Capítulo 3

Mu terminó de peinarse frente al espejo de su habitación. En un principio pensó en hacerse algo diferente, pero desistió enseguida; no creía que fuera necesario solo para ir a conversar con Saga. Revisó una vez más el listado de cosas por conseguir que Dohko había armado para que su relación funcionara. De todos los puntos hablar sobre intereses fue lo que encontró más sencillo.

Salió del cuarto mientras repasaba las actividades que hacía en su tiempo libre, aunque la mayoría se resumía en cuidar a Kiki, entrenar y arreglar armaduras. Cuando caminó frente al living escuchó el llamado de un amigo.

—Mu, Mu… Ayuda.

Giró en dirección a la voz de Shaka, quién yacía en el piso, debajo del brazo de Aldebarán. Mu rio para entonces ayudarlo.

—Por algo les dije que podían usar otro colchón.

—Siempre me agarra de almohada para sus bíceps —dijo mientras se frotaba el pecho.

Mu rodeó el colchón hasta donde se encontraba Kiki. Tocó las sábanas, quería asegurarse de que estuvieran secas.

—Menos mal. Es la tercera noche seguida que no se hace pis.

—Técnicamente no amaneció, todavía puede hacerlo —dijo Shaka—. Lo llevé a eso de las cuatro.

—Que se despertara para ir al baño es un progreso.

Mu arropó a Kiki para entonces ir con Shaka a preparar el desayuno. Aunque tratara de disimularlo mientras hacía un revuelto de avena con chocolate no dejaba de pensar en qué iba a decirle a Saga. Nunca había tenido problemas con él, pero las circunstancias habían cambiado tanto que se sentía vulnerable. Probó una cucharada del preparado y suspiró.

—¿Estás así porque no te quedó bien o porque en un rato tenés que ver a Saga? —preguntó Shaka.

Mu lo miró mal, juntó un poco de avena y le metió la cuchara en la boca.

—Le falta chocolate.

—Te dije que no podés comer tanto. Si querés dulce agregale miel.

—Por una vez que coma un poco más de chocolate no va a pasar nada… Hmm… ¿Por qué no le llevás a Saga?

—¿Eh?

—Sé que le gusta el chocolate.

—¿Cómo… sabés?

—Siempre que tiene me da un poco… y es bastante seguido.

El santo de Aries afiló la mirada.

—¿Así que comés chocolate a mis espaldas? Y yo que me preocupo por tu salud.

Shaka sonrió de costado.

—Bueno, ahora vas a tener que preocuparte por la salud de Saga.

Mu agachó la cabeza lentamente. Recordar al caballero de Géminis le hizo perder el apetito.

—Todo va a salir bien —le dijo Shaka con los ojos abiertos y las manos sobre sus hombros—. Tal vez ahora no estés enamorado de él, pero es una de las personas más confiables que conozco. Nunca te lastimaría.

—Pero yo sí tengo que lastimarlo.

Shaka le soltó los hombros para agarrarle la cara.

—Sos muy bueno, Mu… Es triste verte así… Quizás haya otra forma.

—No la hay. Desde la era del mito la única manera de conseguir polvo estelar es con corazones rotos. Incluso si él llegara a sentir algo por mí y no le correspondiera, Athena tendría que… unirnos en una especie de matrimonio.

—¿Q-qué?

Mu apoyó una mano sobre la de Shaka que no se apartaba de su mejilla.

—También podría hacerlo con un amigo muy cercano. El ritual sería otro —suspiró—. Pero si lo hago con la persona de la que esté enamorado, el polvo va a ser mejor en cantidad y calidad. Hasta tendría que usar mucho menos cada vez que arregle una armadura.

Poco a poco Shaka lo soltó.

—Esa es la razón de que el polvo que queda en los frascos se gaste tan rápido… La última persona que derramó lágrimas solo fue un acompañante temporal de mi maestro. Nunca llegaron a tener un vínculo fuerte.

Tomó aire y lo miró a los ojos.

