Abrió lo ojos perezosamente al sentirse un poco desorientada. Los volvió a cerrar intentando traer a su mente lo último que recordaba; la imagen de la sangre y los dientes del alcalde previo a que todo se oscureciera. En sus fosas nasales sentía un fuerte olor a alcohol que la estaba sofocando por lo que intentó quitarla con sus manos sin mucho éxito.

-Mina, vamos responde. – la voz de su hermana la trajo a la realidad. Almiria sostenía sobre su nariz una bolita de algodón empapada en alcohol con el fin de hacer que su hermana recobrara la compostura. – No quites el algodón Mina. – regañó al notar la insistencia de Mina por apartar el objeto de su rostro.

-El olor es muy fuerte. – se quejó la castaña.

-Ese es el punto.

Al fondo Fuegoleon y Nozel se mantenían al margen. En cuanto el pelirojo la acomodó en su cama la, aparente hermana, se le fue encima apartándolo y colocando el dichoso algodón. Por lo visto la chica de cabellos negros era muy sobreprotectora con su hermana así que lo mejor era evitar que perdiera los estribos nuevamente.

Cuando Mina se incorporó se acercaron con mayor confianza. Almiria se alejó para retirar el alcohol y colocarlo en su lugar, pero a la vez para darle espacio a su hermana.

-¿Cómo se encuentra, señorita? – preguntó el capitán de los Leones Carmesí.

-Solo un poco mareada, pero bien. – respondió sonriente.

-Por lo visto sufrió un shock. – comentó Nozel.

-Bueno…nunca había visto a mi hermana golpear a alguien así. – confesó Mina.

Cuando sintió las miradas sobre su persona, Almiria desvió la mirada incómoda.

-Lo siento. Me exalté un poco. – se excusó.

-¿Un poco? – preguntó Nozel incrédulo. Casi mató al alcalde y, ¿ella lo calificaba como una pequeña exaltación? No se quería ni imaginar a esa mujer enojada.

-Sí. – afirmó hastiada. Se acercó a Mina sentándose a su lado. – Lo lamento, ¿está bien?...De todas formas tampoco es como si lo hubiera matado. – finalizó restándole importancia al asunto con una sonrisa.

-Uyyy…entonces hay que felicitarlo, corrió con suerte. – habló Yami desde la puerta.

Habían terminado de atender al alcalde, por lo que una vez se aseguró estaba fuera de peligro volvió con sus compañeros.

-No estaba hablando contigo. – respondió Almiria fulminando al pelinegro con la mirada.

-Escucha mocosa, no sé de dónde diablos saliste, pero no puedes andar hablándole así a un capitán de orden. - Yami la tomó de la cabeza levantándola unos centímetros del suelo.

-¿Capitán de orden? ¿Ustedes son de la capital? ¿Saben algo acerca del examen de caballería? – preguntó interesada Mina.

-Si no me sueltas te arranco el brazo. – amenazó Almiria sosteniendo el brazo musculoso de Yami.

-Yami, déjala en paz. – intervino Nozel sosteniéndola del brazo para que no cayera cuando el pelinegro la soltó.

-Efectivamente. Provenimos de la capital. – informó Fuegoleon.

Luego de eso, el albino les explicó que los exámenes de caballería eran un proceso en el cual se seleccionaban a los caballeros mágicos. Primero, debía inscribirse el grimorio que se obtenía a la edad de quince años; acto seguido, debían pasar por una serie de pruebas en la cual ellos como capitanes evaluaban las habilidades de las y los participantes. Finalmente, cada uno pasaba frente a ellos y, en caso de que varios capitanes desearan que el o la aspirante perteneciera a su orden, el nuevo miembro debía elegir a qué orden se uniría. En caso de que solo un capitán se levantara, no habría posibilidad de escogencia y se uniría a dicha orden.

-Supongo que si ninguno se levanta quiere decir que la persona no aprobó el examen. – razonó Almiria.

-Así es. – respondió Nozel.

Bueno, si ese era el panorama, no había de qué preocuparse. Ella era una asesina, fuerza y habilidad era lo que le sobraba y a Mina la entrenó muy bien; pasarían ese examen sin problemas y la misión avanzaría.

-¿Ustedes piensan aplicar para el examen? – preguntó el capitán de los Toros Negros.

-Así es. Viajamos desde muy lejos. – respondió la castaña emocionada.

