Capítulo 16: Culpable hasta probar su inocencia
Harry hizo una mueca de resignación cuando Lucius lo escoltó al Ministerio, con una mano firmemente apoyada en su espalda. Madame Shiverwood había enviado una lechuza ayer, "invitándolo" a que fuera a verla hoy para hacerle su segundo interrogatorio—lo que probablemente ella llamaría una pequeña charla. Narcissa, sin embargo, se había ido esta mañana a hablar con Henrietta Bulstrode, probablemente para responder algunas preguntas sutiles sobre si Harry estaba en la capacidad de liderar.
Harry deseó haber podido ir con ella. Enfrentarse a Henrietta Bulstrode no era nada comparado a hacerlo con Madame Shiverwood.
Eso dejaba sólo a Lucius para llevarlo al Ministerio, por supuesto, porque todos en la Mansión sólo le habían dado una mirada fría a Harry cuando sugirió que se le permitiera ir solo. Harry había inclinado la cabeza y no había objetado, pero su corazón estaba lleno de objeciones. ¿Qué bien haría un rehén más en una batalla? Voldemort o sus Mortífagos podrían atacar a las personas que viajaran con Harry con la certeza de que moriría antes de permitir que se lastimaran. Harry no vio por qué no se le debería permitir ir solo, y si Voldemort o los Mortífagos aparecían para pelear con él nuevamente, ese era el problema de ellos y el suyo.
Fueron directamente al Departamento de Familias Mágicas y Servicios Infantiles, Lucius intercambiando algunos asentimientos fríos con quienes se les cruzaban. Harry lo observó divertido, para distraer su mente del próximo interrogatorio. Lucius había perdido prestigio en el Ministerio cuando Fudge se volvió tan histéricamente hacia la Luz, y el hecho de que el nuevo Ministro fuera un miembro de la Luz tampoco lo ayudaría mucho. Pero incluso ahora había gente que podía escuchar el dinero, supuso Harry, si no las palabras de un mago Oscuro. Y a Scrimgeour no le importaría eso, aunque le importara Lucius, porque Lucius no era un Señor y el soborno era uno de los medios que los magos comunes usaban para hacer las cosas. Él pensaría que es su deber purgar su Ministerio de personas que podrían ser sobornadas.
—Aquí estamos —Lucius se detuvo ante la puerta de Madame Shiverwood—. Confío en que saldrás de tu charla a las once en punto, ¿Harry?
—Sí, señor —dijo Harry, y suspiró, y puso su mano en la puerta.
Esta vez, aunque se abrió en la misma habitación, no se mostró la misma expresión. Madame Shiverwood se enderezó detrás de su escritorio y lo miró con severidad.
—Harry —dijo ella, con un enérgico asentimiento—. Por favor, siéntate.
Harry tomó la silla frente a su escritorio, observándola pensativamente. Sus ojos siguieron cada uno de sus movimientos. Ella tenía las manos cruzadas y, en todo caso, sólo se apretaban más entre sí mientras lo miraba. Ella tosió, y si bien fue una tos suave, Harry no pensó que eso marcaba ninguna dulzura para él. Sus ojos eran demasiado agudos para eso.
—Por favor, cierra la puerta —dijo ella.
Harry hizo un gesto, y su magia sin varita hizo que la puerta de la oficina se cerrara en el rostro distraídamente divertido de Lucius.
—Sí. Bueno —Madame Shiverwood barajó los papeles sobre su escritorio por un momento, luego se inclinó hacia delante—. He aprendido más sobre el abuso que sufriste, Harry. He visto ya todos los recuerdos en el Pensadero, así como también he leído los informes —se detuvo un momento, sus fosas nasales se ensancharon, y luego dijo—: ¿Por qué no le dijiste a nadie?
