Matra.

En el ahora no tan pequeño puerto de Matra, Almiria terminaba de supervisar que todas sus cosas y las de su hermana estuvieran en orden. Se aseguró de guardar el grimorio en un lugar donde no fuera visto, he igualmente le pidió a Mina hacer lo mismo con el suyo.

Cuando Mina tenía alrededor de dieciséis años encontró en la playa frente a su cabaña un libro blanco con muchos detalles en tonos azules. Si bien cuando se lo mostró no tenían ni idea de qué era o para qué servía, lo cierto del caso es que con el tiempo le empezó a otorgarle a su hermana poderes asombrosos. Fue hasta hace unos días que Lord Morris le informó sobre la función de un grimorio y le entregó el propio que comprendió mejor su utilidad.

Era un artefacto que potenciaba sus habilidades haciéndolas más fuertes.

-¡Almiria!

Una voz masculina se acercó a ambas hermanas con parsimonia.

-Lord Morris. – saludó la pelinegra con respeto.

-Hola Mina. – saludó esta vez a la menor.

Morris siempre se enorgullecía de tener a Almiria a su lado e indirectamente a su hermana. Ambas jovencitas eran la casta en la región de Matra. Su belleza no rivalizaba con ninguna otra mujer que conociera…Ambas prometían ser las candidatas ideales para convertirse en sus esposas; lo cual era una propuesta que tenía planeado hacer en cuanto se apoderaran del Reino del Trébol.

-Hola Lord Morris. – saludó respetuosamente Mina.

Cuando su hermana le contó que estaba trabajando para el líder de Matra quedó impactada. Lord Morris era un gobernante muy temido, pero, al menos con ellas siempre se comportó como un caballero.

-Veo que están a punto de partir, por lo que les deseo buen viaje a ambas. Almiria, espero que cumplas con tu trabajo de forma eficiente, como siempre.

-Así será, señor. – respondió la joven con obediencia.

Cuando todo estuvo listo partieron. Según lo planeado, estarían llegando al Trébol por un sector sin tanta supervisión alrededor del mediodía de mañana. Cuando ingresaron a sus respectivos camarotes, Almiria observaba a su hermana hablar sin parar; Mina estaba muy emocionada por visitar el nuevo país. Admitía para sus adentros que esperaba que su propio plan saliera a la perfección y así poder liberar a Mina del peligro que representaba Lord Morris.

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Reino del Trébol, región del sur.

Yami, Fuegoleon y Nozel aterrizaban en la región sur del trébol. El señor Julius les había ordenado supervisar un festival que iniciaría mañana al mediodía y cuyo fin no solo era animar el espíritu en los habitantes, sino también recaudar fondos para el pueblo. Ellos debían ayudar con los preparativos, pero, debieron ir solos ya que sus respectivos subordinados fueron dejados en la capital que fue la que más daños sufrió.

Yami inspeccionó el lugar con la mirada. Era un lugar bastante humilde que sinceramente no llamaba la atención y estaba habitado mayoritariamente por personas mayores.

-Qué fastidio. Esta misión era para alguno de esos mocosos. – se quejó bostezando.

-Yami, no estamos en posición para estar haciendo excepciones en las misiones. – regañó Nozel mientras bajaba unas cajas de su ave de mercurio.

-Es cierto. – intervino Fuegoleon. – Además estas personas nos necesitan, es nuestro deber como Capitanes.

-Si, si. – contestó vagamente el pelinegro ayudando con el resto de cajas.

Luego de unos minutos las personas habitantes del pueblo se acercaron a ellos. Los miraban con admiración y ensoñación ya que, en un lugar tan olvidado como esa aldea, pocas veces se vislumbraban hombres tan apuestos.

-Es un verdadero honor tenerlos por aquí, capitanes. – una ancianita se acercó al trío. Los miraba sonrojada y sonriendo de manera boba lo cual hizo sentir incómodo a los varones; en especial a Yami a quien le pellizcó sus glúteos sin descaro.

-Oi…-

Le importaba muy poco que fuera una anciana, iba a cortarla ahí mismo por andarlo tocando así. No es que él fuera algún tipo de mojigato, pero si lo iban a manosear, prefería que lo hiciera cierta rubia capitana.

