Por la noche Mina regresó a la base de los Leones Carmesí acompañada de Mereoleona. Sobraba decir lo fatigaba que se encontraba gracias al dichoso entrenamiento al que su superior la sometió y, aunque al final las aguas termales estuvieron deliciosas, a esa hora ya su cuerpo empezaba a sentir los estragos.

Se encaminó hasta la habitación que le había sido asignada con tranquilidad. En el camino se topó con el joven Leopold quien venía acompañado por otro joven, que si mal no recordaba se presentó como el Vice capitán.

-Ah, señorita Mina. – saludó alegremente el Vermillion. – Veo que volvió del entrenamiento con mi hermana.

-Así es. Fue algo inolvidable. – comentó Mina irónica.

-Jajaja. – Leo rio de buena gana. – Bueno, es normal en mi poderosa hermana mayor.

-Señorita, ¿ha cenado ya? – preguntó el varón de cabellos negros.

-Eh, bueno honestamente no. – contestó apenada.

El sonido de su barriga la siguió y en cuanto se dio cuenta, su rostro se volvió completamente rojo por la vergüenza.

-¡En buena hora! Justo me dirigía a acompañar a mi hermano a cenar. Venga conmigo. – habló Leo tomando a Mina de la mano y guiándola hasta el estudio de Fuegoleon.

Caminaron unos minutos a través de los largos pasillos de la orden hasta que al fin dieron con la dichosa oficina. Leo tocó respetuosamente la puerta y, cuando tuvo permiso por parte del mayor, ambos ingresaron.

-Hermano, vinimos a acompañarte a cenar. – anunció Leo con entusiasmo.

Fuegoleon levantó una ceja al reparar en la joven que acompañaba a su hermano.

-H-Hola…- saludó Mina con pena.

-¿Usted nos acompañara, Mina? – preguntó interesado el portador de Salamander.

-¡Así es! Ella acaba de regresar de su entrenamiento con mi hermana, así que no ha cenado. – informó Leo orgulloso.

Necesitaba empezar a poner en marcha su plan. Conocía bien a su hermano; el no se dejaba impresionar simplemente por caras bonitas, no por nada había permanecido soltero hasta ahora y, aunque su trabajo como Capitán de orden le consumía una cantidad significativa de tiempo, ofertas matrimoniales sobraban.

Mina solamente se limitaba a sonreír. Ese muchacho Leo le agradaba muchísimo. Era muy enérgico y desbordaba admiración y respeto por su hermano; honestamente se veía reflejada a sí misma en ese joven.

-Está bien. Ya he terminado, así que vamos al comedor. – respondió Fuegoleon animado.

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Luego de la comida, Noelle insistió en arrastrarla a la tienda de ropa en la cual Nebra y ella comprarían lo que deseaban. Aunque ya no tenía hambre, Almiria estaba cansada por lo que optó por sentarse en un cómodo sillón a que las hermanas hicieran sus cosas. Magna si había logrado escaparse argumentando que a él no le interesaban esas cosas.

Nozel se sentó a su lado. Ninguno habló hasta que la chica rompió el silencio:

-Realmente le agradezco la invitación a comer, su majestad. – agradeció y, aunque usó un calificativo algo burlón, Nozel notó que esta lo miraba con honestidad.

-Fue un gusto. – contestó caballerosamente el ojivioleta.

-¡Almiria mira! – habló Noelle desde su posición mostrándole un pomposo vestido de color blanco. - ¿No te parece bonito?

La pelinegra sonrió incómoda. Como podía notarse sus vestimentas eran bastante diferentes. Ella continuó usando su falda negra, con botas hasta las rodillas de cuero negro y la blusa negra de cuello alto que cubría uno de sus brazos con manga larga; el logo de los Toros Negros lo portaba en su blusa cerca del pecho ya que Vanessa lo colocó ahí.

-Ammm…definitivamente no pasarás desapercibida con eso. – comentó tratando de no dar su evidente opinión sobre el dichoso vestido.