Harry no sabía qué había cambiado, pero descubrió que esta nueva Madame Shiverwood le gustaba más. Ciertamente estaba desequilibrada, y parecía ser menos inteligente. Tal vez sólo estaba viendo los recuerdos que la habían desconcertado. Aun así, planeaba aprovecharse de ello. —Porque mi madre se aseguró de que nunca se me ocurriera el pensamiento, señora —dijo—. Ella me dijo que tenía que permanecer en secreto, para que nadie se enterara de que Connor no podía hacer todo por sí mismo. Y luego me dijo que nadie fuera de la familia lo entendería. Ellos dirían que era malo, pero nunca entenderían cómo se veía alguien que en realidad era parte de nuestra familia. —Y esa parte seguía siendo cierta—. Además, nunca lo consideré un abuso en ese momento.
—Aun así, sin embargo, lo que ella te hizo… —las manos de Madame Shiverwood se apretaron sobre sus papeles—. ¿Cuándo empezaste a pensar que era abuso?
Harry trató de pensar. Se le había ocurrido esa palabra al final de su segundo año, pensó, durante esos terribles momentos en la Cámara de los Secretos cuando la caja se abrió de golpe y su yo silencioso se había comido parte de la magia de Voldemort. —Unos meses antes de que cumpliera trece —dijo en voz baja.
—¿Y todavía no se te ocurrió decirle a alguien? —la voz de Madame Shiverwood era aguda.
—No, por las razones que ya expuse —Harry se movió de un lado a otro en su asiento para enfrentarse más directamente a Madame Shiverwood. Su silla estaba aún más baja que la de su escritorio, lo que no le gustaba, pero se aseguraría de tener todas las ventajas que pudiera—. ¿Por qué es esto tan difícil de entender? —añadió—. La última vez, parecía conocerme mejor que yo a mí mismo.
—Fuiste abusado durante tanto tiempo —dijo Madame Shiverwood en voz baja, con las manos apretadas en los bordes del escritorio—. Simplemente estoy tratando de entender cómo pudiste haber alcanzado la edad de catorce años antes de que se conociera.
Harry sintió una agitación de impaciencia. Bueno, si ella está actuando de manera irracional, entonces no puede usar mi supuesta irracionalidad contra mí. —No quería que nadie lo denunciara —dijo—. Si me hubiera salido con la mía, nunca se habría conocido. Puedo manejar el perdón de mis padres y de Dumbledore. No había ninguna razón para que nadie más se entrometiera en lo que era un asunto privado de perdón y reconciliación.
—¡No se trata sólo de eso! —Madame Shiverwood se inclinó sobre el escritorio como si fuera a lanzarse sobre él—. Se trata de justicia y castigo, y ver que los que te lastiman obtienen lo que merecen, Harry. ¿No te importa que tus padres todavía hayan estado caminando, libres para hacer lo que quisieran, incluso lastimarte de nuevo?
—Si hubieran lastimado a alguien más, eso habría sido culpa mía, y yo habría sido culpable —dijo Harry, sentándose en la silla y levantando la barbilla—. Si me lastimaban, entonces también podría soportar eso. Esperaba algunas heridas más antes de poder curarlos.
—La carga de curarlos nunca debería haber dependido de ti —dijo Madame Shiverwood, suavemente otra vez, y luego apartó la vista de él. Harry la vio secándose las lágrimas de los ojos con la esquina de una manga, y miró fijamente. Ella realmente se está molestando demasiado. Tiene que tener la capacidad de alejarse de esto.
—¿Ha ocurrido algo, Madame Shiverwood? —preguntó, tan gentilmente como pudo—. ¿Necesita que me vaya?
Madame Shiverwood parpadeó. —Estoy llorando por ti —dijo ella—. No pareces inclinado a derramar lágrimas sobre tu propia situación —sus ojos estaban fijos en su cara como si estuvieran clavados allí de nuevo—. ¿Has hecho lo que te pedí, complaciendo un placer o un capricho tuyo todos los días?
Harry se sonrojó, y supo que esa era la respuesta suficiente.
—Harry —ella susurró su nombre—. ¿Por qué?
