El Festival de las Estrellas…Una de las actividades más esperadas por los ciudadanos del Trébol, pero también por las órdenes de Caballería, puesto que se anunciaba cuál de ellas se coronaría como la mejor.
Ahora bien, aquella actividad era tan importante, Almiria no entendía el motivo por el cuál ella estaba de pie mirando como el Capitán Yami discutía con un tipo que se parecía bastante a Jask. Ambos peleaban por cuál puesto era mejor, o en su defecto, cuál era el peor. Ella por su parte solo se sentó cerca del mostrador mirando atenta el espectáculo tan deprimente que ambos hombres – supuestas figuras públicas – estaban realizando.
-¡Deja de traer esa porquería del mar! Ka ka, esta vez voy a ganarte con mi fabuloso guiso. – habló Jack mientras abanicaba una enorme olla humeante.
Mientras discutían, Almiria sintió la presencia de unas personas y al voltear se topó con un niño al que identificó como el Rey Mago acompañado por el resto de Capitanes. Notó que Nozel vestía muy bien presentado por lo que agradeció al cielo el haber optado por arreglarse lo mejor que pudo también. Ambos se miraron de reojo para rápidamente desviar la mirada.
-Buenas noches, señorita. Veo que Yami y Jack están muy emocionados, ¿qué hacen? – preguntó Julius al notar que su presencia fue ignorada por sus dos subordinados.
-Sin temor a equivocarme…Yo diría que perdiendo la poca dignidad que les queda. – respondió Almiria fríamente.
Nozel sonrió disimuladamente.
-Oi, te escuché mocosa. – se quejó Yami mientras la tomaba por la cabeza con fuerza. Almiria solo lo miró mal, odiaba que hiciera eso.
-Yami, Jack…- intervino Vangeance – Recuerden que esta vez todos los capitanes debemos estar presentes al anunciar los resultados.
- Oh, cierto, lo olvidé. – respondieron ambos capitanes.
-Bien mocosa, te encargo el puesto. ¡Debes superar tus límites y no permitir que este te gane! – habló Yami mientras golpeaba el hombro femenino en reiteradas ocasiones. Almiria por su parte solo lo miraba incrédula y rezando al cielo por paciencia porque ella definitivamente no había ido a ese lugar para estar haciendo semejante estupidez.
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Mina caminaba por el festival al lado de Mereoleona. Notó con detenimiento como las personas se abrían paso al notar a la feroz hermana mayor de los Vermillion, aunque en realidad solo estaban buscando un lugar donde poder escuchar los resultados.
Durante los últimos días había estado entrenando con la pelirroja al no tener misiones que cumplir; esto la mantuvo algo lejos de su hermana, pero a cambio pasó mucho tiempo con los tres hermanos, especialmente con el Capitán Fuegoleon. Desde la ocasión en que él fue amable con ella no podía evitar sentirse nerviosa cuando estaba a su lado y, el capitán era muy atento y amable con ella, lo cual no ayudaba a su nerviosismo.
-¡Bien! Creo que de aquí podremos escuchar a la perfección los resultados. – anunció Mereoleona sentándose en un puesto con vista al balcón donde los capitanes se encontraban sentados.
Mina miró rápidamente al pelirrojo quien solo le devolvió una sonrisa amable, a lo que ella desvió la mirada volteándose. Este acto no pasó desapercibido por Fuegoleon quien se puso serio de inmediato.
El sonido de la música se detuvo en cuanto Julius se puso de pie y se acercó para quedar frente a toda la multitud. Cuando tuvo la atención de la mayoría de personas empezó con su monologo:
-¡Habitantes del Trébol! Me siento feliz y honrado de contar con su presencia en el festival esta noche. Imagino que deben estar ansiosos por los resultados, sin embargo, quiero aclarar que dados los sucesos ocurridos todas las órdenes hicieron un trabajo excepcional, por lo que en esta ocasión anunciaré una sorpresa: El primer lugar es para…¡Los Toros Negros! Su labor sobresaliente en la lucha contra los demonios nos permitió el triunfo, por lo que este año se posiciona como la mejor orden de caballería – soltó el rubio causando gran revuelo. Los miembros de la orden de Yami gritaban emocionados desde su posición. Al fin sus obras estaban siendo reconocidas por terceros, ya no más humillaciones.
