Las primeras en ingresar a la cueva habían sido Mereoleona y su persona. Estaba bastante oscuro, pero gracias a la magia de la primera lograron iluminar prácticamente todo el trayecto. Según la información que los exploradores les habían brindado, la cueva se dividía en dos partes y, luego de quinientos metros aparentemente se conectaba, por lo que en su caso les correspondió ir por el sector derecho.
Fuegoleon entró por el sector izquierdo acompañado de otros miembros de la orden. Luego de que a su hermana se le ocurriera la brillante idea de llevarse a Mina a un lugar tan peligroso, él prefirió dejar que Leo fuera al reino a buscar ayuda. Estaba tenso; si bien sabía perfectamente que con su hermana Mina estaría bien, había algo en esa caverna que lo hacía sentir inquieto.
Trató de controlar sus emociones. No era el momento ni el lugar; sin mencionar que debía asistir a una reunión de capitanes al terminar la misión.
-Manténgase alertas, este camino es muy estrecho, responder a un ataque será difícil. – ordenó al resto de miembros de su orden. Aún les faltaban aproximadamente trescientos metros hasta la supuesta unión.
Mina caminaba perpleja. A sus pies los rastros de sangre acompañados por señas de lucha se hacían cada vez mayores. Tragó saliva, estaba sumamente asustada.
-Mina. – llamó Mereoleona con autoridad. La leona había sentido la tensión en joven por el sonido descontrolado de su respiración – Contrólate, desde aquí puedo percibir a la perfección lo alterada que estás. Si yo te siento esa cosa también lo hará.
-L-Lo siento mucho, señora Mereoleona. – se disculpó la castaña.
Su mentora tenía razón, debía ser valiente. Era oficialmente su primera misión seria, no podía darse el lujo de echarla a perder, menos cundo se enfrentaban a algo tan peligroso.
Cuando finalizaron el trayecto, se toparon con el grupo de Fuegoleon quienes venían llegando al mismo punto. Ambos hermanos observaron con detenimiento el complejo; si bien los caminos se conectaban, parecía que aún había mucho por recorrer. Frente a ellos había una especie de acantilado en el cual, al fondo, a unos cien metros se observaba una mesa con el resto de partes de los exploradores dispersadas por toda la habitación.
-Bueno, ahora sabemos dónde están el resto de cuerpos. – comentó Mereoleona. – Lo que resta saber es qué es esa cosa y qué es lo que está tratando de lograr.
-Es extraño. Sea lo que sea no está aquí, eso quiere decir que esta caverna es aún más grade. – Fuegoleon buscó con la mirada puntos estratégicos en los cuales ocultarse; con un buen plan, podrían atraer a la criatura y derrotarla. – Le tenderemos una emboscada. Ocúltense. – ordenó.
Mereoleona le ordenó a Mina ocultarse cerca de una roca en compañía de otro subordinado, ahí al menos tendrían un panorama directo a las entradas por las que ingresaron y así evitarían ser tomados por sorpresa.
Cuando estuvieron en posición, Mina observó que en la roca había unas extrañas escrituras las cuales se le hicieron conocidas. Era la misma letra que venía en su grimorio. Las acarició suavemente. Cómo era posible que en un lugar tan alejado de su tierra natal existieran escrituras similares a sus libros.
Mientras estaba absorta tratando de saber más del contenido gravado en la roca, descuidó el hecho de que su compañero había empezado a asustarse y, sin percatarse piso una trampa, activándola. El sonido de las rocas moverse llamó la atención de los caballeros mágicos, quienes solo fueron testigo de como un pasadizo se abrió alrededor de Mina y su compañero y los absorbió.
Fuegoleon observó con pavor el suceso para luego verlos salir cerca de la extraña mesa de sacrificios al fondo del acantilado. Mina se levantó un poco atolondrada por el movimiento y el golpe que se llevó al caer. Rápidamente buscó con la mirada a su compañero, y, al encontrarlo, notó que éste estaba en shock al caer justo frente a la cabeza de uno de los exploradores.
Mina palideció, sin duda era una visión traumática. Se dio cuenta de que su compañero estaba a punto de emitir un grito despavorido que sin duda revelaría su posición, por lo que con rapidez se levantó y le cubrió la boca haciendo que este ahogara su chillido.