-Yami, cálmate. – aconsejó Fuegoleon.

-Hemos traído los suministros que faltaban para el festival. – habló Nozel alejándose unos centímetros de la atrevida anciana. Por lo que notó él parecía ser su siguiente víctima. – Debemos ubicarlos en un lugar fresco o colocarlos de inmediato.

-Vengan por aquí. – comentó un hombre. Si bien no era un anciano, debía rondar quizá los cincuenta.

El resto del día los tres lo pasaron ayudando a construir, levantar tarimas para un show de talentos – en el cual los nombraron jueces, para su desgracia – levantar puestos de comida y, lo más importante huir de la abusiva señora. Para el anochecer, ya había manoseado a Nozel y Fuegoleon en más de una ocasión.

Ya finalizado en trabajo, solo debían esperar al mediodía, hora en que daría inicio el dichoso festival. Los tres se encontraban cenando afuera de la cabaña que les otorgaron para dormir; la comida la miraban de forma hastiada. Después de un rato no solo fue la anciana, sino también varias mujeres que se les acercaron para acosarlos.

-Condenada vieja. Solo se aprovechó por su edad. – se quejaba Yami botando humo por su boca.

-Nunca en mi vida me había sentido tan ultrajado en mi intimidad. – comentó Nozel con seriedad mientras una vena se hinchaba en su cien producto de la cólera que sentía.

-Espero que esta misión acabe pronto. – comentó Fuegoleon mientras con su mano de fuego tomaba las rocas de la improvisada fogata y las removía.

El mayor de los Vermillion tenía razón. Solo les quedaba el día de mañana y se largarían de ahí. ¿Qué más podía pasar?

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El transcurso de la mañana fue normal para su fortuna. Aunque estuvo con un aforo de personas bastante grande aún era manejable para ellos. Yami ayudaba en los puestos de comida – llevó una caja completa de calamares para asar que había pescado con anterioridad. – por su parte, Fuegoleon colaboraba con las personas a cargo de las distintas atracciones, mientras que Nozel ayudaba con una venta de flores.

La fila en su estante era grande. Una gran cantidad de mujeres se formaba con el fin de obtener flores por parte del codiciado capitán de las Águilas Plateadas. Nozel simplemente ignoraba los gritos emocionados de las jovencitas cada vez que les entregaba un ramo preparado. Con todo respeto, aquello lo sentía como una pérdida de tiempo y estaba mentalmente fatigado de escuchar piropos dirigidos a su persona.

Ninguna de esas señoritas llamaba su atención y de todas formas se supone que estaba "comprometido".

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Almiria, Mina y Bob se bajaron cerca de una playa que estaba un poco alejada. El barco no tenía permiso del reino, por lo que debían tomar las precauciones del caso. Llegaron un poco más temprano de lo planeado, pero no importaba, aún tenían mucho camino hasta la capital del reino.

-¡Por fin llegamos! Me siento muy emocionada. – exclamó Mina cargando su maleta y corriendo un poco para observar la vegetación de la zona.

-Aún tenemos muchísimo camino, Mina, no te emociones tanto. – sonrió. Todo estaba marchando bien por fortuna. Según su mapa en alrededor de dos horas debían llegar a un pueblo pequeño que prometía ser discreto.

Al llegar notaron mucho ruido proveniente del lugar. Mina corrió ilusionada al ver que todo estaba arreglado con adornos coloridos y flores de colores que nunca en su vida había visto.

-¡Almiria es un festival!

-Eso veo. – murmuró la pelinegra mirando perpleja la cantidad de personas caminando de un lado a otro, parejas compartiendo dulces y comidas, risas y bullicio. ¿Dónde estaba lo discreto en esa aldea?

-¿Podemos quedarnos un rato? Por favor, por favor, por favor…- la castaña empezó a insistir con la esperanza de conocer un poco sobre la nueva cultura del país.

Ya que nunca se pudo negar a los ojos suplicantes de su hermanita terminó aceptando a regañadientes. El único problema fue que al pobre de Bob debieron ocultarlo. El enorme tigre se quedó oculto maullando con tristeza al notar a sus amas alejarse.