-En ese caso, ¿por qué no se unen a mi orden? – sugirió Yami para sorpresa de las jóvenes. – En especial tú. – Dijo señalando a Almiria. – Estoy seguro de que te llevarás bien con los miembros de mi orden. Sus órdenes son más para niños ricos y gente educada. – dijo refiriéndose a las Águilas Plateadas y a los Leones Carmesí.

-¿Está llamándome mal educada? – preguntó retóricamente Almiria levantando una ceja.

-Bueno, eres una salvaje de eso no hay duda.

- ¡Váyase al infierno! – respondió la ojioliva con enojo. – Mi hermana y yo haremos el examen y escogeremos una orden.

-Yami, sabes que no es bien visto introducir por la puerta trasera a nuevos caballeros. – habló Nozel. Aunque admitía que hablaba desde la razón, el hecho de que el extranjero quisiera llevarse a esas mujeres para su orden ignorando su presencia le molestó un poco. Su orden era una de las mejores del Reino y el hecho de que en el año anterior Los Toros Negros quedasen en segundo lugar no significaba nada.

-¿Eh? Mira quien habla. – respondió el portador de la magia oscura. El propio Nozel le pidió meter a Noelle a su orden por la puerta trasera, no entendía por qué ahora se quejaba.

-Realmente lo agradecemos, pero queremos pasar por la experiencia del examen. – informó Mina con tranquilidad.

-En ese caso les deseamos suerte y que puedan unirse a alguna orden. Cada vez se vuelve más necesario para el reino tener caballeros mágicos. – finalizó Fuegoleon con una sonrisa.

Almiria notó la miraditas que su hermana y ese capitán pelirojo se echaban indiscretamente. Ah no, que ni lo soñara; ese tipo se veía hasta mayor que su persona y eso que tenía veinticinco años

-Muy bien, ya debemos irnos. Gracias por todo. – se apresuró a salir tomando a su hermana de la muñeca no dando siquiera espacio para que el resto dijera una palabra.

-E-Espera Almiria, ¿q-qué hay del dinero que ganamos? – preguntó Mina haciendo que la pelinegra se riera un poco. ¿De verdad?

-¿Crees nos darán algo? Es probable que ese estúpido alcalde nos cobre por los daños, así que eso responderá. Además, Bob nos necesita.

Cuando cayeron en cuenta de la existencia de su mascota ambas se miraron asustadas. ¡Bob! ¡Habían olvidado por completo a su peludo animal!

Corrieron apresuradas al bosque seguidas por los tres capitanes quienes se interesaron al notar la reacción de las chicas. Cuando por fin las alcanzaron, se detuvieron perplejos al notar al inmenso animal de casi dos metros que no paraba de restregarse contra los cuerpos femeninos mientras estas solo se disculpaban una y otra vez.

Cuando el gigantesco animal reparó en su presencia empezó a gruñir mostrando sus dientes en clara señal de amenaza.

-¿Qué clase de gato es ese? – comentó Yami.

-Es Bob. Es nuestro. – informó Mina mientras trataba de calmar al tigre.

-¿Tienen un…enorme tigre de mascota?- preguntó Nozel incrédulo. Una criatura así no era nativa del Trébol por lo que llamaba la atención aún más.

-Lo rescatamos cuando solo era un cachorrito y como mataron a su mamá, lo adoptamos. – respondió Almiria rascando la parte inferior de la mandíbula del felino.

-¡Es un ejemplar espléndido! – exclamó Fuegoleon mirando con fascinación al animal. Su familia tenía una importante conexión con los felinos después de todo.

Acto seguido el gigantesco animal se acercó al varón y empezó a lamer su mano para sorpresa de ambas hermanas. Bob no solía ser amigable con extraños.

-Bob ya basta. – llamó la atención la mayor de las hermanas. – Ven aquí, es hora de irnos.

-¿Viajarán de noche? – preguntó Nozel al notar que el cielo empezaba a teñirse de naranja. – Podría ser peligroso.

-Estaremos bien. – respondió la chica cargando su maleta y ayudando a su hermana a subir en el animal.

-¡Muchas gracias por todo! Fue un placer. – Mina se despidió inclinándose respetuosamente.

Luego, ambas desaparecieron en el bosque. Esperaban que llegaran a la capital con bien.

.

.

.

Dos días después, en la base de los Leones Carmesí, Fuegoleon se preparaba para asistir al examen de caballería en compañía de su hermano. Una parte de él estaba preocupado por el par de hermanas ya que a su regreso no las divisaron por el camino. Dejando el temperamento de la muchacha que portaba un extraño gorro, ambas parecían mujeres educadas, pero más importante, fuertes. Como ya estaba interesado en ellas tenía planeado ponerse de pie a su favor y esperaba que con los méritos de su orden la decisión no fuera difícil de tomar.

