Capítulo 1

Mu sabía que no iba a disfrutar la cena junto a su maestro como de costumbre. Aquel veintisiete de marzo estaba soleado, no había ni una nube, aunque para él una tormenta amenazaba con llevarse lo que conocía como vida. Era su cumpleaños número quince y el festejo -si se lo puede llamar así- comenzó con el anuncio oficial frente a todo el Santuario: Mu se convirtió en el herrero principal del ejército de Athena. Desde ese momento él sería el encargado de formar a nuevos alquimistas, fabricar armaduras y, lo más importante, conseguir el polvo de estrellas tan preciado en la labor.

Había crecido con la determinación de aceptar sus deberes y entrenó como guardián de la primera casa y reparador de armaduras. El día que le presentaron a su primer discípulo -un bebé huérfano en la frontera entre el Tíbet y la India- fue el más feliz de toda su corta existencia. Sin embargo, a medida que se acercaba a la adolescencia la emoción comenzó a desaparecer. En su cumpleaños número catorce Shion le recordó que esos serían los últimos doce meses como el sucesor para convertirse en el maestro. Al principio no fue un problema, pero chocó contra su propio destino cuando el Patriarca le hizo la pregunta que más temía:

—¿Ya encontraste a un ser amado?

Mu nunca había gustado de nadie más allá de la amistad o la admiración. Por mucho tiempo ignoró, al punto de olvidar, ese detalle tan importante para conseguir el polvo estelar. Creyó que su maestro sería inmortal o que los frascos que él había llenado alcanzarían hasta que le sucediera otra generación y jamás debería preocuparse. Pero el tiempo pasaba, los frascos se vaciaban mientras que Mu seguía sin encontrar a la persona adecuada -aunque tampoco se esforzaba en hallarla.

El período antes de la siguiente llegada de Aries fue una tortura. Cada encuentro con Shion se arruinaba por esa pregunta. La mayoría de las veces escapaba del Santuario para esconderse en Jamir por días hasta que el Patriarca mandaba a alguno de sus compañeros -por lo general el santo de Tauro o de Virgo- a buscarlo. Incluso sentía lástima al ver a Kiki imitar sus movimientos con un martillo de juguete en la fragua; algún día él también pasaría por lo mismo. Y no importaron la insistencia de su maestro ni los ánimos de Dohko: llegó a su decimoquinto cumpleaños sin un ser amado.

La ceremonia fue emocionante e incómoda para Mu, quien odiaba ser el centro de atención. Todo el ejército de Athena estuvo presente, desde sus compañeros de oro hasta los aprendices recién incorporados. Cada facción le hizo entrega de una medalla y un estandarte, símbolos de confianza absoluta, puesto que él, junto a la diosa, les brindaría protección en las batallas. Por parte de los santos dorados fueron Aioros y Shaka quienes le entregaron la ofrenda.

—¿Por qué tenés esa cara? —preguntó con disimulo el caballero de Virgo.

—Son... nervios nada más —respondió con una sonrisa forzada que solo alimentaba su mueca enfermiza.

Shaka no cambió su expresión, ni siquiera la postura, pero Mu supo que no lo había convencido. El hombre más cercano a los dioses siempre había sido bastante perceptivo cuando se trataba de él, era casi imposible esconderle nada -lo mismo se daba a la inversa. Al menos le tranquilizaba estar frente a todo el Santuario, así que Shaka no iba a hacer una de sus escenas de interrogatorio.

Muy por el contrario, el tono y lo que dijo el santo de Virgo le preocupó:

—Más tarde me gustaría hablar de algo con vos... Es... algo serio.

—E-está bien.

Luego llegó el momento más emblemático: la bendición de la diosa. El público miraba con ojos centelleantes cómo la pequeña dejaba el trono para acercarse al herrero. Tomó aire y saludó a su ejército. Empezó un discurso, pero se detuvo enseguida para preguntar si se escuchaba; el Patriarca le dijo que llevara la voz a la cabeza y acompañó la idea con un movimiento de mano que la diosa imitó. Así hizo llegar las palabras a cada integrante de las filas.