—Es estúpido —dijo Harry rotundamente—. No tiene nada que ver con curarme. Y no puedo… —se detuvo. Lo que iba a decir a continuación sonaba estúpido, pero entonces, Madame Shiverwood ya estaba molesta. Si él lo dijera ahora, sólo sería estupidez y no debilidad delante de ella, como habría sido de otra manera—. No puedo pensar en tantas cosas que quiero —terminó.
Los ojos de Madame Shiverwood se pusieron más alertas, aunque también, pensó Harry, más brillantes con las lágrimas. Sacó un trozo de pergamino y una pluma de los cajones de su escritorio y los empujó sobre el escritorio hacia él. Harry se sentó dónde estaba y no hizo ningún movimiento para tomarlos, mirándola todo el tiempo.
—Haz una lista de las cosas que te gustan —dijo con paciencia, como si ya le hubiera dado las instrucciones una vez—. Entonces podemos encontrar formas para que los tengas.
Harry resopló, pero se inclinó hacia delante y flotó el pergamino y la pluma, sujetándolos en su pierna mientras usaba su mano para escribir. Vio cómo los ojos de Madame Shiverwood se lanzaban al muñón de su muñeca izquierda, y esa misma mirada de asombro apareció en su rostro. ¿Por qué? No es que ella haya tenido algo que ver con la pérdida de la misma, y si me tiene lástima por haberla perdido, es posible que tenga que patearla. Bajó la cabeza y comenzó a garabatear con fuerza en el pergamino.
Ayudar a la gente.
Curar a la gente.
Dar a otras personas lo que quieren.
Después de eso, se hizo más difícil. Harry vaciló, jugando con la pluma, y se preguntó qué otra cosa le gustaba y quería. Oh, por supuesto.
Liberar criaturas mágicas.
Romper redes.
Después de eso… bueno. Harry frunció el ceño ante el pergamino, y se preguntó si realmente necesitaba escribir algo más. Hubo algunos placeres menores que complacía a veces, pero muchos de ellos podían archivarse bajo alguno de los que ya había escrito. Sin embargo, escuchó a Madame Shiverwood moverse y comenzar a contener el aliento, así que comenzó a escribir apresuradamente.
Preparar pociones.
Volar.
Añadió ese segundo a regañadientes. Excepto cuando había volado en su escoba para detener a los dragones el año pasado, o estaba cansado de ganar los juegos de Quidditch para Connor, no podía pensar en un momento en que usó su vuelo para ayudar a la gente. Eso hizo que fuera el tipo exacto de placer que Madame Shiverwood quería que tuviera en una lista, por supuesto, pero todo lo que sentía era un desperdicio. Harry no pensó que estaría jugando Quidditch este año. ¿Por qué debería? Tenía otras cosas que hacer, y atrapar la Snitch era una pequeña oleada de placer en comparación con el tiempo que tomaba el entrenamiento.
Le entregó el pergamino a Madame Shiverwood y ella lo miró en silencio. Para irritación de Harry, parecía como si estuviera a punto de comenzar a llorar de nuevo.
Levantó la vista hacia Harry, limpiándose las mejillas y dijo: —Debemos tratar de conseguirte algunos placeres más egoístas, eso es todo.
—No veo por qué —Harry se movió de lado a lado en la silla, y deseó estar solo—. Si se supone que me estoy recuperando del abuso, ¿no debería pensar en eso en su lugar?
—Debido a las circunstancias inusuales de tu caso, esto puede ayudarte a recuperarte del abuso —dijo Madame Shiverwood con suavidad—. Quiero que puedas disfrutar de las cosas por sí mismas, Harry, o por ti mismo. Tu madre te entrenó para odiar las cosas buenas.
—No las odio —interrumpió Harry, pensando que esta era una distinción importante. De lo contrario, podrían enjuiciar a Lily por algo que realmente no había hecho—. Sólo vivo sin ellas. Y a veces, me pongo nervioso si alguien intenta presentármelas con mucha insistencia —pensó con inquietud sobre la sesión de cosquilleo por la que Draco le había hecho pasar la noche anterior. Había estado bien hasta que las manos de Draco se posaron en su piel durante demasiado tiempo, y luego el miedo volvió a surgir dentro de él.
