Capítulo 8
Al amanecer Mu estaba sentado en la cama de su discípulo que aún dormía. Verlo respirar en un ritmo sereno le ayudaba a calmar los nervios. Le acarició suavemente el pelo; todavía era igual de sedoso a como lo tenía de bebé. Kiki balbuceó y abrazó más fuerte al señor Tanpoppo superhéroe.
Un escalofrío le bajó a Mu por la columna, hasta el estómago. Giró hacia la puerta y se encontró con la sonrisa de Shaka iluminada por los escasos rayos de sol que entraban por la ventana. Como si estuviera bajo el poder de un hechizo, Mu se levantó de la cama; sentía el cuerpo ligero, a cada paso creía que saldría volando y se reprochaba a sí mismo por ceder tan fácil.
—Shaka, buen día.
—Buen día, Mu. Te despertaste temprano.
—No tenía sueño… Además, ya casi es hora de que salga el equipo de la misión.
—Es verdad. Mejor empezá a prepararte.
—¿Para qué?
—¿Cómo para qué? ¿Acaso pensás despedir a Saga así nada más? Es una misión complicada, no sabemos qué pueda pasar. Al menos deberías despedirlo con una buena imagen.
Sin entender por completo las ideas de su amigo, Mu se dejó guiar por Shaka hasta su cuarto donde lo obligó a sentarse frente al espejo. El santo de Virgo revisó el armario, buscó accesorios y todo lo necesario para peinar a su compañero. Aunque quisiera quejarse, Mu lo disfrutaba. Sentía las caricias de Shaka en el pelo lo llevaban a los días felices de la infancia junto a su madre. La delicadeza de Shaka le recordaba mucho a ella, pero a la vez era muy distinta; en lugar de relajarlo al punto de quedarse dormido, las caricias lo obligaban a concentrarse para no sucumbir ante los sentimientos que debía olvidar. Sin embargo, el roce de los dedos en su nuca eran una unión muy íntima, algo melancólico mezclado con dulzura; le subían la temperatura y aumentaban el deseo de girarse y abrazarlo con fuerza.
Shaka terminó de trenzarle el pelo para luego ponerle la bufanda roja que le había dado en su cumpleaños. Le acomodó los mechones de los costados detrás de las orejas, los fijó con un par de invisibles. Luego llevó la trenza hacia adelante, con el accesorio que Mayura le había entregado el día anterior y dio un paso al costado para verlo mejor.
—¿Qué te parece?
—¿No es… demasiado?
—Ay, Mu. Ni que te hubiera maquillado. Solamente es un peinado distinto.
—Es que… —Se cubrió la boca con la bufanda— No estoy acostumbrado a verme así.
—¿Ah? —Shaka inclinó la cabeza.
—¿No me veo raro?
Los cachetes rojos y los ojos brillantes de Mu colmaron al santo de Virgo de ternura. Parecía un muñeco. Con una risita dijo:
—No entiendo de qué hablás. Para mí te ves bien. En serio.
—So-solamente lo decís para hacerme sentir bien.
—¿Desde cuándo Mu de Aries es tan inseguro? Si no fuera porque Aphrodite ya se adueñó del título al santo más hermoso, creo que ese serías vos.
La cara de Mu se puso roja de golpe, casi del mismo tono de la bufanda con la que se cubrió hasta la altura de los ojos. Shaka estaba confundido.
—¿Por qué te ponés así?
—Es raro que digas ese tipo de cosas.
—Bueno, es cierto que no acostumbro a hacer esos comentarios. Pero no es mentira. Siempre me pareció así.
Un cajón de la cómoda se abrió de golpe. Shaka miró al mueble, después a su amigo. Él se tapó el rostro con las manos. El caballero de Virgo no tardó en comprender que Mu estaba muerto de vergüenza y sintió unas cosquillas muy sutiles en la panza.
—Como sea, para mí te ves bien… Aunque tenés que gustarle a Saga.
Ese nombre provocó escalofríos y dolor de estómago en Mu. Poco a poco se descubrió la cara. Volvió a mirarse en el espejo para acostumbrarse a la imagen que le devolvía. «¿Podré gustarle así? —se preguntó y soltó un suspiro. Entonces jugueteó con la flor que le ataba el pelo— Al menos a Shaka le gusta cómo me veo». Sin poder evitarlo sonrió.
—Parecés más animado —comentó el sexto guardián y le palmeó la espalda—. Vamos a desayunar antes de que sea la hora de que los demás se vayan.
Tras preparar té y unas tostadas con dulce se sentaron en lo alto de las escalinatas de la casa. No hablaban, solo se concentraban en los sabores de frutas y hierbas, el fresco de la madrugada, los colores cálidos que manchaban el cielo y se abrían para dejarle el lugar al azul de siempre. Mu pensaba en que quizás tener lejos a su amigo le serviría para replantearse sus sentimientos, así podría comenzar a ver a Saga de otra manera por el bien del Santuario. Debía luchar contra el deseo que había reprimido por tanto tiempo y convencerse una vez más que el caballero de Virgo solo podía ser un amigo.
Necesitaba dejarle en claro lo que le pasaba. Llenó los pulmones de aire.
—Ah, cierto —dijo Shaka—. Tengo una idea para que le demuestres un poco de cariño a Saga.
—¿Qué… cosa?
—Bueno, no sé qué pueda ser. Pero como se va a una misión complicada deberías darle algo para desearle suerte.
—¿Un amuleto?
—Es una opción. Hmmm… Algo para que se acuerde de vos.
—No se me ocurre nada.
Shaka bajó los hombros y suspiró.
—Mu… Sé que no querés hacer esto, pero al menos intentá ponerle ganas.
El santo de Aries frunció el ceño.
—Es difícil enamorarse de alguien que no te provoca nada —dicho eso se puso de pie—. Creo que tengo una idea de qué darle a Saga.
Mu juntó sus cosas y volvió dentro de la casa. Shaka lo siguió «con la mirada»; cuando estuvo lejos chasqueó la lengua. Tomó un sorbo de té. Pensó en lo que Mayura le había dicho que debería hacer. Tenía mucho por aprender, se sentía peor que un novato. «Si yo fuera Saga, ¿qué esperaría de Mu? —se preguntó— No sé nada sobre sus gustos, o si hay algo que tengan en común». Tiró la cabeza hacia atrás; su pelo se desparramó en el piso como olas doradas. Las nubes se movían en dirección al oeste. «Si estuviera en el lugar de Saga… ¿podría hacer feliz a Mu?», se le escapó una risa apenas audible al pensar en eso.