-Prometo que será rápido dulzura. – comentó Almiria mientras terminaba de ocultar también sus pertenencias.

Caminaron un rato para mirar bien el lugar, las diversas atracciones y de paso comieron unos cuantos dulces. Mina corría de un lado a otro arrastrando a su hermana para que esta ganara premios por ella. Para ese punto, la castaña llevaba un enorme peluche de una especie de salamandra en tono anaranjado.

-Es tan bonito. – comentó Mina mirando con ensoñación el animal de peluche.

-Me alegro que te gustara, Mina. Ahora…será mejor irnos, ya tenemos casi tres horas aquí y Bob debe estar triste.

-Awww…Me estaba divirtiendo muchísimo. – se quejó la castaña apretando más el dragón.

-Damas y caballeros, acérquense, acérquense. Es hora del concurso de canto. ¡No se lo pierdan!

Una voz estridente les llamó la atención anunciando una especie de concurso. Almiria maldijo por lo bajo; Mina amaba cantar…

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Yami, Nozel y Fuegoleon estaban sentados frente a la tarima donde se estaba llevando a cabo el dichoso concurso de canto. Por todos los tréboles, aquello era más una tortura que otra cosa. Sus oídos dolían luego de estar una hora escuchando a personas – que claramente no tenían talento para la música – cantar. Fuegoleon se sobaba con disimulo sus sienes tratando de controlar la migraña que sentía por el ruido.

-Me arrancaré los oídos si otra persona sube a esa porquería de tarima. – renegó Yami absorbiendo su cigarro y quemándolo casi por completo.

-Y ahora, nuestras últimas finalistas. Adelante señoritas. – comentó el presentador.

De inmediato murmullos de entre la multitud seguido de silbidos acompañaron la entrada de las jóvenes.

El trío de capitanes notó que las jóvenes vestían ropajes inusuales. La que tenía cabello negro vestía un gorro negro, una camisa corta que dejaba ver un poco su vientre de color verde musgo, la misma solo le cubría uno de sus brazos y, una especie de pantalón abierto en ambas piernas. Por su parte, la de cabello castaño vestía un poco más ¿femenina? Llevaba un vestido de color celeste y una diadema a juego.

Nozel notó como la chica de cabellos negros miraba con repulsión a los varones que se acomodaron al puro frente del escenario. Notó que ésta se quitó un chaleco que andaba encima y se lo colocó a su hermana impidiendo que los pervertidos la miraran desde la posición.

-Esa fue una buena movida de parte de esa chiquilla. – comentó Yami con un gramo más de interés.

-Pensé que no estabas prestando atención. – comentó Nozel al notar el repentino interés en el extranjero.

-Esas dos son, al menos físicamente, lo mejorcito que ha subido a esa tarima. Además…¿qué me dices de ti? Noté como te inclinaste hacia el frente mirando a la pelinegra. Eres tremendo Nozel. – se burló el pelinegro haciendo que el rostro sereno hiciera una mueca incómoda.

Fuegoleon estaba ajeno a la discusión de sus compañeros mirando a la castaña. Le llamó la atención que ésta subió con un peluche de salamander que colocó al fondo de escenario. Era una chica muy bella; e incluso apostaba que mucho más joven que su persona.

-Estas hermosas señoritas nos deleitarán con la canción de "Impermeable" que está en la lista. ¿Desean escucharla de nuevo? – preguntó el presentador.

-No se preocupe, no lo necesitamos. – Respondió Mina llamando la atención de todos. – La memorizamos cuando la jovencita la cantó. – dijo refiriéndose a la hija del alcalde.

Almiria miraba desde su posición la cantidad de gente que las rodeaba. Suspiró, debía hacerlo por Mina; cantar era algo que amaba y además, el premio del concurso era una generosa cantidad de dinero que les ayudaría a llegar a la capital a la brevedad.

Cuando la música empezó a soñar, la primera en tomar el micrófono y cantar fue Mina. Al profesar la melodiosa voz, de inmediato las personas gritaron con emoción felices de que al fin subiera algo bueno. Pocas veces en el pueblo se podía ver algo así.