—Así como él nunca quiso lastimar al maestro Dohko que es su mejor amigo desde que eran aprendices, yo tampoco quiero lastimarlos a vos y a Aldebarán… Ni a nadie…

Arrugó la frente mientras se estiró algunos mechones.

—No sé qué hacer…

—Bueno… Por el momento podrías no quemar el desayuno.

Mu se volteó rápidamente hacia el fuego. Con sus poderes telequinéticos alcanzó leche, más avena y chocolate y trató de salvar la preparación. Shaka movió la cabeza de lado a lado para volver a cortar frutas.

—No es normal verte tan distraído —comentó el santo de Virgo—. Se nota que el tema del polvo de estrellas te preocupa.

La cara de Mu se puso roja y prefirió ignorar a su amigo.

—E-en la ceremonia dijiste… que tenías algo importante que decirme.

—¿Nnh? ¡Ah, cierto!

Dejó el cuchillo y se limpió las manos.

—Mi maestro se me presentó en un sueño esa mañana.

—¿Buda?

—Sí. Pero fue diferente a otras veces. Era joven y tenía puesta la armadura de Virgo.

—¿Eh?

—Nunca lo había visto así. Él fue el primer santo de Virgo, nos preparó a todos sus sucesores en mayor o menor medida, pero no sé de nadie que lo haya visto en su faceta de caballero.

—¿Y qué te dijo?

—Que ayudara a alguien.

—¿A quién?

—No me dijo. Pero había otra persona con él… Creo que era un hombre joven… Aunque no me acuerde su cara estoy seguro de que lo vi alguna vez.

—Hmmm… ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

—No sé por qué, pero apenas me desperté pensé que tenías que saberlo.

Abrió los ojos de golpe.

—Tal vez sea eso. Tal vez mi maestro quería decirme que tengo que ayudarte.

—Ehh… Bueno, hay una parte que no te conté sobre el protocolo.

—¿Yo también tengo que llorar?

—No… Se usan varias flores y plantas que solo crecen en el jardín de los sales gemelos.

—Oh… Por eso el Patriarca me pidió que te trajera flores de los sales.

—Ajá… Se dice que Gautama de Virgo fue mano derecha del primer herrero y le ayudaba a conseguir materiales. Él tuvo la idea de plantar un jardín, así ya no habría faltante de materia prima.

—Eso significa que sí voy a tener que participar.

—Pero tu corazón va a estar intacto —Suspiró—. Qué suerte la tuya. No tenés que preocuparte por sentimientos mundanos como el amor.

—Ay, Mu… Mejor terminemos de preparar esto así comemos.

—*—*—*—

En el trayecto de Tauro a Géminis, Mu no se animaba a levantar la mirada hacia la tercera casa. De vez en cuando se detenía, acomodaba el cesto donde llevaba las sábanas y el frasco con pétalos. Shaka se volteaba para asegurarse de que su amigo no escapara. Le decía un par de palabras de ánimo y continuaban hasta que se repetía la acción.

Al primer guardián le temblaron las piernas cuando sus ojos se clavaron en la fachada del templo que era su destino. Trató de imaginar cómo lo recibiría Saga. Quizás estaría enojado por haberlo hecho esperar. A lo mejor solamente lo saludaba e ignoraba el resto del encuentro. Pero cuando pensó que tal vez lo llevaría a un cuarto para estar solos se aterró tanto que le apretó el brazo a su amigo.

—Mu…

—N-no… No puedo.

—¿Qué?

—No puedo hacerlo… No puedo ver a Saga.

Shaka se volteó hacia su amigo, lo agarró de la cara y juntó sus frentes.

—Mu, sos el santo de Aries, el primer guardián de las doce casas. Pudiste frenar a tres dioses guerreros vos solo hace dos años, ¿pero no podés ver a Saga?

Mu esquivó su mirada.

—N-no lo entenderías.

—Lo entiendo… Mu, creeme que te entiendo mejor que nadie… Yo jamás me enamoré y no voy a poder hacerlo nunca… No sabría qué hacer si estuviera en tu lugar. ¿Tener que enamorarme de un compañero? ¡Es inimaginable para mí!