Pero esa es la jurisdicción de Draco para ayudarme a recuperarme. No de Madame Shiverwood. Harry se cruzó de brazos y la miró obstinadamente.
—Eso es peor —dijo Madame Shiverwood en voz baja—. Ella ha hecho que un chico de quince años sea incapaz de pensar en divertirse —consideró su lista de nuevo—. De ahora en adelante, Harry, quiero que hagas al menos una cosa todos los días que te guste y no implique ayudar a alguien más.
—No puedo preparar pociones o volar todos los días —protestó Harry.
—Por ahora, puedes —dijo Madame Shiverwood, y luego suspiró—. Aunque por qué debería esperar que me obedezcas ahora, cuando no lo hiciste la última vez, y ya no pareces tan ansioso por curarte del abuso como lo estabas…
—Sí estoy ansioso —dijo Harry. Ella realmente no entiende—. Quiero curarme. Pero no puedo permitirme hacerlo de una manera que me lleve demasiado tiempo. Mucha gente depende de mí —eso no debería sorprenderla, al menos, si ella hubiera visto los artículos que El Profeta estaba publicando.
—La sanación debe ser tu prioridad más importante en este momento, Harry —dijo Madame Shiverwood—. Otras personas entenderán si tienes que esperar para ayudarlos. Y también es lo más importante que puedo hacer.
Algo extraño está sucediendo aquí, aunque no sé qué memoria o magia podría haberlo causado. Harry se recostó en su silla. —Pero usted no sólo maneja mi caso, señora. Usted maneja a otros. No creo que pueda prestar un servicio a otros niños maltratados al concentrarse tan duro en mí.
—En este momento, los otros casos no necesitan tanto de mi participación personal —dijo Madame Shiverwood—. Los niños involucrados tienen buenas relaciones con sus tutores, o con el padre que no abusó de ellos, o con otros parientes. No tienes a nadie que esté conectado contigo de esa manera, Harry, excepto tu tutor…
—Él no es mi tutor por elección —dijo Harry, sintiendo esas emociones incontrolables que hervían en él cada vez que pensaba en Snape. Pero Snape no estaba aquí en este momento, y se haría parecer tonto si hablaba de él delante de Madame Shiverwood. Después de una respiración profunda, logró calmarse y mirarla a los ojos—. Traté de pedirle al Ministro que lo despojara de su tutela. No lo va a hacer.
—Necesitas adultos preocupados por ti, Harry —dijo Madame Shiverwood—. Eso se está volviendo bastante claro. Si el Ministro se negó a quitarle el rol a Severus Snape, sólo puedo asumir que él cree que el hombre está haciendo un buen trabajo.
—Su buen trabajo me está volviendo loco —murmuró Harry.
—¿Por qué?
Harry la miró por el rabillo del ojo. Este es justo el tipo de cosas que quiere escuchar, probablemente. Bueno, si se lo digo a ella, entonces tal vez pueda convencerla de que sí quiero curarme. Las cosas que ella recomienda que yo haga no son útiles, eso es todo, y toman demasiado tiempo.
—Él probablemente me conoce mejor que cualquier otro adulto —admitió Harry a regañadientes—. Me rescató y me salvó muchas veces, y sin duda pensó que lo estaba haciendo de nuevo —Harry agachó la cabeza para que la expresión de sus ojos no fuera tan visible—. Pero como él me conoce, sabía que no lo perdonaría por exponer a mis padres y a Dumbledore a los cargos por abuso. Por otros delitos, delitos que no los hubieran destruido, sí. Podría entender por qué lo haría. Pero no este tipo de crimen. No este tipo de acusación. Es… lo que hizo es inhumano, y no debería haberlo hecho, no cuando sabe que no me gustaría.
—Entonces, ¿eso significa que un tutor sólo debe hacer lo que le gusta a un niño? —preguntó Madame Shiverwood, suave otra vez.