Escuchó pasos dentro del templo. Le parecieron demasiados para ser solo de su amigo y al voltear descubrió al santo de Géminis, Athena y Shion. Enseguida se levantó para ocultar el desayuno detrás de un pilar. Se acomodó la ropa y esperó a que los otros tres salieran para saludar con una reverencia. Cuando lo vio la diosa se apresuró a alcanzarlo.
—Shaka, ¿cómo estás? ¿Te sentís bien? —preguntó acelerada.
—Estoy bien, Athena. Gracias por tu preocupación.
—Perdón —Lo agarró de las manos. Shaka arrugó el entrecejo por un momento—. Voy a entrenar más para que no vuelva a pasar.
—Sí… Sé que lo vas a hacer.
La diosa se alejó sonriente. Shaka agachó la cabeza cuando su mirada y la de Shion se cruzaron. Apretó el puño.
—Buenos días, Gran Patriarca.
—Buenos días. ¿Estás listo para ir con Dohko?
—Sí. Mu y Aldebarán van a encargarse del templo de Virgo en mi ausencia.
—Bien. Espero que aproveches al máximo las lecciones de Dohko. Tu misión también es importante.
—Así será, Su Santidad.
Saga se acercó al santo de Virgo, quien no levantó la cara. No deseaba volver a encontrar aquella oscuridad que le había estrujado el corazón; todavía no tenía la fuerza para enfrentarla.
—¿Dónde está Mu?
—Ah… —el sexto guardián se puso de pie a medida que se acomodaba la ropa— Entró a buscar algo. No debe tardar.
El caballero de Géminis no apartó la vista de la cara inexpresiva de Shaka, quien estaba tentado a abrir los párpados, pero, por la sensación pesada que de pronto tuvo, creyó que no era conveniente. Forzó a sus músculos para que formaran una sonrisa.
—Espero que les vaya bien —dijo—. Busqué registros sobre El Dorado y no encontré nada. Tal vez con esta misión se descubra un poco más.
—Sí —respondió Saga—, debe ser interesante.
—Shion —habló Athena—, ¿cómo es la gente de El Dorado?
—En mi época de santo hubo solo una misión en ese lugar, pero yo no fui parte. Dicen que sus guerreros son tan fuertes como un caballero de oro. Sus armaduras tienen formas de animales y usan armas además del cosmos.
—Oh… Saga, nada de andar peleando. Tenés que conseguir que sean nuestros aliados.
—Claro —respondió sonriente—. Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para conseguir más aliados para tu causa, Athena.
Entonces Saga se acercó al borde de las escaleras; a los pies los santos y soldados que irían en la misión comenzaron a reunirse. Ajustó las correas de su caja de Pandora al mismo tiempo que tomó aire.
—Ya casi es hora.
—Tengan cuidado —dijo Shion—. Para que el cosmos de la Tierra se haya alterado como lo hizo, el problema al que nos enfrentamos es bastante serio.
Saga asintió. Puso un pie en el primer escalón y escuchó:
—Saga, esperá.
Mu salía apurado del templo. Se detuvo para saludar a la diosa y al Patriarca. Por un segundo Saga no lo reconoció; tenía un aspecto más delicado de lo habitual. La seriedad en su cara era sofisticada, una mezcla infantil y adulta, quizás femenina, que contrastaba con la voz que cada día se hacía más grave y varonil. No tuvo dudas de que se trataba de un príncipe de verdad. Mu llegó con él y le ofreció una tela blanca sin decir nada. El santo de Géminis no salía de la confusión. Sus ojos se centraron en la flor que ataba el pelo del herrero; de allí subieron por la trenza hasta la piel blanca y perfecta de Mu.
—Tashi delek —dijo el caballero de Aries y le ayudó a ponerse la bufanda. Saga acarició la tela; era de las más suaves que había sentido en toda la vida.
—Es una khata —habló Shion—, un regalo para desearle buena suerte a alguien.
—Entiendo —Sonrió a Mu que trataba de no mirarlo—. Gracias… Te queda bien ese peinado.
Las mejillas del santo de Aries se sonrosaron y Shaka rio por lo bajo. El primer guardián puso cara mala al escuchar a su amigo. Saga le apoyó la mano en la cabeza. Mu ya se preparaba para lo que seguiría, pero el caballero de Géminis no hizo nada.
—Por esta vez te salvás. Sería una lástima despeinarte —dijo y apartó la mano.
Mu enredó los dedos en la punta de la trenza y le dijo a Saga:
—Hum… Que te vaya bien.
—Gracias… No te olvides que cuando vuelva vamos a ir de picnic.
—Sí… Tratá… de volver entero.
—Dalo por hecho.
Por fin Saga bajó las escaleras junto a Athena y Shion. Mu dudó en acompañarlo, pero se sentía agotado por el esfuerzo que había hecho. Shaka se acercó a él; juntos vieron que el equipo para la misión estaba completo. Todos los santos y soldados esperaron con una rodilla en el suelo por la bendición de la diosa. Después el Patriarca dijo unas palabras. Se levantaron y caminaron hacia la salida del Santuario.
—Te dije que a Saga le iba a gustar.
Mu rodó los ojos.
—¿No tenés que irte?
—¿Me estás echando?
—No… Pero mientras más temprano te vayas, más rápido vas a volver.
El santo de Virgo sonrió amplio. Le acomodó el pelo a su amigo detrás de la oreja para terminar con una caricia sutil en la mejilla. Mu se frotó el brazo derecho, se mordió el labio e inhaló hondo.
—Voy a buscar mi armadura.
Shaka se encaminó dentro del templo. El santo de Aries prefirió cerrar los ojos para controlar las emociones. Quería perforarse el pecho y arrancarse el corazón como había intentado la noche anterior. Trataba de convencerse que los sentimientos por su amigo eran incorrectos, que debía mantenerse alejado por su iluminación, o que era el sacrificio por el bien de su diosa. Entonces se repetía que Saga era el indicado; si Shion y Dohko lo habían elegido tenían una buena razón y debía que confiar en ellos por su experiencia.
Dentro de la casa Shaka pasó a ver a Kiki dormir. Acomodó la almohada y el peluche del señor Tanpoppo. Luego le acarició el pelo. Kiki entreabrió los ojos.
—¿Shaka? —preguntó junto a un bostezo.
—Seguí durmiendo. Solamente pasaba para avisarte que voy a ir unos días con el maestro Dohko y que le hagas caso a Mu.
—¿Cuándo volvés?
—No sé. Pero no va a ser mucho tiempo.
—No tardes tanto —dijo con la voz más adormecida—. Mi maestro… te va a extrañar mucho. Siempre se pone triste… cuando te vas.
Shaka volvió a acariciarle la cabeza. Kiki selló los párpados.
—Con más razón tenés que animarlo. Ahora que es el herrero maestro tiene demasiado trabajo. Ayudalo en todo lo que puedas.
