Posicionada enfrente de quien sería su rival, Mina relajó sus músculos a la espera de la autorización para empezar su combate.

-Muy bien. Ya que ambos están en posición, ¡empiecen! – anunció uno de los supervisores indicando con su mano el inicio.

Mina sacó su grimorio el cual brillaba en un tono blanco puro. Trayendo a su mente las diversas enseñanzas de su hermana se puso en guardia con el fin de esperar un ataque de su oponente.

-"Cuando se está frente a un enemigo que desconoces, deja que ataque primero. Así medirás su fuerza y calcularás cuánta de la tuya necesitarás para vencerlo."

Le había dicho en sus últimos entrenamientos.

Julius miraba interesado el grimorio. Aunque los libros poseían particularidades únicas por la magia que representaban admitía que los detalles que éste poseía nunca las había visto en su vida.

Aún en posición, Mina empezaba a preocuparse porque su oponente solo se mantenía de pie sin hacer ningún movimiento. De seguir así, ella tendría que atacarlo primero para provocarlo.

-¡Un momento, por favor! – la voz estridente del jovencito llamó la atención de las personas presentes. – Sé que esto no es lo que esperaban, pero como representarte de una de las casas más famosas de este reino, no puedo evitar manifestarlo. – hablaba teatralmente el joven de cabellos rubios. – Señorita…¿querría usted convertirse en mi esposa?

La cara de sorpresa colectiva no se hizo esperar. Vangeance dirigió su vista hacia el resto de sus compañeros tratando de hallarle sentido a la situación que se desarrollaba. Por desgracia, todos estaban tan perplejos como él.

Fuegoleon parpadeaba tratando de procesar la información aún sin poder creerlo.

-¿D-Disculpe? – preguntó Mina tratando de recuperar la compostura.

-Me he visto terriblemente cautivado por su inusual belleza…- el noble continuaba con su monólogo.

Desde su posición, Mina dirigió su mirada a su hermana no dando crédito.

Almiria solo observaba al joven expresarse como si de un poeta se tratara, pero lejos de verlo como algo agradable, lo miraba con completa cara de póquer. Al encontrarse con los claros ojos de su hermana, simplemente negó con la cabeza informándole que ella estaba tan extrañada.

-¿Qué clase de estupidez es está? – increpó la pelinegra al supervisor que estaba a su lado.

-No tengo ni idea de lo que ocurre, señorita. – respondió el hombre de capucha.

El rubio continuaba hablando sin parar y, para ese punto, empezó a describir a viva voz los atributos que más le llamaban la atención de la bella mujer adulta. Mina, cuyo rostro estaba ahora rojo por la vergüenza que sentía, empezaba a perder la paciencia. A diferencia de Almiria ella solía ser muy calmada y serena, pero justo ahora se sentía extremadamente abochornada por ese chiquillo. ¿Qué acaso no había ubicado que ella le llevaba alrededor de ocho años de diferencia?

Un sonido que reconoció a la perfección la sacó de su estado. Almiria había llamado su atención y, mediante lenguaje de señas le dijo:

-"Acaba con ese idiota y haz que se calle de una vez por todas."

Acatando la orden y aprovechando que el joven aún estaba en su mundo de fantasía invocó uno de sus hechizos más básicos. Este consistía en un espíritu con forma de hada que tomó al joven de sus ropajes y lo estampó contra el suelo haciendo que esta quedara completamente fuera de combate.

Dado que todo pasó en cuestión de segundos, la pobre alma no pudo defenderse por lo que recibió de lleno el golpe.

-Vaya…- exclamó Julius con interés. – Nunca había visto una creación así.

El hada, que ahora se mantenía al lado de Mina tenía una forma humana prácticamente perfecta a excepción de sus delicadas alas, sus pies en forma de hojas y sus orejas de elfo.

-La ganadora es la concursante trescientos veinticinco. – anunció el supervisor mientras recogían el cuerpo inconsciente del joven.

Mina deshizo su hechizo y rápidamente corrió hasta donde Almiria suspirando con pesadez. Qué experiencia tan horriblemente vergonzosa fue aquello, cada vez más se arrepentía de no haber tomado la oportunidad del capitán malandro.

-No digas nada. – se apresuró a advertir al notar como Almiria luchaba para ocultar su risa.

Desde su posición, Fuegoleon sonreía con orgullo. Si bien el hechizo no estaba dirigido a matar, la forma en sí del ser denotada que la chica de nombre Mina tenía un control excepcional de la magia.

Luego de pasar tres concursantes más, el turno de Almiria llegó. Estaba seria ya que, si algo aprendió durante su vida, fue a nunca menospreciar a un rival una vez que lo tuviera enfrente. Se recordó que estaba frente a un muchachito por lo que debía controlarse.

-Ambos en posición, ¡empiecen! – anunció el supervisor.

Para su fortuna, notó que el jovencito noble fue quien hizo amago de atacar primero. Lo vio sacar una varita y crear una enorme bola de agua que permanecía sobre su cabeza.