Le sonrió a la vez que acarició su mejilla.

—Sos la persona más dulce que conozco, Mu. Sé que no querés lastimar a nadie, pero tu dulzura enamoraría a cualquiera que llegara a conocerte de verdad.

—¿V-vos… decís?

—Sí… Tenete más confianza. Saga aceptó porque sabe que es lo mejor para la humanidad… Vos también sos un santo de Athena y muy fuerte. Vas a poder con todo.

—Shaka…

Mu llevó la mano derecha a la altura del pecho. Poco a poco concentró cosmos en la palma y formó una esfera de luz que le cubrió hasta el codo. Luego levantó el meñique.

—Hacé lo mismo —le dijo a su amigo.

—¿Ah?

—Hacelo.

Confundido, Shaka obedeció. Entonces Mu entrelazó sus dedos y el cosmos de ambos se mezcló en una explosión diminuta de la que cayeron partículas brillantes.

—¿Para qué… fue eso?

—Desde ahora sos mi chaperón.

—¡¿Qué?!

—Más tarde se lo voy a decir al Patriarca.

—Esperá, esperá, esperá… ¿Cómo es eso de que soy tu chaperón?

—El herrero maestro necesita uno. Así que además de ayudarme con el jardín de los sales también me vas a acompañar en mis encuentros con Saga.

—Decime que es una broma.

—No. Tiene que ser una persona de confianza y… Bueno, criamos a Kiki juntos, somos amigos desde hace años, siempre me ayudás…

—No sé si sentirme honrado o asustado.

Mu lo agarró de la mano, con los ojos grandes, brillantes. Shaka sabía que era uno de sus trucos para salirse de la suya y, a pesar de todo, no podía resistirse.

—Por favor… no me dejes solo —suplicó suave—. Necesito que te quedes conmigo.

El santo de Virgo levantó la boca de costado. Jamás le había ganado a la famosa cara de borrego del caballero de Aries que le provocaba cosquillas en la panza. Los cachetes de Mu estaban sonrosados. Shaka respiró hondo y se resignó.

—Está bien… Pero apenas se pongan cariñosos de más me voy. No pienso quedarme a verlos.

—Tu tarea es encargarte de que eso no pase antes de tiempo.

—Para que haya al menos una probabilidad, primero tenés que verlo. Vamos.

Shaka arrastró a Mu hasta la casa de Géminis en medio de quejas. El lío que hacían retumbó entre las paredes y pilares. Saga no tardó demasiado en salir de un pasillo. Verlos juntos le recordó a cuando eran chicos; por primera vez se había puesto a pensar en cuánto habían crecido, pero todavía guardaban algo de aquellos días.

Mu se sintió observado y dejó de quejarse al cruzar miradas con Saga. Él se acercó sonriente a saludarlos.

—Buen día, Mu, Shaka.

—Buen día —el santo de Virgo devolvió el saludo. Como su amigo no respondía le dio un codazo.

—¡Ay!

—Ya llegamos.

—Me di cuenta… —dijo mientras se sobaba donde había recibido el golpe— Buen día… Saga.

—¿Esas son las sábanas que dijo Shion? —Señaló el cesto.

—Sí… Tenés que usarlas una semana para empezar el proceso de purificación.

—Entiendo… Podés pasar. ¿Necesitás ayuda?

—Ah, no… Tengo que hacerlo solo… Únicamente el ayudante puede estar presente.

—Supongo que ese es Shaka.

—Lamentablemente —respondió el aludido.

Mu lo miró mal.

—Bueno, ya conocen el lugar. Cualquier cosa que necesiten me avisan.

Sin perder más tiempo fueron al cuarto de Saga. Era bastante amplio, bien iluminado y limpio, con la cama enorme en el centro. Mu suspiró, le entregó el cesto a su amigo para entonces sacar las sábanas que estaban puestas y dejarlas sobre una silla. Luego comenzó a colocar las nuevas, en silencio, con la expresión seria que siempre tenía cuando pensaba en cosas importantes.

