarios en los que Touya terminaba engañando a Yukito de verdad, si es que acaso no lo había hecho ya—. En realidad… ¿Quién puede culpar a Touya por buscar consuelo con alguien que lo haga sentir mejor después de tanto abandono? Yukito también tiene la culpa. Él debería saber mejor que nadie lo calenturiento que es su novio y que dejarlo solo tanto tiempo es peligroso —bufé hinchando las mejillas, para después soltar un nuevo grito histérico que reflejaba toda mi frustración—. ¡No, claro que no! —murmuré mientras daba la décimo octava vuelta a la casa, repitiéndome a mi misma que como estaban las cosas, seguro que Yukito también estaba sufriendo por todo aquello—. Ellos deben seguir juntos. No hay otra persona mejor para ellos. No me importa que sea un hombre fornido de dos metros o qué según Touya lo haga feliz, la única solución para esto es que se obligue a olvidarlo. ¡Ah! Ya verá cuando lo vea, le enseñaré a no meterse con hombres ajenos.
—Señorita Tomoyo. Me asusta mucho cuando habla sola —reconoció mi joven modelo mientras se encogía sobre ella misma, y no pude más que soltar un suspiro a la vez que me disculpaba y colocando los enseres de costura sobre la mesa, le explicaba que solo estaba muy preocupada por su ingrato maestro.
Sabía que a esas alturas de juego, Touya debía pensar que Yukito no volvería y que por tanto tenía el camino libre para salir con alguien más. Pero la realidad era que aquello era una prueba para determinar qué tan comprometido estaba a mantener lo que había entre ellos, y si cometía un solo desliz, si se atrevía a acercarse demasiado a esa persona ese día… ¡Al diablo al desfile! ¡Al diablo la boda! Seguro que el señor Fujitaka no se atrevería a dar más pasos para acercarse a ella si sabía que su hijo estaba metido en tan tremendo lío.
—Tiene suerte de que no sepa dónde es el partido, si no estaría allí de cabeza.
—Kizosaku sabe. Dice que jugó un par de veces allá —explicó Kobato para mí sorpresa y fascinación, y más tiempo me tomó cambiarme y llegar a la puerta, que comunicarme con Fujimoto y cobrarle un enorme favor.
—¿Qué haces tú aquí?
—Yo… —Miré a todos lados buscando una buena excusa para explicarle a Touya porque si me había pedido encarecidamente que no le buscara, estaba allí, en el partido, en primera fila, ocultando inútilmente mi identidad con aquel sombrero y lentes oscuros que ya conocía—. Me encantan las porristas. Sabes, cuando Sakura lo era, yo…
—Olvídalo, ya me duele la cabeza lo suficiente.
El desconcierto en los ojos de Touya al verme entre el público cuando se dio la vuelta, era casi mayor que el enojo hacía la parejita que se había encargado de ayudarme a llegar hasta allí, pero aún así, solo se limitó a masajear su sien con insistencia, mientras volvía a sentarse en el banquillo que correspondía a su equipo y apoyaba sus codos de sus rodillas, seguramente frustrado porque el marcador estuviera 50 a 12 a favor del equipo contrario.
—Le están dando una paliza. Eres realmente malo en esto.
—¿Viniste para desmoralizarme? —preguntó girándose en mi dirección mientras me ensartaba con la mirada, y si bien seguía evidentemente molesto de que me valieran gorro sus palabras de que dejara de intervenir en sus asuntos, el peso del fracaso de aquel evento parecía ser mayor que su enojo hacía mí.
Era natural. Nadie querría decepcionar a la persona que le gustaba cuando ésta le pedía un favor.
—¿Qué ocurrió? Lucían bien mientras entrenaban. ¿Son más fuertes los del equipo contrario?
—No es eso… —reconoció mientras suspiraba, mirando desde el banquillo como todo su trabajo de la semana se iba directamente a la mierda—. Los dos mejores jugadores están peleados y no trabajan como equipo, y eso hace que los demás también se desmoralicen. Así que sí, estamos completamente jodidos.
Observé el desastre que se suponía era el juego, y comprobé que efectivamente dos chicos con el mismo uniforme no hacían más que empujarse y lanzarse malas miradas. No sabía lo que pasaba, pero era obvio que no iban a avanzar hasta que esos dos no arreglaran sus diferencias.
—Bien, si ese es todo el problema. Solo debemos unirlos, ¿no es cierto?
—¿Cómo piensas hacer eso?