-¿Por qué no te lo pruebas? – sugirió Nebra.

-Ahh…no gracias. – contestó rápidamente. – Digamos que no es de mi estilo.

-¿Tú color favorito es el negro o algo así? – preguntó interesado Nozel.

-¿Y el suyo es el blanco o algo así? – devolvió la pregunta la pelinegra.

La pareja se miraba desafiante. Sin entender muy bien por qué, Almiria sentía que con solo estar en el mismo espacio geográfico que Nozel, explotaba como lava. Algo caliente en su interior se removía y hasta cierto punto sus gustos sádicos salían a relucir.

-Algo así. – contestaron ambos al mismo tiempo que desviaban la mirada.

Nebra ahogaba un grito emocionado al fondo mientras apretaba a Noelle del brazo con fuerza. Si bien no se trataban exactamente con amor y cariño, la ojirosa apostaría todas sus joyas a que había química. ¡Iban a interrumpir ese compromiso, sí señor!

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Matra.

Morris nuevamente se encontraba observando las olas romper contra las rocas. Estaba preocupado ya que, hacía un mes que Almiria partió al Reino del Trébol y desde entonces no ha tenido noticia alguna. No desconfiaba de la pelinegra, pero siempre fue un hombre de poca paciencia.

Una figura masculina ingresó a la habitación.

-Mi señor Morris. – habló un hombre de contextura delgada y alto. Su rostro estaba cubierto por una máscara de color negro.

-¡Ah, mi querido Jask! – exclamó el hombre de cabellos canosos sonriendo complacido al notar a su subordinado. – Me alegra mucho que vinieras tan rápido.

-Estoy para servirlo, mi señor Morris. – respondió obedientemente el portador de la máscara negra.

-Lo sé. Es por eso que te tengo una misión. Quiero que vayas al Trébol y le lleves a Almiria un mensaje de mi parte.

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Reino del Trébol.

Durante el primer mes las cosas marcharon relativamente bien. Mina se centraba en entrenar con Mereoleona mientras Almiria continuaba haciendo las misiones que le asignaban o, en caso de no tenerlas, simplemente descansaba y en su habitación anotaba una que otra cosa que considerara relevante a efectos de enviar un estado de la misión a Lord Morris pronto. Conociéndolo era probable que estuviera desesperado.

En su mesita de noche miró un pequeño calendario. Una fecha en particular le llamaba la atención…El día en que su hermano murió estaba próximo; a tan solo una semana.

Sintió en su pecho una opresión que la empezó a asfixiar. Odiaba ese día, odiaba lo que vino después de ese día y lo que sus padres le hicieron a ella y a su hermana producto de la muerte de su hermano.

La puerta de su habitación sonó sacándole un gran susto. Se incorporó rápidamente tratando de aparentar naturalidad y al abrir notó que no había nadie.

-Aquí abajo. – habló una vocecita.

Charmy estaba junto a su puerta comiendo unos pasteles.

-Hola. – saludó.

-Tenemos una misión. – le informó la pequeña flotando sobre su esponjosa nube y comiendo unos dulces.

Una vez que estuvieron listas ambas partieron. Para sorpresa del Almiria esta vez se dirigían a la parte más fina y rica del Trébol donde habitaban nobles y personas adineradas.

-Disculpe, Charmy, ¿a dónde vamos? – preguntó interesada.

-No lo sé. – contestó simplemente la pequeña mitad enano. – Pero tranquila, mi oveja sabe muy bien por dónde es.

Aquello no la tranquilizaba en lo absoluto, pero curiosamente si lograron llegar. Se trataba de la casa de una familia noble, familiares cercanos de la Casa Silva, por lo que vivían justo al lado de la base de las Águilas Plateadas. Ahí, una empleada las recibió con respeto y las guio hasta un inmenso jardín.

Charmy y Almiria divisaron a un hombre mayor de cabellos plateados sentado junto a una mujer joven de aspecto un poco lúgubre quien cargaba a un pequeño bebé en sus manos.