Terminó de armar la cama y agarró un puñado de pétalos que dejó caer al azar en las sábanas. Luego se paró a los pies con los puños extendidos. Cerró los ojos para concentrar cosmos en las manos. Cuando las abrió los pétalos sobre las sábanas tomaron un tono dorado y poco a poco se desvanecieron.

Abrió los ojos sin cambiar la cara por pensar en que había firmado él mismo su condena.

—¿Terminaste? —preguntó Shaka.

—Sí. En una semana tengo que volver a hacerlo.

—No sabía que los sales sirven para purificar.

—No mucha gente lo sabe. Lo que sobró hay que dejarlo para que Saga lo use a la hora del baño.

Shaka dio una mirada rápida por la habitación. No era la primera vez que entraba; en su época de aprendiz incluso había dormido allí. Observó las sábanas que le dieron la impresión de ser las más blancas que había visto en toda la vida. De repente le bajó un cosquilleo por la columna y el pecho le dolió; la sensación le recordó a los momentos en que había experimentado tristeza.

—¿Qué pasa? —le preguntó Mu.

—No… Nada.

Cerró los ojos y creyó ver al joven de su sueño, aunque no llegaba distinguirle la cara. Sin embargo, estaba seguro de que guardaba semejanza con su amigo.

—Mu…

—¿Nnh?

—Por lo que tengo entendido, solo a los descendientes muvianos se les permite aprender a arreglar las armaduras, ¿no?

—Sí, es de las pocas tradiciones que quedaron.

—Pero… ¿El herrero maestro siempre es el santo de Aries?

—No. Puede ser cualquiera que haya aprendido a dominar la técnica. Yo solamente lo soy porque fui el único discípulo de Shion… ¿Por qué lo preguntás?

—Curiosidad.

Shaka afianzó el agarre del cesto.

—¿No tenés que hablar con Saga?

Mu agachó levemente la cabeza.

—¿Qué le digo?

—Cualquier cosa. No creo que tengan que hablar sobre temas que por lo general no hablan.

—Sí, pero… ¿Debería tratarlo de otra forma? Es decir, Shion dijo que es mi pretendiente… ¿Hay alguna diferencia con ser pareja oficial?

—Hmmm… Creo que es el paso previo. Aunque si el Patriarca lo dice, tal vez sea como una especie de prometido.

—Me duele el estómago.

—Dale, Mu. No tengas miedo. Lo hacés por el bien de la humanidad.

El caballero de Aries respiró hondo y dijo:

—No me dejes solo.

—Me voy a quedar con vos hasta que te enamores de Saga y viceversa.

Luego de dilatar más la salida Mu decidió enfrentar al santo de Géminis. Saga estaba sentado en el living mientras revisaba unos papeles. Mu no sabía cómo acercarse; de no haberlo conocido hubiera creído que era una persona difícil de tratar, alguien que le gritaría que se fuera. Shaka le dio un empujón que llamó la atención del tercer guardián.

—¿Ya terminaron?

—Ah… S-sí… —respondió Mu— Dejamos un frasco con pétalos así le echás al agua que uses para bañarte.

—Entiendo.

Saga agarró el recipiente que estaba sobre la mesa ratona.

—Shaka, Kanon consiguió los chocolates que tanto te gustan. Esta vez trajo bastantes. Podés llevarte los que quieras.

—¿En serio? ¡Gracias!

Antes de que pudiera tocar siquiera la envoltura de uno Mu lo frenó.

—Ya cubriste tu cuota diaria.

—¡Pero, Mu…! Son mis favoritos.

—No importa. Si querés que Kiki lleve una dieta adecuada tenés que dar el ejemplo.

Shaka hizo un puchero. Saga solamente rio por lo bajo.

—No te rías, Saga… Mu siempre me trata mal.

—¿Ah? ¡Eso es mentira!

—Además me dice mentiroso.

—Bueno, es verdad que comés demasiado chocolate. Mu solamente se preocupa por tu salud.