Justo cuando Fuegoleon se disponía a ir por ellos en Salamander un fuerte rugido, seguido de gritos, los hizo congelarse en su sitio a todos.
-V-Viene hacia acá. – murmuró para sí misma. Con rapidez empezó a inspeccionar el lugar buscando dónde poder ocultarse.
Mala suerte. Lo único que parecía ser "un buen lugar" era unos enormes jarrones que estaba llenos de sangre por el exterior. Sin pesarlo dos veces, tomó a su compañero de la mano y corrió a ocultarse detrás de ellos.
El resto solo se echó para atrás al notar como una bestia de por lo menos tres metros de altura, con enormes garras y colmillos, lanzaba contra la mesa de sacrificios a uno de los exploradores. El fuerte golpe lo mató de inmediato. Una vez que se acercó, empezó a destriparlo bajo la mirada atónita de los presentes.
Mina observaba la escena aterrada. Cubrió su boca con la mano tratando de evitar hacer algún ruido que la delatara y a la vez, intentó tranquilizar con la mirada a su compañero. El ambiente era tenso, nadie se atrevía a moverse de su posición.
A Mereoleona la bestia se le asemejó mucho a los demonios enormes con los que luchó cuando enfrentaron a los diablos. Por lo visto, uno que otro debió haber escapado cuando el portal se abrió levemente y, eso era un problema. Existían probabilidades de que ese no fuera el único que anduviera suelto. Aunque su principal duda radicaba en el hecho de que parecía haber buscado un sitio lleno de magia para ocultarse.
Al fondo del acantilado, Mina aprovechó que el monstruo se entretenía despedazando al explorador y, con cautela le indicó a su compañero que debían salir de ahí y volver por el pasadizo que los trajo hasta el acantilado. Si se movían despacio y en silencio estaba segura que llegarían. Le indicó mediante señas que la siguiera y se empezó a arrastrar en silencio hasta ubicarse por detrás del monstruo.
Ese pequeño trayecto de tan solo tres metros se sentía como kilómetros por la tensión y miedo que ambos sentían. Mina colocó a su compañero al frente para protegerlo de ser necesario, ya que, aunque ella estaba muy nerviosa, su compañero parecía estar a nada de caer en un ataque de pánico. Continuaron caminando sigilosamente, pero justo cuando estaban a escasos metros, la bestia lanzó entrañas hacia la posición de Mina y su compañero, haciendo que estas le cayeran encima al joven de cabellos verdes.
La castaña abrió los ojos con pánico. Su compañero…él iba a gritar y los iba a delatar…
El problema fue que, el monstruo notó que los restos no hicieron su sonido característico al chocar contra las paredes por lo que volteó y se topó de frente con ambos. Rugió con fuerza y se lanzó directamente a atacar a los intrusos que osaban irrumpir en su ritual.
La castaña, en una reacción rápida empujó a su compañero por la compuerta del pasadizo, pero, antes de lograr ingresar ella también, su pierna fue capturada por el demonio. Este último la arrastró con fuerza y le lanzó contra el suelo. El golpe la dejó aturdida por unos segundos y un dolor insoportable en su pecho le impidió ponerse de pie a tiempo.
El demonio se acercó a ella con claras intenciones de asesinarla, pero justo cuando estaba por alcanzarla una enorme pared de fuego se lo impidió. Fuegoleon, perdiendo los estribos, se lanzó al ataque para defender a Mina. El miembro que estaba con Mina ya los había alcanzado, por lo que estaba fuera de peligro.
-¡Fuera de aquí todos! – ordenó Mereoleona al resto de subordinados al notar que aquello excedía por mucho el nivel de varios miembros de la orden. – Esto es trabajo para nosotros. – se dirigió a Fuegoleon.
Este último invocó a Salamander y, en compañía de su hermana se dispusieron a luchar con la bestia.
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Palacio del Trébol.
Almiria observaba con aburrimiento aquél enorme lugar. Estaba molesta porque el capitán Yami la había traído contra su voluntad a una estúpida reunión de capitanes en la que ella no entendía el por qué de su presencia.