—Como… digas.
Kiki volvió a dormirse. La sonrisa que Shaka había mantenido mientras le hablaba dejó de existir. Su expresión pasó a ser de molestia. Salió rápido del cuarto y arañó la pared de donde se sostuvo unos instantes para tranquilizarse. Le hervía la sangre pensar que quizás en el futuro Kiki pasaría por lo mismo que su amigo. Afortunadamente recordó que su maestra también le ayudaría en la búsqueda de una solución y consiguió calma.
Entonces sacó del bolsillo el papel que Athena le había entregado cuando lo saludó. Al abrirlo se encontró con la letra de la diosa; decía «Arlen», junto al dibujo infantil de un hombre rubio con la armadura de Aries. Shaka comenzó a temblar, primero por las manos y después se sumó el resto de su cuerpo. Las pulsaciones se aceleraron al igual que la respiración. La visión que había tenido en el momento en que Athena lo infectó con su cosmos regresó más clara: la diosa con los brazos extendidos y el joven hincado frente a ella.
—Arlen… de Aries.
Cuando ese nombre escapó de su boca un campaneo lo tomó desprevenido. Dobló el papel rápido y volvió a guardarlo. Siguió el sonido hasta el living. Allí, la armadura de Virgo brillaba intermitente al ritmo del campaneo. Se acercó a ella, tocó la caja y volvió a la normalidad. Esperó a que algo más sucediera, pero nada pasó. Aunque tenía la leve sospecha de que Virgo lo había hecho a propósito decidió olvidarlo por el momento e investigar cuando superara la sorpresa.
Con la caja de Pandora cargada salió del templo. Mu estaba sentado a lo alto de los escalones. Shaka creyó que brillaba más que nunca, encantador. Sin dudas había hecho un buen trabajo con muy poco y estaba conforme con la impresión que Saga se había llevado, a pesar de los sentimientos encontrados.
—Dale mis saludos a Kiki cuando despierte —dijo mientras se acercaba a Mu—. Y nada de escaparte del Santuario mientras no esté.
—No es necesario que me controles todo el tiempo —le respondió su amigo.
—Ah… Estás en la edad de la rebeldía.
Mu se cruzó de brazos. Shaka se puso de cuclillas a su lado y dijo:
—Voy a tratar de sacarle información al maestro Dohko. Si no podemos preguntarle al Patriarca, él tal vez pueda darnos alguna respuesta.
El caballero de Aries no comentó nada. Shaka intentó tocarle el hombro, pero Mu se inclinó hacia el lado contrario. El sexto guardián no podía creer esa reacción. Creyó que estaba ofendido por lo que le había obligado a hacer con Saga. Le hubiese gustado golpearse a sí mismo. Odiaba estar atrapado entre el deseo de ver feliz a su mejor amigo y cumplir con su función como santo.
—Me voy —dijo al levantarse. Mu permaneció en silencio—. Nos vemos.
Shaka comenzó a bajar los escalones con la esperanza de que el santo de Aries lo detuviera. Esperó. Llegó a mitad de la escalera y no pasaba nada. Giró para ver a lo alto; Mu ya no estaba. Pensó que por fin lo había hecho enojar. Quiso subir corriendo y estuvo a punto de hacerlo, hasta que recordó lo que había sucedido el día anterior, cuando Aioria les advirtió que Saga se acercaba. Si Shion no era el único en advertirle que su cercanía no era correcta debía ser vital mantener la distancia con Mu, por más que odiara la sola idea.
Llegó a tierra firme. Prefirió no volver a mirar atrás y siguió en dirección a la salida del Santuario. Sin embargo, un aroma a jazmín le llegó a la nariz, al mismo tiempo que una tela blanca suave le cubrió el cuello. Era una khata. Volteó a ver a la casa de Aries. Mu estaba en lo alto de las escaleras, el viento mecía su pelo y la bufanda roja que le tapaba hasta la boca. Shaka se mordió el labio para no mostrarle la sonrisa que le salió de manera espontánea. Volvió a caminar hacia la salida y se acomodó la khata hasta la mitad de la cara, para ocultar la expresión de felicidad que tenía y disfrutar del perfume a jazmín.
Mu estaba más aliviado por lo que acababa de hacer. Pero no duró demasiado: la figura de Shaka se borraba a cada paso que daba y aumentaba el dolor en el pecho del caballero de Aries.
—Tashi delek… mi querido mejor amigo.
—*—*—*—
Era pasado el mediodía cuando Mu le daba la clase de control de telequinesia a Kiki en la entrada de Aries. El pupilo levantaba piedras de diversos tamaños como su maestro le indicaba. Algunas le costaban más que otras; las más grandes incluso lo hacían transpirar. Solo quedaban tres para terminar el ejercicio, pero en la que estaba ni siquiera temblaba. La cara se le puso roja, hasta las orejas y nada.
—¡Es imposible! —exclamó con los brazos al aire y se tiró al piso de espaldas— ¡Pesa una tonelada!
Se secó la transpiración con la manga de la camiseta. Entrecerró los ojos: le parecía raro que Mu no lo regañara por lo que acababa de hacer; siempre le decía que llevara un pañuelo en el bolsillo para esos casos. Se puso boca abajo y miró al santo de Aries que tenía una expresión de sorpresa. Kiki dirigió la atención hacia el mismo lugar que su maestro: por las escaleras subía una joven aprendiz. El pupilo del herrero se sentó con las plantas de los pies pegadas y observó cada movimiento de la chica hasta que estuvo a dos metros de distancia de Mu.
Ella dejó en el suelo la bolsa de tela que cargaba. Entonces llevó las manos a la altura de la cabeza, las giró tres veces, con el dorso de la derecha se tocó una mejilla a la vez, luego las cejas con dos dedos, y le ofreció las manos a Mu mientras se hincó. El primer guardián tomó aire para serenarse antes de devolverle el saludo.
—Tanto tiempo sin verte, hermano. Me alegro de encontrarte bien.
—Lo mismo digo, Mie.
—Me habría gustado venir para tu cumpleaños, pero mi entrenamiento me lo impidió.
—No te preocupes. Eso es mucho más importante… No es necesaria tanta formalidad —le dijo a la vez que le ayudó a levantarse.
—Como gustes, hermano —respondió en un tono que Mu le supo demasiado automático.
—Hum… Tu máscara está muy gastada. Puedo hacerte otra.
—No hace falta. Resiste bien los golpes.
—No es mucho trabajo. Además, me vendría bien explicarle a Kiki cómo hacer máscaras.
Ambos miraron al Aries menor que seguía sentado. Mu lo llamó con una mano y él se levantó de un salto para ir junto a su maestro.
—Él es Kiki, mi pupilo.
