Mina caminaba con pesar por el festival. Después de la situación tan bochornosa en la que encontró a su hermana y a esos tipos de gustos raros la perdió por completo. La señora Mereoleona se fue por su lado sin siquiera percatarse y el resto de capitanes también desapareció; es por esto que supuso que lo mejor era volver a la base, Bob la necesitaba después de todo. Afortunadamente el enorme tigre fue muy bien recibido por los Leones Carmesí, e incluso disfrutaba de los mimos de la orden entera.
Mientras caminaba se percató de que, en lo que parecía ser un puesto musical, había dos guitarras muy hermosas. Se acercó emocionada y curiosa por los instrumentos ya que eran bellísimos. Con motivo del viaje, tanto ella como Almiria dejaron las suyas en casa.
-Bella jovencita, ¿acaso le interesan las guitarras? Son de excelente calidad; importadas, de hecho. – la voz del vendedor la trajo de vuelta a la realidad.
-¿Eh? N-No es eso…Yo solo miraba…- respondió apenada. Otra de las cosas que relucían en la vitrina eran los elevados precios. De acuerdo a sus cálculos debía, al menos, utilizar cuatro de sus salarios completos para poder pagarlas.
-Pagaré por ambas; y empáquelas adecuadamente para la señorita.
Una voz masculina llamó la atención de ambas personas. Desde su posición Fuegoleon sonreía amablemente mientras sacaba dinero para pagar ambos instrumentos.
-¡C-Capitán Fuegoleon!¡N-No es necesario! Yo solo…- trató de excusarse la castaña sonrojada.
-Te gustaron, ¿no es así? Y por como cantas, imagino que tocas este instrumento.
-D-De verdad no es necesario. – dijo débilmente. Otra vez su corazón empezaba a latir como un loco.
-Está bien. Tómalo como un regalo de mi parte por el excelente trabajo que has hecho hasta ahora. – finalizó el pelirrojo mientras le entregaba ambos instrumentos.
Mina los tomó nerviosa. No sabía qué decir, sentía demasiada vergüenza.
-G-Gracias, Capitán. – susurró desviando la mirada.
Fuegoleon la miró con detenimiento. Su rostro sonrojado y su nerviosismo se le hacían adorables al punto en que sentía en su pecho un calor reconfortante. No estaba muy seguro de si era por que Mina era la única mujer en su orden – sin contar a su hermana – o por algo más, pero su subordinada se le hacía condenadamente atractiva, lo cual no era bueno. Él era su superior y, unos cuantos años mayor que la joven, no era adecuado sentirse así por ella; además, él estaba comprometido – "contra su voluntad", le gritó su razón. – a fin de cuentas.
-¡Fuegoleon!
El estridente grito de Mereoleona los hizo brincar a ambos por el susto. Mina solo atinó a retirarse rápidamente para así evitar malos entendidos.
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Nozel observaba perplejo la enorme cantidad de comida que Almiria pidió. Su perplejidad no radica en el precio – él es rico, pagar aquello no significaba nada – sino en que no entendía cómo ella, teniendo un cuerpo tan delgado, podía comer tanto.
-Algo me dice que solo estás acostumbrado a damas que comen ensaladas. – habló Almiria con burla cuando estuvo a su lado.
-Disculpe mi indiscreción. – respondió de inmediato. Qué falta de respeto de su parte.
-No me ofendes, descuida. Tengo gran apetito y no me acomplejo de ello. – respondió restándole importancia al asunto. - ¿Y bien? ¿Dónde nos sentaremos? Honestamente, llamas mucho la atención. – comentó señalando un cúmulo de chicas que miraban a Nozel idiotizadas al punto de que su existencia era ignorada.
-Busquemos un lugar más privado. – respondió el peli plata invocando un hechizo para evitar ser seguidos.
-Tú si que eres popular entre las mujeres. – habló Almiria mirando desde lo alto.
Sí, el "lugar privado" que eligió Nozel fue lo alto de un edificio el cual, aunque les daba privacidad, los alejaba significativamente del ambiente del festival.
-No es lo que cree. – trató de excusarse el capitán.
Recapitulando, su cita estaba yéndose completamente a la basura con o sin Noelle. Ahora daba la impresión de ser un don Juan
-No tiene de qué avergonzarse; usted está muy bien hecho, es obvio que tiene a más de una mujer detrás suyo.
