Matra 15 años atrás.

La costa pesquera de Matra era un lugar humilde, pero a pesar de las carencias con las que vivían sus habitantes, en el lugar se respiraba un ambiente de familiaridad. Un pescador vivía con su esposa, su hijo mayor de catorce años y, sus dos hijas menores, una de nueve años y otra de seis. Su vida era muy pacífica y se dedicaban a la pesca.

Mientras su esposa e hijas se encargaban de las labores domésticas, él por su parte se esmeró en transmitirle sus conocimientos a su hijo mayor. Sin embargo, a pesar de la aparente familia feliz que pretendían ser, las cosas dentro de las paredes de la humilde vivienda eran totalmente distintas.

-¡Te dije que debías limpiar esto, mujer! – gritó el padre. Un hombre pelinegro y musculoso lanzaba un tazón de vidrio contra la pared haciendo que este se rompiera en mil pedazos.

Al fondo, los tres niños permanecían quietos, asustados por el violento reaccionar de su padre al encontrar un microscópico rastro de suciedad. El hijo mayor, de cabellos negros y ojos oliva oscuro se mantenía frente a sus hermanas protegiéndolas.

-¡Lavaría las cosas si tuviera con qué! -gritó su madre igualmente. – En esta pocilga donde nos has hecho vivir no tenemos nada. Y lo peor de todo es que no has pescado lo suficiente.

Mientras la discusión se desarrollaba, una niña de cabellos negros tomaba a su hermano de la camisa de tirantes para llamar su atención.

-S-Sami…No queremos estar aquí. – suplicó llorosa.

El adolescente tomó a ambas niñas y las llevó a la playa con el fin de evitar en la medida de lo posible escuchar las groserías que sus padres se dirían entre ellos.

-No me gusta que mamá y papá pelean, Sami. – habló la pequeña castaña de seis años mientras se sentaba sobre los regazos de su hermano mayor.

-Lo sé, Mina. A mi tampoco. Pero no te preocupes, sabes que se les pasará pronto. – trató de tranquilizar el niño.

Almiria desde su posición miraba a su hermano con preocupación. Puede que lograse engañar a Mina por ser tan pequeña aún, pero ella sabía perfectamente que no acabaría nunca esa situación.

-¿Crees que algún día dejen de pelear? – preguntó inocentemente la pequeña castaña con ojitos brillosos.

-No lo sé, pero, les prometo una cosa. – habló el pelinegro abrazando a ambas niñas. – Si esto no se detiene para el cumpleaños de mamá, escaparemos. Las llevaré muy lejos donde los tres estemos bien.

-¡Pero nos extrañarán! – replicó Mina a las ocurrencias de su hermano mayor.

-Mina. – habló Almiria con tono molesto. – No lo harán. Ellos definitivamente no nos extrañarán.

A pesar de que tanto ella como Mina trabajaban sin cesar en casa, su madre apenas si les dirigía la palabra. Era como si las niñas no existieran; caso contrario ocurría con su hermano mayor. Con él su madre se volvía un amor, lo trataba con dulzura y siempre procuraba que estuviera atendido.

-"Eso es porque su hermano si sirve para algo, no como ustedes"

Le había respondido una vez. Mina había enfermado de un fuerte resfriado, pero su madre se negó a cuidarla teniendo ella ocuparse de los cuidados de su hermanita menor sin saber muy bien qué hacer.

-"Solo lo necesitamos a él para ser felices".

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Base de los Leones Carmesí.

Mina se levantó sobresaltada. Tuvo de nuevo ese sueño…

-Supongo que, esa fecha nos afecta demasiado. – murmuró llevándose ambas manos a su rostro.

Los recuerdos sobre su vida anterior siempre la atormentaban, y eso que ella estaba consciente de que, al ser la menor, no se llevó la peor parte como su hermano y hermana mayores. Desde pequeña ambos siempre la protegieron e incluso cuando Sami murió Almiria no dudó en llevársela lejos luego de los terribles sucesos cometidos por su madre y su padre para con ella y su hermana.

Suspiró con pesadez, ahora que estaban en el Trébol no podrían llevarle perlas a la tumba de su hermano como siempre hicieron desde hacía quince años.

-¡Mina! –

Desde el otro lado de la puerta Leo tocó la puerta informándole que pronto debían partir a la misión del festival con su hermano.

Cuando estuvo lista, corrió hasta la entrada de la base y respirando con dificultad alcanzó a Leo y Fuegoleon quien ya había invocado a Salamander.

-¡L-Lamento mucho la demora! – se disculpó agitada, más en ningún momento hizo contacto visual con ninguno de los dos.

La actitud no pasó desapercibida por Fuegoleon, quien sí notó las tenues ojeras en los ojos claros. Había una situación que tenía a Mina estresada y él averiguaría qué era.