—¡Ja! ¿Ves? Saga sí entiende.

—Pero si es de vez en cuando no pasa nada. Solamente no descuides el entrenamiento físico.

Mu infló los cachetes mientras que Shaka sonrió victorioso para luego sentarse junto al caballero de Géminis y agarrar un chocolate.

—Probá uno, Mu —le dijo Saga—. Es de los mejores que comí en mi vida.

El herrero dudó un momento, pero aceptó y se sentó quedando Saga en el medio. Miró la envoltura; era dorada y tenía el dibujo de un oso con sombrero de pastelero. Al darle el primer bocado entendió por qué su amigo ignoraba sus advertencias; el sabor se le escurrió por toda la lengua hasta terminar como una corriente en alguna parte del cerebro.

—¿Qué te parece? —preguntó Saga.

—Está rico.

—Podés llevarle a Kiki también. No le prohíbas tantas cosas ahora. Ya va a tener que sacrificar mucho cuando crezca.

Mu agarró otro chocolate en silencio. Repitió la acción de mirar cada detalle de la envoltura al girar la golosina entre los dedos. Entonces separó los párpados a más no poder y se puso de pie.

—¡Shaka! ¡El cumpleaños de Kiki es en tres días!

—Ah, sí… Supongo que te olvidaste.

—¡¿Por qué no me hiciste acordar?!

—Pero si hace unos días me dijiste que fuera a comprar las cosas para la fiesta y todo. Están en mi templo. Vos te ibas a encargar del regalo.

Mu se revolvió el pelo.

—Encima mañana es el cumpleaños de Shion. ¡¿Ahora qué hago?!

—Tranquilo, Mu —le dijo Saga—. Es temprano. Todavía tenés tiempo para conseguir algo.

—Pero… el cronograma que armó el maestro Dohko…

—¿Por qué no van juntos a comprar y así cumplen con el horario? —sugirió Shaka.

Sin objeción alguna los tres bajaron al pueblo en busca de regalos para Shion y Kiki. Varios de los civiles se acercaron a Saga para saludarlo. Algunos comerciantes también les ofrecieron productos gratis. El ritmo en Rodorio, a pesar de ser un pueblo pequeño, era bastante agitado y más en ese momento en que la mente de Mu era un revoltijo de pensamientos y emociones.

Se detuvieron a ver un puesto de prendas traídas de países lejanos. Había tanto para escoger que el santo de Aries comenzó a ponerse ansioso y tuvo que debió alejarse un momento. Desde su posición miraba cómo su amigo no tenía problema en hablar con Saga; los dos siempre se habían llevado bien, Shaka lo respetaba y Saga lo animaba a sacar todo su potencial. Mu sintió envidia de su amigo por un instante. «Nunca voy a enamorarme —pensó a la vez que cerró los párpados—. Jamás va a nacer en mí ese tipo de sentimientos… Tal vez no soy el más indicado para ser el herrero maestro».

Shaka vio en un espejo el reflejo de su amigo que se alejaba a paso desganado. Estuvo a punto de ir tras él, pero Saga lo agarró del brazo.

—Dejalo solo un rato —le dijo.

—¿Qué?

—Mu es un chico fuerte, pero también muy sentimental. Esto no es fácil para él. Vos debés saberlo mejor que nadie.

El santo de Virgo sonrió de manera triste.

—Mu fue el primer amigo que tuve. No me gusta verlo así, pero al menos me deja tranquilo saber que te tomás esto en serio.

Saga agarró una túnica de color bordó y pasó las yemas de los dedos sobre la tela.

—Para ser honesto, yo también veo muy difícil que algo surja entre los dos. Pero alguien tiene que hacerlo. El Patriarca considera que soy el más indicado, así que tengo que aceptarlo.

—¿No te importa tener que sufrir?

—Creo que Mu va a ser el que más sufra… Ya lo está haciendo —Apoyó una mano sobre el hombro de Shaka—. Pero mientras te tenga a vos, va a estar bien.