Acto seguido Almiria lo miró de arriba hacia abajo sonriendo con picardía. Aprovecharía al máximo su descubrimiento; no le agradaba mucho la idea, pero si podía usar a Nozel Silva como fuente de información, lo haría.
-G-Gracias. – carraspeó ligeramente sonrojado. – Usted luce muy hermosa esta noche.
-Lo sé.
Nozel suspiró. Claro, olvidaba el enorme ego de la pelinegra. Aunque, qué podía decir, Almiria era muy bella y ella lo sabía, por eso lo utilizaba a su favor. Obtuvo varios dulces gratis con una simple sonrisa que le dedicó al niñato vendedor.
Luego de esa pequeña interacción se formó entre ambos un silencio incómodo. Por primera vez en su vida, él, Nozel Silva no sabía cómo proceder. Estaba más que claro que Almiria no era una chica ordinaria, por lo que no podía conquistarse por los medios normales.
-Capitán Nozel…
-Dime Nozel. – interrumpió de inmediato el peliplata. – Puedes dirigirte a mí sin formalidades.
-Mmm…¿y a qué debo el trato especial? – preguntó sonriendo mientras miraba intensamente al peliplata. Al notar la ausencia de respuesta se acercó al rostro masculino hasta quedar a centímetros. – Le atraigo, ¿o me equivoco?
Maldita sea. Esa mujer estaba jugando completamente con él. Un hombre hecho y derecho como él, inteligente, rico, admirado, poderoso, estaba siendo fácilmente controlado por una extranjera. No lo permitiría, su orgullo estaba en juego.
-En efecto usted es de mi completo interés… - Almiria sonrió victoriosa, lo tenía justo donde lo quería. O eso creyó hasta que esta vez fue Nozel quien la acorraló contra la pared quedando a centímetros. – Y por como coquetea conmigo de forma tan descarada, yo soy de su completo interés. ¿O me equivoco?
La manera tan seductora en que Nozel hizo su movimiento la descolocó por completo. Sin percatarse sus mejillas se tornaron completamente rojas. Incluso Nozel pudo sentir a la perfección el ligero temblor de las manos femeninas producto del nerviosismo. Sonrió complacido; al fin tenía una victoria sobre esa fiera.
-E-Eso no es cierto. Esta cita fue para pagar mi deuda, solo eso. ¡Y deme algo de espacio!
En cuanto se levantó, la pelinegra recogió sus pertenencias para extrañeza del peli plata. ¿Se habría equivocado?
-Almiria…- dijo tomándola del brazo e impidiendo su huida. – Ruego me disculpe si mi comportamiento fue inapropiado.
¡Cielos! No sabía qué rayos estaba pasando. Se sentía malditamente nerviosa y de pronto sentía un calor sofocante en su estómago. ¡Ni siquiera sabía que hacer o decir! ¡Vamos! Era una guerrera poderosa…
-Q-Quiero volver a la base, es todo. – respondió lo primero que se le ocurrió.
-Entiendo. Al menos acepte esto. – habló el ojivioleta extendiéndole una cajita color plateada.
Almiria lo tomó cautelosa. Al abrirlo sus ojos se abrieron con sorpresa. Era un precioso collar. La cadena era fina y delicada y al final, era acompañada por un perla en tono rosa pálido, logró divisar que tenía el símbolo de las Águilas Plateadas tallado delicadamente.
-U-Una perla…-
¿De dónde la había sacado? Eso debía costar una fortuna.
-Le reitero, Almiria, que usted es de mi completo interés, sin embargo, no se trata de un juego, sino de la manera más seria posible. Es por eso que le pido su autorización para cortejarla. – reveló Nozel mirándola seriamente.
Comprendió a la perfección que existe una posibilidad de que la pelinegra le corresponda, es por eso que se armó de valor para revelarle sus intenciones.
-H-Haga lo que quiera…Solo…no quiero que nadie se entere. – respondió retirándose.
-Cómo ordene, mi señorita. – habló para sí mismo cuando estuvo seguro que ella no lo escucharía. Sonrió complacido y luego se retiró.