Minutos después, mientras estaba en el aire, fueron alcanzados por Nozel que venía en su águila y Yami en su escoba.

-Así que te trajeron, eh mocosa. – comentó Yami en tono jocoso lanzando una clara indirecta al capitán pelirrojo.

-Mina es un miembro de Los Leones Carmesí, es obvio que vendría. – replicó Leo defendiendo a su compañera.

-No caigas en provocaciones, Leo. – respondió Fuegoleon desde su posición con tranquilidad.

-Este…¿capitán malandro? – llamó dudosa Mina.

-Yami, mi nombre es Yami. – respondió el pelinegro fastidiado.

En cuanto escuchó el nombre, Mina frunció el ceño. ¿Yami? Ese nombre se le hacía familiar, pero no recordaba bien dónde lo había escuchado.

-Lo siento. Capitán Yami – corrigió. No debía perder el tiempo en tonterías como un nombre que se le hacía familiar, debía ir al grano. – De casualidad, ¿sabe usted como se encuentra Almiria? – preguntó preocupada.

Nozel al escuchar el nombre de la pelinegra, desvió su mirada con interés.

-¿Eh? Está como una fiera. Insoportable. Parece estar de mal humor o yo que sé. Además, ha estado bebiendo con Vanessa. – informó el capitán. - ¿Tú sabes algo?

-N-No…- negó nerviosa Mina. – Debe ser que está estresada. Cuando algo le genera estrés suele beber…muchísimo. – reveló algo apenada.

¿Estrés? Se preguntó a sí mismo Nozel. ¿Por qué habría de estar estresada esa mujer? La situación con su prima se solucionó después de todo. Y dudaba que fuera por la cita que le pidió para el festival. En cuanto culminara su misión iría a verla, definitivamente lo haría.

-Entonces ve a relajarla. – pidió Yami. – A menos que necesite otra clase de "relajación", en cuyo caso tendría que conseguirse un tipo para que le ayude…

Yami no terminó su oración debido a que tuvo que esquivar las espadas de platas dirigidas a su persona por cierto Brillitos que lo miraba furioso desde su posición.

-Deja de hablar estupideces, extranjero. – habló fríamente Nozel queriendo asesinar a Yami por su imprudencia.

-No entiendo a qué se refiere, pero creo que conmigo bastará. – respondió con seguridad Mina.

Desde su posición Fuegoleon sonrió por la inocencia e ingenuidad de la jovencita.

Una hora más tarde, llegaron al pueblo. Era más grande que el anterior, por lo que más personas buscaban la manera de levantar puestos de diversa índole. Se habían repartido las tareas de la siguiente forma: Yami ayudaba en los puestos de comida, Nozel en los que tenían que ver con atracciones y finalmente, el trío de los Leones Carmesí se encargó de todo lo que tenía que ver con floristería.

Mientras desempeñaban sus respectivas labores, el mayor de los Vermillion notó que, si bien Mina sonreía amablemente al entregar los ramos, había tristeza en su mirada e incluso solo se limitaba a decir "gracias por su compra". Un poco preocupado por el estado anímico de la joven de cabellos castaños; le pidió a su hermano que se encargara mientras él platicaba con la joven.

-¿Le sucede algo? – preguntó directo, pero manteniendo el respeto. – He notado que está distraída, Mina.

La chica de ojos claros se puso nerviosa.

-Lo siento mucho. – se disculpó apenada. – Le ruego me disculpe, trataré de concentrarme aún más.

-Si hay algo que la molesta, con total confianza puede hablarlo conmigo si lo desea. Le doy mi palabra de que guardaré la mayor discreción. – informó ablandando la mirada azul.

Después de dudarlo por unos segundos, Mina suspiró y tomó la palabra. Al hablar su rostro reflejaba profunda tristeza.

-Es que…La próxima semana es el aniversario de la muerte de mi hermano mayor. – reveló – Eso es lo que tiene a mi hermana tan estresada y bueno, a mi también me pone un poco mal. Este año será más difícil porque no podremos estar. Cada año le llevamos perlas.

-¿No irán porque están en el Trébol? – preguntó interesado Fuegoleon. Ahora que recordaba, ellas eran extranjeras.

-Así es. ¡P-Pero no se confunda! No es que estemos arrepentidas de venir ni de ser caballeros. – habló rápidamente Mina; no quería causar malentendidos.

-Lamento mucho su pérdida. Cuando un ser amado muere es muy difícil de asimilar. – dijo Fuegoleon colocando su mano en el hombro femenino tratando de confortar a la muchacha. – Sin embargo, la vida continúa y siempre debemos estar preparados para el presente; el pasado ya no nos necesita.