Para la bendición propiamente dicha pronunció unas palabras frente a las herramientas celestes mientras blandía a Nike cual varita mágica. Pocos fueron los que no sintieron ternura cuando Athena dio saltitos para intentar colocarle la corona de olivo a Mu; al final él debió arrodillarse y todos, incluida la diosa, rieron.

—Cuento con vos para alcanzar la victoria, Mu —le dijo con una sonrisa y sus dos manos sobre la suya.

—*—*—*—

Tras el almuerzo Mu se reunió con su maestro y Dohko en la oficina privada del Patriarca. Shion caminaba de un lado a otro mientras se estiraba del pelo. No dejaba de repetir «Esto es horrible, jamás había pasado, soy el peor Patriarca de la historia». El santo de Libra ya se había aburrido de intentar tranquilizar a su amigo, así que disfrutaba de un tazón de uvas frescas sentado en la silla de Shion. Mu, por su lado, estaba parado en un rincón, cabizbajo y con la cara roja -en parte de la vergüenza y en parte por haber estado bajo el sol por tanto tiempo.

—¡¿Qué vamos a hacer ahora?! —preguntó Shion— Mu no se enamora y yo ya no puedo hacerme cargo de eso. ¡Estoy muy viejo para conquistar a alguien!

—¡Shion, no digas eso! Si vos estás viejo, significa que yo también.

El Patriarca lo miró mal y el tazón voló de las manos de Dohko a su cabeza.

—¡Ey!

—¡En lugar de estar atragantándote con uvas podrías ayudarme a pensar en algo!

—¿Y qué querés que haga?

Apoyó los pies cruzados sobre el escritorio y se llevó una uva a la boca.

—No quisiste presentarle pretendientes como te dije. Ahí tenés el resultado: los frascos están casi vacíos y Mu tiene menos interés que una piedra.

—¡Estás hablando de mi discípulo! —dijo con un golpe sobre el escritorio.

—Todavía lo ves como tu tátara-tátara-tátara... ¿Cuántos tátaras son? ¡Bueno! Todavía lo ves como tu nieto y no como un guerrero capaz de asesinar en masa.

Shion frunció los labios y dio un paso atrás. Dohko comió otra uva.

—¿Ves? Sabés que tengo razón. Tantos años de ayudarte en tus conquistas y rompimientos me dieron buen ojo para estas cosas. Tal vez deba dedicarme a unir parejas.

—Bueno, doctor Amor, si tan experto es, ¿por qué no ayuda a mi nieto aquí presente?

Dohko sonrió victorioso, dejó el tazón sobre el escritorio y se puso de pie; luego se rascó la cabeza.

—¿Dónde dejé la carpeta con los candidatos?

—Creo que estaba junto a tus dibujos —dijo Shion mientras se apretaba el puente de la nariz.

—¡Cierto!

El santo de Libra caminó hacia los archivos. El Patriarca tomó asiento y limpió con un pañuelo de papel -y cara de asco- el escritorio. Mu seguía cabizbajo en el rincón; el ardor en la cara aumentaba a cada segundo.

—¡Acá están! —dijo Dohko y le entregó la carpeta a su compañero, quien sacó un par de anteojos de entre sus ropas.

—A ver en quiénes pensaste...

—Bueno, como necesitamos a alguien que resista que le rompan el corazón tanto como haga falta, solo incluí a los guerreros más fuertes que tenemos.

—Dohko... son todos los dorados menos vos.

—Son los más fuertes, ¿no? La mayoría tienen su edad, seguro se van a entender.

Shion suspiró.

—¿Mu, hay alguno de tus compañeros que te caiga mejor que los demás?

Era lo que menos quería escuchar. Si ya encontraba difícil enamorarse de una persona extraña, tener que hacerlo de algún compañero era imposible. Habían crecido juntos, eran lo más cercano a una familia que tenía; la sola idea de ser pareja de alguno le daba repelús.

El caballero de Aries pasó saliva y dijo:

—Nunca pensé... en ninguno de ellos de esa forma, maestro.