-¡Wow! ¿No te sientes emocionada por ver al Rey Mago, Almiria? – comentó Asta mirando con emoción la infraestructura.
Cierto, el capitán Yami también había traído al ya no tan enano portador de la antimagia.
-Sinceramente, no. – respondió sin mucho ánimo.
La razón principal de su molestia se debía a que, si era una reunión de Capitanes Nozel iba a estar ahí y ella no quería verlo.
-Oi fiera, hoy estás de peor humor. – comentó Yami soltando el humo de su cigarro.
Almiria solo pasó por alto el apodo e ignoró el comentario. Pero, tal como predijo, cerca de veinte minutos después, el resto de capitanes apareció – a excepción de Fuegoleon – incluido Nozel quien de inmediato posó sus orbes violetas sobre ella.
Almiria desvió la mirada ignorándolo por completo.
-¿Dónde están Fuegoleon y Mereoleona? – preguntó Charlotte. Ellos eran los únicos que faltaban y la reunión estaba cerca de empezar. No era normal que esos dos llegaran tarde a reuniones.
-Me parece que se incorporarán más tarde. Tenían una misión que atender previamente. – la voz de Julius atrajo la atención de los presentes. De inmediato hicieron el característico gesto de respeto hacia la autoridad quien venía acompañado de Damnatio.
El pelinegro observó fijamente a Almiria. Así que esa mujer era la subordinada de Yami que se estaba involucrando con Nozel Silva y estaba causando tanto alboroto en el Reino. Nuevamente la inspeccionó de arriba hacia abajo tratando de identificar algo negativo en ella, pero su búsqueda fue en vano. La mujer lucía muy normal a su perspectiva, sin mencionar que físicamente era atractiva.
-Señor Julius, es mejor iniciar hasta que Fuegoleon esté presente. – intervino Kaiser.
-Si, creo que sería lo mejor. Lo que quiero conversar es importante y realmente necesito que estén todos para tomar una decisión respecto a…- Julius no pudo terminar debido a que se formó un alboroto que hizo a todos desviar la mirada.
En efecto Fuegoleon había aparecido junto con Mereoleona, pero ambos estaban cubierto de sangre mientras sostenían a una persona inconsciente y parecían dirigirse al consultorio de Owen.
Almiria observó con igual extrañeza la escena, pero fue hasta que reconoció el largo cabello castaño que sus alarmas se encendieron. ¡¿Esa era…?!
-¡Mina! – exclamó con pavor para, acto seguido, correr en la misma dirección que el capitán.
El resto de capitanes, incluido Julius y Damnatio los siguieron.
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Cuando Almiria llegó, Fuegoleon terminaba de entregarle a la castaña al señor Owen para que este la atendiera como era debido. El Vermillion estaba preocupado. El sonido de pasos rápidos hizo que ambos hermanos voltearan la mirada para toparse con Almiria quien venía con claras intenciones de ingresar a la habitación. Con un rápido movimiento, la tomó por la cintura y la alzó evitando con esto que interrumpiera en la sala médica.
-¡Suélteme! – se quejó la pelinegra con molestia mietras se removía.
-Tranquilícese primero, señorita. – habló Fuegoleon con autoridad.
-¡¿Qué rayos le pasó?! – preguntó ligeramente alarmada.
-Tuvimos una misión complicada. Pero estoy seguro de que no está en peligro mortal. – informó el peli rojo notando como el resto de personas se acercaban.
Nozel suspiró con frustración. Almiria debía calmarse o de lo contrario se armaría un alboroto y lo sacarían a todos de la sección médica. Le hubiese gustado intervenir, creía que era su obligación hacerlo, después de todo ellos eran…Bueno, era complicado, pero si había que ponerle nombre a su relación ambos eran…un casi algo. Sin embargo, se abstuvo; la presencia de Damnatio era un significativo limitante.
-Escucha mocosa…- habló Mereoleona – Nos enfrentamos a un diablo, no es fácil vencer a esas cosas.
-¿Un diablo? – preguntó la pelinegra sin comprender.