Maldita sea. Nunca vi a esa venir. —No —dijo Harry—. Pero ese no es el punto. El punto es que otros niños necesitan guardianes así, porque no pueden cuidarse a sí mismos o lidiar con los adultos que los lastimaron solos. Snape sabe que podría haberlo hecho. Eso es lo que hace que todo lo que hizo sea más imperdonable.
—¿Puedes perdonar a tus padres, y sin embargo no puedes perdonarlo a él?
—Ellos no me conocen —dijo Harry con impaciencia—. Sólo conocen el niño que creen que soy, el niño que creían haber creado. Snape me conoce y y lo hizo de todos modos.
—Eso me sugiere a mí —dijo Madame Shiverwood, cruzando las manos frente a ella de nuevo—, que estaba preparado para perder tu amor, e incluso tu perdón, por el simple hecho de verte a salvo. Se arriesgó mucho con esto. Es posible que lo hubieras destruido, o algo peor que gritarle, gracias a tu magia y tus emociones crudas. Ciertamente le has dado la espalda. Pero él vivirá para verte a salvo, incluso si no estás con él. Eso me demuestra un gran amor. Si él te conoce mejor que tus padres, como dijiste, lo hizo para dar un buen uso al conocimiento.
—Si realmente me ama, entonces me hubiera dejado lidiar con esto por mi cuenta —dijo Harry—. Él sabía lo mucho que quería —no iba a admitir que Madame Shiverwood podría tener razón. Por supuesto, eso no le impedía saber lo que saldría de su boca a continuación.
—Y ser un tutor no se trata de complacer a todos los caprichos de un niño —dijo con suavidad. Ella se recostó en su silla y lo estudió—. También me gustaría que pensaras en el profesor Snape, Harry —agregó—. Es obvio que no lo has hecho, que has dejado a un lado tus emociones. De lo contrario, creo que podrías argumentar mejor a favor o en contra de él que esto.
Harry tragó saliva y sintió como si hubiera cuchillos en su garganta. —¿Y en qué debería pensar, señora? ¿En él colgado de una mano sobre un pozo de serpientes hasta que se disculpe con mis padres y con Dumbledore?
—Si eso es lo que se necesita para que puedas superar tus emociones —dijo Madame Shiverwood—. Entiende, Harry. No estoy diciendo que debas perdonarlo. Sólo te estoy pidiendo que lo pienses. No lo has hecho, y es obvio que eso te está frenando y entorpeciendo tus respuestas emocionales. Curarte de las heridas que crees que te infligió es sólo otra parte del proceso de curación. Piensa en él, imagina conversaciones con él, pásalo por encima de una serpiente si es necesario. Sé que vas a volver a la escuela pronto. ¿Cómo tratarás con él entonces, si no puedes hablar de él ahora?
Harry se había estado preguntando lo mismo, en el fondo de su mente. Pero había muchas otras cosas en las que pensar, especialmente cuando estaba en Malfoy Manor y Draco estaba cerca, que tendía a dejar que se escapara de su mente, como agua que fluía. Él suspiró, y admitió que ella podría tener un punto.
—Está bien, señora. Lo intentaré.
Madame Shiverwood asintió, satisfecha. —¿Y qué hay de complacer un placer o un capricho cada día?
Harry le frunció el ceño. —Me siento como un niño pequeño, y que me esté diciendo que vaya a jugar afuera.
—No estoy haciendo eso, Harry, a menos que desees estar afuera —dijo Madame Shiverwood—. Te estoy animando a ir y divertirte.
—Eso suena aún más infantil —se quejó Harry.
Madame Shiverwood negó con la cabeza ligeramente. —Y si has investigado El Profeta, te habrás dado cuenta de que eres un niño para muchas personas —dijo—. Es hora de que aprendas a usar eso, Harry, en lugar de ser difícil al hacerlo. Si quieres ser más que un niño maltratado, debes aprovechar esta oportunidad para superarlo, aprender a divertirte y aceptar el placer para que puedas ser un verdadero adulto. ¿A menos que pienses que los adultos renuncian a toda posibilidad de diversión y placer cuando cumplen los dieciocho años? —añadió, y Harry no quería complacerla con una sonrisa, pero no pudo resistirse.