—No lo hacés más sencillo, ¿eh?

—¿Qué te parece si empezamos por los más grandes? —propuso Dohko— Mu es un chico fuerte cuando se lo necesita, pero fuera de eso es una ternurita. Tiene que ser alguien que lo haga sentirse seguro.

—Sí... Creo que tenés razón... ¿Entonces empezamos por Aioros?

—Nonononono —Aclaró rápidamente Dohko—. A él le puse una carita indiferente. Fijate.

—¿Les pusiste sellos como nenes de jardín de infantes?

—Estaban de oferta y me gustaron... Pero eso no importa ahora. Lo importante es que de acuerdo a mi experiencia y buen ojo, Aioros no es tan buena opción para Mu. Él está muy enfocado en su rol como maestro de lucha y en mimar a Aioria.

—Es verdad... Me intriga saber qué calificación le pusiste a cada uno.

—Solo puse dos caritas enojadas.

Shion pasó las hojas y encontró la primera.

—¿Deathmask?

—Es demasiado raro. Además, Mu ya lo golpeó una vez. No se llevan bien.

—Cierto... ¿Y el otro? ¿Eh? ¿Shaka?

—Él no es mal chico, pero con eso de Buda y el hombre más cercano a los dioses...

—Tenés razón... Shaka no debe experimentar apego. Queda descartado.

Mu no pudo evitar soltar un suspiro de alivio que los otros dos ignoraron. Al menos uno de sus amigos quedaba afuera.

—Pero volvamos a la idea original —dijo Dohko y pasó las hojas hasta llegar al caballero de Géminis—. El otro es Saga y le puse una carita feliz. A vos te cae bien, a Mu también, todos felices.

—Sí... Bueno...

—Dale, Shion. Entre que pensás se vacía otro frasco de polvo.

—Está bien, está bien. Vamos a empezar por Saga... ¿Estás de acuerdo, Mu?

El aludido levantó la cabeza.

—Ah... Sí... creo...

—Decidido —dijo Shion y cerró la carpeta—. Más tarde voy a hablar con Saga para ponerlo al tanto. Dohko, te encargo la planificación de sus encuentros.

—¡Nunca creí que estaría vivo para organizar los cortejos de otro herrero! ¡Ya tengo muchas ideas!

—*—*—*—

En la entrada trasera a su templo Mu miraba hacia el resto de las casas; las fachadas comenzaron a teñirse con el tono rojizo del atardecer, no había mucho movimiento más que algún pájaro que justo volaba por allí. Posó la vista en Géminis y suspiró.

Giró para adentrarse en Aries, pero no avanzó ni un paso al ver al santo de Virgo caminar en su dirección.

—Ya acomodé las cosas en la biblioteca —dijo Shaka sin siquiera darle la bienvenida ni nada semejante—. Colgué las medallas en la pared con los retratos de los antiguos herreros. Cuando pongan el tuyo va a combinar.

Mu sonrió de costado.

—Gracias... y disculpá que te molestara con eso.

—No fue nada. Disfruto organizar cosas.

—Sí... Qué bueno...

Bajó la mirada con un suspiro. Shaka levantó una ceja.

—Para ser tu cumpleaños no te ves feliz.

—Ah... N-no... Solamente estoy cansado.

Shaka asintió con la cabeza.

—Puedo preparar té para que te relajes.

—No, no... Estoy bien así. Ya me ayudaste con ordenar las cosas que me dieron más temprano.

—Insisto.

Mu torció la boca. Sabía que no iba a hacer cambiar de parecer al caballero de Virgo. Sin más remedio lo siguió a través de su propio templo hasta los aposentos. No veía la hora de tirarse en la cama y dormir para olvidarse todo; pero eso debía esperar.

—¡Sorpresa!

Cuando puso un pie dentro del living varios de sus compañeros y su pupilo lo atacaron con papel picado, guirnaldas y globos. Mu quedó en blanco unos segundos; dio gracias de no haber sentido peligro alguno o media casa habría volado. En un costado había comida, bebida, platos y vasos. En el rincón, una torta de tres pisos, adornada en el más alto por una réplica en miniatura de la armadura de Aries.