—Conseguiste uno bastante rápido.
—Es largo de explicar… Ya tiene edad para ir a Jamir… Kiki, ella es mi hermana menor. Se llama Mie y también entrena para convertirse en santo.
Kiki solamente movió la cabeza de arriba abajo.
—A veces puede ser un poco tímido. Más con las mujeres. Las máscaras lo ponen nervioso.
—Como debe ser.
—Ah… Sí… —Sonrió de costado— ¿Por qué no pasás? Podríamos tomar el té mientras hablamos un poco.
—Me gustaría. Pero tengo que darle al Patriarca un mensaje de la abuela Prajna.
—Shion está ocupado ahora con el entrenamiento de Athena. Cuando termine puedo acompañarte para que no tengas problemas en el resto de las casas.
Mu invitó a su hermana a tomar asiento en la sala mientras él preparaba el té. Mie observaba todo; le sorprendió que el ambiente fuera ordenado y cálido, no parecía la primera parada en la fortaleza militar que era el Santuario. El peluche gigante en un rincón del cuarto desentonaba con el estilo antiguo que las fachadas aún conservaban. Mu dejó las tazas ya servidas sobre la mesa en el centro de la habitación y Kiki hizo lo mismo con los muffins de naranja que Aldebarán había llevado más temprano. Cada uno tomó asiento para servirse. Mie permaneció quieta.
—Podés sacarte la máscara —dijo Mu—. Aunque todavía no seas santo, somos hermanos y estoy obligado a amarte de todas formas. Kiki también es parte de la familia, como un primo muy lejano o algo así.
Mie obedeció y se quitó la máscara. Kiki quedó boquiabierto: el parecido que los hermanos tenían era demasiado; el mismo color de ojos y de pelo, incluso la misma expresión de indiferencia.
—Sigue siendo como verse en un espejo —comentó Mu.
—Al menos ya no confunden nuestras voces —respondió su hermana.
Mu bebió un sorbo de té y luego sonrió con un brillo nostálgico en los ojos.
—En los seis años que estuvimos separados solo pude verte dos veces. Me alegro de que no te haya pasado nada grave.
—Fue más duro que el entrenamiento en Jamir, pero no demasiado. Aunque me gustaría entrenar con vos, hermano.
—Claro. Podemos ir al coliseo un día de estos.
—No me refiero solamente a la práctica de lucha.
—¿Eh?
—Ahora que sos el herrero maestro tu tarea es formar nuevos alquimistas.
Mu dejó la taza en la mesa y permaneció con los ojos cerrados. Mie lo agarró fuerte de las manos.
—Hermano, yo más que nadie entiendo cómo se siente llevar una carga tan grande en los hombros. Por eso quiero ayudarte a hacer la tuya más ligera. Tenés un discípulo, pero… ¿Y si los demás clanes continúan negándose a entregar a sus hijos? El Santuario no puede depender solo de vos y esperar a que tu pupilo tenga la edad suficiente y todos tus conocimientos.
El santo de Aries la obligó a soltarlo.
—Agradezco que quieras ayudar. Pero lo que se te pide a vos quizás sea más doloroso.
—No se compara en nada —respondió Mie—. Cuando me case voy a abandonar mis obligaciones como santo, pero vos… vas a seguir siendo el guardián de la primera casa y herrero, siempre… en la primera línea de defensa.
—Me entrené para eso. Jamás dejaría entrar a un enemigo. Sé que si muero el Santuario va a correr un gran peligro. Pero no tengo pensado morir, así que no me preocupo demasiado.
—Mu…
—Preferiría olvidar ese asunto por un rato —dijo sonriente—. Hace años que no veo a mi hermanita y quiero ponerme al día con su vida.
Mie arrugó la frente y apretó los puños. Alcanzó hasta su mano la bolsa que había dejado a un costado del sillón. Sacó un sobre y se lo entregó a Mu.
—Pasé por Lhasa antes de venir. Nuestras hermanas te mandan esto.
Mu abrió el sobre que contenía varias hojas y una foto de su familia: sus tres hermanas mayores seguían igual que siempre, mientras que la más pequeña de la familia se había vuelto más alta. Su madre no perdía la elegancia ni la mirada fría y cálida a la vez. No había día en que no las recordara, pero sabía que eran fuertes, nada las derribaría con facilidad.
—Nuestra madre quiere conocer a tu pupilo. Michi quiere que veas que Taki ya está de su tamaño y todavía puede sacarlo a pasear ella sola.
—Parece que todas están bien.
—Sí… Ah, la abuela Prajna también dice que sería bueno que me enseñes a reparar armaduras.
—¿Qué?
—De hecho, lo habló con el abuelo Shion y él está de acuerdo.
—¿Cómo… que Shion…?
—¿No te lo había dicho? Creo que tienen planes para los dos. Por eso voy a dar el examen para conseguir la armadura mañana.
Mu soltó todo y se levantó de golpe, pálido.
—¿Está bien, maestro? —le preguntó Kiki.
—S-sí… —Miró a su hermana tomar té como si no pasara nada— Mie… ¿Vas a ser… santo de plata?
—Tal vez. Tengo confianza en que voy a conseguir la armadura, pero mi contrincante quizás se sienta de la misma manera.
Todo calzaba perfecto. Mu comprendió por qué tuvo un mal presentimiento apenas vio la armadura de Altar. En parte estaba orgulloso de que su hermana tenía el potencial para convertirse en santo de plata, pero también le preocupaba lo que Shion planeaba para ambos.
—¿Ya te dijeron cuál va a ser tu armadura?
—Todavía no. ¿Tenés alguna idea?
—No… No sé cuál podría ser.
—Pero, maestro, si ayer arregló la armadura de Altar porque dijo que va a haber exámenes mañana.
—¡Kiki!
El Aries menor se tapó la boca con ambas manos. Mu se refregó la cara.
—¿Altar? —preguntó Mie— ¿No es la que le dan a la mano derecha del Patriarca?
—Esa misma —respondió el primer guardián a medida que volvía a sentarse—. Me gustaría decir que Shion sabe lo que hace, pero…
—¿Pensás que planea algo en particular?
—Espero estar equivocado.
—*—*—*—
Dohko estaba sentado sobre una roca de frente a una cascada; desde allí veía a Shiryu soportar la caída del agua. A orillas del río Shaka leía los manuscritos que el santo de Libra le había entregado para que estudiara, mientras Shunrei practicaba bordado a su lado. Por el momento no había descubierto nada muy relevante: la historia de cómo Athena, junto a varios guerreros jóvenes, viajó a Mu para pedirle a los alquimistas del lugar que forjaran las armaduras ya la conocía; lo mismo de cómo se hundió el continente. Sabía los nombres de los herreros maestros, incluso del primero que no figuraba en ningún lado más que en el papel que le había entregado la diosa más temprano. No entendía por qué su identidad era desconocida, ni siquiera su maestro le había hablado de él a pesar de haber sido compañeros.