-¡Vaya, al fin llegan! – exclamó el hombre de bigote. El noble se acercó a ambas y mirándolas de arriba hacia abajo sonrió con autosuficiencia y un deje de desprecio. – Mi nombre es Fausto Silva y esta es mi hija Sarah Silva.

-E-Es un placer. Mi nombre es Almiria y ella es Charmy, somos de Los Toros Negros. Venimos por una ayuda que solicitó. – respondió la pelinegra.

En cuanto notó la clase de ambiente en el que se habían involucrado, Almiria se armó de paciencia para evitar que su temperamento saliera a la luz y causara problemas al capitán malandro.

-Si, lo sé. – el hombre empezó a caminar y las guio hasta un viejo y abandonado granero ubicado al fondo del terreno. – Necesito que derrumben esto. Pero, antes deseo que saquen todos los objetos valiosos que hay para reubicarlos.

Charmy había dejado de comer de la impresión. Ese iba a ser un trabajo muy aburrido.

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En la base de las Águilas Plateadas Nozel recibía a Fuegoleon y a Yami para lo que sería la preparación de un nuevo festival, esta vez en otro poblado y que tendrían que hacer antes del Festival de las Estrellas de la capital.

-Oh, tú eres la hermana de la mocosa esa. – señaló Yami sin tacto al notar que Fuegoleon venía acompañado de Leo y Mina.

-Hola, capitán malandro. – respondió Mina inocentemente.

-Oi, ¿cómo me llamaste? – preguntó molesto el pelinegro tomando a la castaña de la cabeza y levantándola del suelo.

-¡Oiga, suéltela! – intervino Leo furioso. Podría ser un capitán de orden, pero no permitiría que tratara así a la pieza fundamental de su plan.

-Mi hermana me dijo que ese era su nombre. – se defendió Mina agarrando la mano masculina.

-Voy a matar a esa bruja. – comentó el portador de la magia negra.

-Yami ya basta. – regañó Fuegoleon. – Venimos por trabajo.

Acto seguido bajó a la joven de ojos claros y el pelirrojo la colocó a su lado. Yami solo volteó a verlo de forma acusadora sonriendo, algo que el león solo pasó por alto carraspeando.

-Es bastante pronto para que armes escándalos en ordenes ajenas, Yami.

La voz grave de Nozel llamó la atención colectiva. Había salido a recibirlos cuando se encontró con tan particular escena y uno de los criados permanecía a su lado asustado.

-Eh, no sé de qué hablas. – Yami solo le restó importancia al asunto.

Luego de eso el peliplata los invitó a pasar a su estudio para empezar a organizar el dichoso festival; rogaban que esta vez no encontraran ancianas pervertidas ni fueran acosados sexualmente. Desde su posición, Leo y Mina solo observaban el desarrollo de la reunión atentos ya que, Fuegoleon les comentó que ambos participarían en la misión con él y los dos capitanes.

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Casi al atardecer Charmy y Almiria terminaron por fin de sacar todas las piezas del granero. La instalación realmente era muy vieja y estaba en un estado deplorable por lo que fácilmente iban a poder derrumbarla. Incluso debieron entrar con cautela ya que conforme fueron moviendo artefactos restos del techo caían sobre sus cabezas.

-Creo que esto es lo último, Charmy. – informó la pelinegra colocando una estatua en el suelo en forma de águila.

-¡Bien! Ahora, el siguiente paso será derrumbarlo. – comiendo un delicioso cupcake, la pequeña invocó a su gigantesca oveja para agilizar el proceso de derrumbe. Debían alejarse un poco para que los escombros no les cayeran encima. De un momento a otro, el cordero detuvo su puño. - ¿Mmm? Tenemos un problema. – comentó Charmy señalando el techo inestable del granero.

Al seguir la dirección con su mirada, Almiria notó que la hija del hombre estaba subida en el techo cargando al bebé justo en el borde. Abrió los ojos horrorizada, ¿cuándo si quiera subió ahí esa mujer?