Desde lo alto, Dorothy levitaba mirando con seriedad la escena. A Nozel le gustaba la subordinada de Yami e incluso la empezará a cortejar…No le gustaba.
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Mina llegó a la base, tomó una ducha rápida y salió rumbo a la improvisada choza que los miembros de la orden hicieron para Bob. Una vez ahí, acarició al enorme animal mientras se sentó con la guitarra. Sentía tantas emociones en su interior que la única forma de sacarlas era componiendo. Es por eso que respiró hondo y empezó a tocar fragmentos que poco a poco se fueron transformando en una melodía dulce.
No dejaba de pensar en esas sensaciones que su cuerpo experimentaba al estar cerca del Capitán Fuegoleon. Una parte de ella se sentía avergonzada y cohibida por tales sentimientos hacia su superior; pero su otra parte solo le decía que experimentara, que se dejara llevar por ellos. A diferencia de Almiria ella no conocía el mundo. Siempre estuvo en casa ocultándose de todo, ocultando su magia. Ella quería ser tan atrevida como su hermana, quería que la sed que sentía su cuerpo fuera saciada.
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A la mañana siguiente salió sin decir palabra rumbo a la base de los Toros Negros porque necesitaba hablar con su hermana. Cuando estaba frente a la puerta vaciló en reiteradas ocasiones; nerviosa ante la incertidumbre de si su hermana lo tomaría bien o no.
-¿Qué haces chiquilla? – la voz perezosa de Yami la hizo brincar en su sitio. Ni siquiera sintió su presencia.
-C-Capitán Yami…Yo vine a ver a Almiria.
-Eh, entonces pasa. No la veo desde ayer, pero creo que está.
Cuando entraron a la base la castaña se topó con el usual escenario característico de la orden. Sin embargo, al fondo notó a su hermana bebiendo como si no hubiera mañana al lado de una bella pelirroja. A su lado, Noella la miraba expectante; ansiosa por saber cómo había resultado todo en la cita.
Sin delicadeza se acercó hasta la pelinegra arrebatándole la botella de vino y arrastrándola fuera de la base.
-Vaya chicas tan particulares, son adorables. – comentó Vanessa riendo ebriamente.
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-¿Qué haces bebiendo a las 9 am, Almiria? – regañó la castaña.
-¿Tú que haces aquí a las 9 am? – replicó la pelinegra.
-Pregunté primero.
-Liberando estrés. ¿Y tú?
-Vengo a lo mismo.
-¿Ocurrió algo? – preguntó intrigada. No era normal que Mina estuviese estresada.
-L-Lo que pasa es…bueno yo…c-creo que me gusta alguien. – reveló sonrojada.
Almiria la miró seriamente. Que Mina estuviera enamorada no le agradaba del todo ya que, como hermana, consideraba que no existía hombre que la mereciera, pero, ella no era quien para hablar cuando la noche anterior estuvo con ese capitán y aceptó que la cortejara. A su vez, aquello le beneficiaba. Sabía que Lord Morris quería hacer de Mina y su persona parte de su harem de mujeres y eso no lo permitiría; sin mencionar que el Lord estaba en busca de la magia de Mina.
Aquello podría significar la solución a su intención de proteger a Mina. Le prometió a Sami que la protegería a toda costa y, que ella pudiese vivir felizmente en un Reino alejado de Morris era más que suficiente.
-Eso es…increíble Mina. – respondió luchando con sus sobreprotectores sentimientos de hermana mayor.
-¿En serio? – preguntó anonadada por la respuesta de su hermana. – Es solo que pensé que reaccionarías como una psicópata o algo así.
-Puedo darle una paliza si quieres. Ganas me sobran. – respondió la pelinegra sonriendo.
-¡Claro que no! – contestó de inmediato. – Gracias Almiria. – dijo para abrazarla con cariño.
-No tienes nada que agradecer. Mina, recuerda que tú eres mi única prioridad en el mundo. Tu felicidad es lo único que me importa.
Oculto en las sombras, Natch escuchaba atento la conversación entre hermanas. Si bien aún no descubría por completo el plan para traicionar el Reino que planeaba su supuesta compañera; lo que supo a la perfección es que esa mujer Mina era el punto débil de Almiria; sin duda una carta totalmente a su favor.