-Yo te explicaré más tarde qué es. – dijo Yami mientras colocaba su pesada mano sobre el hombro femenino.
-Señorita, su hermana fue una verdadera heroína en esta misión. No solo salvó a uno de sus compañeros, sino que nos salvó a Mereoleona y a mí. – comentó Fuegoleon orgulloso.
Flash back
Mientras los hermanos Vermillion luchaban contra la bestia, Mina logró incorporarse un poco. Se apoyó de la pared para no caer nuevamente al suelo. Sentía muchísimo dolor en su cuerpo. Cuando logró volver en sí en su totalidad, notó al capitán Fuegoleon y a la señora Mereoleona luchar contra el gigantesco demonio.
Quedó totalmente impresionada por la fuerza de ambos hermanos, quienes no daban descanso a la bestia de recuperarse. El problema era que, el diablo parecía absorber la magia pura que había en la cueva y, por lo visto, los sacrificios que hizo le dieron fuerza.
Ambos tenían ya casi una hora de luchar, pero, aunque sus ataques surtían efectos, el demonio se mantenía en pie. De un momento a otro, el diablo detuvo un puño de Mereoleona y con fuerza la lanzó contra Fuegoleon haciendo que ambos se golpearan mutuamente. Aprovechando el golpe, el diablo arranco un enorme pilar y se dispuso a golpear con ello a ambos hermanos. El pelirrojo abrió los ojos, pero espero el golpe, a ambos les era imposible evadirlo.
El sonido del pilar destrozándose hizo eco en la habitación. Cuando la nube de polvo se deshizo, una especie de campo blanco protegía a Mereoleona y a Fuegoleon. Desde su posición, Mina invocó su magia y antes de que el demonio les pudiera hacer daño, creó un campo de fuerza.
La bestia al notar que su ataque fue frustrado, buscó a quien interfería. Tomó un resto del pilar y lo lanzó directo a Mina. Esta última, lo esquivó a duras penas, pero la desconcentración causó que el campo desapareciera.
-¡Este lugar solo lo fortalece! ¡Hay que destruirlo! – informó Mereoleona a su hermano. Ambos, empezaron a destruir a inestable infraestructura.
Mientras la mayor se enfocaba en la tarea, Fuegoleon tomó a Mina y la sacó de la cuea sobre Salamander. Ambos terminaron de vencer al demonio con un ataque combinado.
End flask back.
-Su magia es poderosa. Su campo solo fue afectado por ella misma. Nunca vi algo así. – comentó Mereoleona.
Si bien los capitanes trataban de mostrar lo logros de Mina, Almiria tragaba grueso. La magia de Mina era muy poderosa, era una magia en su estado más puro según logró investigar y era justamente eso lo que Lord Morris buscaba. Si en ese Reino también se enteraban de la magia de Mina era probable que llegara a oídos de su líder, lo cuál significaba que su plan se iría a la basura más de lo que ya estaba.
-Señorita, imagino que como su hermana ya tenía conocimiento de la magnífica magia de su familiar. – habló Damnatio con seriedad.
A él no le pasó por alto la tensión en la mujer de cabellos negros. Esa podía ser la señal de peligro que buscaba.
-No sabía nada. – respondió cortante tratando de evitar el tema.
-¿En serio no sabía? – inquirió nuevamente el pelinegro.
-Ya le dije que no. – reiteró la pelinegra mirándolo fijamente.
Julius al notar la tensión en el ambiente, ya que no solo era Damnatio y Almiria, podía sentir a Nozel y Yami a sus espaldas totalmente en alerta.
-Está bien, Damnatio, tú sabes que existen muchas magias interesantes.
-Es mi deber proteger el Reino de cualquier potencial amenaza. – habló el portdor de la balanza sin dejar de mirar a Almiria
-Mi hermana no es una amenaza. – defendió Almiria.
-No me refería a ella. – rebatió Damnatio. – Usted no me inspira confianza. Oculta algo y averiguaré qué es…Ya no habrá misericordia para los monstruos en este Reino.
-Oí, te estás pasando…- Yami empezaba a perder los estribos. Ese maldito sujeto siempre se la pasaba molestando a los miembros de su orden.