-¡S-Señorita! ¡Baje de ahí es peligroso! – gritó desde su posición Almiria.

-¡Déjenme en paz! – gritó la mujer de nombre Sarah mientras se acercaba más y más al borde. Charmy, en un intento de tomar a la mujer, hizo que el cordero hiciera tratara de agarrarla, pero de pronto la joven tomó al bebé – el cual empezaba a llorar estrepitosamente – e hizo ademan de soltarlo. – ¡Si alguien me toca, voy a soltarlo y luego saltaré yo! – vociferó claramente histérica.

-¡Sarah! – grito despavorido Fausto Silva al ver como su hija y su nieto estaban en evidente peligro. – Por amor al cielo, ¡¿Qué haces ahí?! Mi nieto, Sarah… ¿Ustedes que hacen ahí paradas? ¡¿Hagan algo?! ¡Llamen al capitán Nozel!

-S-Señor tranquilícese. – sugirió Almiria alarmada.

Ella podía ser una asesina a sangre fría; eso estaba bien, siempre se caracterizó por su temple imperturbable, pero ella no estaba lista para manejar a una joven al borde del suicidio y a su padre histérico.

-Almiria. – llamó Charmy al notar lo nerviosa que estaba su compañera. – Tranquila. Ve con la hija y yo me quedaré abajo apoyándote.

Acto seguido, deshizo su cordero gigante y sentó al hombre mayor en su característica nube.

La pelinegra entró rápidamente al granero, subió las escaleras y con cuidado se dirigió al techo. Miró preocupada la infraestructura que poco a poco se volvía más inestable, supuso que por el peso que hizo la hija al subir.

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La puerta de su oficina fue tocada con violencia haciendo que las personas dentro detuvieran sus tareas. Cuando Nozel dio permiso para entrar, su hermano Solid apareció alarmado.

-¡Nozel-niisama! ¡Hay problemas! – avisó asustado. – Un criado acaba de llegar de la casa del tío Fausto. Sarah está tratando de…

-¿De qué? – preguntó impaciente el capitán levantándose de su asiento.

-De quitarse la vida con su hijo.

-¡Eso es terrible! – exclamó preocupada Mina llevándose ambas manos a la boca.

-Me dijeron que está con dos caballeros de Los Toros Negros justo ahora. – finalizó el menor mirando a Yami.

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-¡Aléjese de mi! ¡Me lanzaré si no se va! – gritaba desesperada la mujer de cabellos blancos mientras sostenía con más fuerza al bebé cuyo llanto solo iba en aumento.

-Señora por favor, míreme. – rogaba Almiria tratando de acercarse; sin embargo, con cada paso que daba el techo hacía sonidos cada ves más fuertes. – No tiene que hacer esto. Venga conmigo.

-¡No! ¡No lo haré! – se negó caminando más hacia el borde para pánico de la pelinegra.

Desde su posición, Almiria presenció la llegada de su hermana, un jovencito de cabellos rojos, el capitán Fuegoleon, el capitán Nozel y el capitán Yami. Los presentes miraron con preocupación la escena e incluso cuando hicieron amago de subir para ayudar en la situación, nuevamente la mujer amenazó con lanzar al bebé mientras tomaba un trozo de lata y lo acercaba a su cuello.

-¡Cielo santo! – exclamó genuinamente preocupada Mina al ver que aquello era más difícil de lo que creyeron.

-¡Señora! – llamaba desde su posición Almiria. Nunca fue muy creyente de los dioses gracias a su dura infancia, pero justo ahora empezaba a rezar porque esa mujer no se matara y se llevara al niño con ella. Aquella escena solo la hacía recordar una y otra vez a su madre. - ¡Señora por favor! Suelte eso.

-¡No! – gritó mientras exhalaba bruscamente. – Usted no lo entiende…¡Nadie lo entiende! Lo que estoy pasando…Lo que estoy sufriendo…Desde que él se fue nada tiene sentido ahora…- finalizó aumentando su llanto.