—Supongo —dijo. No lo dijo, pero había otra razón por la que permitirse caprichos podría ser un mal hábito. ¿Qué pasaría si se lo permitía la noche anterior a una batalla, o cuando Voldemort hizo un movimiento repentino y violento contra el mundo mágico? Entonces podría no tener la concentración y el control emocional que necesitaba para estar preparado para circunstancias como esa.
—Lo sé —dijo Madame Shiverwood—. Me gustaría que escribieras tu promesa esta vez, Harry, y la firmes con tu nombre. O tus promesas, más bien, ya que también me gustaría que pensaras en tu tutor —ella empujó el pergamino y la pluma hacia él.
A regañadientes, pero feliz ante la idea de empujar estas cosas estúpidas y paralizantes detrás de él, Harry tomó el pergamino y firmó.
Lucius no se quedó en el umbral de la puerta una vez que entregó a Harry a la tierna atención de Madame Shiverwood. Caminó por el pasillo, en cambio, llegó a los ascensores y, casualmente, llegó al Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas.
Algunas personas lo miraron mientras caminaba, pero la mayoría de ellos no levantaron la vista de su papeleo, o fingieron prudentemente no llamar su atención. Lucius tenía algunos amigos aquí. Hasta hace un año y medio, antes del pequeño ataque de la paranoia de Fudge, incluso había sido algo común en algunos días. Lucius no dejó que las miradas fijas o los ojos cuidadosamente apartados lo molestaran, por supuesto, mientras caminaba casualmente hacia la puerta de su amigo más cercano en el Ministerio y llamaba.
Es hora de visitar a un viejo conocido.
La puerta se abrió casi de inmediato. Estaba protegida para hacer eso si la persona que golpeó era una en la que Aurelius Flint confiaba. Lucius no sabía qué pasaba si alguien del que desconfiaba tocaba. Tal vez explotaba en sus caras. Aurelio era inquietantemente bueno con los maleficios.
—Lucius —dijo Aurelius, mirando hacia arriba con ojos negros, planos y vacíos. Lucius tuvo que admirar el control del hombre. Era como ser mirado por un escarabajo. Por supuesto, no era tan encantador como la propia frialdad de Lucius, que podía ajustar varios grados de calidez según la situación, pero Aurelius no trabajaba en una posición en la que necesitaba el encanto. Era, en la mayoría de las apariencias, simplemente un pequeño empujador de papel en su Departamento. Para aquellos que miraban con ojos conocedores, él era una fuente de información, un nodo en la red donde se reunían muchos hilos—. ¿Qué puedo hacer por ti?
—Muchas cosas —dijo Lucius, y oyó que la puerta se cerraba detrás de él. Se sentó frente al escritorio de Aurelius, tranquilo, sin miedo, aunque sabía que estaba en una habitación que el hombre sentado frente a él había cubierto con trampas mortales—. Para empezar, ¿sabes lo estrechamente que estoy aliado con los Potter?
Sólo un parpadeo en los ojos profundos mostró que esa no era la pregunta que Aurelius esperaba. Sin embargo, se recostó y dejó caer una pierna sobre su escritorio, por casual que fuera Lucius. —Tu hijo es muy amigo de su hijo mayor, oí.
Lucius sonrió. —No sólo amigos, Aurelius. Se unirán algún día.
—¿Quién te dijo eso? Los chicos nunca conocen sus propios sentimientos a esa edad —Aurelio estaba haciendo una mueca, sin duda recordando el desastroso matrimonio en el que casi había entrado cuando tenía dieciséis años. Lucius aún pensaba que era la historia más divertida que había escuchado.
—Narcissa.
Después de un momento de consideración, Aurelius inclinó su cabeza en aceptación. —¿Y quieres ver a tus suegros, o las personas que serán tus suegros, y felicitarlos por haber producido un hijo que puede esperar ser aliado con un Malfoy? —preguntó.