Nozel quien terminaba de colocarse su capa pensaba exactamente igual que su compañero. De primera mano notó que la mujer de mirada oliva era fuerte, sería un excelente caballero no lo dudaba y, con total honestidad admitía que su temperamento era algo que le atraía. A lo mejor eso diferente que buscaba para su vida viniera de la mano de esa jovencita.

.

.

.

Las hermanas miraron perplejas la enorme fila que se extendía varios metros. Cientos de jovencitos ansiosos por convertirse en caballeros mágicos hacian fila para inscribir su grimorio. Desgraciadamente, llegaron de últimas por lo que debieron esperar bajo el sol por casi dos horas a que fuera su turno. Vaya sistema de porquería.

Cuando al fin lo lograron, ingresaron a una especie de coliseo donde todos los y las aspirantes esperaban ansiosos la llegada de los capitanes de orden y del mismísimo Rey Mago, el cual, en esta ocasión participaría. Julius había hecho su esfuerzo por dejar libre esa tarde puesto que Yami le comentó que había dos aspirantes interesantes.

Cuando ingresaron, los murmullos de admiración no se hicieron esperar. Almiria, quien ahora vestía una blusa negra del mismo estilo que la anterior, pero acompañada de un short enagua del mismo tono y unas botas altas de cuero negro, reconoció a Yami, Nozel y Fuegoleon.

Cuando el albino le devolvió la mirada interesado, la pelinegra desvió su rostro. Durante toda la noche estuvo pensando a qué orden unirse. Mina podría irse con cualquiera, si quedaban en diferente orden aquello solo la beneficiaría para poder llevar a cabo su misión con tranquilidad. Esperaba que se fuera con alguna de las dos mujeres que vio como capitanas ya que la quería lejos de ese tal Fuegoleon que le hacía ojitos. Ella descartó esa orden por el mismo motivo.

Descartó la orden del que se llamaba Nozel también, pero más que todo porque desde que lo conoció en el pueblo no pudo evitar sentirse extraña al estar en su presencia. Si quería llevar su misión de forma eficiente, lo mejor sería evitarlo. Las otras órdenes las desconocía, así tampoco se quería arriesgar. Al final le iba a tocar irse al capitán malandro, que bien.

-Sean todas y todos bienvenidos. – Vangeance se puso de pie frente a la multitud que lo miraba con asombro y respeto. – Luego de los desgarradores momentos por los que ha atravesado el reino, se ha denotado la necesidad de contar con más caballeros mágicos. Así que gracias por su valentía.

Tras las palabras del capitán del Amanecer Dorado, el resto de miembros solo aplaudieron emocionados con la esperanza de conseguir un manto.

-¡Estoy emocionado por conocer nuevas magias! – exclamó desde el centro un emocionado Julius mirando con brillo a las personas en el coliseo.

-En la primera prueba, deberán demostrar sus habilidades para controlar sus escobas mágicas. – informó Vangeance.

Las personas empezaron a tomar las escobas y con dificultad volaban y se mantenían a flote.

En el suelo, Mina se escondía detrás de su hermana. Esta super nerviosa ya que ellas nunca habían hecho algo así. Imaginaba que podrían ser descalificadas o algo…¡Debieron aceptar la oferta del capitán malandro! Así había llamado Almiria al capitán que fumaba.

-Disculpen señoritas…- habló uno de los supervisores. - ¿No tomarán una escoba?

-No. – respondió Almiria seria. – No sabemos usarlas ya que de donde venimos no son comunes.

-Mmm…qué mal. Podrían ser descalificadas…- comentó con pesar el instructor.

Los murmullos indiscretos no se hicieron esperar, especialmente por parte de un grupo de nobles que se jactaban de volar a la perfección.

-Eso no es cierto. – contestó Almiria. – Según las reglas de este examen la única prueba que cuenta con un puntaje es la lucha entre aspirantes. Lo demás es solo una payasada de su parte para evaluar quién sabe qué, porque volar en una escoba ni siquiera sirve para conocer nuestras verdaderas habilidades.

Finalizó la chica dejando perplejo no solo al instructor sino también a los capitanes y a Julius quien empezó a reír para sorpresa de todos. Él mismo había hecho esas nuevas reglas, pero como se adquirió la costumbre de anteriores exámenes él asumió que nadie había las había leído.