Desde su posición Nozel analizó la situación rápidamente. Ahora que recordaba su prima Sarah se había casado hacía unos años con un hombre del cual se había enamorado profundamente. Su marido fue un hombre ejemplar y muy dedicado a su esposa, especialmente cuando recibieron la noticia de que serían padres. Sin embargo, luego del parto se descubrió que el hombre tenía una enfermedad incurable que le causó la muerte unos meses después. Desde entonces, supo que la condición de su prima desmejoró y, aunque su tío hacía hasta lo imposible por ella, por lo visto su depresión era profunda.

-E-Entonces hable conmigo. – sugirió Almiria. – Venga conmigo, yo la escucharé y la ayudaré. ¿Si? Cuidado con el bebé.

Desde su posición Mina temblaba por el pánico, a lo que Fuegoleon solo atinó a colocar una mano en su hombro para tratar de transmitirle algo de tranquilidad.

-Solo lo hará porque es su obligación. – respondió dolorosamente la joven. – No le importo a nadie…Usted no entiende lo que es perder a un ser querido.

Cuando la mujer dijo esto último, el corazón de las hermanas se apretujó. Esa fecha…esa fecha donde ellas lo perdieron…

-Si lo sé. – respondió con sinceridad Almiria. Mina solo bajó la cabeza tratando de contener sus inminentes lágrimas. Cuando obtuvo la atención de la joven madre, sonrió con tristeza. – Cuando…Cuando yo era niña, me gustaba mucho el mar. – relató la pelinegra tratando de acercarse. – Adoraba encontrar perlas para mi madre. El día antes de cumpleaños de su cumpleaños yo, le pedí a mi hermano que me llevara al mar. Él se negó, me dijo que pronto habría una tormenta y que era peligroso. – Desde su posición Yami escuchaba el relato empezando a sentir su corazón latir con fuerza. – Pero yo insistí e insistí hasta que él aceptó. Fuimos al mar en un pequeño bote y…sin darnos cuenta una ola enorme volcó el bote. L-La tormenta nos atrapó y…- suspiró tratando de controlar sus lágrimas. – Mi hermano murió tratando de salvar mi vida. Fue mi culpa…

Luego de unos minutos de silencio, en los cuales trató de recuperar su compostura; minutos en los cuales Mina lloraba en silencio y Nozel solo la miraba con seriedad, la mujer de cabellos blancos habló por fin:

-Si fue tu culpa…¿Cómo haces para cargar con eso? – preguntó.

-Tengo otra hermana y, ella era muy pequeña. Mi hermano la adoraba y…Me necesitaba, así que no me quedó otra opción. Sin embargo, no hay día en que no recuerde a mi hermano y le pida perdón por lo que pasó. – esta vez una lágrima traicionera la delató. – Venga conmigo, ese bebé la necesita, señora.

Respiró con dificultad. No había sido fácil, nada de eso había sido fácil.

Un gemido ahogado delató como la castaña trataba de aguantar su llanto sin éxito. Así que no mentía.

-I-Iré contigo. – habló por fin Sarah estirando su brazo con cautela.

El resto solo suspiró aliviado. Pero antes de cantar victoria, el granero empezó a moverse cediendo no solo al peso de las mujeres sino a la gravedad. Sintiendo la vibración en sus pies, Almiria tomó a la mujer y antes de que todo se derrumbara la lanzó confiando en que alguien la atraparía.

Nozel respondió velozmente y con su magia atrapó a su prima y a su hijo, pero cuando intentó alcanzar a la pelinegra esta solo se hundió junto con la estructura.

-¡Yami! ¡Fuegoleon! – gritó desde su posición Nozel lanzándoles a Sarah y a su bebé para que ambos la atraparan.

El por su parte saltó dentro del edificio en derrumbe y cuando divisó a la pelinegra sostenida de una viga que estaba pronta a ceder la envolvió con su magia y la atrajo hacia sí mismo creando una esfera de mercurio antes de sentir todo el peso del granero encima.