—Solo confía en mí —solicité mientras me quitaba el abrigo que me cubría en esos instantes y que ocultaba el sencillo vestido negro de pronunciado escote que fue lo primero que encontré en el armario antes de salir, y sentandome en el muro que separaba las gradas del área de juego, extendí los brazos para que me bajara a donde él se encontraba para llevar a cabo mi plan.
Me miró con recelo sabiendo que lo que sea que me pasaba por la cabeza no era nada bueno ni legal, y una vez comprendió que era capaz de hacerle un escándalo si no me obedecía, me tomó de la cintura y me colocó en el suelo donde, después de arreglar la falda del vestido que era demasiado ajustado para mi gusto, le quité el silbato del cuello al turbado trigueño y llevándolo a mis labios para hacerlo sonar, le hice señas a los chicos del equipo para que todos volvieran a la banca, en un acto no solo ilícito sino bastante osado de mi parte.
Nada que un par de abogados y una generosa contribución al dueño del lugar no pudieran arreglar.
La mayoría de los chicos del equipo parecían recordarme de cuando se golpeó Touya en la práctica, y los que no, pues tenía toda la atención de ellos concentrada en mis bendiciones. Los hombres podían ser tan simples en ocasiones... y más si se trataban de mocosos pubertos llenos de testosterona.
—Bien equipo, aquí todos —demandé mientras me sentaba con las piernas cruzadas en la banca, luego de entregarle mi visa de platino al árbitro que intentó reclamarme por intervenir en el juego y al que le asegure que era dueña de ese lugar y de un millar de establecimientos más.
—¿Usted...? ¿Quién es usted?
—Soy la señorita manager Tomoyo para ustedes. ¿Quién me va a decir porque esos dos arruinan mi juego?
Todos guardaron silencio mientras miraban a otro lado. Al menos en eso sí se comportaban como un equipo.
—Tú, el jugador que no ha pestañeado ni una sola vez —solicité a un chico de cabello negro y ojos pardos que efectivamente no me quitaba los ojos de encima, mientras seguia con la vista el movimiento del pequeño silbato que parecía ir a perderse en mi delantera, y como si hasta ese momento hubiera estado dormido con los ojos abiertos, reveló nerviosamente el porque aquel par parecían querer sacarse los ojos mutuamente.
—Shimbo está saliendo con la novia de Kenyi.
—¿En serio, Kenyi? ¿eso es verdad? —pregunté sin poder disimular mi sorpresa, provocando que el ceñudo chico se defendiera al fin, mientras Touya cubría su rostro con una de sus manos seguro de que solo empeoraría las cosas.
—Sí, es verdad. Ese malnacido sabía que salía conmigo primero, y aún así se enredó con ella en cuanto terminamos. No es más que un traicionero descarado.
—No seas un bebé, Kenyi. Se dejaron hace seis meses. Se supone que es libre de salir con quién le plazca.
—Con quien quiera menos tú, bastardo. Seguro has estado flirteando con ella desde antes de que termináramos —gruñó el ofendido chico mientras lo tomaba del cuello de la camiseta con la clara intención de iniciar una pelea entre ellos.
Como fiel amante del drama, obviamente me emocionaba la idea de ver a dos adolescentes peleando apasionadamente por la chica que ambos amaban, pero había algo que me molestaba aún más de lo que me entretenía, y me motivó a tocar fuertemente el silbato que aún tenía en mi poder para llamar la atención de ambos adolescentes airados.
—Cállense de una vez los dos. No podrían ser más estúpidos —bufé para sorpresa de todos, señalando con mi dedo acusador a uno de los culpables—. Tú, Shimbo, debiste decirle a tu amigo que te interesaba su antigua novia para que no hubieran malentendidos, y tú —dirigí mi mirada al otro chico que en esos momentos se regodeaba de tener la razón, y no le lancé uno de mis zapatos porque ya casi se acababan los cinco minutos que tardaría el árbitro en comprobar que le había mentido y sacarme a rastras de allí—. En vez de preocuparte por si le gustaba o no desde antes, deberías estar agradecido de que de ser así, respetó lo que había entre ustedes hasta que terminaron. Las personas se embarcan en una relación justo para determinar si son adecuados uno para el otro, por lo que si uno de los dos no se siente a gusto, lo más saludable es terminar todo de una manera civilizada. Nadie en lo absoluto puede controlar sentir o no cosas por otras personas, y si en verdad amaste a alguien lo suficiente para querer que estuviera a tu lado, también deberías demostrar el mismo cariño al desear que alcance la felicidad aún sea con otra persona.