Saga continuó hacia el siguiente puesto. El caballero de Virgo no se movió del lugar. La presión que comenzó a sentir quizás no era igual a la que experimentaba su amigo, pero era tan fuerte que pronto le surgió la necesidad de encontrar una manera de salir del lío en que se había metido y tratar de sacar a Mu también.

Caminó mientras pensaba, más que nada en el sueño que había tenido; algo le decía que era una pista. Vio que Mu estaba entretenido frente a la vidriera de una librería y Saga revisaba unas estatuillas en una tienda de antigüedades. Al lado de ese local había una juguetería; seguro de que allí encontraría algo para Kiki entró sin dudar. No tuvo que buscar demasiado: nada más entrar había sector exclusivo con peluches del señor Tanpoppo y sus amigos, personajes que Kiki adoraba.

Enseguida salió para llamar a Mu. Sin embargo, antes de hacerlo se le ocurrió una idea.

—Saga.

—¿Qué pasa? ¿Encontraste algo?

—Sí, pero mejor digamos que fuiste vos.

—¿Cómo?

Shaka señaló a la montaña de peluches para que Saga viera.

—Ese es el Señor Tanpoppo —le explicó—, el protagonista de una serie de cuentos que a Kiki le gusta mucho.

—Oh… Bien pensado.

—Decile a Mu que vos lo encontraste.

—¿Qué?

—Kiki es su discípulo y aunque los dos nos ocupemos de él pasa la mayor parte del tiempo con Mu. Nadie le importa más que Kiki. Si demostrás un poco de interés, eso le va a gustar a Mu.

—Hmmm… Entiendo.

Saga caminó hacia Mu que veía macetas en el local junto a la librería. Antes de hablarle se volteó hacia Shaka, quien le hizo señas para que continuara y luego se escondió detrás de un ropero en la tienda de antigüedades. El santo de Géminis suspiró levemente y dio tres pasos hacia adelante.

—Mu, creo que encontré algo que podría gustarle a Kiki.

—¿Eh?

—Está en la juguetería. Vení.

Con la esperanza de encontrar la salvación, Mu siguió a Saga hasta la montaña de peluches. Los ojos le brillaron como si estuviera frente a la mismísima Athena.

—El Señor Tanpoppo y sus amigos… ¡Hay tantos! No sé cuál escoger… ¿C-cómo supiste que a Kiki le gusta? —le preguntó a Saga.

—Eh… Es un carnero y… como sos el santo de Aries…

—Ah, claro —dijo riendo—. A Kiki le encantan sus cuentos, pero no llegan muchas cosas a Rodorio.

Mu revisaba los muñecos como si tuviera que elegir uno para sí mismo. Reconocía a cada personaje y trataba de recordar en qué cuento los había leído. Entonces Shaka decidió reaparecer.

—Parece que encontraste algo —le dijo a Mu.

—Saga lo encontró.

—¿En serio? ¡Menos mal que nos acompañó!

—Aunque todavía no sé cuál llevar.

—Hmmm… ¿Qué te parece el de Super Tanpoppo? —preguntó a la vez que agarraba un peluche con capa y antifaz— Es el favorito de Kiki.

—Ah, pero el del Doctor Tanpoppo es muy lindo y esta semana ya le leí ese cuento cinco veces —dijo Mu.

—¿Vos qué decís, Saga? —preguntó Shaka— ¿Cuál creés que le va a gustar más a Kiki?

—Bueno… Creo que los dos están bien…

Shaka movió la cabeza, cosa que el caballero de Géminis entendió.

—Me gusta más el doctor.

—Entonces… creo que voy a llevarlo —dijo Mu.

—Aunque el de superhéroe también es una buena opción —continuó Saga—. Con la capa y los cuernos… se parece a Mu cuando usa la armadura de Aries.

La cara del herrero se puso roja de golpe. Shaka intentó contener la risa, cosa que a Mu no le hizo mucha gracia.

—Tal vez a Kiki le gusta por eso —dijo Saga.