Al recibir el gesto amable de su superior, Mina acarició suavemente la mano masculina aún en su hombro y con un pequeño sonrojo, sonrió:

-Muchas gracias, Capitán. – agradeció apretando un poco la mano.

Fuegoleon sintió su pecho calentarse y, recordándose a sí mismo que ella ahora era su subordinada, se incorporó tratando de que la situación no se prestara para malos entendidos.

Cerca de donde la pareja hablaba, Nozel escuchaba atento. Omitió mentalmente las palabras de su compañero porque a él lo tenía sin cuidado si Fuegoleon coqueteaba o no con su subordinada, pero a lo que sí prestó atención era a la causa del aparente estrés en la pelinegra.

-Perlas, eh…- habló en voz baja volviendo a su puesto a reanudar su trabajo. Entre más rápido terminara, antes volvería.

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Después de tres días en el pueblo, al fin empezaban a prepararse para volver a la capital. Yami, esta vez optó por irse con el señor Brillitos para evitar gastar tanta magia en lo que sería un viaje de un día entero. En el caso de los Leones, tanto Leo como Mina tenían en sus manos unos bouquet de arreglos florales que habían sobrado.

Mina había elegido uno que tenía lirios rosas acompañados de lilas; argumentó que esas eran las flores favoritas de su hermana y que le sorprendía encontrarlos ahí también. Ella se iría con Yami a efectos de visitar la base de los Toros Negros.

Base de los Toros Negros.

Cuando Yami ingresó acompañado de la otra mocosa, el escenario de siempre los recibió. Luck y Magna peleando y destruyendo la base, Charmy comiendo con Asta y Noelle, Vanessa acostada en el sillón tomando, etc…

-¡Vaya! ¡Bienvenido capitán Yami! – saludó Vanessa levantándose. Mina notó la sugerente ropa interior que tenía la joven de cabello rosa oscuro y desvió la mirada sonrojada. – Veo que viene acompañado…

-H-Hola…- saludó tímidamente la castaña.

-Hola señorita. – saludó galantemente Finral mientras hacía poses para impresionar a Mina.

-Oi, ¿dónde está Almiria? Viene a visitarla. – informó Yami.

-Está en su habitación. – respondió Noelle. – Puedo llevarla. – se ofreció la menor de los Silva.

Caminaron por los impredecibles pasillos de la base. Noelle detallaba curiosa a la hermana de Almiria. Aunque tenían cierto aire de similitud, a su vez eran muy distintas. Mina – según se presentó – era un poco más pequeña, de su altura quizá, su cabello era ondulado – el de Almiria era muy negro y liso – y de color café castaño. También sus ojos eran distintos, de un tono casi grisáceo, mientras que los de Almiria eran de un verde olivo claro.

-Esta es su habitación. – señaló Noelle

-¡Muchas gracias, señorita! – agradeció. Acto seguido tocó la puerta e ingresó.

Miró la habitación impresionada por lo bonita pero modesta que era. Se parecía a su antigua casa.

-Mina, ¿qué haces aquí? – preguntó Almiria levantándose de su cama.

-Acabo de regresar de una misión y quería verte. Te traje esto. – dijo extendiéndole el ramo.

Almiria sonrió.

-Son mis favoritas. – comentó mientras olía el delicioso aroma.

-Supe que has estado tomando. – Mina cambió rápidamente de tema mientras se sentaba en la cama.

La pelinegra se detuvo, pero de inmediato volvió a su acción de colocar las flores en un jarrón viejo con agua.

-Ese capitán es un chismoso. – se quejó.

-No hagas cosas imprudentes, por favor. – pidió Mina preocupada.

-Mina, solo fueron en dos ocasiones. Y ni siquiera me embriagué. Vanessa sí que tomó, yo solo quería sentirme relajada. – justificó la pelinegra colocando las flores cerca de la ventana.

-Está bien…Por cierto…Supe que tu capitán se llama Yami.

-Si, ¿qué hay con eso?

-Es solo que…tengo la ligera sensación de que tuvimos un conocido con ese nombre. ¿No recuerdas a alguien con ese nombre? – preguntó interesada.

Almiria detuvo sus manos por un momento. Pensaba que su hermana no había presenciado esa conversación, y creyó que por lo pequeña que era lo olvidaría fácilmente. Se equivocó.

-No, no recuerdo a nadie con ese nombre. – mintió.

-¿Estás segura? – reiteró no muy convencida. Ella era consiente de que su hermana solía ocultarle cosas con tal de protegerla.

-Si, si. Además, es común que los nombres se repitan. Hay mucha gente en el mundo. De seguro lo asociaste con el de nuestro hermano, Sami. Se parecen, ¿no crees?

-S-Si…creo que tienes razón.

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¡Habemus actualización! Espero que disfruten mucho el capítulo y que vayan uniendo las piezas clave en esta historia.