Almiria se había acercado por solicitud de Noelle, pero sabía que en ninguno de esos logros estuvo presente y, tomando en cuenta lo que haría después, se sentía indigna de compartir esa alegría así que se apartó un poco y aplaudió desde lejos.
-Por su parte…- continuó Julius – Teniendo en cuenta que las demás órdenes jugaron un papel muy importante también, y nuestros capitanes aún más, todas compartirán el segundo lugar. - El sentir de los Capitanes esta vez era a favor de la decisión de Julius. A pesar de participaren la lucha, fue gracias a Los Toros Negros que lograron la victoria, por lo que aquello era algo más que merecido. – Sin más que agregar, ciudadanos, caballeros, capitanes, ¡disfruten del festival!
Los aplausos y vítores no se hicieron esperar por las personas presentes.
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Luego de escuchar los resultados Almiria volvió al odioso puesto. Se sentía de muy mal humor, no solo porque una parte de ella sintió una punzada en su corazón al ser testigo de la unidad en la orden de Los Toros Negros – y ella pronto sería una traidora – sino también porque no había logrado vender muchos calamares; tenía hambre y Yami no aparecía por ningún lado desde hace como treinta minutos.
Su aura maligna era tal que las personas se alejaban del pueblo, sin embargo…
-D-Disculpe…señorita…- un tipo regordete acompañado por un grupo de aproximadamente treinta varones más se acercó a ella con timidez.
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-¡Muchas felicidades a todos! – habló Mina con gentileza y respeto a los capitanes que se habían acercado a Mereoleona.
-¿Viste mocosa? Debiste unirte a mi orden. – se jactó Yami
-¡Ja! Eso fue solo un golpe de suerte, no creas que voy a permitir que los Leones Carmesí vuelvan a quedar en un segundo lugar. – respondió Mereoleona con su puño de fuego al aire.
-Así es Yami, esa felicidad te durará poco. – respondió Jack.
-Yo me siento muy satisfecho con todas las órdenes. Incluso me gustaría recompensarlos mejor. – intervino Julius pensativo.
-No es necesario, señor Julius. – habló Nozel con seriedad.
A pesar de ser un hombre de naturaleza callada, se encontraba aún más silencioso por el estrés que sentía al no poder irse a buscar a Almiria. Aunque ese festival duraba casi toda la noche, su idea no era hacer a la joven trasnochar ni mucho menos sería algo que a él le gustara para sí mismo.
-D-Disculpe, Capitán Yami…- Intervino Mina algo apenada - ¿De casualidad ha visto a mi hermana? No la he logrado ubicar…
-Oh, cierto, me olvidé de ella.
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Indescriptible. Esa era la palabra que mejor describía la situación que el grupo de capitanes y Mina presenciaban en esos momentos. Almiria, su hermana, estaba sentada en una silla mientras pisoteaba a un joven delgado en el suelo y le decía palabras hirientes mientras les dedicaba una mirada altanera. Cuando terminaba, el chico le dio una generosa cantidad de dinero, tomó un calamar asado y se retiró sonriendo.
Mina sintió su rostro arder por la vergüenza. Olvidaba que Almiria tenía tendencias particulares.
-¿Se puede saber qué haces?
-Negocios. – respondió sin más Almiria. Estaba tan concentrada en complacer a esos cerdos que no reparó en sus observadores ni en la tétrica voz de Yami. Fue hasta que sintió una espada dirigirse hacia el chico que volteó la mirada. Al notar a sus visitantes palideció y se levantó de inmediato.
-Me gustaría saber qué clase de negocios hacías. – preguntó Julius notando la fila de hombres listos para ser pisoteados.
-Ammm…pues…- no hallaba ni qué responder. Esperaba terminar antes de que Yami llegara.
-¡P-Por favor no la regañen! – el hombre regordete que se le había acercado al inicio intervino en su defensa. – V-Verán…S-Se que esto no es aceptado por muchos, pero…
-¡Somos masoquistas! – gritó otro.
-Amamos ser tratados como basura. Y-Y la señorita aquí, es la perfecta dominatriz para nosotros. – reveló otro.