Lucius se inclinó más cerca. —Bueno, no felicitarlos. Eso sería una palabra demasiado fuerte. Pero creo que deberíamos estar en comunicación. Después de todo, nunca he tenido la oportunidad de hablar con Lily o James Potter ya que luchamos en bandos opuestos, en ese gran malentendido de la guerra, cuando estaba bajo la Imperius —Lucius pensó que la sonrisa de Aurelius habría hecho mérito a los tiburones, pensó Lucius—. ¿Quién puede ayudarme con eso?
Aurelio cerró los ojos, sin duda revolviendo los archivos mentales en su cabeza. Era sorprendente, pensó Lucius, cómo mantenía la información organizada de esa manera. Nunca escribió nada sobre sus contactos, porque no necesitaba hacerlo. Eso, por supuesto, contribuyó enormemente a que no lo atraparan. Sabría quién podía ser sobornado, quién necesitaba desesperadamente un favor, quién estaba a punto de ser despedido por beber, pero no tendría ni una mera nota con el nombre de esa persona en cualquier lugar de su oficina.
—Richard Nott —dijo Aurelius, abriendo los ojos—. Tiene un contacto que está trabajando como guardia en las celdas de los Potter.
—¿Y qué querría Nott? —preguntó Lucius, levantando una ceja. Recordaba a Richard. Una decepción para su familia cuando se convirtió en un Auror, especialmente cuando su primera aventura en el campo lo llevó a adquirir una herida que no podía curarse por completo, y lo puso en el Ministerio haciendo trabajos ligeros por el resto de su carrera. Por supuesto, Richard no admitiría que estaba equivocado y volvería a casa, siendo tan cabezote. Todos los Notts eran así.
—Por qué, sólo un poco de hierba de dragón —dijo Aurelius—. Un poco más de lo que se supone que obtiene, gracias a su herida que lo atormenta. No mucho, tu entiendes. Merlín sabe que no quiero al pobre hombre muerto.
Lucius asintió, y dejó que una leve sonrisa adornara sus labios. Le proporcionaría a Nott su hierba de dragón, y Nott hablaría con su contacto en las celdas—la naturaleza de cuya deuda con Nott Lucius no sabía y no necesitaba—para asegurarse de que Lucius pudiera conversar con James y Lily Potter por el bien de su corazón. —Nadie querría eso —dijo, y se puso de pie, con una pequeña inclinación de cabeza hacia Aurelio—. Útil como siempre, mi viejo amigo.
Aurelio simplemente asintió. Él y Lucius tal vez no eran amigos, pero Lucius genuinamente había salvado su vida y sólo pidió que lo incluyeran en su red de información como pago por la deuda incurrida. Lucius siguió haciéndole pequeños favores en ocasiones, por supuesto, incluso asegurándose de que su hijo Marcus recibiera un poco de ayuda extra en su EXTASIS el segundo año que los tomó, de modo que pudiera pasar y abandonar Hogwarts. No había necesidad de perder un amigo tan valioso.
Lucius se fue con un resorte en su paso para recoger a Harry. Dependiendo de cuándo el contacto de Nott podría llevarlo a ver a los Potter, podría tener que estar preparado en cualquier momento. Eso no era un problema. Tenía la varita en blanco, y el dueño de la Menagerie Mágica le había enviado una lechuza ayer. Había llegado un cargamento de insectos, que llevaba su nombre. Su comida estaba incluida con ellos, por lo que seguirían vivos hasta que los necesitara. Sólo necesitaba ir al Callejón Diagon y recogerlos.
Todo está yendo bien. Por supuesto, ¿por qué no? El mundo está ordenado alrededor de los fuertes, y yo soy eso.