-¡Almiria! – gritó asustada desde afuera Mina. El granero les había caído encima; fue un gran estruendo. Trató de acercarse, pero la mano de Charmy la detuvo.

-Es peligroso! – advirtió la pequeña.

Yami y Fuegoleon, luego de poner a salvo tanto al bebé como a la mujer, corrieron hacia la gigantesca montaña de escombros. Invocando a Salamander, el capitán retiró la mayor parte de los escombros de gran tamaño. Cuando por fin dieron con la bola de mercurio y Nozel sintió el peso alivianarse por completo deshizo el hechizo dejando ver como había colocado su cuerpo para proteger a la chica, que estaba un poco lastimada del golpe.

Yami los ayudó a incorporarse y a volver a la zona segura. Cuando tomó la mano de su subordinada la miró con detenimiento.

-¿Pasa algo, capitán? – preguntó Almiria al sentir la mirada penetrante de su superior.

-Bien hecho. – respondió Yami después de unos segundos mientras le acariciaba la cabeza con suavidad.

La pelinegra se quedó sin palabras. La última vez que sintió un tacto así fue con su hermano.

Un cuerpo que se pegó con fuerza al suyo la distrajo. Mina había corrido rápidamente y, junto con Charmy se lanzaron encima de Almiria. La castaña lloraba hundiendo su rostro en el pecho de su hermana mientras que la pequeña pelinegra solo le acercaba pastelillos alegando que iban a hacerla sentir mejor.

-No fue tu culpa. – le susurró la castaña. Almiria solo le devolvió el abrazo con más fuerza.

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Cuando las cosas se calmaron un poco, tanto el señor Fausto como su hija se disculparon con todos por las molestias causadas. Charmy se encargó de regalarles miles de pasteles mientras ella solo sonrió. Incluso la pequeña pelinegra, en agradecimiento por salvar a su compañera, le entregó al capitán Nozel una tarta de moras que aceptó algo extrañado.

-Bien, será mejor que ustedes dos vuelvan a la base. – ordenó Yami al notar que ambas estaban polvorientas y, en el caso de Almiria con rasguños en su brazo descubierto y cuello.

-¡Si! – respondió alegre Charmy de poder volver y disfrutar de un bien merecido banquete.

-Iré a visitarte mañana. – comentó Mina mientras tomaba a su hermana de las manos.

-Estoy bien, de verdad. – respondió tratando de calmar las alarmas de Mina.

-Permítame felicitarla, señorita, eso fue un acto heroico. – habló Leo sonriendo.

Honestamente ser el centro de atención le incomodaba bastante. Antes de retirarse se acercó a Nozel aprovechando que el resto se encontraba verificando el estado de la señora Sarah Silva. Luego de unos segundos, habló:

-Sabe, no necesitaba que me salvara. – respondió tratando de sonar amable.

-Supongo que eso significa "gracias". – respondió el peliblanco levantando una ceja, burlón.

A cambio recibió la molesta mirada oliva.

-Como sea…Gracias. – respondió altiva. – Por cierto, no me gusta deber favores.

-No le ayudé con la intención de obtener un favor de su parte. – respondió de inmediato el peligris sintiéndose ofendido. Él, un hombre que fue criado por su madre para ser un caballero, un líder, cómo osaba a decirle algo así cuando cumplía con su deber.

-Pero lo hizo. Así que piense en qué quiere a cambio y me lo informa. – respondió Almiria. Cuando empezó a caminar, el capitán la tomó del brazo y la detuvo.

-Muy bien. Ya lo decidí. La próxima semana es el Festival de las Estrellas, asista conmigo después de que se anuncien los resultados de las Órdenes.

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Bueno, hasta aquí el capítulo. Estoy emocionada porque cada vez hay más leyendo el fic, lo que me motiva mucho.

A partir de aquí se vienen unos capítulos muy buenos y divertidos con un toque picante, así que no se los pierdan.