—¿Qué están...?

—¡Maestro, maestro! —Kiki corrió hacia él con un bonete dorado en las manos— ¡Feliz cumpleaños!

Mu sonrió.

—Gracias, Kiki.

Se agachó para que su discípulo pudiera ponerle el bonete. Miró al resto que se veían más alegres y coloridos que de costumbre. Tuvo que aguantar la risa cuando notó que Milo tenía un globo pegado en la cabeza.

—¿Cómo hicieron esto sin que me diera cuenta?

—Por primera vez Shaka fue el encargado de organizar todo —dijo Aioria.

—De no haber sido por él lo habrías descubierto como cada año —comentó Aphrodite.

—Creo que sí —dijo con una risita—. Gracias a todos, en serio.

A pesar de no estar los doce caballeros la fiesta fue muy animada y escandalosa. Mu se contagió de las risas de Aioria y Milo. Cuando se sintió aturdido buscó a Camus para conversar. Él ya tenía bajo su cargo dos alumnos; le gustaba intercambiar métodos de enseñanza, aunque su pupilo todavía era muy chico.

Cada tanto paraba a buscarlo. Kiki siempre había sido muy extrovertido y lo encontró varias veces charlando con sus compañeros. En una le contaba alguna historia inventada a Aldebarán y Deathmask -quien, dicho sea de paso, se debatía entre creer o no en las palabras del Aries menor. En otra vio que le pidió permiso a Aphrodite para acariciarle el pelo; dijo «¡Wow! ¡Es muy suave!». Aunque la mayoría de las veces lo encontró pegado a Shaka, ya fuera para ayudarle a traer más bebidas o pedirle que le diera algo.

La comida era variada, acorde al gusto y dieta de los presentes, algo que el santo de Aries agradeció ya que era conocido por siempre agasajar a sus invitados. La torta era de chocolate; no le extrañó en lo absoluto puesto que había sido Shaka el organizador, pero tampoco se quejó porque fue la torta más rica que había probado.

Compartir con sus amigos le ayudó a olvidarse del problema que atravesaba durante gran parte de la reunión. La gente comenzó a irse alrededor de las nueve de la noche. Mu aprovechó para sentarse en lo alto de las escalinatas de la entrada a mirar las estrellas. Le parecía irónico que a pesar de haber tantas y que sus habilidades usaran polvo estelar no sirvieran para arreglar las armaduras. Apoyó los codos sobre los muslos y dejó colgando la cabeza. Algunos mechones casi tocaban el piso.

De pronto una tela le envolvió el cuello y los hombros.

—¿Q-qué...?

—Ya dividí las tareas de cada uno en la cocina —dijo Shaka a sus espaldas.

—Ah... Gracias. Enseguida voy.

—No es necesario. Es tu cumpleaños y los demás están dispuestos a ayudar.

Mu sonrió con timidez.

—Es raro que hagas este tipo de cosas.

—Vos te encargaste de organizar mi cumpleaños tres veces seguidas. Estamos casi a mano.

El herrero negó y volvió la vista al cielo. Shaka se adelantó unos pasos para sentarse a su lado.

—¿Qué es esto? —preguntó Mu a la vez que se acomodaba la prenda nueva.

—Tu regalo de cumpleaños —respondió su amigo.

—No era... necesario que me regalaras...

—Sí que lo era. Así la próxima vez que te escapes a Jamir te vas un poco abrigado... No pienso aguantar tus quejas si te enfermás de nuevo.

El santo de Aries se cubrió la mitad de la cara. Shaka lo conocía demasiado bien; sabía que consideraba volver a escaparse del Santuario incluso sin cruzar palabras.

—¿Pasó algo malo en la reunión con el Patriarca?