Quizás lo más interesante que encontró fue cómo la civilización de Mu había sido tan avanzada y, luego del hundimiento, terminó por recluirse tanto que hasta cambiaron las costumbres en sus relaciones. Se volvieron más selectivos con quiénes forjar lazos, especialmente los herreros y las mujeres de sus clanes. Incluso había un apartado bastante cómico de la primera conquista de Shion; no podía imaginarse al Patriarca actuando de una manera tan atolondrada o tartamudeando al intentar decirle un cumplido a alguien.
Más que eso y algunos datos sobre saludos y comidas muvianas, no había nada más que le sirviera para ayudar a su amigo. Frustrado, miró a la cascada donde Shiryu temblaba. Dohko le decía que incrementara el cosmos o volvería a fallar. Entonces sucedió: las piernas no le dieron más y la corriente lo arrastró. Shaka suspiró al mismo tiempo que le dio los manuscritos a Shunrei; luego se metió al río. Era la cuarta vez que sacaba a Shiryu del agua.
Dohko abandonó su asiento en la roca para hablar con su alumno que se esforzaba por recuperar el aliento. Shaka era un espectador mientras se secaba el cuerpo con una toalla. Recordó la primera vez que el santo de Libra les dio una lección a él y a Mu. Ese día descubrieron que a pesar de su buen humor Dohko también era un maestro bastante exigente; estuvieron dos semanas sin poder reírse siquiera por el dolor en los abdominales.
—Tenés suerte de que Shaka esté acá para salvarte —le decía a Shiryu—. Con ese cosmos tan débil no podrías ponerte de pie siquiera al usar la armadura.
—U-... Una vez más… No voy a volver a fallar.
—Mañana. Ya está oscureciendo.
—¡Maestro, por favor! —le pidió con una reverencia.
—El descanso también es importante. Todavía sos muy chico. Así no vas a crecer… Ahora andá a darte un baño. Shunrei, preparale una comida liviana y caliente, por favor.
—Como usted diga, maestro.
Shunrei le devolvió los manuscritos a Shaka para después llevar a Shiryu dentro de la casa. Dohko se masajeó los hombros.
—Una clase menos. Ahora empieza otra. Vos también andá a prepararte.
—¿Disculpe?
—Como seguramente ya leíste y debés saber, los muvianos son bastante complicados en cuanto al cortejo. Por eso te voy a llevar a un lugar donde te van a enseñar sobre eso.
Shaka no demoró en arreglarse y enseguida partieron. Caminaron alrededor de una hora en la que atravesaron el pueblo más cercano. La luna y las estrellas alumbraban por donde iban. Mientras más las observaba más crecía en el santo de Virgo el deseo de agarrarlas para entregárselas a Mu, hasta ese punto llegaba la desesperación. Dohko se dio cuenta de lo distraído que Shaka iba, así que decidió hablar:
—¿Tenés alguna duda sobre lo que leíste?
—Ninguna, maestro —respondió volviendo la cara hacia él—. Aunque no alcancé a leer todo lo que me dio.
—No te preocupes. Vas a aprender mucho esta noche.
—¿A dónde vamos exactamente?
—Hay costumbres muvianas que solo se conocen cuando se es íntimo con ellos. Mu es muy joven y vivió más tiempo en el Santuario. Aunque las conozca no las aplica, pero son parte de él.
—¿Como qué?
—Hmm… ¿Alguna vez te preguntaste por qué te eligió como su amigo?
Shaka se tomó unos segundos para pensar.
—No realmente.
—Los lazos de todo tipo son muy importantes para los muvianos. Haber perdido su lugar de origen los obligó a apoyarse mutuamente y ser sobreprotectores con los suyos. Cuidan mucho a sus familias y amigos. Una vez que te eligen es casi imposible sacártelos de encima.
—Ahora que lo dice… Mu me insistió bastante para que fuera su amigo.
Dohko rio fuerte.
—Mirame bien: este es tu futuro —continuó riendo—. Shion y yo somos amigos desde hace más de doscientos años. Me gusta pensar que es así porque me ve como alguien piola… ¿Así dicen los jóvenes de hoy, no?
—Eh… Lo desconozco.
—Es agradable saber que contás con una persona que siempre va a estar para vos. Son muy fieles. Por eso les resulta tan complicada la función de herrero. Seguramente a Mu le pasa.
—Al menos lo intenta… O intenta intentarlo.
—Con el tiempo se va a acostumbrar… lamentablemente.
—¿No hay otra forma de conseguir el polvo de estrellas que no sea rompiéndole el corazón a alguien?
—Ah… Sí la hay. También tendrías que ayudarle y no saldrías ileso.
—¿Por qué?
—Pronto lo vas a descubrir. Ya llegamos.
Dohko señaló a una cabaña incrustada entre varias rocas. Al entrar Shaka quedó descolocado. Había olor a tabaco y alcohol mezclado con comida. Varias mesas estaban ocupadas por hombres que bebían mientras jugaban cartas o Mahjong. De fondo sonaba una radio que se perdía entre las risas, voces y copas chocando. El santo de Virgo no entendía qué podría aprender en un lugar como ese. Hasta que vio al tabernero: los dos puntos que tenía en la frente eran inconfundibles.
—¡Maestro Dohko! —le saludó el hombre. El caballero de Libra le hizo señas a Shaka para que lo siguiera hasta la barra— ¡Qué bueno verlo!
—Jiao-long, ¿cómo va el negocio?
—Ahora que llegó la primavera empezó a mejorar.
—La primavera trae nuevos comienzos. Vamos a ser testigos de un hecho histórico.
Dohko flexionó los brazos y colocó una mano sobre la otra, palma contra palma, a la altura del pecho. Aplaudió tres veces, después cerró el puño derecho y dio dos golpes suaves donde estaría el corazón. Volvió a juntar las manos frente a su cara para hacer una reverencia. Terminó ofreciéndole las manos al tabernero con las palmas hacia arriba. Los ojos de Jiao-long brillaron. Repitió los movimientos de Dohko; cerró el saludo con las manos sobre las del caballero de Libra para después girarlas y que quedaran encima de las suyas.
Shaka que había presenciado todo permaneció mudo, con miles de preguntas en la cabeza. Jiao-long lo miró y sonrió.
—¡Lixue!
Sin demorar, una chica salió tras unas cortinas al lado de la barra. Para sorpresa de Shaka ella también era muviana. Cuando la joven vio al santo de Libra corrió alegre a saludarlo.
—¡Maestro Dohko, por fin vino! ¡Lo estábamos esperando!