-Yami, imagino que esa es la jovencita de la que me hablaste. – comentó el rubio mirando con interés. – Veo que está muy bien informada para ni siquiera conocer una escoba mágica.

-Si bueno, te dije que era particular. – respondió el pelinegro desde su lugar.

Desde su posición las alarmas de Charlotte brincaron. ¿Quién era esa joven que Yami parecía conocer? ¡Incluso le habló al señor Julius de ella! Debía tranquilizarse, ella como capitana no podía rebajarse a celos estúpidos.

-Señor Julius, ¿qué debo hacer? – preguntó Vangeance. Ahora que habían sido expuestos no tenía sentido que se hiciesen las demás pruebas.

-Pasemos a los combates de inmediato.

William informó que los combates se realizarían a continuación lo cual hizo que muchos jóvenes se pusieran nerviosos.

Cuando se hizo la rifa, Mina quedó emparejada con un joven de clase media que la miraba algo nervioso a lo que ella solo le sonrió tratando de ser amigable, pero a cambio solo recibió un mal gesto que la hizo borrar su sonrisa. Almiria por otro lado quedó emparejada con un joven de la realeza.

Mientras se empezaron a desarrollar las diferentes batallas tanto Mina como Almiria esperaban de pie junto a un enorme pilar. El grupo de nobles que anteriormente había estado murmurando cosas sobre ellas se acercó, venían liderados por el muchachito que iba a enfrentar la pelinegra.

-Miren qué tenemos aquí. Parece que este año tenemos a dos plebeyas muy altaneras. – habló el joven una voz chillona.

Almiria ni siquiera volteó a verlo. No estaba de humor para soportar a un niñato y sus tonterías. Ella estaba más concentrada en ver los combates sintiendo disgusto no solo por lo débiles que eran los participantes, sino también por las actitudes tan desagradables que tenían. Además, estaba el hecho de sentir una mirada violeta sobre su persona desde hacía horas. Ese tipo Nozel no le había quitado la mirada de encima y lo peor de todo es que su rostro estaba inmutable algo que la fastidiaba aún más porque no podía adivinar en qué estaba pensado.

-Disculpen, ¿necesitan algo? – preguntó Mina más por educación que por otra cosa, ya su hermana estaba muy ocupada ignorándolos.

Almiria, harta, le devolvió la mirada desafiante al capitán de las Águilas Plateadas. Indirectamente le indicaba que la atención hacia su persona empezaba a molestarla, a lo que Nozel simplemente sonrió imperceptiblemente aceptando el reto. Le enseñaría a esa jovencita lo que era una persona orgullosa.

-Solo quiero que sepan que este año, los miembros de la nobleza seremos quienes nos unamos a las órdenes de caballería, por lo que deberían irse ahora que pueden, no vayan a lamentarlo después. – comentó con burla el joven de cabellos naranjas.

Ante el evidente intento de intimidación, Almiria – quien a pesar de estar teniendo una batalla de miradas con cierto capitán – había prestado atención a la llegada del grupito. Desvió su mirada hacia el joven que apenas si le llegaba a la barbilla. Se incorporó haciendo resaltar su altura y mirando desde arriba al noble, el cual al notar lo intimidante que era la mujer se echó para atrás.

-Escucha – habló la pelinegra soltando un pesado suspiro – Eres un niño, así por favor no hagas esto. Ambas somos mucho mayores que tú y la imagen que deseamos dar no es la de humillar a un mocoso como tú. Así que, en lugar de estar aquí, tratando de "intimidarnos" – algo que no estás logrando, dicho sea de paso – concéntrate en pasar el examen, ¿está bien?

El joven de tan solo quince años quedó sin palabras no solo por lo dicho por su rival, sino también por la forma tan maternal en que se dirigió a él. Realmente lo veía como a un niño.

Cuando se retiraron, Mina tomó la mano de su hermana y le sonrió agradecida. Ella también sintió la misma preocupación. Si no se equivocaba, ahí ellas dos eran las mayores por lo que la mayoría eran jovencitos que no sobrepasaban los veinte años; simplemente no podrían ser tan abusivas.

Alrededor de treinta minutos después, llegó el turno de la castaña de enfrentarse al joven que anteriormente le hizo mal modo. Se acercó un poco nerviosa hasta el centro sintiendo las miradas imponentes de los capitanes sobre ella. Inhaló profundamente y trató de tranquilizarse; esta era una importante misión de trabajo para su hermana por lo que no podía darse el lujo de perder. Se convertiría en caballero mágico sin duda.

.

.

.

Tercer capítulo ¡up!

Espero que lo disfruten muchísimo.