-Bien, tiene bastante poder. – se dijo a sí misma. Crear esa cantidad de agua requería cierto grado de habilidad.

-¿Sorprendida, plebeya? – habló el joven mirando con altanería a Almiria. – Nosotros los nobles somos la casta de este reino. Nuestro poder mágico no tiene comparación. – se jactaba el chiquillo.

Almiria sonreía. Como adoraba esa clase de rivales; te menosprecian creyéndose superiores, pero luchar con ellos y destruir su moral era algo tan apetitoso que su sangre brincaba de la emoción. Su grimorio brillaba de un intenso escarlata.

Nozel no pasó desapercibido el cambio en la mirada de la pelinegra. Miraba al hijo del comerciante de pieles más importante del Trébol como si de una presa indefensa se tratara.

-Ya ves, como soy alguien tan benevolente, te daré la opción de rendirte. – dijo aún manteniendo el cúmulo de agua sobre su cabeza.

-Zona del maná…- habló por fin Almiria haciendo que todos los capitanes se incorporaran alertados. Un ataque así podría matar al jovencito. – Depredación de las sirenas.

Acto seguido todo el lugar se iluminó en tonos rojizos. El ambiente se veía distorsionado y, cuando el hijo del comerciante observó el suelo este se movía como si fuera agua haciéndolo perder el equilibrio. Su esfera fue absorbida desde el suelo, y, luego de que todo se calmara vio una imagen aterradora.

Sin duda era una sirena. Yami notó que cuando emergió del suelo tenía el aspecto de una bella mujer de cabellos largos y su cola brillaba; pero en cuanto se acercó el chiquillo, su rostro se desfiguró. Enormes dientes se asomaban por sus mandíbulas, los ojos brillaron de un color rojo brillante y en sus manos aparecieron enormes garras que hicieron sangrar al joven en cuanto tocaron su piel.

Asta que se encontraba al fondo de la silla del Capitán Yami miraba nervioso la escena. Era aterradora, muy similar a la imagen que tenía Lucifero.

-Julius-sama…- la voz de Vangeance lo sacó de su trance.

-Si, también lo siento. – dio la razón el Rey Mago.

-¿Qué es lo que sucede? – preguntó Asta nervioso al notar la seriedad en los capitanes.

-Es cierto, tú no tienes magia, Asta. – comentó Julius.

-Su zona del maná no solo absorbió el hechizo de agua, sino que también está absorbiendo nuestra propia magia. – informó Charlotte al sentir como su energía mágica era drenada hacia el falso lago.

-¿Asustado, señor noble? – preguntó con burla Almiria al notar cómo el jovencito temblaba bajo el tacto de su sirena.

El joven veía aterrado al monstruo a su lado. No paraba de mirarlo acercando sus filosos dientes a su rostro lentamente. La respiración caliente le erizaba la piel y sentía como se empezaba a hundir en el falso lago que ahora se tornaba de color negro. A pesar de la oscuridad en el agua, perfectamente divisó una multitud de ojos rojos que parecían querer subir a la superficie y acercarse a él.

-¡Waaa! – gritó visiblemente asustado mientras forcejeaba con la diabólica sirena. Esta última al percibir las órdenes de su ama se alejó y volvió a su lado. - ¡Me rindo! ¡Me rindo, pero no dejen que me agarren por favor! - desesperado el joven intentaba zafarse del agua.

Con mirada aburrida, Almiria deshizo su hechizo. Al menos espero que el niñato le diera pelea.

Cuando todo volvió a la normalidad y la absorción de magia se detuvo, el supervisor se acercó temeroso a la zona donde Almiria se encontraba de pie e informó:

-L-La ganadora es…La concursante trescientos veintiséis. C-Con esto concluye la etapa de batallas.

Sin decir una palabra, Almiria volvió junto a su hermana. Mina la miraba un poco molesta.

-No debiste hacerle algo así a un niño. – regañó por lo bajo la castaña notando que las personas a su alrededor miraban a Almiria con genuino miedo.

-Lo siento. Es solo que…el niño tenía bastante poder, sino hacía algo mejor no iba a impresionar a ningún capitán. – se excusó la joven.

Suspiró tratando de menguar su instinto asesino; pero más importante esa parte suya que actuaba con sadismo y que le hacía burbujear la sangre.

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Un rato después, los diferentes participantes fueron llamados por su número a efectos de verificar si eran elegibles o no por los capitanes. Por desgracia, en ese año hubo muy pocos aspirantes elegibles. De lo más de trescientos, apenas y se unieron veinte hasta el momento. La mayor parte de ellos, se habían distribuido entre el Amanecer Dorado, las Rosas Azules, las Águilas Plateadas y los Pavo Real Coral.

En el caso de Yami, ya estaba acostumbrado a no ser elegido; a pesar de que los recibieron como héroes por derrotar a los diablos, su orden aún era vista con prejuicios. Fuegoleon, no se interesó por casi nadie y los pocos por quienes se levantó escogieron la orden de William. A pesar de esto, aún tenía esperanzas en cierta castaña.