Tomé una enorme bocanada de aire al terminar mi monólogo, y si bien reconocía que se me había pasado un poco la mano con el discurso, al notar la expresión en la cara de cada uno de los presentes a mi alrededor, me di cuenta de que el mensaje había llegado fuerte y claro.
—La señorita Tomoyo tiene razón —reconoció Shimbo para mi sorpresa mientras masajeaba su nuca algo avergonzado—. Lamento no haber hablado contigo antes. Sé que tú y Sasha estuvieron juntos mucho tiempo, y por eso temía que te enojaras si sabías que me gustaba desde antes.
—Yo lamento haber reaccionado de esa manera —murmuró Kenyi dándole una palmadita en el hombro—. Creo que aún no me acostumbro a que estemos separados y eso hace que sea algo exagerado en mis reacciones. Es cierto que las cosas entre ella y yo no funcionaron, pero si va a estar con alguien más, me alegro que sea contigo, amigo.
Tras decir aquello, el par se unió en un abrazo al que se integró el resto del equipo. Todo muy bonito y todo. Pero no cambiaba el hecho de que el marcador fuera una auténtica basura.
—Ya, ya. Déjense de cursilerías. ¿Vamos a ganar o no esto? Porque no pretendo arriesgar mi dinero por unos perdedores —repliqué haciendo que todos miraran en mi dirección, y respondiendo con un gran grito, la pandilla de adolescentes se dirigieron a la cancha más que decididos a barrer con sus rivales.
Ahora sí eran un equipo. Había que ver lo que podía hacer una simple chica entre dos buenos amigos y cómo podían arreglarlo un par de melones y unas cuantas palabras.
—Gracias —escuché murmurar a Touya a mis espaldas mientras me colocaba de vuelta el abrigo, buscando obviamente ocultar mis atributos de los ojos lascivos de los espectadores, y girándome hacia él aún sentada, le sonreí conforme, contenta de que ya luciera mucho más sereno.
—No tienes que agradecérmelo. Tengo el don de gentes. Hasta podría dedicarme a esto.
—No es por eso que te doy las gracias —explicó mientras se sentaba a mi lado tomando de vuelta el silbato, haciéndome experimentar un escalofrío al sentir sus dedos rozar la piel de mi cuello mientras me sostenía la mirada—. Según todo lo que parloteaste, lo que siento en sí mismo no es malo, solo… debo esforzarme por hacer las cosas de la manera correcta, ¿no es así?
—¿Quiere decir que tomó una decisión? ¿Se-seguirá viéndose con el profesor de educación física? Por qué sí eso es lo que le pasa por la cabeza yo…
Él solo sonrió al escuchar como mi voz vacilaba abrumada ante su cercanía, y después de murmurar a mi oído que le gustaba más la manager, deslizó suavemente uno de sus dedos desde la comisura de mis labios hasta casi la mitad de ellos, haciéndome contener el aliento mientras mi piel se erizaba.
Era la primera vez que sentía algo tan intenso, que era incapaz de moverme ante una provocación de esa naturaleza.
Un incómodo carraspeo nos interrumpió de repente, y después de lanzar una mirada asesina al árbitro a nuestras espaldas, que en esos momentos me exigía que saliera de aquel lugar prohibido de una buena vez y dejáramos de entretener al público en otra cosa que no fuera el juego, volví a mi asiento a regañadientes sin entender un cuerno de aquello, pero sintiendo que mis labios aún temblaban con el simple roce que había experimentado de su dedo.
Volví mi mirada hacía él, notando cómo sus orejas habían adoptado un tono carmín desde ese momento, y yo escondí mi rostro entre mis manos abrumada por el latir frenético de mi corazón y el calor que desprendía todo mi cuerpo.
Maldita abstinencia involuntaria.
¿Por qué me hacía creer que Touya quería conmigo también?
Y ahí tenemos el capítulo seis.
¡Cuánta lata le está dando nuestra Tomoyo a Touya en sus intentos por declararse!
¿Será que después de esto último al fin consiguió que lo entendiera? Algo me dice que ella lo interpretará como le dé la gana XD.
El próximo capítulo también lo narra ella así que les adelanto que será muy divertido.
¡Ya solo quedan cinco capítulos!
Espero me sigan acompañando hasta el final.
Les envío un gran abrazo.
Nos leemos el próximo sábado.