—Traje a alguien del Santuario, como había dicho —habló a la par que repitió los movimientos con las manos. Lixue hizo lo mismo mientras miraba curiosa a Shaka—. ¿Pasa algo malo?
—¿Seguro que es el chaperón? Parece más el novio.
El santo de Virgo sintió el calor subirle hasta la cabeza; apartó la vista hacia donde los clientes jugaban. Dohko no hizo más que lanzar una carcajada.
—¡Y eso que todavía no viste a Mu! Hasta yo que no soy pariente me siento orgulloso de ese chico.
—Estuvo a punto de ser su abuelo —comentó Jiao-long.
Dohko carraspeó la garganta.
—Sí, bueno… Shaka está muy verde todavía. Puede que sea complicado.
—No se preocupe por eso, maestro. La señorita Garma se va a encargar de entrenarlo personalmente. Síganme, por favor.
Lixue volvió detrás de las cortinas. Dohko siguió el mismo camino; giró al ver que Shaka no se había movido por quedarse entretenido con una partida de Mahjong. El santo de Libra tuvo que arrastrarlo del brazo. Cruzaron las cortinas: había unas escaleras oscuras y Lixue los esperaba en lo más bajo. Shaka supuso que la taberna era una fachada y por fin lo llevarían con la persona que le sacaría varias dudas.
A medida que descendía la música se hacía más fuerte. Alcanzaron a Lixue delante de una puerta, que al abrirla dejó escapar humo, un resplandor y el canto de una voz grave. A pesar de tener los párpados cerrados Shaka se cubrió. Dohko le dio un empujón.
—Ni pienses en salir corriendo —le dijo y volvió a arrastrarlo.
El santo de Virgo se atrevió a abrir un ojo. Entre el humo blanco y las luces alcanzó a ver mesas dispersas donde varios hombres bebían con la compañía de mujeres -la mayoría jóvenes. Todas vestían muy elegantes y diferentes entre sí: vestidos largos, cortos, lisos o con algún motivo, pegados al cuerpo, otros que dejaban lugar a la imaginación. También se diferenciaban en el origen de las prendas, pues no todas vestían como era de esperarse en China; algunas tenían un estilo occidental, del Antiguo Egipto, japonés e incluso de la India. Shaka se detuvo cuando vio la mano de un hombre recorrer la pierna blanca de una joven.
Giró la cabeza hacia un costado, donde una chica bailaba con un vestido de estilo chino ajustado, que cada vez que separaba las piernas exhibía una liga. Un tipo se levantó de su asiento para enganchar un billete en el muslo de la bailarina, quien le tiró un beso como agradecimiento.
Una luz encegueció a Shaka unos instantes. Entonces vio hacia el escenario principal. Allí había una mujer de vestido largo rosa viejo, lleno de volados, y un sombrero gigante con varias plumas negras que se movían cada vez que abría la boca al cantar:
«Si ni siquiera puedes ver mi devoción por ti,
encadenando las lágrimas que he derramado,
entonces nadaré con destreza
a través de la noche cómica, a través de la ciudad trágica
Iré por mal camino, iré por mal camino
Mi amor revolotea»
Shaka parpadeó desconcertado. Quiso preguntarle a Dohko de qué se trataba todo eso, pero tres chicas se acercaron a abrazar al santo de Libra.
—¡Maestro Dohko, por fin vino! —exclamaron todas.
—Yo también las extrañé —dijo mientras reía—. Pero hoy vengo a verla a ella —Señaló con la cabeza al escenario—. Le traigo un nuevo alumno.
Las tres miraron a Shaka. Él dio un paso atrás. Sus ojos penetrantes decorados con las cejas muvianas le recordaron a Shion.
—¿Viene del Santuario?
—¿Es el chaperón? Parece muy joven.
—Cierto, cierto… Pero también…
Bastó con una mirada cómplice entre las tres para entenderse.
—¡Es muy lindo!
Shaka no tuvo tiempo ni de pensar en levantar un escudo cuando se tiraron sobre él para abrazarlo. Le dijeron cosas como que siempre sería bienvenido en el lugar, que estaban para servirle, que si prefería a alguna sobre el resto se los hiciera saber. También le pellizcaron las mejillas, manosearon su cabellera dorada que tanto cuidaba y elogiaron el azul de sus ojos. Dohko reía hasta las lágrimas.
—M-Ma-... ¡Maestro!
—Bueno, bueno… Perdón, chicas, pero él no sabe de estas cosas.
—Pero siempre puede aprender.
—Sí, podemos enseñarle.
—Ah… Lo dudo. Shaka le hace honor a su título de santo de Virgo.
—¡¿Virgo?!
Enseguida las tres lo soltaron, se acomodaron la ropa y se pusieron serias para hacer una reverencia.
—Le rogamos que disculpe nuestro comportamiento, joven Shaka de Virgo.
—Siempre es bienvenido a este lugar. Nosotras nos vamos a encargar de que disfrute su estancia de una manera tranquila.
—Ahora mismo lo llevaremos a su asiento donde nadie podrá molestarlo.
Tardaron menos de cinco minutos en tener lista una mesa para los dos caballeros. Incluso colocaron cortinas para que el resto del salón no pudiera verlos. Shaka no sabía qué pensar, aún no superaba la invasión a su espacio personal. Al menos el jugo que le sirvieron era de su agrado. Dohko disfrutaba sus desgracias.
—¿Qué te parece el mundo terrenal, Shakita?
—Quiero bañarme.
Dohko rio fuerte.
—¡No exageres! Serás muy budista y todo, pero también podés experimentar… ¿Cómo es que se le llama? ¿Tan-...? ¿Tar-...? ¿Tarántula? ¿Tarta?
—Tantra.
—¡Eso mismo! Sos joven, tal vez tu verdadero camino no esté decidido aún.
—No me interesan esas cosas. Ahora mi única preocupación es ayudarle a Mu con el polvo de estrellas. ¿No era que me iba a preparar para eso? ¡¿Qué es este lugar?!
—Te lo dije: los muvianos son reservados. Solo podés aprender de ellos cuando sos íntimo. Como ya viste, todo el mundo se desinhibe acá.
Shaka refunfuñó antes de sorber el jugo. Dohko rio y también le dio un trago a su vino.
—¿Por qué todas las mujeres son muvianas? —preguntó el sexto guardián.
—Es el lugar más seguro para ellas. Tienen un techo, comida y ganan su propia plata.
—¿El Santuario sabe de esto?
—Sí y no. Shion, Mu y yo somos los únicos.
—¡¿Qué?! ¡¿Mu también vino a este lugar?!
—Tranquilo. Mu sigue conservando su pureza. Quizás algún día venga, pero eso depende de él.