—Parece que entendés muy bien a Kiki. ¿No, Mu?

—Hmmm…

—Si vos preferís el doctor, yo voy a llevar el otro.

—¿Qué? —preguntaron los más chicos.

—Mu dijo que no llegan muchos artículos de este personaje a Rodorio y como tampoco podemos ir muy seguido a la ciudad habría que aprovechar esta oportunidad.

—P-pero Kiki es nuestra responsabilidad —dijo Mu.

—Sí, no es… necesario que te tomes la molestia.

—No me molesta —Le sacó a Shaka el peluche de las manos—. Me gustaría darle un regalo de cumpleaños a Kiki.

—Saga…

—Voy a pagar esto.

Mu vio al caballero de Géminis alejarse sin salir del asombro. No le sorprendía la amabilidad de Saga, él era conocido por ser de los santos más bondadosos y comprensivos, pero nunca imaginó que tendría ese gesto por su discípulo. Era una sensación rara, pero nada desagradable.

—¿Te vas a quedar soñando todo el día? —le preguntó Shaka.

—Ah… ¿Q-qué?

—Te quedaste viendo a Saga —dijo con picardía, lo que provocó que los cachetes de Mu se pusieran más rojos.

—¡Solamente me sorprendió!

—Ajá, sí.

—¡En serio!

—Sí, sí, te creo.

—No me vas a hacer enojar. Tengo que pagar esto y encontrar el regalo para Shion.

Mu siguió el camino por donde había ido Saga, mientras que Shaka lo dejó ir, satisfecho de que su primer día como chaperón comenzó bien. Sin embargo, la sonrisa se le borró poco a poco y el pecho se le oprimió por alguna razón que tardaría en descubrir.

-NOTAS-

Hola a quien lea esto.

¡Por fin la actualización!

Siento que pasaron meses desde el último capítulo...

¿Qué les pareció este?

Sobre este capítulo, creo que se dejó en claro una gran parte del proceso para conseguir el polvo de estrellas. ¿Pensaban que crear las armaduras para el ejército de Athena iba a ser sencillo? XD

Siento que todavía no puedo manejar bien al personaje de Saga, espero agarrarle la mano en los siguientes capítulos. Quiero resaltar los aspectos positivos que tiene y que le hicieron a Shion tenerlo en cuenta como su sucesor... al menos en la historia original. En esta historia Shion no está TAN viejo, se mantiene en formol (?)

¿Qué les parece Shaka? ¿No es una ternura? XD Su personalidad fuerte todavía está oculta... Me gusta mucho escribirlo y en el capítulo que viene seguro que les va a sacar varias risas junto a otros dos individuos lol

Para quienes leen Entre Aries y Virgo el señor Tanpoppo les sonará familiar... Originalmente no es señor ni es protagonista de una serie de cuentos. En realidad es el personaje de una historia original mía que vive en el mundo de los sueños... y es señorita Tanpoppo.

Creo que quedó claro, pero por las dudas... Kiki todavía no empezó su formación como herrero/santo de Athena, por eso Mu y Shaka lo cuidan como a un infante normal... Normal para los estándares del Santuario XD Los dos lo están criando juntos (Aldebarán es una especie de padrino XD).

Como esta historia la publico casi a la par del proceso de escritura hay cosas que todavía no tengo definidas, por ejemplo los encuentros de Mu con sus pretendientes. Así que se me ocurrió hacer esto un poco más interactivo... ¿Qué les gustaría que Mu haga en alguna cita o algo que pase con sus potenciales parejas?

Hay cosas que sí las tengo pensadas porque son núcleos narrativos y eso no pienso cambiarlo, así que abstenerse de sugerir cosas como lemon XD

Espero que me dejen recomendaciones.

La continuación va a venir en dos semanas.

El fin de semana que viene es San Valentín y ya tengo decidido qué les voy a dar (?)

Mis otros fanfics vendrán en cualquier momento XD

Eso es todo por hoy.

Ya saben que pueden seguirme en mis redes sociales para estar al tanto de lo que hago.

Cuídense.