Después, cuando Almiria cantó, su voz un poco más grave, pero no por eso menos armónica hizo que los gritos aumentaran. Ambas estaban dando un espectáculo de alta calidad gracias a sus voces.

Desde su posición Nozel disfrutaba la canción prestando genuina atención. Veía a ambas jóvenes cantar y bailar por todo el escenario haciendo que las personas levantaran las manos y gritaran, pero un movimiento en especial de la pelinegra le llamó la atención. Mientras su hermana cantaba, ser acercó a ella y bajó en una sensual pose mientras deslizaba su mano por el otro cuerpo femenino sugerentemente. La mirada pícara de la chica lo hizo sonreír sin percatarse; era como si estuviera atraído por un magneto.

Fuegoleon estaba embelesado por la hermosa voz de las jóvenes, especialmente de la que portaba un vestido. Le causaba mucha impresión notar la energía que emanaba de ésta al cantar y lo mucho que disfrutaba hacerlo.

Yami, quien al principio se impresionó por el talento musical, miró con extrañeza al par. Se le hacían muy conocidas, pero no sabía de dónde. Al voltear su mirada notó a sus compañeros mirando a las jovencitas como idiotas.

Golpeó la mesa del jurado con el fin de llamar la atención de los niños ricos y, justo cuando estos por fin despegaron su mirada de las féminas se toparon con la risa de Yami.

-Ustedes dos parece que van a comérselas con la mirada. ¡Buajaja! – se burló el extranjero.

Tanto Nozel como Fuegoleon carraspearon incómodos al hallarse descubiertos en tan desvergonzado acto de su parte.

Cuando las chicas terminaron, llegó el momento de dar su veredicto como jueces.

Yami se levantó de la silla y anunció que las ganadoras eran esas dos chicas. Las personas aplaudieron y silbaron celebrando la victoria. Mina, emocionada abrazó efusivamente a su hermana la cual le devolvió la sonrisa.

-¡Disculpen! ¡Disculpen! – la voz del alcalde del pueblo interrumpió el jolgorio entre los habitantes. – Ciudadanos, aunque su presentación fue muy agradable, todos sabemos que mi preciosa hija fue la mejor del concurso. Señores Capitanes, por favor.

¿Era broma? En ese estúpido concurso de porquería no había nadie mejor que ellas en el canto.

-Lo lamento, ya hemos dado el gane a las señoritas. – afirmó Nozel con voz grave.

-Con todo respeto, me temo que no puedo entregarles el premio. Mi hija lo merece más.

Almiria lo miró incrédula adoptando una posición desafiante. Mina al notar esto la tomó de la mano tratando de calmarla. Su hermana mayor tenía un temperamento muy complicado y cuando se enojaba las cosas solían terminar muy mal.

El trío de capitanes se acercó al podio para tratar de arreglar la situación. Se posicionaron al lado de las hermanas en clara señal de estar a su favor por haber ganado limpiamente. El alcalde no daba el brazo a torcer e incluso había subido a su hija para entregarle el dinero.

-Con todo respeto, señor…- habló Almiria alzando la voz, pero usando el mismo tono de falsa amabilidad que el alcalde había usado. – Nosotras ganamos ese premio justamente. Además…Su hija no merece nada. Canta igual que una gallina cuando le aprietan el pescuezo, ¿qué acaso por ser su padre está sordo? – soltó sin más la pelinegra.

Mina la miró abriendo los ojos alarmada por el insulto de su hermana; Yami soltó una carcajada por la forma tan poco sutil de la chica – pero fue un muy buen insulto – Nozel reprimió su risa con su mano.

-¡Pero qué falta de respeto! – exclamó ofuscado el alcalde.

-No es mentira. – continuó Almiria – si me consigue una gallina con mucho gusto se lo demuestro; también puedo romperle el cuello a su hija, por si las dudas. – finalizó con una sonrisa cínica.

-¡A-Almiria! – murmuró acalorada Mina tratando de controlar a su hermana. – Déjalo así ya, vámonos. – suplicó tratando de llevarse a su hermana.