Almiria solo desvió su rostro pasando su mano ante la situación tan bochornosa en la que se encontraba. Sin mencionar que tres miradas la estaban taladrando (Mina, Yami y Nozel), y los comentarios de esos idiotas no la ayudaban para nada.
-Cierren la boca. – ordenó sonrojada por la vergüenza. – En mi defensa quiero decir, que ellos me lo pidieron y, solo estaba haciendo una transacción económica. Yo les daba lo que querían y ellos compraban lo que estaba vendiendo. Es un ganar-ganar.
-Ya veo. – respondió Julius con tranquilidad. – Caballeros, me temo que deben retirarse, esta actividad será detenida.
Mientras las personas se retiraban desilusionadas, Mina aprovechó para acercarse a su hermana:
-¿Qué rayos estabas haciendo?
-Negocios. – respondió Almiria cansada.
-¿Los estafaste? - preguntó Mina visiblemente molesta.
-No. Solo vendí el producto a un precio más elevado y les di lo que querían a cambio.
-Los estafaste. – reafirmó la castaña colocando ambas manos en sus caderas.
-Estafar es un término muy relativo. Cuando los ricos se aprovechan de los impuestos de los pobres se les llama "responsabilidad tributaria", pero si un pobre hace lo mismo es robo y estafa. – respondió la pelinegra dejando a todos con la palabra en la boca.
La subordinada de Yami tenía razón.
-Oi, ¿cuánto dinero hiciste? – preguntó Yami acercándose. Almiria sonrió y sacó de una bolsa dos enormes fajos de dinero.
-Quintupliqué las ganancias. – respondió orgullosa.
-¡¿Qué?! Imposible. – respondió Jack exaltado. Era imposible que perdiera ante una mocosa.
-Eso es mucho dinero. – habló Julius acercándose. Esa jovencita tenía habilidad para los negocios.
-Lo que ella hizo no está bien. – intervino Mina algo molesta.
-Te daré la mitad de mi parte. – respondió Almiria. Mina se sonrojó y terminó por aceptar.
Fuegoleon levantó una ceja, incrédulo. Desconocía ese lado avaricioso en la señorita Mina, pero curiosamente le causó gracias ser testigo de su choque moral, del cual la avaricia salió victorioso.
-Espera, espera…Yo pesqué todo lo que vendiste. – alegó Yami al notar que la chica no planeaba darle nada.
-Y aquí está su parte Capitán. – respondió la pelinegra dándole un fajo considerablemente más pequeño. – Naturalmente me dejaré la mayoría ya que de aquí me pago: el tiempo que perdí aquí; el tener que tolerar a esos bastardos, y por supuesto, una comisión por mi presencia en este lugar. Ahora si me disculpan, tengo hambre y quiero irme de aquí.
Almiria se retiró dejando a los capitanes atrás. Había sido mucho para ella, quería volver a la base cuanto antes.
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Nozel esperaba paciente oculto en un callejón. Cuando observó a la pelinegra irse se disculpó y la siguió disimuladamente. Aún tenían su cita pendiente y, el hecho de haberla visto en tales circunstancias le generaró una ola de celos e instintos asesinos en contra de todos esos plebeyos.
Cuando notó una cabellera negra conocida por él, la tomó por el brazo y la arrastró al callejón. Almiria contuvo sus instintos asesinos al reparar en que se trataba del peliplata.
-Vaya forma de llamar la atención. – habló Nozel.
-¿En serio? – respondió incrédula. – Oh, espere…no me diga que usted también quiere que lo maltrate, capitán. – preguntó Almiria burlona mientras quedaba a escasos centímetros del rostro masculino.
Nozel carraspeó y la tomó con delicadeza de los hombros para alejarla. Tenía que controlarse, él no iba a caer tan fácil en coqueteos porque la chica la interesaba seriamente, no la quería para una noche simplemente.
-Dijiste que tenías hambre, vamos a buscar algo de comer.
Almiria sonrió con picardía mientras lo miraba salir del callejón. Entendió que no le era indiferente al Capitán de las Águilas Plateadas. Quién sabe, tal vez podría usarlo para su beneficio.