Harry se quedó inquieto sosteniendo su Saeta de Fuego y estudiando el cielo. Estaba claro, a última hora de la tarde, en la primera agonía de la puesta del sol. Lo único bueno de esta terapia que Madame Shiverwood le había ordenado que hiciera era que alentaba a Narcissa a extender su hora de dormir al anochecer. Harry había llegado a pensar que el castigo era cada vez más injusto a medida que avanzaba el verano y los días se hacían cada vez más cortos.
Pero ahora…
Ahora tenía que volar, y no estaba seguro de qué pasaría cuando lo hiciera. Incluso admitiendo que todos los Malfoy estaban en su mansión, y que no miraban por las ventanas para vigilarlo, tampoco, tenía miedo de lo que pudieran ver.
Harry tenía miedo de que fuera a actuar como un niño cuando volara, y que daría al traste con al menos algo de la relación que había construido en Lucius y Narcissa ante sus ojos.
O tal vez sólo tenía miedo de hacer algo que se sintiera placentero, porque eso desharía otras barreras que había levantado y lo impulsara a buscar más, más, más.
Harry respiró hondo, echó una pierna sobre su Saeta de Fuego y se elevó.
Se elevó más rápido de lo que había pensado, y sintió que el miedo lo rozaba por un momento. Y luego desapareció, y recordó la velocidad y la fuerza de la Saeta de Fuego la última vez que la había montado, y la exaltación que lo había inundado cuando voló cuando era más joven levantarlo y acunarlo.
Se estaba riendo. No importaba. Dio la vuelta en el atardecer de verano, y el dorado y el verde y el azul parecían hundirse en él y perforarlo como cuchillas, y eso tampoco importaba.
Él voló en otro círculo, luego cayó al suelo. El salto fue directo hacia abajo. Harry vio que la hierba se aclaraba y se hacía más clara, sintió que el viento le arrancaba las lágrimas de los ojos y se reía, reía y reía.
Al menos sabía que ninguno de los Malfoy estaba observando ahora, o uno de ellos habría estado afuera y gritándole.
En el último momento, Harry volteó hacia atrás, tirando de la escoba con él, dando vueltas sobre su cabeza, y sintió que la hierba le besaba el pelo como a Draco a veces le gustaba, cuando pensaba que Harry no se daría cuenta. Harry se dio la vuelta, rodando, tan cerca que raspó su codo en el suelo, y luego voló hacia el cielo.
Sintió su sangre, martilleando a través de sus venas y cantando en sus oídos. Por una vez, por una vez, no era debido a la batalla. Casi podía ver el punto de Madame Shiverwood en ese momento, que tal vez a veces podría ser un niño, y no le dolería, que incluso podría ayudarlo a convertirse en un mejor adulto…
Volvió a atravesar el cielo, y el momento se perdió, y se alegró. Realmente no quería pensar en este momento. Quería ascender, luego zambullirse en un patrón irregular y en zigzag que hizo que una lechuza que salía de la casa lo esquivara y gruñera. Harry la persiguió por unos momentos, luego se dio la vuelta y se dejó caer hacia el suelo de nuevo, esta vez volando boca abajo.
Reunió fuerza y velocidad antes de llegar a la hierba, imaginó que el suelo era un Bludger y se lanzó de lado tan bruscamente que sintió que se le encogía el cuello. Pero eso estaba bien, estaba bien, estaba bien siempre y cuando él pudiera levantarse y mantener el equilibrio en el aire, ladeando la cabeza para aliviar el dolor y girando dos veces. No necesitaba pensar en nada aquí, y no tenía miedo de caerse o lastimarse, porque sabía volar. Él podría complacer a su amor por tomar riesgos aquí, y nadie le gritaría.
Los movimientos individuales se mezclaron en una gran inundación de ardiente dulzura, y Harry no pensó como un adulto hasta que aterrizó de nuevo en el suelo, ya que el cielo llovía de color azul desde arriba y el sol se estaba escondiendo. Rio y se inclinó, jadeando, luego se frotó un lado del cuello y se dio cuenta de que había cambiado de opinión.
Mientras el equipo de Quidditch todavía lo quisiera, pensó que estaría jugando este año después de todo.