-Recuerde que tendré la mirada puesta en usted, sin importar a quién le moleste – dijo refiriéndose a Yami – o con quien se esté acostando. – dijo esta vez mirando a Nozel.
Acto seguido de retiró. Almiria no le quitó la mirada hasta que lo perdió de vista, sentía la furia hervir en lo más profundo de su ser. La llamó monstruo e incluso la humilló por su relación – ya finalizada – con Nozel.
-¡Señor Julius eso fue una completa falta de respeto! – se quejó Charlotte.
¿Cómo se atrevía Damnatio a decir algo así?
-Hay calmarse. – dijo Julius. – Señorita le pido disculpas, hablaré con Damnatio más tarde…
-Está bien. – respondió Almiria. – Me importa muy poco lo que ese sujeto piense de mí, señor Julius, pero si en sus planes por "investigarme" mi hermana se ve afectada de alguna manera, créame que seré el monstruo que dice que soy. – habló la pelinegra con toda la seriedad del mundo.
Julius notó incluso que la mirada ámbar se empezó a tornar rojiza, una clara señal de amenaza.
Un carraspeó interrumpió el tenso ambiente. Owen había evitado salir al escuchar la acalorada discusión.
-Ya tengo el diagnóstico de la paciente. – cuando supo que contaba con la atención de todos, continúo. - Mayoritariamente fueron unas costillas rotas. Tardé más porque estaba examinando su cabeza, pero no hubo contusiones, así que solo necesitará reposo por unas semanas en lo que sana. No le daré de alta todavía porque la mantendré en observación.
-¿Está despierta? – preguntó Charlotte interesada. Los celos que sintió por Almiria en un principio cesaron luego de que Yami le contara de la relación de ésta con Nozel – algo que la sorprendió – por lo que ahora sentía la necesidad de redimirse y apoyarla en lo que necesitase. Más tomando en cuenta la clara amenaza de Damnatio.
-Sí lo está. Pero no puedo permitir que entren todos. – respondió apenado Owen.
-Está bien, viejo Owen, basta que solo entre ella. – comentó Yami mientras empujaba suavemente a la pelinegra.
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Luego de que Almiria ingresara a la sala médica, el señor Julius les dio treinta minutos de "descanso" de previo a la reunión. Principalmente la concesión fue para darle a Fuegoleon y Mereoleona espacio para cambiar sus ropajes ensangrentados.
-Debo decir que no me sorprende que esté aquí, capitán Nozel. – habló Damnatio inexpresivo.
Frente a él y con su usual seriedad estaba Nozel Silva.
-Entonces imagino que sabe lo que vine a decirle. – respondió de inmediato Nozel. Aunque no lo demostrara, estaba furioso por el comentario tan denigrante dirigido hacia Almiria.
-Ciertamente sí. Aunque no veo cuál es la molestia. Usted se acuesta con ella, ¿o me equivoco?
-No lo hago. – respondió de inmediato el peligris sintiendo una inmensa furia crecer dentro de él.
-¿No? Ya veo. Admito que no me esperaba que una mujer cualquiera como ella, que se mete con un hombre comprometido, se comportara de manera tan decente.
Las palabras dichas por Damnatio fueron la gota que derramó el vaso para Nozel. Sin pensarlo dos veces, en cuanto el pelinegro volteó a verlo le propinó un fuerte puñetazo que hizo que el pelinegro impactara fuertemente contra un enorme librero. Mientras los libros caían al suelo y Damnatio aún permanecía en el suelo tratando de levantarse, Nozel se acercó. Lo tomó por el cuello estampándolo nuevamente contra mueble. La sangre brotaba por el rostro del sacerdote.
-Si vuelves a expresarte así de ella, seré yo quien no te demostrará misericordia, te voy a aniquilar. – amenazó Nozel dirigiéndole una mirada asesina y soltándolo bruscamente.
No iba a permitir que la integridad de Almiria fuera mancillada de esa manera, menos por alguien como Damnatio.
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Solo diré que Nozel en su faceta de "nadie se mete con mi chica" es todo lo que está bien jaja.
Espero que disfruten mucho leer el capítulo tanto como yo disfruté escribirlo. ¡Nos leemos!