—No me lo imagino.
—Tampoco te imaginaba a vos y acá estás. Pero no te preocupes, no van a intentar hacerte nada raro.
—¿Por qué cambiaron de actitud cuando se enteraron de que soy el santo de Virgo?
Las cortinas se abrieron y la mujer que había cantado sobre el escenario ingresó. Al tenerla cerca se le notaba el maquillaje cargado; Shaka nunca había visto un rojo tan brillante como el de sus labios. El vestido era enorme, las mangas tipo globo hacían que sus hombros lucieran muy anchos. Ella miró a Shaka con seriedad para luego hablar:
—La historia dice que Siddartha Gautama guio a Athena y los pocos guerreros que la acompañaban hasta el continente Mu. Rápidamente se convirtió en un buen amigo del herrero maestro que forjó las armaduras. ¿Por qué creés que la mayoría practica el budismo?
Dohko se levantó para saludarla de la misma forma que había hecho con el tabernero y Lixue.
—Maestro Dohko, me alegro de verlo.
—Lo mismo digo, Garma. Cada día cantás mejor.
—Es lo único que puedo hacer —dijo mientras tomaba asiento ayudada por el caballero de Libra—. Cantar y cuidar a mis chicas es mi misión… Además de servirle a Athena en la distancia.
Dohko volvió a sentarse. Garma se sacó el sombrero y lo dejó en la mesa; después se sacudió los mechones rojizos. Se peinó las cejas diminutas con los dedos mientras llenaba una copa de vino. Le dio un trago largo. Volvió a Shaka de una manera que provocó escalofríos en el caballero.
—¿Qué te parece? —le preguntó el santo de Libra.
—Ay, maestro… ¿Justo Virgo? Siempre se trata de mantenerlo alejado.
—Lo intentamos, pero Mu se nos adelantó. Es su mejor amigo.
—Athena santa… ¡Encima eso!
—Disculpen —Shaka decidió hablar—. Aunque sea el caballero de Virgo no creo en el horóscopo y esas cosas, pero hace rato que me tratan diferente solo por mi signo. ¿Al menos podrían decirme por qué es tan malo que sea amigo de Mu?
Dohko prefirió darle un sorbo al vino. Garma golpeaba el cristal con una uña y dijo:
—Te vas a morir.
—¡Pfff! ¡N-no vas a morir, Shaka! Es que… como ya escuchaste, Buda fue el primer santo de Virgo y un amigo muy valioso para el herrero maestro original.
—La vida de los alquimistas al lado del Santuario es cruel —dijo Garma—. Siempre se busca evitar el dolor en las personas más cercanas. Por eso el santo de Virgo solo debería tener permitido ayudar con el jardín de los sales gemelos.
—¿Es decir que solo lo hacen por respeto a la amistad que Buda y el primer herrero tenían?
—Perdimos nuestro continente, nuestra cultura e historia. Lo único que nos quedó fue la vida de algunos familiares y amigos. ¿Hay algo más importante que eso? Es uno de los principios básicos para los muvianos. Tu amigo no debe querer involucrarte más de lo que ya estás.
El sexto guardián bajó la cabeza. Entonces recordó la actitud de Mu esa mañana.
—A veces se pone cortante de la nada —Miró a Dohko a los ojos—. ¿Por eso lo eligieron a Saga y no a mí?
—¿Qué?
Shaka agarró el vaso con ambas manos.
—Por alguna razón, todo el mundo dice que yo debería haber sido elegido para derramar las lágrimas. Pero usted y el Patriarca prefirieron a Saga. No creo que Mu llegue a verlo de una forma especial algún día.
—Sha-Shaka… ¿Acaso vos…?
—Estás enamorado —afirmó Garma.
—¿Eh? No, no siento eso por Mu. Sí es muy importante para mí, es mi amigo. ¿Ya no se puede ser amigo de nadie?
—¡Claro que pueden ser amigos! —respondió Dohko— Y es justamente por esa razón que no te elegimos. Mu va a necesitar a alguien que lo apoye cuando el dolor en su corazón sea insoportable. Él te quiere, lo mejor es que ese cariño no se pierda.
Dohko volvió a servirse vino. Cambió la expresión alegre por una más dolida.
—No es agradable ver a tu mejor amigo sufrir por romper corazones. También rompe el tuyo y te preguntás por qué no puede ser feliz como los demás —Se llevó la copa a los labios—. Shion quiso evitarte un dolor mayor al haberme prohibido ponerte como candidato.
—¿Qué? ¿Por eso el Patriarca… me ordenó alejarme de Mu?
—Naciste para ser un iluminado y el santo de Virgo. Además contás con el cariño de Mu. Sos mejor candidato que Saga… Son demasiadas cosas que Shion tuvo en cuenta para tomar esa decisión.
—Pero si el destino hizo que Mu y yo seamos amigos es por algo. ¿Cuál es la otra forma de conseguir el polvo de estrellas?
Dohko frunció el ceño.
—¡Maestro!
—Escuchame, pibe —le dijo Garma en tono grave mientras prendía un cigarrillo—, sos el primer caballero de Virgo en cumplir el rol de chaperón. Tu amigo ya rompió la tradición y como consecuencia vas a sufrir. ¿Buscás la iluminación, no? Entonces limitate a manejar el jardín de los sales y acompañarlo en sus encuentros.
Shaka se mordió el labio.
—En el Santuario te habrán entrenado para que tu cuerpo resista cualquier dolor. Pero acá vas a hacer fuerte el corazón. Te voy a sacar tan bueno como a mis chicas.
—Es verdad —dijo Dohko—. Estás en buenas manos, Shaka. Cuando termine la semana vas a saber hasta cómo conseguir que Mu tenga un orgasmo sin tocarlo.
—¡Maestro Dohko! —Shaka se cubrió la cara.
—Bueno, no realmente. Pero vas a aprender mucho sobre cómo se enamoran los muvianos. Garma, te lo encargo.
—Vamos a empezar por lo básico. Una de mis chicas se va a ocupar por esta noche —se levantó del asiento y llamó— ¡Jamyang!
Las cortinas se abrieron para darle paso a una de las chicas que los había recibido anteriormente.
—Dígame, señorita Garma.
—Enseñale a este chico nuestros saludos típicos. Tenemos una semana antes de que vuelva al Santuario.
—Como usted ordene, señorita.
—Cualquier cosa que necesiten Jamyang se va a encargar —dijo mientras cerraba y abría la mano izquierda tres veces y después se tocó la punta de la nariz—. Tengo asuntos que atender. Con permiso.