Cuando fue el turno de Mina, se acercó para quedar frente a los capitanes. Todos, a excepción de Yami, se pusieron de pie. Almiria no pasó por alto esto.

-Señorita, debe elegir a qué orden unirse. – le explicó el supervisor.

Estaba nerviosa, no sabía cuál era el nombre de las órdenes y ella pues, quería unirse a la del hombre pelirrojo que conoció en el pueblo.

Se acercó al hombre encapuchado y le pidió por favor que le dijera cuál era el nombre de la orden que ese hombre representaba. Un poco extrañado por tal actitud, el supervisor le informó que se trataba de los Leones Carmesí.

-Ammm…escojo a los Leones Carmesí. – habló alto Mina.

Fuegoleon sonrió. Se daba por satisfecho a pesar de solo reclutar a una. Ella valía por varios caballeros.

Desde su posición, Almiria gritaba interiormente. ¡Mina había elegido al tipo que le coqueteaba! No podía ser cierto. Su plan era justamente que no eligiera esa orden y fue lo primero que hizo…Quería darse contra una pared.

Cuando fue su turno el supervisor lo primero que hizo fue decirle los nombres de las órdenes rápidamente. No hacía falta, ella ya sabía con quien se iría. Todos los capitanes se pusieron de pie. Nozel esperaba que eligiera su orden, pero apenas la chica eligió su imperceptible sonrisa se esfumó.

-Elijo a Los Toros Negros. – respondió con seguridad.

Yami sonrió con autosuficiencia. Si algo tenía él, era habilidad para reconocer a los suyos y esa jovencita no era la excepción. Además, era de su conocimiento que el señor Flequillo estaba anormalmente interesado en ella por lo que sería divertido ver cómo respondía éste.

-¡Wow! No puedo crecer que alguien nos escogiera de forma voluntaria. Jaja – comentó Luck al lado de Asta.

Yami simplemente lo golpeó para que se callara y no pisoteara aún más la poca dignidad de su orden. Almiria miró la interacción empezando a sentir arrepentimiento por su decisión. Por lo visto la orden de ese capitán malandro tenía a muchos mini malandritos.

Yami bajó hasta su posición y botando un poco del humo de su cigarro empezó a reír escandalosamente:

-¡Buajaja! Te dije que tú calzabas mejor con mi orden. – se burlaba de la mujer. Aprovechando su altura, colocó su pesado brazo sobre la cabeza femenina causando que Almiria se molestara.

-Ya empiezo a arrepentirme. No sabía la clase de capitán malandro que era usted – le respondió desde su posición.

Esta vez, Yami la tomó de la cabeza y nuevamente la alzó varios centímetros.

-Oye mocosa engreída…

-Vaya, veo que ustedes se llevan bien. – comentó Julius. Utilizando un poco su velocidad se acercó a la pareja que amenazaba con empezar a discutir.

-¡Para nada! – contestaron ambos molestos.

Julius rio con más gana. Esos dos parecían hermanos revoltosos.

-Disculpe señor Rey Mago, ¿aún podría cambiar de orden? – preguntó Almiria pataleando tratando de soltarse del agarre de oso de su, ahora, capitán.

-Me temo que no se puede.

-Buajaja, me temo que ya no podrás librarte de mí.

-Espero que en tu próxima misión te mueras. – exclamó furiosa la mujer cuando al fin se libro del agarre y acomodaba su cabello.

Al fondo, Mina se encontraba al lado de Fuegoleon mirando con pena a su hermana. Al final si se decidió por el capitán malandro, pero bueno, admitía que parecían llevarse bien. Su interacción le recordó las peleas que su hermana tenía con su difunto hermano mayor cuando eran unas niñas.

Al fondo, una energía oscura rodeaba a dos capitanes en particular. Como un acto visto una vez cada mil años, Nozel y Charlotte miraban con desdén a la pareja. Charlotte se sentía celosa al notar cómo Yami parecía llevarse tan bien con la muchacha y actuaba de forma familiar. Nozel por su parte, quería utilizar al extranjero como blanco para sus espadas de plata; no se creía que la joven eligiera a los Toros Negros por sobre su distinguida orden.

-¡Ustedes dos tienen gestos muy divertidos! – se burló Dorothy desde su silla. William y el señor Kaiser disimulaban sus risas al notar el sonrojo en sus compañeros. Era más que obvio que ambos estaban celosos.

-No sabía que tenía interés por la joven, señor Nozel. – comentó discretamente el capitán de las Orcas Moradas.

-No sé de qué habla. – respondió cortante Nozel.

-Bueno, si le da algo de consuelo, no es recomendable cortejar a señoritas de nuestras propias órdenes. – finalizó Kaiser retirándose.

Dorothy solo procesó desde su lugar lo dicho por su compañero. Con interés notó que Nozel miraba enfurruñado a Kaiser, pero distinguió un pequeño sonrojo en su rostro. ¿A Nozel le atraía la nueva recluta de Yami? Eso la hizo sentir incómoda y ella ya estaba incómoda por el compromiso no anunciado de Nozel.

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¡Ayy Dorothy! ¿Será que la capitana siente algo por Nozel?