Cuando los capitanes entendieron la clarísima amenaza de muerte hecha por la pelinegra tomaron la palabra:

-Trate de calmarse señorita, no debemos llegar a esos extremos. – trató de conciliar Fuegoleon al notar que las súplicas de la jovencita de pelo castaño no rendían frutos.

Mientras la discusión se continuaba desarrollando la tensión aumentaba cada vez más al punto en que Yami debió sujetar al alcalde quien no paraba de reclamarle a Almiria su falta de respeto. Fuegoleon estaba en medio tratando de calmar los ánimos sin éxito, mientras que Mina sostenía a su hermana del brazo. Se le estaba haciendo difícil retener a su hermana; estaba segura de que si la soltaba iba a golpear al alcalde. Nozel al notar la vana lucha de la joven, tomó a la pelinegra por la cintura logrando alejarla unos cuantos centímetros. Estaba sorprendido por la cantidad de fuerza que tenía a pesar de tener un cuerpo tan delgado.

Almiria, ajena a las manos que las sostenían protectoramente continuaba lanzando insultos al alcalde. Mina, en su último intento por calmarla se posicionó frente a ella, pero en un descuido el alcalde alcanzó a golpearle el rostro.

Al notar que su hermana fue lastimada, Almiria sacó a relucir su fuerza y, arrastrando a Nozel le dio un puñetazo al alcalde tan fuerte que lo mandó a volar por los aires, rompiéndole de paso unos cuantos dientes. Yami sintió la intensidad del golpe con sus sentidos por lo que soltó al anciano justo a tiempo ya que de lo contrario hubiese sido arrastrado con él. Fuegoleon ayudó a la chica a incorporarse mientras revisaba su mejilla roja por la cachetada.

-E-Estoy bien, no se preocupe. – comentó Mina más preocupada por su hermana que por si misma.

Nozel, harto del forcejeo tomó a la joven con fuerza; aprisionó sus brazos contra su bien trabajado pecho y la sostuvo con toda su fuerza por la cintura logrando hacer que se detuviera y lo mirara suspirando agitada.

-¡Deténgase! – levantó la voz con autoridad. La voz masculina y profunda hizo que Almiria se detuviera; verde olivo y violeta se encontraron en un choque hipnótico que luego de unos segundos hizo que la joven desviara la mirada.

-Almiria…- murmuró Mina acercándose a su hermana.

-Mina, ¿estás bien? ¡Suéltame ya! – pidió tratando de zafarse del agarre del capitán. Cuando Nozel la soltó corrió hasta su hermana para verificar que estuviera bien.

Mientras la inspeccionaba, Yami recogía con un pañuelo varios dientes del suelo serio. Ese golpe…Estaba seguro que la chiquilla se había contenido porque un poco más y sería mortal.

-Bueno…Acabas de arrancarle los dientes al alcalde. – comentó mostrando el pequeño diente.

Al fondo, la hija del alcalde temblaba despavorida.

-Eso no será lo único que le arranque si vuelve a tocar a mi hermana. – respondió Almiria con claras intenciones de buscar al tipo. Nuevamente Nozel la detuvo haciendo que ésta se echara hacia atrás.

-Le arrancaste los dientes a una persona… - el murmullo de Mina les llamó la atención. La castaña miraba anonadada lo que su hermana había hecho, así como la sangre en el piso. - ¡Almiria le arrascaste los dientes a una persona! – gritó Mina visiblemente alterada e histérica para luego desmallarse.

Fuegoleon se apresuró a tomarla en brazos antes de que cayera al suelo. Almiria corrió hasta el mayor preocupada por su hermana.

-¡Mina! ¡Mina! ¡Responde! – hablaba asustada. Había olvidado por completo que su hermana nunca la vio en su otra faceta.

-Está inconsciente, debemos llevarla a una cama y colocarle algo de alcohol. – informó el pelirojo mientras se dirigían a su cabaña para tratar a la damisela.

Almiria siguió al tipo mientras Nozel iba detrás y Yami se quedó viendo si el alcalde seguía vivo.

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Segundo capítulo ¡up!

Gracias a todas las personas que ya están leyendo la historia. Eso una motivación muy grande.