Garma se fue. En el lugar que dejó vacío se sentó Jamyang. Dohko terminó la copa de un trago, le palmeó el hombro a Shaka y también abandonó el lugar. Al otro lado de la sala vio a Garma esperándolo, así que se acercó sin perder tiempo. Ella soltó el humo a través de los labios, hipnotizada por los movimientos rítmicos de las bailarinas en el escenario.
—Creí que iba a molestarme más —dijo y sonrió levemente—. Pero si es la persona que Mu eligió no debe ser mal chico. Además, se nota que en serio se preocupa por él.
—Otra vez Virgo —comentó Dohko.
—Por la carta que recibí del maestro Shion se trata de la reencarnación de Asmita, ¿no es así?
—Es idéntico. Nunca me sorprendí tanto en toda la vida como el día que lo vi por primera vez —Suspiró—. Shion le prohibió que contactara con su vida pasada. No quiere que descubra lo que hizo.
—Se mostró bastante insistente en cuanto al polvo de estrellas. Tal vez sea cosa de sus años en Jamir… ¿Mu lo sabe?
—No. Nos encargamos de guardar todos los documentos en la casa de Escorpio. Nunca van a buscar ahí.
Garma tiró el cigarrillo y lo aplastó con el zapato cinco veces hasta que se apagó. Los ojos se le iluminaron con las luces del escenario.
—Maestro Dohko… Cuide mucho a Shaka. No me gustaría que pase por algo como yo… y que Mu sufra.
El caballero de Libra le palmeó el hombro y sintió que había regresado en el tiempo.
—Sos un buen santo a tu manera.
—*—*—*—
Shion estaba que rebosaba de alegría por reencontrarse con Mie. No perdió la oportunidad para contar historias de cuando era una infante, mucho antes de comenzar su formación para servir al Santuario. Athena encontraba todo muy encantador; estaba emocionada de conocer a un santo femenino nuevo y ya pensaba en qué juegos involucrarla. Por su parte, Mu estaba cerca de su límite de paciencia, no aguantaba tanto palabrerío, quería hablar con Shion cuanto antes para resolver sus sospechas.
La diosa agarró a Mie de la mano para comenzar una visita guiada del templo. Shion las siguió, pero antes de que saliera de la sala Mu decidió aprovechar el momento.
—Maestro. Hay… Hay algo que me gustaría preguntarle.
—Oh… —Detuvo la marcha para ver a su nieto—. Es verdad. Todavía tengo que darte las indicaciones para mañana.
Dejaron a las otras dos por su cuenta para pasar a la oficina. Mu permaneció de pie. Shion se sentó en el escritorio; del cajón sacó una carpeta. Leyó en silencio por arriba las primeras hojas. La frente se le arrugó cuando levantó las cejas.
—Mañana ocho candidatos van a presentarse para conseguir una armadura —dijo sin despegar los ojos del papel—. Mie es una de ellos. Confío en que va a pasar las pruebas sin dificultad.
—¿Qué armadura… se va a entregar?
Shion se quitó los lentes y soltó al aire por la boca.
—Ninguna.
—¿Qué?
—Mie va a pasar cada prueba. Vengo siguiendo su progreso y tiene un nivel bastante alto. Pero no se va a entregar ninguna armadura.
—¿Entonces piensa dejar que todo el esfuerzo de mi hermana se desperdicie?
—Para nada. Estoy tan seguro de que va a conseguir la armadura que se la daría ahora mismo.
—No… No lo entiendo, maestro.
Shion apoyó los codos en el escritorio y entrelazó los dedos.
—El santo de Altar es la sombra del Patriarca y en caso de ser necesario le sucede en el cargo. Así fue con mi maestro y el Patriarca Sage. Casi nadie descubrió su identidad cuando tuvo que reemplazarlo… Bueno, a ellos era difícil diferenciarlos sin conocerlos. Pero en mi caso no podría ser posible. Claro que no es necesario. Basta con que sea alguien capaz.
—¿Planea… dejar de ser el Patriarca?
—Algún día alguien va a tener que sucederme. No digo que sea pronto. Pero ya comencé a preparar todo para cuando llegue el momento.
—¡¿Va a nombrar sucesora a mi hermana?!
—No. Mie tiene mucho por aprender.
—Entonces… ¿Saga o Aioros…?
Shion se apretó el puente de la nariz. Se sentó derecho y lo miró fijo.
—Sos el próximo Patriarca.
Mu abrió los ojos al máximo. Las piernas dejaron de responderle y retrocedió. Le pareció escuchar cientos de cosas derrumbarse. La cabeza se le llenó de escenas de su época como aprendiz. Los pocos recuerdos dulces de aquellos días se volvieron amargos por la mirada de su abuelo.
-NOTAS-
Hola a quien lea esto.
Volví como había prometido.
¿Qué les pareció este capítulo?
Originalmente iba a ser parte del anterior, pero eran demasiadas cosas.
Mu sigue intentando olvidarse de Shaka, aunque le cuesta.
¡Y conocimos a la primera de sus hermanas! En total tiene cinco. Hace unas semanas publiqué en Instagram y en Facebook los bocetos de Mie y de los padres, por si quieren saber cómo son. Ah, Mie tiene 13 años y es de Leo.
¿Qué creen que planea Shion con sus nietos? Kiki también es tenido en cuenta aunque todavía sea chico.
Y Saga se fue a la misión en El Dorado. No se preocupen que algo de eso van a poder leer.
Quedó bastante impresionado con la belleza de Mu (mi dibujo no le haca justicia lol).
Ojalá vuelva sano y salvo.
A menos que...
El pobre Shaka lo sigue pasando mal. ¿Creen que vaya a enamorarse de Mu? Esa sonrisita al recibir la khata es sospechosa (?)
Y Dohko que disfruta de sus desgracias, al lugar que lo terminó llevando. Pero va a aprender bastante.
Ya quiero que conozcan a los nuevos personajes muvianos. Les estoy tomando mucho cariño a Garma y Jamyang. Garma es directa y un poco brusca, así que a ella la voy a hacer que use un poco de modismos, pero no demasiados. Cualquier cosa van a poder preguntarme. Ah, la canción que Garma canta se llama AL-MAUJ y es de Akina Nakamori.
¡Y por fin Shaka descubrió el nombre de Arlen! Mi Athena no es tan inútil XD Aunque todavía no recuerda todo de sus vidas pasadas.
Y hablando de vidas pasadas, falta descubrir lo que pasó con Asmita... Es medio obvio, pero bueno.
No sé qué más comentar, si les quedó alguna duda pueden consultarme en los comentarios.
La semana que viene y la otra tengo parciales y trabajos prácticos, así que recién el primero de julio ya voy a estar libre, si es que no desapruebo nada. Después de ese día voy a volver a actualizar.
Les recuerdo que pueden estar al tanto de las otras cosas que hago en mis redes sociales.
Cuídense.