Mu sintió escalofríos: la charla con su abuelo y la idea de que tendría que encontrarse con Saga regresaron a su mente. Se abrazó a sí mismo; por primera vez notó que era una noche fresca, así que agradeció el regalo de su amigo. Tomó aire y cerró los ojos. Shaka permaneció callado. Mu dudó un momento en decirle la verdad, pero pensó que quizás alguien como él podría darle otro punto de vista.

—Shaka... ¿Alguna vez te sentiste presionado al no tener sentimientos por nadie?

—¿Ah?

—Bueno... A los santos no se nos permite tener pareja a menos que sea un caso excepcional, pero el tuyo es muy distinto... ¿No te tildan de raro o algo?

—Mientras sepa quién soy y cuál es mi misión no tengo razones para preocuparme por lo que digan los demás.

Se acomodó el pelo detrás de la oreja.

—Y no es que no sienta nada por nadie. Hay gente que me cae bien y gente que me cae mal. Es agradable ver felices a las personas que estimo.

—¿Y no... sentís nada más? Es decir... no sé, algo como hermandad o... más serio.

—Hmmm... Tal vez hermandad. Pero sé que es pasajero y no me va a acompañar cuando haya muerto... ¿Por qué lo preguntás? ¿Estás pensando en qué vas a renunciar?

—Ah, no, no... Bueno... Quizás sí tenga que renunciar a ciertas cosas, pero...

—¿Pero qué?

Mu apretó los puños. Pensó en Shion y Dohko, en Athena, Aries, Kiki y todas las personas que estuvieron presentes en el acto más temprano. Si no hacía el sacrificio ya no vería sus sonrisas.

—No puedo enamorarme —dijo.

Las palabras sorprendieron tanto al santo de Virgo que abrió los ojos. Para aumentar más el asombro su compañero tenía las mejillas coloradas.

—¿Y eso tiene algo de malo?

—Mucho —dijo con las manos en la cara—. Necesito enamorarme, pero nunca me gustó nadie... ¿Hay algo mal en mí?

Shaka puso cara rara que duró unos segundos. Luego se sentó en la posición de loto con el mudra varada.

—No creo que todo el mundo deba enamorarse —respondió.

—¡Pero yo sí! Y lo peor es que mi maestro ya me consiguió a alguien.

—Hmmm... Supongo que no tenés opción.

—Lamentablemente no.

—¿Por qué es tan necesario que lo hagas?

Antes de que el primer guardián abriera la boca fue interrumpido.

—¡Maestro Mu, maestro Mu! —Kiki apareció a los gritos— Quiero ir a dormir.

—Cierto, ya es la hora.

Se levantó de las escaleras para cargar a su pupilo en brazos.

—Después seguimos hablando, Shaka. Yo también estoy cansado.

—Oh... Entiendo. Buenas noches.

—Buenas noches... Ah... Y gracias por el regalo.

—Buenas noches, Shaka —le saludó Kiki mientras agitaba la mano—. Que duermas bien.

—Vos también, Kiki.

Shaka vio al par de Aries adentrarse en el templo. La actitud de Mu le había llamado demasiado la atención y necesitaba averiguar qué era lo que le pasaba. No se imaginó en ese momento que el futuro del Santuario había caído sobre los hombros de su amigo.

Hola a quien lea esto.

Por fin el primer capítulo.

¿Qué les pareció?

Tal vez por ahora no tenga un tono muy serio a pesar de que el conflicto principal lo sea.

Me gusta hacer a Mu el típico adolescente que no se entusiasma con nada lol Aunque tiene motivos para ser medio amargado XD

Shaka sí tiene una personalidad MUY diferente, pero eso va a cambiar con los capítulos. Me gusta pensar que hubiese sido más dulce quizás si nunca hubiera perdido contacto con Mu.

Shion es el abuelo de Mu XDDD Cuántos tátaras son se descubrirá más adelante.

Shion y Dohko son el alivio cómico y me encantan así XDDDDDD

Desde ya aclaro, pero creo que es medio obvio, que la rebelión de Saga nunca pasó y la vida en el Santuario es un poco más tranquila... Pero ya se las voy a complicar lol

Creo que eso es todo.

La continuación va a venir la semana que viene.

Cuídense.